En estos días pasados hemos asistido a una polémica que no es nueva y muestra al absurdo que puede llevarnos hacer un revisionismo del séptimo arte para ajustarlo a las ideas del momento histórico en el que nos encontramos. Sí, hablo de la censura y posterior recuperación por parte de HBO del clásico del cine Lo que el viento se llevó.
Los peligros del revisionismo
En un intento de confraternización con las legítimas protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, la plataforma retiró de su catálogo la película, alegando que edulcoraba el racismo.
Este gesto, lejos de ser bien acogido, desató una crisis de reputación de HBO y una tormenta de interés por el filme, cuyas ventas se dispararon en Amazon e iTunes. A nivel comercial la jugada no le pudo salir peor.
Pero lo que más me interesa sobre este caso no son tanto las estrategias comerciales, sino el debate de fondo sobre efectuar revisionismo con el arte realizada en tiempos pasados y con sus determinados trasfondos ideológicos.
¿Por qué censurar en lugar de usar esas obras precisamente para abordar esos temas? Recientemente hablé en este blog de Mi familia y otros animales, el libro que comienza la Trilogía de Corfú de Gerald Durrell y que ha dado lugar a varias adaptaciones en películas y series.
En esos libros hay alusiones racistas puntuales contra turcos y gitanos. Son muy sutiles, pero un lector avezado las nota. ¿Eliminamos de un plumazo esta maravilla de la literatura por esos detalles? ¿No será mejor establecer debates sobre las formas de racismo, la evolución del pensamiento social a lo largo de los siglos XX y XXI y los cambios en las normas y usos sociales? A mí me parece mucho más didáctico y efectivo que prohibir, pues considero que esto último favorece precisamente lo opuesto a lo que se pretende.
La estafa de la doble moral
En estos días hemos visto también cómo Marta Kauffman, cocreadora de Friends, pedía perdón por “la falta de diversidad en la serie”. Es curioso que no la pida por la falta de calidad, la superficialidad y los estereotipos ridículos que promovía, y escucharla diciendo “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer de forma diferente?” a mí me suena a amenaza con volver con nuevos episodios, así que mejor dejarlo aquí.
Bromas aparte, otro peligro que alberga este revisionismo de las series y el cine antiguos es el de establecer una doble moral: que no se puedan ver determinadas obras mientras los derechos de esas personas a las que se pretende defender siguen siendo menoscabados por otra parte.
Seguramente a esas comunidades les importe más equiparar sus derechos salariales, por poner un ejemplo, que Lo que el viento se llevó, pero si se prohíbe la película se produce un golpe de efecto (rebote, en este caso) y parece que se está cambiando algo, cuando nada cambia: el clásico lampedusiano (imprescindible la lectura de El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa o el visionado de El gatopardo de Luchino Visconti al respecto).
La polémica está lejos de estar zanjada y veremos nuevos episodios que nos producirán, incluso, más estupor que este. Tiempo al tiempo.
La adaptación de una novela o una saga de culto suele ser una tarea complicada para contentar a los seguidores. Es algo sobre lo que he escrito en más de una ocasión en este blog a raíz de The Witcher, o incluso de Game of Thrones (que estuvo muy bien hasta que se desviaron de los libros). Pero cuando desvirtúas todo el contenido, como han hecho en Los Durrell, los más fieles solo pueden sentirse estafados y preguntarse qué pensaría el escritor si viese lo que se ha hecho con su obra.
La idiosincrasia de la familia Durrell
Desde el primer episodio se ve ya cómo la fantástica señora Durrell, siempre apaciguadora de las discusiones entre sus hijos y con un espíritu muy afable se presenta como una mujer amargada que reprocha continuamente a sus hijos no colaborar con las tareas de la casa, cosa que no sucedía en los libros.
Además, presentan la situación económica de los Durrell como apretada, incluso llegando a la pobreza con sopas insípidas hechas tan solo de hierbajos, cuando el propio Gerald Durrell reconoce en sus libros que en aquella época gozaban de muy buena salud económica y que no pasaron aprietos de ningún tipo.
Partiendo de esa base, la estancia entera en la isla cambia completamente. No es lo mismo ir holgado y poder alquilar las villas que quieras que entrar con dificultades económicas, no tener que comer y poner a trabajar a los hijos, otra cosa que en los libros no sucedía.
La saga, para quien no la conozca, es absolutamente deliciosa. Son cinco años en los que una familia de origen británico que había vivido en India a todo trapo y había perdido a su padre, ingeniero de obras públicas, se muda a la maravillosa isla de Corfú a disfrutar del buen tiempo, de la naturaleza, de la gastronomía y de la vida ociosa. Nada que ver con este valle de lágrimas que es Los Durrell.
Estos no son mis Durrell
Además de la madre, Louise Durrell, los guionistas, productores y directores de esta serie de la cadena ITV, han desvirtuado completamente al resto de los personajes.
Leslie aparece persiguiendo a mujeres corfiotas, enamorándose y peleándose con lugareños por despecho con escenas violentas que no tuvieron lugar en los libros.
Margo, obligada a trabajar en la consulta de un doctor inventado, y sin ningún tipo de valía para ello. Y es cierto que Margo en los libros originales no presenta las cualidades literarias de Larry, o las naturalistas de Gerry, pero sí tiene sus propios intereses en las manualidades y la decoración.
