Tag: Treme

  • Originalidad: las ocho series más innovadoras

    Originalidad: las ocho series más innovadoras

    Me está fascinando tanto la serie The Third Day, con su parte intermedia de evento teatral inmersivo en directo durante 12 horas en colaboración con Punchdrunk, que no he podido evitar recordar otras series que me han maravillado por su originalidad en el planteamiento o la ejecución.

    Aquí va mi lista: Oz, Treme, The Leftovers, The Young Pope (y The New Pope), Lodge 49, Fleabag, The Third Day y Legion.

     

    Originalidad e intensidad emocional

    Oz tenía que estar y ser, además, la primera, porque es la que más años tiene y la pionera. HBO ya despuntaba allá en 1997 por la calidad de sus series. En este caso, con una puesta en escena muy teatral y unos personajes y tramas en los que no daban respiro al espectador.

    Treme es otra producción de HBO que todo seriéfilo ha visto al menos una vez. Con la firma de David Simon y Eric Overmeyr, retrata el día a día de la vida en este barrio de la Nueva Orleans recientemente azotada por el huracán Katrina y cómo los habitantes sobreviven entre la precariedad y la depresión mientras los grandes magnates hacen su agosto con la corrupción. Y todo ello acompañado de una banda sonora exquisita, como no podía ser de otra manera tratándose de la cuna del jazz.

     

     

    The Leftovers, también de HBO, entra en el podio de la originalidad y la calidad. Damon Lindelof (Prometheus, World War Z, Phineas and Ferb) supo adaptar la novela de Tom Perrota para sumergirnos a todos en un universo de terrible ensoñación en el que todos sus supervivientes afrontaban el vacío que habían dejado, literalmente, millones de personas.

    Uno de los puntos a favor de The Leftovers es que nunca pretendió explicar el porqué, sino simplemente hacernos flotar unas veces, hundirnos en la miseria y en la desolación otras, en un viaje audiovisual de los que no se suelen hacer muy a menudo, y con el aderezo de una intensa y melancólica banda sonora de Max Richter que sabe recoger toda la emoción contenida en esta serie que mantiene al público aguantando constantemente la respiración.

     

    Originalidad y surrealismo

    Seguimos para bingo con HBO con The Young Pope y The New Pope, dos deliciosas extravagancias con la marca de Paolo Sorrentino. A medio camino entre el surrealismo y el magistral cine político y de denuncia del napolitano (no olvidemos su magnífico film Il Divo), es una elegante y blasfema crítica a la corrupción, la megalomanía, el endiosamiento, la hipocresía, lujuria y demás vicios del Vaticano. Y con Jude Law y John Malkovich bordando los papeles papales. ¡Qué más se puede pedir!

     

     

    En cuanto a Lodge 49, que no ha superado la criba de AMC (centrada mayoritariamente en la estafa de The Walking Dead) y ha sido cancelada tras una frenética segunda temporada, es una serie atípica de comienzo a fin. Realismo duro del que sufren millones de personas que no pueden llegar a fin de mes a pesar de trabajar, combinado con un realismo mágico y un aire de fantasía que sabes que es irreal pero, al igual que los personajes, te quieres aferrar a él porque así al menos parece que queda algo de esperanza.

    Lodge 49, ya lo dije en un post hace tiempo, es una serie sobre la clase trabajadora, en la que se suceden disquisiciones filosóficas, situaciones hilarantes y dramas económicos y emocionales. Como la vida misma.

    Mi séptima elección como serie brillante por su originalidad es Fleabag, escrita y protagonizada por Phoebe Waller-Bridge y producida por BBC y Amazon Studios. Lo que comienza pareciendo las vicisitudes de una niñata inconsciente egoísta termina siendo una comedia dramática muy profunda en la que el amor, la pérdida y el sentimiento de estar perdido en el mundo se expresan de manera irreverente, sobre todo en la segunda temporada, con su escarceo religioso.

