Category: Estafa

  • No, la última de Black Mirror no es una estafa

    No, la última de Black Mirror no es una estafa

    El título de mi post lo dice todo, supongo, pero ante tantas malas críticas a la última temporada de Black Mirror diciendo que si es una estafa, que si ha descendido la calidad, que si “ya no es lo que era” (el equivalente seriéfilo a “la maqueta molaba más”), siento un impulso irrefrenable por romper una lanza en su favor.

    Cada día más Black Mirror

    Quizá haya una discrepancia de base en todo este tema de Black Mirror, y es que un sector del público la ha visto como una serie especulativa sobre temas que nos afectan ahora y otros, además de esa parte, le hemos visto el carácter de ciencia ficción que tiene.

    Es la misma división que se establece entre quienes alucinaron con el primer episodio de la primera temporada, el del Primer Ministro que es obligado a tener relaciones sexuales con un cerdo, y quienes pensamos que ese capítulo es el más mediocre, inverosímil y peor narrado de toda la serie.

    En este sentido, la última temporada de Black Mirror continúa la senda de los episodios más scifi que ha tenido a lo largo de su trayectoria, con una puesta en escena que, además, incluye ciertos tópicos sobresimplificados por quienes aborrecen la ciencia ficción (“navecitas”, videojuegos, apocalipsis, robots…).

    Explorando el duplicado de conciencia

    El primer episodio de esta cuarta entrega, titulado USS Callister, explora la línea que comenzó en el espectacular episodio especial White Christmas, protagonizado por Jon Hamm. En él se especulaba sobre si los duplicados de conciencia y ADN podrían dar réplicas exactas de uno mismo que experimentaran idénticas emociones y se sintiesen atrapados eternamente en los dispositivos en los que estuvieran destinados.

    USS Callister constituye, además, una crítica a las personas cobardes que no son capaces de enfrentarse a los demás, pero albergan una oscura y déspota personalidad.

    Para los que somos gamers y/o estamos muy en contacto con el entorno de los videojuegos también es una denuncia del machismo y el autoritarismo de algunos gamers que se pueden ver en los juegos online.

    Mejor calidad que nunca

    Esta cuarta temporada en mi opinión ha sido la más compacta y homogénea en cuanto a la buena calidad de todos los episodios.

    Arkangel, donde una madre sobreprotectora hace uso de la tecnología para censurar lo que ve su hija y controlar todos y cada uno de los aspectos de su vida, no difiere mucho de la realidad que viven muchos hijos de padres cotillas que leen sus diarios y los espían continuamente. Mayor verosimilitud e inquietante cercanía a la realidad, imposible.

    Crocodrile, con puesta en escena de los famosos thrillers nordic noir, es una genialidad, no tanto por su concatenación de crímenes (que levante la mano quien no haya recordado la histriónica película Very bad things, con Christian Slater, viéndolo), sino por la presentación del “Corroborator”, el escalofriante artefacto que se conecta a tu cerebro y puede meterse en tus recuerdos, incluso aunque no quieras.

    Hang the Dj, quizá el que menos me ha gustado de toda la temporada, hace una exposición bastante elegante del futuro de las relaciones en la que sería la era postTinder.

    Metalhead, uno de mis favoritos de esta entrega de Black Mirror, me ha resultado aterrador por la verosimilitud de su planteamiento. Basta pasarse un rato investigando el estado actual de las armas autómatas para darse cuenta de que podría ser plausible el “arma definitiva” que nos aniquilase. El hecho de que sean pequeños robots con forma de perro lo hace todavía más perturbador.

    ¿Quién no ha pensado en los vídeos promocionales de Amazon con sus drones entregando los paquetes al ver a los protagonistas siendo atacados por robots que vigilan las mercancías?

    El ritmo de este episodio es trepidante y corta la respiración por momentos. Que sea uno de los que más críticas ha suscitado me resulta francamente extraño, casi tanto como los comentarios de la gente que dice que no le gusta The Leftovers.

    Y qué decir del último episodio, Black Museum, uno de los mejores capítulos en forma de autohomenaje a todos los cachivaches tecnológicos e historias distópicas posibles de Black Mirror, en el que también se explora lo retorcido de duplicar la conciencia de una persona a través de copias de ADN o transferencias a otros dispositivos.