Larry quizás es el personaje que más se parece a la representación que hace su propio hermano en sus narraciones autobiográficas, pero las anécdotas que se le atribuyen son completamente inventadas y fuera de lugar.
Lo que han hecho con el personaje de Gerry es más que una estafa. De protagonista indiscutible de su propio relato, con estupendas e interesantísimas historias de sus observaciones naturalistas en su etapa unschooler, ha pasado a ser una mera comparsa que va de acá para allá con muchos animales que no se sabe ni de dónde vienen.
Se suma a esta decepción la pésima elección de personajes que conocen en su experiencia en Corfú, como Spiro, al que vemos como un dandi mediterráneo en lugar del entrañable y adusto regordete con bigotón y manos enormes. O el capitán Creech, que si bien ya era un viejo verde en los libros, nunca llegó a besar violentamente a la señora Durrell, y mucho menos ella a apuntarle con una escopeta (una reacción más propia del medio oeste americano que de la clase social a la que pertenecía esta familia).
La representación de Spiro en Los Durrell dista mucho del personaje real que narra Gerry en sus libros.
Exceso de tensión sexual y escenas innecesarias
Pero quizá lo más ridículo de esta serie es la cantidad de escenas de tensión inventadas y completamente innecesarias que hay en cada episodio, como la tensión sexual entre la madre y el personaje de Sven, que está pésimamente reescrito a partir de otro que era amigo de Larry y que era muy querido por toda la familia.
Como seguidor de la Trilogía de Corfú me indigna profundamente ver las escenas de ligoteo y tensión sexual de la madre que jamás narró Gerry en sus libros. Y no es un arranque de mojigatería, es cuestión de ser fiel a la verdad.
En todos los episodios hay un momento de suspense, bien por una apendicitis, una pelea de bar o robos completamente inéditos que nunca tuvieron lugar en los libros.
Es la clásica producción mediocre en la que imaginas a los productores o los guionistas diciendo “hay que introducir algo de sexo o violencia“, cuando la narración de la Trilogía de Corfú precisamente lo que tiene de bello y original es que es el relato de unos años estupendos en los que a esa familia en realidad no le pasa nada, salvo la vida.
Pero hay que ser muy buen narrador para contar una historia bella en la que no ocurra nada, como lo era Gerald Durrell hablando de esos años de su vida, o lo puede ser Paolo Sorrentino en una película como La gran belleza.
Mi familia y otros animales de 2005
Mi opinión sobre Los Durrell no se trata de una pataleta de fanático, pues en el lado opuesto a esta última adaptación se encuentran tanto la fantástica coproducción australiano-británica-estadounidense de 1987 como la película dirigida por Sheree Folkson en 2005.
En este caso, que es el más reciente y el que más fácilmente se puede encontrar para ver, se reproducen fielmente el contexto y el carácter de cada uno de los personajes.
Este Spiro es idéntico a como lo describía Gerry Durrell en sus libros.
Mi familia y otros animales, que toma el nombre del primer libro de la Trilogía de Corfú, es un film apacible, en el que, como en las novelas, la familia Durrell disfruta de unos maravillosos años en la isla de Corfú. Sin penurias económicas, sin situaciones violentas inventadas, con un Gerry narrador y protagonista y con unos personajes autóctonos realmente fieles a las descripciones que se daban de ellos en la saga.
La película de Mi familia y otros animales de 2005 es la que más fielmente representa a la familia Durrell.
La banda sonora también acompaña ese ambiente siempre festivo y de verano eterno que vivió esta fantástica familia durante cinco años.
Para quien quiera acercarse a esta historia, es mejor hacerla a través de esta película y, por supuesto, de los libros, en los que se narra de primerísima mano.
Como siempre que sucede un fenómeno o una catástrofe que afecta a la población a nivel mundial, surgen numerosas hipótesis sobre su origen, culpables, o si de alguna manera se predijo. Con el coronavirus cada día nos encontramos una nueva teoría de la conspiración, algunas de ellas relacionadas con fenómenos paranormales, geopolíticos, etc. y otras con libros, series y películas que de alguna manera hay gente que cree que lo avisaron.
Las primeras series y películas en las que se piensa cuando se trata de la teoría de la conspiración aplicada a un virus que se extiende rápidamente y amenaza a toda la población son, las propias de catástrofes y amenazas de virus y las de zombis/infectados.
World War Z, protagonizada por Brad Pitt, con los zombis más rápidos de toda la galaxia, 28 días y todas aquellas producciones en las que los seres humanos van cayendo presos de una enfermedad/pandemia es lógico que nos recuerden a esto que estamos viviendo.
Sorpresivamente, en Corea del Sur la serie My Secret Terrius parece que emitió en 2018 un episodio en el que un extraño coronavirus mutado por terroristas para ser usado como arma volvía locos a los médicos para encontrar una cura.
Pero hay otras producciones que no son tan evidentes, y de las que están circulando rumores de lo más estrambóticos.
Teoría de la conspiración de Disney
Sí, como lo leéis. Disney, según algunos frikis de Internet, pudo haberse adelantado al coronavirus en su película Enredados (Tangled en inglés, 2010), pues trata sobre cómo Rapunzel pasa los días encerrada en una torre y alejada del resto del mundo en el reino de… Corona. Muy pillado por los pelos, pero hay quien ve señales en cualquier sitio.
