Tag: revolución

  • Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Siempre se ha dicho que Foundation, una de las muchas obras maestras de Isaac Asimov, era imposible de filmar, y el intento que han hecho en Apple TV+ lo confirma, pues, lejos de la serie de libros original, ha terminado por construir su propio relato, no sabemos si por exigencias narrativas o por falta de capacidad para hacer una adaptación fiel.

    Y no puede decirse que esto haya pasado precisamente por falta de presupuesto, ya que los diez episodios de la primera temporada son todo un despliegue de recursos, tanto fílmicos como humanos.

    La premisa de Foundation

    De lo poco que hay de la historia original en la serie está el matemático y psicólogo Hari Sheldon (un siempre impecable Jared Harris), que predica haber descubierto que el Imperio Galáctico, de 12.000 años de antigüedad, va a caer inevitablemente y convence a Imperio (un soberbio Lee Pace) para que le dé un planeta en el que poder construir una comuna desde la que salvarlo.

    Es una premisa grandiosa en términos cronológicos, y muy difícil, por tanto, de llevar a una pantalla. Solo el primer libro de la serie de La Fundación se compone de cinco novelas cortas con personajes que no tienen nada en común y cuyas vidas se desarrollan en 150 años.

    Lee Pace en Foundation
    En algunos momentos podría decirse que Lee Pace sostiene enteramente la serie.

    El showrunner, David S. Goyer, limita Foundation la primera temporada a las dos primeras quintas partes de la novela original y las une de una manera un tanto forzada. La idea de Goyer de que Lee Pace interprete a un emperador Cleon eternamente clonado es una forma inteligente de darle a la serie un antagonista consistente, y es ahí donde reside su éxito.

    Cleon, la corrupción política y genética

    El emperador Cleon, que apenas figura en el primer libro, sostiene el peso de la historia, o mejor dicho, lo más interesante de ella, durante toda la primera temporada. Interpretado por tres actores: el hermano Day (Pace), el hermano menor Dawn (Cassian Bilton) y el hermano mayor Dusk (Terrence Mann), Cleon representa un autoritarismo vitalicio que invita a reflexionar sobre la clonación, la necesidad de mutabilidad de las cosas y la permanencia.

    Corrupción genética de Imperio
    Los tres personajes que encarnan los clones presentes de Cleón I tienen una relación de intrigas y luchas de poder, y son percibidos como la mayor amenaza contra el desarrollo de la humanidad en distintos planetas y religiones.

    Los clones de Cleon tienen el cometido de ser exactamente iguales a él, con una serie de indicadores que muestran si el clon es válido para continuar el legado del primero. La amenaza de corrupción genética mediante sabotaje, las propias preguntas que se hacen a sí mismos los clones y la visión que tienen de ellos en distintos planetas y religiones que se encuentran dentro del Imperio Galáctico son ciencia ficción, pura y dura.

    Demerzel - Foundation
    El personaje de Demerzel retoma la eterna cuestión de la evolución y la conciencia de las IA.

    Un imperio galáctico hipertecnológico que no recuerda ya en qué planeta vivieron los primeros seres humanos, ¿ha podido prosperar solo por un mando único con visión de futuro o es ese mando el que está impidiendo que los seres humanos se desarrollen?

    Los puntos débiles de Foundation

    A pesar de que, como escribí anteriormente sobre Foundation, hay personajes que no estaban en los libros y cuyas historias se escriben para poder dar continuidad narrativa a la serie, el desarrollo de la primera temporada es discontinuo en cuanto a su relevancia y al interés que despiertan sus propias tramas.

    Si bien Salvor Hardin (Leah Harvey) se convierte en una pieza clave para el surgimiento de la esperada revolución en los confines del imperio, su conexión esotérica con Gaal Dornick (Lou Llobell) y su historia de amor alejan a Foundation de la ciencia ficción y la llevan al terreno de la fantasía.

    En definitiva, las tramas prolongadas y el relleno que no lleva a ninguna parte hacen que desilusione a los fanáticos de Asimov. Y, si quería hablar de corrupción, política, religión y almas, se ha quedado bastante lejos también de otras series de ciencia ficción que han llevado la reflexión sobre estos temas a niveles muy profundos, como Westworld.

    No obstante, cómo no, esperaremos ansiosos a la segunda temporada.

  • Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.

    A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.

    El acosador Mitch Kessler en Italia
    Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.

    Corrupción en la UBA

    En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.

    Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.

    Regreso estafa de Alex Levy
    El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.

    Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.

    Stella la presidenta de Informativos Woke
    Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.

    Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.

    Desilusión con los personajes

    Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).

    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.

    Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.

    Julianna Margulis en The Morning Show
    Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.

    Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.

    El contexto de la pandemia

    Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.

    El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.

    Racismo con Daniel en The Morning Show
    Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.

    Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.

    Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.

