Tag: acoso sexual

  • Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.

    A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.

    El acosador Mitch Kessler en Italia
    Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.

    Corrupción en la UBA

    En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.

    Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.

    Regreso estafa de Alex Levy
    El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.

    Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.

    Stella la presidenta de Informativos Woke
    Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.

    Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.

    Desilusión con los personajes

    Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).

    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.

    Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.

    Julianna Margulis en The Morning Show
    Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.

    Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.

    El contexto de la pandemia

    Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.

    El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.

    Racismo con Daniel en The Morning Show
    Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.

    Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.

    Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.

     

  • Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Este confinamiento me está dando tiempo para ver muchas series que tenía pendientes, como The Morning Show, la puesta de largo de Apple TV+ que trata sobre el acoso sexual y su encubrimiento generalizado en entornos televisivos.

    El post entero contiene spoilers, así que, si todavía no la has visto, tenlo en cuenta y no te adentres demasiado.

    El elenco

    Uno de los puntos fuertes de esta serie es el elenco que la conforma. Jennifer Anniston, Steve Carell y Reese Whiterspoon imprimen una calidad tremenda a una producción que, de lo contrario, quizá hubiese pasado más desapercibida.

    Para algunos espectadores, entre los que me encuentro, esta se trata de una de las mejores actuaciones de Jennifer Anniston (no voy a negar que le tenía cierta manía en Friends, y a la serie entera). Borda su papel de presentadora del programa informativo matutino más famoso de Estados Unidos. Quizá también porque en sí misma, Alex Levy, su personaje, es la viva imagen de su público objetivo, mujeres estadounidenses de clase acomodada.

    Steve Carell, por su parte, interpreta el papel de copresentador acusado de acoso sexual y presunta víctima del movimiento #MeToo. Y tiene enjundia que precisamente sea este actor quien protagonice esta serie, pues ya su personaje de director en The Office era un tipo que se pasaba el día haciendo chistes sexistas e inapropiados (“That´s what she said”), pero con un aire de candidez, así que quien hiciese el casting sabía lo que tenía entre manos.

    Aborto en The Morning Show
    El personaje de Bradley Jackson es tan fresco y espontáneo que hasta confiesa en directo haberse practicado un aborto. En directo. En Prime Time. En Estados Unidos.

    Por su parte, Reese Witherspoon continúa su senda de producciones televisivas feministas, iniciada con la magnífica Big Little Lies, de la que os he hablado varias veces en este blog. Aquí hace de Bradley Jackson, una reportera de Virginia que no puede evitar decir las verdades a la cara y tener conflictos, incluso, con gente con la que no debería y de los que puede salir muy perjudicada.

    El resto de actores hacen su papel de forma más que solvente, con especial mención a Billy Crudup, que interpreta a Cory Ellison, presidente recién nombrado de la división de informativos, un tipo inteligente, astuto y que instiga toda la revolución que va a haber en el programa, aunque con el objetivo de medrar (veremos qué papel le dan en la siguiente entrega).

    Personaje de Cory
    Cory Ellison es probablemente el personaje más extraño de toda la serie, siempre empujando a los demás a actuar, con el objetivo de medrar, pero también de divertirse, pues es un cínico en toda regla.

    #MeToo

    Otro de los puntos fuertes que tiene la series es que, aunque resulta muy evidente por los primeros planos que le dedican a las que luego sabremos que fueron las víctimas de Mitch Kessler, los hechos no se narran hasta casi el final de la primera temporada (ya hay segunda en marcha).

    Y es que, durante los primeros episodios, se puede ver a un Kessler deprimido, haciéndose la víctima y quejándose de que el movimiento #MeToo, del que él tanto ha informado y con cuyas víctimas él tanto se ha solidarizado en antena, ahora se ha descontrolado y ya se acusa a gente que no ha hecho nada, como él.

    Encubrimiento generalizado
    Una de sus víctimas es quien acusa a Kessler ante Recursos Humanos.

