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  • ¿Se ha convertido The Walking Dead en el Equipo A?

    ¿Se ha convertido The Walking Dead en el Equipo A?

    El título aludiendo al Equipo A puede sonar a broma, pero lo cierto es que los admiradores tanto del cómic como de la serie tenemos motivos para estar muy disgustados con la estafa de guion que estamos sufriendo en esta octava temporada.

    Los lunes ya no son lo que eran desde que los responsables de The Walking Dead, la serie que alcanzó sus cotas más brillantes  hace ya unas cuantas temporadas, nos han empezado a considerar un público facilón y ya ganado y no han puesto ningún esmero en las sucesivas temporadas.

    Y lo cierto es que algo de razón llevan cuando aquí seguimos, desencantados, pero igualmente enganchados, aunque no sé otros, pero en mi casa se ve ya como quien ve una comedia, haciendo chascarrillos y poniendo notas al pie sobre los continuos fallos de racor y ridiculeces con las que nos deleitan cada semana.

    Más Equipo A que nunca

    ¿Por qué el Equipo A? The Walking Dead ha dejado de ser una serie de zombis para convertirse en una serie de acción de los 80, con sus persecuciones, sus malos malísimos con pinta de pedófilos y violadores y con un elenco de buenos a los que no les pasa nada, porque sí, llevamos muchísimos episodios sin que se carguen a ninguno de los personajes principales. Es más, mueren todos los extras que los acompañan, pero ellos salen sin un rasguño.

    Mirad el malo de esta foto y ved el hilarante vídeo de Jon Lajoie. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

    El colmo de este despropósito tiene su culmen en el cuarto episodio cuando, en un giro inesperado de la trama (modo irónico), sucede lo nunca visto antes en una pantalla: una persecución de coches, con salto incluido.

    ¿Hacía cuánto tiempo no veíais a alguien saltar de un coche a otro? Pues aquí tenéis la brillantísima secuencia para vuestro disfrute.

    Fear The Walking Dead, la estafa continúa

    Y aprovecho este post, no sé si de crítico petulante, hater o de persona con dos dedos de frente, para hablar también de Fear The Walking Dead, que nació siendo mediocre y no ha logrado subir las expectativas en ninguna de las temporadas que lleva.

    El final de esta tercera temporada ha sido apoteósicamente absurdo, con la sobreactuada y poco creíble Madison (qué desperdicio de papel para Kim Dickens, por mucho que pueda llenar sus bolsillos) logrando escapar en una zodiac de la fuerza provocada por la demolición de una presa. Si The Walking Dead es el nuevo Equipo A, Fear The Walking Dead es 2012 de Roland Emmerich. Apuesto a que la próxima temporada será Sharknado.

  • The Leftovers: surrealismo, incertidumbre y amor

    The Leftovers: surrealismo, incertidumbre y amor

    Hoy no voy a hablar sobre producciones terrenales, de corrupción política o fáciles de ver, incluso aunque me hayan gustado mucho. Hoy voy a hablar de la para mí mejor serie de los últimos años, muy complicada y a la vez maravillosa para el público: The Leftovers.

    The Leftovers o el desasosiego

    A lo largo de estas tres temporadas he discutido con bastantes amigos que consideraban esta genialidad como excesivamente rara, sin sentido e inexplicable precisamente por eso, porque su objetivo nunca ha sido centrarse en el evento en sí, la desaparición del 2% de la población, sino en cómo se quedan los restantes, The Leftovers.

    Partiendo de ese punto, es lógico que una serie que se centra en cómo respondería la humanidad si desapareciesen de golpe y plumazo millones de personas genere desasosiego. ¿Cómo actuaríamos todos y cada uno de nosotros, y la sociedad en general, si sucediese un evento que violase las leyes de la física y se llevase a muchos de nuestros seres queridos?

    Por esto The Leftovers es para mí quizá la mejor serie de los últimos tiempos, porque sus creadores, Tom Perrotta (autor de la novela) y Damon Lindelof, no pretenden que sea una serie fácil de ver o que nos entretenga. Su objetivo ha sido siempre tenernos en vilo, con un nudo en la garganta que han sabido mantener hasta el final.