     

  • Altered Carbon, más dilemas y scifi en su segunda temporada

    Altered Carbon, más dilemas y scifi en su segunda temporada

    La segunda entrega de Altered Carbon, inspirada en la trilogía con el mismo título, escrita por Richard K. Morgan, ha conseguido recuperar el planteamiento ciberpunk y la calidad scifi que había perdido al final de la primera temporada. Así, quienes no nos hemos rendido pese a la estafa que supuso el último episodio de la anterior, en esta hemos podido resarcirnos.

    Los dilemas de Altered Carbon

    Altered Carbon está ambientada en el siglo XXIV, una época en la que los humanos han conseguido colonizar gran parte del espacio y, gracias a tecnología alienígena, han podido vencer a la muerte.

    Unas pilas obtenidas de árboles milenarios encontrados en uno de los planetas sirven de soporte para contener la conciencia humana, con sus recuerdos y experiencias, y estas se irán intercambiando de cuerpos (“fundas”) con mayor o menor equipamiento y resistencia al desgaste en función del poder adquisitivo de cada uno. La muerte real se produce solo cuando la pila está dañada o totalmente destruida.

    Pilas de inmortalidad en Altered Carbon
    Poder conectarse a la pila de otra persona y ver sus recuerdos y experiencias elimina por completo la privacidad y la individualidad, otro gran dilema que plantea Altered Carbon.

    Paradójicamente, la científica que descubrió esta tecnología, Quellcrist Falconer, comienza la revolución contra la inmortalidad al ver que esta se ha convertido en una fuente de desigualdad y que ha dado pie a continuar con el salvaje acaparamiento de recursos y explotación a nivel universal.

    Y es que, ¿qué bueno puede traer la inmortalidad a la raza humana si no se produce un cambio en la forma en que nos relacionamos entre nosotros y con el medio en que vivimos? Llegamos a un planeta, arrasamos con sus seres ancestrales, nos apropiamos de su tecnología sin saber muy bien de dónde procede o qué otros usos puede tener y, ¿para qué? ¿Para seguir ganando dinero?

    Corrupción sistémica

    En este universo scifi, la clase alta, ese 1% al que aludían los de Ocuppy Wall Street, son los llamados “Mats”, haciendo referencia al personaje bíblico Matusalén, que según el Génesis, vivió 969 años.

    Corrupción en el gobierno de Harlan
    El poder se ostenta de manera hereditaria y basada en la inmortalidad y longevidad de las clases altas, toda una fuente de corrupción.

    Son los humanos más viejos y poderosos, y ostentan el poder y los gobiernos de los distintos planetas bajo la supervisión del Protectorado, fuerza militar de la ONU.

    Los Mats se ven envueltos en continuas luchas de poder y numerosos casos de corrupción, que en esta temporada se hacen más presentes en el papel de Danica Harlan, hija del gobernador Konrad Harlan, que guarda un terrible secreto en su planeta y está dispuesta a todo con tal de seguir gobernando.

    La esperanza de Poe

    Pero, como las flores de loto en el barro, en mitad de todo este mundo de corrupción y avaricia, surgen personajes entrañables como Poe, una inteligencia artificial que acompaña al protagonista, Takeshi Kovacs, y que gana en humanidad a todos los seres humanos que tiene a su alrededor.

    Hotel Ciberpunk Altered Carbon
    La estética ciberpunk de toda la serie se puede ver en todo su esplendor en el hotel que regenta Poe.

    Como el resto de IAs que hay en la serie, la suya está configurada para cumplir una función determinada, la de encargado de hotel, en este caso, del hotel en el que se aloja Kovacs, aunque sus funciones también cubren la seguridad de este.

    Al final de la primera temporada Poe vivió una experiencia muy emotiva salvando a una joven que se hallaba perdida en la nube, y en esta lo vemos sufriendo fallos continuos y una degradación de su sistema, que no quiere perder para no olvidarse de ella.

    Ternura de Poe
    La ternura que despierta Poe contrasta con la violencia y brusquedad de los humanos que tiene alrededor.

    Poe siente fascinación por los humanos, escogió su nombre de su escritor favorito, y en su constante búsqueda por hacer el bien consigue ser la conciencia más pura y con mejores intenciones de todas.

    Chris Conner interpreta con maestría a este personaje, el más querido sin duda por todos los seguidores de la serie.

    Los fallos de Altered Carbon

    A pesar de que, como he dicho anteriormente, en esta temporada mejora con respecto a la primera, sigue habiendo un poso facilón romántico, esta vez con Kovacs tratando de salvar a su amada, Quellcrist Falconer, que no necesita ser rescatada, pues ella sola creó las pilas que contienen las mentes humanas y las dotan de inmortalidad, y ella sola consiguió también convivir con el espíritu de los ancestrales en su misma pila, y aplacarlo.

    la estafa de la historia de amor
    La historia de amor no termina de convencer y resta interés a la serie.

