Tag: Estados Unidos

  • La ciudad secreta, corrupción y geopolítica con sabor australiano

    La ciudad secreta, corrupción y geopolítica con sabor australiano

    La Ciudad Secreta, el thriller de Netflix sobre corrupción y conspiraciones en el gobierno australiano, con la creciente tensión entre China y Estados Unidos como telón de fondo, es un imprescindible para estas fechas.

    En La Ciudad Secreta, la periodista de política Harriet Dunkley (una magnífica Anna Torv), una de las más reputadas de Australia, descubre una antigua conspiración tras una serie de asesinatos, suicidios y atentados que ocurren en Canberra, Australia.

    Y es que Dunkley se encuentra con movimientos geopolíticos, corrupción dentro de las altas esferas del gobierno con intereses personales, agencias de seguridad confabulando… lo que le lleva a complicar su vida profesional y personal.

    La serie, basada en las novelas The Marmalade Files y The Mandarin Code, escritas por los reporteros veteranos de Canberra Chris Uhlmann y Steve Lewis, y adaptadas con estilo por Matt Cameron, Belinda Chayko y Greg Waters, muestra un gran conocimiento de la política local australiana, que se percibe en cuestiones como el funcionamiento interno del gobierno o la relación entre los sindicatos y el Partido Laborista.

    Hay un elemento muy positivo, y es que Secret City evita las explosiones y los tiroteos en favor de una creciente sensación de amenaza, ya que un puñado de personajes y “coincidencias” se entrelazan cada vez más.

    Además, destaca por la verosimilitud de los personajes. Ninguno es caricatura, todos son personas complicadas que juegan grandes apuestas, algunas increíblemente valientes, otras terriblemente banales, todas impulsadas por una variedad de realidades personales y profesionales que sirven para limitar sus opciones, a menudo fatalmente.

    Sus motivaciones son complejas y por lo general ocultas, pero se ven impulsados ​​a tomar decisiones en las que pueden no tener buenas opciones, ninguna ruta moralmente obvia. Apropiadamente para el género, pasas cada temporada tratando de descubrir en quién puedes confiar y a quién debes odiar. Y a menudo te equivocas.

    La Ciudad Secreta es una mezcla matizada, discreta y nunca cliché de intriga política y demonios personales con un satisfactorio sabor australiano. Se suma a ello el interés que despierta el punto de vista nada manido de Australia, históricamente alineada con los Estados Unidos mientras mira a China para impulsar el comercio y la actividad económica.

  • La donación de órganos, protagonista en un maravilloso episodio de The Good Fight

    La donación de órganos, protagonista en un maravilloso episodio de The Good Fight

    En The Good Fight (CBS) son especialistas en convertir tramas pequeñas en grandes episodios en los que denuncian diversos temas de corrupción y fallos del sistema político y social. Esto es lo que sucede en el frenético sexto episodio de la sexta temporada (“The End of a Saturday”).

    Con la premisa de que Dustin, el sobrino de Ri’Chard, morirá si no recibe médula ósea de un donante que se ha retirado en el último momento, comienza un periplo en el que, en tan sólo unas horas, el bufete entero se embarca en llevar a la FDA a los tribunales por la restricción de edad en los ensayos clínicos, contra el sistema de salud por racismo institucional, etc.

    En un momento del episodio, Dustin tiene que comparecer ante el juez, pero, a pesar de su gravedad, se ve demasiado bien, por lo que Diane le pide amablemente que exagere su enfermedad, en una comedia macabra: ¡juega con tu muerte inminente, niño!, por lo que Dustin finge una tos en el juzgado para conseguir dar más pena, logrando así que un pequeño inocente se suma en las sucias aguas de la corrupción del sistema.

    Momento hilarante del episodio en el que un juez los atiende en su casa, en pleno cumpleaños de su nieto.
    Momento hilarante del episodio en el que un juez los atiende en su casa, en pleno cumpleaños de su nieto.

    El resultado de ‘Saturday’ es una comedia hilarante que presenta en su jugo la crueldad y la desigualdad del sistema sanitario de Estados Unidos. Mientras unos pocos privilegiados pueden pagar para obtener los tratamientos y trasplantes de órganos que necesitan, muchos más estadounidenses carecen de los fondos necesarios para recibir la atención médica adecuada.

    En cuatro clics, Marissa y Carmen han conseguido contactar con adolescentes onanistas que prometen su médula a fotos de mujeres atractivas en bikini, con traficantes de órganos, y hasta ellas mismas se ven obligadas a donar un óvulo en compensación por obtener médula ósea para el pequeño Dustin.

