En el amplio espectro de producciones sobre apocalipsispandémicos, “Station Eleven” (HBO Max) destaca por su honestidad y enfoque único. Esta serie, alejada de los clichés de zombis y desolación, ofrece una visión esperanzadora y realista de un futuro donde la humanidad enfrenta sus desafíos con bondad y cooperación, sin corrupción ni psicópatas como Negan gobernándolo todo. En este post, exploramos las razones por las que “Station Eleven” es una joya en el género y cómo su honestidad narrativa nos ofrece una perspectiva refrescante y tranquilizadora sobre el fin del mundo tal y como lo conocemos.
Primero, es importante destacar cómo “Station Eleven” rompe con el molde tradicional de las series post-apocalípticas, cosa que, por otro lado, era de esperar, viniendo de Patrick Somerville (The Leftovers, Maniac). En lugar de centrarse en la supervivencia entre horrores y amenazas constantes, esta serie pone su foco en la reconstrucción de la sociedad y las relaciones humanas. Aquí, la honestidad se manifiesta en su enfoque en personajes que son genuinamente “majos”, mostrando cómo, incluso en los momentos más oscuros, las personas pueden unirse para cuidarse mutuamente y construir un futuro mejor.
La serie, basada en la aclamada novela de Emily St. John Mandel, sigue a un grupo diverso de supervivientes que, en medio de la devastación causada por una pandemia global, encuentran consuelo y esperanza en el arte, la cultura y la conexión humana. Esta honestidad en la representación de un futuro apacible y tranquilo, dentro de un contexto de cuidado y solidaridad mutua, es lo que hace que “Station Eleven” se destaque en el panorama televisivo actual.
Otro aspecto donde “Station Eleven” brilla es en su habilidad para equilibrar la realidad de un mundo post-apocalíptico con una visión optimista. La serie no evita mostrar las dificultades y desafíos que enfrentan sus personajes, pero lo hace con una sensibilidad y honestidad que evita caer en el sensacionalismo o la desesperanza. En lugar de ello, nos ofrece una visión de un mundo donde la bondad y la cooperación son las claves para sobrevivir y prosperar.
En conclusión, “Station Eleven” es una serie que merece ser alabada por su enfoque honesto y humanista en un género a menudo dominado por narrativas oscuras y pesimistas. A través de su representación de personajes amables y un futuro apacible, nos recuerda la importancia de la humanidad, el cuidado mutuo y la esperanza en tiempos difíciles. Es una serie que no solo entretiene, sino que también inspira y alienta a reflexionar sobre los valores que nos hacen humanos, incluso cuando enfrentamos el fin del mundo.
Con la serie This is us (NBC) he ido viviendo una relación de montaña rusa. Desde la intriga del comienzo a la sensación de estafa al narrar la muerte del ya famoso Jack Pearson hasta la costumbre tan placentera y casera como ir a comer a casa de mis padres y sentarme con ellos a ver la tele en el sofá. La serie se enfrenta ahora a muchos retos en su recta final.
Y es que This is us es una serie atípica. No trata sobre corrupción, drogas, guerra, sexo, sino sobre una familia que se quiere y, aunque tiene sus más y sus menos, son conflictos como los que podemos mantener con nuestros hermanos y hermanas, situaciones que se pueden dar en cualquiera de nuestras familias.
No somos conscientes de lo necesarios que son los mensajes de compasión, agradecimiento y lealtad que manda This is us. ¿En qué otra serie se ve que una suegra apoye así a su nuera?
En ese sentido, es justo y necesario reivindicar la sencillez y la placidez, incluso los dichosos acordes de guitarra que no paran de sonar y que nos recuerdan que no estamos ante The Shield o Succession, en las que los villanos campan a sus anchas, sino viendo a la agradable familia Pearson.
En su recta final, This is us se enfrenta a diversos retos. Por un lado, cerrar las tramas que son la vida futura de todos sus personajes hasta ese momento que se pronostica como final, que es el fallecimiento de Rebecca Pearson en su lecho de muerte, rodeada por todos sus familiares (incluidos los nuevos que se van a ir incorporando con el transcurrir de los años).