    Esta historia de amor omnipresente es quizá uno de los mayores fallos que tiene Altered Carbon y que le quitan toda posibilidad de sentarse en el podio del género scifi con otras como Battlestar Galactica, Westworld o The Expanse.

    Netflix ha comunicado que no renovará la serie y no habrá tercera temporada, así que desde este blog lamento el cierre repentino de todas las posibilidades que plantea el universo en el que está ambientada. Quería más scifi. Han demostrado que pueden hacer buen scifi. Y ahora nos han dejado con las ganas.

  • La belleza triunfa en Westworld

    La belleza triunfa en Westworld

    Ya dije hace semanas que me parecía que Westworld (HBO) estaba tomando unos tintes revolucionarios en pro de la libertad y del amor. Algún lector me respondía que no, que no terminaba de creerlo, que seguro que Dolores tramaba algo perjudicial para la humanidad. Pero no ha sido así, y se ha impuesto la belleza.

    Aviso: este post es un conglomerado de spoilers de la última temporada de Westworld, así que te aconsejo que, si no la has visto, te abstengas de leerlo de momento, o lo hagas bajo tu responsabilidad.

    La belleza del libre albedrío

    Esta última temporada de Westworld, más ciberpunk que nunca, plantea cuestiones filosóficas como la naturaleza del ser, el libre albedrío, el potencial alcance del big data para el control de la humanidad, el poder de las decisiones…

    Dentro del mundo distópico en el que se ubica la multinacional Delos, propietaria de los robots del parque Westworld y del proyecto de recopilación de comportamiento humano más grande del mundo, la corrupción empresarial llega a tal punto que, a través de una IA como Rehoboam, ejerce un control totalitario sobre las vidas de los humanos.

    Si el sistema marca a alguien como potencial disruptor, ninguna acción que quiera tomar para hacer el bien o construir un futuro sólido será posible. Los rechazos laborales, la imposibilidad de acceder a créditos y las oportunidades que se le presenten irán encaminadas a cumplir los pronósticos de la máquina.

    Elogio de la capacidad de elegir
    Westworld termina constituyéndose una oda a la capacidad de tomar decisiones y el libre albedrío.

    Partiendo de la base de que no existe el libre albedrío y de que todo puede ser predicho a partir del comportamiento anterior y de patrones humanos, se elimina el libre albedrío obedeciendo a los designios de una IA.

    No hay posibilidad de espontaneidad ni belleza en un mundo dispuesto por una computadora gigante.

    Belleza frente a corrupción y control

    Frente a la concepción de que la seguridad (de unos pocos, preferentemente las clases altas) es más importante que la libertad, Dolores termina librando una batalla a muerte por la belleza, por el amor y por la libertad.

    En sus últimas palabras con Maeve ella afirma que es porque está programada para ver la belleza del mundo, pero lo cierto es que su personaje va transformándose a medida que conoce emociones humanas complejas.

    Bodad y belleza frente a corrupción y fealdad
    Dolores decide ver la bondad y la belleza frente a la fealdad y la corrupción humanas.

    Es muy marcado el cambio de la Dolores que al salir de Westworld solo busca venganza contra los seres humanos a la que se enternece y crea un vínculo con el hijo de Charlotte Hale, a la que suplanta, o con Caleb, un estupendo Aaron Paul que elige como compañero por su empatía y capacidad para elegir hacer el bien en situaciones en las que todos los demás eligen lo contrario.

    Westworld, después de todos estos vaivenes, nos viene a enseñar la necesidad de seguir apostando por la libertad, aunque, tal y como quedan abiertas las líneas para una posible siguiente temporada, tal vez se trate de una ilusión.

    Porque, ¿qué maquinaciones tienen en mente los supervivientes, entre los que se encuentra la falsa Charlotte Hale, que quiere suplantar también a William? ¿Qué papel jugarán Bernard y Lo Sublime en el futuro de ambas especies?

     

  • Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Este confinamiento me está dando tiempo para ver muchas series que tenía pendientes, como The Morning Show, la puesta de largo de Apple TV+ que trata sobre el acoso sexual y su encubrimiento generalizado en entornos televisivos.

    El post entero contiene spoilers, así que, si todavía no la has visto, tenlo en cuenta y no te adentres demasiado.

    El elenco

    Uno de los puntos fuertes de esta serie es el elenco que la conforma. Jennifer Anniston, Steve Carell y Reese Whiterspoon imprimen una calidad tremenda a una producción que, de lo contrario, quizá hubiese pasado más desapercibida.

    Para algunos espectadores, entre los que me encuentro, esta se trata de una de las mejores actuaciones de Jennifer Anniston (no voy a negar que le tenía cierta manía en Friends, y a la serie entera). Borda su papel de presentadora del programa informativo matutino más famoso de Estados Unidos. Quizá también porque en sí misma, Alex Levy, su personaje, es la viva imagen de su público objetivo, mujeres estadounidenses de clase acomodada.