     

    Fleabag
    Una gran originalidad de Fleabag es la ruptura constante de la cuarta pared, que hace al espectador cómplice.

     

    The Third Day, la séptima de mi lista, mezcla folk horror, thriller y surrealismo y nos transporta, además, a la increíble (¡y real!) isla de Osea, cuyos habitantes se quedan atrapados cada vez que sube la marea.

    Felix Barret y Dennis Kelly, con la producción de Sky Atlantic y HBO, consiguen crear una atmósfera de tensión y terror gracias a la originalidad de su planteamiento, al contar con dos equipos distintos para rodar las dos partes en las que se divide, y gracias a la excelente interpretación de los actores, especialmente de Jude Law.

     

     

    Como guinda, The Third Day incluye un evento teatral inmersivo de 12 horas de duración, de la mano de la compañía de teatro inmersivo londinense Punchdrunk. El maratón teatral, en el que Jude Law desciende a los infiernos dentro de un ritual del festival pagano que se celebra anualmente en la isla, se emitió en directo a principios de octubre (HBO ha subido a YouTube el resumen, que comparto unas líneas más arriba). Originalmente estaba planteado para que hubiese miles de asistentes, pero los protocolos de seguridad por la pandemia obligaron a modificar el formato.

    Terminando ya, en último y octavo puesto llega Legion (Fox). Es la que menos trama tiene, o al menos la que menos me interesa en cuanto al guion de todas, y he dudado de si incluirla o no por eso, pero cada episodio es un auténtico viaje surrealista, puro divertimento y experiencia visual, y eso ya la hace distinta a muchas otras.

     

     

    No he incluido títulos como BreakingBad, Orange is the New Black, The Wire, The Soprano, Deadwood, Broad City, Six Feet Under, Russian Doll, The Expanse, Raised by wolves, etc. porque, aunque me hayan encantado y me parezcan magistrales, son más evidentes y más tradicionales en su ejecución y la otra lista es de las que, en mi opinión, más se han atrevido a innovar a la hora de narrar, y con una factura impecable.

    Ni siquiera comparten género o temática, simplemente son aquellas en las que he sentido que han tratado de sorprender y hacer pasar a los espectadores por una serie de experiencias y emociones inusitadas. Aquellas que, gracias a su originalidad, consiguen superar las limitaciones del medio en el que se encuentran.

    Si no las habéis visto, tenéis unas cuantas horas de deleite por delante.

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?

  • Treme: corrupción, especulación, racismo y música

    Treme: corrupción, especulación, racismo y música

    Después de haber desgranado Show me a hero, hoy le toca a Treme, la serie de David Simon que supo aunar la caracterización perfecta del barrio de Nueva Orleans Treme con la tragedia, la especulación y la corrupción que sufrieron sus ciudadanos después del huracán Katrina.

    Treme y sus personajes

    Un total de cuatro temporadas componen esta serie coral en la que decenas de personajes, cada uno con circunstancias personales distintas, viven sus vidas de manera bastante realista. Así como en The Wire cada temporada tenía un hilo conductor (hablaré de esa maravilla en otro post), en Treme la continuación la daban el propio barrio y las propias vidas de sus protagonistas, su ir y venir, sus relaciones y cómo las decisiones políticas afectan a sus vidas.

    Para quien no conozca la ciudad ni la serie, Treme es un vecindario que guarda la esencia cultural y musical de Nueva Orleans, quizá el barrio con mayor número de talentos musicales por metro cuadrado. Con esta premisa, los personajes que pueblan la producción podemos saber que son en su mayoría músicos (trompetistas, violinistas, guitarristas, djs…) o están relacionados con el mundo del espectáculo (dueños de bares, clubes y restaurantes con actuaciones en directo).

    Desde trompetistas virtuosos que son un desastre en sus vidas personales hasta buscavidas que llegan a Nueva Orleans buscando una “oportunidad de negocio” inmobiliario, pasando por periodistas, policías (algunos corruptos y otros, los que menos, honestos), funcionarios del Estado, los personajes de Treme van abriéndose camino y tratando de sobrevivir en una ciudad que ha quedado devastada física y moralmente tras el Katrina.

