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  • Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Apple TV+ lo ha dado todo en su adaptación a la televisión de una de las obras más conocidas y veneradas de Isaac Asimov, pero el proyecto, a pesar de resultar ambicioso y tener puntos muy fuertes, resulta insuficiente para plasmar todo lo que Asimov refleja en sus obras.

    Presupuesto ambicioso

    Si hay algo que se agradece a la puesta en escena de Foundation es que no han escatimado un solo recurso a la hora de mostrar la ambientación y los avances tecnológicos del futuro lejano en el que la humanidad se ha extendido por toda la Galaxia.

    Los vaticinios de la "Psicohistoria" de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene
    Los vaticinios de la “Psicohistoria” de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene.

    Foundation es un auténtico desafío audiovisual de grandeza infinita. La representación de Trántor y su magnífico Puente Estelar (y su derribo), la nave en la que los acólitos de Hari Seldon (un mesurado y acertado Jared Harris) emprenden su viaje, Términus… todo es una obra de arte que logra que el espectador se quede maravillado.

    Golpes cinematográficos revestidos de una banda sonora épica y omnipresente hacen de esta serie de ciencia ficción una auténtica delicia audiovisual. Pero, por muy deslumbrante que resulte de ver, es confusa de seguir, y aquí es donde empiezan los problemas.

    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.
    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.

    Recreación y estafa

    Los relatos de Fundación de Asimov se narran casi en su totalidad a través del diálogo entre políticos en reuniones secretas: en juicios, en sesiones del consejo o en funciones sociales. La mayor parte del texto consiste en teorizar, elaborar estrategias y predecir, de modo que leerlo es como ver una partida de ajedrez de campeonato.

    Los personajes aparecen escasamente pincelados por su voz o peculiaridades, pero ampliamente por sus objetivos políticos. Lo importante es la corrupción del Imperio Galáctico y los conflictos con los rebeldes de los planetas periféricos.

    Las mujeres salvan a la galaxia
    Salvor tiene suficiente fuerza como para no tener que verla en una relación amorosa inverosímil y que no aporta nada a la trama.

    En la adaptación de Foundation, sin embargo, observamos un exceso de relevancia de los personajes, algunos de ellos inventados y con desmesurada presencia. Es el caso de Salvor Hardin (Leah Harvey) y sus escenas de amor en Términus, que para mí constituyen una estafa o una traición a la obra de Asimov.

    Foundation no necesitaba historias románticas, ni héroes ni heroínas de Hollywood, simplemente saber reproducir los interesantes y prolíficos diálogos de la obra de Asimov.

    La corrupción de Trántor

    Pero no todo es estafa, porque hay que señalar la excelente representación de Trántor y el dilema de los clones de Cleón I, herederos genéticos y perpetuadores del Imperio.

    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.
    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.

    En este sentido, Lee Pace borda al ambicioso Hermano Día, de mediana edad, con una soberbia implacable, como suele hacer con todos los personajes que interpreta. Cleon, paradójicamente, es la corrupción moral y la decadencia, pues la ausencia de renovación genética va a llevar a la destrucción y al caos durante 30.000 años, salvo que los discípulos de Hari Seldon consigan su propósito, caso en el que el caos ‘solo’ durará mil años.

    Los tres clones gobiernan el Imperio Galáctico criados por una inteligencia artificial (Laura Birn) ladina y un tanto enigmática que va a jugar un papel fundamental en toda la trama.

    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon
    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon.

    Foundation, en resumen, tiene todo el potencial de Asimov por delante por explorar, y sería recomendable que se guiasen más por el maestro de la ciencia ficción que por productores preocupados por hacerla digerible a público de gustos fáciles, porque por muy ambicioso que sea el proyecto, si se queda a medio camino, no lo verá nadie.

  • The White Lotus: privilegios cuestionados en la mejor sátira de 2021

    The White Lotus: privilegios cuestionados en la mejor sátira de 2021

    The White Lotus es, sin duda, la mejor serie satírica de este año, al menos hasta que se estrene la tercera temporada de Succession (el próximo 18 de octubre). Esta tragicomedia de HBO pone en cuestionamiento los privilegios del 1% en el entorno de unas vacaciones en Hawai, confrontados con las realidades que viven y sufren los trabajadores del resort en el que se desarrolla la trama.

    The White Lotus: privilegios y mezquindad

    La serie, que comienza mostrándonos que en el transcurso de unas vacaciones va a morir alguien en el hotel White Lotus, nos muestra un elenco de personajes que poco a poco van a terminar enfrentándose entre sí por el mero hecho de que los privilegios de unos van a chocar con los derechos y la existencia de los otros.

    Revelaciones padre hijo en The White Lotus
    Mark Mossbacher, marido de la exitosa directiva Nicole, vive experiencias de revelación personal en las vacaciones, y mantiene conversaciones chirriantes con su hijo adolescente, el único cuerdo que parece haber en la familia, pese a sus adicciones a videojuegos y porno.