Mandy Moore borda el papel de Rebecca en todas las etapas de su vida.
Estas líneas de tiempo también conllevan grandes retos para sus actores, sobre todo para la propia Becca, que en seis temporadas ha sido una jovencita soltera, una embarazada y madre primeriza de trillizos, una viuda joven, una abuela madura y amorosa y, ahora, una mujer que encara su vejez con un diagnóstico de Alzheimer.
La serie a la vez tiene que seguir luchando por la atención de unos espectadores que, sin haber salido todavía de la pandemia, tenemos ya una guerra a todo color en nuestras pantallas y un ritmo frenético incompatible con los tiempos y el modo reflexivo que tienen los últimos episodios de This is us emitidos hasta la fecha.
Quizá, además, en una serie que ha querido incorporar la actualidad siempre a la trama, el escenario bélico termine frustrando su final, quedando tan inverosímil como lo fue el principio porque, ¿qué padres de trillizos acogen a un niño recién abandonado para suplir el fallecimiento de uno de sus bebés?
Los espectadores vamos viendo poco a poco el final de la relación de Kate y Toby. Queremos ayudarle, decirle “así, no”, porque ya sabemos que se van a divorciar, y a la vez estamos ilusionados por el futuro que le espera a Kate al lado de alguien con quien comparte su pasión por la música.
Ahora que emiten un episodio cada dos semanas, ¿se quedarán atrás sus tramas con respecto a los saltos que demos en la vida real? Esperemos que no y que podamos dedicar al divorcio de Kate la atención que se merece porque, me atrevo a pronosticar sin mucho miedo a equivocarme, seguro que nos conmueven con una honestidad y un cariño que son más necesarios que nunca en este mundo.
Aunque hace unas semanas escribí que la segunda temporada de The Morning Show estaba resultándome una estafa, hoy, con el final bien reposado, tras haber dado un parón a mitad para disfrutar de otras que consideraba mejores, vengo a decir lo contrario. Y es que esta producción de Apple TV+ ha terminado siendo el mejor reflejo de lo caótica que es la vida desde que la pandemia apareció en ella.
Intensidad emocional caótica
Los primeros episodios resultan difíciles de entender si no se observan en conjunto con la temporada completa. Ahí es cuando comprendes que Alex (una espectacular Jennifer Aniston en el mejor papel de su trayectoria como actriz) ha pasado toda la prepandemia, esos momentos frenéticos desde el 1 de enero de 2020 hasta principios de marzo, cuando todo había estallado por los aires, en modo “control de daños”.
Situación caótica tras situación caótica, Alex termina enfrentando la realidad.
Tras un regreso que había costado millones a la cadena ficticia UBA, no estaba dispuesta a permitir que se publicase un libro en el que se revelase que había tenido relaciones sexuales con Mitch Kessler (Steve Carell), su excompañero depredador sexual, ahora cancelado.
Como una narcisista de libro, la preocupación de Alex no era en qué habría podido ella ayudar a las mujeres que fueron víctimas de su adorado Mitch, sino que ella misma no fuese cancelada.
En este sentido, The Morning Show da una visión bastante irónica de este fenómeno social en el que el escrutinio de las redes sociales puede acabar o relanzar una carrera profesional de manera arbitraria en muchos casos.
A pesar de su trágico final, podría decirse que Mitch Kessler, el depredador sexual, es el único personaje que termina irónicamente redimido.
Esta intensidad emocional un tanto caótica de Alex también se desarrolla, aunque por otras razones, en Bradley (Reese Witherspoon), que se enfrenta a quién es y quién quiere ser a través de conflictos con su hermano con Trastorno Límite de Personalidad y adicción a las drogas, y con su novia (Julianna Margulies), la única persona razonable y cabal de toda la temporada.
Caos pandémico
Como si se tratase de un sueño para los personajes, y de una pesadilla revivida para todos los espectadores, los protagonistas de The Morning Show tropiezan en las mismas piedras en las que cayó la sociedad en aquel primer trimestre de 2020.