    Steve Carell, por su parte, interpreta el papel de copresentador acusado de acoso sexual y presunta víctima del movimiento #MeToo. Y tiene enjundia que precisamente sea este actor quien protagonice esta serie, pues ya su personaje de director en The Office era un tipo que se pasaba el día haciendo chistes sexistas e inapropiados (“That´s what she said”), pero con un aire de candidez, así que quien hiciese el casting sabía lo que tenía entre manos.

    Aborto en The Morning Show
    El personaje de Bradley Jackson es tan fresco y espontáneo que hasta confiesa en directo haberse practicado un aborto. En directo. En Prime Time. En Estados Unidos.

    Por su parte, Reese Witherspoon continúa su senda de producciones televisivas feministas, iniciada con la magnífica Big Little Lies, de la que os he hablado varias veces en este blog. Aquí hace de Bradley Jackson, una reportera de Virginia que no puede evitar decir las verdades a la cara y tener conflictos, incluso, con gente con la que no debería y de los que puede salir muy perjudicada.

    El resto de actores hacen su papel de forma más que solvente, con especial mención a Billy Crudup, que interpreta a Cory Ellison, presidente recién nombrado de la división de informativos, un tipo inteligente, astuto y que instiga toda la revolución que va a haber en el programa, aunque con el objetivo de medrar (veremos qué papel le dan en la siguiente entrega).

    Personaje de Cory
    Cory Ellison es probablemente el personaje más extraño de toda la serie, siempre empujando a los demás a actuar, con el objetivo de medrar, pero también de divertirse, pues es un cínico en toda regla.

    #MeToo

    Otro de los puntos fuertes que tiene la series es que, aunque resulta muy evidente por los primeros planos que le dedican a las que luego sabremos que fueron las víctimas de Mitch Kessler, los hechos no se narran hasta casi el final de la primera temporada (ya hay segunda en marcha).

    Y es que, durante los primeros episodios, se puede ver a un Kessler deprimido, haciéndose la víctima y quejándose de que el movimiento #MeToo, del que él tanto ha informado y con cuyas víctimas él tanto se ha solidarizado en antena, ahora se ha descontrolado y ya se acusa a gente que no ha hecho nada, como él.

    Encubrimiento generalizado
    Una de sus víctimas es quien acusa a Kessler ante Recursos Humanos.

    Nada más lejos de la realidad, pues, según se van desentrañando los hechos, se ve que, si bien no emplea la violencia para sus actos, sí fuerza a muchas de sus compañeras amparándose en el miedo de estas a ser despedidas, e incluso en el respeto que les infunde su jefe.

    El poder y el privilegio como armas para la impunidad ante el acoso sexual, y el encubrimiento como modus operandi del resto del equipo es algo habitual en la industria del entretenimiento, como hemos podido ir comprobando tras casos como el del condenado Harvey Weinstein. Ni siquiera es necesario realizar amenazas explícitas.

    Machismo despiadado e hipócrita

    En The Morning Show se muestra, además, la hipocresía de quienes aseguran haber tomado la medida de expulsar a Kessler por sus conductas inapropiadas mientras simultáneamente están buscando cómo expulsar del programa a Alex Levy porque la consideran “vieja” y sin “química” con el presentador.

    En este sentido Jennifer Anniston imprime al personaje de Levy la fuerza de la mujer que llega al culmen de su carrera y se ve abocada a enfrentarse a todo el “club de machitos” para mantener su estatus en el programa.

    Encubrimiento y corrupción
    Alex Levy sufre el machismo, pero a la vez ejerce opresión y machismo sobre las víctimas de su compañero.

    Levy mantiene a lo largo de toda la temporada conversaciones muy desagradables para poder seguir siendo la presentadora. Se ve, además, cómo ha tenido que renunciar a toda vida familiar, llevándose el rechazo de su hija, para poder estar en un puesto que, sin embargo, se da porque sí a un compañero suyo que no cesa de cometer delitos contra las mujeres (que ella también encubre, por supuesto).

    Encubrimiento de los compañeros y compañeras

    En el ambiente de trabajo que se muestra en The Morning Show hasta el aterrizaje forzoso de Bradley Jackson, lo habitual es que tanto hombres como mujeres hiciesen chistes y comentarios de mal gusto sobre las víctimas de Kessler.

    Encubrimiento y complicidad
    Mirar de otra manera a la víctima, reírse de ella, creer que ha mantenido relaciones sexuales por medrar… todo son formas de encubrimiento y complicidad.

    La propia Levy, como le señala Kessler, es la más cruel y despiadada con las chicas. No hace falta ser hombre para ser cómplice.