    El grupo que en la segunda escena viaja en el barco camino de un paraíso vacacional está compuesto por una familia adinerada, una pareja de recién casados y una mujer mayor con aparentes signos de desestabilidad emocional. La familia está compuesta por una mujer que es directiva de una gran tecnológica (Connie Britton), un hombre que es un neurótico acomplejado (Steve Zahn), el hijo adolescente (Fred Hechinger), adicto a los videojuegos y el porno, y la hija (Sydney Sweeney), una estudiante universitaria que, pese a todo el discurso woke de respeto y tolerancia a las minorías, se comporta como una auténtica sociópata. Van acompañados de la amiga de la hija (Brittany O´Grady), la única racializada del grupo que ostenta los privilegios, y que finalmente es la que peor se porta con el empleado con el que mantiene un idilio amoroso.

    La pareja de recién casados está formada por Shane (Jake Lacy), hijo de un multimillonario del negocio inmobiliario de Nueva York, y Rachel (Alexandra Daddario), una joven periodista de clase trabajadora que tuvo que pedir préstamos para pagar su carrera y que escribe perfiles mal pagados de famosos usando clickbaiting.

    Tanya estafa emocionalmente a Belinda
    Tanya estafa emocionalmente a Belinda.

    En cuanto a la mujer, Tanya (Jennifer Coolidge), es una alcohólica traumatizada por su relación con su madre, cuyas cenizas lleva en una urna para esparcirlas por el océano.

    A excepción de Rachel, que se encuentra completamente desubicada y comienza a ver el futuro que le espera, sin poder trabajar y dedicándose al cuidado de marido e hijos, el resto de personajes son mezquinos y no dudan en utilizar a los demás para sus propios fines.

    La confrontación de clase

    En el otro extremo del espectro social se encuentran los empleados del hotel que, dirigidos por Armond (interpretado magistralmente por Murray Bartlett), enfrentan problemas como un parto en el primer día de empleo por la necesidad de trabajar, alcoholismo, y ser utilizados vilmente por sus clientes.

    Esto último se ve especialmente en el caso de Belinda (Natasha Rothwell), a la que Tanya demanda cuidados muy por encima de su trabajo como masajista mientras le promete financiar una empresa de terapias para ella sola, como una gran maestra de la estafa emocional.

    Recibimiento de los trabajadores
    La escena en la que los empleados de The White Lotus reciben a los huéspedes VIP es muy signficativa. Esas sonrisas falsas, hablando entre dientes de cómo hay que ocultarse, van a definir su relación con ellos.

    La disparidad económica entre ambos grupos se deja clara desde la llegada al hotel, cuando Armond da las directrices de cómo deben comportarse los empleados, haciéndose “invisibles” y “neutros”, para que los únicos protagonistas de las vacaciones sean los clientes. Como un “Kabuki tropical”.

    No obstante, Armond tiene claro que se trata de clientes caprichosos, borrachos de privilegios, que se creen con potestad de pasar por encima de ellos, y se refiere a ellos como “hijos únicos mimados”.

    Crítica de la cultura woke

    The White Lotus no se limita solo a hacer sátira de los privilegios y la clase dominante, sino también de la cultura woke y cómo hasta los más favorecidos la asumen y la utilizan en su día a día, incluso para medrar.

    Así, Olivia, la hija de Nicole Mossbacher, critica a sus padres unos presuntos prejuicios homófobos mientras se comporta de una manera absolutamente clasista con Rachel y déspota con todos los que la rodean, especialmente con su hermano, al que su madre, admiradora del feminismo liberal de Hillary Clinton, se refiere como perteneciente a una minoría oprimida por ser un adolescente blanco y heterosexual.

    Ostentación de privilegios
    Las dos amigas universitarias son soberbias y altaneras con el resto de huéspedes, incluyendo sus propios acompañantes, y usan la cultura woke como fachada.

    Los diálogos se tornan incómodos y el espectador siente cómo se ruboriza por momentos, con cotas altísimas de hilaridad como la conversación entre Nicole y Rachel en la que Nicole acusa a la joven recién casada de haber escrito un artículo infame en el que ha quedado reflejada como una oportunista que ha utilizado el movimiento #MeToo para ascender profesionalmente, ante lo que ella solo responde con que lo ha copiado de otro sitio.

    Conversación tensa
    La conversación entre Nicole y Rachel, uno de los diálogos más tensos visto en series en 2021.

    En este sentido, The White Lotus recuerda mucho a Succession, pues la tensión entre los personajes hace que el aire sea cortante, aunque carece de las historias de corrupción y tejemanejes empresariales de esta última.

    No obstante, y mientras esperamos con las palomitas preparadas la otra joya de ricos y poderosos de HBO, The White Lotus ha sido un excelente divertimento.