Causa desasosiego ver cómo los personajes siguen enfrascados, como lo estábamos los espectadores, en las nimiedades y las noticias habituales, ajenos a la gravedad de la pandemia.
La mayor parte de ellos se ríe del virus y considera exagerados a los pocos que se lo toman en serio (no es de extrañar que Daniel, el único de todo el equipo del show que puso interés en la noticia, termine renunciando a su puesto y viajando para poder sacar a su abuela de una residencia de ancianos). “Distanciamiento social es lo que lleva haciendo mi familia toda la vida”, dice una despreocupada y un tanto egocéntrica Bradley.
Todos llevan una vida social frenética, con reuniones, viajes a Italia, etc. en los que el espectador solo puede pensar “alguien ahí lo tiene”. Y así fue, en medio de una vida emocional y social caótica, Alex Levy, que había viajado a Italia para pedirle a Mitch un comunicado negando haber mantenido relaciones sexuales con ella, resulta positivo. Y no solo eso, sino que desarrolla la enfermedad.
Sinceridad final
Es en medio de esa locura en la que algunos escapan a sus casas para intentar salvarse (aunque probablemente ya estén contagiados) cuando otros, como Alex Levy, no tienen más remedio que enfrentarse a las consecuencias de sus actos.
El personaje de Laura es un soplo de aire fresco. Sensata, razonable, nada egocéntrica, siempre con un consejo cabal que seguir… y, sin embargo, todo lo que dice termina en saco roto (o peor, pues no hay que olvidar el momento en el que anuncia que tiene una patología cardíaca, ya después de haber compartido plató con Alex Levy).
Ella, que se había pasado toda la temporada huyendo de su pasado, se atreve a ponerse delante de las cámaras en su propia casa, en mitad de un proceso febril, para sincerarse con la opinión pública y hacer un streaming que, si finalmente se aprueba una tercera temporada, dará mucho que hablar.
Pero los personajes principales, por mucho que se sinceren, no pierden el egoísmo y la insensibilidad con los demás. Ese endiosamiento que les produce estar completamente alejados de la realidad por sus sueldos millonarios o por vivir en hoteles, como Bradley y Cory. Así, a estos dos últimos los vemos recorrerse las calles del Nueva York de marzo de 2020 buscando al hermano de ella y entrando en un hospital intentando que les atiendan los primeros. “Es que tengo un problema muy grave”, dice Bradley. Claro, como el resto de los que están ahí y que saturan las urgencias de los hospitales.
Pero ella, aguerrida por su posición privilegiada, se cuela en urgencias sin protección y corre a buscar a su hermano, que tiene más suerte que otros allí ingresados a los que ningún familiar ha podido entrar a ver.
The Morning Show nos pone delante personajes difíciles de tratar, egocéntricos, privilegiados que sucumben a la corrupción moral y que siempre terminan saliéndose siempre con la suya, incluso dentro de la situación más caótica que se pueda imaginar. De ahí viene esta relación de amor y odio que tenemos con ella el público y la crítica.
Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.
A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.
Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.
Corrupción en la UBA
En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.
Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.
El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.
Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.
Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.
Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.
Desilusión con los personajes
Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).
Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.
Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.
Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.
El contexto de la pandemia
Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.
El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.
Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.
Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.
Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.
Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.
La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.
En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.
Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.
El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.
Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.
El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.
Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.
Corrupción del ejercicio del derecho
Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.
Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.
Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.
La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.
Magistral conexión con la actualidad
Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.
El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.
Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.
La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.
Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.
Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.
Cuando algunos seguidores empezábamos a sospechar que This is us (NBC) iba a tener un finalestafa esta temporada, nos han dejado con la boca abierta debido a cambios sorprendentes que no esperábamos y que, sin duda, abren un abanico de posibilidades para la siguiente y (ya sí) última.
Si no la has visto y no quieres que te la destripe, no sigas, porque no voy a dejar títere con cabeza.