    Es la cultura del silencio sobre los actos de violencia y de encubrimiento y culpabilización de la víctima. Nadie quiere ver que su jefe es un depredador y, sin embargo, piensan en sus víctimas como unas trepas que se acuestan con él porque quieren dar un empujón a su carrera profesional.

    Encubrimiento y corrupción empresarial

    En la cima de todo el encubrimiento se encuentra el presidente de la cadena, que cuando una de las víctimas acude a él llorando para pedir ayuda por lo que le ha ocurrido, le pide que no lo diga en alto e inmediatamente le da un ascenso.

    Corrupción empresarial en The Morning Show
    En la cúspide del encubrimiento y la corrupción empresarial se sitúa el presidente de la cadena.

    En The Morning Show se hace una gran denuncia de la corrupción empresarial, que se manifiesta también en censura de noticias que perjudican a la clase social a la que pertenecen tanto su presidente como los anunciantes. Y es el propio presidente contrata a una investigadora privada para que culpe a otra persona de sus propios delitos. Nada que no ocurra en el mundo real.

    La moraleja que nos deja esta serie es la necesidad de exponer a los depredadores sexuales y enfrentarnos a todos los estamentos que se intenten interponer en el camino, pero manteniendo a la vez seguras a sus víctimas, pues son las que sufren por partida doble y triple el abuso y la corrupción generalizada del sistema.

  • Robots para la liberación humana en Westworld

    Robots para la liberación humana en Westworld

    Aunque todavía quedan tres episodios para finalizar esta tercera temporada de Westworld (HBO), teniendo en cuenta la maestría de las dos anteriores, me voy a atrever a decir que va a ser una de las mejores series de 2020. Y es que (cuidado, SPOILERS), ahora que los robots han salido del parque temático en el que los tenían confinados, las tramas son todavía más interesantes si cabe.

    Robots y ciberpunk

    Uno de los mejores aspectos de esta temporada está siendo la representación del mundo real en el que está ubicada Delos, la empresa propietaria de los parques.

    Es un mundo ciberpunk, y no solo por los atuendos que visten sus habitantes y los neones que iluminan las calles, sino por la digitalización de absolutamente todo, la presencia de robots y androides y las cuestiones políticas y filosóficas del género, como qué significa ser humano.

    La nueva apariencia, alejada de los escenarios western, se completa con detalles como la existencia de una aplicación similar a Uber, pero del crimen, en la que salen encargos de robos, secuestros, extorsión, asesinatos y todo tipo de delitos.

    Otro aspecto ciberpunk son las drogas del momento, como Genre, que sumerge a su usuario en una experiencia cinematográfica mediante la cual cada rato toda su realidad se filtra por la estética y la música de un género de cine determinado, desde el cine negro hasta el thriller, pasando por la acción, el romance, el drama y el realismo. Todo un guiño a los tópicos de la cultura de la televisión, el cine y los videojuegos.

    Drogas en Westworld
    El ‘viaje’ de Caleb con la droga Genre seguro que nos gustaría experimentarlo a más de uno.

    Mundo de vigilancia y corrupción

    En este mundo destaca el personaje de Engerraund Serac, un parisino que, tras ver cómo su ciudad natal y todas las personas a las que amaba se morían por la detonación de una bomba nuclear, huye con su hermano para crear una máquina similar a lo que sería un dios, todopoderosa porque sabe todo de todos los humanos y es capaz de predecir, además, sus comportamientos y cómo será su futuro.

    Corrupción de Serac
    Con la excusa del bien de la humanidad, Serac hace gala de la corrupción de siempre de controlar gobiernos.

    Una idea cuestionable desde muchos puntos, aunque habrá quien la defienda argumentando los clásicos motivos de seguridad, en el eterno debate seguridad-libertad, que, por supuesto, termina con un Serac endiosado esclavizando a la humanidad, porque si Rehoboam (nombre de la IA) prevé que vas a terminar suicidándote, ya no te dará la opción a que desarrolles un trabajo o algo que te motive, sino que te hundirá hasta el fondo en una terrible distopía de efecto Pigmalión: actuarás como ella ha previsto porque ella misma hará todo lo posible para que no tengas otras oportunidades.

    Datos de la IA
    Cuando Dolores libera los datos que tiene la IA y las decisiones que ha ido tomando sobre cada ser humano, el mundo tal y como se conoce implosiona.

    Serac, como se verá, pese a sus motivaciones supuestamente filantrópicas y mesiánicas, no es otra cosa que un humano con complejo de dios que maneja el mundo con su terrible corrupción.

    Robots para la liberación

    No es de extrañar que, ante un panorama tan desolador para el ser humano, muchos espectadores aplaudamos fuertemente los intentos de Dolores, una de las robots que consigue huir del parque, por terminar con este entramado de grandes compañías corruptas que roban datos, vigilan y controlan hasta los aspectos más íntimos de todos y cada uno de los seres humanos.

