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  • Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Siempre se ha dicho que Foundation, una de las muchas obras maestras de Isaac Asimov, era imposible de filmar, y el intento que han hecho en Apple TV+ lo confirma, pues, lejos de la serie de libros original, ha terminado por construir su propio relato, no sabemos si por exigencias narrativas o por falta de capacidad para hacer una adaptación fiel.

    Y no puede decirse que esto haya pasado precisamente por falta de presupuesto, ya que los diez episodios de la primera temporada son todo un despliegue de recursos, tanto fílmicos como humanos.

    La premisa de Foundation

    De lo poco que hay de la historia original en la serie está el matemático y psicólogo Hari Sheldon (un siempre impecable Jared Harris), que predica haber descubierto que el Imperio Galáctico, de 12.000 años de antigüedad, va a caer inevitablemente y convence a Imperio (un soberbio Lee Pace) para que le dé un planeta en el que poder construir una comuna desde la que salvarlo.

    Es una premisa grandiosa en términos cronológicos, y muy difícil, por tanto, de llevar a una pantalla. Solo el primer libro de la serie de La Fundación se compone de cinco novelas cortas con personajes que no tienen nada en común y cuyas vidas se desarrollan en 150 años.

    Lee Pace en Foundation
    En algunos momentos podría decirse que Lee Pace sostiene enteramente la serie.

    El showrunner, David S. Goyer, limita Foundation la primera temporada a las dos primeras quintas partes de la novela original y las une de una manera un tanto forzada. La idea de Goyer de que Lee Pace interprete a un emperador Cleon eternamente clonado es una forma inteligente de darle a la serie un antagonista consistente, y es ahí donde reside su éxito.

    Cleon, la corrupción política y genética

    El emperador Cleon, que apenas figura en el primer libro, sostiene el peso de la historia, o mejor dicho, lo más interesante de ella, durante toda la primera temporada. Interpretado por tres actores: el hermano Day (Pace), el hermano menor Dawn (Cassian Bilton) y el hermano mayor Dusk (Terrence Mann), Cleon representa un autoritarismo vitalicio que invita a reflexionar sobre la clonación, la necesidad de mutabilidad de las cosas y la permanencia.

    Corrupción genética de Imperio
    Los tres personajes que encarnan los clones presentes de Cleón I tienen una relación de intrigas y luchas de poder, y son percibidos como la mayor amenaza contra el desarrollo de la humanidad en distintos planetas y religiones.

    Los clones de Cleon tienen el cometido de ser exactamente iguales a él, con una serie de indicadores que muestran si el clon es válido para continuar el legado del primero. La amenaza de corrupción genética mediante sabotaje, las propias preguntas que se hacen a sí mismos los clones y la visión que tienen de ellos en distintos planetas y religiones que se encuentran dentro del Imperio Galáctico son ciencia ficción, pura y dura.

    Demerzel - Foundation
    El personaje de Demerzel retoma la eterna cuestión de la evolución y la conciencia de las IA.

    Un imperio galáctico hipertecnológico que no recuerda ya en qué planeta vivieron los primeros seres humanos, ¿ha podido prosperar solo por un mando único con visión de futuro o es ese mando el que está impidiendo que los seres humanos se desarrollen?

    Los puntos débiles de Foundation

    A pesar de que, como escribí anteriormente sobre Foundation, hay personajes que no estaban en los libros y cuyas historias se escriben para poder dar continuidad narrativa a la serie, el desarrollo de la primera temporada es discontinuo en cuanto a su relevancia y al interés que despiertan sus propias tramas.

    Si bien Salvor Hardin (Leah Harvey) se convierte en una pieza clave para el surgimiento de la esperada revolución en los confines del imperio, su conexión esotérica con Gaal Dornick (Lou Llobell) y su historia de amor alejan a Foundation de la ciencia ficción y la llevan al terreno de la fantasía.

    En definitiva, las tramas prolongadas y el relleno que no lleva a ninguna parte hacen que desilusione a los fanáticos de Asimov. Y, si quería hablar de corrupción, política, religión y almas, se ha quedado bastante lejos también de otras series de ciencia ficción que han llevado la reflexión sobre estos temas a niveles muy profundos, como Westworld.

