Elizabeth Holmes no vendía análisis de sangre. Vendía fe. The Dropout disecciona una de las estafas más sofisticadas del siglo XXI no solo como un fraude empresarial, sino como un síntoma cultural. Theranos fue el producto perfecto de una época obsesionada con el relato, el carisma y la promesa de disrupción. La corrupción no se infiltró en el sistema: fue el propio sistema.
La serie muestra cómo Silicon Valley sustituyó la verificación por el storytelling. Holmes construyó un personaje: voz grave, jersey negro, mirada mesiánica. No importaba que la tecnología no funcionara. Importaba que pareciera inevitable. La estafa se convirtió en narrativa de progreso.
The Dropout acierta al no convertir a Holmes en una villana caricaturesca. La presenta como producto de un ecosistema que premia la audacia sobre la verdad. Inversores, políticos y medios contribuyeron a legitimar el fraude. La corrupción no fue un accidente: fue estructural.
La estética de la serie refuerza esta idea. Todo es limpio, minimalista, elegante. La mentira se viste de diseño. El engaño se presenta como innovación. El espectador observa cómo el capitalismo tecnológico convierte la estafa en épica.
Pero hay algo más inquietante: la fascinación. Holmes resulta hipnótica. Su caída, narrativa. El fraude, entretenido. Hulu/Disney+ transforma la tragedia real en drama de prestigio. La corrupción se convierte en espectáculo.
The Dropout no solo cuenta una historia de engaño; expone una cultura que prefiere creer antes que comprobar. En la era de la disrupción, la verdad es opcional. Lo importante es el relato.
Anna Delvey no robó bancos. Robó credibilidad. Inventing Anna retrata una estafa basada en la performance social: fingir ser rica para ser tratada como rica. Shonda Rhimes convierte el fraude en una fábula glamurizada sobre ambición, clase y deseo de pertenencia.
La serie abraza la teatralidad del engaño. Anna no miente por necesidad, sino por estética. Su fraude es una obra de arte conceptual sobre el capitalismo aspiracional. La corrupción aquí no es institucional: es cultural.
Netflix transforma la mentira en espectáculo de lujo. El espectador no solo observa la estafa, la disfruta. Vestuario, música, ritmo narrativo: todo está diseñado para que el fraude sea atractivo.
La pregunta incómoda es si la serie critica el engaño o lo celebra. Anna aparece como villana, pero también como icono. La estafa se convierte en símbolo de rebeldía social.
La narrativa no condena: seduce. Y en esa seducción, la corrupción se vuelve fascinante.
“Túnel de Corrupción” en Netflix presenta un escándalo que estalla en Brasil durante una investigación de presunta corrupción del Gobierno a través de empresas petroleras y constructoras, inspirada en hechos reales. Esta serie brasileña se ha convertido en referencia mundial del género de corrupción política en el streaming.
La producción explora la Operación Autolavado y los métodos utilizados por el “Club de los 13” para estructurar una red de corrupción que involucra múltiples sectores. Los espectadores siguen la investigación del fiscal Ruffo y el equipo que desentraña conexiones entre corrupción menor y grandes esquemas financieros.
La serie muestra cómo una filtración amenaza con desmantelar el operativo, mientras el equipo presenta cargos contra familias poderosas con el objetivo de hacerlas hablar. Esta narrativa refleja las técnicas reales de investigación utilizadas en uno de los casos de corrupción más importantes de América Latina.
“Túnel de Corrupción” destaca en el catálogo Netflix por su realismo político y la compleja red de personajes que muestra cómo la corrupción permea todos los niveles del poder, convirtiéndose en una serie esencial para entender los mecanismos de estafa institucional en democracias modernas.
“Raised by Wolves” es una de esas series de ciencia ficción que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión profunda sobre temas como la religión, la identidad y la naturaleza humana. Creada por Aaron Guzikowski y con la producción ejecutiva de Ridley Scott, la serie ha capturado la atención de los fanáticos del género gracias a su narrativa audaz, personajes complejos y dilemas filosóficos.
Contenido y Forma
La serie se sitúa en el siglo XXII, en un planeta lejano llamado Kepler-22b, donde dos androides, Madre y Padre, intentan criar a un grupo de niños humanos tras la destrucción de la Tierra por una guerra religiosa entre ateos militantes y devotos del culto Sol Mithraico. Este entorno futurista y post-apocalíptico sirve como un lienzo perfecto para explorar temas como la fe, la moralidad y la supervivencia.