Los cambios sorprendentes
Desde que Toby entró en la vida de Kate, su relación ha tenido altibajos, algunos de ellos parecían insalvables, pero siempre se mantenían a flote. En esta última hemos visto cómo, poco a poco, se iban distanciando, ocultándose cosas por no herir al otro.
Ella, que estaba feliz en su nuevo trabajo, enseñando canto (su pasión) a niños invidentes como el suyo junto a un profesional al que admira. Él, que odiaba quedarse cuidando a los niños (algo que había hecho Kate hasta ahora) y necesitaba volver a trabajar para sentirse realizado.
El punto álgido de las desavenencias se produce momentos antes de la boda de Kevin y Madison cuando él arroja un “quiero mucho a los niños, PERO” mientras le explica que ha aceptado un nuevo trabajo por el que se tendrá que ir tres días a la semana a San Francisco.
El punto de inflexión de la relación.
La reacción de Kate es bastante buena, teniendo en cuenta el jarro de agua que le acaba de echar.
Como todas las afirmaciones que llevan después el adversativo por antonomasia, y más en el caso de tratarse de los propios hijos, la frase levanta un tsunami de desconfianza entre ambos y, aunque parece que podrían superarlo (o así se lo proponen en el presente), los dos minutos finales del episodio nos revelan que no solo no se ha salvado el matrimonio, sino que cinco años después (con 45), Kate está celebrando su boda con Phillip, su jefe, el profesor de música que había rechazado su dimisión el mismo día de la boda de Kevin.
No, Toby, ya no puedes hacer nada por que funcione. La has liado, se acabó, estás caput.
La ‘no boda’
Otro de los cambios sorprendentes, aunque no tanto, viendo la deriva que llevaba Kevin en esta temporada, ha sido la suspensión en el último minuto de su boda con Madison y la reentrada de Sophie, la exmujer de Kevin que siempre ha sido su gran amor.
Y es que los Pearson nunca darían un paso en falso a la hora de comprometerse de por vida con alguien, son demasiado sinceros, y demasiado intensos.
En la escena final de la boda de Kate aparece Madison, que además es la madre de los mellizos de Kevin, por lo que queda en el aire la pregunta sobre qué sucede con su relación con Kevin.
Los secretos de Rebecca
Aunque los Pearson, pese a ser la envidia de toda familia en la que haya problemas de comunicación y a la hora de expresar los sentimientos, también tienen sus secretos y rencores. Es el caso de la tensión que había entre Rebecca y Randall desde que este se enteró de que ella había conocido a su padre cuando él era pequeño y que lo alejó definitivamente de él.
Mandy Moore tiene todo un reto por delante con la interpretación de una Rebecca Pearson que irá envejeciendo y perdiendo facultades debido al Alzheimer.
Randall, que en esta temporada ha experimentado una bofetada de racismo y realidad social al saber también que su madre no falleció de sobredosis, sino que estuvo encarcelada durante años y luego nunca pudo encontrarlo, finalmente ha conseguido sentarse con Rebecca y contarle sobre su vida.
Por otra parte, su talentosa, comprensiva y siempre genial esposa Beth (me gusta mucho su personaje, ¿se nota?), que está atravesando un momento profesional delicado por el cierre de su escuela de baile debido a la pandemia, recurre a Rebecca a pedirle consejo y esta, como si de una auténtica madre se tratase, le recuerda lo admirable y capaz que es de lograr lo que quiera.
Beth cuenta con desafíos profesionales y familiares, como se ha visto en esta temporada en la que ha aceptado la homosexualidad de su hija, enfrentándose a inseguridades que ella misma desconocía que tenía.
Porque en This is us no hay suegras meticonas ni problemas familiares como los que tienen tus amigos o tus vecinos. This is us es la familia ideal, como nos recuerda el repetitivo y meloso acorde de guitarra que, aunque te canse, te mantiene en vilo temporada tras temporada.
La Convocatoria de Producción de la Fundación la Caixa de 2019 ha dado frutos realmente interesantes, como la exposición YWY. Visiones, del artista portugués Pedro Neves Marques, que se expondrá hasta el 26 de septiembre en CaixaForum Barcelona.
