Con la serie This is us (NBC) he ido viviendo una relación de montaña rusa. Desde la intriga del comienzo a la sensación de estafa al narrar la muerte del ya famoso Jack Pearson hasta la costumbre tan placentera y casera como ir a comer a casa de mis padres y sentarme con ellos a ver la tele en el sofá. La serie se enfrenta ahora a muchos retos en su recta final.
Y es que This is us es una serie atípica. No trata sobre corrupción, drogas, guerra, sexo, sino sobre una familia que se quiere y, aunque tiene sus más y sus menos, son conflictos como los que podemos mantener con nuestros hermanos y hermanas, situaciones que se pueden dar en cualquiera de nuestras familias.
No somos conscientes de lo necesarios que son los mensajes de compasión, agradecimiento y lealtad que manda This is us. ¿En qué otra serie se ve que una suegra apoye así a su nuera?
En ese sentido, es justo y necesario reivindicar la sencillez y la placidez, incluso los dichosos acordes de guitarra que no paran de sonar y que nos recuerdan que no estamos ante The Shield o Succession, en las que los villanos campan a sus anchas, sino viendo a la agradable familia Pearson.
En su recta final, This is us se enfrenta a diversos retos. Por un lado, cerrar las tramas que son la vida futura de todos sus personajes hasta ese momento que se pronostica como final, que es el fallecimiento de Rebecca Pearson en su lecho de muerte, rodeada por todos sus familiares (incluidos los nuevos que se van a ir incorporando con el transcurrir de los años).
Mandy Moore borda el papel de Rebecca en todas las etapas de su vida.
Estas líneas de tiempo también conllevan grandes retos para sus actores, sobre todo para la propia Becca, que en seis temporadas ha sido una jovencita soltera, una embarazada y madre primeriza de trillizos, una viuda joven, una abuela madura y amorosa y, ahora, una mujer que encara su vejez con un diagnóstico de Alzheimer.
La serie a la vez tiene que seguir luchando por la atención de unos espectadores que, sin haber salido todavía de la pandemia, tenemos ya una guerra a todo color en nuestras pantallas y un ritmo frenético incompatible con los tiempos y el modo reflexivo que tienen los últimos episodios de This is us emitidos hasta la fecha.
Quizá, además, en una serie que ha querido incorporar la actualidad siempre a la trama, el escenario bélico termine frustrando su final, quedando tan inverosímil como lo fue el principio porque, ¿qué padres de trillizos acogen a un niño recién abandonado para suplir el fallecimiento de uno de sus bebés?
Los espectadores vamos viendo poco a poco el final de la relación de Kate y Toby. Queremos ayudarle, decirle “así, no”, porque ya sabemos que se van a divorciar, y a la vez estamos ilusionados por el futuro que le espera a Kate al lado de alguien con quien comparte su pasión por la música.
Ahora que emiten un episodio cada dos semanas, ¿se quedarán atrás sus tramas con respecto a los saltos que demos en la vida real? Esperemos que no y que podamos dedicar al divorcio de Kate la atención que se merece porque, me atrevo a pronosticar sin mucho miedo a equivocarme, seguro que nos conmueven con una honestidad y un cariño que son más necesarios que nunca en este mundo.
Aunque hace unas semanas escribí que la segunda temporada de The Morning Show estaba resultándome una estafa, hoy, con el final bien reposado, tras haber dado un parón a mitad para disfrutar de otras que consideraba mejores, vengo a decir lo contrario. Y es que esta producción de Apple TV+ ha terminado siendo el mejor reflejo de lo caótica que es la vida desde que la pandemia apareció en ella.
Intensidad emocional caótica
Los primeros episodios resultan difíciles de entender si no se observan en conjunto con la temporada completa. Ahí es cuando comprendes que Alex (una espectacular Jennifer Aniston en el mejor papel de su trayectoria como actriz) ha pasado toda la prepandemia, esos momentos frenéticos desde el 1 de enero de 2020 hasta principios de marzo, cuando todo había estallado por los aires, en modo “control de daños”.
Situación caótica tras situación caótica, Alex termina enfrentando la realidad.
Tras un regreso que había costado millones a la cadena ficticia UBA, no estaba dispuesta a permitir que se publicase un libro en el que se revelase que había tenido relaciones sexuales con Mitch Kessler (Steve Carell), su excompañero depredador sexual, ahora cancelado.
