He tardado en escribir este post porque quería pensar y repensar el significado que This is Us (NBC), una serie aparentemente pequeña y contra la que he escrito algunas veces acusándola de estafa, ha tenido en la vida de los espectadores, y también en el mundo de la televisión.
This is Us es de las pocas producciones en las que el amor, los lazos familiares y los problemas se cuentan sin estridencias, poniendo por delante los valores que tenemos la gran mayoría de la población. Es una serie sobre la vida normal con la que, a pesar de tener una premisa un tanto inverosímil como es la adopción para completar los trillizos tras el fallecimiento de uno de ellos en el parto, todos podemos identificarnos.
La vida de Rebecca, de Jack, de Miguel… las de los tres trillizos, the Big Three, ha pasado ante nuestros ojos haciéndonos reír y llorar como la nuestra propia.
Desde Six Feet Under, y con la salvedad de Better Things, sobre la que escribiré otro post, no se habían vuelto a escribir guiones sobre vicisitudes familiares sin que estuvieran implicadas drogas, corrupción, asesinatos y otras cuestiones truculentas.
Ahora que nos han dejado con la trama bien cerrada y un buen a la par que triste sabor de boca por haber presenciado ese futuro en el que Kate, Kevin y Randall se quedan completamente huérfanos, nos queda pedir a los guionistas, productores y directores que extraigan sus propias conclusiones y nos deleiten con alguna otra gran serie pequeña como esta.
Yo he empezado a verla de nuevo desde el primer episodio con el peque de la casa, y eso me está haciendo ver todavía más su grandeza. Ya no recordaba que Maggie, Toby, William… aparecían en el episodio piloto, y saber cómo van a terminar todas las historias y que no ha habido ninguna incoherencia en su desarrollo me hace comenzarla sin el escepticismo con que lo hice la primera vez, sin prejuicios, y dispuesto a disfrutarla como la vida misma.
Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.
La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.
En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.
Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.
El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.
Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.
El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.
Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.
Corrupción del ejercicio del derecho
Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.
Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.
Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.
La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.
Magistral conexión con la actualidad
Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.
El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.
Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.
La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.
Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.
Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.
No soy muy admirador de las series que reconstruyen crímenes reales porque suelen ser una estafa en la que el amarillismo, la falta de honor a la verdad y la manipulación del espectador son notorias, pero aun así las veo y luego termino despotricando sobre ellas. Es el caso de Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil, a la que dedico hoy un post.
He de reconocer que conocí el caso de Elisa Lam por una publicidad de Netflix en mi página de inicio de Facebook, así que me lancé a ver la miniserie quizá con demasiadas expectativas, pensando que realmente podría haber más enjundia.
La escena del crimen
Para quienes no conozcan este caso concreto, Elisa Lam era una joven canadiense hija de inmigrantes de Hong Kong que decidió realizar un viaje sola por Estados Unidos en 2013, cuando tenía 21 años.
El 26 de enero llegó a Los Ángeles y dos días después se registró en el Hotel Cecil en una habitación compartida, aunque más tarde sería alojada en una propia al quejarse sus compañeras de “cierto comportamiento extraño”. Días después desaparece y su cuerpo es hallado en el tanque de agua del hotel.
El Hotel Cecil, construido en 1924, tenía toda una historia de suicidios y muertes violentas, empezando en el año 1931 por un envenenamiento de un huésped, al que siguieron unos cuantos suicidios. No en vano, los residentes del establecimiento se referían a él como “el Suicida”.
Hotel Cecil, escena de un no crimen.
En 1964, una operadora telefónica retirada, llamada “Pigeon Goldie” Osgood fue encontrada muerta en su habitación tras haber sido violada, apuñalada y golpeada, y la habitación saqueada y, aunque un hombre llamado Jacques B. Ehlinger fue acusado del asesinato de Osgood, más tarde fue absuelto, quedando el caso sin resolver.
Se cree también que en los años 80 se hospedó durante varias semanas en él el asesino en serie Richard Ramírez, que frecuentaba el área cercana al hotel, llamada Skid Row.
Con estos antecedentes, que la miniserie de Joe Berlinger se encarga bien de subrayar para aumentar así el metraje sin aportar nada realmente valioso a la trama, es lógico ponerse en el peor de los casos.
La estafa de Escena del crimen
Como he dicho más arriba, la publicidad de la serie quizá me generó demasiadas ilusiones, pues hacía repaso de toda la oleada de teorías de la conspiración que surgieron al calor del último vídeo de Elisa Lam, en el que aparece haciendo aspavientos en el ascensor, como si estuviese escondiéndose de alguien.