Esta muestra es la primera exposición surgida de esta convocatoria de la Caixa y ha sido desarrollada en colaboración con el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) de la Comunidad de Madrid, donde podrá verse simultáneamente en una versión casi idéntica.
La exposición YWY. Visiones. Pedro Neves Marques, en colaboración con Zahy Guajajara en CaixaForum Barcelona.
Visiones distópicas
Pedro Neves, nacido en Lisboa en 1984, lanza una propuesta con un imaginario futurista y distópico en el que reflexiona sobre el género, el cambio climático, la tecnología, la ciencia ficción y la población indígena.
En este escenario, el androide YWY, interpretado por la actriz y activista Zahy Guajajara, se mueve por un Brasil no muy lejano, dominado por las industrias extractivas y el ascenso del fascismo, y devastado por una catástrofe ecológica a través de seis obras, cuatro de ellas audiovisuales, una sonora y otra con textos murales.
La exposición permanecerá abierta en CaixaForum Barcelona hasta el 26 de septiembre de 2021.
A partir del personaje YWY, que en lengua tupí-guaraní significa “tierra” o “territorio”, surgen toda una serie de reflexiones sobre cosmologías indígenas, la relación entre lo tecnológico, lo humano y lo natural, la teoría poscolonial, el cambio climático, etc.
Es un imaginario violento y con un estricto control por parte de la economía y la política, protagonizada por la corrupción. En este contexto, YWY pone en cuestión su condición de máquina, sintiéndose identificado con las plantas transgénicas, hablando de la frontera entre lo natural y lo artificial.
Pedro Neves reflexiona sobre la ecología, el género y la relación entre lo humano y lo artificial creando imaginarios futuristas en sus obras audiovisuales.
Producción de la Fundación la Caixa
La Convocatoria de Producción de la Fundación la Caixa tiene carácter bienal y está dirigida a todos los artistas interesados en producir una obra de arte. La ayuda se centra en facilitar los recursos necesarios para que la obra pueda hacerse realidad, con especial atención a los artistas jóvenes, como Pedro Neves, que hizo en 2017 hizo esta creación, aunque todavía no ha podido terminar de desarrollarla debido a la pandemia.
La exposición en el centro cultural de la Caixa en Barcelona comienza con YWY, Visiones – Hekepé, una instalación sonora de 2020 en la que Zahy Guajajara realiza una explicación desde el punto de vista de las personas indígenas.
El centro del proyecto es una trilogía audiovisual en la que el personaje del androide YWY enlaza los distintos capítulos y que comienza en 2017 con el cortometraje Semilla exterminadora, que se inicia con una fuga en una plataforma petrolera que ha contaminado el mar, la tierra y el aire de la costa brasileña.
El segundo capítulo de la trilogía, YWW, la androide (2017) es un retrato íntimo del personaje y aborda los derechos sobre el cuerpo, la infertilidad, el trabajo, los monocultivos, etc.
Compañero de YWY, la androide es el vídeo Aprendiendo a vivir con el enemigo, también de 2017, centrado en el proceso sociopolítico de la historia, un documental sobre el proceso de transformación de la producción de soja en biodiésel. Como epílogo, en 2020, Pedro Neves crea la animación digital YWY, en busca de un personaje entre Oriente y Occidente.
World Press Photo ha vuelto a elegir la sede de la Fundación Cajasol en Sevilla como punto de partida de su exposición itinerante, que en este World Press Photo 2021 lleva la pandemia como protagonista indiscutible.
Bajo el lema “Conectando al mundo con las historias que importan”, se ha presentado un total de 74.470 fotografías de 4.315 fotógrafos provenientes de 130 países, de los cuales el 19% eran mujeres, un 15% más que en 2015, primer año en el que se dieron a conocer las cifras de participación por sexo para hacer hincapié en la necesidad de igualdad de representación.
Las mejores imágenes de 2020 según el jurado de World Press Photo, compuesto por 28 profesionales de la fotografía y presidido por NayanTara Gurung Kakshapati, son la fotografía de Mads Nissen The First Embrace como la foto del año de World Press Photo y Habibi de Antonio Faccilongo como la historia del año de World Press Photo.