    Magnífica narración surrealista

    A lo largo de estas tres temporadas hemos asistido a episodios que son auténticas genialidades del género surrealista.

    Las muertes de Kevin Garvey, con esas realidades paralelas de lo más estrambótico; el personaje de Matt y sus vicisitudes, desde ganando dinero en un casino hasta tomado por una fiera semental en una orgía rumbo a Australia; o las ideas y puesta en práctica de las mismas de Kevin Garvey Senior atrapan al espectador, que asume que, con cada capítulo, tiene un billete para un viaje psicodélico y emocionante que no sabe cómo puede terminar.

    Porque The Leftovers es una serie imprevisible, de la que es imposible pronosticar siquiera cómo va a ser el curso de un mismo episodio. Ese dejarse llevar por la incertidumbre, que coincide con lo que les ha tocado vivir a los personajes, es lo que la hace tan mágica en todos los sentidos de la palabra.

    ¿Un final feliz?

    La última temporada de The Leftovers, que en principio se esperaba que terminase en la primera o, como mucho, en la segunda, podría decirse que ha tenido un talante conciliador tanto para los que somos fans acérrimos de su oscuridad como para aquellos que deseaban algo de luz sobre los personajes.

    Su cierre, con la maravillosa historia de Nora de cómo viajó a otra realidad hasta ver a sus hijos y a su marido y decidió volver para reencontrarse con Kevin, pero finalmente pensó que no la creería y se quedó sola, es realmente ambiguo. ¿Ha sucedido de verdad o es la historia que Nora ha creado para poder soportar la desaparición de sus hijos?

    Kevin le dice un sincero “te creo” porque su personaje se encuentra en la misma encrucijada. ¿Ha vivido realmente todos esos trances o ha estado en mitad de un delirio colectivo con su padre y John?

    Nunca sabremos qué ha pasado realmente, ni importa. The Leftovers va de experimentar angustia, incertidumbre, desorientación, soledad, extrañez y, después de todo, amor. Emociones muy difíciles e intensas para público con buen paladar. Mi eterno agradecimiento por este viaje.

  • This Is Us, la grandísima decepción

    This Is Us, la grandísima decepción

    Hoy tengo que hablar de la que para mí es una de las mayores estafas decepciones de esta temporada, la serie que comenzó siendo una gran promesa a la altura de The Slap (la australiana) o, incluso de otras de personajes como Six Feet Under, y que finalmente ha resultado ser una pastelada un culebrón sin más: This Is Us.

    This Is Us, la promesa que no fue

    Para dejar constancia de mi grandísima desilusión voy a comenzar explicando qué motivos me llevaron a entusiasmarme durante los primeros ocho episodios (sí, fueron un montón de capítulos los que me tuvieron en vilo, tantos que no imaginé semejante final).

    En primer lugar, se trataba de un planteamiento original, con dos líneas de tiempo con los mismos protagonistas. Además, los personajes estaban bien escritos, se sostenían y eran lo suficientemente poliédricos como para hacerse daño entre sí, mucho daño, dentro de los límites que pueden darse en una familia normal, no en la de Festen, claro.

    This Is Us prometía ser una serie de desarrollo psicológico de personajes, emotiva y a la par cabal, con los dramas propios de la vida y un final terrible y predecible, pero a la vez deseable.

    A partir de aquí no voy a ser nada cuidadoso con los SPOILERS, avisados quedáis.

    This Is Us, el meollo

    La historia de esta familia con trillizos en la que uno de ellos es adoptado por una serie de eventos que parecían menos ñoños en los primeros episodios y que han resultado ser puro merengue está marcada por la muerte del padre, Jack, cuando los niños tienen 16 años.

    Esto se sabe desde los primeros episodios, pero, a pesar de que en cada uno de ellos van narrando distintas etapas de su vida, y que incluso tocan en varias ocasiones la adolescencia de los trillizos, el espectador intuye que lo va a ver en el episodio final por cómo está escrita y la tensión que dan en los distintos personajes al recuerdo de la muerte del padre.