  • Populismo e individualismo en The Good Fight

    Populismo e individualismo en The Good Fight

    Sucedió lo que tanto temíamos sus fans, y es que The Good Fight (CBS) ha llegado al final de su quinta temporada con tan solo diez episodios… ¡pero qué episodios! Esta temporada, a falta de un Donald Trump en el Despacho Oval, el populismo y el individualismo que siguen presentes en Estados Unidos han sido los protagonistas principales de la serie.

    Populismo, espectáculo y corrupción

    Como señalé hace semanas en un post, la trama del juez Wackner y su tribunal improvisado en la parte de atrás de una copistería es una de las historias principales de esta temporada.

    Manipulación y corrupción de David Cord en el tribunal de Wackner
    El juez Wackner se da cuenta de que ha sido manipulado por David Cord, que tiene su propia agenda.

    El juez Wackner, un aparente Don Quijote dispuesto a hacer accesible la administración judicial y cargado de buenas intenciones, termina encarnando la versión actual del populismo que convierte toda reforma en espectáculo y entretenimiento.

    Así, más parecido al programa “Veredicto” que presentaba Ana Rosa Quintana allá por los años 90, el tribunal sucumbe a la corrupción al permitir la financiación por parte del libertariano David Cord, personaje que pronuncia una de las frases más brillantes de toda esta temporada: “La locura está a solo un paso de la realidad si logras que la gente la crea. ¿Y sabes qué hace que la gente la crea? La televisión.”

    Populismo en los tribunales alternativos
    Las réplicas del tribunal del juez Wackner son histriónicas y no tienen ninguna garantía para los procesados.

    El asalto al Capitolio

    Como se intuía ya desde los primeros episodios, los creadores de The Good Fight, Robert y Michelle King, igual que muchos ciudadanos de todas partes del mundo, estaban en estado de shock por el intento de asalto al Capitolio del pasado 6 de enero, uno de los golpes más efectistas que ha dado el populismo hasta ahora.

    Los asaltantes, ataviados algunos de ellos con disfraces y bastante estereotipados, llegando a portar la bandera confederada, penetraron en la Casa Blanca con un claro mensaje, y es que prefieren el caos y la violencia a asumir las normas democráticas que rigen las sociedades occidentales.

    Este incidente se presenta de dos maneras en la quinta temporada de The Good Fight: poniendo entre la espada y la pared al matrimonio de la demócrata Diane Lockhart y el republicano amante de las armas Kurt Veight, y recreando la escena en la catarsis final de la temporada.

    Y es que el juzgado de Wackner termina volando por los aires cuando un grupo de secesionistas de Illinois se niega a aceptar el veredicto en contra de sus pretensiones individualistas y separatistas, y esa sala que tantos momentos hilarantes nos ha dado en esta entrega de la serie concluye de la misma forma que los títulos de crédito, hecha polvo y añicos.

    Recreación del asalto al Capitolio en The Good Fight
    Momento apoteósico en el final de la quinta temporada de The Good Fight: recreación del asalto al Capitolio, pero en el tribunal del juez Wackner.

    La moraleja de esta temporada es clara: el populismo y el individualismo empujan a la violencia, y una vez plantada la semilla, es difícil evitar sus consecuencias.

    Los problemas raciales

    Otro de los temas principales de esta temporada ha sido el conflicto racial latente en el bufete, con Liz Reddick y Diane Lockhart enfrentadas, cada una con sus legítimas razones.

    Por un lado, Liz representa a todos los socios y asociados negros del bufete, que no quieren que Diane tenga poder sobre la firma, a excepción de Julius Caine, que se vio envuelto en un montaje por no querer caer en las garras de la corrupción y al que Diane defendió cuando nadie creía.

    Por otro, Diane, que mantiene conversaciones imaginarias con la fallecida juez Ruth Bader Ginsburg, lamenta haber tenido que luchar siempre contra la discriminación por razones de sexo y haber tenido que labrar su futuro para ahora tener que dar un paso atrás por la igualdad de los afroamericanos, que apoya, pero a la vez le genera contradicciones y un gran dilema al chocar directamente contra sus intereses.

    Dilemas y contradicciones de Diane Lockhart
    Dilemas y contradicciones de Diane y Liz durante el conflicto racial que divide al bufete.

    Finalmente, y tras tener que tomar una decisión in extremis por la presencia de los jefes-jeques árabes de STR Laurie y habiendo sopesado la también populista idea de hacer dos bufetes, uno con empleados negros y otro con blancos, Diane hace gala de su ética y magnanimidad y, al recordar que el bufete Boseman & Reddick la acogió cuando cayó en bancarrota por haber sido víctima de una estafa, rechaza su puesto como socia principal y decide quedarse únicamente como socia capitalista.