    Nada más lejos de la realidad, pues, según se van desentrañando los hechos, se ve que, si bien no emplea la violencia para sus actos, sí fuerza a muchas de sus compañeras amparándose en el miedo de estas a ser despedidas, e incluso en el respeto que les infunde su jefe.

    El poder y el privilegio como armas para la impunidad ante el acoso sexual, y el encubrimiento como modus operandi del resto del equipo es algo habitual en la industria del entretenimiento, como hemos podido ir comprobando tras casos como el del condenado Harvey Weinstein. Ni siquiera es necesario realizar amenazas explícitas.

    Machismo despiadado e hipócrita

    En The Morning Show se muestra, además, la hipocresía de quienes aseguran haber tomado la medida de expulsar a Kessler por sus conductas inapropiadas mientras simultáneamente están buscando cómo expulsar del programa a Alex Levy porque la consideran “vieja” y sin “química” con el presentador.

    En este sentido Jennifer Anniston imprime al personaje de Levy la fuerza de la mujer que llega al culmen de su carrera y se ve abocada a enfrentarse a todo el “club de machitos” para mantener su estatus en el programa.

    Encubrimiento y corrupción
    Alex Levy sufre el machismo, pero a la vez ejerce opresión y machismo sobre las víctimas de su compañero.

    Levy mantiene a lo largo de toda la temporada conversaciones muy desagradables para poder seguir siendo la presentadora. Se ve, además, cómo ha tenido que renunciar a toda vida familiar, llevándose el rechazo de su hija, para poder estar en un puesto que, sin embargo, se da porque sí a un compañero suyo que no cesa de cometer delitos contra las mujeres (que ella también encubre, por supuesto).

    Encubrimiento de los compañeros y compañeras

    En el ambiente de trabajo que se muestra en The Morning Show hasta el aterrizaje forzoso de Bradley Jackson, lo habitual es que tanto hombres como mujeres hiciesen chistes y comentarios de mal gusto sobre las víctimas de Kessler.

    Encubrimiento y complicidad
    Mirar de otra manera a la víctima, reírse de ella, creer que ha mantenido relaciones sexuales por medrar… todo son formas de encubrimiento y complicidad.

    La propia Levy, como le señala Kessler, es la más cruel y despiadada con las chicas. No hace falta ser hombre para ser cómplice.

    Es la cultura del silencio sobre los actos de violencia y de encubrimiento y culpabilización de la víctima. Nadie quiere ver que su jefe es un depredador y, sin embargo, piensan en sus víctimas como unas trepas que se acuestan con él porque quieren dar un empujón a su carrera profesional.

    Encubrimiento y corrupción empresarial

    En la cima de todo el encubrimiento se encuentra el presidente de la cadena, que cuando una de las víctimas acude a él llorando para pedir ayuda por lo que le ha ocurrido, le pide que no lo diga en alto e inmediatamente le da un ascenso.

    Corrupción empresarial en The Morning Show
    En la cúspide del encubrimiento y la corrupción empresarial se sitúa el presidente de la cadena.

    En The Morning Show se hace una gran denuncia de la corrupción empresarial, que se manifiesta también en censura de noticias que perjudican a la clase social a la que pertenecen tanto su presidente como los anunciantes. Y es el propio presidente contrata a una investigadora privada para que culpe a otra persona de sus propios delitos. Nada que no ocurra en el mundo real.

    La moraleja que nos deja esta serie es la necesidad de exponer a los depredadores sexuales y enfrentarnos a todos los estamentos que se intenten interponer en el camino, pero manteniendo a la vez seguras a sus víctimas, pues son las que sufren por partida doble y triple el abuso y la corrupción generalizada del sistema.