    Una corrupción del sistema de trasplantes de órganos que se escapa del entendimiento de los países europeos, o al menos de España, y que inspira uno de los episodios más surrealistas y a la vez más deliciosos de The Good Fight.

    Champán y pizza para terminar un episoidio macabro en el que se pone de manifiesto que si Dustin va a conseguir sobrevivir es por sus contactos con la clase privilegiada de Estados Unidos
    Champán y pizza para terminar un episodio macabro en el que se pone de manifiesto que si Dustin va a conseguir sobrevivir es por sus contactos con la clase privilegiada de Estados Unidos.
  • Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.

    A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.

    El acosador Mitch Kessler en Italia
    Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.

    Corrupción en la UBA

    En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.

    Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.

    Regreso estafa de Alex Levy
    El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.

    Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.

    Stella la presidenta de Informativos Woke
    Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.

    Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.

    Desilusión con los personajes

    Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).

    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.

    Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.

    Julianna Margulis en The Morning Show
    Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.

    Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.

    El contexto de la pandemia

    Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.

    El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.

    Racismo con Daniel en The Morning Show
    Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.

    Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.

    Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.

     

  • Populismo e individualismo en The Good Fight

    Populismo e individualismo en The Good Fight

    Sucedió lo que tanto temíamos sus fans, y es que The Good Fight (CBS) ha llegado al final de su quinta temporada con tan solo diez episodios… ¡pero qué episodios! Esta temporada, a falta de un Donald Trump en el Despacho Oval, el populismo y el individualismo que siguen presentes en Estados Unidos han sido los protagonistas principales de la serie.

    Populismo, espectáculo y corrupción

    Como señalé hace semanas en un post, la trama del juez Wackner y su tribunal improvisado en la parte de atrás de una copistería es una de las historias principales de esta temporada.

    Manipulación y corrupción de David Cord en el tribunal de Wackner
    El juez Wackner se da cuenta de que ha sido manipulado por David Cord, que tiene su propia agenda.

    El juez Wackner, un aparente Don Quijote dispuesto a hacer accesible la administración judicial y cargado de buenas intenciones, termina encarnando la versión actual del populismo que convierte toda reforma en espectáculo y entretenimiento.

    Así, más parecido al programa “Veredicto” que presentaba Ana Rosa Quintana allá por los años 90, el tribunal sucumbe a la corrupción al permitir la financiación por parte del libertariano David Cord, personaje que pronuncia una de las frases más brillantes de toda esta temporada: “La locura está a solo un paso de la realidad si logras que la gente la crea. ¿Y sabes qué hace que la gente la crea? La televisión.”

    Populismo en los tribunales alternativos
    Las réplicas del tribunal del juez Wackner son histriónicas y no tienen ninguna garantía para los procesados.

    El asalto al Capitolio

    Como se intuía ya desde los primeros episodios, los creadores de The Good Fight, Robert y Michelle King, igual que muchos ciudadanos de todas partes del mundo, estaban en estado de shock por el intento de asalto al Capitolio del pasado 6 de enero, uno de los golpes más efectistas que ha dado el populismo hasta ahora.

    Los asaltantes, ataviados algunos de ellos con disfraces y bastante estereotipados, llegando a portar la bandera confederada, penetraron en la Casa Blanca con un claro mensaje, y es que prefieren el caos y la violencia a asumir las normas democráticas que rigen las sociedades occidentales.

    Este incidente se presenta de dos maneras en la quinta temporada de The Good Fight: poniendo entre la espada y la pared al matrimonio de la demócrata Diane Lockhart y el republicano amante de las armas Kurt Veight, y recreando la escena en la catarsis final de la temporada.

    Y es que el juzgado de Wackner termina volando por los aires cuando un grupo de secesionistas de Illinois se niega a aceptar el veredicto en contra de sus pretensiones individualistas y separatistas, y esa sala que tantos momentos hilarantes nos ha dado en esta entrega de la serie concluye de la misma forma que los títulos de crédito, hecha polvo y añicos.

    Recreación del asalto al Capitolio en The Good Fight
    Momento apoteósico en el final de la quinta temporada de The Good Fight: recreación del asalto al Capitolio, pero en el tribunal del juez Wackner.

    La moraleja de esta temporada es clara: el populismo y el individualismo empujan a la violencia, y una vez plantada la semilla, es difícil evitar sus consecuencias.

