Ahora que están saliendo muchísimas y muy tristes noticias sobre acoso escolar, no puedo evitar acordarme de 13 Reasons Why y su tercera temporada, de la que no había escrito todavía, y que me parece muy interesante desde un punto de vista ético y sociológico, pues es la transformación de las víctimas en verdugos.
Víctimas no resarcidas
No quiero empezar un párrafo más sin avisar de que voy a destripar la serie, así que, si todavía no la has visto, estás a tiempo de frenar en seco y evitar males mayores.
Si en la primera y segunda temporadas de la serie nos quedábamos con la sensación de impunidad, de escarnio a las víctimas, a las que, como solemos ver en muchas ocasiones también en nuestro país, se las juzga desde un punto de vista moral y se las responsabiliza de las acciones delictivas de sus agresores, en esta cambian las tornas.
El mundo corrupto adulto permanece ajeno a todos los problemas que les pasan a los adolescentes.
Esos y esas adolescentes del Liberty High School, víctimas que se han visto afectados y perjudicados, en mayor o menor medida, por el machismo e, incluso, la sociopatía de alguno de sus compañeros, dan la vuelta a la tortilla y terminan tomándose la justicia por su mano.
La hasta ahora última entrega de 13 Reasons Why nos muestra a estas víctimas cohesionadas entre sí y dispuestas a resarcir a la difunta Hanna Baker y a todas aquellas personas que hayan sido agredidas, abusadas y violadas por Bryce Walker y su amigo Montgomery de la Cruz.
Desprotegidos, los adolescentes de 13 Reasons Why se ven abocados a ser ellos mismos policía y jueces.
Sucede, además, que al verse desprotegidas por la policía y las autoridades adultas, estas víctimas se ven en la necesidad de decidir ellas qué hacer con los culpables. Emiten juicios y condenas, organizan rehabilitaciones en función de cómo se sienten y al final les sucede como al propio sistema. La corrupción moral imperante ya se ha apoderado de ellas.
Ellos deciden a quién condenan y a quién rehabilitan. La corrupción imperante ya se ha apoderado de ellos.
De verdugos a víctimas
De la misma manera que observamos cómo entre todos realizan y cubren dos crímenes, la serie nos ofrece una visión más global de cada una de las partes.
A lo largo de toda la temporada vemos a un Bryce reflexivo, que se arrepiente de sus delitos.
Todos los chavales son a su vez víctimas y verdugos, todos tienen sus conflictos y todos tienen sus razones.
En el caso de Bryce, esta temporada se nos muestra su faceta más íntima y personal, sus miedos, sus incertidumbres, el rechazo que sufre por parte de padre y sus deseos de mejorar como persona e intentar compensar el daño que ha hecho.
A pesar de la impunidad, Bryce siente la culpa debido al rechazo de sus amigos. Se da cuenta del daño que ha hecho y quiere repararlo.
En el de Montgomery de la Cruz, el espectador logra comprender (que no justificar) toda esa violencia que va distribuyendo por el mundo debido a las continuas palizas de su padre, ante el cual tiene que reprimir su orientación sexual.
Pero los personajes ya no son niños, están en el proceso de llegada a la vida adulta, en la que a veces ya no vale con un “lo siento” o un arrepentimiento, especialmente si el daño es tan grande que se ha llevado, incluso, vidas por delante.
La angustia y el dolor de la madre humanizan también la figura de Bryce.
Y es así cómo la serie nos narra cómo, debido fundamentalmente a la dejadez y la injusticia de la administración judicial, que desampara a los y las adolescentes, se frustra cualquier tipo de redención para los verdugos y de justicia para las víctimas.
El resultado es una escala de grises muy interesante. Veremos si en la cuarta, que parece que va a ser la última, se corrige un poco la corrupción del sistema y se hace un poco de justicia.
Terminada la primera y hasta ahora única temporada de Euphoria (no sé cómo esperé tanto para verla), puedo afirmar que la posiciono directamente en el ranking de las diez mejores series de todos los tiempos. Por diversas razones, pero sobre todo, por plasmar la realidad en la que viven inmersos los jóvenes, rodeados de presión y en un mundo que no parece tener mucho futuro.
Jóvenes en una olla a presión
La sensación que más acompaña durante todos los episodios es el desasosiego, el continuo sobresalto y la presión a los que están sometidos los jóvenes protagonistas (sobre todo las jóvenes protagonistas, en femenino) dista mucho de la adolescencia que tuvimos quienes nacimos en los 70.
Algunos personajes, como el de Cassie, sufren continuamente abusos y machismo por parte de sus compañeros.
Si bien teníamos nuestros propios problemas derivados de la adolescencia, conviene recordar que creíamos tener un buen futuro por delante si hacíamos todo correctamente, es decir, si nos aplicábamos y utilizábamos el instituto como trampolín a la universidad o a un trabajo. Porque, de aquella, había la esperanza de encontrar trabajo incluso si abandonabas los estudios.
El trasfondo de Euphoria es el de un mundo cada vez más decrépito, contaminado, frívolo y extremista en el que los jóvenes van a tener que desenvolverse sin ninguna herramienta, porque los adultos no sabemos qué va a pasar, ni lo podemos intuir, a todos los niveles, empezando por el más fundamental, como es la supervivencia de nuestro entorno con el cambio climático.
Jóvenes en la era de las redes sociales
Las jóvenes que protagonizan Euphoria, además de sufrir el machismo, el clasismo, la transfobia y la gordofobia, ven incrementada la presión por las omnipresentes redes sociales y un entorno de Internet cada vez más peligroso para ellas.
Ciberbullying, acoso sexual, violaciones, corrupción de menores, violencia de género y bullying son el pan de cada día para estas adolescentes a las que les cuesta pensar en su futuro porque apenas ven cómo salir de su presente.
Sin duda, lo que más afecta a las vidas de los y las jóvenes de Euphoria es la corrupción adulta.
