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Los fanáticos de The Walking Dead y del género apocalíptico en general sabemos que llega un momento en toda historia en que el principal problema para los supervivientes son los otros supervivientes.

La ley de la jungla que se establece una vez finalizada la catarsis civilizatoria y cómo intentan sobrevivir los personajes relativamente buenos en mitad de la barbarie ha sido tratada de distintas maneras, algunas de ellas muy duras, como es el caso de la película Le Temps du loup (Wolfzeit) de Michael Haneke. The Walking Dead se inscribe en este tipo de tratamiento, con el agravante, para el deleite del espectador, de que, al tratarse de una serie, permite un mayor desarrollo de los personajes.

Alerta, Spoiler

Si sigues leyendo a partir de aquí, no me acuses de spoiler. ¡Te avisé!

A lo largo de todas las temporadas hemos visto la transformación de Rick Grimes, que supera su ingenuidad inicial para terminar convirtiéndose en un superviviente a toda costa, y lo hemos aplaudido porque entendíamos que tiene dos niños y una tribu a su cargo.

También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

Rick Grimes sanguinario

¿Quién no ha sentido un chorro de adrenalina al ver a Rick Grimes ‘tomando cartas’ en asuntos en los que nadie más iba a hacerlo?

También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

Y cuando ya nos habíamos acostumbrado a que la banda de Rick hace las cosas que hay que hacer en una situación así y por eso sobreviven, el guion nos trae al personaje de Morgan Jones y nos cuenta que, en mitad del caos, todavía hay quien confía en la bondad de los seres humanos y prefiere no asesinar a los pocos vivos que quedan.

Si bien el personaje y el flashback al porqué de su candor al principio pueden irritarnos a los espectadores sanguinarios que estábamos felizmente aclimatados a la ley del más fuerte, su impacto en la historia y el resto de personajes y el contraste con la sed de sangre que por momentos parece poseer a Rick Grimes y a otros personajes llevados por la ira de pérdidas recientes constituye un golpe moral. Y realmente lo necesitábamos.

Carol Peletier, The Walking Dead

Carol ve su propio monstruo interior al tener que enfrentarse a otra mujer que está en su misma situación.

El hecho de que Carol haya vuelto a abandonar el grupo temerosa de tener que volver a asesinar a otros seres humanos que, como ella, tenían una vida completamente distinta y normal antes y solo tratan de sobrevivir nos hace preguntarnos si merece la pena vivir si para ello tienes que entrar en un edificio y asesinar a sangre fría a todos los que están durmiendo dentro.

Que otros personajes inicialmente afables como Eugene o Maggie hayan progresado hacia la oscuridad también provoca cierta sensación de tristeza, de pérdida de inocencia y punto de no retorno. Pero, si Carol está luchando contra su pragmatismo asesino, ¿por qué no van a poder hacerlo ellos? Y una cuestión muy importante, ¿se puede sobrevivir sin matar a ninguno de los otros supervivientes? ¿Es momento de plantearse estos dilemas éticos o deben mirar hacia adelante, dejarse llevar por la corrupción generalizada y no tener ningún escrúpulo ante lo que les espera?

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