Como una narcisista de libro, la preocupación de Alex no era en qué habría podido ella ayudar a las mujeres que fueron víctimas de su adorado Mitch, sino que ella misma no fuese cancelada.
En este sentido, The Morning Show da una visión bastante irónica de este fenómeno social en el que el escrutinio de las redes sociales puede acabar o relanzar una carrera profesional de manera arbitraria en muchos casos.
A pesar de su trágico final, podría decirse que Mitch Kessler, el depredador sexual, es el único personaje que termina irónicamente redimido.
Esta intensidad emocional un tanto caótica de Alex también se desarrolla, aunque por otras razones, en Bradley (Reese Witherspoon), que se enfrenta a quién es y quién quiere ser a través de conflictos con su hermano con Trastorno Límite de Personalidad y adicción a las drogas, y con su novia (Julianna Margulies), la única persona razonable y cabal de toda la temporada.
Caos pandémico
Como si se tratase de un sueño para los personajes, y de una pesadilla revivida para todos los espectadores, los protagonistas de The Morning Show tropiezan en las mismas piedras en las que cayó la sociedad en aquel primer trimestre de 2020.
Causa desasosiego ver cómo los personajes siguen enfrascados, como lo estábamos los espectadores, en las nimiedades y las noticias habituales, ajenos a la gravedad de la pandemia.
La mayor parte de ellos se ríe del virus y considera exagerados a los pocos que se lo toman en serio (no es de extrañar que Daniel, el único de todo el equipo del show que puso interés en la noticia, termine renunciando a su puesto y viajando para poder sacar a su abuela de una residencia de ancianos). “Distanciamiento social es lo que lleva haciendo mi familia toda la vida”, dice una despreocupada y un tanto egocéntrica Bradley.
Todos llevan una vida social frenética, con reuniones, viajes a Italia, etc. en los que el espectador solo puede pensar “alguien ahí lo tiene”. Y así fue, en medio de una vida emocional y social caótica, Alex Levy, que había viajado a Italia para pedirle a Mitch un comunicado negando haber mantenido relaciones sexuales con ella, resulta positivo. Y no solo eso, sino que desarrolla la enfermedad.
Sinceridad final
Es en medio de esa locura en la que algunos escapan a sus casas para intentar salvarse (aunque probablemente ya estén contagiados) cuando otros, como Alex Levy, no tienen más remedio que enfrentarse a las consecuencias de sus actos.
El personaje de Laura es un soplo de aire fresco. Sensata, razonable, nada egocéntrica, siempre con un consejo cabal que seguir… y, sin embargo, todo lo que dice termina en saco roto (o peor, pues no hay que olvidar el momento en el que anuncia que tiene una patología cardíaca, ya después de haber compartido plató con Alex Levy).
Ella, que se había pasado toda la temporada huyendo de su pasado, se atreve a ponerse delante de las cámaras en su propia casa, en mitad de un proceso febril, para sincerarse con la opinión pública y hacer un streaming que, si finalmente se aprueba una tercera temporada, dará mucho que hablar.
Pero los personajes principales, por mucho que se sinceren, no pierden el egoísmo y la insensibilidad con los demás. Ese endiosamiento que les produce estar completamente alejados de la realidad por sus sueldos millonarios o por vivir en hoteles, como Bradley y Cory. Así, a estos dos últimos los vemos recorrerse las calles del Nueva York de marzo de 2020 buscando al hermano de ella y entrando en un hospital intentando que les atiendan los primeros. “Es que tengo un problema muy grave”, dice Bradley. Claro, como el resto de los que están ahí y que saturan las urgencias de los hospitales.
Pero ella, aguerrida por su posición privilegiada, se cuela en urgencias sin protección y corre a buscar a su hermano, que tiene más suerte que otros allí ingresados a los que ningún familiar ha podido entrar a ver.
The Morning Show nos pone delante personajes difíciles de tratar, egocéntricos, privilegiados que sucumben a la corrupción moral y que siempre terminan saliéndose siempre con la suya, incluso dentro de la situación más caótica que se pueda imaginar. De ahí viene esta relación de amor y odio que tenemos con ella el público y la crítica.