    No será hasta el quinto episodio cuando se vea un presunto deseo de liberarnos por parte de Dolores, pero aun así, ¿quién no quiere que se caiga abajo una distopía como la que gobierna en el mundo?

    El hecho de que Serac oculte que ha matado a su hermano revela, además, un paralelismo con la historia previa de otros grandes amigos de la serie, Robert Ford y Arnold Weber, en el que uno de ellos termina muerto. Quizá su significado más filosófico y moral sea que, por muy buenas intenciones que tengamos, los humanos llevamos la corrupción intrínseca, caemos una y mil veces en la misma piedra y somos capaces de las mayores atrocidades contra quienes se supone que más queremos.

    Que robots creados por Delos defiendan la libertad humana es un giro de guion maravilloso que solo hace que muchos admiremos más a Dolores y sus ideales. La parte negativa de todo esto es la incertidumbre y la violencia que generará en la población humana conocer los planes que la IA tenía para ellos, pero nadie dijo que las revoluciones fuesen fáciles.

    Localizaciones en España

    Por si esta maravilla filosófica scifi no tuviese ya bastantes puntos de por sí, no puedo cerrar este post sin señalar que muchos de los escenarios al aire libre que vemos en ella son españoles.

    En concreto, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que hace de sede de Delos; la casa estudio del arquitecto Ricardo Bofill en San Just Desvern (Barcelona), que parece ser el domicilio particular de Serac, donde despierta Maeve (¿cuál será su papel en toda esta trama? ¿cederá a los deseos de Serac de frenar a Dolores?); y el pueblo de Besalú, en Girona, cuya plaza, de aspecto medieval, se convierte en el escenario de otro supuesto parque donde Maeve representa el papel de una espía que lucha contra el fascismo italiano.

    Los robots de Westworld en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia
    Los robots de Westworld en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

    Hay demasiados motivos para ver Westworld, además del hecho de la cuarentena, que nos da más tiempo para este tipo de placeres. No os la perdáis.

  • Joker, el nacimiento de una nueva narrativa de las pelis de Batman

    Joker, el nacimiento de una nueva narrativa de las pelis de Batman

    A estas alturas creo que está todo dicho sobre Joker, pero he quedado tan impresionado por la película, y por la magnífica interpretación de Joaquin Phoenix, que no podía no escribir un post al respecto. Y no solo por la crítica social que hace, que también, sino por el cambio que inevitablemente va a producir en la cosmovisión del mundo de Batman (DC Comics).

    Joker, la denuncia social

    Los no iniciados en la saga de Batman pueden ver perfectamente la película de Joker sin darse cuenta hasta casi el final de que están inmersos en la saga del justiciero multimillonario.

    Bruce Wayne, Batman, niño rico
    En Joker se observa como nunca la diferencia social entre Bruce Wayne y Arthur Fleck, el niño millonario que se convierte en Batman y el comediante precario con problemas de salud mental.

    Gotham City es exactamente igual que Nueva York, con su transporte público deteriorado, sus calles atestadas de vehículos, sus edificios casi en ruinas para pobres y, cómo no, las diferentes clases sociales, gobernadas por una élite minoritaria envuelta en corrupción a todos los niveles.

    Y dentro de esa sociedad capitalista se encuentra Joker, Arthur Fleck, un payaso precario subcontratado que tiene que actuar hoy aquí, mañana allí, al que sus compañeros de trabajo le hacen bullying y que aspira a ser monologuista.

    Patetismo de Arthur Fleck
    El patetismo de la casi totalidad de escenas en las que aparece Arthur Fleck hace sentir una compasión inmensa por su personaje.

    Joker y la salud mental

    Arthur Fleck, además, padece problemas de salud mental y cuando el ayuntamiento, como también ocurre en nuestros días con los sistemas de salud, recorta gasto social, es de los primeros en sufrir las consecuencias, pues se queda sin atención psicológica y sin medicamentos (demasiado parecido con la realidad, ¿no creéis?).

    La salud mental
    Las visitas de Arthur a la terapeuta son deprimentes. Y la poca ayuda que le prestaba, además, se la quitan.

    El problema de salud mental acompaña a Joker desde pequeño tras los abusos físicos y sexuales cometidos por la pareja de su madre, a la que él cuida hasta que descubre su pasado.

    Los problemas de salud mental parecen ser los detonantes de sus primeros homicidios a tres jóvenes ricos, trabajadores precisamente de la empresa de Thomas Wayne, exjefe y presunto padre de Joker. Pero estas muertes pronto se convierten en un símbolo de la revolución, pues los ciudadanos indignados por la desigualdad social hacen otra lectura de ellas.

    La revolución de Joker

    Así es cómo Joker pasa de ser el villano más o menos interesante de las películas de Batman a tener una entidad propia, revolucionaria, que lo eleva por encima del multimillonario justiciero y le da muchas razones de ser.