La serie narra a la perfección los actos de culpabilización de comportamientos de chicas que, sin embargo, son bien vistos en sus congéneres masculinos, y cómo sus sentimientos y pensamientos más profundos importan poco a unos compañeros de instituto que las ven como y tratan como objetos de su propiedad.
El acceso al uso de aplicaciones de todo tipo para tener citas, e incluso las de servicios sexuales, se presenta en toda la magnitud del problema. ¿Qué está haciendo y con quién tu hijo o hija adolescente con su móvil?
Los padres se presentan todos bastante ajenos a las vidas de sus jóvenes retoños, pero a la luz de los testimonios de profesores que circulan por las redes, parece un reflejo desgraciadamente fiel de la realidad.
¿Cuáles son sus opciones? ¿Deberían controlar los teléfonos de sus hijos? La respuesta la da la propia serie con su guion. En mi opinión, un sí rotundo. Y ya no solo por lo que se puedan hacer entre ellos, sino porque hay todo un submundo de depredadores adultos acechándolos.
La historia de abusos y corrupción del padre de Nate es probablemente la más escalofriante de toda la serie.
Delicia audiovisual
Euphoria es, además de un producto generacional, una maravilla del buen hacer audiovisual. Planos originales y atrevidos y una banda sonora trepidante, con canciones y ritmos contemporáneos muy bien elegidos (me quito el sombrero ante lo bien traído que está el “Malamente” de Rosalía en uno de los episodios) son señas de identidad de esta serie.
Hasta el maquillaje que llevan las protagonistas en cada escena responde a necesidades del guion para plasmar sus emociones.
El maquillaje de Jules, probablemente el más llamativo de toda la serie, aunque casi todas las protagonistas llevan su propio y marcado estilo particular, va transformándose a medida que la desesperación se apodera de ella.
Otra cuestión muy positiva a nivel narrativo es que rompe con muchos tabúes sobre la adolescencia, adentrándose sin pudor en relaciones tóxicas, conductas sexuales, identidades de género, consumo de drogas, etc. y presentando las distintas aristas que tienen, sin maniqueísmos, pues no todas las conductas sexuales adolescentes son perjudiciales para ellos, ni todo el consumo de drogas tiene que ser abusivo, como sí le pasa a Rue, pero no le ocurre, por ejemplo, a las amigas de Jules.
Se agradece, y mucho, que se presenten relaciones normalizadas y profundas entre personajes femeninos con distintas identidades de género.
En definitiva, Euphoria es una serie sobre jóvenes desde una perspectiva muy profunda y con una calidad que dista mucho de las típicas series sobre adolescentes a las que nos tienen acostumbrados las cadenas de televisión.
Una vez más, bravo por HBO. Esperamos ansiosos la próxima temporada.
Si las anteriores entregas de Peaky Blinders (BBC) habían sido un fiel reflejo del ambiente histórico en el que se enmarcaban, la nueva no podía ser menos. La consolidación del socialismo y el comunismo, el inicio y auge del fascismo y la corrupción a todos los niveles son los grandes protagonistas de esta temporada.
Inicio del fascismo
Para quien no vio todavía ni la temporada anterior, aviso de que a partir de aquí hay algún que otro spoiler, así que queda bajo vuestra responsabilidad seguir leyendo.
El final de la cuarta temporada terminaba con Thomas Shelby instalado en el mismísimo Parlamento británico, como representante del Partido Laborista e informante del servicio secreto sobre todos los movimientos que hiciesen sindicatos y partidos comunistas en el país.
Sus adversarios creen que Thomas Shelby es socialista.
En esta quinta, con el fascismo ya instalado en Alemania y bien identificado por toda la sociedad, asistimos a la creación del primer partido fascista en Inglaterra, la Unión Británica de Fascistas de 1932, por Sir Oswald Mosley, que tiene su propio personaje, mucho más inquietante y peligroso que cualquiera de los Shelby.
Oswald Mosley, principal representante del fascismo en Inglaterra, es visto como “el demonio” por los propios Shelby.
Para su creación, Mosley pide la colaboración de Thomas, que accede a ayudarlo, pero con la intención de informar también de sus movimientos al servicio secreto.
Fascismo promovido desde el poder
Pero sus intenciones se ven limitadas y truncadas, pues el servicio secreto no solo no tiene ningún interés en frenar la creación del brazo político del fascismo en Inglaterra, sino que está completamente de acuerdo con sus premisas y líneas ideológicas.
En toda la serie se puede observar, además, cómo el fascismo va introduciéndose en la sociedad, a través de las ideas que se enseñan en los colegios (el hijo de Ada expresa con total naturalidad al agente del servicio secreto, de origen africano, que “los negros son inferiores”, alegando que se lo han dicho en la escuela) y en círculos de poder que se han visto afectados por el Crack del 29.
El sobrino de los Shelby, hijo de Ada, expone de manera natural las ideas fascistas que escucha en su escuela.
La idea de que han sido los judíos los responsables de la catástrofe económica que hizo perder la mayor parte o toda su fortuna a muchos burgueses de la época caló rápido entre las capas altas de la sociedad, ávidas de buscar un chivo expiatorio.
Los nacionalismos, como el irlandés, también tienen su protagonismo en esta entrega de Peaky Blinders, retratados, además, desde la corrupción y los negocios turbios de los que se financiaban.
Los protestantes nacionalistas irlandeses también se plasman en todo su esplendor de corrupción y negocios turbios en esta temporada de Peaky Blinders. ¿Queda alguien libre de ‘pecado’?
Es en este ambiente donde los Shelby, mafiosos, corruptos y asesinos, mantienen una línea roja, pues su ascendencia gitana les impide comulgar con las ideas fascistas.
La hipocresía de los Shelby contra la corrupción
Y es que los Shelby, sociópatas no se sabe si de nacimiento o de propia formación, tienen su propio código ético, que demuestran en varias ocasiones luchando contra determinado tipo de corrupción.