El método Kominsky es una de esas series que se mueven por boca a boca más que por grandes campañas de publicidad. Se rumorea que Netflix no le quiso dar mucho bombo para que nadie la relacionase con otras producciones de su creador, Chuck Lorre (The Big Bang Theory), pero ha conseguido situarse igualmente entre las joyas de la corona de la plataforma.
La sinceridad del Método Kominsky
El secreto del Método Kominsky se encuentra, como sucede en After Life, en la honestidad de su planteamiento, que, sin artificios, engancha al espectador al encontrarse plenamente identificado con la sencillez y la cotidianidad de lo que se narra y la perspectiva de sus personajes.
Las dos primeras temporadas están protagonizadas por la amistad de Sandy Kominsky (Michael Douglas) y Norman Newlander (Alan Arkin), actor y agente en la ficción, respectivamente, amigos íntimos desde hace 40 años, que lloran juntos la pérdida de la mujer de Norman. Ambos exploran el terreno de hacerse viejos, de relacionarse con otras personas, también sentimentalmente, y ver cómo se van mermando sus facultades, lo que genera múltiples situaciones cómicas narradas con una ternura y una elegancia exquisitas.
La vejez y la muerte están muy presentes en El método Kominsky.
Y es que El método Kominsky rompe con muchos estereotipos de Hollywood y apuesta por un reparto con actores que se aceptan y se respetan a sí mismos con su edad, su apariencia y su peso, cuestión que está siendo muy agradecida tanto por la crítica como por el público (y que ha lanzado al estrellato a otras producciones, como Mare of Easttown, de la que hablaré en otro momento).
Hasta el camarero del restaurante al que acuden siempre es un anciano al que le cuesta cada vez más andar, aunque ello no le impide atender escrupulosamente a sus clientes.
La ausencia de Alan Arkin
Para sorpresa de sus admiradores, y suponemos que también del equipo de la serie, Alan Arkin decidió abandonar el rodaje y plantarse antes de comenzar la tercera temporada, lo que deja un vacío palpable y un duelo con el que tienen que lidiar tanto su amigo Sandy como los espectadores.
El peso de la silla vacía de Norman no solo lo nota Sandy, sino que hace un nudo en el estómago también a los espectadores.
El impacto de su ausencia, que en el primer episodio de la primera entrega se despacha de una manera un tanto histriónica y hace esperar un finalestafa, se va atenuando a lo largo de la última temporada con la presencia de una Kathleen Turner pletórica como exmujer de Sandy y repleta de química con Michael Douglas, incluyendo espectaculares guiños a quienes adoramos en su día La guerra de los Rose.
El mayor acierto de la tercera temporada ha sido otorgar mayor protagonismo a Kathleen Turner como exmujer de Sandy.
Para mí, la moraleja del Método Kominsky es que la normalidad, los defectos y lo antiheroico de lo cotidiano superan con creces la artificiosidad. Que nos lo digan a los seguidores de Lodge 49.
Cuando algunos seguidores empezábamos a sospechar que This is us (NBC) iba a tener un finalestafa esta temporada, nos han dejado con la boca abierta debido a cambios sorprendentes que no esperábamos y que, sin duda, abren un abanico de posibilidades para la siguiente y (ya sí) última.
Si no la has visto y no quieres que te la destripe, no sigas, porque no voy a dejar títere con cabeza.
Los cambios sorprendentes
Desde que Toby entró en la vida de Kate, su relación ha tenido altibajos, algunos de ellos parecían insalvables, pero siempre se mantenían a flote. En esta última hemos visto cómo, poco a poco, se iban distanciando, ocultándose cosas por no herir al otro.
Ella, que estaba feliz en su nuevo trabajo, enseñando canto (su pasión) a niños invidentes como el suyo junto a un profesional al que admira. Él, que odiaba quedarse cuidando a los niños (algo que había hecho Kate hasta ahora) y necesitaba volver a trabajar para sentirse realizado.
El punto álgido de las desavenencias se produce momentos antes de la boda de Kevin y Madison cuando él arroja un “quiero mucho a los niños, PERO” mientras le explica que ha aceptado un nuevo trabajo por el que se tendrá que ir tres días a la semana a San Francisco.
El punto de inflexión de la relación.