    Los seguidores de Joker son los precarios, los marginados que han intentado pertenecer a la sociedad, pero esta, especialmente sus clases más altas, los ha excluido de ella.

    Seguidores de Joker están contra la corrupción
    Precarios, marginados, excluidos… los seguidores de Joker tienen muchas razones para estar cabreados contra un mundo lleno de corrupción.

    Es imposible no empatizar con ellos y su revuelta. El sufrimiento del pequeño Bruce Wayne (Batman) al presenciar el asesinato de su padre y de su madre de repente es sobrepasado por toda una vida de miseria y dolor de un Joker que lo ha intentado de verdad, pero siempre se han reído de él y le han hecho sufrir.

  • Peaky Blinders: mafia, revolución y corrupción

    Peaky Blinders: mafia, revolución y corrupción

    Estas navidades he aprovechado para ponerme al día de algunas series que tenía pendientes, como Peaky Blinders, de la que me esperaba una temporada llena de mafia, revolución socialista y corrupción política sin parangón.

    Hace un año y medio, tras terminar de ver la tercera temporada de Peaky Blinders, ya os comenté que la serie estaba tomando un cariz político insospechado y gratamente sorprendente. Con esta nueva y penúltima temporada profundiza y mejora esa línea argumental y se enraíza cada vez más con la historia de los últimos siglos en Inglaterra.

    La venganza de la mafia

    Antes de entrar de lleno en la historia política inglesa desde finales del siglo XIX hay que señalar uno de los arcos argumentales de esta última temporada de Peaky Blinders, el principal por ser al que más tiempo le dedican: la venganza de la mafia italiana.

    Y es que los Shelby traían de otras temporadas algún que otro enemigo, como es el caso de Luca Changretta, cuyos padre y hermano habían sido asesinados a manos del clan de gitanos corredores de apuestas más afamados de Birminghan.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    Changretta llega a Inglaterra con la intención de asesinar a todos y cada uno de los miembros de los Peaky Blinders para resarcir así el daño que estos les habían ocasionado. Su vendetta comienza con fuerza consiguiendo acribillar a balazos a John, el pequeño de los tres hermanos Shelby que habían ido a la I Guerra Mundial.

    Este hecho hace que Tommy reúna, o más bien atrinchere, a toda la familia en Birmingham para defenderse y ver de qué maneras librarse de la mafia italiana.

    Destaca especialmente Adrien Brody, protagonista de las maravillosas películas El Pianista y El Gran Hotel Budapest, en su papel de líder de la mafia Changretta, si bien hay que reseñar que la caracterización de los mafiosos de la época está bastante idealizada.

    Como ya sabemos que va a haber una quinta entrega y que Peaky Blinders tiende a tener arcos argumentales autoconcluyentes no es ningún misterio ni spoiler (ya avisé más arriba) que Tommy Shelby logra, una vez más, zafarse de sus duros enemigos y obtener beneficio económico y social de ello.

    En este caso, sin embargo, terminar con Luca Changretta le lleva también a terminar con la vida de Alfie Salomons (magníficamente interpretado por Tom Hardy), un personaje que ha dado a Peaky Blinders grandes diálogos y que, como se veía venir desde el principio, termina traicionando a Tommy Shelby, incluso siendo uno de sus mejores amigos.

    Otro acierto a resaltar es la inclusión de Aidan Gillen en el papel de Aberama Gold, cabecilla de un peligroso clan gitano que les ayuda a terminar con los Changretta.

    Revolución socialista y corrupción política

    Pero la parte que más me ha gustado de esta temporada ha sido, como en la anterior, la dedicada a plasmar el contexto socioeconómico de la época, en este caso, una Inglaterra asustada ante la posible revolución socialista apoyada por una URSS fuerte y todas las tramas que se tejen desde los altos poderes para tratar de impedirlo.

    En esta entrega, los Shelby, traidores de clase para muchos, aunque ellos mismos se consideren, como señala Tommy en un episodio, el epítome del capitalismo por haber llegado donde están, se enfrentan al sindicalismo en sus propias fábricas.

    Tommy Shelby, como ya ha hecho en anteriores ocasiones, no duda en pactar con Winston Churchill para entregar a todos los partidarios de la revolución armada a cambio de un suculento contrato de fabricación de armas para el Estado por valor de dos millones de las libras de entonces.

    Para acceder a los sindicalistas tendrá que recurrir a su ya manida afición de camelar a todo tipo de mujeres, en este caso una líder sindical que delatará a sus amigos creyendo que los Shelby apoyarán su revolución. En este punto tengo que incluir un inciso, y es que, a pesar de ser una serie con personajes femeninos muy fuertes (Polly o Ada son ejemplo de ello), a la hora de definir las que serán parejas o escarceos de Tommy los guionistas deberían poner mayor esmero. Porque no es coherente que una mujer sindicalista de aquella época se deje engatusar de semejante manera por el dueño de una fábrica.