En sus orfanatos, por ejemplo, se prohíbe a las encargadas de los menores golpearlos, y se vela por su seguridad, hasta el punto de que retiran fondos y amenazan con matar a monjas que han agredido a niños bajo su custodia.
La corrupción que se narra en Peaky Blinders invade todos los estratos, incluido el eclesiástico. Thomas y Polly acuden a un orfanato a anunciar a las monjas que les retiran la financiación por agredir a una chica negra, que ha terminado suicidándose por el continuo acoso al que era sometida.
Pero esta presunta lucha contra la corrupción de menores, que parece firme cuando, por encargo de un político pederasta, intentan asesinar a un traficante de niños, se desdibuja cuando ese mismo traficante les sugiere un negocio de distribución de heroína.
Igualmente todas las ideas progresistas que Thomas dice defender en la Cámara se evaporan cuando ordena asesinar periodistas que intentan hacer un artículo crítico sobre su persona.
Es significativo que, en todos los casos y como sucedía en temporadas anteriores, los crímenes y la corrupción queden siempre impunes, y nos hace preguntarnos si en alguna época de la historia de la humanidad alguien poderoso alguna vez ha pagado por lo que ha hecho.
Factura impecable, recursos manidos
Esta última temporada de Peaky Blinders continúa la línea de producción excelente de las anteriores, con una fotografía y un tempo que están a la altura del mejor cine.
No obstante, no quería dejar pasar esta casi oda a la serie sin hacer una pequeña anotación a la redundancia y los recursos manidos de otras temporadas que en esta se hacen ya hasta aburridos.
Son los clásicos planos de los Peaky Blinders caminando de manera elegante y soberbia por las calles en las que reinan mientras suenan temazos de fondo.
Y sí, la banda sonora, entre la que se encuentran en todas las temporadas maravillas de Bob Dylan, Black Strobe, Black Sabbath, Radiohead, Nick Cave, Artic Monkeys, Pj Harvey, David Bowie, The Kills, etc. ha sido uno de los puntos fuertes y atrevidos de Peaky Blinders, pues apuesta por música actual para retratar décadas muy anteriores. Pero eso no debería suponer que en cada episodio se dedicasen unos cuantos minutos a repetir una y otra vez el mismo videoclip.
Reiteraciones aparte, Peaky Blinders pasará a la historia de las series como una de las mejores, por calidad de guion, interpretación de los personajes, ambientación histórica, fotografía y banda sonora. Si os habéis puesto todavía con ella, estáis tardando.
Ahora que estamos en un momento estrella del año de seriesfeministas en las que las protagonistas tienen muchísima fuerza, me atrevo con este listado de personajes femeninos que deberían ser referencia para todos esos guionistas que todavía siguen creando arquetipos ridículos que desmejoran mucho las series (Breaking Bad, por ejemplo).
Series con varios personajes femeninos fuertes
Es difícil hacer un ranking, así que voy a hacer una lista que no tiene por qué ir de menos a más ni viceversa. Son los personajes femeninos que más me han impactado hasta el momento en las series de televisión:
Calamity Jane (Robin Weigert) y Joanie Stubbs (Kim Dickens), Deadwood
Deadwood es magistral tanto en su factura, como en el guion y la interpretación de los personajes, en especial los femeninos de Calamity Jane y Joanie Stubbs, que rompen moldes, y más para la época, pleno siglo XIX, en la que está ambientada la serie.
Calamity Jane, que existió en la realidad, fue una exploradora profesional estadounidense que, si bien tiene el más que cuestionable mérito de haber luchado contra los nativos americanos, ostentó una profesión osada y aventurera.
Joanie Stubbs en Deadwood es la madame del prostíbulo The Bella Union. Lesbiana, pareja de Calamity Jane, la historia entre ambas se agradece en un ambiente dominado por el machismo y la corrupción moral como fue esta época en Estados Unidos.
Deadwood es una de mis series favoritas de todos los tiempos por muchas cosas, estos dos personajes entre ellas.
Dolores Abernathy (Evan Rachel) y Maeve Millay (Thandie Newton), de Westworld
Siguiendo con historias del oeste, aunque esta vez en forma de parque temático futurista donde los visitantes pueden dar rienda suelta a su corrupción y sus mayores vicios, incluidas las agresiones sexuales y los asesinatos, añado aquí a dos personajes femeninos fascinantes, las huéspedes Dolores y Maeve.
La profundidad y la evolución de ambos personajes, cuyas historias se narran de manera paralela y van in crescendo en cuanto a ritmo e intensidad, es de las cuestiones que más atrapan de la serie.
Maeve es de los dos el que más impacta con su grandísima sensibilidad y búsqueda de amor y justicia.
Abbi Jacobson e Illana Glazer, de Broad City
Estas dos humoristas estadounidenses son las creadoras, productoras ejecutivas e intérpretes de la desternillante comedia Broad City, en la que juegan el papel de dos jóvenes judías un poco fumetas (bueno, muy fumetas) que sobreviven con trabajos precarios en Nueva York.
Las situaciones hilarantes y el salvajismo que no tienen ningún pudor en mostrar (aunque luego la cadena de televisión, en un alarde de mojigatería, censure muchas cosas) hacen de esta serie un divertimento para olvidarse de los problemas.
“Las Cinco de Monterrey” y Meryl Streep, de Big Little Lies
Las “Cinco de Monterrey”, de las que he hablado aquí en varias ocasiones y a las que se ha sumado la siempre fantástica Meryl Streep en el papel de madre de maltratador, constituyen un elenco femenino brillante que destaca, además, por su sororidad ante la violencia machista.
Cada una lidia con sus problemas, sobre todo ocasionados por sus relaciones de pareja, y todas ellas comparten un secreto que las une y las lleva a tirar hacia adelante sea como sea.