    La trascendencia de Black Mirror

    Yo que siempre he pensado que me gustaría ser inmortal, incluso aunque tuviese que trasladar mi conciencia a un robot cuyo cuerpo no pereciera o pudiese ser reparado constantemente, estoy empezando a temer que mi sueño utópico puede ser en realidad una eterna pesadilla.

    Y todas estas reflexiones trascendentales las ha provocado Charlie Brooker, él solito con sus guiones tortuosos, lanzando hipótesis como los grandes escritores de ciencia ficción.

    Ahora que están emitiendo los relatos cortos de Philip K. Dick, de los que hablaré en otro post, se puede ver que muchos episodios de Black Mirror, entre ellos los emitidos esta temporada, superan con creces el nivel del prolífico escritor de Chicago.  A ver qué otros creadores superan ahora mismo algo así.

    Así que sí, brindo por muchos años más de Black Mirror con esta calidad.

  • ¿Se ha convertido The Walking Dead en el Equipo A?

    ¿Se ha convertido The Walking Dead en el Equipo A?

    El título aludiendo al Equipo A puede sonar a broma, pero lo cierto es que los admiradores tanto del cómic como de la serie tenemos motivos para estar muy disgustados con la estafa de guion que estamos sufriendo en esta octava temporada.

    Los lunes ya no son lo que eran desde que los responsables de The Walking Dead, la serie que alcanzó sus cotas más brillantes  hace ya unas cuantas temporadas, nos han empezado a considerar un público facilón y ya ganado y no han puesto ningún esmero en las sucesivas temporadas.

    Y lo cierto es que algo de razón llevan cuando aquí seguimos, desencantados, pero igualmente enganchados, aunque no sé otros, pero en mi casa se ve ya como quien ve una comedia, haciendo chascarrillos y poniendo notas al pie sobre los continuos fallos de racor y ridiculeces con las que nos deleitan cada semana.

    Más Equipo A que nunca

    ¿Por qué el Equipo A? The Walking Dead ha dejado de ser una serie de zombis para convertirse en una serie de acción de los 80, con sus persecuciones, sus malos malísimos con pinta de pedófilos y violadores y con un elenco de buenos a los que no les pasa nada, porque sí, llevamos muchísimos episodios sin que se carguen a ninguno de los personajes principales. Es más, mueren todos los extras que los acompañan, pero ellos salen sin un rasguño.

    Mirad el malo de esta foto y ved el hilarante vídeo de Jon Lajoie. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

    El colmo de este despropósito tiene su culmen en el cuarto episodio cuando, en un giro inesperado de la trama (modo irónico), sucede lo nunca visto antes en una pantalla: una persecución de coches, con salto incluido.

    ¿Hacía cuánto tiempo no veíais a alguien saltar de un coche a otro? Pues aquí tenéis la brillantísima secuencia para vuestro disfrute.

    Fear The Walking Dead, la estafa continúa

    Y aprovecho este post, no sé si de crítico petulante, hater o de persona con dos dedos de frente, para hablar también de Fear The Walking Dead, que nació siendo mediocre y no ha logrado subir las expectativas en ninguna de las temporadas que lleva.

    El final de esta tercera temporada ha sido apoteósicamente absurdo, con la sobreactuada y poco creíble Madison (qué desperdicio de papel para Kim Dickens, por mucho que pueda llenar sus bolsillos) logrando escapar en una zodiac de la fuerza provocada por la demolición de una presa. Si The Walking Dead es el nuevo Equipo A, Fear The Walking Dead es 2012 de Roland Emmerich. Apuesto a que la próxima temporada será Sharknado.

  • Top of the lake defrauda a sus fans

    Top of the lake defrauda a sus fans

    Este es un post amargo, casi, casi de hater, como he escrito pocos, pero es que la segunda temporada de Top of the lake, que defrauda mucho, se merece más que un tirón de orejas por haber sido creada con elevadas pretensiones y finalizada sin ningún sentido.

    Los dos primeros episodios de la serie, vamos a poner, incluso, los tres primeros, están repletos de diálogos inteligentes, feministas, con mucha miga y presentación de unos personajes complejos con sus luces y sus sombras.

    Nada más comenzar, lo que se encuentra el espectador es una segunda temporada con sentido en la que la trama principal vuelve a girar en torno a asesinatos machistas investigados por la detective Robin Griffin, que todavía se enfrenta al pasado tras haber disparado a su jefe al final de la temporada anterior.