Según algunos, las animaciones de Los Simpsons también pusieron su granito de arena en la predicción, en un episodio en el que la gripe de Osaka, que viaja desde un almacén de envases japonés, infecta a la mayoría de habitantes de Springfield. En cualquier caso, con la cantidad de episodios que acumula esta serie y sus variopintas temáticas, es lógico que haya lanzado todo tipo de hipótesis y haya acertado en muchas, como la presidencia de Donald Trump.
Los bulos
Un fenómeno extraño, o quizá ya no tan extraño y sí demasiado presente en nuestras vidas, es el del bulo, que también se extiende a las películas y las series. Uno de los que se ha propagado mucho estos días es un tráiler de la película Contagio, de Matt Damon, con la información de que ha sido rodada en 2019.
Aunque es cierto que Contagio sí trata sobre un virus que se origina en Hong Kong y se extiende por todo el mundo, convirtiéndose en pandemia, lo cierto es que se grabó y se estrenó en 2011.
La teoría de la conspiración de Akira
Otro de los bulos más interesantes y que más gente se ha creído a lo largo y ancho del planeta es la teoría de la conspiración que señala que Akira predijo todo lo que iba a pasar.
Akira, para quien no la haya visto (os recomiendo que aprovechéis la cuarentena para hacerlo porque es una obra maestra del anime scifi), es un film estrenado en 1988 y basado en un comic de Otomo. Cuenta la historia de una pandilla de motociclistas adolescentes que deambula por las calles en busca de problemas, hasta que el grupo queda atrapado accidentalmente en un experimento secreto del gobierno que involucra a niños con habilidades psíquicas.
En un momento, una escena identifica que quedan 147 días para la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos, pero los Juegos Olímpicos solo se mencionan algunas veces a lo largo de la película. De hecho, la batalla final tiene lugar en el estadio olímpico, pero los Juegos Olímpicos no son centrales en la trama del film.
En el bulo que se ha difundido a través de las redes sociales se dice que Akira trata “sobre un evento apocalíptico que tiene lugar meses antes de los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020 y que la OMS aconseja a Japón que los posponga debido a un riesgo de pandemia”.
Pues bien, en la película, no hay brote de enfermedad, la OMS no está presente en ningún momento y las Olimpiadas no se cancelan debido a un riesgo de pandemia (cosa que sí ha pasado en la realidad, pues Japón las ha pospuesto sin que este organismo internacional le hubiese advertido de nada).
Mi propia teoría de la conspiración
Si tuviese que aportar mi grano de arena a toda esta imaginación desbordante y desbordada, diría que la película que más ha podido predecir lo que está sucediendo con el coronavirus es la comedia Shaun of the Dead (2004), especialmente alguna escena en la que Shaun, el protagonista, sigue inserto en sus problemas y cotidianidades sin darse cuenta de que a su alrededor hay una auténtica catástrofe zombi. Así podría decirse que vivimos las primeras semanas, con un adormecimiento generalizado que podría parecer una comedia si no fuese porque realmente es un drama.
Con estas caras nos hemos quedado todos cuando hemos visto la magnitud de la pandemia. Minutos antes nos aglomerábamos y hacíamos nuestra vida normal mientras el dichoso virus se iba colando e infectando a miles de personas.
Recapitulando, como las pandemias están en el imaginario de la humanidad desde tiempos inmemorables, es lógico que haya literatura, películas y series que la traten, pero de ahí a creer en toda teoría de la conspiración que aparezca en Internet hay un trecho.
Mantengámonos atentos a los bulos y no ayudemos a difundirlos. Que estos que se refieren a series, cine y producciones culturales pueden ser más graciosos, pero no olvidéis que ahí fuera hay mucha estafa y hay muchas personas verdaderamente vulnerables a la desinformación.
Aunque todavía quedan tres episodios para finalizar esta tercera temporada de Westworld (HBO), teniendo en cuenta la maestría de las dos anteriores, me voy a atrever a decir que va a ser una de las mejores series de 2020. Y es que (cuidado, SPOILERS), ahora que los robots han salido del parque temático en el que los tenían confinados, las tramas son todavía más interesantes si cabe.
Robots y ciberpunk
Uno de los mejores aspectos de esta temporada está siendo la representación del mundo real en el que está ubicada Delos, la empresa propietaria de los parques.
Es un mundo ciberpunk, y no solo por los atuendos que visten sus habitantes y los neones que iluminan las calles, sino por la digitalización de absolutamente todo, la presencia de robots y androides y las cuestiones políticas y filosóficas del género, como qué significa ser humano.
La nueva apariencia, alejada de los escenarios western, se completa con detalles como la existencia de una aplicación similar a Uber, pero del crimen, en la que salen encargos de robos, secuestros, extorsión, asesinatos y todo tipo de delitos.
Otro aspecto ciberpunk son las drogas del momento, como Genre, que sumerge a su usuario en una experiencia cinematográfica mediante la cual cada rato toda su realidad se filtra por la estética y la música de un género de cine determinado, desde el cine negro hasta el thriller, pasando por la acción, el romance, el drama y el realismo. Todo un guiño a los tópicos de la cultura de la televisión, el cine y los videojuegos.