La reacción de Kate es bastante buena, teniendo en cuenta el jarro de agua que le acaba de echar.
Como todas las afirmaciones que llevan después el adversativo por antonomasia, y más en el caso de tratarse de los propios hijos, la frase levanta un tsunami de desconfianza entre ambos y, aunque parece que podrían superarlo (o así se lo proponen en el presente), los dos minutos finales del episodio nos revelan que no solo no se ha salvado el matrimonio, sino que cinco años después (con 45), Kate está celebrando su boda con Phillip, su jefe, el profesor de música que había rechazado su dimisión el mismo día de la boda de Kevin.
No, Toby, ya no puedes hacer nada por que funcione. La has liado, se acabó, estás caput.
La ‘no boda’
Otro de los cambios sorprendentes, aunque no tanto, viendo la deriva que llevaba Kevin en esta temporada, ha sido la suspensión en el último minuto de su boda con Madison y la reentrada de Sophie, la exmujer de Kevin que siempre ha sido su gran amor.
Y es que los Pearson nunca darían un paso en falso a la hora de comprometerse de por vida con alguien, son demasiado sinceros, y demasiado intensos.
En la escena final de la boda de Kate aparece Madison, que además es la madre de los mellizos de Kevin, por lo que queda en el aire la pregunta sobre qué sucede con su relación con Kevin.
Los secretos de Rebecca
Aunque los Pearson, pese a ser la envidia de toda familia en la que haya problemas de comunicación y a la hora de expresar los sentimientos, también tienen sus secretos y rencores. Es el caso de la tensión que había entre Rebecca y Randall desde que este se enteró de que ella había conocido a su padre cuando él era pequeño y que lo alejó definitivamente de él.
Mandy Moore tiene todo un reto por delante con la interpretación de una Rebecca Pearson que irá envejeciendo y perdiendo facultades debido al Alzheimer.
Randall, que en esta temporada ha experimentado una bofetada de racismo y realidad social al saber también que su madre no falleció de sobredosis, sino que estuvo encarcelada durante años y luego nunca pudo encontrarlo, finalmente ha conseguido sentarse con Rebecca y contarle sobre su vida.
Por otra parte, su talentosa, comprensiva y siempre genial esposa Beth (me gusta mucho su personaje, ¿se nota?), que está atravesando un momento profesional delicado por el cierre de su escuela de baile debido a la pandemia, recurre a Rebecca a pedirle consejo y esta, como si de una auténtica madre se tratase, le recuerda lo admirable y capaz que es de lograr lo que quiera.
Beth cuenta con desafíos profesionales y familiares, como se ha visto en esta temporada en la que ha aceptado la homosexualidad de su hija, enfrentándose a inseguridades que ella misma desconocía que tenía.
Porque en This is us no hay suegras meticonas ni problemas familiares como los que tienen tus amigos o tus vecinos. This is us es la familia ideal, como nos recuerda el repetitivo y meloso acorde de guitarra que, aunque te canse, te mantiene en vilo temporada tras temporada.
Después de todos los buenos momentos que me ha proporcionado The Man in the High Castle puede resultar ingrato por mi parte quejarme de los minutos finales de la serie, pero soy de esos seriéfilos a los que les fastidia mucho que una buena producción termine de mala manera, o con imprevistos que parecen pegotes más que resolución de tramas.
Hace un tiempo ya dediqué un post a esos finales estafa de las series que, tras tenerte años enganchado, desilusionan en la última temporada, en el episodio final o, como The Man in the High Castle, en los últimos cinco minutos.
Cuidado, que vienen SPOILERS.
Acontecimientos verosímiles vs minutos sobrantes
Tras una temporada final frenética en la que los personajes femeninos habían cobrado una fuerza extraordinaria y los acontecimientos políticos se sucedían de manera lógica y verosímil, sin ninguna estridencia, nos encontramos con un cierre un tanto innecesario.
Un accidente ferroviario provocado por la resistencia con la ayuda de Helen Smith, que no soporta en lo que se ha convertido con tal de sobrevivir en el régimen nazi, termina con su vida y deja a John Smith completamente devastado.
Este intenta huir por los bosques hasta que se da cuenta de que no llegará muy lejos, y de que tampoco es algo que desee, pues las palabras de su mujer recriminándole todos los crímenes que han cometido resuenan en su interior.