    No obstante, y a juzgar por la última escena en la que ella y Kurt esperan al ascensor para irse de vacaciones, la sexta temporada promete que Diane no se quedará de brazos cruzados y peleará por lo suyo.

    En este sentido, la propia actriz Christine Baranski ha señalado en una entrevista con Entertainment Weekly que esta temporada ha sido muy “tensa”, pues tanto ella como Audra McDonald, la actriz que da vida a Liz Reddick, han estado muy expectantes para ver cómo se solucionaba el conflicto.

    Diane y Liz tienen un conflicto racial
    La tensión entre ambas se suaviza y relaja cuando, en un episodio absolutamente delirante, una cadena de televisión conservadora las señala como lesbianas, cosa que no dudan en utilizar para salvar un juicio.

    Baranski ha confesado que ver a Diane utilizando a sus clientes racistas para hacer presión en el bufete le ha provocado cierta dosis de frustración, pero cree que era lo que intentaban los creadores de la serie, “desafiar tanto a Diane como al espectador”.

    Celebrando otra apoteósica temporada de The Good Fight, nos quedamos brindando por los nuevos retos que nos traiga la sexta en 2022.

  • Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.

    Agentes de Trump
    La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.

    Judicialización de la vida diaria y política

    Como nos vienen acostumbrando Michelle y Robert King desde The Good Wife, la predecesora de The Good Fight, la actualidad política estadounidense es uno de los elementos clave en las tramas de la serie.

    En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.

    Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.

    Fake news de las redes sociales y Google
    El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.

    Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.

    El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.

    Judiacialización inalcanzable
    Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.

    Corrupción del ejercicio del derecho

    Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.

    Un juez advierte a Carmen Moyo
    Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.

    Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.

    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.

    En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.

    Magistral conexión con la actualidad

    Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.

    El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.

    Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.

    El FBI persigue a Kurt Vein
    La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.

    Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.

    Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.

  • In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    Lo último que esperábamos los viejunos seguidores de In treatment (HBO) es un regreso de la serie, once años después, y con la misma calidad a la que nos tenía acostumbrados. Sin duda, algo para celebrar en estos tristes años de la pandemia.

    Y algo necesario. Porque la cuarta temporada de In treatment ha vuelto con la intención de hacernos reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos como sociedad, con la salud mental completamente olvidada o deteriorada a nivel poblacional y muchas necesidades afectivas sin resolver, agudizadas por el aislamiento de confinamientos y cuarentenas.

    Colin acaba de salir de la cárcel por estafa
    Los colores del decorado, el ambiente y el vestuario de la protagonista son completamente opuestos a los de las anteriores temporadas.

    La esencia de In treatment

    La nueva versión de In treatment tiene lugar en Los Ángeles, ciudad antagonista de Nueva York, en la que el doctor Paul Weston tenía su despacho gris y anodino. En este caso será la doctora Brooke Taylor, interpretada magistralmente por Uzo Aduba (Orange is the new black), la que charlará con sus pacientes en su colorida casa en Baldwin Hills, conocido como el Beverly Hills afroamericano.

    La elección de este nuevo y alegre enclave ha sido deliberada para invitar a los espectadores a sumergirse en la serie, pues no veían necesidad de, ya que trata problemas psicológicos, construir un ambiente claustrofóbico que recordase a sus propios confinamientos, según explican los creadores.

    La relación de Brooke con Adam es una estafa por parte de ella
    Brooke mantiene una relación con Adam (Joel Kinnaman, The Killing, Altered Carbon), que está profundamente enamorado de ella, y al que ella mantiene lejos y miente constantemente.

    El nexo con las anteriores temporadas lo encontramos en que Brooke es exalumna de Paul Weston, que intenta localizarla durante varios episodios.

    En este contexto, en una casa diseñada por su recién fallecido padre, un exitoso arquitecto que exigía a su hija por encima de sus posibilidades y que la traumatizó para toda la vida, Brooke transita su propio duelo haciendo lo contrario de lo que predica, como ya hacía su mentor.

    Y es que ahí reside lo cómico en este drama, en que el doctor atraviesa los mismos problemas que intenta solucionar en los demás.

    Los pacientes ‘In treatment’

    Como en anteriores temporadas, los episodios se estructuran por pacientes y semanas, con un total de tres pacientes, más otro episodio en el que se aborda la vida personal de Brooke.

    El primero de los pacientes, Eladio, es un joven latinoamericano que trabaja como interno cuidando a Jeremy, otro joven de su edad con una enfermedad degenerativa, y que a través de las sesiones va estableciendo con Brooke una relación que transgrede los límites profesionales y se acerca más a la maternidad, cuestión con la que ella mantiene un gran trauma.

    Eladio va descubriendo su malestar en la familia rica que lo tiene contratado, dándose cuenta de que es un recurso más para ellos y no tiene la relación que le gustaría.