    En realidad en el primer episodio ya hay alguna conversación ñoña, como la que tiene Jack con el obstetra que atiende el parto de su mujer. Ya podía haber pensado que eso era un presagio…

    Y así te pasas toda la temporada esperando a ver qué le pasó al pobre hombre, que es buen padre, pero no siempre buena pareja (¿a nadie le chirría que tome siempre de manera unilateral decisiones como comprar una casa y que ella, que es un personaje femenino muy fuerte, solo aplauda?). Y cuando llega el último episodio y parece que se va a matar porque ha cogido el coche después de haber bebido… NO, NO LO HACE, es un cliffhanger, un trampantojo un tanto mediocre para que veas la segunda temporada donde seguramente tampoco lo cuenten, ya que han renovado por otras dos.

    Donde perdí la empatía

    He de reconocer que, antes de que empezase la segunda tanda de episodios, me emocioné viendo cómo uno de los hijos, Kevin, el actor guapo que quiere desencasillarse y hacer buen teatro en lugar de sitcoms familiares, recuerda cómo le afectó la muerte de su padre. Y me recuerdo pensando: “cuando llegue el episodio de la muerte de Jack no voy a poder dormir”.

    Nada más lejos de la realidad. En febrero la serie retomó su andadura con exceso de sensiblería, diálogos facilones y construcción de escenas lacrimógenas que poco a poco fueron desencantándome y me hicieron perder la conexión con los personajes.

    Otro detalle nada bueno es que, al volver del parón, el primer episodio fue una especie de resumen de todo lo acontecido antes, con repetición de escenas incluidas, como si se tratase de algún anime infantil japonés estilo Naruto.

    Luego, la muerte del padre biológico de Randall, el trillizo adoptado, está tan recargada que pierde toda verosimilitud. No hay por dónde cogerla. ¿Por qué tuvieron que rodar la escena en la que los dos padres de Randall se encuentran en el ‘cielo’ una vez muertos y hablan de lo buen chico que es? ¿Por qué tenía que ser tan perfecta toda la despedida del padre biológico, que parecía hecha por una planificadora de bodas?

    “Soy muy buen actor. ¿Por qué me hacéis esto?”

    ¿Por qué Randall perdona sin mucho pensarlo a su madre después de haberle ocultado que su padre biológico quería haber entrado en su vida desde que él tenía diez años? Hay familias que dejan de hablarse por mucho menos, pero no, esta es la familia perfecta, siempre con ese omnipresente sonido de guitarra. Son todos tan cucos, tan monos, tan ideales… que dan ganas de no ver la segunda temporada.

  • Sense8 Navidad: ¿estafa a los fans?

    Sense8 Navidad: ¿estafa a los fans?

    Antes de que se termine la Navidad que, como todos sabemos, en España no es hasta pasado el día de Reyes e, incluso, apurando, apurando, el primer día de rebajas, me gustaría hablaros del episodio especial de Sense8 para estas fechas y de si me uno o no a la crítica casi generalizada de que es una estafa para los seguidores.

    Sense8 es Wachowski

    Quiero comenzar el que ya adelanto que va a ser un alegato de este episodio señalando algo evidente para quienes estamos inmersos en el universo Wachowski desde hace muchos años: Sense8 es una serie por y para las Wachowski, de principio a fin.

    Es una serie sobre conexión, espiritualidad, unión, comunión, amor, música y sexualidad vivida en un sentido pleno sin ningún tapujo y sin importar si los participantes en el acto se identifican con algún género en concreto o no, porque lo importante son las personas. Esta es puramente la filosofía de Lana Wachowski, tal y como ella misma nos mostró en su discurso tras recibir el premio a la Visibilidad de Human Rights Campaign (HRC).

    Si escuchamos detenidamente el discurso, que a mí personalmente me resulta fascinante, podemos escucharla también a ella en muchos de los diálogos y escenas de Sense8, y lo mismo sucede en su película Cloud Atlas.

    Sense8 Special Christmas es Lana

    Lily Wachowski, la otra hermana de esta magnífica y productiva familia, no se ha prodigado tanto como Lana, pero sus defensas en el último año de la comunidad trans nos hacen pensar que tienen puntos de vista similares.