Ozark
Ya he hablado en más de una ocasión en este blog sobre Ozark y el magistral papel que interpretan todas y cada una de las mujeres de la serie, muy por encima de los hombres poderosos y corruptos de los que se supone que están ‘detrás’.
En perspectiva de género Ozark supera con creces a su homóloga, Breaking Bad, en número y calidad de los personajes femeninos.
The handmaid´s tale
June, magistralmente interpretada por Elisabeth Moss, a la que le van como anillo al dedo los papeles de mujer que se supera a sí misma en un mundo hostil y machista (Mad Men, Top of the lake), es uno de los mejores personajes femeninos de todas las series. Obligada a sobrevivir en una teocracia patriarcal infame, su evolución y transformación son lo que la hacen salir adelante.
Pero el resto de papeles femeninos no se quedan atrás. Sus compañeras oprimidas (criadas y Marthas) y las opresoras del sistema (esposas y tías) son papeles también robustos, de mujeres que tienen que mantenerse en pie ante las humillaciones y la represión de los hombres al mando.
Elisabeth Moss interpreta de manera espectacular el papel de June. Con un solo movimiento de nariz y labios es capaz de mostrar un sinfín de matices.
Orange is the new black
De esta serie, de la que ya he hablado en varias ocasiones en este blog, todos y cada uno de los personajes femeninos tienen fuerza y personalidad propias y no necesitan de ningún personaje masculino para tener entidad propia.
Cada una con su idiosincrasia, sufrimiento, pasado y delitos en la espalda, todas las reclusas de las cárceles femeninas que aparecen en OITNB representan profundos y poliédricos papeles. No hay blancos y negros. Las escalas de grises, la compasión por las presas, los personajes no normativos y la combinación de la tragedia de la cárcel con las escenas de humor cotidiano dan a este drama sobre la corrupción del sistema penitenciario estadounidense una seña de identidad entrañable.
Personajes femeninos con cuerpos y vidas no normativos protagonizan OITNB.
Personajes femeninos individuales en series llenas de estereotipos
Lo lógico y normal sería que todas las series tuvieran personajes potentes tanto masculinos como femeninos, pero la realidad, desgraciadamente, es otra, y encontramos series en las que solo un personaje femenino tiene fuerza mientras el resto se limitan a reproducir estereotipos de género.
Gillian Darmody (Gretchen Mol), de Boardwalk Empire
El papel de Gillian Darmody en Boardwalk Empire es una de las mayores rarezas que se han visto en representación de la maternidad en televisión.
Prostituida, violada y casada con un hombre al que no quería, lejos de ser una víctima, Gillian se convierte en una inesperada verdugo que aprovecha un momento de debilidad de su hijo para abusar sexualmente de él. Sí, lo que leéis, una madre pederasta en televisión, ya era hora, porque haberlas, aunque constituyen un ínfimo porcentaje en relación con los hombres, haylas.
Gillian Darmody es la representación de una mujer abusada que se convierte en madre abusadora.
Un personaje muy oscuro con un final tenebroso como toda su sorprendente evolución.
Nurse Jackie (Lisa Coleman)
Entre la representación de la maternidad no convencional también se encuentra el personaje de Nurse Jackie (curiosamente, la actriz Lisa Coleman hacía de madre mafiosa en The Soprano), una enfermera adicta y mentirosa que destroza la vida de su familia y de todo el que se acerque a ella, aunque esto ocurre pasadas las primeras temporadas, en las que todavía puede ocultar su vicio secreto.
Uno de los grandes momentos de Nurse Jackie y su adicción a las drogas.
Gemma Teller (Katey Sagal), de Sons of anarchy
¡Qué decir de Gemma Teller, la mamá motera de Sons of anarchy! Sus mentiras y su continua manipulación la llevan a tener el final más trágico posible.
Gemma es, sin duda, el único personaje femenino potente en la serie, aunque es una pena que le hayan dado un perfil tan pérfido, pero ella sola sostiene las últimas temporadas cuando todos los demás, empezando por su hijo, el protagonista, flaquean.
La corrosiva Gemma Teller es el único personaje femenino de Sons of anarchy con personalidad propia y a la ‘altura’ del resto (muy por encima, de hecho).
La actriz Katey Sagal interpretó también un buen papel en Matrimonio con hijos, haciendo de esposa nada al uso para la época de la serie.
Lagertha (Katheryn Winnick), de Vikings
En el mundo vikingo destaca una mujer por sus batallas y hazañas, Lagertha, que muchísimo más allá de ser “la primera mujer de Ragnar Lothbrok”, se convierte en una luchadora con entidad e historia propias, seguida por numerosos congéneres.
Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen), de Borgen
La protagonista de la serie danesa Borgen, en la que la socialdemocracia y los pactos tienen casi tanto papel principal como ella misma, destaca por su templanza y sus buenas formas en el Palacio de Christiansborg.
Una gobernante moderada que escapa de la corrupción y que tiene el diálogo por bandera como personaje femenino de la política europea en una serie más que recomendable para saber cómo es el hacer político por los países de nuestro norte.
Birgitte Nyborg y sus pactos políticos protagonizan Borgen.
Y esta es mi humilde lista. Todavía me quedan por ver series como Killing Eve, así que espero que me recomendéis más en las que pueda disfrutar de personajes como estos.
El último gran éxito seriéfilo del año, Years and Years, parte del Brexit para ponernos en una incómoda y pesimista (¿tal vez sería más correcto decir “realista”?) prospección política en la que la crisis financiera y económica y los movimientos migratorios ocasionados por las guerras y el cambio climático actúan de manera directa sobre el presente cotidiano, encarnado en la familia Lyons.
Brexit como punto de partida
Una de las cosas que más impresiona y que a mí particularmente más interesante me ha parecido de esta coproducción entre dos gigantes como BBC y HBO es la visión panorámica que nos ofrece sobre los miedos y consecuencias que pueda traer el Brexit, cuya campaña lideró en 2016 el ahora primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson.