    El segundo, Colin, es un exmagnate tecnológico que acaba de salir de prisión por apropiación indebida y estafa y hace el tratamiento como parte del acuerdo de libertad condicional. Se trata de un hombre soberbio, mentiroso compulsivo, con el que Brooke tiene varios encontronazos en los que le recuerda que es un hombre blanco, heterosexual, adinerado y que se queja por no haber llegado al éxito cuando el mundo entero está hecho para él, aunque ella misma también ha tenido una vida relativamente sencilla en lo económico gracias a la situación de su padre.

    Colin sale de la cárcel por estafa
    Colin intenta mentirse a sí mismo y endulzar su propia versión del delito de estafa y las mentiras que contó a su mujer, pero a lo largo de las sesiones va conociéndose más y más a sí mismo.

    La tercera paciente, Laila, es una adolescente de 18 años víctima de una abuela dominante que lleva años maltratándola físicamente y que espera de ella que vaya a la mejor universidad y tenga una carrera profesional exitosa, lo mismo que le sucedía a Brooke con su padre.

    Laila es una joven muy inteligente, reflexiva, que, igual que Eladio, hace reflexionar a Brooke sobre aspectos no solo de su propia vida, sino de la sociedad en general.

    Laila
    Laila intenta llevar una apariencia normal, pero tiene la autoestima destrozada por el maltrato físico y psicológico, y una gran necesidad de reivindicarse a sí misma, como la propia Brooke.

    Porque con Laila y Eladio puede palpar de cerca, como ella misma, las situaciones de racismo que se viven en Estados Unidos, siempre con las manifestaciones de Black Lives Matter como telón de fondo. Colin, sin embargo, representa el mundo de la corrupción, de la soberbia, de la altanería.

    Y así, en cada episodio los espectadores podemos disfrutar de una serie que aborda temas trascendentales, nos considera inteligentes y nos conmueve profundamente.

  • Blackpills Movistar impulsa el formato de episodios breves

    Blackpills Movistar impulsa el formato de episodios breves

    Movistar ha presentado un nuevo servicio en colaboración con la productora Blackpills por el que ofrecerá acceso a series con episodios ultrabreves como Virgin in Paris, Making a scene o Playground, todas con episodios de entre 15 y 20 minutos de duración.

    Blackpills Movistar, disponible a través de Google Play Store para clientes de la plataforma Movistar+, incluye en la actualidad 15 series, con una previsión de aumento de dos series mensuales, a un precio de 2,99 euros.

    Virgin in Paris - Blackpills
    Aunque la app está ideada para el móvil, en un futuro podría contemplar el ofrecer el servicio a través de canales adicionales, así como su lanzamiento en otros mercados.

    La oferta de Blackpills Movistar

    Blackpills se describe como “un mundo de miniseries de corta duración, frescas, divertidas e irreverentes para verlas en cualquier momento a través de nuestra aplicación”.

    Se trata de series están producidas por talentos cinematográficos internacionales como Luc Besson, James Franco y más estrellas de renombre del cine independiente que distribuyen o trabajan para la productora.

    Interface de Blackpills
    Los títulos que ya están disponibles son Virgin in Paris, Playground, You got trumped, Skal, Making a scene, The social network L.A, Event Zero, Al wrong o Skinford, entre otros.

    Virgin in Paris se basa en Virgin, un best-seller young adult de Radhika Sanghani; Making a Scene nos muestra a James Franco recreando secuencias famosas de la historia del cine desde una perspectiva distinta; y Luc Besson presenta una de sus muchas fantasías de jóvenes asesinas profesionales con Playground, rebosante de la acción marca de la casa.

    El triunfo de lo breve

    Es un paso importante para la exploración de este género de episodios breves, pero seguro, pues en otros países ha tenido muy buen resultado, pues se ajusta a las nuevas formas de consumo de streaming que se dan al utilizar el transporte público para pequeños trayectos, en ratos libres mientras se espera a alguien con quien se ha quedado, etc.

    Este formato de serie breve lo encontramos en Love, Death & Robots (Netflix) y sus proyecciones de futuro con ciencia ficción, humor negro y violencia en mundos acabados o derrotados por la corrupción y la guerra; la original Calls (Apple Tv), con sus sucesos de ciencia ficción que vamos conociendo a través de conversaciones telefónicas, o en la más tradicional en cuanto a su puesta en escena pero igualmente original State of the union (Sundance Channel), en la que un matrimonio a punto de romperse conversa durante los 12 minutos previos a entrar a la terapia de pareja.

    Nuevos formatos para nuevos públicos o para los mismos de siempre, pero con nuevos hábitos. Toda innovación se agradece.

  • Solos, una serie sobrevalorada

    Solos, una serie sobrevalorada

    Cuando los amantes de la ciencia ficción escuchamos que hay una serie nueva del género y que hay muchas personas que la recomiendan, en seguida nos hacemos ilusiones de que vamos a encontrarnos frente a algo interesante y rompedor. No es el caso de Solos (Amazon Prime) que, si bien podría haber sido una producción magnífica, está siendo muy sobrevalorada.