    No obstante, cómo no, esperaremos ansiosos a la segunda temporada.

  • Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.

    A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.

    El acosador Mitch Kessler en Italia
    Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.

    Corrupción en la UBA

    En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.

    Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.

    Regreso estafa de Alex Levy
    El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.

    Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.

    Stella la presidenta de Informativos Woke
    Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.

    Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.

    Desilusión con los personajes

    Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).

    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.

    Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.

    Julianna Margulis en The Morning Show
    Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.

    Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.

    El contexto de la pandemia

    Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.

    El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.

    Racismo con Daniel en The Morning Show
    Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.

    Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.

    Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.

     

  • Populismo e individualismo en The Good Fight

    Populismo e individualismo en The Good Fight

    Sucedió lo que tanto temíamos sus fans, y es que The Good Fight (CBS) ha llegado al final de su quinta temporada con tan solo diez episodios… ¡pero qué episodios! Esta temporada, a falta de un Donald Trump en el Despacho Oval, el populismo y el individualismo que siguen presentes en Estados Unidos han sido los protagonistas principales de la serie.

    Populismo, espectáculo y corrupción

    Como señalé hace semanas en un post, la trama del juez Wackner y su tribunal improvisado en la parte de atrás de una copistería es una de las historias principales de esta temporada.

    Manipulación y corrupción de David Cord en el tribunal de Wackner
    El juez Wackner se da cuenta de que ha sido manipulado por David Cord, que tiene su propia agenda.

    El juez Wackner, un aparente Don Quijote dispuesto a hacer accesible la administración judicial y cargado de buenas intenciones, termina encarnando la versión actual del populismo que convierte toda reforma en espectáculo y entretenimiento.

    Así, más parecido al programa “Veredicto” que presentaba Ana Rosa Quintana allá por los años 90, el tribunal sucumbe a la corrupción al permitir la financiación por parte del libertariano David Cord, personaje que pronuncia una de las frases más brillantes de toda esta temporada: “La locura está a solo un paso de la realidad si logras que la gente la crea. ¿Y sabes qué hace que la gente la crea? La televisión.”

    Populismo en los tribunales alternativos
    Las réplicas del tribunal del juez Wackner son histriónicas y no tienen ninguna garantía para los procesados.

    El asalto al Capitolio

    Como se intuía ya desde los primeros episodios, los creadores de The Good Fight, Robert y Michelle King, igual que muchos ciudadanos de todas partes del mundo, estaban en estado de shock por el intento de asalto al Capitolio del pasado 6 de enero, uno de los golpes más efectistas que ha dado el populismo hasta ahora.

    Los asaltantes, ataviados algunos de ellos con disfraces y bastante estereotipados, llegando a portar la bandera confederada, penetraron en la Casa Blanca con un claro mensaje, y es que prefieren el caos y la violencia a asumir las normas democráticas que rigen las sociedades occidentales.

    Este incidente se presenta de dos maneras en la quinta temporada de The Good Fight: poniendo entre la espada y la pared al matrimonio de la demócrata Diane Lockhart y el republicano amante de las armas Kurt Veight, y recreando la escena en la catarsis final de la temporada.

    Y es que el juzgado de Wackner termina volando por los aires cuando un grupo de secesionistas de Illinois se niega a aceptar el veredicto en contra de sus pretensiones individualistas y separatistas, y esa sala que tantos momentos hilarantes nos ha dado en esta entrega de la serie concluye de la misma forma que los títulos de crédito, hecha polvo y añicos.

    Recreación del asalto al Capitolio en The Good Fight
    Momento apoteósico en el final de la quinta temporada de The Good Fight: recreación del asalto al Capitolio, pero en el tribunal del juez Wackner.

    La moraleja de esta temporada es clara: el populismo y el individualismo empujan a la violencia, y una vez plantada la semilla, es difícil evitar sus consecuencias.

