Si todos paramos porque #Yomequedoencasa haciendo cuarentena por el coronavirus, está claro que los rodajes de las series que, aunque nos gustan mucho a todos y forman parte de nuestra cotidianidad, no son un producto imprescindible para la subsistencia, tienen que sufrir cancelaciones. Otras, de momento, han afirmado que van a seguir, aunque probablemente cambien de parecer en las próximas semanas.
Cancelaciones internacionales
Todas y cada una de las cadenas han anunciado ya cancelaciones en los rodajes de algunas de sus series.
Por su parte, Apple TV+ detiene los rodajes de The Morning Show, Servant, See o Little America, entre otros. FX pospone Fargo, Atlanta, Snowfall… Amazon Prime Video, de Carnival Row.
Otras series pueden correr peor suerte y terminar definitivamente canceladas, como The Flash, Batwoman o Supergirl, de DC Comics.
Cancelaciones en España
Nuestro país sufrirá las cancelaciones de Paraíso (Movistar), La que se avecina (Telecinco), entre otras.
Y, de manera adicional, los espectadores españoles de series tendrán que asumir las cancelaciones de los doblajes, pues los estudios deben respetar las normas establecidas para todos. HBO España ya ha anunciado que por esta decisión se verán afectadas todas las nuevas temporadas de sus series: Westworld, Better Things, La conjura contra América, Breeders, etc.
En este caso, como fiero defensor de la versión original, aunque me apene la situación laboral de todos esos magníficos actores españoles de doblaje, pienso que será un revulsivo para que muchas personas se enfrenten al inglés y, quién sabe, igual hasta aprendan un poquito.
Vaya por delante que pienso que productores y trabajadores audiovisuales tienen derecho a cobrar muy dignamente por su trabajo (dedicándome a ello, además, no verlo así sería tirar piedras sobre mi tejado), pero entre eso y el lucro desmesurado de los creadores y productores de The Walking Dead hay un largo trecho.
¿Por qué digo esto ahora? Porque acaban de anunciar la fecha de estreno de la próxima temporada, que será el 6 de octubre, así como una trilogía de películas protagonizada por Andrew Lincoln en la que se contará qué le pasó tras el inverosímil rescate en helicóptero que vivió en la novena temporada. Y, por si fuera poco, otro spin-off que emitirá su piloto el próximo año y se centrará en la siguiente generación de supervivientes de ese “universo multigeneracional”, como lo denominan desde AMC.
Si ya era difícilmente creíble el rescate en el helicóptero, ¿qué nos puede deparar una película sobre el tema?
Lucro a costa de bajar la calidad
Sería más benevolente con toda esta franquicia (qué tristeza hablar de franquicias en un ámbito como es la cultura) si todavía mantuviesen un mínimo de calidad, pero lo que están haciendo, sencillamente, es obtener lucro sin dar mucho a cambio.
Porque hace varias temporadas que The Walking Dead se convirtió en una estafa masiva en cuanto a guion y calidad de rodaje (lo he tratado aquí en varias ocasiones), y otras creaciones como Fear The Walking Dead han sido pésimas desde sus comienzos.
Los creadores y productores de The Walking Dead parecen pensar que no tienen un público muy inteligente y por eso no ponen ningún empeño en las tramas ni en el desarrollo de los personajes, y mucho en merchandising (muñecos, camisetas, tazas…) y licencias para videojuegos y aplicaciones de móvil.
El universo de The Walking Dead al final es un parque de atracciones de cartón piedra en el que el gusto por la narrativa es inexistente.
Si a esto le añadimos polémicas como que una actriz (Lauren Dohan, Maggie) cobre menos que un actor con su misma o, incluso, menor relevancia en la serie (Norman Reedus, Daryl) nos encontramos ante un producto de marketing que únicamente busca el lucro por el lucro y que no se sustenta ni en la calidad ni en la ética. Me reitero, una estafa en toda regla.
Una temporada más, aunque parezca mentira, aquí estamos, intentando comprender qué se pasa por la mente de los guionistas de The Walking Dead (AMC), y del propio escritor del cómic, para seguir con esta más que cuestionable continuación de la serie, que ya ha perdido cualquier tipo de rumbo y parece irrecuperable.
Si hace unos cuantos posts os hablaba de que The Walking Dead se había convertido en una estafa de dimensiones épicas, en esta novena temporada podemos afirmar sin estar equivocados que los espectadores somos una especie de cobayas con las que se ceban, a ver cuánto somos capaces de aguantar.
Por no dejar nada a salvo, han destrozado hasta al personaje de Negan.