    Los problemas raciales

    Otro de los temas principales de esta temporada ha sido el conflicto racial latente en el bufete, con Liz Reddick y Diane Lockhart enfrentadas, cada una con sus legítimas razones.

    Por un lado, Liz representa a todos los socios y asociados negros del bufete, que no quieren que Diane tenga poder sobre la firma, a excepción de Julius Caine, que se vio envuelto en un montaje por no querer caer en las garras de la corrupción y al que Diane defendió cuando nadie creía.

    Por otro, Diane, que mantiene conversaciones imaginarias con la fallecida juez Ruth Bader Ginsburg, lamenta haber tenido que luchar siempre contra la discriminación por razones de sexo y haber tenido que labrar su futuro para ahora tener que dar un paso atrás por la igualdad de los afroamericanos, que apoya, pero a la vez le genera contradicciones y un gran dilema al chocar directamente contra sus intereses.

    Dilemas y contradicciones de Diane Lockhart
    Dilemas y contradicciones de Diane y Liz durante el conflicto racial que divide al bufete.

    Finalmente, y tras tener que tomar una decisión in extremis por la presencia de los jefes-jeques árabes de STR Laurie y habiendo sopesado la también populista idea de hacer dos bufetes, uno con empleados negros y otro con blancos, Diane hace gala de su ética y magnanimidad y, al recordar que el bufete Boseman & Reddick la acogió cuando cayó en bancarrota por haber sido víctima de una estafa, rechaza su puesto como socia principal y decide quedarse únicamente como socia capitalista.

    No obstante, y a juzgar por la última escena en la que ella y Kurt esperan al ascensor para irse de vacaciones, la sexta temporada promete que Diane no se quedará de brazos cruzados y peleará por lo suyo.

    En este sentido, la propia actriz Christine Baranski ha señalado en una entrevista con Entertainment Weekly que esta temporada ha sido muy “tensa”, pues tanto ella como Audra McDonald, la actriz que da vida a Liz Reddick, han estado muy expectantes para ver cómo se solucionaba el conflicto.

    Diane y Liz tienen un conflicto racial
    La tensión entre ambas se suaviza y relaja cuando, en un episodio absolutamente delirante, una cadena de televisión conservadora las señala como lesbianas, cosa que no dudan en utilizar para salvar un juicio.

    Baranski ha confesado que ver a Diane utilizando a sus clientes racistas para hacer presión en el bufete le ha provocado cierta dosis de frustración, pero cree que era lo que intentaban los creadores de la serie, “desafiar tanto a Diane como al espectador”.

    Celebrando otra apoteósica temporada de The Good Fight, nos quedamos brindando por los nuevos retos que nos traiga la sexta en 2022.

  • Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.

    Agentes de Trump
    La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.

    Judicialización de la vida diaria y política

    Como nos vienen acostumbrando Michelle y Robert King desde The Good Wife, la predecesora de The Good Fight, la actualidad política estadounidense es uno de los elementos clave en las tramas de la serie.

    En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.

    Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.

    Fake news de las redes sociales y Google
    El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.

    Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.

    El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.

    Judiacialización inalcanzable
    Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.

    Corrupción del ejercicio del derecho

    Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.

    Un juez advierte a Carmen Moyo
    Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.

    Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.

    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.

    En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.

    Magistral conexión con la actualidad

    Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.

    El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.

    Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.

    El FBI persigue a Kurt Vein
    La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.

    Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.

    Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.

  • In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    Lo último que esperábamos los viejunos seguidores de In treatment (HBO) es un regreso de la serie, once años después, y con la misma calidad a la que nos tenía acostumbrados. Sin duda, algo para celebrar en estos tristes años de la pandemia.

    Y algo necesario. Porque la cuarta temporada de In treatment ha vuelto con la intención de hacernos reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos como sociedad, con la salud mental completamente olvidada o deteriorada a nivel poblacional y muchas necesidades afectivas sin resolver, agudizadas por el aislamiento de confinamientos y cuarentenas.

    Colin acaba de salir de la cárcel por estafa
    Los colores del decorado, el ambiente y el vestuario de la protagonista son completamente opuestos a los de las anteriores temporadas.

    La esencia de In treatment

    La nueva versión de In treatment tiene lugar en Los Ángeles, ciudad antagonista de Nueva York, en la que el doctor Paul Weston tenía su despacho gris y anodino. En este caso será la doctora Brooke Taylor, interpretada magistralmente por Uzo Aduba (Orange is the new black), la que charlará con sus pacientes en su colorida casa en Baldwin Hills, conocido como el Beverly Hills afroamericano.