    Los problemas raciales

    Otro de los temas principales de esta temporada ha sido el conflicto racial latente en el bufete, con Liz Reddick y Diane Lockhart enfrentadas, cada una con sus legítimas razones.

    Por un lado, Liz representa a todos los socios y asociados negros del bufete, que no quieren que Diane tenga poder sobre la firma, a excepción de Julius Caine, que se vio envuelto en un montaje por no querer caer en las garras de la corrupción y al que Diane defendió cuando nadie creía.

    Por otro, Diane, que mantiene conversaciones imaginarias con la fallecida juez Ruth Bader Ginsburg, lamenta haber tenido que luchar siempre contra la discriminación por razones de sexo y haber tenido que labrar su futuro para ahora tener que dar un paso atrás por la igualdad de los afroamericanos, que apoya, pero a la vez le genera contradicciones y un gran dilema al chocar directamente contra sus intereses.

    Dilemas y contradicciones de Diane Lockhart
    Dilemas y contradicciones de Diane y Liz durante el conflicto racial que divide al bufete.

    Finalmente, y tras tener que tomar una decisión in extremis por la presencia de los jefes-jeques árabes de STR Laurie y habiendo sopesado la también populista idea de hacer dos bufetes, uno con empleados negros y otro con blancos, Diane hace gala de su ética y magnanimidad y, al recordar que el bufete Boseman & Reddick la acogió cuando cayó en bancarrota por haber sido víctima de una estafa, rechaza su puesto como socia principal y decide quedarse únicamente como socia capitalista.

    No obstante, y a juzgar por la última escena en la que ella y Kurt esperan al ascensor para irse de vacaciones, la sexta temporada promete que Diane no se quedará de brazos cruzados y peleará por lo suyo.

    En este sentido, la propia actriz Christine Baranski ha señalado en una entrevista con Entertainment Weekly que esta temporada ha sido muy “tensa”, pues tanto ella como Audra McDonald, la actriz que da vida a Liz Reddick, han estado muy expectantes para ver cómo se solucionaba el conflicto.

    Diane y Liz tienen un conflicto racial
    La tensión entre ambas se suaviza y relaja cuando, en un episodio absolutamente delirante, una cadena de televisión conservadora las señala como lesbianas, cosa que no dudan en utilizar para salvar un juicio.

    Baranski ha confesado que ver a Diane utilizando a sus clientes racistas para hacer presión en el bufete le ha provocado cierta dosis de frustración, pero cree que era lo que intentaban los creadores de la serie, “desafiar tanto a Diane como al espectador”.

    Celebrando otra apoteósica temporada de The Good Fight, nos quedamos brindando por los nuevos retos que nos traiga la sexta en 2022.

  • In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    In treatment regresa como reflexión sobre la sociedad

    Lo último que esperábamos los viejunos seguidores de In treatment (HBO) es un regreso de la serie, once años después, y con la misma calidad a la que nos tenía acostumbrados. Sin duda, algo para celebrar en estos tristes años de la pandemia.

    Y algo necesario. Porque la cuarta temporada de In treatment ha vuelto con la intención de hacernos reflexionar sobre el momento en el que nos encontramos como sociedad, con la salud mental completamente olvidada o deteriorada a nivel poblacional y muchas necesidades afectivas sin resolver, agudizadas por el aislamiento de confinamientos y cuarentenas.

    Colin acaba de salir de la cárcel por estafa
    Los colores del decorado, el ambiente y el vestuario de la protagonista son completamente opuestos a los de las anteriores temporadas.

    La esencia de In treatment

    La nueva versión de In treatment tiene lugar en Los Ángeles, ciudad antagonista de Nueva York, en la que el doctor Paul Weston tenía su despacho gris y anodino. En este caso será la doctora Brooke Taylor, interpretada magistralmente por Uzo Aduba (Orange is the new black), la que charlará con sus pacientes en su colorida casa en Baldwin Hills, conocido como el Beverly Hills afroamericano.

    La elección de este nuevo y alegre enclave ha sido deliberada para invitar a los espectadores a sumergirse en la serie, pues no veían necesidad de, ya que trata problemas psicológicos, construir un ambiente claustrofóbico que recordase a sus propios confinamientos, según explican los creadores.