Igual que hiciera Hitler en su búnker, John Smith se dispara a sí mismo antes de que lo mate el enemigo. A partir de ahí, su subordinado directo, que ya había anunciado previamente su deseo de liberar Norteamérica de las garras del Reich, detiene el ataque contra los comunistas que habían tomado San Francisco.
Todo correcto. Ese podría haber sido un final estupendo para unas cuatro temporadas de scifi de grandísima calidad en la que todo tenía un sentido, pero no fue así y la feliz idea de añadir más minutos al metraje para algunos ha resultado una maravilla, pero para otros, entre los que me incluyo, suena más a estafa.
Momento que nunca debería haber tenido lugar, en mi humilde opinión.
¿Quiénes vienen?
Y es que, sin que hubiese habido aviso previo de que un montón de gente estuviese pensando venir al mundo donde el horror se ha impuesto por sistema, a través del portal construido por los nazis para viajar entre universos aparecen centenares de personas paseando como quien ha salido a ver escaparates por la Milla de Oro.
¿Quién es esta gente?
No sabemos quiénes son ni qué quieren. ¿Son las almas de los muertos en este universo? No parece verosímil, pues la muerte se muestra irreversible en todo momento.
¿Son viajeros que han estado preparando los acontecimientos que han desencadenado la caída del imperio japonés en San Francisco o la de Himler? Se tendrían que haber visto detalles que nos hubiesen indicado su presencia anteriormente.
¿Si se trataba de algo que había preparado Frank Frink con sus dibujos, pues de repente aparece uno en la pared, no deberían haber explicado algo más?
¿Será un cliffhanger de Amazon para anunciarnos una nueva serie de scifi que sea secuela o precuela de The Man in the High Castle? A estas alturas, ya tendrían que haberse pronunciado al respecto.
Como todas las posibles dudas se resuelven por sí solas sin que den lugar a nuevas tramas, la navaja de ockham me lleva a pensar que se trata del típico final puesto ahí para dar suspense o alargar el metraje de manera innecesaria, y eso es algo imperdonable en una serie de la factura de The Man in the High Castle.
Así que, a pesar de las buenas horas que me ha dado y de que, sin duda, la volveré a ver en el futuro, siento que debo mostrar mi desacuerdo para que estas cosas no pasen. No más finales Lost en nuestras series.
El último gran éxito seriéfilo del año, Years and Years, parte del Brexit para ponernos en una incómoda y pesimista (¿tal vez sería más correcto decir “realista”?) prospección política en la que la crisis financiera y económica y los movimientos migratorios ocasionados por las guerras y el cambio climático actúan de manera directa sobre el presente cotidiano, encarnado en la familia Lyons.
Brexit como punto de partida
Una de las cosas que más impresiona y que a mí particularmente más interesante me ha parecido de esta coproducción entre dos gigantes como BBC y HBO es la visión panorámica que nos ofrece sobre los miedos y consecuencias que pueda traer el Brexit, cuya campaña lideró en 2016 el ahora primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson.
El Brexit, según narran en Years and Years, dejaría a Reino Unido en un limbo entre las grandes potencias como Estados Unidos y Rusia, y afectaría directamente a la economía con la pérdida de confianza de los bancos, lo que supondría un corralito y la estafa y pérdida de los ahorros para miles de ciudadanos (los que todavía tengan la suerte de tenerlos en una realidad cotidiana cada vez más empobrecida).
Por otra parte, el Brexit en Gran Bretaña, igual que la crisis financiera en Estados Unidos o en España, han supuesto un cambio en la manera de hacer política. Se ha perdido la formalidad y estamos contemplando el nacimiento de políticos ‘clown’ que cada día dicen una cosa distinta, que aparentan carecer de un programa e ideas sólidas y que solo buscan la notoriedad, salir en la prensa, aunque sea como el hazmerreír del momento.
Corrupción política y moral
Esta cuestión es uno de los puntos fuertes de Years and Years, que refleja en la figura de la empresaria bufón Vivienne Rook la decadencia y la corrupción política y moral de nuestros días (que levante la mano quien no ha pensado en al menos dos o tres personajes políticos populistas estadounidenses y españoles que se asemejen peligrosamente a este personaje).