    La elección de este nuevo y alegre enclave ha sido deliberada para invitar a los espectadores a sumergirse en la serie, pues no veían necesidad de, ya que trata problemas psicológicos, construir un ambiente claustrofóbico que recordase a sus propios confinamientos, según explican los creadores.

    La relación de Brooke con Adam es una estafa por parte de ella
    Brooke mantiene una relación con Adam (Joel Kinnaman, The Killing, Altered Carbon), que está profundamente enamorado de ella, y al que ella mantiene lejos y miente constantemente.

    El nexo con las anteriores temporadas lo encontramos en que Brooke es exalumna de Paul Weston, que intenta localizarla durante varios episodios.

    En este contexto, en una casa diseñada por su recién fallecido padre, un exitoso arquitecto que exigía a su hija por encima de sus posibilidades y que la traumatizó para toda la vida, Brooke transita su propio duelo haciendo lo contrario de lo que predica, como ya hacía su mentor.

    Y es que ahí reside lo cómico en este drama, en que el doctor atraviesa los mismos problemas que intenta solucionar en los demás.

    Los pacientes ‘In treatment’

    Como en anteriores temporadas, los episodios se estructuran por pacientes y semanas, con un total de tres pacientes, más otro episodio en el que se aborda la vida personal de Brooke.

    El primero de los pacientes, Eladio, es un joven latinoamericano que trabaja como interno cuidando a Jeremy, otro joven de su edad con una enfermedad degenerativa, y que a través de las sesiones va estableciendo con Brooke una relación que transgrede los límites profesionales y se acerca más a la maternidad, cuestión con la que ella mantiene un gran trauma.

    Eladio va descubriendo su malestar en la familia rica que lo tiene contratado, dándose cuenta de que es un recurso más para ellos y no tiene la relación que le gustaría.

    El segundo, Colin, es un exmagnate tecnológico que acaba de salir de prisión por apropiación indebida y estafa y hace el tratamiento como parte del acuerdo de libertad condicional. Se trata de un hombre soberbio, mentiroso compulsivo, con el que Brooke tiene varios encontronazos en los que le recuerda que es un hombre blanco, heterosexual, adinerado y que se queja por no haber llegado al éxito cuando el mundo entero está hecho para él, aunque ella misma también ha tenido una vida relativamente sencilla en lo económico gracias a la situación de su padre.

    Colin sale de la cárcel por estafa
    Colin intenta mentirse a sí mismo y endulzar su propia versión del delito de estafa y las mentiras que contó a su mujer, pero a lo largo de las sesiones va conociéndose más y más a sí mismo.

    La tercera paciente, Laila, es una adolescente de 18 años víctima de una abuela dominante que lleva años maltratándola físicamente y que espera de ella que vaya a la mejor universidad y tenga una carrera profesional exitosa, lo mismo que le sucedía a Brooke con su padre.

    Laila es una joven muy inteligente, reflexiva, que, igual que Eladio, hace reflexionar a Brooke sobre aspectos no solo de su propia vida, sino de la sociedad en general.

    Laila
    Laila intenta llevar una apariencia normal, pero tiene la autoestima destrozada por el maltrato físico y psicológico, y una gran necesidad de reivindicarse a sí misma, como la propia Brooke.

    Porque con Laila y Eladio puede palpar de cerca, como ella misma, las situaciones de racismo que se viven en Estados Unidos, siempre con las manifestaciones de Black Lives Matter como telón de fondo. Colin, sin embargo, representa el mundo de la corrupción, de la soberbia, de la altanería.

    Y así, en cada episodio los espectadores podemos disfrutar de una serie que aborda temas trascendentales, nos considera inteligentes y nos conmueve profundamente.

  • Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    No soy muy admirador de las series que reconstruyen crímenes reales porque suelen ser una estafa en la que el amarillismo, la falta de honor a la verdad y la manipulación del espectador son notorias, pero aun así las veo y luego termino despotricando sobre ellas. Es el caso de Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil, a la que dedico hoy un post.

    He de reconocer que conocí el caso de Elisa Lam por una publicidad de Netflix en mi página de inicio de Facebook, así que me lancé a ver la miniserie quizá con demasiadas expectativas, pensando que realmente podría haber más enjundia.

    La escena del crimen

    Para quienes no conozcan este caso concreto, Elisa Lam era una joven canadiense hija de inmigrantes de Hong Kong que decidió realizar un viaje sola por Estados Unidos en 2013, cuando tenía 21 años.