Además, en las imágenes se la ve intentando dar a los botones sin que el ascensor responda, lo que lleva a pensar en una posible trampa y asesinato.
Pero en el cuarto y último episodio comprobamos que no hubo true crime, sino una triste historia en la que los problemas de salud mental causaron el terrible desenlace, pero que supuso mucho revuelo porque se filtraron equivocados al público, como que el tanque donde apareció el cuerpo estaba cerrado.
Dejando ya de lado la estafa que supone tener enganchados a los espectadores con artificios para darles después semejante final, hay que reconocer que la serie trata temas como la marginación de ciertas comunidades y la salud mental y cómo ambas influyen en la creación de homicidas y suicidas. Y que la vida de Elisa Lam quizá podría haberse salvado si alguien hubiese prestado mayor atención a las señales que iba dando de que no se encontraba bien.
Si hace unas semanas señalaba en este mismo blog que The Expanse (Amazon) iba camino de convertirse en una de las mejores series de ciencia ficción de la historia, hoy escribo en un tono un tanto más desilusionado por la caída de su calidad, pues varias cuestiones han hecho que el final de temporada haya sido una estafa.
Si no has visto la quinta temporada, te recomiendo que no sigas leyendo, ya que contiene spoilers.
Caída del guion
En The Expanse, hasta el momento, las grandes tramas, los hechos heroicos, el gobierno, la corrupción, etc. habían sido los temas más importantes, jugando cada personaje, incluso los protagonistas, un papel más en el baile de esta humanidad en expansión.
Pero esta quinta temporada hemos visto cómo se dejaban de lado los arcos argumentales grandes y las cuestiones trascendentes para terminar siendo una serie en la que se impone el amor romántico entre los protagonistas.
El amor romántico en The Expanse es una estafa.
Y es que, tras varios episodios manteniendo encerrada a Naomi Nagata en una nave con explosivos en la que experimentó todo tipo de angustias, la solución narrativa ha sido que se salve ella para poder llegar hasta Holden e, incomprensible y ridículamente, fallezca Alex Kamal de un derrame tras haber logrado rescatarla.
De un guion serio esperas el valor de realizar grandes sacrificios, como sucede también en la vida misma, y tras todo ese periplo, quien debería haber caído sería ella.
La única esperanza que albergo es que las tramas de corrupción de Marte tengan continuidad y una amplitud de miras de la que carece el resto de facciones.
Además, y esto ya vengo diciéndolo desde hace más tiempo, la relación amorosa que se establece entre el capitán de la Rocinante y ella es terriblemente plana e inverosímil y, en estos casos, para no escribir algo creíble y que enganche a los espectadores, es mejor abstenerse de crear algo que no se va a sostener.
Personalismo
Esta caída de la calidad se nota también en el resto de personajes, con exceso de personalismo y cierta caricaturización de los mismos. La malhablada Chrisjen Avasarala se convierte en la salvadora de la Tierra de una manera que recuerda demasiado a cómo se hizo Presidenta de las Colonias a la Secretaria de Educación Laura Roslin en Battlestar Galactica.
El hijo de Marco Inaros y Naomi Nagata no solo es un personaje plano e inverosímil, sino que está interpretado por el probablemente segundo peor actor de la serie, después de Steven Strait (Holden).
Marco Inaros, que podría haber sido un revolucionario, a pesar de su visión de futuro para los cinturonianos, se queda estancado en el odio y la mezquindad hacia su anterior pareja y madre de su hijo, al que tampoco se preocupan en dar mucha profundidad.
Kamal, el piloto al que han despedido fulminantemente por muerte, parece que va a ser sustituido por Clarissa Mao, la hija del corrupto empresario Jules-Pierre Mao, ahora redimida tras haber sido rescatada por Amos de una prisión de máxima seguridad.
¿Quién puede creerse que la asesina Clarissa Mao ahora sea una nueva tripulante de la Rocinante? ¿En qué se ha convertido The Expanse? ¿En Naruto?
Y todos ellos se dirigen a la guerra por la conquista de los planetas al otro lado del anillo en una sexta temporada que esperemos que no caiga en lo simplón y sepa mantener las complicaciones y las contradicciones que hasta el momento arrastraban los personajes.
Pues ya ha pasado otra temporada trepidante de Ozark (Netflix) en la que hemos podido presenciar mucha violencia, muchos entramados de corrupción entre políticos y narcotraficantes y todo el despliegue de ingenio al que nos tiene acostumbrados la serie, aunque sus personajes se ven afectados por una más que lógica decadencia, dadas sus circunstancias, y obligados a realizar sacrificios dignos de religiones antiguas.