La dirección de Scott y la cinematografía son visualmente impresionantes, creando un ambiente que es a la vez alienígena y familiar. La utilización de efectos visuales y prácticos, junto con una narración pausada pero intensa, permite a los espectadores sumergirse completamente en este nuevo mundo.
Personajes y Dilemas Religiosos
Los personajes, en particular Madre (interpretada por Amanda Collin) y Padre (Abubakar Salim), son profundamente tridimensionales. Madre, en su búsqueda por proteger a sus “hijos”, se enfrenta a dilemas éticos y morales que cuestionan su programación y su capacidad para amar. Los niños, especialmente Campion (Winta McGrath), representan la esperanza y la inocencia, pero también el conflicto inherente entre la fe y la razón.
La serie plantea preguntas profundas sobre la religión: ¿Qué significa realmente tener fe? ¿Puede la ciencia reemplazar la necesidad de una creencia espiritual? ¿Qué sucede cuando los dogmas religiosos se enfrentan con la lógica fría de los androides? Estas preguntas no solo son relevantes en el contexto de la serie, sino que también reflejan debates contemporáneos en nuestra propia sociedad.
La Tercera Temporada: Un Futuro Incierto
A pesar de su éxito y la aclamación crítica, “Raised by Wolves” fue cancelada por HBO Max después de dos temporadas. Los fans se quedaron con muchos misterios sin resolver, especialmente la conexión entre la Tierra y Kepler-22b, y el destino de sus personajes principales. Aunque los creadores y los fans han hecho esfuerzos por revivir la serie en otra plataforma, hasta ahora no hay confirmación oficial de una tercera temporada (Fiction Horizon) (Winter is Coming).
Una Protesta Necesaria
La cancelación de “Raised by Wolves” es un ejemplo más de cómo las series de ciencia ficción a menudo se enfrentan a un destino incierto, a pesar de contar con bases sólidas y fanáticos dedicados. Este fenómeno no es nuevo; muchas series del género han sido truncadas antes de tiempo, dejando a los seguidores frustrados y con historias incompletas.
Es vital que las plataformas de streaming y los estudios reconozcan el valor de la ciencia ficción no solo como entretenimiento, sino como un medio para explorar cuestiones filosóficas y científicas que reflejan y desafían nuestra realidad. La cancelación de series como “Raised by Wolves” priva a la audiencia de una narrativa rica y provoca una pérdida significativa en el paisaje cultural y creativo.
En resumen, “Raised by Wolves” es una serie que merece ser salvada y continuada. No solo por sus impresionantes valores de producción y narrativa envolvente, sino por las importantes preguntas que plantea sobre la naturaleza de la humanidad y la fe. Esperemos que alguna plataforma tome la iniciativa y permita que esta historia continúe, para el deleite y la reflexión de sus seguidores.
La segunda temporada de “The House of the Dragon” está siendo un torbellino de emociones y eventos dramáticos, pero también ha dejado a muchos fanáticos con una sensación de frustración, especialmente en lo que respecta al tratamiento del personaje de Daemon Targaryen. Daemon, quien en la primera temporada se destacó como un guerrero implacable y una figura de poder y controversia, se encuentra ahora relegado a una existencia pasiva y delirante en Harrenhal, un destino que no hace justicia a su potencial y carisma.
Daemon Targaryen es un personaje lleno de matices, cuya complejidad y ambigüedad moral lo convierten en uno de los más fascinantes de la serie. Su presencia en Harrenhal, sumido en delirios y prácticamente ausente de las intrigas y batallas que definen el conflicto en Westeros, es una decepción para aquellos que esperaban ver más de su astucia y ferocidad en esta temporada. En lugar de estar en el centro de la acción, Daemon se ha convertido en una sombra de sí mismo, desperdiciando el potencial dramático que su personaje ofrece.
Por otro lado, la segunda temporada ha continuado destacando la fortaleza de los personajes femeninos, reafirmando su importancia en la trama. Un ejemplo notable es Mysaria, quien ha forjado una alianza clave con Rhaenyra Targaryen. Mysaria, desde sus humildes orígenes, ha demostrado ser una mujer de gran inteligencia y resiliencia. Su alianza con Rhaenyra no solo es estratégica, sino que también muestra su capacidad para adaptarse y prosperar en un entorno dominado por la intriga política. Juntas, estas dos mujeres representan una fuerza formidable en la lucha por el poder en Westeros.