Rook, magistralmente interpretada por Emma Thompson (probablemente la mejor actriz de toda la serie, que en esto sí que flaquea un poco), llega al poder prometiendo imposibles y absurdos como juzgar a los CEOs de Google, Facebook y grandes redes sociales, y esconde sus verdaderas intenciones xenófobas y aporófobas.
Vivienne Rook es el personaje conductor de la corrupción moral y política en Years and Years.
Vivianne Rook probablemente es el personaje mejor planteado de toda la serie, pues a través de sus intervenciones y ocurrencias podemos ver cómo funciona la ventana de Overton y cómo poco a poco se van colando en el rango de lo aceptable ideas políticas extremistas inaceptables.
Vivianne Rook poco a poco va introduciendo en el debate político ideas como que quien tenga un CI bajo no pueda votar, es decir, introduciendo en el debate político en el rango de aceptables ideas antes inaceptables por extremistas.
Algunos de los miembros de la familia Lyons, diversos en ideologías, identidades y orientaciones sexuales sucumben ante las promesas vacías pero divertidas de Rook y la apoyan formalmente en actos públicos y en sus votaciones, hasta que se dan cuenta de que han alzado a un auténtico monstruo.
El Brexit como punto de llegada
La verosimilitud de Years and Years radica en usar el Brexit y sus posibles consecuencias, así como la crisis financiera y el cambio climático dentro de los ejes que articulan el espacio – tiempo en la trama.
Podemos creernos que dentro de 15 años haya tales inundaciones que media parte de la población en Gran Bretaña sea refugiada en su propio país. Podemos creernos, entre otras cosas porque ya lo hemos visto, que una familia pierda los ahorros de toda la vida por la bancarrota de un banco.
Podemos creernos, también porque lo estamos viendo, que muchos trabajadores tengan que compaginar varios empleos precarios para apenas llegar a pagar un alquiler en piso compartido en la ciudad.
Podemos creernos, ya que está sucediendo en nuestras mismas fronteras, que haya miles de refugiados e inmigrantes ilegales a los que se condene a la muerte por abandono y desatención.
Igual que podemos creernos, porque pasa en muchos países, que una persona homosexual sea perseguida hasta el punto de tener que abandonar su casa y emprender un viaje a la miseria de ser refugiado en otro país que no te mata por tu orientación sexual, pero te deja morir por no haber nacido en él.
Los campos de concentración Otrora aparecen en Years and Years como consecuencia del Brexit, aunque cuando observamos los campos donde viven muchos refugiados tampoco hay grandes diferencias.
Years and Years explora todos los escenarios posibles que se están planteando en nuestros días, incluido un ataque nuclear silenciado por las autoridades hasta el punto de que la gente llegue a olvidar que ocurrió, y eso es lo que la hace terrorífica, difícil de ver antes de irse a dormir si lo que se pretende es conciliar el sueño.
Otra serie con final estafa
Pero, como sucede en otras series británicas y europeas en general (en esto todavía no les ha afectado el Brexit a las producciones audiovisuales, ja, ja, ja), todo ese planteamiento futurista verosímil y bien desarrollado se destroza con una salida de tono y un final que rompe la verosimilitud y la coherencia de la serie.
Y es que, en el último episodio, vemos cómo todo parece ser la narración de Edith, la hija mayor de los Lyons y activista ecologista, mientras está descargando su conciencia en la red para seguir viviendo como transhumana.
Y no es el transhumanismo lo que rompe la coherencia, pues es un tema central a través de una de sus sobrinas, que se implanta nodos para convertirse en una persona robot, sino cómo se resuelven todos los conflictos planteados.
La posibilidad de descargar toda tu conciencia en la red es una de las hipótesis transhumanistas más fuertes y con las que más juega Years and Years.
Optan por el efectismo y el optimismo, como si años de corrupción y represión pudieran solucionarse saltándose una valla con un camión, y se rompe la atmósfera de distopía con una esperanza impostada.
Hay que ser iluso para creerse que todo un entramado político de corrupción y genocidio se supera con una escena de un camión irrumpiendo en un campo de concentración y retransmitiéndolo. Que se lo digan a Assange o Chelsea Manning si una filtración cambia algo.