Y sí, quizá la culpa la tengamos nosotros, que seamos un pelín masoquistas o demasiado débiles como para plantarnos y rechazar semejante fraude, pero, ¿dónde está el amor propio de los creadores de una producción audiovisual? ¿No se quieren ni un poquito como para darle un cierre a esto?
Voy a hacer muchos spoilers porque en este punto respeto tan poco a la serie como sus propios creadores y pienso que nadie que lea esto y pretenda ver The Walking Dead se puede sentir estafado por lo que yo diga. Al contrario, si esto que digo le hace no ver la serie, habré hecho una buena acción.
Como muchos ya sabréis, Andrew Lincoln (Rick Grimes), ha abandonado el barco por su propio pie, como ya hizo Cliff Curtis (Travis Manawa) en su serie hermana, Fear the Walking Dead. ¿Y cómo han hecho su salida? De la peor y más vergonzosa de las maneras, con un episodio ridículo e inverosímil en el que Rick, herido de muerte tras haberse clavado en una barra de metal oxidado y haberse levantado en volandas para sacarla (¡ni Chuck Norris, oigan!), dirige a una horda de zombis hacia el río para salvar a sus amigos.
Tras encontrarse en sus delirios con varios personajes que habían fallecido ya en la serie (Sasha, Hershel, a cuyo actor le dio tiempo a grabar este pequeño y absurdo cameo antes de fallecer, o Shane, que por lo menos tuvo un toque de humor negro), Rick hace explotar el puente y, mientras sus familiares y amigos lo dan muerto, es recogido por Jadis (Pollyanna McIntosh) y subido a un misterioso helicóptero que promete ser otra estafa, perdón, giro en la continuación de la trama.
Cromas feos, cutres e inverosímiles para intentar dar cierre al personaje de Rick Grimes, que durante alguna temporada llegó a tener calidad.
Que por no ser dignos ni siquiera han sido capaces de matar a Rick con sus propias manitas de plumilla, sino que dejan en el aire, nunca mejor dicho, su personaje para volver a la carga cuando a Andrew Lincoln le apetezca (que parece que va a ser en forma de tres películas posteriores).
Michonne también tuvo su momento ridículo en el lacrimógeno y demencial episodio que dedicaron al cierre de Rick Grimes.
La continuación sin Maggie
Y si que se vaya Rick porque ya no le interesa más The Walking Dead os parece poco para ver en qué punto se encuentra la serie y pensar que quizá sus creadores deberían valorar la no continuación, ahora llega la traca final, y es que Lauren Cohan, la actriz que interpreta a Maggie, ha dejado la serie porque… tachán, tachán, cobraba menos que sus compañeros del mismo rango solo por ser mujer. ¡Qué bonito, eh!
Y pidió el aumento, cosa que, por cierto, le ofrecieron a Norman Reedus (Daryl), otro hombre, pero parece ser que prefirieron dejarla marchar. Ante las continuas críticas de los fans, y supongo que viendo que la mala solución que han dado al asunto en la trama, diciendo que Maggie se ha ido con su hijo por algo misterioso, han emitido un comunicado diciendo que quieren mucho a la actriz y esperan volver a contar con ella en el programa.
Llegados a este punto yo ya me imagino a los guionistas fumando marihuana y riéndose de la siguiente atrocidad de guion que vayan a cometer.
Todavía me quedan por contar más cosas risibles de The Walking Dead, como el supuesto lapsus de tiempo que han querido hacer pasar en la serie y que han intentado solventar cambiando un par de peinados, pero las dejo para otro post.
Un pequeño adelanto de lo que nos reiremos en mi próximo post sobre la novena temporada de The Walking Dead. Ya que la he visto, voy a sacarle rédito.
En los próximos días me pondré con su spin-off, Fear the Walking Dead, que la dejé en el final de la anterior temporada con un final más que risible en el que los protagonistas parecían salvarse del rompimiento de una presa…
El título aludiendo al Equipo A puede sonar a broma, pero lo cierto es que los admiradores tanto del cómic como de la serie tenemos motivos para estar muy disgustados con la estafa de guion que estamos sufriendo en esta octava temporada.
Los lunes ya no son lo que eran desde que los responsables de The Walking Dead, la serie que alcanzó sus cotas más brillantes hace ya unas cuantas temporadas, nos han empezado a considerar un público facilón y ya ganado y no han puesto ningún esmero en las sucesivas temporadas.
Y lo cierto es que algo de razón llevan cuando aquí seguimos, desencantados, pero igualmente enganchados, aunque no sé otros, pero en mi casa se ve ya como quien ve una comedia, haciendo chascarrillos y poniendo notas al pie sobre los continuos fallos de racor y ridiculeces con las que nos deleitan cada semana.