El ‘viaje’ de Caleb con la droga Genre seguro que nos gustaría experimentarlo a más de uno.
Mundo de vigilancia y corrupción
En este mundo destaca el personaje de Engerraund Serac, un parisino que, tras ver cómo su ciudad natal y todas las personas a las que amaba se morían por la detonación de una bomba nuclear, huye con su hermano para crear una máquina similar a lo que sería un dios, todopoderosa porque sabe todo de todos los humanos y es capaz de predecir, además, sus comportamientos y cómo será su futuro.
Con la excusa del bien de la humanidad, Serac hace gala de la corrupción de siempre de controlar gobiernos.
Una idea cuestionable desde muchos puntos, aunque habrá quien la defienda argumentando los clásicos motivos de seguridad, en el eterno debate seguridad-libertad, que, por supuesto, termina con un Serac endiosado esclavizando a la humanidad, porque si Rehoboam (nombre de la IA) prevé que vas a terminar suicidándote, ya no te dará la opción a que desarrolles un trabajo o algo que te motive, sino que te hundirá hasta el fondo en una terrible distopía de efecto Pigmalión: actuarás como ella ha previsto porque ella misma hará todo lo posible para que no tengas otras oportunidades.
Cuando Dolores libera los datos que tiene la IA y las decisiones que ha ido tomando sobre cada ser humano, el mundo tal y como se conoce implosiona.
Serac, como se verá, pese a sus motivaciones supuestamente filantrópicas y mesiánicas, no es otra cosa que un humano con complejo de dios que maneja el mundo con su terrible corrupción.
Robots para la liberación
No es de extrañar que, ante un panorama tan desolador para el ser humano, muchos espectadores aplaudamos fuertemente los intentos de Dolores, una de las robots que consigue huir del parque, por terminar con este entramado de grandes compañías corruptas que roban datos, vigilan y controlan hasta los aspectos más íntimos de todos y cada uno de los seres humanos.
No será hasta el quinto episodio cuando se vea un presunto deseo de liberarnos por parte de Dolores, pero aun así, ¿quién no quiere que se caiga abajo una distopía como la que gobierna en el mundo?
El hecho de que Serac oculte que ha matado a su hermano revela, además, un paralelismo con la historia previa de otros grandes amigos de la serie, Robert Ford y Arnold Weber, en el que uno de ellos termina muerto. Quizá su significado más filosófico y moral sea que, por muy buenas intenciones que tengamos, los humanos llevamos la corrupción intrínseca, caemos una y mil veces en la misma piedra y somos capaces de las mayores atrocidades contra quienes se supone que más queremos.
Que robots creados por Delos defiendan la libertad humana es un giro de guion maravilloso que solo hace que muchos admiremos más a Dolores y sus ideales. La parte negativa de todo esto es la incertidumbre y la violencia que generará en la población humana conocer los planes que la IA tenía para ellos, pero nadie dijo que las revoluciones fuesen fáciles.
Localizaciones en España
Por si esta maravilla filosófica scifi no tuviese ya bastantes puntos de por sí, no puedo cerrar este post sin señalar que muchos de los escenarios al aire libre que vemos en ella son españoles.
En concreto, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que hace de sede de Delos; la casa estudio del arquitecto Ricardo Bofill en San Just Desvern (Barcelona), que parece ser el domicilio particular de Serac, donde despierta Maeve (¿cuál será su papel en toda esta trama? ¿cederá a los deseos de Serac de frenar a Dolores?); y el pueblo de Besalú, en Girona, cuya plaza, de aspecto medieval, se convierte en el escenario de otro supuesto parque donde Maeve representa el papel de una espía que lucha contra el fascismo italiano.
Los robots de Westworld en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
Hay demasiados motivos para ver Westworld, además del hecho de la cuarentena, que nos da más tiempo para este tipo de placeres. No os la perdáis.
Vampiros. La evolución del mito. Concepto y producción, una de las exposiciones estrella de este 2020, ya puede visitarse en CaixaForum Madrid.
Un recorrido por el mundo de los vampiros
La muestra, coorganizada por La Cinémathèque française y la Caixa, propone un recorrido histórico del tratamiento de los vampiros en las distintas disciplinas artísticas.
El mito de terror, nacido en la Edad Media en Europa Central, popularizado por el cine y que no pierde vigencia en la cultura popular, ha inspirado grandes obras de arte que componen el imaginario colectivo contemporáneo.
Las distintas caracterizaciones de vampiros a lo largo de la historia nos los han mostrado como terroríficos, seductores (Drácula de Bram Stoker), modernos (True Blood), manipuladores, malvados, apasionados, elegantes, inteligentes, repulsivos, sádicos, contradictorios, melancólicos, hilarantes… vampiros y vampiras con todo tipo de personalidades se han convertido en uno de los mitos contemporáneos más atractivos.
Nosferatu – Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu le vampire) de F.W. Murnau – 1921 [F=39961]
Vampiros, la expo
En Vampiros. La evolución del mito, se exponen 362 obras de una treintena de museos y colecciones privadas, entre fotografías, dibujos, vestuario de películas, manuscritos, libros, cómics, carteles, pinturas, grabados, documentos y objetos diversos. También se pueden ver 15 montajes audiovisuales con fragmentos de más de 60 películas y series.