    Griffin se reencuentra, además, con la hija que abandonó a los 16 años, que vive en una familia que se está desestructurando en la que su madre, Julia, ha abandonado a su padre por estar con una mujer.

    Qué defrauda de Top of the lake

    Ya desde el comienzo se descubre que la mujer hallada muerta en una maleta en la playa es madre de alquiler, lo que nos hace suponer que, dados los debates tan candentes que está habiendo en el mundo entero y los diálogos feministas , se va a tratar este tema con profundidad y desde una postura bastante aceptable. Pero nada más lejos de la realidad…

    Como suele suceder con todas las series que empiezan con buen pie y cuyos guionistas no saben desarrollar la buenísima idea que se les ha ocurrido al principio, todo lo que podía brillar con luz propia al final se convierte en algo rocambolesco. Y así, el tema de la gestación subrogada pasa a ser un pequeño gran pegote porque hasta su compañera y su jefe resultan estar fingiendo un embarazo cuando en realidad también estaban alquilando el vientre de una de las prostitutas desaparecidas.

    En 2005, los más frikis la recordarán, se emitió la serie de ciencia ficción Invasion, que fue suprimida por falta de audiencia. En esta serie, ambientada en un presunto pueblo donde hasta había un hospital, solo salían cuatro personajes que se encontraban continuamente por las carreteras, a pesar de estar en un parque bastante amplio. El guion era tan malo que no aparecía nadie más nunca y se producían escenas inverosímiles y de comedia involuntaria.

    Top of the lake en esta segunda temporada peca de lo mismo, pues la hija de Griffin mantiene una relación amorosa con el tipo que está en el centro de la trama. (No, no es un spoiler porque esto se ve desde el principio). La sensación que queda después de verla es que Nueva Zelanda y Australia son dos aldeas en las que todo gira alrededor de estas cinco personas.

    No voy a detenerme mucho en temas ideológicos, pero sí voy a señalar que en el tratamiento de la gestación subrogada es tragicómica la prioridad que se da a los derechos y sentimientos de los padres que alquilan por encima de la integridad física y la salud de las madres (¡sacadas de una trama de prostitución ilegal, nada más y nada menos!).

    Qué partes no son una estafa

    Por supuesto, la actuación impecable de Elisabeth Moss es la primera de las cosas positivas que vamos a destacar de Top of the lake, además de los ya mencionados primeros episodios de planteamiento.

    La aparición de Nicole Kidman, que últimamente se deja ver bastante en series feministas, también ayuda, igual que en la primera temporada Holly Hunter dio su toque de color con un personaje bastante extravagante y cautivador.

    Otro punto fuerte de Top of the lake es la presentación del machismo en todas sus vertientes: desde el compañero pesado  que es un auténtico acosador pero cuya conducta todos minimizan con un “le gustan mucho las mujeres” hasta las sospechas continuas sobre la salud mental de las mujeres policías, pasando por comentarios despectivos entre amigos o exhibición sin complejos de la actitud de los consumidores de prostitución.

    En realidad solo por esto Top of the lake se merece un lugar en nuestros corazones, pero la mediocridad del resto debe ser tomada en cuenta antes de verla.

  • Juego de Tronos, un fraude sin George RR. Martin

    Juego de Tronos, un fraude sin George RR. Martin

    Muchos admiradores de los libros de George RR. Martin y de las primeras temporadas de la serie Juego de Tronos estamos realmente enfadados y decepcionados por el fraude en la evolución de la trama en esta última temporada. La desvinculación total del autor original de la saga se ha reflejado en un descenso en picado de la calidad hasta el punto de convertirse en una mediocridad por su simplicidad e incoherencias.

    El fraude en la verosimilitud

    La verosimilitud es un pacto no escrito entre el autor, el género y el público mediante el cual se establecen las cuestiones que caben porque tienen apariencia de verdad en la obra, es decir, que resultan creíbles.

    Es importante establecer, porque me encuentro muchas veces con que la gente tiene mucha confusión en este tema, que verosimilitud y realismo no son lo mismo. En una obra de ciencia ficción no se busca el realismo, que es presentar la realidad tal y como es, y, sin embargo, tiene que haber verosimilitud para que el público pueda darla por válida.

    A partir de aquí, SPOILERS

    Alerta Spoiler

     

    En Game of Thrones esta temporada se ha perdido completamente la verosimilitud en varias áreas. La primera de ella es el transcurso del tiempo, que se ha acelerado en la trama general sin ningún tipo de pudor, y en las subtramas se modifica al antojo de lo que convenga hasta llegar a resultar cómico.