  • Misterio, prostitución y tejemanejes de la CIA en The New Pope

    Misterio, prostitución y tejemanejes de la CIA en The New Pope

    Ya he escrito alguna vez sobre lo magistrales que son ambas entregas de la serie de ficción de Sorrentino sobre el Vaticano (HBO): The Young Pope y The New Pope. Hoy me quiero detener en varios aspectos de la última entrega que no he visto muy comentados en blogs y redes sociales: el misterio de la propia creencia, la prostitución y las injerencias de actores políticos externos.

    Se trata de un post repleto de SPOILERS, así que, si no quieres que te arruine la serie, no sigas.

    El Misterio con mayúsculas

    Comienzo por la parte más religiosa, aunque no por ello menos blasfema de The New Pope, la que corresponde al misterio, a la revelación misma de la deidad en la figura de Lenny Belardo (increíblemente interpretado por Jude Law).

    Ambos Papas se presentan como farsantes.
    Ambos Papas se presentan a la vez como farsantes y grandes personas entregadas a la Iglesia.

    Lenny Belardo se manifiesta como un santo capaz de obrar milagros tan dudosos desde el punto de vista moral como matar a su sucesor, un Papa franciscano dispuesto a entregar las riquezas de la Iglesia Católica a los pobres, simplemente moviendo un dedo desde su coma. Un dios un tanto extraño este que se revela para mantener el estatus quo y la corrupción de su institución.

    Belardo despierta tras meses inconsciente y parece conocedor de muchos secretos que han tenido lugar en su ausencia, pero, según vamos conviviendo más con el personaje, vemos que es un megalomaníaco con complejo de Dios y ni él mismo sabe reconocer sus propios límites.

    No obstante, en esta ensoñación fantástica que son estas creaciones de Sorrentino, siempre queda lugar a la duda, y su muerte en la Plaza de San Pedro en un stage diving (zambullida desde el escenario) que daría mucha envidia al propio Iggy Pop queda envuelta en un halo de misterio y divinidad.

    stage diving
    La escena del Papa Pío XIII haciendo un lanzamiento desde el escenario quedará grabada en nuestras retinas para siempre.

    ¿Es Lenny Belardo un santo o un farsante? ¿Se manifiesta dios para que todo en el Vaticano siga como está?

    Fruto de estos delirios se genera, asimismo, un fanatismo que deriva en un grupo terrorista similar al islámico, porque el paroxismo religioso es idéntico en las distintas creencias.

    Prostitución y doble moral

    Otra de las temáticas que más se tratan en esta secuela es la prostitución, presuntamente instaurada en el seno de la Iglesia tanto dentro de la curia como entre la sociedad laica que la sostiene.

    Resulta sobrecogedora y aterradora a partes iguales la red de prostitución de mujeres requerida por jueces, médicos y altos funcionarios para satisfacer las necesidades de sus hijos discapacitados. El espectador se queda perplejo ante el nivel de blasfemia o de realismo, preguntándose eternamente si existe tal trama en la realidad y asombrándose pensando en la sola posibilidad.

    En este sentido, el tema de la prohibición del aborto por parte de la Iglesia se enfoca desde un ángulo duro, no apuntando hacia entrañables bebés, sino hacia preadolescentes y adolescentes ya desarrollados. Incluso en uno de los casos, en los que Lenny intenta mediar haciendo un milagro, se ve a una madre creyente completamente destrozada por ver a su hijo con espina bífida postrado en una cama. La dicha de la maternidad convertida en una penitencia, el arrepentimiento de haber tenido a un hijo que sufre a diario.

    Menos empatía provoca en el espectador la corrupción moral de los cardenales en orgías con prostitutas, algunas de ellas menores, y con la misma crudeza nos la presenta Sorrentino, y en este caso quizá produce más repugnancia por los escándalos sexuales que ha habido en la Iglesia y que en una serie tan crítica como esta no se podían dejar pasar.