El Brexit, según narran en Years and Years, dejaría a Reino Unido en un limbo entre las grandes potencias como Estados Unidos y Rusia, y afectaría directamente a la economía con la pérdida de confianza de los bancos, lo que supondría un corralito y la estafa y pérdida de los ahorros para miles de ciudadanos (los que todavía tengan la suerte de tenerlos en una realidad cotidiana cada vez más empobrecida).
Por otra parte, el Brexit en Gran Bretaña, igual que la crisis financiera en Estados Unidos o en España, han supuesto un cambio en la manera de hacer política. Se ha perdido la formalidad y estamos contemplando el nacimiento de políticos ‘clown’ que cada día dicen una cosa distinta, que aparentan carecer de un programa e ideas sólidas y que solo buscan la notoriedad, salir en la prensa, aunque sea como el hazmerreír del momento.
Corrupción política y moral
Esta cuestión es uno de los puntos fuertes de Years and Years, que refleja en la figura de la empresaria bufón Vivienne Rook la decadencia y la corrupción política y moral de nuestros días (que levante la mano quien no ha pensado en al menos dos o tres personajes políticos populistas estadounidenses y españoles que se asemejen peligrosamente a este personaje).
Rook, magistralmente interpretada por Emma Thompson (probablemente la mejor actriz de toda la serie, que en esto sí que flaquea un poco), llega al poder prometiendo imposibles y absurdos como juzgar a los CEOs de Google, Facebook y grandes redes sociales, y esconde sus verdaderas intenciones xenófobas y aporófobas.
Vivienne Rook es el personaje conductor de la corrupción moral y política en Years and Years.
Vivianne Rook probablemente es el personaje mejor planteado de toda la serie, pues a través de sus intervenciones y ocurrencias podemos ver cómo funciona la ventana de Overton y cómo poco a poco se van colando en el rango de lo aceptable ideas políticas extremistas inaceptables.
Vivianne Rook poco a poco va introduciendo en el debate político ideas como que quien tenga un CI bajo no pueda votar, es decir, introduciendo en el debate político en el rango de aceptables ideas antes inaceptables por extremistas.
Algunos de los miembros de la familia Lyons, diversos en ideologías, identidades y orientaciones sexuales sucumben ante las promesas vacías pero divertidas de Rook y la apoyan formalmente en actos públicos y en sus votaciones, hasta que se dan cuenta de que han alzado a un auténtico monstruo.
El Brexit como punto de llegada
La verosimilitud de Years and Years radica en usar el Brexit y sus posibles consecuencias, así como la crisis financiera y el cambio climático dentro de los ejes que articulan el espacio – tiempo en la trama.
Podemos creernos que dentro de 15 años haya tales inundaciones que media parte de la población en Gran Bretaña sea refugiada en su propio país. Podemos creernos, entre otras cosas porque ya lo hemos visto, que una familia pierda los ahorros de toda la vida por la bancarrota de un banco.
Podemos creernos, también porque lo estamos viendo, que muchos trabajadores tengan que compaginar varios empleos precarios para apenas llegar a pagar un alquiler en piso compartido en la ciudad.
Podemos creernos, ya que está sucediendo en nuestras mismas fronteras, que haya miles de refugiados e inmigrantes ilegales a los que se condene a la muerte por abandono y desatención.
Igual que podemos creernos, porque pasa en muchos países, que una persona homosexual sea perseguida hasta el punto de tener que abandonar su casa y emprender un viaje a la miseria de ser refugiado en otro país que no te mata por tu orientación sexual, pero te deja morir por no haber nacido en él.
Los campos de concentración Otrora aparecen en Years and Years como consecuencia del Brexit, aunque cuando observamos los campos donde viven muchos refugiados tampoco hay grandes diferencias.
Years and Years explora todos los escenarios posibles que se están planteando en nuestros días, incluido un ataque nuclear silenciado por las autoridades hasta el punto de que la gente llegue a olvidar que ocurrió, y eso es lo que la hace terrorífica, difícil de ver antes de irse a dormir si lo que se pretende es conciliar el sueño.
Otra serie con final estafa
Pero, como sucede en otras series británicas y europeas en general (en esto todavía no les ha afectado el Brexit a las producciones audiovisuales, ja, ja, ja), todo ese planteamiento futurista verosímil y bien desarrollado se destroza con una salida de tono y un final que rompe la verosimilitud y la coherencia de la serie.
Y es que, en el último episodio, vemos cómo todo parece ser la narración de Edith, la hija mayor de los Lyons y activista ecologista, mientras está descargando su conciencia en la red para seguir viviendo como transhumana.
Y no es el transhumanismo lo que rompe la coherencia, pues es un tema central a través de una de sus sobrinas, que se implanta nodos para convertirse en una persona robot, sino cómo se resuelven todos los conflictos planteados.
La posibilidad de descargar toda tu conciencia en la red es una de las hipótesis transhumanistas más fuertes y con las que más juega Years and Years.
Optan por el efectismo y el optimismo, como si años de corrupción y represión pudieran solucionarse saltándose una valla con un camión, y se rompe la atmósfera de distopía con una esperanza impostada.
Hay que ser iluso para creerse que todo un entramado político de corrupción y genocidio se supera con una escena de un camión irrumpiendo en un campo de concentración y retransmitiéndolo. Que se lo digan a Assange o Chelsea Manning si una filtración cambia algo.
Es una lástima ver que Years and Years cae en el mismo disparate que antecesoras suyas, también distopías futurísticas y políticas como Utopia u Orphan Black, aunque hay que señalar que el viaje hasta el último episodio es bastante recomendable y que los debates que provoca son lo suficientemente interesantes como para no dejar de verla.
Vaya por delante que pienso que productores y trabajadores audiovisuales tienen derecho a cobrar muy dignamente por su trabajo (dedicándome a ello, además, no verlo así sería tirar piedras sobre mi tejado), pero entre eso y el lucro desmesurado de los creadores y productores de The Walking Dead hay un largo trecho.