Más Equipo A que nunca
¿Por qué el Equipo A? The Walking Dead ha dejado de ser una serie de zombis para convertirse en una serie de acción de los 80, con sus persecuciones, sus malos malísimos con pinta de pedófilos y violadores y con un elenco de buenos a los que no les pasa nada, porque sí, llevamos muchísimos episodios sin que se carguen a ninguno de los personajes principales. Es más, mueren todos los extras que los acompañan, pero ellos salen sin un rasguño.
Mirad el malo de esta foto y ved el hilarante vídeo de Jon Lajoie. Que cada cual saque sus propias conclusiones.
El colmo de este despropósito tiene su culmen en el cuarto episodio cuando, en un giro inesperado de la trama (modo irónico), sucede lo nunca visto antes en una pantalla: una persecución de coches, con salto incluido.
¿Hacía cuánto tiempo no veíais a alguien saltar de un coche a otro? Pues aquí tenéis la brillantísima secuencia para vuestro disfrute.
Fear The Walking Dead, la estafa continúa
Y aprovecho este post, no sé si de crítico petulante, hater o de persona con dos dedos de frente, para hablar también de Fear The Walking Dead, que nació siendo mediocre y no ha logrado subir las expectativas en ninguna de las temporadas que lleva.
El final de esta tercera temporada ha sido apoteósicamente absurdo, con la sobreactuada y poco creíble Madison (qué desperdicio de papel para Kim Dickens, por mucho que pueda llenar sus bolsillos) logrando escapar en una zodiac de la fuerza provocada por la demolición de una presa. Si The Walking Dead es el nuevo Equipo A, Fear The Walking Dead es 2012 de Roland Emmerich. Apuesto a que la próxima temporada será Sharknado.
Como fanático declarado del género zombi, me veo obligado a realizar una enmienda a la totalidad de la serie Fear the Walking Dead, un spin-off que no sabe mantener en ningún aspecto la calidad de The Walking Dead.
Desde el primer episodio de la primera temporada hemos podido ver fallos garrafales de guion, una pésima forma de mantener el suspense, saltos innecesarios e incomprensibles en la trama (como abrir el estadio sin tener un plan sólido para rescatar a los confinados por el ejército) y una relación de los personajes bastante trillada y previsible, con la clásica familia desestructurada y el hombre que pretende salvar tanto a su actual pareja como a su exmujer.
A partir de aquí, spoilers del tamaño del Himalaya.
Y cuando todavía estábamos recuperándonos del inverosímil final de esa primera temporada con Travis Manawa disparando de frente a su exmujer Liza Ortiz (¡de frente, como si se tratase de una ejecución!) cuando esta todavía no había empezado a mostrar ni los primeros síntomas de la enfermedad tras la mordedura, nos encontramos con una segunda que comienza con una inexplicada huida de una costa en llamas.
¿Cómo hemos llegado hasta ahí? ¿En qué momento han empezado los bombardeos sobre las ciudades? ¿Por qué la explicación que dan es a través de una comunicación de radio de la hija adolescente con otros supervivientes? ¿Cuentan con tan pocos recursos que ni siquiera pueden hacer un resumen visual de la hecatombe?
Fear the Walking Dead está resultando un drama sobre los problemas de la clásica familia desestructurada.
El resultado es que hemos llegado a una segunda temporada sin saber exactamente cuánto tiempo ha transcurrido, y con mensajes contradictorios, pues por una parte la relación con Víctor Strand, el patrón del barco, no parece haber profundizado, lo que nos sugeriría que ha pasado una semana a lo sumo, y por otra, la desconfianza y el miedo hacia otros supervivientes nos indican que puede haber pasado mucho más. Porque carece de lógica y de verosimilitud narrativa que cuando todavía hay esperanzas de que todo se arregle la gente que ha logrado sobrevivir no se ayude entre sí.
Hasta la actuación de Kim Dickens, una actriz que ha trabajado en las mejores series de televisión de las últimas décadas (Deadwood, Friday Night Lights, Treme, etc.) y que lo ha hecho bastante bien en todas ellas, resulta increíble, con momentos más cercanos al humor que al drama, como cuando, sin tan siquiera saber que se había producido el estallido de la enfermedad, se queda tan tranquila viendo cómo su hijo atropella a su amigo varias veces mientras este continúa moviéndose.
Y es que Fear the Walking Dead es una serie repleta de inverosimilitudes y resoluciones precipitadas y absurdas, como con la familia de supervivientes que encuentran en la isla que, aunque tienen un padre que lleva preparándose toda la vida para una situación así, al final fallecen porque, contra todo pronóstico, en lugar de salvarlos los estaba matando. Un spin-off que no hace justicia a la serie de la que parte y que no parece que vaya a mejorar, viendo cómo se están desarrollando los episodios de esta segunda temporada.