    Las monjas del Vaticano

    Mención especial merece el tratamiento que en esta entrega se ha dado a las monjas que trabajan laboriosamente en el Vaticano, presentadas como unas mujeres explotadas en una institución patriarcal que las tiene para cubrir los cuidados básicos, pero a la vez como sujeto y objeto de deseo.

    Embarazos no deseados, acoso sexual entre las propias hermanas, intentos de huelga y sabotaje para ser tenidas en cuenta… me atrevería a decir que es una de las producciones más valientes y extravagantes a la hora de representar un convento.

    Eso sin contar las introducciones y los cierres de los episodios, en los que las monjas se deshacen de los hábitos para bailar y contornearse sensualmente al ritmo de música electrónica, o la blasfemia de sugerir excitación sexual a la encargada del cuidado de Lenny Belardo durante su convalecencia.

    Sorrentino impresiona con una osadía tras otra, y de una manera tan elegante, además, con una fotografía y unos planos tan perfectos que uno empieza a creer que va a tener síndrome de Stendhal.

    El misterio de la CIA

    En esta temporada se desvela, además, el misterio de un personaje que parecía manejar los hilos del Vaticano, Bauer, sin saberse exactamente cómo ni por qué.

    Bauer es un tipo extravagante, que, junto con el Secretario de Estado del Vaticano, Voiello, maquina para que nada cambie. Tanto él como Voiello personifican la corrupción y, sin embargo, terminan siendo los personajes menos extraños de todos los que se pasean por la serie.

    Bauer intriga para terminar con Papas incómodos y parece saber más que los propios cardenales sobre qué se cuece dentro de los propios muros de la sede de la Iglesia.

    corrupción Bauer
    Bauer es uno de los personajes más intrigantes y cargados de misterio de toda la serie.

    Será al final, cuando se van cerrando todas las tramas, cuando sepamos, sin que nos lo lleguen a decir explícitamente tampoco y a través de uno de tantos diálogos espléndidos con Voiello sobre el poder, que se trata de un agente de la CIA y que su siguiente destino es Corea.

    Paolo Sorrentino nos vuelve a descubrir una vez más que es un genio de la narración. Pocos guionistas y directores consiguen unos diálogos tan profundos y coreografiados que se queden grabados en la memoria, y una poesía visual tan completa en cada una de sus producciones.

  • Ironía fina en The good fight

    Ironía fina en The good fight

    Llevamos tan solo dos episodios de la nueva entrega de The good fight y ya estamos absolutamente extasiados por la ironía fina y el ingenio de esta joya de CBS. Y es que estos dos episodios han sido un dardo tremendamente original dando diana en la crítica política a la corrupción y la hipocresía. En su línea, pero, contra todo pronóstico y subiendo todavía más el listón, mejorándola.

    Ironía fina y autocrítica

    El primer episodio de esta nueva temporada es absolutamente demoledor por su capacidad de crítica al Partido Demócrata, que es el que se presupone favorito del bufete.

    Se trata de un capítulo onírico en el que Diane se encuentra viviendo una ensoñación en la que Hillary Clinton ha ganado. Toda su alegría y gozo al pensar que el gobierno corrupto, autoritario y supremacista de Trump había sido solo una pesadilla se desvanecen al ver que al ver cómo la corrupción y los escándalos también afectan a la administración de su candidata preferida.

    Ironía y corrupción en The good fight
    ¿Y si Hillary Clinton hubiese ganado la presidencia en 2017? Una pregunta con grandes respuestas en The good fight.

    Descubre con horror, además, cómo, al haber vencido una mujer el movimiento feminista se encuentra completamente anestesiado, no ha surgido el #MeToo y Harvey Weinstein no ha sido desenmascarado. Es más, le tocará a ella defenderlo de una acusación de violencia contra un trabajador y, sabiendo que se trata de un acosador y agresor sexual, intentará detenerlo.

    Equipo de Harvey Weinstein
    Diane intenta por todos los medios no representar a Harvey Weinstein durante la ensoñación porque sabe qué delitos cometió.