¿Por qué digo esto ahora? Porque acaban de anunciar la fecha de estreno de la próxima temporada, que será el 6 de octubre, así como una trilogía de películas protagonizada por Andrew Lincoln en la que se contará qué le pasó tras el inverosímil rescate en helicóptero que vivió en la novena temporada. Y, por si fuera poco, otro spin-off que emitirá su piloto el próximo año y se centrará en la siguiente generación de supervivientes de ese “universo multigeneracional”, como lo denominan desde AMC.
Si ya era difícilmente creíble el rescate en el helicóptero, ¿qué nos puede deparar una película sobre el tema?
Lucro a costa de bajar la calidad
Sería más benevolente con toda esta franquicia (qué tristeza hablar de franquicias en un ámbito como es la cultura) si todavía mantuviesen un mínimo de calidad, pero lo que están haciendo, sencillamente, es obtener lucro sin dar mucho a cambio.
Porque hace varias temporadas que The Walking Dead se convirtió en una estafa masiva en cuanto a guion y calidad de rodaje (lo he tratado aquí en varias ocasiones), y otras creaciones como Fear The Walking Dead han sido pésimas desde sus comienzos.
Los creadores y productores de The Walking Dead parecen pensar que no tienen un público muy inteligente y por eso no ponen ningún empeño en las tramas ni en el desarrollo de los personajes, y mucho en merchandising (muñecos, camisetas, tazas…) y licencias para videojuegos y aplicaciones de móvil.
El universo de The Walking Dead al final es un parque de atracciones de cartón piedra en el que el gusto por la narrativa es inexistente.
Si a esto le añadimos polémicas como que una actriz (Lauren Dohan, Maggie) cobre menos que un actor con su misma o, incluso, menor relevancia en la serie (Norman Reedus, Daryl) nos encontramos ante un producto de marketing que únicamente busca el lucro por el lucro y que no se sustenta ni en la calidad ni en la ética. Me reitero, una estafa en toda regla.
La segunda temporada de Big Little Lies (HBO) está demostrando no solo haber igualado el nivel de la primera, sino también superarla gracias a las magistrales interpretaciones de sus protagonistas, a la que se ha sumado una soberbia Meryl Streep como madre de Perry que viene a descubrir las mentiras que rodean la muerte de su hijo.
Las mentiras
Mary Louise Wright (papel de Meryl Streep, que hasta se ha hecho una dentadura postiza para que sus dientes dar mayor credibilidad a su personaje y que este se parezca a Alexander Skarsgård) llega a Monterrey para, supuestamente, ayudar a su nuera Celeste (Nichole Kidman) durante el duelo y en la crianza de sus hijos, pero, como se ve desde el primer episodio, sus continuas preguntas, inquisidoras, tienen como objetivo escudriñar en las mentiras que todo el mundo parece contar sobre la fatídica noche en la que su hijo cayó por las escaleras en la fiesta del colegio.
Mary Louise está alcanzando cotas inigualables de irritación entre los espectadores. Le falta poco para ponerse a la altura del mal cuerpo que dejaba la violencia machista de su hijo.Mudarse al edificio de Jane solo tensa aún más la cuerda sobre ellas.
Si en la primera temporada encontrábamos mentiras de toda índole (mentiras y ocultamiento de violencia machista, infidelidades matrimoniales, etc.), la segunda digamos que se cimienta sobre esas mentiras y por eso todo parece derrumbarse por momentos.
Madeleine, la más optimista de todas, se desmorona a la par que su matrimonio tras descubrirse su infidelidad.
Descubiertas las mentiras de las infidelidades de Madeleine, y las mentiras sobre que Ziggy es hijo de Perry, las vidas de tres de las cuatro protagonistas de Big Little Lies se transforman por completo.
Momento exacto en el que Fred descubre la infidelidad de su mujer…
Madeleine intenta salvar su matrimonio llegando a recurrir a pseudoterapias; Jane intenta que su hijo tenga relación con la aparentemente atenta abuela Mary Louise mientras lidia con que esta no se cree que el niño fuese fruto de una violación, y Celeste se enfrenta a una posible pérdida de la custodia de sus gemelos acusada de negligencia por la inquietante Mary Louise.
Celeste se enfrenta a sus propias mentiras sobre su adicción.
Las propias mentiras que se cuenta a sí misma Mary Louise para intentar no cambiar ni un ápice del maravilloso recuerdo que tiene o se ha inventado sobre su hijo son también hilo conductor de los dramas que suceden en esta nueva temporada.
Jane se ve sometida a un juicio inquisitorial en el que Mary Louise la acusa de haber provocado a Perry. Nada que no veamos en los juicios por violación, por cierto.
Las buenas intenciones
Una de las maravillas de Big Little Lies es la presentación y el desarrollo de los personajes. Nadie en esta ¿tragicomedia? es bueno o perverso del todo, todos tienen su escala de grises, y todos actúan movidos por buenas intenciones, aunque estas acaben generando un sufrimiento en los demás.
Buenas intenciones, sororidad y feminismo unieron a las cinco presentes en la muerte de Perry y las llevaron a mentir a la policía y ocultar la verdad.
También hay un auténtico deseo en Mary Louise por ayudar a su nuera y a sus nietos, aunque les provoque más dolor que otra cosa, igual que hay unas ganas de ayudar a Bonnie por parte de su madre, que aparece con sus excentricidades a intentar saber qué le ocurre a su hija, presa de la culpa por haber sido la que dio el empujón final a Perry.
Mary Louise intenta limpiar la memoria de su hijo y hace lo posible para mantener su sesgo.
La madre de Bonnie tiene visiones en las que ve a su hija ahogándose (en sus propias mentiras) e intenta ayudarla, pero su tormentosa relación y el maltrato que le infligió de pequeña, además de la gravedad del secreto de Bonnie, imposibilitan el acercamiento con su hija.