La muerte de la Princesa Rhaenys Targaryen ha sido uno de los momentos más conmovedores y significativos de la temporada. Rhaenys, conocida como “La Reina Que Nunca Fue”, siempre se distinguió por su valentía e integridad. Su reconocimiento de los hijos bastardos de su marido, Laenor Velaryon, es un testimonio de su nobleza y su capacidad para anteponer la justicia y la verdad a la conveniencia política. Rhaenys muere como vivió: con dignidad y honor, dejando un legado imborrable que resuena en la narrativa de la serie.
A pesar de estos momentos poderosos, la serie parece estar desperdiciando la oportunidad de explorar más a fondo el potencial de Daemon Targaryen. En una temporada donde los personajes femeninos siguen brillando con fuerza, es lamentable ver a un personaje tan prometedor como Daemon relegado a un papel secundario y deslucido. Los fanáticos de la serie esperan que en futuras entregas, Daemon recupere su lugar como una figura central, cuyas acciones y decisiones impacten significativamente en el curso de los eventos.
En conclusión, mientras “The House of the Dragon” continúa destacando la fuerza y complejidad de sus personajes femeninos, particularmente en la alianza de Mysaria y Rhaenyra y la valiente despedida de Rhaenys, también enfrenta críticas por el manejo de personajes clave como Daemon. La esperanza es que los guionistas reconozcan el potencial desaprovechado de Daemon y lo reintegren al corazón de la trama, donde su presencia pueda ser tan impactante y dinámica como lo fue en la primera temporada. La serie, sin duda, tiene todos los elementos para seguir cautivando a su audiencia, siempre y cuando sepa equilibrar y desarrollar adecuadamente a todos sus personajes principales.
En el vasto universo de Westeros, donde el poder y la intriga son moneda corriente, “The House of the Dragon” emerge como una serie que no solo mantiene la esencia de su predecesora, “Game of Thrones”, sino que también resalta la fuerza y la complejidad de sus personajes femeninos. A lo largo de sus episodios, esta precuela ofrece un retrato fascinante de las mujeres que, a pesar de vivir en un mundo dominado por hombres, se convierten en figuras centrales del poder, la política y la intriga.
Uno de los personajes más notables es Rhaenyra Targaryen, una joven que desde muy temprana edad muestra una determinación y una fortaleza inquebrantables. Como heredera del trono, Rhaenyra se enfrenta a constantes desafíos y a la oposición de aquellos que no creen que una mujer deba gobernar. Su carácter decidido y su habilidad para navegar las complejidades políticas la convierten en una figura emblemática de la serie. Rhaenyra no solo lucha por su derecho al trono, sino también por romper las barreras que históricamente han limitado a las mujeres en su sociedad.
Otro personaje femenino que destaca es Alicent Hightower. Su evolución de una joven inocente a una mujer astuta y calculadora es impresionante. Alicent utiliza su inteligencia y sus habilidades diplomáticas para proteger a su familia y asegurar su posición en la corte. Aunque sus métodos pueden ser cuestionables, no se puede negar su capacidad para influir en los eventos que moldean el destino de Westeros. Su relación con Rhaenyra, marcada por la amistad, la rivalidad y la traición, añade una capa adicional de complejidad y profundidad a la narrativa.
La reina Aemma Arryn, aunque su tiempo en pantalla es limitado, deja una impresión duradera. Su lucha personal y su trágico destino subrayan las dificultades que enfrentan las mujeres nobles en Westeros, obligadas a cumplir con roles tradicionales que a menudo las llevan a situaciones extremas. A través de su personaje, la serie aborda temas como el deber, el sacrificio y la resistencia.
La Princesa Rhaenys Targaryen, también conocida como “La Reina Que Nunca Fue”, es otro ejemplo de la fuerza femenina en “The House of the Dragon”. A pesar de ser pasada por alto en la línea de sucesión debido a su género, Rhaenys no se deja vencer por la frustración. Su experiencia y sabiduría la convierten en una consejera invaluable, y su presencia es una constante recordatorio de las injusticias de la tradición patriarcal.
La serie también introduce a personajes como Mysaria, una mujer de origen humilde que asciende en las filas sociales mediante su astucia y determinación. Su capacidad para adaptarse y sobrevivir en un entorno hostil es un testimonio de su resiliencia y fortaleza interior.