    Mientras tanto, sus compañeros de bufete intentarán persuadirla, pues los números para ellos no van tan bien como en la ‘era Trump’ y necesitan agarrarse a cualquier tipo de cliente, y a cualquier precio.

    Una forma muy inteligente de jugar con fina ironía al “y si” realizando, además, una autocrítica al movimiento feminista.

    #MeToo
    En un mundo con una mujer como presidenta de una de las primeras potencias mundiales, ¿se produciría un movimiento #Metoo?

    Nuevos e irónicos aires para el bufete

    Entre el final del primer y surrealista episodio y el principio del segundo hay una elipsis de unos meses que Diane usa para viajar. A su regreso a Reddick, Boseman & Lockhart se encuentra una oficina completamente distinta, acondicionada a gusto de los nuevos dueños, que, a pequeñas pero muy caricaturescas pinceladas, se nos muestran muy excéntricos.

    Nuevos dueños del bufete
    Los detalles de la decoración de la oficina revelan que los nuevos dueños son unos nuevos ricos excéntricos, extravagantes y un tanto ridículos.

    STR Laurie, firma multinacional que compra parte del bufete cuando este pierde a ChumHum, introduce una nueva decoración inspirada en Gaudí, con toques ecológicos en madera y frikadas rococó como una gárgola en la fachada de la oficina de Adrian. Asimismo, dos veces a la semana institucionalizan el “día de las mascotas”, en el cual los socios, pero solo los “de nombre”, pueden traer a sus perros al centro de trabajo, que se llena de canes haciendo sus necesidades por todas las esquinas mientras una asistenta vestida a modo de criada va recogiendo y limpiando todo.

    Ironía y ridículo
    Decoración pseudoespiritual y rococó en interiores y exteriores de la empresa, fina ironía para describir a un tipo muy determinado de rico estadounidense.

    Son nuevamente toques de ironía que nos permiten saber de qué tipo de jefes estamos hablando. Son jefes que, de tan benévolos que parecen, dando a cada uno aquello para lo que ellos creen que valen más, levantan al mismo tiempo alegrías y suspicacias.

    Extravagancia e ironía en The good fight
    ¿Qué pensarías de tu nuevo jefe si entrases en su despacho y tuviese esta decoración?

    Corrupción judicial

    La parte más crítica y donde la risa, aunque también presente, tiene menos lugar, pues entramos en el terreno del thriller y del drama es la que se dedica a la corrupción. Si en temporadas pasadas la corrupción protagonista fueron la policial y la del propio bufete, sobornando a víctimas de acoso sexual de su anterior socio, en esta se destapa la del sistema judicial federal.

    El que va a ser uno de los grandes arcos argumentales de esta entrega se presenta a través de Diane, a quien STR Laurie ha dedicado a litigar los casos “probono”, es decir, los que el bufete realiza “para ser un buen ciudadano”. Intentando defender a una joven empresaria afroamericana a la que un magnate de la construcción, supremacista blanco y negacionista del Estado quiere desahuciar para construir en el lugar donde está su restaurante, se descubre un entramado de sobornos, coacción y extorsión a jueces.

    Trama de corrupción empresarios
    Una trama de corrupción involucra a empresarios y gobierno en esta nueva temporada de The good fight.

    Diane, atónita de que su excompañero Julius, ahora convertido en juez federal, claudique y prevarique, comprueba cómo el pilar en el que ha basado su vida, la administración de la justicia, también se desmorona ante ella.

    Corrupción empresarial
    La impunidad llega a tal punto que esta trama de corrupción ni siquiera necesita órdenes judiciales para imponer sus designios.