La estafa, la ruina y las mentiras de los Klein
Mentiras también tiene para dar y regalar la agresiva y triunfadora Renata, que está en bancarrota porque su marido, Gordon, ha sido descubierto por una estafa en la venta de acciones.
Renata, también víctima de esa estafa al no haber tenido confianza mutua suficiente como para que él le contase lo que estaba pasando, intenta aparentar que no ha pasado nada mientras va perdiendo uno a uno los muebles de su casa y todas sus propiedades, incluyendo el anillo de casada.
La estafa de Gordon afecta y arruina a Renata y a toda su familia.Renata se siente estafada. Todo lo que ha logrado conseguir con muchísimo esfuerzo le ha sido arrebatado por los delitos de su marido.
En definitiva, Big Little Lies es una historia compleja en la que, a pesar del homicidio que subyace en todo momento, los distintos personajes actúan de manera muy humana y es fácil empatizar con ellos. No hace falta tener una mansión en Monterrey para sentirte un poco Celeste o Renata.
Anteriormente he hablado en este blog del clasismo que destilan Breaking Bad (AMC) y Ozark, series que me parecen muy comparables entre sí. Hoy abro post para continuar la comparativa entre ambas y explicar por qué, a mi juicio, si tengo que elegir cuál me gusta más de las dos, elijo la protagonizada por Marty Byrde por una cuestión de género.
Breaking Bad, suspenso en género
Breaking Bad y Ozark, como ya he comentado otras veces, comparten que sus protagonistas son personajes extremadamente inteligentes, probablemente superdotados, que van resolviendo de maneras ingeniosas los distintos problemas que se les presentan.
Dos tipos creativos y aparentemente no pertenecientes al mundo del crimen, se desenvuelven como pez en el agua y sortean la extrema violencia de sus socios, incluso habiéndoles faltado al respeto o traicionado.
Entre una y otra serie, sin embargo, existe una gran diferencia: en Breaking Bad no existe un solo personaje femenino inteligente y que no esté emocionalmente desequilibrado, una mujer lúcida y astuta que esté como mínimo a la altura de personajes masculinos como Mike, Saul, Gus o Hank.
En Breaking Bad, Skyler White es víctima de Heisenberg. Su mejor temporada fue cuando le ayudó a lavar el dinero, pero pronto volvieron a ponerla en su papel de esposa sufridora.
En este sentido quizá el personaje de Lydia fue el más descuidado, pues ella, distribuidora internacional de metanfetamina y con una doble vida como ejecutiva en una empresa, sería la candidata idónea a némesis de Heisenberg, y no lo que tristemente terminó siendo su personaje: una snob neurótica que apenas puede pensar claramente en cuanto le surgen obstáculos.
¿Tanto les costaba a los guionistas crear el papel de una ejecutiva inteligente y resuelta dedica al mundo del narcotráfico como el resto de hombres de la serie?
Breaking Bad no supera el más mínimo test de Bechdel, que plantea tres requisitos para demostrar que una producción tiene sensibilidad hacia las mujeres: que la obra en cuestión tuviera dos personajes femeninos con nombre, que estos dos personajes hablasen entre si y que su conversación no tratase sobre los hombres.
Mujeres inteligentes en Ozark
En Ozark, sin embargo, a excepción de la hija de Byrde, Charlotte, cuyo personaje podría dar mucho más de sí y se queda en el de una adolescente simplona y metepatas, todas las mujeres que aparecen tienen inteligencia y fuerza y están a la misma altura que el resto de hombres.
Y es que Wendy Byrde y Darlene Snell no tienen nada que envidiar a sus parejas. Todo lo contrario a Skyler White o su insoportable hermana Marie.
Ruth Langmore, a pesar de sufrir todas las inconveniencias del clasismo, es una mujer muy inteligente, capaz de urdir planes que ningún otro hombre de su familia, ni del pueblo entero, podría.
No se queda atrás Helen Pierce, la abogada del cartel mexicano, inteligente, fría y despiadada, que no duda en emplear los mismos métodos que sus colegas para comprobar la lealtad de sus empleados.
La abogada del cartel, Helen Pierce, y Wendy Byrde son dos personajes femeninos fuertes e inteligentes, afectados por la corrupción igual que el resto de personajes masculinos que las rodean.
En Ozark la corrupción afecta por igual a unos que a otras. No así en Breaking Bad, donde se pretende mantener un aire inmaculado a las mujeres, a las que se las presenta como cabezas de familia y guardadoras de la pureza.
Se agradece ver una serie en la que se ha cuidado la perspectiva de género y se ha dado las mismas características a mujeres y hombres. No se suele ver mucho, así que qué menos que aplaudirlo.
Casi me pilla la segunda temporada de Succession de HBO antes de terminar la primera, pero tenía tantas pendientes que he dejado esta sátira familiar para principios de 2019, por aquello de empezar con fuerza el año. Y no he podido elegir mejor.
Succesion es una historia sencilla sobre la corrupción moral y la lucha por el poder en el seno de una de las familias más ricas de Estados Unidos. Quizá nada que no hayamos visto antes, solo que contado de distinta manera.
La tragicomedia en Succession
Y es que Succession no es un drama, sino una comedia negra en la que los personajes, al menos tal y como yo lo he percibido, son tratados sin ningún tipo de respeto.
Succession, como he dicho más arriba, es una sátira en la que tanto el padre, en el primer episodio, como los hijos, que van descubriéndose cada vez más como egoístas, inútiles y antipáticos son seres miserables con los que no solo resulta imposible empatizar, sino que realmente provocan cierta satisfacción cuando les suceden las desgracias.
Los personajes son ridículos y miserables que no parecen tener consciencia ni del lugar en el que se encuentran.