    La relación de Brooke con Adam es una estafa por parte de ella
    Brooke mantiene una relación con Adam (Joel Kinnaman, The Killing, Altered Carbon), que está profundamente enamorado de ella, y al que ella mantiene lejos y miente constantemente.

    El nexo con las anteriores temporadas lo encontramos en que Brooke es exalumna de Paul Weston, que intenta localizarla durante varios episodios.

    En este contexto, en una casa diseñada por su recién fallecido padre, un exitoso arquitecto que exigía a su hija por encima de sus posibilidades y que la traumatizó para toda la vida, Brooke transita su propio duelo haciendo lo contrario de lo que predica, como ya hacía su mentor.

    Y es que ahí reside lo cómico en este drama, en que el doctor atraviesa los mismos problemas que intenta solucionar en los demás.

    Los pacientes ‘In treatment’

    Como en anteriores temporadas, los episodios se estructuran por pacientes y semanas, con un total de tres pacientes, más otro episodio en el que se aborda la vida personal de Brooke.

    El primero de los pacientes, Eladio, es un joven latinoamericano que trabaja como interno cuidando a Jeremy, otro joven de su edad con una enfermedad degenerativa, y que a través de las sesiones va estableciendo con Brooke una relación que transgrede los límites profesionales y se acerca más a la maternidad, cuestión con la que ella mantiene un gran trauma.

    Eladio va descubriendo su malestar en la familia rica que lo tiene contratado, dándose cuenta de que es un recurso más para ellos y no tiene la relación que le gustaría.

    El segundo, Colin, es un exmagnate tecnológico que acaba de salir de prisión por apropiación indebida y estafa y hace el tratamiento como parte del acuerdo de libertad condicional. Se trata de un hombre soberbio, mentiroso compulsivo, con el que Brooke tiene varios encontronazos en los que le recuerda que es un hombre blanco, heterosexual, adinerado y que se queja por no haber llegado al éxito cuando el mundo entero está hecho para él, aunque ella misma también ha tenido una vida relativamente sencilla en lo económico gracias a la situación de su padre.

    Colin sale de la cárcel por estafa
    Colin intenta mentirse a sí mismo y endulzar su propia versión del delito de estafa y las mentiras que contó a su mujer, pero a lo largo de las sesiones va conociéndose más y más a sí mismo.

    La tercera paciente, Laila, es una adolescente de 18 años víctima de una abuela dominante que lleva años maltratándola físicamente y que espera de ella que vaya a la mejor universidad y tenga una carrera profesional exitosa, lo mismo que le sucedía a Brooke con su padre.

    Laila es una joven muy inteligente, reflexiva, que, igual que Eladio, hace reflexionar a Brooke sobre aspectos no solo de su propia vida, sino de la sociedad en general.

    Laila
    Laila intenta llevar una apariencia normal, pero tiene la autoestima destrozada por el maltrato físico y psicológico, y una gran necesidad de reivindicarse a sí misma, como la propia Brooke.

    Porque con Laila y Eladio puede palpar de cerca, como ella misma, las situaciones de racismo que se viven en Estados Unidos, siempre con las manifestaciones de Black Lives Matter como telón de fondo. Colin, sin embargo, representa el mundo de la corrupción, de la soberbia, de la altanería.

    Y así, en cada episodio los espectadores podemos disfrutar de una serie que aborda temas trascendentales, nos considera inteligentes y nos conmueve profundamente.

  • Blackpills Movistar impulsa el formato de episodios breves

    Blackpills Movistar impulsa el formato de episodios breves

    Movistar ha presentado un nuevo servicio en colaboración con la productora Blackpills por el que ofrecerá acceso a series con episodios ultrabreves como Virgin in Paris, Making a scene o Playground, todas con episodios de entre 15 y 20 minutos de duración.

    Blackpills Movistar, disponible a través de Google Play Store para clientes de la plataforma Movistar+, incluye en la actualidad 15 series, con una previsión de aumento de dos series mensuales, a un precio de 2,99 euros.