    Esto no ha hecho más que empezar y veremos dónde nos llevan todas las tramas. Eso sí, el siguiente episodio no podremos verlo hasta el 30 de abril, pues, como nos han indicado los propios actores, guionistas y resto de equipo técnico de la serie en un videomensaje que a muchos nos ha llegado al corazoncito, el confinamiento por el coronavirus les ha pillado a cada uno en un sitio distinto y las tareas de posproducción se complican cuando tantas personas tienen que coordinarse a la vez sin compartir espacio.

    Como soy firme defensor del teletrabajo y de la calidad de las producciones de Robert y Michelle King, no me cabe ninguna duda de que la espera valdrá la pena.

  • Musical decepcionante para cerrar Transparent

    Musical decepcionante para cerrar Transparent

    Llevaba tanto tiempo esperando la nueva temporada de Transparent que, tras haber visto su cierre, un musical bastante salido de tiesto, no por lo innovador, sino por lo ridículo, no puedo evitar tener sentimientos que oscilan entra la decepción y la estafa.

    Un final triste sin el personaje principal

    Los seguidores de Transparent sabíamos que nos íbamos a encontrar con un final un tanto extraño y difícil de resolver al no poder contar con el actor principal, Jeffrey Tambor, despedido por Amazon y la creadora de la serie, Jill Soloway, tras las denuncias de dos de sus compañeras por un presunto acoso sexual.

    La primera denuncia se produjo en noviembre del año pasado, por parte de Van Barnes, exasistente de Tambor y actriz transexual, que aseguró que este la había toqueteado. Una semana después, la actriz transexual Trace Lysset lo acusó de comentarios sexuales y haber presionado su ingle contra ella.

    Por su parte, Tambor, que continúa negando todas las acusaciones, señaló que temía por la serie “que tantas vidas ha cambiado”.

    Sin posicionarme hasta que un juez lo haga, y yendo por delante la necesidad de que los ambientes de trabajo estén limpios de toda duda u ofensa sexual, tengo que afirmar que Tambor estaba en lo cierto con sus temores. El final de Transparent no ha podido ser más decepcionante, y encima en forma de musical.

    ¿Por qué un musical?

    Parece ser que Jill Soloway optó por el formato musical al ver muy complicado resolver las tramas sin el personaje de Maura, que da sentido y continuidad a la serie (trans-parent). Y, viendo los resultados, está claro que se equivocó.

    A partir de aquí, SPOILERS, quedáis avisados.

    No sigas a partir de aquí si no quieres que te estropee la serie.
    No sigas a partir de aquí si no quieres que te estropee la serie.

    La apertura de este casi largometraje conclusivo no podría empezar de manera más desilusionante: con una canción pésima sobre el tráfico de Sepúlveda Bulevard de Los Ángeles. Mal cantada, con una letra mediocre y que no transmite nada.

    A lo largo de todo el episodio apenas se logra esbozar alguna sonrisa, pero casi más por lo que el espectador le debe a la serie entera que por lo que los diálogos logren impactar.

    Un musical malo

    Escenas forzadas, como un ataúd que se abre hacia el lado contrario a la cámara para que no podamos ver a la inexistente y despedida Maura, una nada convincente canción para expresar que esta deja su casa en Los Ángeles a su amiga Davina en lugar de a sus hijos, o la obra de teatro de Shelley, en la que los actores que encarnan a los hijos coinciden con ellos de una manera caricaturizada, irrespetuosa con lo que ha sido Transparent desde el principio.

     

    estafa forma de poner el ataud
    ¿De verdad no se podía resolver mejor la ausencia de Jeffrey Tambor que con esta escena absurda?
    Final estafa de Transparent
    Las canciones del musical son realmente mediocres, y la interpretación, casi más.

    Resolver todo el espectro que de emociones y pensamientos que generaba Transparent con un puñado de canciones mal escritas y pésimamente interpretadas es la peor forma de despedir la serie, una estafa a sus admiradores, que esperábamos la calidad de temporadas anteriores y que no se insultase a nuestra inteligencia.

    Otra serie más a añadir al listado de finales estafa.