Ascenso y sacrificios de Wendy Byrde
Esta temporada comenzaba con una Wendy Byrde pletórica que, tras la bendición de Helen Pierce y el líder del cartel mexicano, lanzaba la idea de ampliar el negocio abriendo otro casino.
En la temporada anterior Wendy fue una pieza clave, dado su historial político como gestora de campañas y elecciones. A través de todo tipo de artimañas, la vimos aprovecharse de la corrupción de los políticos y los empresarios locales para obtener la que parecía imposible licencia para construir un casino.
Wendy Byrde pletórica en la presentación de su fundación, antes de realizar el mayor de sus sacrificios.
En esta, junto con Helen Pierce, conforman un dúo de tiburones despiadadas que no tienen ningún reparo en destrozar familias y mandar a matar a quien haga falta con tal de salirse con la suya.
Pero Wendy no contaba, en primer lugar, con que Marty estuviese en contra y boicotease sus planes, algo que le generó un problema grande con Navarro, el jefe del cartel. Y mucho menos con que su hermano, Ben, se instalase en sus vidas y dejase de tomar su medicación, lo que supuso un problema mucho mayor y el más grande de los sacrificios que había realizado hasta ahora.
Wendy intenta salvar la vida de Ben, pero una persona tan frágil y bella no puede vivir en un entorno como el de Ozark.
Así, la Wendy Byrde que veíamos rebosante de ambición y recursos, poco a poco fue transformándose para terminar en una decadencia de tal calibre que la llevó a una traición de la que probablemente no se recupere.
Decadencia y ascenso de Marty
El ingenioso Marty en esta temporada aparece más apagado que en las anteriores, y reticente a seguir en el negocio, o por lo menos, a ampliarlo.
Desconfiar de su mujer le lleva a cometer errores e imprudencias y a un viaje inesperado a México en el que Omar Navarro, de un modo narco-socrático (este palabro me lo he inventado, pero pienso que describe a la perfección esa experiencia iniciática de Marty en la finca de Navarro) descubre qué es lo que realmente quiere. Y lo quiere todo. Tiene la misma ambición que su mujer, y espera conseguir algo tan complicado como lograr que una agente del FBI convencida y con ideales transite por la senda de la corrupción.
Así, poco a poco, mientras su mujer va cayendo en la decadencia, Marty vuelve a florecer para sostener a la familia, porque siempre tiene que haber al menos uno al 100% para evitar la muerte de todos.
Mientras, los niños, que cada vez son menos niños y más adultos, y más con toda la información que manejan, viven sus propias experiencias de amistades, amores y desamores en el peor de los entornos, rodeados de hijos de mafiosos como sus propios padres.
Podría decirse que Ozarks es el antiverano azul.
Los sacrificios de Ruth Langmore
Mientras los Byrde parece que siguen saliéndose una y otra vez con la suya, sus propios problemas y su egoísmo los hacen tan ombliguistas que no ven que ante sus ojos se está preparando una gran coalición de quienes pudieron haber sido sus aliados, e incluso lo fueron, y, por diversas razones, se convirtieron en sus enemigos.
Los Byrde cometen el fallo de no apoyar a Ruth en la única cosa que les ha pedido, y esto será también otro de sus sacrificios, el de su mejor aliada.
La clave para la próxima temporada será, sin duda, Ruth Langmore, uno de los personajes más interesantes e inteligentes que ha dado la pequeña pantalla, que ante la traición de Wendy a su propio hermano y la revisión de sus actos, pues se ha dado cuenta de que desde que los Byrde aterrizaron en Ozarks solo ha hecho sacrificios por ellos, decide irse con la sociópata de Darlene Snell.
Y es que se avecina una guerra encarnizada con los mafiosos locales, que conocen la forma de trabajar de los Byrde y no dudarán en usar todo lo que saben de ellos para atacarlos.
Los entramados y la corrupción
Mientras luchan por salvar por sus vidas y enfrentan a sus enemigos, además de sortear la vigilancia permanente del FBI, los negocios deben continuar “as usual”, así que vemos en esta temporada también los tejemanejes y la corrupción sistémica, esta vez a través de la fundación que crea Wendy Byrde.
BFF (Byrde Family Foundation) es otra herramienta más para el lavado de dinero, y con la cual Wendy puede, además, suplir su necesidad de notoriedad y protagonismo político. Como señala Omar, “ella lo quiere todo”. No solo pretende salvar su vida, como parecen ser las intenciones de Marty, sino también constituirse en un elemento de poder local.
Para ello, crea esta fundación, cuya gala se ve truncada por un ataque psicótico de su hermano (aunque cabría preguntarse si no es el único cuerdo de todos).