Es una lástima ver que Years and Years cae en el mismo disparate que antecesoras suyas, también distopías futurísticas y políticas como Utopia u Orphan Black, aunque hay que señalar que el viaje hasta el último episodio es bastante recomendable y que los debates que provoca son lo suficientemente interesantes como para no dejar de verla.
A raíz de mi anterior post sobre Juego de Tronos, una de mis lectoras me sugirió que me lo tomara con “deportividad”, que seguro que están acabándola mal para que no nos dé pena. Aparte de una gran sonrisa, ese comentario me ha traído a la memoria otros finales de series que me han dejado pasmado, pensando por qué he dedicado tanto tiempo a ver esa producción que ha terminado siendo una estafa.
Ranking de finales estafa
Series que no saben cerrar: en este ranking personal de series cuyos finales me han decepcionado e, incluso, cabreado, voy a poner en último puesto a varias series juntas. Muchas son europeas (ojo, no quiero decir con esto que todas las series europeas tengan finales estafa, sino que hay unas cuantas que sí) y todas tienen en común haber ido decayendo en calidad hasta que sus últimas temporadas se convirtieron en algo infumable: Bron/Broen, Orphan Black, Utopia, Fortitude, Trapped, Top of the lake, Dexter, Bloodline, The Walking Dead.
Boardwalk Empire: la pongo en este listado con todo el dolor de mi corazón no por la mala calidad del final, sino porque les cortaron presupuesto y tuvieron que cerrar como pudieron, que no fue precisamente bien. La serie daba para otra temporada, como mínimo, pero tuvimos que ver un final para Enoch “Nucky” Thompson y los suyos que desmereció la increíble producción anterior.
The Killing: este thriller estadounidense, remake de la danesa Forbrydelsen, a pesar del cierre lleno de tópicos (¡el asesino era el comisario jefe, que chorprecha!), se podría haber salvado si no hubiesen incluido diez minutos al final de auténtico pegote en los que Darren Richmond vuelve a Seattle pasado un tiempo para dar un beso a su compañera Sarah Linden.
Un final estafa terrible, dado que entre ambos nunca había habido tensión sexual, y esto era precisamente uno de los puntos a favor de la serie. Pero a alguien de guion o producción se le antojó…
Los Soprano: el final de esta serie protagonizada por el malogrado James Gandolfini es a la producción audiovisual lo que un coitus interruptus al sexo. La tensión de todo el último episodio queda en la más absoluta de las nadas con la escena final. Algunos optimistas han querido ver en ella un desenlace abierto en el que puedes imaginar lo que quieras… yo pienso que no se quisieron mojar y al final les salió este churro, digo, resultado.
Tanta tensión y al final no pasa nada… ¡Menuda estafa!
Lost: desde que terminó esta pérdida de tiempo, que sin embargo su propio título ya nos podía dar una idea de lo que era, siempre la tuve en la cúspide de finales estafa. Tantos viajes en el tiempo y en el espacio, tantos personajes, tantos hilos abiertos sin terminar… para acabar en un melodrama religioso. El cabreo que tuve en su día fue considerable, y como buen trauma, pasados unos años sigo sin querer hablar de ello.
Sense8: Ay, pero quién iba a decirle a Lost que una serie iba a destronar su final estafa… Menos mal que Sense8 no duró más de dos temporadas porque podríamos haber llegado a cotas de ridículo que podrían ser consideradas delito contra la salud pública. Ese dildo lubricado como imagen final de una serie supuestamente de ciencia ficción, pero que no dejaba de ser otra extravagancia con sello Wachowski, se ha subido encima de mi podio y a ver cuál es la serie que se atreve a bajarlo.
No, ningún final estafa de serie va a poder superar esto. Las Wachowski han dejado el listón muy alto.
No quería cerrar este post sin hacer mención especial a esa serie que todo español y mucho español mayor de 35 años ha visto alguna vez, ya sea en casa de nuestros padres o en una noche griposa bajo de defensas en casa: Los Serrano. El final de Los Serrano ha trascendido la historia de la producción audiovisual española y ha elevado a Antonio Resines a proverbio, a mito histórico. Nunca más ninguna serie de nuestro país se atreverá a hacer nada parecido.
Vaya desde aquí mi particular homenaje a Resines y su sueño.