    El 26 de enero llegó a Los Ángeles y dos días después se registró en el Hotel Cecil en una habitación compartida, aunque más tarde sería alojada en una propia al quejarse sus compañeras de “cierto comportamiento extraño”. Días después desaparece y su cuerpo es hallado en el tanque de agua del hotel.

    El Hotel Cecil, construido en 1924, tenía toda una historia de suicidios y muertes violentas, empezando en el año 1931 por un envenenamiento de un huésped, al que siguieron unos cuantos suicidios. No en vano, los residentes del establecimiento se referían a él como “el Suicida”.

    Hotel Cecil, escena de un no crimen.
    Hotel Cecil, escena de un no crimen.

    En 1964, una operadora telefónica retirada, llamada “Pigeon Goldie” Osgood fue encontrada muerta en su habitación tras haber sido violada, apuñalada y golpeada, y la habitación saqueada y, aunque un hombre llamado Jacques B. Ehlinger fue acusado del asesinato de Osgood, más tarde fue absuelto, quedando el caso sin resolver.

    Se cree también que en los años 80 se hospedó durante varias semanas en él el asesino en serie Richard Ramírez, que frecuentaba el área cercana al hotel, llamada Skid Row.

    Con estos antecedentes, que la miniserie de Joe Berlinger se encarga bien de subrayar para aumentar así el metraje sin aportar nada realmente valioso a la trama, es lógico ponerse en el peor de los casos.

    La estafa de Escena del crimen

    Como he dicho más arriba, la publicidad de la serie quizá me generó demasiadas ilusiones, pues hacía repaso de toda la oleada de teorías de la conspiración que surgieron al calor del último vídeo de Elisa Lam, en el que aparece haciendo aspavientos en el ascensor, como si estuviese escondiéndose de alguien.

    Además, en las imágenes se la ve intentando dar a los botones sin que el ascensor responda, lo que lleva a pensar en una posible trampa y asesinato.

    Pero en el cuarto y último episodio comprobamos que no hubo true crime, sino una triste historia en la que los problemas de salud mental causaron el terrible desenlace, pero que supuso mucho revuelo porque se filtraron equivocados al público, como que el tanque donde apareció el cuerpo estaba cerrado.

    Dejando ya de lado la estafa que supone tener enganchados a los espectadores con artificios para darles después semejante final, hay que reconocer que la serie trata temas como la marginación de ciertas comunidades y la salud mental y cómo ambas influyen en la creación de homicidas y suicidas. Y que la vida de Elisa Lam quizá podría haberse salvado si alguien hubiese prestado mayor atención a las señales que iba dando de que no se encontraba bien.

  • Luchas de poder y racismo en Dear White People

    Luchas de poder y racismo en Dear White People

    Estos días estoy viendo la inmerecidamente olvidada Dear White People de Netflix, una serie en la que un grupo de jóvenes experimentan su vida universitaria en una institución de élite en la que las luchas de poder y el racismo sutil e interiorizado forman parte del día a día.

    Contradicciones y luchas de poder

    Dear White People engancha por la fuerza de sus personajes y las historias que les ocurren, en las que no son presentados como héroes, sino como personas poliédricas que, aunque tengan razón en sus argumentos y batallas diarias, se ven también envueltas en grandes contradicciones.

    Aunque se trata de una serie bastante coral, el peso de la trama lo lleva Samantha, una joven birracial (mitad blanca, mitad negra) que conduce un programa radiofónico universitario con el mismo título que la propia serie. Samantha es pura pasión, puro Black Lives Matter, pero se lleva en muchas ocasiones críticas de sus propios compañeros de asociación por no tener un tono de piel suficientemente oscuro y eso la hace entrar en absurdas luchas de poder.

    Luchas de poder en las chicas de Dear White People
    Las luchas de poder entre las chicas de Wincester son constantes.

    Samantha, además, está enamorada de un joven blanco indie que se ve también obligado a mostrar su antirracismo más que ningún otro, aunque sus actitudes en muchos casos son interpretadas por los amigos de Samantha como condescendientes.

    Y es que ese es precisamente el tema principal de esta producción de Netflix, el racismo sutil y que en muchas ocasiones nos lleva a actuar de manera artificial, sin saber cómo abordar situaciones completamente normales por los prejuicios interiorizados que tenemos.

    Los espacios no mixtos dan seguridad a los jóvenes que sufren el racismo institucional
    Los espacios no mixtos dan seguridad a los jóvenes que sufren el racismo institucional.