A través de ella, Wendy pretende dar cabida a sus paradójicas inclinaciones demócratas, a pesar de haberse aliado con todos los republicanos para las licencias de los casinos. Un ejercicio de brillante hipocresía y flexibilidad moral.
En cada temporada de Ozark suceden tantas cosas que podría dedicar horas y horas a desgranarlas todas, pero prefiero que si alguien todavía no la ha visto, vaya corriendo a hacerlo. No defrauda.
Confieso que tengo debilidad por las series de paisajes polares, aunque la trama de muchas de ellas suele ir perdiendo fuelle y terminan, casi siempre, en un final estafa. Ivalo (Arctic Circle) no iba a ser menos: tiene todos los ingredientes para entretener: la nieve, que evoca un frescor que ahora mismo no tenemos en Madrid, el factor virus, que es muy apropiado para estas épocas que nos ha tocado vivir, y los elementos de thriller, pero no llega a maravillar.
Virus en un nordic noir
Ivalo (Elisa Viihde) es un pequeño pueblo de la Laponia finlandesa en el que la policía Nina Kautsalo, madre de una niña maravillosa con síndrome de Down, se ve obligada a investigar el asesinato y la desaparición de varias mujeres rusas prostituidas por una trama que, cómo no, tiene conexión con las altas esferas de corrupción del país vecino, Rusia.
Uno de los elementos más exóticos de Ivalo son sus paisajes. Tener que desplazarse en moto por la nieve es un sueño en estas fechas de calor español.
Pero el género criminal nórdico se ve amplificado en Ivalo con el elemento de un virus de transmisión sexual que se propaga adherido al virus del herpes labial y hace que sus portadoras enfermen gravemente al quedarse embarazadas, con resultado de muerte de madre e hijo, o graves malformaciones del bebé.
No es casualidad que precisamente la hermana de Nina, Marita, sea una de las mujeres del pueblo que tenga el virus. Porque en los nordic noir es algo que suele suceder, que todo esté relacionado, dado el escaso número de habitantes y la pequeñísima densidad de población de las zonas en las que se desarrolla.
Corrupción y mafia rusa
Descubrimos a través de Ivalo a toda una red de trata de mujeres llevadas, engañadas o a la fuerza, a Finlandia, para ser prostituidas en autobuses en medio de la nieve o en fiestas privadas para millonarios.
Esta red cuenta, además, con el apoyo del gobierno ruso, según se indica en uno de los episodios, y está cubierta por la corrupción policial en altos mandos finlandeses y rusos, si bien uno de ellos termina tan obnubilado por las dotes policiales y la honradez y la entrega de Nina Kautsalo que termina desertando de su colaboración con los criminales.
Machismo finlandés
La serie en general es un conjunto de convenciones de varios géneros rodada en un sitio magnífico y evocador y tiene tramas que son una auténtica estafa, como la relación sentimental que se establece entre Nina y Thomas Lorenz, el virólogo alemán desplazado desde Helsinki a Laponia para estudiar el virus.
La tensión entre Nina y Thomas no solo es innecesaria, sino que entorpece y empeora considerablemente la serie.
Sin embargo, hay temas que se tocan de pasada que creo que merece la pena señalar, porque siempre se suele pensar que las sociedades nórdicas son feministas, o al menos más igualitarias que las del sur, y en Ivalo se ve que no.
Por poner un ejemplo, Nina es una madre soltera. El padre de la criatura consume drogas y se ha desentendido de la crianza, así que ella lleva todo el peso, como muchas mujeres a lo largo y ancho del planeta y eso, además, le ha supuesto que para poder estar más tiempo con su hija y atender sus necesidades especiales haya tenido que renunciar a su carrera profesional.
Una de sus excompañeras de la academia de policía, ahora detective de la Oficina Nacional de Investigaciones (NBI) le recuerda en un diálogo que van a investigar sus antecedentes y van a saber que no está comprometida al 100% con su carrera porque ha decidido cuidar de su pequeña. Así de duro y así de sorprendente para tratarse de un país que supuestamente debería ser referente en materia de igualdad.
Venla, la hija de Nina, es un amor de niña y se esfuerza mucho en el cole, pero la profesora hace saber a Nina que el sistema educativo finlandés no la va a integrar. Toda una sorpresa.