    Un ejemplo de esto es el viaje (absurdo, como explicaré más adelante) que emprenden Jon Snow, el Perro, etc. más allá del muro para capturar a un soldado del ejército de los muertos: ¿por qué tardan más de medio episodio con sus dos o tres días y noches en llegar al sitio y luego menos de un día para volver corriendo a dar la señal de aviso? ¿Cómo es posible que Daenerys Targaryen llegue a rescatarlos en menos de unas horas cuando primero ha tenido que recibir el mensaje y luego emprender el viaje hasta allí?

    Bran, el Cuervo de Tres Ojos que en lugar de contar cosas importantes se detiene en irrelevancias
    Bran, el Cuervo de Tres Ojos que en lugar de contar cosas importantes se detiene en irrelevancias

    Estafa de guion

    Inverosímil y mediocre es, asimismo, el guion y la forma de presentarnos a los personajes esta temporada.

    Desde tramas innecesarias como el viaje para capturar un soldado zombi y llevárselo a Cersei Lannister (que ya tiene su propio soldado zombi en La Montaña, ¿o no?, y sin embargo se asusta cuando ve a este) hasta descuidos y efectismos más propios de Hollywood que de esta serie basada en las novelas de George R.R. Martin, como que el Rey de la Noche mate al dragón que está en pleno vuelo y no acierte con el que está parado con Daenerys sobre él.

    La historia de amor entre Daenerys y Jon merecería todo un post por cómo han rebajado la calidad de los diálogos y cómo no hay quien se crea que con las pocas y flojas interacciones que han tenido puede haber surgido una pasión incontrolable.

    Jaime Lannister, otro personaje caricaturizado por el guion
    Jaime Lannister, otro personaje caricaturizado por el guion

    Personajes como ellos dos y Jaime Lannister, que tenían muchos matices y nobles intenciones han quedado caricaturizados una escena tras otra en esta temporada que, con toda la tristeza del mundo, voy a calificar como estafa.

    Solo espero que George R.R. Martin termine pronto su empresa y podamos disfrutar de un final original y de calidad para una trama que ha sido traicionada por la serie que la dio a conocer masivamente.

     

     

     

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  • La estafa de los Premios Emmy

    La estafa de los Premios Emmy

    Un año más los Premios Emmy nos sorprenden, para mal, olvidándose grandísimas producciones y excelentísimos actores y actrices que merecerían, si no llevarse una estatuilla, al menos estar nominados para ella.

    Si en 2016 lamentábamos la ausencia de The Knick, Transparent y Orange is the new black, en 2017 lloramos que no se encuentren algunas de las series que más han aportado en los últimos meses.

    El destierro que más duele

    De entre todas las omisiones que ha habido en las nominaciones a los Emmy la que más se están extrañando es la de The Leftovers, absoluta genialidad televisiva imposible de catalogar ni etiquetar en ningún género específico y que ha dejado el listón muy alto para producciones venideras.

    Como admirador, qué digo admirador, fanático de la serie, me siento insultado ante la negación de lo evidente y solo puedo pensar que el jurado de estos Premios Emmy o no tiene ni idea (sí, para soberbio, yo) o está influido por luchas intestinas entre productoras (semejante atrocidad despierta mi lado más ‘conspiranoico’).

    Grandes que se quedan sin Emmy

    Otra grandísima ausencia es la de The Young Pope, una serie en la que la estética está cuidada de manera tan detallista que muchas de las escenas parecen coreografías, bailes de cardenales, monjas y laicos en torno a uno de los personajes mejor construidos e interpretados como es el del Papa Lenny Belardo.

    Magnífico Jude Law y digno de un Emmy y mucho más, y magnífico Paolo Sorrentino atreviéndose con una sátira sobre una de las figuras más controvertidas y menos criticadas y exploradas cinematográficamente de todos los tiempos, el Papa.

    Similar estupefacción causa que no esté presente Ed Harris por Westworld que, sin embargo, sí ha obtenido sus nominaciones (Anthony Hopkins y Jeffrey Wright). Ed Harris ha sido uno de los pilares de la calidad de esta maravilla scifi a la que algún día dedicaré un post y se merecía un premio, o una nominación, igual que su compañero de reparto en Enemigo a las puertas, Jude Law, como he dicho más arriba.