    Virgin in Paris - Blackpills
    Aunque la app está ideada para el móvil, en un futuro podría contemplar el ofrecer el servicio a través de canales adicionales, así como su lanzamiento en otros mercados.

    La oferta de Blackpills Movistar

    Blackpills se describe como “un mundo de miniseries de corta duración, frescas, divertidas e irreverentes para verlas en cualquier momento a través de nuestra aplicación”.

    Se trata de series están producidas por talentos cinematográficos internacionales como Luc Besson, James Franco y más estrellas de renombre del cine independiente que distribuyen o trabajan para la productora.

    Interface de Blackpills
    Los títulos que ya están disponibles son Virgin in Paris, Playground, You got trumped, Skal, Making a scene, The social network L.A, Event Zero, Al wrong o Skinford, entre otros.

    Virgin in Paris se basa en Virgin, un best-seller young adult de Radhika Sanghani; Making a Scene nos muestra a James Franco recreando secuencias famosas de la historia del cine desde una perspectiva distinta; y Luc Besson presenta una de sus muchas fantasías de jóvenes asesinas profesionales con Playground, rebosante de la acción marca de la casa.

    El triunfo de lo breve

    Es un paso importante para la exploración de este género de episodios breves, pero seguro, pues en otros países ha tenido muy buen resultado, pues se ajusta a las nuevas formas de consumo de streaming que se dan al utilizar el transporte público para pequeños trayectos, en ratos libres mientras se espera a alguien con quien se ha quedado, etc.

    Este formato de serie breve lo encontramos en Love, Death & Robots (Netflix) y sus proyecciones de futuro con ciencia ficción, humor negro y violencia en mundos acabados o derrotados por la corrupción y la guerra; la original Calls (Apple Tv), con sus sucesos de ciencia ficción que vamos conociendo a través de conversaciones telefónicas, o en la más tradicional en cuanto a su puesta en escena pero igualmente original State of the union (Sundance Channel), en la que un matrimonio a punto de romperse conversa durante los 12 minutos previos a entrar a la terapia de pareja.

    Nuevos formatos para nuevos públicos o para los mismos de siempre, pero con nuevos hábitos. Toda innovación se agradece.

  • Solos, una serie sobrevalorada

    Solos, una serie sobrevalorada

    Cuando los amantes de la ciencia ficción escuchamos que hay una serie nueva del género y que hay muchas personas que la recomiendan, en seguida nos hacemos ilusiones de que vamos a encontrarnos frente a algo interesante y rompedor. No es el caso de Solos (Amazon Prime) que, si bien podría haber sido una producción magnífica, está siendo muy sobrevalorada.

    Solos, una serie hecha en pandemia

    La primera limitación que se ve en Solos es que sus episodios, independientes y autoconcluyentes, están protagonizados únicamente por un actor (a excepción del último, en el que hay dos) que realiza un monólogo, ya sea consigo mismo, con un doble, con su propio personaje en distintas líneas temporales, o con una IA que aparece de comparsa.

    Episodio de Tom, una estafa
    El episodio de Tom se hace largo y pierde interés por momentos.

    Es un nuevo formato de reducción de actores que ya han experimentado otras series, como Euphoria, también con nefastos resultados.

    Porque, para enganchar y mantener la atención, el ritmo del texto, la interpretación y el contexto tienen que ser los adecuados para no aburrir o no hartar a los espectadores, y es algo que Solos no consigue.

    La estafa de los personajes

    Ya desde el primer episodio, en el que Anne Hathaway descubre cómo viajar en el tiempo podemos ver una desconexión entre Leah, el personaje que interpreta, una científica que intenta escapar del sufrimiento que la enfermedad de ELA ha producido en su madre, amor de su vida, y las líneas que le atribuyen.

    El personaje de Leah es una estafa
    El personaje de Leah presenta estereotipos de género terribles y superficiales pese a tratarse de una gran científica que ha descubierto los viajes en el tiempo.