En la imagen ganadora, Rosa Luzia Lunardi (85) es abrazada por la enfermera Adriana Silva da Costa Souza, en la residencia Viva Bem, São Paulo, Brasil, el 5 de agosto de 2020.
De los nominados de este año, 11 fotógrafas son mujeres (24%). Un dato que ha mejorado considerablemente, doblando la cantidad de 2020.
Su autor ha señalado que “esta es una historia sobre la esperanza y el amor en los momentos más difíciles. Cuando me enteré de la crisis que se estaba desarrollando en Brasil y del pobre liderazgo del presidente Bolsonaro, que ha estado descuidando este virus desde el principio, que lo ha llamado ‘una pequeña gripe’, realmente sentí la necesidad de hacer algo al respecto”.
En cuanto a la Historia del Año, relata desde el punto de vista humano una historia de amor ambientada en la guerra entre Israel y Palestina, uno de los conflictos más largos y complicados de la historia.
Entre los premiados hay tres españoles: el barcelonés residente en Kenia Luis Tato, con una fotografía sobre la mayor plaga de langostas del edesierto keniano en los últimos 70 años; el vasco Aitor Garmendia, nominado en la categoría de Medio Ambiente, y el extremeño Jaime Culebras en la categoría de Naturaleza.
La Fundación la Caixa pone en marcha NEO, una nueva programación estable en la que convergen diferentes disciplinas científicas y tecnológicas para acercar los grandes retos actuales a través de las prácticas artísticas más innovadoras.
Cada sesión se centrará en una temática distinta. La primera, la inaugural, será hoy, día 19 de marzo y girará en torno a la geometría.
CosmoCaixa se convertirá en el escenario de distintas actividades programadas, como el espectáculo de danza de Géométrie Variable; el videoarte, con el mapeo sobre el teorema de la curva de Agnesi, y las proyecciones audiovisuales fulldome de Onionlab.
NEO
“Nuevo”, “reciente”, “renovar”, “mirar más allá”, “por descubrir”, el prefiro neo acompañaa todo un mundo de nombres y adjetivos que ponen la mirada en aquello que se transforma, muta y establece diferencias con lo conocido. Las nuevas formas de conocimiento que atraviesan la ciencia, el arte y la tecnología son el eje vertebrador de este nuevo programa de la Fundación la Caixa.
Axioma, de Onionlab. Prensa Fundación la Caixa.
CosmoCaixa acogerá hoy la primera noche NEO, programación estable para público inquieto y amante de las propuestas científicas, tecnológicas y artísticas, en la que se darán cita algunos de los mejores creadores nacionales e internacionales que marcan tendencia en el panorama actual. Las propuestas se realizarán extremando todas las medidas de seguridad con motivo de la pandemia.
Primera noche NEO
CosmoCaixa abrirá sus puertas a las 18 horas y acogerá distintas propuestas, con la geometría con protagonista. Las funciones matemáticas y la geometría en particular estarán muy presentes en los actos, como materia prima de las creaciones.
Alba G. Corral y Desilence, con música de Rob Clouth, proponen una proyección de gran formato sobre una pared del museo. Los pinceles y los lienzos de estos artistas son el código informático y la trigonometría. Un mapeo generativo que homenajea a las grandes científicas de la historia.
Espectáculo de danza: Labora extracts, de Géométrie Variable.
La compañía de danza Géométrie Variable escenificará la geometría en los cuerpos en movimiento, hipnotizando a los asistentes con sus fascinantes coreografías. La noche se complementará con las proyecciones de Onionlab: viajes de formas y transformaciones geométricas que adquirirán una gran profundidad en la cúpula del Planetario.
La noche NEO es una nueva forma de acercarse al conocimiento y a la creación científica artística, dando visibilidad a grupos nacionales e internacionales que, a través del arte y la tecnología, abordan cuestiones científicas con un lenguaje radicalmente contemporáneo.