    Sin embargo, antes de emitir este episodio especial de Navidad fue Lana una vez más la que dio el paso adelante y decidió explicar el porqué de un capítulo navideño.

    Como podéis ver en este vídeo, Lana señala que para ella los episodios de Navidad de las series que seguía eran casi sus favoritos, pues constituían un punto en el que las vidas de esos personajes que tanto le gustaban y la suya se entrelazaban en un escenario común: estas fiestas tan familiares.

    Soy de los que opina igual que Lana, me gustan mucho los episodios especiales de Navidad porque son entrañables, porque me recuerdan un poco a mí mismo e intento sacar parecidos con mi familia y nuestra manera de vivir las fiestas.

    Por eso este episodio de Sense8 lo he vivido con mucha intensidad, a pesar de que, como señalan los más críticos, en realidad no haya pasado nada que trastoque la trama donde quedó en la primera temporada y de que, efectivamente, el que solo esté interesado en el suspense, puede saltárselo sin problema y sin que ello afecte a su comprensión de cara a la segunda temporada.

    Para quienes no lo hayáis visto todavía, se trata de un episodio de dos horas que casi podría tildarse de vídeo musical por las coreografías de todo tipo que se ven en él y la belleza que irradia. Pero no es solo eso, porque narra los días navideños de estas ocho especialísimas personas conectadas entre sí y cómo afrontan la marginación y los prejuicios a los que les somete la realidad y quienes la conforman, y en ese sentido es muy necesario, como todos los discursos del mundo de Lana Wachowski.

  • Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Como fanático declarado del género zombi,  me veo obligado a realizar una enmienda a la totalidad de la serie Fear the Walking Dead, un spin-off que no sabe mantener en ningún aspecto la calidad de The Walking Dead.

    Desde el primer episodio de la primera temporada hemos podido ver fallos garrafales de guion, una pésima forma de mantener el suspense, saltos innecesarios e incomprensibles en la trama (como abrir el estadio sin tener un plan sólido para rescatar a los confinados por el ejército) y una relación de los personajes bastante trillada y previsible, con la clásica familia desestructurada y el hombre que pretende salvar tanto a su actual pareja como a su exmujer.

    A partir de aquí, spoilers del tamaño del Himalaya.

    Y cuando todavía estábamos recuperándonos del inverosímil final de esa primera temporada con Travis Manawa disparando de frente a su exmujer Liza Ortiz (¡de frente, como si se tratase de una ejecución!) cuando esta todavía no había empezado a mostrar ni los primeros síntomas de la enfermedad tras la mordedura, nos encontramos con una segunda que comienza con una inexplicada huida de una costa en llamas.

    ¿Cómo hemos llegado hasta ahí? ¿En qué momento han empezado los bombardeos sobre las ciudades? ¿Por qué la explicación que dan es a través de una comunicación de radio de la hija adolescente con otros supervivientes? ¿Cuentan con tan pocos recursos que ni siquiera pueden hacer un resumen visual de la hecatombe?

    Fear the Walking Dead está resultando un drama sobre los problemas de la clásica familia desestructurada.

    El resultado es que hemos llegado a una segunda temporada sin saber exactamente cuánto tiempo ha transcurrido, y con mensajes contradictorios, pues por una parte la relación con Víctor Strand, el patrón del barco, no parece haber profundizado, lo que nos sugeriría que ha pasado una semana a lo sumo, y por otra, la desconfianza y el miedo hacia otros supervivientes nos indican que puede haber pasado mucho más. Porque carece de lógica y de verosimilitud narrativa que cuando todavía hay esperanzas de que todo se arregle la gente que ha logrado sobrevivir no se ayude entre sí.

    Hasta la actuación de Kim Dickens, una actriz que ha trabajado en las mejores series de televisión de las últimas décadas (Deadwood, Friday Night Lights, Treme, etc.) y que lo ha hecho bastante bien en todas ellas, resulta increíble, con momentos más cercanos al humor que al drama, como cuando, sin tan siquiera saber que se había producido el estallido de la enfermedad, se queda tan tranquila viendo cómo su hijo atropella a su amigo varias veces mientras este continúa moviéndose.