    Solos, una serie hecha en pandemia

    La primera limitación que se ve en Solos es que sus episodios, independientes y autoconcluyentes, están protagonizados únicamente por un actor (a excepción del último, en el que hay dos) que realiza un monólogo, ya sea consigo mismo, con un doble, con su propio personaje en distintas líneas temporales, o con una IA que aparece de comparsa.

    Episodio de Tom, una estafa
    El episodio de Tom se hace largo y pierde interés por momentos.

    Es un nuevo formato de reducción de actores que ya han experimentado otras series, como Euphoria, también con nefastos resultados.

    Porque, para enganchar y mantener la atención, el ritmo del texto, la interpretación y el contexto tienen que ser los adecuados para no aburrir o no hartar a los espectadores, y es algo que Solos no consigue.

    La estafa de los personajes

    Ya desde el primer episodio, en el que Anne Hathaway descubre cómo viajar en el tiempo podemos ver una desconexión entre Leah, el personaje que interpreta, una científica que intenta escapar del sufrimiento que la enfermedad de ELA ha producido en su madre, amor de su vida, y las líneas que le atribuyen.

    El personaje de Leah es una estafa
    El personaje de Leah presenta estereotipos de género terribles y superficiales pese a tratarse de una gran científica que ha descubierto los viajes en el tiempo.

    Es inevitable que cualquier fanático de la ciencia ficción dura se eche las manos a la cabeza viendo cómo se destroza el personaje de una científica exitosa sometiéndola a diálogos propios de las comedias románticas más estúpidas de Hollywood.

    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta
    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta.

    Y, aunque el de Leah es el caso más sangrante, produce mucha decepción que en el episodio de Sasha hayan dejado pasar la oportunidad de hace que Uzo Aduba se luzca como la grandísima actriz dramática que demostró ser en Orange is the new black y termine siendo un monólogo teatral excesivo y aburrido.

    Porque en Solos no hay un solo episodio redondo, como sí lo hay en otras series como Black Mirror, que, a pesar de sus altibajos, ha sabido mantener la calidad general y ha hecho algunos capítulos antológicos. Me atrevería a decir, incluso, que no está dentro del scifi, sino que es un drama aderezado con ciertos toques de ciencia ficción en el contexto y en los decorados, sin más. Si la vais a empezar pensando que tienen algo que ver, sentiréis que es una estafa.

     

  • El método Kominsky: ternura y genialidad para un Michael Douglas en lo mejor de su vejez

    El método Kominsky: ternura y genialidad para un Michael Douglas en lo mejor de su vejez

    El método Kominsky es una de esas series que se mueven por boca a boca más que por grandes campañas de publicidad. Se rumorea que Netflix no le quiso dar mucho bombo para que nadie la relacionase con otras producciones de su creador, Chuck Lorre (The Big Bang Theory), pero ha conseguido situarse igualmente entre las joyas de la corona de la plataforma.

    La sinceridad del Método Kominsky

    El secreto del Método Kominsky se encuentra, como sucede en After Life, en la honestidad de su planteamiento, que, sin artificios, engancha al espectador al encontrarse plenamente identificado con la sencillez y la cotidianidad de lo que se narra y la perspectiva de sus personajes.

    Las dos primeras temporadas están protagonizadas por la amistad de Sandy Kominsky (Michael Douglas) y Norman Newlander (Alan Arkin), actor y agente en la ficción, respectivamente, amigos íntimos desde hace 40 años, que lloran juntos la pérdida de la mujer de Norman. Ambos exploran el terreno de hacerse viejos, de relacionarse con otras personas, también sentimentalmente, y ver cómo se van mermando sus facultades, lo que genera múltiples situaciones cómicas narradas con una ternura y una elegancia exquisitas.

    La vejez y la muerte están muy presentes en El método Kominsky
    La vejez y la muerte están muy presentes en El método Kominsky.

    Y es que El método Kominsky rompe con muchos estereotipos de Hollywood y apuesta por un reparto con actores que se aceptan y se respetan a sí mismos con su edad, su apariencia y su peso, cuestión que está siendo muy agradecida tanto por la crítica como por el público (y que ha lanzado al estrellato a otras producciones, como Mare of Easttown, de la que hablaré en otro momento).

    Hasta el camarero del restaurante al que acuden siempre es un anciano al que le cuesta cada vez más andar, aunque ello no le impide atender escrupulosamente a sus clientes.

    La ausencia de Alan Arkin

    Para sorpresa de sus admiradores, y suponemos que también del equipo de la serie, Alan Arkin decidió abandonar el rodaje y plantarse antes de comenzar la tercera temporada, lo que deja un vacío palpable y un duelo con el que tienen que lidiar tanto su amigo Sandy como los espectadores.