    Es inevitable que cualquier fanático de la ciencia ficción dura se eche las manos a la cabeza viendo cómo se destroza el personaje de una científica exitosa sometiéndola a diálogos propios de las comedias románticas más estúpidas de Hollywood.

    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta
    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta.

    Y, aunque el de Leah es el caso más sangrante, produce mucha decepción que en el episodio de Sasha hayan dejado pasar la oportunidad de hace que Uzo Aduba se luzca como la grandísima actriz dramática que demostró ser en Orange is the new black y termine siendo un monólogo teatral excesivo y aburrido.

    Porque en Solos no hay un solo episodio redondo, como sí lo hay en otras series como Black Mirror, que, a pesar de sus altibajos, ha sabido mantener la calidad general y ha hecho algunos capítulos antológicos. Me atrevería a decir, incluso, que no está dentro del scifi, sino que es un drama aderezado con ciertos toques de ciencia ficción en el contexto y en los decorados, sin más. Si la vais a empezar pensando que tienen algo que ver, sentiréis que es una estafa.

     

  • Hell on Wheels, suciedad y corrupción en la expansión del ferrocarril

    Hell on Wheels, suciedad y corrupción en la expansión del ferrocarril

    Como hay voces que apuntan a que podrían confinarnos en casita unas semanas, voy a empezar un ciclo de post sobre series antiguas que merecen la pena.  Hoy le toca a Hell on Wheels (AMC), cuyos seguidores todavía podemos sentir el olor y el sabor a tabaco, whisky, humedad, sudor, barro, suciedad, sangre y enfermedades que ambientan este atractivo western.

    No en vano, la serie toma su nombre del campamento itinerante compuesto por tiendas de campaña, vagones de madera, salones de juego, prostíbulos e iglesias ambulantes que sirvió de cobijo y acompañó a los obreros que construyeron el primer ferrocarril transcontinental de Norte América en 1865, recién terminada la Guerra de Secesión que se saldó con 600.000 muertos y millones de damnificados social y económicamente.

    Cullen Bohannon
    Curiosamente, el tatara-tatara-tatara-abuelo de Anson Adams Mount IV, actor que interpreta a Cullen Bohannon, fue un coronel de la Caballería Confederada en la Guerra de la Secesión.

    En Hell on Wheels, Cullen Bohannon, exsoldado confederado que no solo ha perdido la guerra, sino también a su familia, intentará comenzar una nueva vida como capataz de las obras de la Union Pacific, en la que inmigrantes irlandeses y exesclavos se ven obligados a competir en productividad con los inmigrantes chinos de Central Pacific, la única empresa que le hace la competencia.

    Corrupción en Hell on Wheels

    A cargo de Union Pacific, y como jefe de Bohannon, se encuentra el empresario explotador y sin escrúpulos Thomas C. Durant, personaje histórico que protagonizó el escándalo de corrupción Crédit Mobilier al malversar fondos públicos y manipular el precio de la construcción del ferrocarril, a cargo de dinero público del Gobierno de los Estados Unidos.

    La corrupción política y judicial, el racismo nada encubierto tras la reciente y obligada abolición de la esclavitud, el machismo, el fundamentalismo religioso y el capitalismo salvaje que caracterizaron el periodo inmediatamente posterior a la cruenta guerra civil estadounidense se combinan de manera muy hábil y realista en esta serie, que, además, no tiene ningún reparo en mostrar el genocidio de los nativos americanos como tal, si bien este, en la época en la que se ambienta, ya estaba prácticamente consumado.

    Thomas C. Durant, personaje histórico que protagonizó el escándalo de corrupción Crédit Mobilier
    Thomas C. Durant, personaje histórico que protagonizó el escándalo de corrupción Crédit Mobilier.

    Así, Hell on Wheels engancha por su naturalidad a la hora de presentar la atmósfera de degradación y suciedad de posguerra en la que soldados sociópatas se jactan de arrancar cabelleras a los nativos americanos amparándose en todo tipo de pseudociencias y supercherías como la frenología. Una atmósfera en la que conviven asentamientos y fortificaciones de mormones armados hasta los dientes e iglesias cristianas móviles siempre dispuestas a hacer proselitismo para alienar a los obreros, todos ellos mal pagados y sin ningún derecho de los que hemos gozado nosotros.