    Algunos de estos personajes se conocen y se relacionan entre sí desde el principio, otros se conocen a medida que transcurre el tiempo, y otros no llegan a conocerse nunca, pero de alguna manera sutil, bien sea por las circunstancias sociales o económicas, o por conocidos comunes, todos están entrelazados y viven paralelismos que solo son evidentes para el narrador y el público omnisciente.

    En esta ocasión David Simon también recurre a actores y actrices que ya habían salido en anteriores producciones, como Khandi Alexander (Fran Boyd en The Corner), Clarke Peters (el detective Lester Freamon en The Wire) o Wendell Pierce (el detective William Moreland, alias Bunk, también en The Wire). Todos ellos afroamericanos, como una buena parte de los artistas que componen el elenco en las obras de Simon, siempre preocupado por denunciar el racismo institucional que hay en Estados Unidos.

    Carnaval

    Otro de los protagonistas de Treme son las tradiciones culturales de Nueva Orleans y, en concreto, el Mardi Grass (equivalente al Carnaval). Desde el Mardi Grass oficial con sus collares de perlas y sus desfiles por las calles, etc. hasta las fiestas más elitistas que se hacen en el barrio francés, Mardi Grass es un elemento que está presente en todas las temporadas y que aúna a todos los personajes, pues ningún residente en la ciudad dejará de disfrutar esta fiesta, incluso aunque haya sufrido una terrible desgracia en su vida.

    Dentro de esta representación costumbrista del Mardi Grass destaca la tradición de los “Indian Red”, una completa desconocida (al menos para mí), que combina la celebración del carnaval con elementos de ceremonias de nativos americanos. Este ritual lo organizan las llamadas “tribus”, que tienen un líder, y se pasan todo el año cosiendo los majestuosos trajes que lucirán ese día, así como el 19 de marzo (“Super Sunday”).

    La corrupción

    Nueva Orleans, tras ser destruida por el Katrina, y en especial los barrios pobres, se convierte en terreno para la especulación urbanística y la corrupción. No es algo ficticio, esto ha ocurrido y así lo ha denunciado Simon con esta serie.

    Políticos, banqueros y empresarios constructores, con la ayuda de funcionarios del Estado, periodistas que miraban hacia otro lado y policías que, con brutalidad e impunidad, consiguieron desposeer a los más desfavorecidos de sus viviendas intentando fingir que las arreglaban (tarea por la que recibían subvenciones estatales) para después quedárselas al ser declaradas como inhabitables.

    Esta trama de corrupción, para la que Simon ha empleado una vez más sus dotes periodísticas y la información de primera mano de un gran número de ciudadanos, queda reflejada de manera natural, como suelen suceder estas cosas. En un bar tomándose una copa mientras otro de los protagonistas, ajeno a ello, intenta ganarse la vida tocando la trompeta. En un restaurante cuya cocinera intenta sobrevivir tras haber tenido que cerrar su propio negocio por falta de clientes…

    La corrupción es el eje vertical de la serie y, sin embargo, no es estridente ni pretende captar toda la atención, sino simplemente “estar ahí”, operando sobre las vidas de todos los demás que tratan de sobrevivir.

    La banda sonora

    No se puede hablar de Treme sin señalar que, además de un gran drama coral, es un musical de excelentísima calidad en el que sale lo más granado de la música negra de Nueva Orleans y donde, sin pretenderlo exhaustivamente, se explica el origen y el porqué de géneros como el R&B o el jazz.

    Las calles, los bares, las casas de los personajes, cualquier enclave está lleno de referencias musicales a grandes talentos como Fats Domino, Dr. John, Lee Dorsey, The Radiators, The Meters, por ejemplo, en el apartado del R&B, o Louis Amstrong, Sonny Rollins, Coleman Hawkins o Allen Toussaint en el jazz. Tampoco falta el rock de Little Richard, Emmylou Harris, Randy Newman o Steve Earle, y hasta el country se cuela de manera elegante a través de una violinista que comienza su carrera en la calle y termina de gira, con un relativo éxito.