Más chocante resulta todavía ver cómo la profesora de preescolar de la niña, que tiene 5 años, le sugiere a la madre que se la lleve a una escuela especial porque en el colegio normal no tiene cabida. ¿Pero no era Finlandia la cuna de la innovación pedagógica, la inclusión y todas las bondades que se puedan esperar de la educación? Me he quedado bastante sorprendido, ya que, además, siempre se dice que en Finlandia los niños no empiezan hasta los 7 años, pero resulta que tienen preescolar, como aquí y en muchos otros sitios.
El virus de las denuncias falsas
Mención aparte merece la también sobrante parte del divorcio del doctor Thomas Lorenz después de que su mujer lo descubre flirteando con Nina.
La mujer, que no tendría más que pedir la separación y la custodia, se inventa todo un caso de maltrato físico y psicológico para acabar con él. No sé exactamente qué han querido decir al añadir esta subtrama, pero no aporta nada interesante al contenido y emborrona todo lo demás.
¿Recomiendo Ivalo? Para pasar el rato y refrescarse un poco con los gélidos paisajes, sí. Si no se tiene mucho tiempo, desde luego que hay series muchísimo mejores que ver.
En estos días pasados hemos asistido a una polémica que no es nueva y muestra al absurdo que puede llevarnos hacer un revisionismo del séptimo arte para ajustarlo a las ideas del momento histórico en el que nos encontramos. Sí, hablo de la censura y posterior recuperación por parte de HBO del clásico del cine Lo que el viento se llevó.
Los peligros del revisionismo
En un intento de confraternización con las legítimas protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, la plataforma retiró de su catálogo la película, alegando que edulcoraba el racismo.
Este gesto, lejos de ser bien acogido, desató una crisis de reputación de HBO y una tormenta de interés por el filme, cuyas ventas se dispararon en Amazon e iTunes. A nivel comercial la jugada no le pudo salir peor.
Pero lo que más me interesa sobre este caso no son tanto las estrategias comerciales, sino el debate de fondo sobre efectuar revisionismo con el arte realizada en tiempos pasados y con sus determinados trasfondos ideológicos.
¿Por qué censurar en lugar de usar esas obras precisamente para abordar esos temas? Recientemente hablé en este blog de Mi familia y otros animales, el libro que comienza la Trilogía de Corfú de Gerald Durrell y que ha dado lugar a varias adaptaciones en películas y series.
En esos libros hay alusiones racistas puntuales contra turcos y gitanos. Son muy sutiles, pero un lector avezado las nota. ¿Eliminamos de un plumazo esta maravilla de la literatura por esos detalles? ¿No será mejor establecer debates sobre las formas de racismo, la evolución del pensamiento social a lo largo de los siglos XX y XXI y los cambios en las normas y usos sociales? A mí me parece mucho más didáctico y efectivo que prohibir, pues considero que esto último favorece precisamente lo opuesto a lo que se pretende.
La estafa de la doble moral
En estos días hemos visto también cómo Marta Kauffman, cocreadora de Friends, pedía perdón por “la falta de diversidad en la serie”. Es curioso que no la pida por la falta de calidad, la superficialidad y los estereotipos ridículos que promovía, y escucharla diciendo “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer de forma diferente?” a mí me suena a amenaza con volver con nuevos episodios, así que mejor dejarlo aquí.
Bromas aparte, otro peligro que alberga este revisionismo de las series y el cine antiguos es el de establecer una doble moral: que no se puedan ver determinadas obras mientras los derechos de esas personas a las que se pretende defender siguen siendo menoscabados por otra parte.
Seguramente a esas comunidades les importe más equiparar sus derechos salariales, por poner un ejemplo, que Lo que el viento se llevó, pero si se prohíbe la película se produce un golpe de efecto (rebote, en este caso) y parece que se está cambiando algo, cuando nada cambia: el clásico lampedusiano (imprescindible la lectura de El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa o el visionado de El gatopardo de Luchino Visconti al respecto).
La polémica está lejos de estar zanjada y veremos nuevos episodios que nos producirán, incluso, más estupor que este. Tiempo al tiempo.
Los seguidores de The Good Fight (CBS) estamos expectantes, pues la cuarta temporada se ha visto obligada a terminar tres episodios antes de lo previsto debido a la pandemia de coronavirus y todavía no tenemos una fecha de vuelta. Pero también estamos contentos porque nos han regalado otra temporada magistral, con los privilegios, la desigualdad ante la ley y la corrupción judicial y económica como tramas principales.
Privilegios judiciales
Como ya comenté hace unas semanas en este blog, uno de los grandes arcos argumentales d esta cuarta entrega era cómo determinados poderes económicos obligaban a jueces a caer en la corrupción bajo amenazas y chantajes.
Usando sus clásicos vídeos musicales narran la sutil forma en que la corrupción llega a la legislación, a través de puertas traseras y privilegios presidenciales.