    Y es que Fear the Walking Dead es una serie repleta de inverosimilitudes y resoluciones precipitadas y absurdas, como con la familia de supervivientes que encuentran en la isla que, aunque tienen un padre que lleva preparándose toda la vida para una situación así, al final fallecen porque, contra todo pronóstico, en lugar de salvarlos los estaba matando. Un spin-off que no hace justicia a la serie de la que parte y que no parece que vaya a mejorar, viendo cómo se están desarrollando los episodios de esta segunda temporada.

  • Better Call Saul, un spin-off a la altura de Breaking Bad

    Better Call Saul, un spin-off a la altura de Breaking Bad

    A solo dos episodios del final de la segunda temporada de Better Call Saul, podemos concluir que Vince Gilligan y Peter Gould han conseguido igualar la calidad y el interés de los personajes de Breaking Bad en su precuela sobre el abogado Saul Goodman.

    Muchos admiradores de Breaking Bad temíamos que este spin-off sobre la figura del abogado fuese a ser una comedia sin más, dadas las apariciones y la extravagancia de su personaje, pero Better Call Saul se está revelando como una serie dramática que presenta de manera coherente la historia previa de algunos de los personajes más carismáticos de Breaking Bad y sus primeras incursiones en el mundo del crimen.

    Jimmy McGill, como conocemos aquí a Saul Goodman (cuándo y por qué se cambió de nombre es un enigma que tarde o temprano se tendrá que descifrar en la serie), es un personaje poliédrico, con una gran profundidad y una amalgama de sentimientos. A pesar de que su hermano y su novia y compañera lo ven como un estafador nato, y es cierto que su don de gentes y su originalidad hacen que sea un oficio que se le dé bien, se esfuerza por hacer las cosas correctamente para encajar en una sociedad que, sin embargo, no es tan legal como se presenta.

    ¡Atención! A partir de aquí, SPOILER.

    Kim Wexler, su pareja y compañera de abogacía, intenta en todo momento que McGill pase por el aro de una legalidad en la que ella cree firmemente, pero a ella misma ser tan honesta en su trabajo lo único que le aporta es perder a su único cliente ante unos jefes que, además de clasismo, han actuado de manera bastante machista impidiendo su merecido ascenso en el bufete.

    Kim disfruta los momentos en que se siente Bonnie y Clyde junto a Jimmy, pero los ve como una anécdota y huye de la ilegalidad como forma de vida

    Su hermano, Chuck, además de jefe déspota, no cesa en hacerle la vida imposible para evitar que logre triunfar en una suerte de profecía autocumplida por la cual Jimmy nunca llegará a ser alguien.

    Sobre el personaje de Chuck cabe destacar la originalidad y la valentía del planteamiento de los guionistas al presentarlo como paciente de una imaginaria Sensibilidad Electromagnética. Chuck es un ser tremendamente egoísta que necesita y exige cuidados constantes y que juzga desde una pretendida superioridad moral a su hermano cuando se mueve por la mezquindad y es capaz de sufrir él mismo con tal de hacerle daño.

    De manera paralela discurre la vida del atormentado Mike Ehrmantraut, que intenta que a su nuera y su nieta no les falte de nada para compensar la culpa que siente por la muerte de su hijo.

    El que sería el sicario más complejo, tierno y sarcástico de Breaking Bad trata de no meterse en muchos líos mientras compagina su trabajo en la garita de un parking con otros menos ortodoxos que le llevan de manera irremediable hacia el cártel mexicano y personajes que ya conocemos de Breaking Bad como Tuco Salamanca.

    Aunque Jimmy McGuill y Mike Ehrmantraut se esfuercen por ‘ir por el buen camino’, el destino parece llevarles siempre por el contrario, y cruzarlos.