    Ausencia de Norman Newlander
    El peso de la silla vacía de Norman no solo lo nota Sandy, sino que hace un nudo en el estómago también a los espectadores.

    El impacto de su ausencia, que en el primer episodio de la primera entrega se despacha de una manera un tanto histriónica y hace esperar un final estafa, se va atenuando a lo largo de la última temporada con la presencia de una Kathleen Turner pletórica como exmujer de Sandy y repleta de química con Michael Douglas, incluyendo espectaculares guiños a quienes adoramos en su día La guerra de los Rose.

    Química entre Michael Douglas y Kathleen Turner
    El mayor acierto de la tercera temporada ha sido otorgar mayor protagonismo a Kathleen Turner como exmujer de Sandy.

    Para mí, la moraleja del Método Kominsky es que la normalidad, los defectos y lo antiheroico de lo cotidiano superan con creces la artificiosidad. Que nos lo digan a los seguidores de Lodge 49.

  • Crueldad, traumas y cambios en The handmaid´s tale

    Crueldad, traumas y cambios en The handmaid´s tale

    El cuento de la criada (HULU) nos ha dado otra temporada llena de torturas y crueldad contra las mujeres dentro del estado distópico de Gilead, pero lo que parecía que iba a terminar siendo una estafa, ha dado un giro inesperado que hace mantener viva la llama de la esperanza.

    Más de lo mismo: crueldad y tortura

    Los primeros episodios de esta última entrega sigue siendo un compendio de redundancias en la búsqueda por todos los medios de las criadas fugadas y en la represión a June cuando por fin la encuentran.

    La tía Lidia cobra protagonismo en esta temporada
    La tía Lidia cobra protagonismo en esta temporada

    Pasillos oscuros, salas de tortura con instrumentos que recuerdan a la época medieval, hombres terribles dispuestos a dar rienda suelta al máximo a su crueldad, y frente a ellos una June hecha rebelde, luchadora y heroína a la fuerza, sin haber tenido intención ni antes ni durante el desarrollo de la guerra y la implantación de ese estado totalitario.

    Venganza de June
    June visita a Serrena para hacerle pasar por lo mismo que le hizo ella cuando tenía el control en Gilead. Una escena catártica que muchos estábamos deseando.

    Pero la paciencia tiene sus frutos y cuando a mitad de la temporada ya se iba decantando por ser una estafa, en el sexto episodio el personaje de June comienza a transformarse para traspasar las fronteras de la víctima y entrar de lleno en un inquietante terreno en el que, por fin (para ella y para nosotros, los espectadores), puede empezar a resarcirse del daño, aunque no siempre lo va a hacer con quién más se lo merezca.

    Por qué nos engancha toda esta crueldad

    El caso de The handmaid´s tale es paradigmático en lo que a visión de horrores se refiere. Si la lectura de Margaret Atwood ya es desgarradora de por sí, la serie ha conseguido llevar las atrocidades de un estado totalitario y embrutecido a los límites de lo soportable.

    No en vano está la pregunta en el aire de si habrán cruzado líneas rojas y se habrá convertido en una suerte de pornografía del horror, y aun así, asustados, acongojados, enfadados… seguimos viéndola.

    Ya en junio de 2019 la psicóloga clínica Sheela Raja, profesora asociada de la Universidad de Illinois en Chicago, teorizaba en Bustle sobre el tema y señalaba que los espectadores nos dividimos en tres categorías: aquellos que disfrutan de la adrenalina de ver mundos distópicos, realidades alternativas similares a las nuestras; aquellos que se relacionan con el trauma representado en la pantalla debido a vivencias anteriores, y aquellos que se involucran política o intelectualmente en el contenido.

    Relación de June
    Además, no todo es crueldad y sufrimiento, pues también hay espacio para las relaciones y el amor dentro de los límites que impone Gilead.

    Los que ella llama los “jinetes de la montaña rusa” se corresponderían con el primer grupo y al apagar la pantalla no pensarían mucho más en ello. Los del segundo grupo utilizarían la serie como una forma de catarsis de sus propias batallas personales, les serviría para ver que no están solos. Y los del tercero la usarían para aclarar sus propias opiniones políticas, intelectualizando problemas de la vida cotidiana y sus peores pronósticos.

    Por supuesto, no se trataría de categorías excluyentes, pero básicamente esas serían las formas en las que nos involucramos con la serie.

    Yo me identifico con el tercer grupo y extraigo conclusiones como la hipocresía de toda la jerarquía de Gilead, que promueve el orden, la familia y la honradez y está repleta de corrupción y vicios, y cómo, aunque nos parece muy lejano, tenemos en el presente casos como el de Arabia Saudí, que aunque va logrando avances en materia de derechos humanos para las mujeres, todavía tiene un largo camino por recorrer y es nuestro Gilead.