    Este año también tengo que lamentar que Transparent no pueda competir por el premio a la mejor comedia y lo mismo me ocurre con The Good Fight, aunque hay quien no la etiquetaría dentro de este género.

    Igualmente me sorprende que no se haya mencionado American Gods y la magnífica interpretación de Ian McShane, al que siempre recordaré con cariño y devoción por su papel en Deadwood.

  • La segunda temporada de Sense8, una estafa

    La segunda temporada de Sense8, una estafa

    Después de tanto tiempo esperándola tras una magnífica temporada, y de incluso haber defendido una postura sobre el episodio especial de Navidad que ahora me parece indefendible, tengo que decir que la segunda temporada de Sense8 es una estafa.

    Una temporada ridícula

    Me entristece enormemente tener que decir esto de una de las que fue mis sorpresas el año pasado. No me siento bien hablando así de algo creado y producido por las hermanas Wachowski. Pero ni tratando de ser benevolente me va a salir una crítica amable.

    He estado pensando si avisar de los spoilers como hago siempre con una imagen y al final he decidido que voy a honrar su primera temporada y a avisaros a los que todavía no hayáis visto la segunda: SPOILER ALERT.

    ¿Qué ha pasado esta temporada para que mi opinión haya cambiado tanto? Que el guión ha alcanzado cotas muy elevadas de ridículo. Desde discursos innecesarios, como todos los que da Nomi, que no aportan ninguna novedad con respecto a la temporada anterior, hasta escenas inverosímiles, todo en esta nueva entrega es fallido.

    Y algunos diréis que la serie ya es inverosímil de por sí, pero no. La serie se enmarca entre el género fantástico y sci-fi, pero incluso dentro de los géneros no realistas hay que saber mantener el principio de verosimilitud.

    Voy a poneros un ejemplo de cómo se rompe en Sense8 esta temporada: la persecución policial de Sun tras escaparse de la cárcel. ¿Ponen solo a un detective a buscarla? ¿Por qué la deja acudir libremente a todos sus lugares de referencia? Eso sin contar la ropa de diseño que luce en todo momento. ¿Ha podido irse de tiendas siendo la persona más buscada de todo Seúl?

    Personajes caricaturizados

    Otra de las cuestiones que más sorprenden esta temporada es el tratamiento de los personajes, frivolizados y estereotipados hasta la caricatura.

    En este sentido, el peor tratado, sin duda, es Lito, junto con su novio y su amiga. Para estos personajes las Wachowski han ideado una serie de escenas cómicas que rozan el absurdo y la vergüenza ajena.

    Kala y Wolfgang no tienen mejor destino. Una relación gastada sin haberla siquiera comenzado.

    Nomi Marks y su novia Amanita también dan para un ensayo sobre cómo se pueden idear personajes y tramas tan inverosímiles. ¿O acaso alguien cree que dos personas pueden acceder desde su ordenador a controlar todo lo que se les ponga delante?

    En esta temporada las hemos visto accediendo al tráfico de Seúl para provocar un accidente, accediendo a teléfonos móviles de mafiosos o borrando los antecedentes de Nomi y burlando al FBI, entre otros actos de hackeos increíbles. Todo esto en cinco minutitos después de pedírselo. ¿Para qué molestarse en preparar algo creíble como hacen los guionistas de Mr. Robot?

    Y, aunque hemos asistido a la presentación de más Sense8 de otros clanes, estos no se han librado tampoco del ridículo.

    Vivir de las rentas

    Viendo esta segunda temporada me ha dado la sensación de que las Wachowski pretendían vivir de las rentas de la anterior tras haber obtenido una legión de fans. Pero los admiradores de las series somos público de paladar exigente y no han sabido estar a la altura.

    He de reconocer que no es la primera vez que me pasa con ellas. Y seguro que a todos os habrá ocurrido también con Matrix y Matrix 2. Quizá simplemente no saben cuándo parar para dejar buen sabor de boca.

    Además, en los últimos 20 minutos del último episodio han querido correr para dejar planteada una tercera temporada. Deprisa y corriendo, como se suele decir, sin ningún sentido, poniendo en el último minuto toda la acción que debería haber ocupado la segunda temporada.

    Un cliffhanger de mercadillo que no está a la altura de lo que se esperaba de Sense8. Y encima siendo una de las series más caras de la historia. ¿Peligra renovar por otra temporada más? Espero que sí.