    Además de la trama y la complejidad de los personajes, Better Call Saul recoge de Breaking Bad la puesta en escena de detalles con objetos que pasan a formar parte de la historia de manera casi surrealista. Y es que quien se haya sentido fascinado por momentos tan delirantes de Breaking Bad como aquel en el que Walter White arroja una pizza al tejado de su casa habrá sabido apreciar la relación de James McGill con el termo de café que le regaló su novia para mantener los pies en la tierra en su nueva faceta como abogado de un bufete exitoso y cómo le irrita cada vez más el hecho de que dicho termo no quepa en el hueco que el flamante Mercedes que le ha puesto su empresa tiene reservado para las bebidas.

    De Breaking Bad ‘hereda’, asimismo, el propio futuro de esos personajes y las incógnitas que nos genera a sus fans: ¿Cuándo conocerá Ehrmantraut a Gus Fring? ¿Por qué se cambió el nombre James McGill a Saul Goodman? ¿Qué pasó con Kim Wexler, que no llega a aparecer en Breaking Bad? ¿Qué papel va a tener Tuco Salamanca en Better Call Saul? ¿Y su tío Héctor, tan importante en el desenlace de Gus Fring en Breaking Bad? ¿Cuántos escondites puede haber en el desierto de Nuevo México?

  • Los dilemas morales de The Walking Dead

    Los dilemas morales de The Walking Dead

    Los fanáticos de The Walking Dead y del género apocalíptico en general sabemos que llega un momento en toda historia en que el principal problema para los supervivientes son los otros supervivientes.

    La ley de la jungla que se establece una vez finalizada la catarsis civilizatoria y cómo intentan sobrevivir los personajes relativamente buenos en mitad de la barbarie ha sido tratada de distintas maneras, algunas de ellas muy duras, como es el caso de la película Le Temps du loup (Wolfzeit) de Michael Haneke. The Walking Dead se inscribe en este tipo de tratamiento, con el agravante, para el deleite del espectador, de que, al tratarse de una serie, permite un mayor desarrollo de los personajes.

    Si sigues leyendo a partir de aquí, no me acuses de spoiler. ¡Te avisé!

    A lo largo de todas las temporadas hemos visto la transformación de Rick Grimes, que supera su ingenuidad inicial para terminar convirtiéndose en un superviviente a toda costa, y lo hemos aplaudido porque entendíamos que tiene dos niños y una tribu a su cargo.

    También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

    ¿Quién no ha sentido un chorro de adrenalina al ver a Rick Grimes ‘tomando cartas’ en asuntos en los que nadie más iba a hacerlo?

    También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

    Y cuando ya nos habíamos acostumbrado a que la banda de Rick hace las cosas que hay que hacer en una situación así y por eso sobreviven, el guion nos trae al personaje de Morgan Jones y nos cuenta que, en mitad del caos, todavía hay quien confía en la bondad de los seres humanos y prefiere no asesinar a los pocos vivos que quedan.

    Si bien el personaje y el flashback al porqué de su candor al principio pueden irritarnos a los espectadores sanguinarios que estábamos felizmente aclimatados a la ley del más fuerte, su impacto en la historia y el resto de personajes y el contraste con la sed de sangre que por momentos parece poseer a Rick Grimes y a otros personajes llevados por la ira de pérdidas recientes constituye un golpe moral. Y realmente lo necesitábamos.

    Carol ve su propio monstruo interior al tener que enfrentarse a otra mujer que está en su misma situación.

    El hecho de que Carol haya vuelto a abandonar el grupo temerosa de tener que volver a asesinar a otros seres humanos que, como ella, tenían una vida completamente distinta y normal antes y solo tratan de sobrevivir nos hace preguntarnos si merece la pena vivir si para ello tienes que entrar en un edificio y asesinar a sangre fría a todos los que están durmiendo dentro.

    Que otros personajes inicialmente afables como Eugene o Maggie hayan progresado hacia la oscuridad también provoca cierta sensación de tristeza, de pérdida de inocencia y punto de no retorno. Pero, si Carol está luchando contra su pragmatismo asesino, ¿por qué no van a poder hacerlo ellos? Y una cuestión muy importante, ¿se puede sobrevivir sin matar a ninguno de los otros supervivientes? ¿Es momento de plantearse estos dilemas éticos o deben mirar hacia adelante, dejarse llevar por la corrupción generalizada y no tener ningún escrúpulo ante lo que les espera?