    Porque, a excepción de unos supremacistas blancos y acosadores, el resto de personajes caucásicos en Dear White People son personas corrientes, bondadosas, pero que en la práctica no saben cómo mantener una relación de amistad o pareja con una persona distinta en términos étnicos.

    Izquierda y derecha en Dear White People
    La política, las confrontaciones entre izquierda y derecha, la otredad, la amistad entre personas que se encuentran en las antípodas ideológicas son temas comunes en Dear White People.

    Racismo institucional

    Caso aparte es el del racismo institucional que se pone sobre la mesa. Porque cuando la sátira de la propia serie te lleva a ver las costuras de todos los personajes y te entra la risilla floja observando sus contradicciones, de repente cae un jarro de agua fría en forma de, por ejemplo, un policía apuntando con un arma a uno de los amigos de Samantha simplemente para pedirle la documentación, o cualquier otra injusticia a la que desgraciadamente están muy acostumbrados, y vuelves a la realidad y a ver que tienen razón, y que el resto debe aprender a escuchar si realmente quiere ayudar.

    En este sentido, aunque el Decano de Wincester es afroamericano, se ve en seguida que tiene poco poder para resolver cuestiones graves de abuso policial o, incluso, de corrupción de los donantes multimillonarios de la universidad.

    Racismo dentro de la propia serie
    La sátira llega al punto de que en cierto modo hasta los afroamericanos estadounidenses pueden llegar a ser racistas con otros, como su compañero keniata. El actor, que no estará presente en la próxima entrega de la serie, ha denunciado por racismo a la productora.

    Aunque todavía voy por la mitad de la segunda temporada y he leído que hay quien siente como una estafa que hayan suprimido la importante aportación que hacía la figura del narrador en las anteriores, voy a aventurarme y a recomendarla como una gran serie, fácil de ver, con episodios de corta duración y que hace pensar.

    Cuentan los críticos de distintos medios que en los países de habla hispana, entre ellos España, por supuesto, no ha tenido gran acogida porque los temas se alejan de nuestras realidades. Quizá el hecho de que tengamos tan poco contacto con estos sentires es un síntoma de racismo en sí mismo, porque personas racializadas tenemos muchas alrededor.

     

  • Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo

    Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo

    Aunque he visto todas y cada una de las temporadas que se han emitido de Outlander, nunca había escrito nada sobre esta serie. Tal vez sea porque predomina el tono romántico más que el scifi histórico con el que inicialmente se vendió y sea uno de esos guilty pleasure (placer culpable) que todos tenemos y del que se avergüenza nuestro lado más cultureta y snob.

    El gancho de Outlander

    Esta serie de televisión británica-estadounidense, producida por Sony Pictures Television y Left Bank Pictures para Starz, está basada en las novelas de Outlander, de la escritora estadounidense Diana Gabaldon. Su punto de partida e hilo conductor son los repentinos e inesperados viajes en el tiempo que llevan a cabo primero Claire, una enfermera de la Segunda Guerra Mundial, y luego otros personajes.

    Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo
    Las localizaciones de exteriores son uno de los puntos fuertes de Outlander, mostrando cómo debían de ser los paisajes del siglo XVIII.

    A partir de ahí comienza la narración histórica, pues Claire, con su acento británico, aterriza en Highlands, Escocia, en pleno siglo XVIII. Pronto se verá envuelta en los levantamientos jacobitas, con la suerte o la desgracia para ella de saber cómo va a finalizar la historia, pues su marido en el siglo XX es un profesor erudito especialista en esa época y le ha contado con todo tipo de detalles qué ocurrió.

    Todo se complica cuando aparece un antepasado de Frank Randall, su marido (podrían haber elegido a otro actor parecido, pero en este punto no se esforzaron apenas y usaron al mismo), que es un auténtico psicópata.

    En este punto hay que señalar que la narración del enfrentamiento entre ingleses y escoceses se realiza siempre desde un punto de vista muy cercano a los clanes de Highlands, lo que trajo alguna que otra polémica en el Reino Unido.

    Outlander, el romance

    Claire es una mujer fuerte, con muchos conocimientos sanitarios, que pronto destaca en una época pasada donde la superchería y las enfermedades eran la tónica diaria.

    Así es cómo conoce al clan de los McKenzie y a Jamie Fraser, todo un guerrero escocés cuya valentía y lealtad no le impiden ser un hombre bastante asertivo y moderno. Y, claro, ambos, siendo tan estupendos, se enamoran.