    Cameos como el de Elvis Costello, el pianista Allen Toussaint, Dr. John, Cassandra Wilson o el trompetista Kermit Ruffins aportan conocimiento cultural para el telespectador que, sin quererlo, se convierte en un pequeño experto (o como mínimo se desata una curiosidad extrema por conocer más de lo que está viendo).

    Y es que, después de haber visto Treme, uno se siente vecino del barrio, no ya un turista al que le han explicado meticulosamente la historia y los rincones del mismo, sino como un habitante más, alguien que ama la autenticidad de sus vecinos y espera con ansia que llegue Mardi Grass para celebrar que la vida sigue.

  • Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Como fanático declarado del género zombi,  me veo obligado a realizar una enmienda a la totalidad de la serie Fear the Walking Dead, un spin-off que no sabe mantener en ningún aspecto la calidad de The Walking Dead.

    Desde el primer episodio de la primera temporada hemos podido ver fallos garrafales de guion, una pésima forma de mantener el suspense, saltos innecesarios e incomprensibles en la trama (como abrir el estadio sin tener un plan sólido para rescatar a los confinados por el ejército) y una relación de los personajes bastante trillada y previsible, con la clásica familia desestructurada y el hombre que pretende salvar tanto a su actual pareja como a su exmujer.

    A partir de aquí, spoilers del tamaño del Himalaya.

    Y cuando todavía estábamos recuperándonos del inverosímil final de esa primera temporada con Travis Manawa disparando de frente a su exmujer Liza Ortiz (¡de frente, como si se tratase de una ejecución!) cuando esta todavía no había empezado a mostrar ni los primeros síntomas de la enfermedad tras la mordedura, nos encontramos con una segunda que comienza con una inexplicada huida de una costa en llamas.

    ¿Cómo hemos llegado hasta ahí? ¿En qué momento han empezado los bombardeos sobre las ciudades? ¿Por qué la explicación que dan es a través de una comunicación de radio de la hija adolescente con otros supervivientes? ¿Cuentan con tan pocos recursos que ni siquiera pueden hacer un resumen visual de la hecatombe?

    Fear the Walking Dead está resultando un drama sobre los problemas de la clásica familia desestructurada.

    El resultado es que hemos llegado a una segunda temporada sin saber exactamente cuánto tiempo ha transcurrido, y con mensajes contradictorios, pues por una parte la relación con Víctor Strand, el patrón del barco, no parece haber profundizado, lo que nos sugeriría que ha pasado una semana a lo sumo, y por otra, la desconfianza y el miedo hacia otros supervivientes nos indican que puede haber pasado mucho más. Porque carece de lógica y de verosimilitud narrativa que cuando todavía hay esperanzas de que todo se arregle la gente que ha logrado sobrevivir no se ayude entre sí.

    Hasta la actuación de Kim Dickens, una actriz que ha trabajado en las mejores series de televisión de las últimas décadas (Deadwood, Friday Night Lights, Treme, etc.) y que lo ha hecho bastante bien en todas ellas, resulta increíble, con momentos más cercanos al humor que al drama, como cuando, sin tan siquiera saber que se había producido el estallido de la enfermedad, se queda tan tranquila viendo cómo su hijo atropella a su amigo varias veces mientras este continúa moviéndose.

    Y es que Fear the Walking Dead es una serie repleta de inverosimilitudes y resoluciones precipitadas y absurdas, como con la familia de supervivientes que encuentran en la isla que, aunque tienen un padre que lleva preparándose toda la vida para una situación así, al final fallecen porque, contra todo pronóstico, en lugar de salvarlos los estaba matando. Un spin-off que no hace justicia a la serie de la que parte y que no parece que vaya a mejorar, viendo cómo se están desarrollando los episodios de esta segunda temporada.