En conclusión, “The House of the Dragon” no solo ofrece una narrativa cautivadora llena de giros y sorpresas, sino que también destaca por sus personajes femeninos fuertes y multidimensionales. Cada una de estas mujeres, con sus virtudes y defectos, contribuye a crear un retrato rico y diverso de la feminidad en Westeros. A través de sus historias, la serie no solo entretiene, sino que también invita a reflexionar sobre temas universales como el poder, la igualdad y la lucha por la justicia. Sin duda, “The House of the Dragon” se consolida como un hito en la representación de mujeres poderosas en la televisión.
Siempre se ha dicho que Foundation, una de las muchas obras maestras de Isaac Asimov, era imposible de filmar, y el intento que han hecho en Apple TV+ lo confirma, pues, lejos de la serie de libros original, ha terminado por construir su propio relato, no sabemos si por exigencias narrativas o por falta de capacidad para hacer una adaptación fiel.
Y no puede decirse que esto haya pasado precisamente por falta de presupuesto, ya que los diez episodios de la primera temporada son todo un despliegue de recursos, tanto fílmicos como humanos.
La premisa de Foundation
De lo poco que hay de la historia original en la serie está el matemático y psicólogo Hari Sheldon (un siempre impecable Jared Harris), que predica haber descubierto que el Imperio Galáctico, de 12.000 años de antigüedad, va a caer inevitablemente y convence a Imperio (un soberbio Lee Pace) para que le dé un planeta en el que poder construir una comuna desde la que salvarlo.
Es una premisa grandiosa en términos cronológicos, y muy difícil, por tanto, de llevar a una pantalla. Solo el primer libro de la serie de La Fundación se compone de cinco novelas cortas con personajes que no tienen nada en común y cuyas vidas se desarrollan en 150 años.
En algunos momentos podría decirse que Lee Pace sostiene enteramente la serie.
El showrunner, David S. Goyer, limita Foundation la primera temporada a las dos primeras quintas partes de la novela original y las une de una manera un tanto forzada. La idea de Goyer de que Lee Pace interprete a un emperador Cleon eternamente clonado es una forma inteligente de darle a la serie un antagonista consistente, y es ahí donde reside su éxito.
Cleon, la corrupción política y genética
El emperador Cleon, que apenas figura en el primer libro, sostiene el peso de la historia, o mejor dicho, lo más interesante de ella, durante toda la primera temporada. Interpretado por tres actores: el hermano Day (Pace), el hermano menor Dawn (Cassian Bilton) y el hermano mayor Dusk (Terrence Mann), Cleon representa un autoritarismo vitalicio que invita a reflexionar sobre la clonación, la necesidad de mutabilidad de las cosas y la permanencia.
Los tres personajes que encarnan los clones presentes de Cleón I tienen una relación de intrigas y luchas de poder, y son percibidos como la mayor amenaza contra el desarrollo de la humanidad en distintos planetas y religiones.
Los clones de Cleon tienen el cometido de ser exactamente iguales a él, con una serie de indicadores que muestran si el clon es válido para continuar el legado del primero. La amenaza de corrupción genética mediante sabotaje, las propias preguntas que se hacen a sí mismos los clones y la visión que tienen de ellos en distintos planetas y religiones que se encuentran dentro del Imperio Galáctico son ciencia ficción, pura y dura.
El personaje de Demerzel retoma la eterna cuestión de la evolución y la conciencia de las IA.
Un imperio galáctico hipertecnológico que no recuerda ya en qué planeta vivieron los primeros seres humanos, ¿ha podido prosperar solo por un mando único con visión de futuro o es ese mando el que está impidiendo que los seres humanos se desarrollen?
Los puntos débiles de Foundation
A pesar de que, como escribí anteriormente sobre Foundation, hay personajes que no estaban en los libros y cuyas historias se escriben para poder dar continuidad narrativa a la serie, el desarrollo de la primera temporada es discontinuo en cuanto a su relevancia y al interés que despiertan sus propias tramas.
Si bien Salvor Hardin (Leah Harvey) se convierte en una pieza clave para el surgimiento de la esperada revolución en los confines del imperio, su conexión esotérica con Gaal Dornick (Lou Llobell) y su historia de amor alejan a Foundation de la ciencia ficción y la llevan al terreno de la fantasía.