Algunas de las piezas que se pueden ver son la máscara utilizada en el rodaje del Nosferatu de Werner Herzog; trajes de la diseñadora Eiko Ishioka para el filme Drácula de Francis Ford Coppola; el guion de Bram Stoker para la primera adaptación de Drácula al teatro, así como algunas de las estampas de los Caprichos y Los desastres de la guerra de Goya, y obras de Andy Warhol, Niki de Saint Phalle o Mike Kelley.
John Karlen, Danielle Quimet y Delphine Seyrig en Les lèvres rouges (El rojo en los labios, 1971) de Harry Kümel. Foto: Virginia Haggard Leirens / Tous droits réservés.
Por su parte, la Caixa aporta también piezas de la Colección la Caixa de Arte Contemporáneo de artistas como Jean-Michel Basquiato Cindy Sherman, así como otras encargadas especialmente para esta exposición a artistas como Wes Lang o Claire Tabouret. Asimismo, en la muestra se puede disfrutar de 15 montajes audiovisuales temáticos, con fragmentos de 60 películas y series televisivas.
Actividades vampíricas
Como viene siendo habitual, la Caixa ha preparado una serie de actividades paralelas a la exposición, entre las que destacan varias conferencias sobre el mito de los vampiros y la propuesta Al caer la noche, una noche vampírica prevista para el viernes 6 de marzo con lectura, poesía, cine, televisión y música a cargo de Roberta Marrero, Javier Corcobado, José Viruete y Evripidis and His Tragedies. Durante la velada, organizada en colaboración con Cruz Roja, se podrá donar sangre en la plaza exterior del CaixaForum.
Asimismo, aquellas personas que donen sangre en la Comunidad de Madrid hasta el 12 abril podrán conseguir entradas gratis para ver la exposición.
Conviene no perderse tampoco el ciclo de cine “Miedo y placer”, con las películas Nosferatu (1922), Drácula (1958), Drácula de Bram Stoker (1992) y Solo los amantes sobreviven (2013).
Nosferatu, Phantom der Nacht (Nosferatu, fantome de la nuit) de Werner Herzog – 1978 [F=39707], Palladine [P=23677]En relación con el público familiar, la Caixa tiene preparado el Vamp Club, un espacio familiar con diversas actividades que acercarán a los niños al mito de los vampiros.
La Caixa y la sensibilidad contemporánea
Dentro de su programación cultural, la Caixa dedica una atención preferente a las manifestaciones artísticas fundamentales en la formación de la sensibilidad contemporánea. En esta línea se enmarcan las exposiciones dedicadas al cine, que, junto con la fotografía, constituye una de las formas artísticas más características del siglo XX.
Así, la entidad ha dedicado muestras retrospectivas a grandes nombres del mundo del cine, como por ejemplo los directores Charles Chaplin, Federico Fellini y Georges Méliès, y a compañías pioneras como Pixar o Disney.
Gracias a la colaboración con La Cinémathèque française de París, se presentaron con anterioridad proyectos conjuntos como Georges Méliès. La magia del cine; Arte y cine. 120 años de intercambios y Cine y emociones. Un viaje a la infancia.
Parásitos para mí es, sin duda, y compartiendo podio con Joker, la mejor película del año. El coreano Bong Joon-Ho ha bordado una comedia negra en la que la crítica y la denuncia social se introducen de manera natural, sin ser panfletarias.
El costumbrismo y la pobreza en Parásitos
Parásitos, vencedora de Cannes de este año, comienza mostrándonos a la familia Kim en su casa, en un sótano con una sola ventana que da al suelo de la calle, moviéndose por todas las habitaciones buscando un wifi que piratear porque están pendientes de que les llegue una oferta de trabajo por Whatsapp.
Al rato, les llega un pedido para doblar cajas de una pizzería de la ciudad y, tras unas horas de trabajo a destajo de todos los miembros de la familia, se ve cómo la dueña de la pizzería les paga menos de lo acordado aludiendo a supuestos desperfectos en los doblados.
En efecto, se trata de una familia pobre de un barrio marginal de las muchas zonas así que existen en Corea del Sur, que sobreviven hacinados en condiciones infrahumanas y con trabajos basura y mendicidad.
Lo que no saben en la familia Kim es que su suerte va a cambiar, al menos durante una temporada, gracias a un trabajo de tutor privado de inglés de la hija de una familia rica, a la que también se representa de manera costumbrista, en un chalé privado en una urbanización ajena a las miserias de los pobres.
La Familia Kim, gracias a sus métodos de estafa, consigue disfrutar por un momento del bienestar y la riqueza, pero pronto sus ilusiones se verán truncadas.
¿Quiénes son los parásitos?
Nada más entablar contacto sabemos que la familia pobre, los Kim, tienen algo de lo que los opulentos Parks carecen: inteligencia y astucia, suponemos que, de una parte, de manera innata, y de otra, adquirida debido a la necesidad de salir adelante en pésimas condiciones.
Los cuatro miembros de la familia Kim urden estafa tras estafa para terminar ocupando varios puestos de trabajo para los Parks: tutor de inglés, terapeuta artística, chófer y ama de llaves.
Los Parks caerán en todas y cada una de las estafas de los Kim para deshacerse de su personal.