El año pasado, cuando comenzó la pandemia, teníamos un montón de series y expectativas de nuevas temporadas por delante, pero doce meses después nos encontramos en una encrucijada pues, aunque las vacunaciones no paran, el ritmo de contagios tampoco y eso impide que se sigan realizando nuevas producciones. El coste que está suponiendo perjudica a la industria, y a los espectadores.
El número de series afectadas por retrasos y cancelaciones debido al covid-19 es elevadísimo en todo el mundo y, al menos a día de hoy, no parece que haya fecha para retomarlas.
Las más añoradas
Entre mis series favoritas perjudicadas por la pandemia se encuentran The Handmaid´s Tale (HULU), cuya producción ha sido suspendida; The Good Fight (CBS), que nos dejó a mitad de temporada cuando estaba entrando en una interesantísima trama de corrupción de jueces y políticos en la era Trump; y Succession (HBO), que también nos tiene en vilo tras la escena final de la segunda temporada.
Nos hemos quedado con las ganas de ver cómo continuaba la trama de corrupción que planteaban en The Good Fight.
Y el futuro pinta tan oscuro que hasta voy a echar de menos no tener nueva temporada de See (Apple Tv+), a la que aquí le dediqué un post en el que la tildaba de estafa.
¿Quién me iba a decir a mí que iba terminar echando de menos a Jason Momoa en la estafa de See?
Inventos más o menos efectivos
Ha habido algunos productores que, viendo la imposibilidad de mantener el rodaje esperado, han realizado modificaciones para conseguir presentar algo.
En The Third Day asumieron el coste de la pandemia, pero se reinventaron para poder ofrecer un espectáculo original a sus seguidores.
Y es que The Third Day pensaba incluir un evento teatral inmersivo de la mano de la compañía de teatro inmersivo londinense Punchdrunk en el que estuvieran presentes miles fans de la serie, pero, debido a la pandemia, se decidió cambiar por un streaming de 12 horas de duración que a España solo llegó en forma de resumen a través de YouTube.
Menos exitoso, o al menos así me lo ha parecido a mí, ha sido el formato elegido para Euphoria (HBO), serie en la que, para paliar la falta de actores, han realizado dos episodios en los que las dos protagonistas realizan entrevistas largas con otras personas.
En el caso de Rue, el escenario es una cafetería donde se reúne con su padrino de rehabilitación, Ali, en plena Nochebuena. Ahí le transmite cómo se siente, su pulsión suicida y cómo sintió ella la despedida de Jules en la estación de tren (donde terminaba la primera temporada).
El mismo ánimo que tiene Rue en todo el “episodio especial” es el que se nos queda a los espectadores. Lo vi en tres días de lo soporífero que me resultaba.
La conversación se hace larga y el episodio entero da la sensación de ser, no ya un ‘quiero y no puedo’, sino casi una estafa, porque para mantener la atención y el interés en un diálogo tan extenso, este tiene que ser mucho más interesante que lo que ahí se plantea.
El de Jules, aunque no aporta nada nuevo a la historia, es mucho más jugoso, pues nos hace comprender más su personaje, su vivencia como adolescentetransgénero, el uso de las redes sociales y las relaciones virtuales como válvulas de escape… No obstante, se echa de menos al resto del elenco, porque Euphoria era una serie bastante coral y las temáticas que planteaba eran mucho más amplias.
Intermitentes
Otras series están dándonos episodios en forma de pequeños bocaditos de vez en cuando, que saben a poco, pero al menos mantienen el interés y la calidad. Es el caso de This is us (NBC), en la que, además de seguir con la historia de la familia Pearson, cuidan mucho los mensajes que dan sobre la pandemia, señalando que los personajes, antes de encontrarse entre sí, han realizado cuarentenas o van con sus mascarillas correctamente colocadas.
Sí rotundo a las mascarillas y la incorporación de la pandemia en la historia que hace This is us.
Hemos estado casi dos meses esperando por el séptimo episodio, pero ha compensado, por lo que igual podría ser una solución para las demás… ahí lo dejo.