El informe Memo 618 que vemos en el segundo episodio nos va a mostrar cómo una gran cantidad de magistrados han sucumbido y están prevaricando o dejando de cumplir su función en aquellos casos en los que están involucrados determinados agentes económicos. Y todo bajo la aprobación del Departamento de Justicia, como vemos en el último episodio, en el que Julius Cain es detenido tras intentar denunciar estos hechos.
Inmediatamente después de realizar su denuncia contra el intento de corrupción judicial que ha sufrido, a Julius le ‘llueve’ una acusación de soborno.
Privilegios económicos
Privilegios también observamos por parte de los nuevos dueños del bufete, la multinacional STL Laurie, que urde todo tipo de tramas para quedarse con la firma y parece estar boicoteando algunos de sus casos principales.
Lucca también experimenta su ración de privilegios por ser amiga de la famosísima multimillonaria Bianca.
Además del elemento caricaturesco que presenta la decoración que han impuesto, vemos cómo despliegan todo su poder para conseguir lo que quieren, y sospecho que en el futuro sabremos quién ha sido el promotor inicial de esa adquisición.
Rabiosa actualidad
Uno de los puntos fuertes que ha tenido siempre The Good Figth es su conexión con la actualidad más rabiosa. Ya en The Good Wife sucedía, y se plasmaban en ficción casos que habían tenido lugar en la vida real, pero en esta secuela han mejorado todavía más su técnica.
El último episodio de esta temporada toma pie de la presunta trama de corrupción en tratos a favor hacia Epstein para hacer una ficción realmente ingeniosa.
Y es que han conseguido la maravilla de cuadrar su último episodio, The Gang Discovers Who Killed Jeffrey Epstein, con el estreno en Netflix de Jeffrey Epstein: Fifthy Rich (serie que tengo pendiente y de la que hablaré aquí en cuanto la vea).
La imagen de Epstein y Trump que tanto está dando de qué hablar estos días está también perfectamente incorporada a la trama.
En él, de manera magistral y paródica, el bufete entero, a petición del Estado, se embarca en averiguar si Epstein se suicidó en su celda o fue asesinado, y para ello crean una trama divertidísima en la que un supuesto peluquero de las estrellas habría recibido una nota cifrada para la novia de Epstein el mismo día que lo detuvieron.
Muy actual es también el tema de los privilegios, el sexo y el género en las competiciones deportivas. Así, a Boseman le toca defender a una nadadora afroamericana de clase trabajadora que, tras mucho luchar por competir en la selección nacional, se ve relegada por otra nadadora.
Privilegios de sexo en The Good Figth.
A lo largo del juicio se ve que la nadadora rival en realidad es una mujer que ha hecho la transición y a la que el comité parece haber dejado un tiempo extra para poder rebajar el nivel de testosterona.
La trama señala las incongruencias e injusticias, y termina de manera que una tercera sea descalificada por tener altos niveles de la “hormona masculina”, pese a ser mujer. Un tema muy complicado y que está generando ríos de tinta.
Esperemos que The Good Figth regrese pronto, porque eso también significará que toda esta pesadilla sanitaria habrá terminado.
Si las anteriores entregas de Peaky Blinders (BBC) habían sido un fiel reflejo del ambiente histórico en el que se enmarcaban, la nueva no podía ser menos. La consolidación del socialismo y el comunismo, el inicio y auge del fascismo y la corrupción a todos los niveles son los grandes protagonistas de esta temporada.
Inicio del fascismo
Para quien no vio todavía ni la temporada anterior, aviso de que a partir de aquí hay algún que otro spoiler, así que queda bajo vuestra responsabilidad seguir leyendo.
El final de la cuarta temporada terminaba con Thomas Shelby instalado en el mismísimo Parlamento británico, como representante del Partido Laborista e informante del servicio secreto sobre todos los movimientos que hiciesen sindicatos y partidos comunistas en el país.
Sus adversarios creen que Thomas Shelby es socialista.
En esta quinta, con el fascismo ya instalado en Alemania y bien identificado por toda la sociedad, asistimos a la creación del primer partido fascista en Inglaterra, la Unión Británica de Fascistas de 1932, por Sir Oswald Mosley, que tiene su propio personaje, mucho más inquietante y peligroso que cualquiera de los Shelby.
Oswald Mosley, principal representante del fascismo en Inglaterra, es visto como “el demonio” por los propios Shelby.
Para su creación, Mosley pide la colaboración de Thomas, que accede a ayudarlo, pero con la intención de informar también de sus movimientos al servicio secreto.