En definitiva, las tramas prolongadas y el relleno que no lleva a ninguna parte hacen que desilusione a los fanáticos de Asimov. Y, si quería hablar de corrupción, política, religión y almas, se ha quedado bastante lejos también de otras series de ciencia ficción que han llevado la reflexión sobre estos temas a niveles muy profundos, como Westworld.
No obstante, cómo no, esperaremos ansiosos a la segunda temporada.
The White Lotus es, sin duda, la mejor serie satírica de este año, al menos hasta que se estrene la tercera temporada de Succession (el próximo 18 de octubre). Esta tragicomedia de HBO pone en cuestionamiento los privilegios del 1% en el entorno de unas vacaciones en Hawai, confrontados con las realidades que viven y sufren los trabajadores del resort en el que se desarrolla la trama.
The White Lotus: privilegios y mezquindad
La serie, que comienza mostrándonos que en el transcurso de unas vacaciones va a morir alguien en el hotel White Lotus, nos muestra un elenco de personajes que poco a poco van a terminar enfrentándose entre sí por el mero hecho de que los privilegios de unos van a chocar con los derechos y la existencia de los otros.
Mark Mossbacher, marido de la exitosa directiva Nicole, vive experiencias de revelación personal en las vacaciones, y mantiene conversaciones chirriantes con su hijo adolescente, el único cuerdo que parece haber en la familia, pese a sus adicciones a videojuegos y porno.
El grupo que en la segunda escena viaja en el barco camino de un paraíso vacacional está compuesto por una familia adinerada, una pareja de recién casados y una mujer mayor con aparentes signos de desestabilidad emocional. La familia está compuesta por una mujer que es directiva de una gran tecnológica (Connie Britton), un hombre que es un neurótico acomplejado (Steve Zahn), el hijo adolescente (Fred Hechinger), adicto a los videojuegos y el porno, y la hija (Sydney Sweeney), una estudiante universitaria que, pese a todo el discurso woke de respeto y tolerancia a las minorías, se comporta como una auténtica sociópata. Van acompañados de la amiga de la hija (Brittany O´Grady), la única racializada del grupo que ostenta los privilegios, y que finalmente es la que peor se porta con el empleado con el que mantiene un idilio amoroso.
La pareja de recién casados está formada por Shane (Jake Lacy), hijo de un multimillonario del negocio inmobiliario de Nueva York, y Rachel (Alexandra Daddario), una joven periodista de clase trabajadora que tuvo que pedir préstamos para pagar su carrera y que escribe perfiles mal pagados de famosos usando clickbaiting.
Tanya estafa emocionalmente a Belinda.
En cuanto a la mujer, Tanya (Jennifer Coolidge), es una alcohólica traumatizada por su relación con su madre, cuyas cenizas lleva en una urna para esparcirlas por el océano.
A excepción de Rachel, que se encuentra completamente desubicada y comienza a ver el futuro que le espera, sin poder trabajar y dedicándose al cuidado de marido e hijos, el resto de personajes son mezquinos y no dudan en utilizar a los demás para sus propios fines.
La confrontación de clase
En el otro extremo del espectro social se encuentran los empleados del hotel que, dirigidos por Armond (interpretado magistralmente por Murray Bartlett), enfrentan problemas como un parto en el primer día de empleo por la necesidad de trabajar, alcoholismo, y ser utilizados vilmente por sus clientes.
Esto último se ve especialmente en el caso de Belinda (Natasha Rothwell), a la que Tanya demanda cuidados muy por encima de su trabajo como masajista mientras le promete financiar una empresa de terapias para ella sola, como una gran maestra de la estafa emocional.
La escena en la que los empleados de The White Lotus reciben a los huéspedes VIP es muy signficativa. Esas sonrisas falsas, hablando entre dientes de cómo hay que ocultarse, van a definir su relación con ellos.
La disparidad económica entre ambos grupos se deja clara desde la llegada al hotel, cuando Armond da las directrices de cómo deben comportarse los empleados, haciéndose “invisibles” y “neutros”, para que los únicos protagonistas de las vacaciones sean los clientes. Como un “Kabuki tropical”.
No obstante, Armond tiene claro que se trata de clientes caprichosos, borrachos de privilegios, que se creen con potestad de pasar por encima de ellos, y se refiere a ellos como “hijos únicos mimados”.