    Personajes variopintos

    El realismo de la serie se muestra también en los personajes, que se ven fuertemente condicionados por su entorno, con puntos de inflexión que, a pesar de su gravedad, se encuentran perfectamente integrados en la trama.

    "El sueco" es uno de los personajes más brillantes que se hayan hecho en todas las series
    “El sueco” es uno de los personajes más brillantes que se hayan hecho en todas las series.

    Entre todos los caracteres destaca especialmente “El Sueco”, que ni siquiera es sueco, sino noruego, aunque recibe ese apodo porque los habitantes de Hell on Wheels son incapaces de distinguir un país de otro. Este camaleónico personaje, que sorprende en los primeros episodios por su caracterización de villano, presenta una trayectoria tenebrosa y juega un papel fundamental en la serie.

    Otra personalidad de peso en la serie es Eva, cuyo personaje está basado en Olive Oatman, una joven de 14 años que, tras ser secuestrada y esclavizada durante un año junto a su hermana por la tribu yavapi, fue vendida a los indios mojave, que la marcaron con un tatuaje azul en su barbilla. Cuando las autoridades hallaron a Olive cuatro años después, esta parecía contenta con su nueva vida, aunque sus historias sobre el cautiverio se fueron tornando más y más negativas a medida que transcurría su tiempo en libertad, lo que ha llevado a algunos a pensar, a posteriori, que pudo sufrir Síndrome de Estocolmo.

    Imagen de Olive Oatman.
    Imagen de Olive Oatman.

    Aunque en la tercera temporada Hell on Wheels tiene un ligero traspiés en los únicos tres episodios escritos por John Wirth (guionista en varios capítulos del infame remake de V, entre otras estafas) han supuesto un ligero traspiés, cabe reseñarla como serie a recomendar. Porque, sin llegar a la calidad y a la profundidad de Deadwood, a la que dedicaré otro merecidísimo post retrospectivo (las comparaciones son odiosas, pero en este caso, inevitables), ha sabido compaginar de manera verosímil la ficción dramática con la narración de los hechos históricos y las costumbres de una de las épocas más sucias y oscuras del capitalismo estadounidense.

  • Arrepentimientos, guerra y nuevo villano en The Expanse

    Arrepentimientos, guerra y nuevo villano en The Expanse

    La que ya sabemos a ciencia cierta que va a ser la penúltima temporada de The Expanse nos está dejando unos momentos fabulosos en cuanto a producción y desarrollo de unos personajes que se enfrentan a los arrepentimientos por sus acciones del pasado mientras se ven abocados a la guerra total del Sistema Solar contra un nuevo villano.

    Arrepentimientos

    Los seis primeros episodios emitidos hasta la fecha por Amazon muestran a los cuatro tripulantes de La Roci esparcidos por distintas zonas del espacio, cada uno luchando contra sus demonios e intentando solventar sus arrepentimientos, a excepción de Holden, por supuesto, que para ser el personaje aglutinador, es un bueno de libro infantil, sin aristas, ni carisma (una estafa, para qué negarlo).

    Holden The Expanse
    Se echa de menos alguna doblez en el personaje de Holden, que es un bueno simplón y al uso, en contraposición con la complejidad de The Expanse.

    Alex Kamal se encuentra en su natal Marte con la exmarine Roberta Draper, persiguiendo los casos de corrupción de la antigua colonia, que está vendiendo todo su arsenal a los cinturonianos (en una trama que recuerda a lo que cuenta Naomi Klein en La doctrina del shock sobre lo que sucedió cuando se desmanteló la URSS y todos los altos cargos corruptos vendieron la industria del país por menor precio de su valor).

    Corrupción en Marte
    La corrupción campa a sus anchas entre los ilustres y reputados generales de Marte, que malvenden toda el armamento de su planeta autoconvenciéndose de que están actuando estratégicamente por el bien común y el propósito final de la expansión humana.