    Jamie de Outlander
    Diana Gabaldon ha reconocido que se rió cuando le dijeron que habían elegido a Sam Heughan para interpretar a Jamie, pero no ha podido ser mayor acierto.

    Ella le confiesa su pasado y su procedencia y se crea entre ellos una gran complicidad, con una relación bastante realista y con escenas muy tórridas, muchas sin venir a cuento, dicho sea de paso. Y de repente eso se convierte en el eje de la serie y notas cómo te han hecho ‘la envolvente’, pero ya no puedes dejar de verla.

    Outlander revueltas jacobitas en Francia
    Las revueltas jacobitas los llevan, incluso, a Francia, donde ambos se aclimatan rápidamente.

    La historia transcurre en unas cuantas décadas en las que el romance va evolucionando, se introducen nuevos personajes que nacen o se cruzan con ellos y se va generando un universo de relaciones familiares, amistad, y también de enemistad, que le confieren el estatus de culebrón.

    diversidad LGTB en Outlander
    Jamie es un hombre tan avanzado para su época que mantiene una bella amistad con un aristócrata inglés homosexual.

    Corrupción británica en América

    Outlander, que va camino de ser un Cuéntame anglosajón del siglo XVIII, enmarca sus últimas temporadas en América del Norte, en el contexto previo a la Guerra de la Independencia, con Jamie entre la espada y la pared, tierras y favores cedidos por la Corona Británica y su corazón dividido entre las lealtades debidas y sus compatriotas escoceses.

    Corrupción de los gobernadores
    La corrupción de los gobernadores británicos es uno de los motivos del levantamiento de los reguladores.

    Las luchas de los reguladores contra la estafa que consideran los arbitrarios impuestos de la Corona Británica, la corrupción de los recaudadores y el genocidio contra los pueblos nativos americanos generarán muchas situaciones dolorosas, especialmente para los Fraser.

    reguladores contra la estafa de los impuestos
    Su protector y amigo Murtagh será uno de los más importantes reguladores levantados contra la estafa de los impuestos británicos.

    Y es que Outlander, si algo tiene positivo, es que no edulcora en absoluto el pasado (que era de todo menos maravilloso, como nos contaba el antológico blog La pizarra de Yuri hace ya diez años). Las enfermedades, la brutalidad, la ausencia de derechos para las mujeres, la superchería… se narran de manera realista y dejan claro que lo que Claire está viviendo, por mucho que esté contenta de estar con su amado Jamie, es una distopía.

    Asimismo, sus conocimientos sobre el futuro le hacen caer en la paradoja de que, cuanto más intenta que no ocurran ciertos acontecimientos, más los precipita.

    Helandos, antibióticos y vacunas
    Yo también echaría mucho de menos los helados si viajase al pasado. Y los antibióticos. Y las vacunas. Como Claire.

    Claire está atrapada, igual que lo estamos los seguidores de Outlander, en este culebrón que sabe utilizar las excusas scifi e histórica para tenernos entretenidos y deseando en secreto que llegue la próxima temporada.

    Para completar la sensación de estar viendo una telenovela, al final de cada episodio Starz emite un pequeño diálogo sobre lo ocurrido. Y a mí, que ya peino canas, me recuerda a la periodista española Charo Gómez Miranda, que utilizaba el personaje de “Doña Adelaida” para presentar los culebrones que se emitían en TVE allá por los años 90. Que yo no veía ninguno, eh…

  • Excesos de la última temporada de 13 Reasons Why

    Excesos de la última temporada de 13 Reasons Why

    Concluida ya 13 Reasons Why, una de las series adolescentes con mayor audiencia de Netflix, podemos señalar que sus dos últimas temporadas, y en especial la final, han sido un cúmulo de excesos e inverosimilitudes que incluso han impedido que se cumplan las expectativas de suspense.

    Excesos de tramas y muertes

    A este reducido grupo de adolescentes del Liberty High School que protagoniza la serie le ocurren demasiadas cosas, incluso para ser Estados Unidos, el país distópico donde una gran cantidad de centros escolares han sufrido tiroteos y niveles de violencia extremos.

    Violaciones, suicidios, drogas, homicidios, cárcel, VIH… son demasiados problemas para una sola pandilla de ocho chavales y chavalas. Muchas de las tramas se han metido con calzador por el empeño en continuar la exitosa producción cuando esta podría haber terminado perfectamente en su segunda entrega.