    Esta última temporada, con la apertura de la trama y el mayor protagonismo de Canadá y el gobierno estadounidense en el exilio, también se puede teorizar mucho sobre la situación de los refugiados, la ayuda que brindan las ONG y el estrés postraumático de los que consiguen escapar y se sienten culpables por ello.

    Veremos qué nos depara la próxima.

  • Cambios sorprendentes en This is us

    Cambios sorprendentes en This is us

    Cuando algunos seguidores empezábamos a sospechar que This is us (NBC) iba a tener un final estafa esta temporada, nos han dejado con la boca abierta debido a cambios sorprendentes que no esperábamos y que, sin duda, abren un abanico de posibilidades para la siguiente y (ya sí) última.

    Si no la has visto y no quieres que te la destripe, no sigas, porque no voy a dejar títere con cabeza.

    Los cambios sorprendentes

    Desde que Toby entró en la vida de Kate, su relación ha tenido altibajos, algunos de ellos parecían insalvables, pero siempre se mantenían a flote. En esta última hemos visto cómo, poco a poco, se iban distanciando, ocultándose cosas por no herir al otro.

    Ella, que estaba feliz en su nuevo trabajo, enseñando canto (su pasión) a niños invidentes como el suyo junto a un profesional al que admira. Él, que odiaba quedarse cuidando a los niños (algo que había hecho Kate hasta ahora) y necesitaba volver a trabajar para sentirse realizado.

    El punto álgido de las desavenencias se produce momentos antes de la boda de Kevin y Madison cuando él arroja un “quiero mucho a los niños, PERO” mientras le explica que ha aceptado un nuevo trabajo por el que se tendrá que ir tres días a la semana a San Francisco.

    Como todas las afirmaciones que llevan después el adversativo por antonomasia, y más en el caso de tratarse de los propios hijos, la frase levanta un tsunami de desconfianza entre ambos y, aunque parece que podrían superarlo (o así se lo proponen en el presente), los dos minutos finales del episodio nos revelan que no solo no se ha salvado el matrimonio, sino que cinco años después (con 45), Kate está celebrando su boda con Phillip, su jefe, el profesor de música que había rechazado su dimisión el mismo día de la boda de Kevin.

    Toby intentando que funcione
    No, Toby, ya no puedes hacer nada por que funcione. La has liado, se acabó, estás caput.

    La ‘no boda’

    Otro de los cambios sorprendentes, aunque no tanto, viendo la deriva que llevaba Kevin en esta temporada, ha sido la suspensión en el último minuto de su boda con Madison y la reentrada de Sophie, la exmujer de Kevin que siempre ha sido su gran amor.

    Y es que los Pearson nunca darían un paso en falso a la hora de comprometerse de por vida con alguien, son demasiado sinceros, y demasiado intensos.

    En la escena final de la boda de Kate aparece Madison, que además es la madre de los mellizos de Kevin, por lo que queda en el aire la pregunta sobre qué sucede con su relación con Kevin.

    Los secretos de Rebecca

    Aunque los Pearson, pese a ser la envidia de toda familia en la que haya problemas de comunicación y a la hora de expresar los sentimientos, también tienen sus secretos y rencores. Es el caso de la tensión que había entre Rebecca y Randall desde que este se enteró de que ella había conocido a su padre cuando él era pequeño y que lo alejó definitivamente de él.

    Rebecca y Randall hablando de los secretos familiares
    Mandy Moore tiene todo un reto por delante con la interpretación de una Rebecca Pearson que irá envejeciendo y perdiendo facultades debido al Alzheimer.

    Randall, que en esta temporada ha experimentado una bofetada de racismo y realidad social al saber también que su madre no falleció de sobredosis, sino que estuvo encarcelada durante años y luego nunca pudo encontrarlo, finalmente ha conseguido sentarse con Rebecca y contarle sobre su vida.

    Por otra parte, su talentosa, comprensiva y siempre genial esposa Beth (me gusta mucho su personaje, ¿se nota?), que está atravesando un momento profesional delicado por el cierre de su escuela de baile debido a la pandemia, recurre a Rebecca a pedirle consejo y esta, como si de una auténtica madre se tratase, le recuerda lo admirable y capaz que es de lograr lo que quiera.

    Beth adaptando el vestido para su hija
    Beth cuenta con desafíos profesionales y familiares, como se ha visto en esta temporada en la que ha aceptado la homosexualidad de su hija, enfrentándose a inseguridades que ella misma desconocía que tenía.

    Porque en This is us no hay suegras meticonas ni problemas familiares como los que tienen tus amigos o tus vecinos. This is us es la familia ideal, como nos recuerda el repetitivo y meloso acorde de guitarra que, aunque te canse, te mantiene en vilo temporada tras temporada.