Es una serie que persigue una actitud cínica y un tanto frívola en el espectador, casi tan cínica y frívola como la de los propios personajes, que se desplazan en helicóptero para ir a un cumpleaños, se reúnen en ranchos en New México o asisten a fiestas clandestinas sofisticadas de las que el resto de mortales no tenemos conocimiento.
Y, a pesar de todos esos lujos, sus vidas son realmente tristes e inestables y están sujetas a la crueldad de un mundo de millonarios que no dudarían en apuñalarse por la espalda con tal de medrar.
Probablemente el personaje más patético de la serie. El supuesto heredero de la empresa del que todos se ríen y al que todos llaman “nene de papá”.
El mejor personaje de Succession
En medio de la vorágine que sacude a la familia de Logan Roy, el multimillonario magnate de la comunicación (que recuerda a Rupert Murdoch) tras sufrir este un ictus, y con sus tres hijos y su única hija en una lucha de poder que alcanza cotas de absoluto patetismo, destaca un personaje inocente, que sería una víctima si su único objetivo en toda la trama no fuese trepar.
Greg es el personaje más ridículo y arrastrado de todos. Poco a poco se va acostumbrando a las costumbres y la corrupción familiar.
Se trata del sobrino de Logan Roy, el “primo” Greg Hirsch, hijo de una sobrina de Logan que busca colocarlo en las empresas de su tío, pero este se niega a hacerlo hasta que su hermano y abuelo de Greg le pida perdón.
Greg intenta por todos los medios conseguir un puesto en la empresa de su tío.Todos saben que es una sabandija y aun así no dudan en utilizarlo para sus propios fines.
Greg tiene escenas hilarantes que, sin embargo, los que hemos vivido ciertas situaciones de apuro conocemos bien, como cuando le quedan solo 20 dólares en el bolsillo, los últimos 20 dólares con los que podrá volver a su casa, y su prima ultramillonaria se los pide para comprar algo en la máquina de bebidas porque no tiene cash. Y él, pringado, se los da, pero los espectadores sabemos que ella no se los va a devolver y que eso acaba de atarle todavía más a la situación bochornosa en la que se encuentra.
“Cousin Greg”, como lo llaman en la versión original, se convierte en mercenario de todos y cada uno de los hermanos y poco a poco va convirtiéndose en otro ser corrupto y vil como todos los que lo rodean.
Quizá no ha sido la serie de la que más se haya hablado, pero Succession es una auténtica joya de la comedia negra, así que os recomiendo que, si no la habéis visto, lo hagáis cuanto antes. Y no le tengáis en cuenta el primer episodio, que puede hacerse largo, porque lo bueno viene después. Y no defrauda.
Finiquitado y visto el final de Sense8 tras la única y última oportunidad que le dieron tras el movimiento de fans a nivel mundial protestando por su cancelación, solo puedo decir que la cadena no estaba equivocada. Guion inverosímil, diálogos absurdos y rodajes excesivos hacen de Sense8 una serie pretenciosa de las que al final estafa.
Final presuntuoso
Sé que quizá esta crítica sea considerada polémica porque lo que he leído hasta ahora eran todo elogios, no sé si porque ya solo quedaban fans acérrimos viéndola o si el mito de las Wachowski sigue vivo y todo lo que hagan se considera como excelente, aunque no lo sea.
Lo cierto es que hace tiempo que Sense8 perdió cualquier posibilidad de llevar un hilo verosímil (recordemos que la verosimilitud se tiene que dar en todos los géneros, incluidos la fantasía y la ciencia ficción).
A las absurdas persecuciones policiales de la segunda temporada, la caricatura de personajes como el de Lito y la presentación de los otros clanes de conectados se unen en este episodio final la prisa por cerrar y la necesidad de hacer todo artificioso y pomposo.
En este sentido en el capítulo final se incluyen escenas de persecución y acción completamente gratuitas que glorifican la violencia hasta un punto que resulta contradictorio con el supuesto mensaje que quieren mandar sobre la necesidad de conectarse a través de la empatía y el amor.
Exceso de explosiones que recuerdan a este sketch de Robot Chicken sobre Michael Bay, disparos y voladuras de helicópteros que, suponemos, habrán ocasionado un gasto de producción completamente prescindible, sumado a unos personajes cada vez peor representados, quizá porque no se creen ni ellos lo que están interpretando.
Diálogos que provocan vergüenza ajena
Otra de las características de los últimos tiempos de la serie son los diálogos facilones, con frases manidas, cargados de exabruptos y sin apenas trascendencia.
Haber esperado tanto tiempo para este último episodio y que la calidad de los diálogos no haya mejorado ni un ápice y te encuentres a personajes diciendo obviedades, gastando metraje en diálogos absurdos resulta bastante risible.
Porque al final te das cuenta de que Sense8 no es otra cosa que un cúmulo de clichés que ya has visto en muchos sitios antes, por mucho que la intenten revestir de algo transgresor.
Final sexual
Y es que uno de los puntos fuertes con los que empezaba la serie su primera temporada era introducir distintos tipos de amor y relaciones sociales y sexuales entre las personas, normalizar la homosexualidad, la transexualidad y el poliamor.
Pero cuando esto se realiza bajo el prisma de los estereotipos sociales, porque todos los personajes principales son guapísimos y esbeltos, y desde una postura un tanto forzada, el resultado es una caricatura.
De hecho, los personajes son extremadamente superficiales, hasta el punto de no saber mantener coherencia con la situación que están viviendo, diciendo auténticas chorradas.
Si de tratar estos temas va la cosa, hay precedentes de gran calidad, como Shortbus, en los que se ponen sobre la mesa un montón de cuestiones de forma atractiva a la par que seria.
Que la última imagen de Sense8 sea la de un consolador mojado y usado para mí es una metáfora de que esta serie ha sido el onanismo de sus creadoras. Que puede haber quienes participen de esta fantasía, pero a nivel narrativo deja mucho que desear, y los números de audiencia me dan la razón.