    El jefe de la compañía Shelby guarda, además, otro as en la manga en su meteórica carrera hacia las altas esferas de la sociedad, y es que él solito ha averiguado la manera de mantener a raya a los obreros revolucionarios: a través del Partido Laborista. Y así termina el sexto episodio, con el clan de gángsteres bajando por las escaleras del Parlamento, orgullosos de su ascenso por encima de todas y cada una de las cabezas que se van encontrando a su paso.

    La trama para la que será la última temporada está servida.

  • Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Pues ya he terminado la segunda temporada de Mr. Robot y es una de esas series que, pese a sus claroscuros, hay que señalar que dejan un gran vacío a quienes la seguimos. Han sido doce episodios frenéticos, dos más que en la primera entrega, en los que hemos experimentado de todo un poco, desde comedia hasta suspense, pasando por drama y, cómo no, surrealismo.

    A partir de aquí, ya sabes, destripo más que Jack y estás bajo tu responsabilidad.

    Mr. Robot, la comedia

    Aunque he comenzado titulando este post de manera negativa por la moraleja que deja la propia serie, y de la que os hablaré más adelante, quisiera empezar hablando de varias gratas sorpresas que nos encontramos ya desde los primeros episodios.

    En primer lugar, el corto The Careful Massacre of the Bourgeoisie, una película en realidad ficticia que se supone que sirve de inspiración a Elliot y su hermana Darlene para la organización de la revolución. Se trata de un corto gore realizado con calidad de cinta VHS muy lograda, de manera que puede hacer pensar al espectador de la serie que se trata de una obra grabada en los 80.

    La segunda gran conmoción llega en el episodio sexto con una surrealista recreación de una sitcom de los 90 que incluye risas enlatadas, cromas de pésima calidad, una resolución de 4:3 y una estética que bien podría ser la de Los problemas crecen, aquella serie donde un psiquiatra se quedaba en casa a cuidar de sus tres hijos mientras su mujer, periodista, volvía a su trabajo tras haber desempeñado ella esa labor durante años.

    La diferencia, está claro, estriba en que nos encontramos en Mr. Robot y ni la familia de Elliot ni su propia mente, que ni él mismo comprende, guarda ninguna relación con los entrañables y funcionales Seaver.

    Destaca especialmente dentro de este episodio, tributo y sátira a la vez de las sitcom de los 90, la canción que suena, con letra horrible y distópica que dice cosas como “imagine yourself in a world numbed with pain”.  Y es que ese lugar surrealista en realidad no es otra cosa que el salvoconducto que se crea la mente de Elliot mientras trata de sobrevivir a una brutal agresión.

    Mr. Robot, el giro inesperado

    Siguiendo con las maravillas de Mr. Robot, hay que señalar que han vuelto a conseguir dejarnos boquiabiertos con un giro inesperado de guion basado en las alucinaciones del personaje principal. Incluso los que ya suponíamos que algo raro pasaba con esas rutinas que describe desde el comienzo de la temporada no podíamos imaginar que en realidad todo era otra válvula de escape para ocultar un sitio mucho peor, y aquí sí que me ahorraré los spoilers por si acaso algún incauto ha seguido leyendo más de lo que quería.

    Mr. Robot, la estafa de la revolución

    He querido dejar para el final la que para mí es la mayor objeción que pongo a la serie porque considero que es una visión muy personal y un pequeño obstáculo que no me va a impedir seguir viéndola, pues en la balanza pesa más lo positivo que esto negativo.

    Y os preguntaréis, ¿qué es eso de la estafa de la revolución? Pues, sencillamente, que me disgusta que para una serie en la que se toman tantas molestias en hacer que los pasos que dan los revolucionarios sean completamente realistas (sí, consultando con hackers, incluso), el trasfondo de esa revolución sea que quienes la llevan a cabo sean meros peones de otro gigante peor que el que van a derribar.

    Y ya sé que no podía esperar una temática muy subversiva de una serie que, al fin y al cabo, se produce con dinero de la industria audiovisual estadounidense, que se ha caracterizado siempre por ser bastante propagandística, pero no hacía falta introducir una trama entre la propia corporación a derribar y China.

    Es cierto que todavía es pronto y que quizá en la próxima temporada nos sorprendan con otro giro inesperado que me haría tener que rectificar (y lo haré gustosamente si se da el caso), pero no era necesario dejarnos con esta desazón a los que teníamos esperanza en que Elliot y sus compañeros hackers cambiaran el sistema. ¿Es tan difícil plasmar en ficción una revolución digital que mejore la sociedad de manera no violenta o es demasiado peligroso hasta imaginarlo?