Fascismo promovido desde el poder
Pero sus intenciones se ven limitadas y truncadas, pues el servicio secreto no solo no tiene ningún interés en frenar la creación del brazo político del fascismo en Inglaterra, sino que está completamente de acuerdo con sus premisas y líneas ideológicas.
En toda la serie se puede observar, además, cómo el fascismo va introduciéndose en la sociedad, a través de las ideas que se enseñan en los colegios (el hijo de Ada expresa con total naturalidad al agente del servicio secreto, de origen africano, que “los negros son inferiores”, alegando que se lo han dicho en la escuela) y en círculos de poder que se han visto afectados por el Crack del 29.
El sobrino de los Shelby, hijo de Ada, expone de manera natural las ideas fascistas que escucha en su escuela.
La idea de que han sido los judíos los responsables de la catástrofe económica que hizo perder la mayor parte o toda su fortuna a muchos burgueses de la época caló rápido entre las capas altas de la sociedad, ávidas de buscar un chivo expiatorio.
Los nacionalismos, como el irlandés, también tienen su protagonismo en esta entrega de Peaky Blinders, retratados, además, desde la corrupción y los negocios turbios de los que se financiaban.
Los protestantes nacionalistas irlandeses también se plasman en todo su esplendor de corrupción y negocios turbios en esta temporada de Peaky Blinders. ¿Queda alguien libre de ‘pecado’?
Es en este ambiente donde los Shelby, mafiosos, corruptos y asesinos, mantienen una línea roja, pues su ascendencia gitana les impide comulgar con las ideas fascistas.
La hipocresía de los Shelby contra la corrupción
Y es que los Shelby, sociópatas no se sabe si de nacimiento o de propia formación, tienen su propio código ético, que demuestran en varias ocasiones luchando contra determinado tipo de corrupción.
En sus orfanatos, por ejemplo, se prohíbe a las encargadas de los menores golpearlos, y se vela por su seguridad, hasta el punto de que retiran fondos y amenazan con matar a monjas que han agredido a niños bajo su custodia.
La corrupción que se narra en Peaky Blinders invade todos los estratos, incluido el eclesiástico. Thomas y Polly acuden a un orfanato a anunciar a las monjas que les retiran la financiación por agredir a una chica negra, que ha terminado suicidándose por el continuo acoso al que era sometida.
Pero esta presunta lucha contra la corrupción de menores, que parece firme cuando, por encargo de un político pederasta, intentan asesinar a un traficante de niños, se desdibuja cuando ese mismo traficante les sugiere un negocio de distribución de heroína.
Igualmente todas las ideas progresistas que Thomas dice defender en la Cámara se evaporan cuando ordena asesinar periodistas que intentan hacer un artículo crítico sobre su persona.
Es significativo que, en todos los casos y como sucedía en temporadas anteriores, los crímenes y la corrupción queden siempre impunes, y nos hace preguntarnos si en alguna época de la historia de la humanidad alguien poderoso alguna vez ha pagado por lo que ha hecho.
Factura impecable, recursos manidos
Esta última temporada de Peaky Blinders continúa la línea de producción excelente de las anteriores, con una fotografía y un tempo que están a la altura del mejor cine.
No obstante, no quería dejar pasar esta casi oda a la serie sin hacer una pequeña anotación a la redundancia y los recursos manidos de otras temporadas que en esta se hacen ya hasta aburridos.
Son los clásicos planos de los Peaky Blinders caminando de manera elegante y soberbia por las calles en las que reinan mientras suenan temazos de fondo.
Y sí, la banda sonora, entre la que se encuentran en todas las temporadas maravillas de Bob Dylan, Black Strobe, Black Sabbath, Radiohead, Nick Cave, Artic Monkeys, Pj Harvey, David Bowie, The Kills, etc. ha sido uno de los puntos fuertes y atrevidos de Peaky Blinders, pues apuesta por música actual para retratar décadas muy anteriores. Pero eso no debería suponer que en cada episodio se dedicasen unos cuantos minutos a repetir una y otra vez el mismo videoclip.
Reiteraciones aparte, Peaky Blinders pasará a la historia de las series como una de las mejores, por calidad de guion, interpretación de los personajes, ambientación histórica, fotografía y banda sonora. Si os habéis puesto todavía con ella, estáis tardando.
La segunda temporada de Big Little Lies (HBO) está demostrando no solo haber igualado el nivel de la primera, sino también superarla gracias a las magistrales interpretaciones de sus protagonistas, a la que se ha sumado una soberbia Meryl Streep como madre de Perry que viene a descubrir las mentiras que rodean la muerte de su hijo.