Y no serán los únicos que vivan a expensas de ellos, pues, en un giro inesperado de los acontecimientos, se ve cómo hay otro personaje, también pobre y residente en el subsuelo, que sobrevive gracias a lo que su mujer roba en la cocina de los Parks.
Y es que la estafa y el fraude, tal y como se muestra en el film, son los únicos medios por los que la gente que ha llegado a un punto tal de desesperación puede llegar a obtener un empleo digno y bien pagado.
Podría parecer que el nombre de Parásitos se refiriese solo a los Kim, a la clase marginal que estafa a una familia pudiente que ha llegado donde está a través del esfuerzo y el éxito, pero va mucho más allá.
Los Parks son banales y superficiales, incapaces de hacer las tareas más básicas de cuidado de su casa y sus hijos, estúpidos como para caer en las mentiras y tejemanejes de los Kim y, sobre todo, clasistas.
La crítica al olor de la clase trabajadora será el detalle clasista que detonará el final de la historia.
Pisotean el trabajo y se adueñan del tiempo de los Kim, como hicieron antes con sus otros empleados, y sus únicos comentarios y dudas al respecto es su “olor a pobre”, “olor como el de la gente que va en el metro”.
El clasismo como detonante
Es esta crítica frívola del hedor de las clases sociales por debajo de la suya la que va a detonar la tragedia final que se lleve por delante al padre de los Parks.
En una noche terrible en la que es descubierta su estafa y tienen que luchar a muerte para que la familia Parks no se entere, los Kim ven su barrio y su casa inundados por una terrible tormenta y tienen que acabar durmiendo como refugiados en un polideportivo municipal.
La inundación que afecta a los barrios pobres de la ciudad provoca en el espectador una mirada de compasión hacia los que se habían mostrado hasta ahora como parásitos. Tienen un motivo, y es legítimo.
En el suelo del gimnasio, el padre le explica al hijo que ha aprendido a no hacer planes con su vida para no sentirse decepcionado cuando no los consiga. El derrotismo de una clase social que está condenada de manera determinista, que sabe que para ellos no existe el llamado ascensor social.
Una simple tormenta puede provocar la desgracia de perder la casa en los barrios pobres, mientras los ricos permanecen ajenos e impasibles a este sufrimiento.
A la mañana siguiente, ajenos a las desgracias de los habitantes de los barrios marginales, los Parks señalan el “día maravilloso que ha dejado la lluvia” y piden a los Kim que vayan a trabajar en la fiesta de su hijo a cambio de pagarles esas horas.
Allí se desencadena una venganza y una tragedia en la que un comentario superficial sobre el olor del atacante dará lugar a un desenlace funesto para los Parks.
En efecto, Parásitos trata del parasitismo, pero no solo de los de abajo, sino también de los de arriba, que viven en excelentes condiciones a costa de los primeros.
La película es de las mejores comedias negras de la década y probablemente se lleve el Óscar a la Mejor Película Extranjera. Si no se lo lleva, no será porque no se lo merezca.
La Obra Social la Caixa tiene preparado un otoño de arte, cine e ilustración en su centro cultural de Madrid con varios ciclos muy interesantes para no perdérselos.
Cine y arte
Uno de ellos es Sala C: Cine, Creación y Arte Contemporáneo, una cita periódica que comienza hoy y se prolongará hasta el 24 de enero de 2020 y en la que podremos ver documentales sobre creación contemporánea, que en muchas ocasiones se quedan fuera de los circuitos comerciales.
Este ciclo da su pistoletazo de salida hoy a las 19:30 con A Bigger Splash, biografía semi-ficticia del artista inglés David Hockney, realizada en 1974 y remasterizada en 2019 en 4K, que se centra en la dolorosa ruptura con su entonces compañero Peter Schlesinger. El documental ofrece una visión brillante de la vida y obra en el momento cumbre de Hockney, guiado por los restos del “Swinging London” y de las escenas homosexuales de principios de los años setenta.
La segunda cita de este ciclo se producirá el 29 de noviembre, con la proyección de “El espíritu de la pintura” de Isabel Coixet sobre el artista chino Cai Guo-Qiang y el proceso de inspiración y producción de la exposición que presentó en el Museo del Prado.
El 20 de diciembre podrá verse Peggy Guggenheim: adicta al arte, la historia de la figura central de la agitación del siglo XX y cómo construyó una de las colecciones más importantes del arte moderno.
El ciclo se cerrará el 24 de enero con The man who stole Banksy, que sigue el viaje de la obra robada que Banksy realizó en Belén, un mural en una pared de cemento, hasta su llegada a casas de subastas occidentales.
El documental, narrado por Iggy Pop, sigue el viaje de ese gran pedazo de cemento desde las polvorientas calles de Belén hasta las casas de subastas occidentales.
Más ciclos de cine y arte
Entre el 11 de octubre y el 13 de diciembre la Obra Social la Caixa ha preparado el ciclo Cine y Arte, una selección de proyecciones que reflejan el diálogo entre el arte y el cine, pues el arte ha sido desde el comienzo de las primeras producciones audiovisuales su fuente de inspiración.