Crítica de la cultura woke
The White Lotus no se limita solo a hacer sátira de los privilegios y la clase dominante, sino también de la cultura woke y cómo hasta los más favorecidos la asumen y la utilizan en su día a día, incluso para medrar.
Así, Olivia, la hija de Nicole Mossbacher, critica a sus padres unos presuntos prejuicios homófobos mientras se comporta de una manera absolutamente clasista con Rachel y déspota con todos los que la rodean, especialmente con su hermano, al que su madre, admiradora del feminismo liberal de Hillary Clinton, se refiere como perteneciente a una minoría oprimida por ser un adolescente blanco y heterosexual.
Las dos amigas universitarias son soberbias y altaneras con el resto de huéspedes, incluyendo sus propios acompañantes, y usan la cultura woke como fachada.
Los diálogos se tornan incómodos y el espectador siente cómo se ruboriza por momentos, con cotas altísimas de hilaridad como la conversación entre Nicole y Rachel en la que Nicole acusa a la joven recién casada de haber escrito un artículo infame en el que ha quedado reflejada como una oportunista que ha utilizado el movimiento #MeToo para ascender profesionalmente, ante lo que ella solo responde con que lo ha copiado de otro sitio.
La conversación entre Nicole y Rachel, uno de los diálogos más tensos visto en series en 2021.
En este sentido, The White Lotus recuerda mucho a Succession, pues la tensión entre los personajes hace que el aire sea cortante, aunque carece de las historias de corrupción y tejemanejes empresariales de esta última.
No obstante, y mientras esperamos con las palomitas preparadas la otra joya de ricos y poderosos de HBO, The White Lotus ha sido un excelente divertimento.
Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.
La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.
En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.
Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.
El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.
Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.
El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.
Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.
Corrupción del ejercicio del derecho
Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.
Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.
Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.
La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.
Magistral conexión con la actualidad
Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.
El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.
Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.
La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.
Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.
Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.
Movistar ha presentado un nuevo servicio en colaboración con la productora Blackpills por el que ofrecerá acceso a series con episodios ultrabreves como Virgin in Paris, Making a scene o Playground, todas con episodios de entre 15 y 20 minutos de duración.
Blackpills Movistar, disponible a través de Google Play Store para clientes de la plataforma Movistar+, incluye en la actualidad 15 series, con una previsión de aumento de dos series mensuales, a un precio de 2,99 euros.
Aunque la app está ideada para el móvil, en un futuro podría contemplar el ofrecer el servicio a través de canales adicionales, así como su lanzamiento en otros mercados.
La oferta de Blackpills Movistar
Blackpills se describe como “un mundo de miniseries de corta duración, frescas, divertidas e irreverentes para verlas en cualquier momento a través de nuestra aplicación”.
Se trata de series están producidas por talentos cinematográficos internacionales como Luc Besson, James Franco y más estrellas de renombre del cine independiente que distribuyen o trabajan para la productora.
Los títulos que ya están disponibles son Virgin in Paris, Playground, You got trumped, Skal, Making a scene, The social network L.A, Event Zero, Al wrong o Skinford, entre otros.
Virgin in Paris se basa en Virgin, un best-seller young adult de Radhika Sanghani; Making a Scene nos muestra a James Franco recreando secuencias famosas de la historia del cine desde una perspectiva distinta; y Luc Besson presenta una de sus muchas fantasías de jóvenes asesinas profesionales con Playground, rebosante de la acción marca de la casa.
El triunfo de lo breve
Es un paso importante para la exploración de este género de episodios breves, pero seguro, pues en otros países ha tenido muy buen resultado, pues se ajusta a las nuevas formas de consumo de streaming que se dan al utilizar el transporte público para pequeños trayectos, en ratos libres mientras se espera a alguien con quien se ha quedado, etc.
Este formato de serie breve lo encontramos en Love, Death & Robots (Netflix) y sus proyecciones de futuro con ciencia ficción, humor negro y violencia en mundos acabados o derrotados por la corrupción y la guerra; la original Calls (Apple Tv), con sus sucesos de ciencia ficción que vamos conociendo a través de conversaciones telefónicas, o en la más tradicional en cuanto a su puesta en escena pero igualmente original State of the union (Sundance Channel), en la que un matrimonio a punto de romperse conversa durante los 12 minutos previos a entrar a la terapia de pareja.
Nuevos formatos para nuevos públicos o para los mismos de siempre, pero con nuevos hábitos. Toda innovación se agradece.