Las mentiras
Mary Louise Wright (papel de Meryl Streep, que hasta se ha hecho una dentadura postiza para que sus dientes dar mayor credibilidad a su personaje y que este se parezca a Alexander Skarsgård) llega a Monterrey para, supuestamente, ayudar a su nuera Celeste (Nichole Kidman) durante el duelo y en la crianza de sus hijos, pero, como se ve desde el primer episodio, sus continuas preguntas, inquisidoras, tienen como objetivo escudriñar en las mentiras que todo el mundo parece contar sobre la fatídica noche en la que su hijo cayó por las escaleras en la fiesta del colegio.
Mary Louise está alcanzando cotas inigualables de irritación entre los espectadores. Le falta poco para ponerse a la altura del mal cuerpo que dejaba la violencia machista de su hijo.Mudarse al edificio de Jane solo tensa aún más la cuerda sobre ellas.
Si en la primera temporada encontrábamos mentiras de toda índole (mentiras y ocultamiento de violencia machista, infidelidades matrimoniales, etc.), la segunda digamos que se cimienta sobre esas mentiras y por eso todo parece derrumbarse por momentos.
Madeleine, la más optimista de todas, se desmorona a la par que su matrimonio tras descubrirse su infidelidad.
Descubiertas las mentiras de las infidelidades de Madeleine, y las mentiras sobre que Ziggy es hijo de Perry, las vidas de tres de las cuatro protagonistas de Big Little Lies se transforman por completo.
Momento exacto en el que Fred descubre la infidelidad de su mujer…
Madeleine intenta salvar su matrimonio llegando a recurrir a pseudoterapias; Jane intenta que su hijo tenga relación con la aparentemente atenta abuela Mary Louise mientras lidia con que esta no se cree que el niño fuese fruto de una violación, y Celeste se enfrenta a una posible pérdida de la custodia de sus gemelos acusada de negligencia por la inquietante Mary Louise.
Celeste se enfrenta a sus propias mentiras sobre su adicción.
Las propias mentiras que se cuenta a sí misma Mary Louise para intentar no cambiar ni un ápice del maravilloso recuerdo que tiene o se ha inventado sobre su hijo son también hilo conductor de los dramas que suceden en esta nueva temporada.
Jane se ve sometida a un juicio inquisitorial en el que Mary Louise la acusa de haber provocado a Perry. Nada que no veamos en los juicios por violación, por cierto.
Las buenas intenciones
Una de las maravillas de Big Little Lies es la presentación y el desarrollo de los personajes. Nadie en esta ¿tragicomedia? es bueno o perverso del todo, todos tienen su escala de grises, y todos actúan movidos por buenas intenciones, aunque estas acaben generando un sufrimiento en los demás.
Buenas intenciones, sororidad y feminismo unieron a las cinco presentes en la muerte de Perry y las llevaron a mentir a la policía y ocultar la verdad.
También hay un auténtico deseo en Mary Louise por ayudar a su nuera y a sus nietos, aunque les provoque más dolor que otra cosa, igual que hay unas ganas de ayudar a Bonnie por parte de su madre, que aparece con sus excentricidades a intentar saber qué le ocurre a su hija, presa de la culpa por haber sido la que dio el empujón final a Perry.
Mary Louise intenta limpiar la memoria de su hijo y hace lo posible para mantener su sesgo.
La madre de Bonnie tiene visiones en las que ve a su hija ahogándose (en sus propias mentiras) e intenta ayudarla, pero su tormentosa relación y el maltrato que le infligió de pequeña, además de la gravedad del secreto de Bonnie, imposibilitan el acercamiento con su hija.
La estafa, la ruina y las mentiras de los Klein
Mentiras también tiene para dar y regalar la agresiva y triunfadora Renata, que está en bancarrota porque su marido, Gordon, ha sido descubierto por una estafa en la venta de acciones.
Renata, también víctima de esa estafa al no haber tenido confianza mutua suficiente como para que él le contase lo que estaba pasando, intenta aparentar que no ha pasado nada mientras va perdiendo uno a uno los muebles de su casa y todas sus propiedades, incluyendo el anillo de casada.
La estafa de Gordon afecta y arruina a Renata y a toda su familia.Renata se siente estafada. Todo lo que ha logrado conseguir con muchísimo esfuerzo le ha sido arrebatado por los delitos de su marido.
En definitiva, Big Little Lies es una historia compleja en la que, a pesar del homicidio que subyace en todo momento, los distintos personajes actúan de manera muy humana y es fácil empatizar con ellos. No hace falta tener una mansión en Monterrey para sentirte un poco Celeste o Renata.