El primero de los films, Vincent vang Gogh: una nueva mirada, se proyectará el 11 de octubre. Se trata de un recorrido por las mejores obras del artista y por algunos detalles personales de su vida a través de las cartas que se enviaban él y su hermano Theo van Gogh.
La película forma parte de la serie de documentales de arte Exhibition On Screen, llevada a cabo por el director de cine David Bickerstaff y el director y productor de cine Phil Grabsky.
El viernes 18 de octubre le toca el turno a Michelangelo, un viaje a las grandes capillas y museos de Florencia, Roma y El Vaticano para sumergirse en la vida y el legado de uno de los artistas más importantes del Renacimiento.
El fascinante mundo de El Bosco tiene como fecha el 25 de octubre. Una oportunidad de ver las pinturas de El Bosco en detalle y de descubrir de la mano de curadores y críticos culturales qué pudo haber inspirado sus extrañas e inquietantes obras.
Munch 150 el viernes 22 de noviembre y Los impresionistas y el hombre que los encumbró el viernes 13 de diciembre cerrarán este más que interesante ciclo.
Conferencias y debates sobre nueva ilustración
Como broche para esta magnífica programación de otoño de la Caixa, el próximo jueves, 10 de octubre, podremos ver a la filósofa Marina Garcés, que dará una conferencia titulada Nueva ilustración ante nuevas injusticias, en la que disertará sobre la necesidad de establecer una relación alternativa con el tiempo futuro en un momento en el que el mal ha tomado forma de discurso apocalíptico.
Presentada por el también filósofo Josep María Esquirol, coordinador del ciclo en el que también estarán Stefano Petrucciani y Miguel García-Baró, Garcés hará reflexionar al público sobre cómo pensarnos como parte de un mundo común frente al egoísmo de las comunidades privilegiadas o al individualismo imperante.
CaixaForum Sevilla acoge hasta el próximo 25 de agosto la exposiciónAzul. El color del Modernismo, en la que se adentra en el simbolismo y el uso del color azul y su infinidad de matices por parte de los autores modernistas.
CaixaForum Sevilla se adentra en el alma del Modernismo a través del color azul y su infinidad de matices en la exposición Azul. El color del Modernismo.
El azul, alma del Modernismo
La exposición se inspira en el libro de Rubén Darío Azul, y realiza toda una experiencia inmersiva en el espíritu de una época marcada por la presencia de este color y sus connotaciones.
Desde la poesía hasta la pintura y el cine, todas las obras artísticas de la época se llenan de paisajes crepusculares, de cielos de medianoche, de parajes montañosos, playas y mares, así como de escenas cotidianas en las que el azul se instituye como vehículo para simbolizar el misterio, el subconsciente, la belleza, la soledad, la vida espiritual, etc.
Azul de ultramar, índigo, cobalto, de Prusia o cerúleo… todos ellos están presentes en esta propuesta del centro cultural de la Caixa en Sevilla que es toda una experiencia estética.
Experiencia sensorial de Azul. El color del Modernismo
A lo largo de toda la muestra, que se estructura en cinco ejes, se reflexiona sobre las pinceladas y los pigmentos del azul, que hasta 1860 no dispuso de su auténtico pigmento cerúleo; sobre el potencial evocador que tiene dicho color para luchar contra el materialismo y dar respuesta a la crisis de valores en la que se hallan inmersos los autores modernistas; sobre la relación del simbolismo con la música, en una experiencia sinestésica resultado de asociar elementos que provienen de diferentes dominios sensoriales…
En la exposición encontramos tópicos del Modernismo como la melancolía en las mujeres que retratan Nonell y Hodler, el crepúsculo u “hora azul”, metáfora de la incertidumbre, la soledad y la muerte, la Arcadia soñada, un espacio idílico que conecta con el mito y es capaz de reflejar verdades eternas…
Pájaros azules de Maurice Maeterlinck, flores azules de Nvalis, textos de Rubén Darío; paisajes nocturnos con presencias fantasmagóricas, la muerte, la angustia existencial, todos estos temas están reflejados en esta exposición destinada a sentir como se sintieron los autores del Modernismo.
Autor: Joaquim Torres-García Título: Templo a las ninfas Año: c.1901-1911 Técnica: Óleo sobre lienzo Medida: 58 x 91 cm Procedencia: Museu Nacional d’Art de Catalunya
La selección incluye a artistas españoles como Hermen Anglada-Camarasa, Joaquim Mir, Isidre Nonell, Pablo Picasso, Darío de Regoyos, Nicolau Raurich, Santiago Rusiñol y Joaquín Torres García, y europeos como Ferdinand Hodler, Emil Nolde, Gustave Courbet o Maurice de Vlaminck, junto a una serie de estampas japonesas de la colección Anglada-Camarasa.
NOLDE, Emil_Nubes de verano, 1913_691 (1972.12)
La Obra Social la Caixa ha preparado, además, una serie de actividades relacionadas con la exposición, como visitas comentadas, visitas con café tertulia, ponencias y un espacio educativo para niños de más de cinco años en el que se propone una actividad que invita a los participantes a explorar de forma creativa y libre alguno de los aspectos de la exposición.
Quien viva o viaje a Sevilla en los próximos días no puede dejar de visitar la exposición España Años 50. Carlos Saura, que se exhibe en la sede de la Fundación Cajasol hasta el próximo 2 de septiembre.