    Excesos de problemas
    Sí, Clay, los guionistas se han pasado presionando a los personajes de esta serie. Afortunadamente la vida, aunque es muy dura, no suele concentar tantísimas desgracias.

    Una de estas historias irrelevantes ha sido la del simulacro de tiroteo con disparos de balas de salva y sin avisar a los profesores. Sin duda dio mucho pie a cuadros de ansiedad, confesiones y escenas que generaban mucho drama, pero es complicado creer que en un centro donde están teniendo que enfrentar tantísimas desgracias vayan a poner a estudiantes y, sobre todo, a docentes en esta situación.

    La estafa del VIH

    Uno de los mayores excesos de los guionistas, en una opinión que comparten conmigo un montón de críticos y, además, expertos en VIH/Sida ha sido la muerte final de Justin Foley, en menos de diez días, por una neumonía complicada por un sida que nadie le había visto.

    Sida estafa de Justin
    La justificación de este último episodio flojea y hace que afloren críticas desde diversos sectores sociales, lógicamente decepcionados por este tratamiento tan anticuado de esta enfermedad.

    Afortunadamente la investigación y el tratamiento de este virus está tan avanzada que estas escenas rocambolescas que se mostraron en un excesivamente largo último episodio son cosa del pasado. A un adolescente como él, heroinómano y que ha vivido y se ha prostituido en las calles, al ser adoptado por esa familia de clase media se le habrían hecho unas pruebas y se le habría puesto un tratamiento. Y aunque no se le hubiese puesto, habría tardado como mínimo una década en desarrollar la enfermedad.

    Estafa con la muerte de Justin Foley
    Toda la moralina generada con el último episodio sobraba, pero por alguna razón que no comprendemos, guionistas y productores sintieron la necesidad de este exceso de metraje.

    Pero los creadores de 13 Reasons Why vieron necesaria esta estafa a los fans para moralizar sobre las irresponsabilidades de Foley, personaje al que la vida no le podía ir bien después de todos sus excesos vitales. Había que castigarlo.

    Estafa del último episodio
    El último episodio, además de excesivamente largo y repetitivo, se convierte así en una estafa a los fans.

    Un drama completamente innecesario teniendo en cuenta que a lo largo de las cuatro temporadas habían fallecido por diversas y terribles circunstancias otros cuatro alumnos de la misma promoción. Pero no pudieron resistirse a hacer un último episodio lacrimógeno, destinado quizá más al público adolescente que a los adultos que, ilusos de nosotros, nos enganchamos a la serie.

    Los excesos positivos

    Pero no todo ha sido tan negativo en estas dos últimas temporadas de 13 Reasons Why. La deriva autoritaria de padres y equipo directivo del centro, que ya no saben cómo abordar todos los problemas y los secretos que tienen sus hijos, sirve para poner sobre la mesa el debate sobre la vigilancia y el control de los menores y cuáles son sus límites.

    Opresión a los menores
    Hay que reconocer que Clay tiene algunas frases antológicas en esta temporada.

    En este sentido, un tema principal de esta temporada ha sido la opresión que el sistema educativo ejerce sobre los jóvenes y cómo esta puede llegar a influirles hasta conseguir que se desestabilicen mental y psicológicamente o lograr el efecto Pigmalión, es decir, que terminen comportándose como se espera de ellos. Si se cree que son unos criminales, terminarán siéndolo.

    Control y espionaje a los menores
    Cuando presionas hacia a un lado a un adolescente, probablemente salte por el otro.

    Otra cuestión muy interesante es el racismo. Las escenas en las que se ve cómo policías y vigilantes de seguridad discriminan y tratan con violencia a los estudiantes latinos reflejan una realidad social estadounidense que todos hemos podido comprobar en las noticias internacionales.

    Asimismo, me ha gustado que hayan incluido escenas cotidianas de relaciones homosexuales, contribuyendo a normalizarlas entre los más jóvenes.

    Relaciones homosexuales
    El baile de graduación es el elemento adolescente más ñoño que puede haber en una serie de estas características, pero tengo que reconocer que me ha hecho ilusión que los reyes del mismo hayan sido una pareja de chicos.

    Supongo que para los que estamos ya creciditos será una serie que pase sin pena ni gloria, pero espero que para los más jóvenes sirva para ser más tolerantes y no dejarse llevar por los prejuicios.

    Como bonus track (nunca mejor dicho) para los seguidores que no hayan indagado mucho en los actores de 13 Reasons Why, una canción de Wallows, el grupo de Dylan Minnette, el actor que encarna a Clay.