    Amos Burton, el sociópata por circunstancias de la vida que prefiere estar al lado de Holden porque sabe que le va a llevar por el buen camino, se halla en la Tierra enfrentándose a su pasado, a haber abandonado a su madre y resolviendo cuentas pendientes con sus amigos criminales, incluida Clarissa Mao, la hija del magnate Mao y hermana de Julie encerrada en una prisión de máxima seguridad de la ONU por todos los crímenes cometidos durante la tercera temporada.

    Amos en la tierra
    Amos regresa a la Tierra, donde queda atrapado tras el ataque con asteroides que realiza Marco Inaros.

    La que mayores arrepentimientos sufre es, sin embargo, Naomi Nagata, que ve cómo su hijo Philip, al que se vio obligada a dejar con su padre siendo pequeño, se ha convertido en un asesino de millones de terrícolas por la influencia que su progenitor ha tenido sobre él a lo largo de su vida.

    Naomi no ve nada heroico en lo que ha hecho Marco Inaro, que insiste en presentarse como el liberador de los cinturonianos.
    Naomi no ve nada heroico en lo que ha hecho Marco Inaro, que insiste en presentarse como el liberador de los cinturonianos.

    Nuevo villano

    Y es que el progenitor de Philip y antigua pareja de Naomi, Marco Inaros, es el contrapeso de Holden y encarna en esta quinta temporada el papel de villano, pues, aunque no le faltan razones y posee argumentos muy sólidos en su batalla por la independencia de los cinturonianos, asesinar a millones de personas por una causa es algo que los más honrados no están dispuestos a aceptar.

    Es así cómo Naomi Nagata, lidiando con sus sentimientos, se adentra en el corazón de la organización cinturoniana, ahora perseguida por todo el Sistema Solar, para intentar salvar la vida de su hijo y llevarlo por el buen camino.

    Se agradece que en este arco argumental se dé también mucha más importancia a Cara Gee, alias Drummer, la cinturoniana que quiso mantenerse neutral e independiente ante Fred Johnson y que prefirió liderar un barco pirata a sumarse a ninguna facción. Su nave, la Dewalt, es una pequeña comuna poliamorosa donde todos se quieren y se respetan en armonía.

    Comuna poliamorosa de Drummer
    La comuna poliamorosa de Drummer aporta la diversidad que faltaba en la serie.

    Perspectivas de futuro

    Y mientras todos los personajes se encuentran dispersos por el Sistema Solar, con sus batallas personales y políticas, el portal intergaláctico llamado El Anillo y ubicado más allá de Urano, sigue ahí como meta para la futura colonización humana.

    Arrepentimientos de Avasarala
    Avasarala también sufrirá sus propios arrepentimientos por haberse separado de su marido, desaparecido tras los ataques a la Tierra.

    Holden tiene claro que explorar esos mundos puede despertar la ira de los seres alienígenas que los habitan o los han habitado, pero la carrera por una nueva expansión humana parece no tener límites y la guerra que se está librando no es otra cosa que una lucha de poder por los recursos que ofrece.

    El papel de Jeff Brezos

    Un dato curioso sobre estas temporadas de The Expanse es que estamos disfrutándolas porque son un capricho personal de Jeff Brezos, el multimillonario dueño de Amazon.

    The Expanse, adaptación de las novelas de James SA Corey (seudónimo de los escritores Daniel Abraham y Ty Franck), no tuvo una buena aceptación inicial y fue cancelada en 2015, pero Brezos compró los derechos y la producción y la pasó a su cadena.

    Desde entonces, la serie no ha hecho más que subir en calidad de producción y en audiencia, siendo cada temporada más política y reflexiva.

    Podría decirse que es un ejemplo de Trickle-down Economics (Teoría del goteo hacia abajo o Efecto derrame, en español), en el que los pobres mortales, o mejor dicho, los mortales pobres nos beneficiamos de la riqueza de los de arriba.

    A cuatro episodios de finalizar esta penúltima temporada, ya se puede decir que va a ser una de las mejores producciones de 2021.