La mirada de Carlos Saura
La muestra sobre la España de los 50 es el resultado de la mirada de Carlos Saura sobre una España marcada por la pobreza, la falta de infraestructuras y la represión, pero a la vez de gentes abiertas, amables, sencillas y trabajadoras.
La exposición, comisariada por Olivia María Rubio, se compone de 92 imágenes tomadas por el cineasta durante sus viajes por todo el país.
Como él mismo afirma, “en los 50 éramos pocos los que sentíamos una curiosidad fotográfica por un país que gobernaba con mano férrea el general Franco con la colaboración de una iglesia inquisitorial y una policía brutal que controlaba la moralidad e inmoralidad de las costumbres”.
La exposición está dividida en ocho áreas que recorren lugares como Andalucía, Cuenca, Castilla, Madrid, donde fue detenido por fotografiar una estación de tren al considerarse objetivo militar, o Sanabria, lugar del que le impresionó la miseria.
El secreto de Carlos Saura
Muchos desconocíamos esta faceta del ganador por sus películas en Cannes, San Sebastián o Nueva York, pero sorprende ver la calidad y la calidez de las imágenes de este director de cine que ahora se atreve a mostrarnos su trabajo fotográfico, también contenido en un libro que publicó hace tres años con el mismo nombre.
No olvidemos que, cuando Carlos Saura decidió retratar la España de los años 50 con su Leica y el coche de su padre, tenía 20 años y nos encontrábamos en un periodo de incipiente apertura internacional en el que otros fotógrafos internacionales también venían a dejar constancia de su visión de este país.
Él mismo fue reportero gráfico de los festivales de música de Granada y Santander, e incluso tuvo una oferta para un puesto de fotógrafo en la revista Paris-Match, que declinó porque se consideraba “un aficionado”, aunque sus imágenes están a la altura de grandes como Cartier Bresson.
Todo Hollywood vive momentos de convulsión por la salida a la luz de varios escándalos de corrupción y sexualización de menores, abusos y acoso sexual a actrices y actores. No es nada nuevo, todos lo sabían, pero claro, ahora que se ha hecho público ya no sirve eso de mirar hacia otro lado (y, sinceramente, ya era hora).
House of cards, en la picota
Producciones como House of Cards, de la que tengo un post pendiente desde hace unos cuantos meses, han quedado en un suspense mucho mayor del que son capaces de transmitir en sus guiones. Y es que Kevin Spacey ha sido una grandísima decepción para todos los que nos consideramos sus admiradores, incluso aunque no nos guste House of Cards.
¿Qué va a ocurrir a partir de ahora con esta serie en la que, según se ha publicado en estos últimos días, ha llegado a haber escenas de carácter sexual por presiones del propio Kevin Spacey para poder acercarse a otros actores? (Sí, el inverosímil trío con Edward Meechum, su jefe de seguridad, parece que obedecía a un presunto acoso al actor Nathan Darrow. Lo que antes de saber esto estaba claro es que al guion, no).
Louis C.K., otra gran decepción
Para los que nos hemos reído mucho con Louis C.K. en Louie o en Horace and Pete constituye una gran desazón saber que en la ‘vida real’ este cómico no tiene nada de brillante y que quizá se parezca demasiado a sus personajes tristones.
Las acusaciones que se han vertido sobre él han caído como un jarro de agua fría y, de ser ciertas, que no lo pongo en duda ni por un momento porque las pruebas parecen bastante evidentes, habrán terminado para siempre con su carrera, si no con su libertad.
Y aquí comienza el gran dilema que está provocando arduos debates en Estados Unidos, porque hay quien piensa que lo que han hecho todas estas estrellas es tan grave que sus logros profesionales merecen ser borrados de la faz de la tierra. Y así se están intentando rodar de nuevo escenas de películas como Todo el dinero del mundo sin Kevin Spacey, o se eliminan de los catálogos los grandísimos episodios de Louie.
En mi humildísima opinión, habría que separar unas cosas de otras. Que Louis C.K. o Kevin Spacey, por poner los más importantes para mí, siguiesen actuando como si no hubiese pasado nada sí sería grave, pero reírte con los chistes que Louis C.K. contó hace tiempo o saborear la grandeza de Sospechosos habituales no te hace cómplice de sus agresiones sexuales.
Sexualización de menores
Lo que sí nos hace cómplices de las agresiones sexuales, y esto lo pongo aquí porque no quería dejar pasar este apesadumbrado post sin mencionarlo, es sexualizar a los actores y confundir sus papeles en la ficción con sus vidas.
Este delirio del espectador que ya sufrió en su día, y mucho, la actriz Anna Gunn, que interpretaba a Skyler White, la mujer de Heisenberg en Breaking Bad, está haciendo que los niños que actúan en Stranger Things estén sufriendo episodios de acoso y atribución de conductas inapropiadas para su edad.
Son niños que no pasan de los 14 años que están siendo sometidos a una presión terrible que les hace sentirse agredidos, incómodos y diana de acosadores y agresores sexuales, así que desde este humilde blog pediría a todos los fans que, por favor, separen la ficción de la realidad y defiendan la integridad y el derecho a la honor y la dignidad de todos los profesionales que tantos buenos ratos nos hacen pasar en las grandes y pequeñas pantallas. He dicho.