  • South Park, la gentrificación y la estafa de lo alternativo

    South Park, la gentrificación y la estafa de lo alternativo

    South Park es una de esas series que no defraudan, aunque puedan llevar más episodios emitidos que Santa Bárbara (algún día os hablaré de este guilty pleasure de los días que me quedaba en casa enfermo sin ir al colegio). La temporada décimo novena de esta joya de Canal Comedy lo atestigua.

    South Park se gentrifica

    La gentrificación llega a South Park a través de la entrada de un nuevo director del instituto, Mr.PC en inglés (siglas de Corrección Política), un hombre blanco heterosexual de clase media con un cuerpo de tableta de chocolate a medio camino entre Aznar y Schwarzenegger que se autoerige como guardián de las buenas formas a la hora de hablar.

    Y sí, digo buenas formas a la hora de hablar porque en muchas ocasiones quienes actúan como Mr. PC  solo se preocupan por las palabras y nunca por revisar sus privilegios como pertenecientes a clases opresoras, cosa que en South Park, con su habitual ingenio, manifiestan de manera muy aguda durante toda la temporada.

    Un grupo de ciudadanos preocupados por este ascenso de lo políticamente correcto decide hacer una campaña terriblemente racista, al más puro estilo Trump, para contrarrestar la situación, pero la respuesta del pueblo, con Mr. Corrección Política a la cabeza, hace que South Park deje de verse como un pueblo de republicanos supremacistas a como una oportunidad de inversión para las empresas que viven de lo alternativo y ecológico.

    Whole Foods y la estafa de lo alternativo

    Y así es como se planta un Whole Foods Market en el pueblo y, alrededor de él, comienzan a desarrollarse negocios de ocio para blancos adinerados a los que les gusta “comer sano”.

    Las consecuencias de todo esto no se hacen esperar: subida de los precios de alquiler que hacen que los antiguos vecinos se tengan que desplazar a otros barrios más baratos, encarecimiento de los productos básicos y cierre de los comercios locales, con mucha precariedad para los ciudadanos del pueblo. Un ejemplo claro de gentrificación como la que denuncian a diario los vecinos del barrio madrileño de Lavapiés en Madrid.

    Y, en medio de este tinglado de ocio alternativo y ecológico que llaman SoDoSoPa, la casa de la familia de Kenny se mantiene como elemento pobre que da carácter de multiculturalidad a la zona. ¡Qué modernos y qué estupendos somos, que convivimos con gente de otras clases sociales! El tipo de pensamiento neocolonial para el cual los proletarios son cool, aunque jamás querrían serlo, retratado a la perfección por los maestros Trey Parker y Matt Stone.

    Hilarante escalada de acontecimientos

    Cuando unos cuantos vecinos se dan cuenta de la estafa que ha supuesto en sus vidas la modernización de esa zona de la ciudad, comienza la escalada de acontecimientos surrealistas que suele sobrevenir en todas las temporadas de South Park.

    Escenas cómicas inigualables, como cuando Randy intenta pagar en Whole Foods mientras un cajero lo acosa para que done para terminar con la pobreza en el mundo, o cuando unos cuantos estudiantes quieren convertirse en ninjas y los toman por un grupo de yihadistas, se suceden una tras otra para terminar en un final que no voy a desvelar porque es una temporada que merece verse entera.

  • The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    Los amantes de The Good Wife estamos de enhorabuena. Sus creadores, Robert y Michelle King, han dado a luz a The Good Fight, un spin-off muy interesante con Diane Lockhart y Luca Quinn como protagonistas.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    La estafa que da pie a The Good Fight

    La nueva producción de CBS está mucho mejor hilada de lo que pensaba. El primer episodio comienza con Diane Lockhart anunciando su jubilación para comprarse una millonaria mansión en La Provenza francesa y completamente feliz por terminar su exitosa vida laboral en un momento en el que se encuentra todavía pletórica.

    A mitad del episodio toda esa alegría se convierte en pesadumbre tras saber que sus amigos a los que le había confiado el dinero, unos inversores de Chicago, han sido detenidos por estafa y su dinero se ha volatilizado completamente.

    La estafa financiera de los Rindell, que se asemeja mucho a la de Madoff (incluso se le menciona en el episodio), afecta solo a blancos ricos de las filas liberales (demócratas) de Chicago, pues solo se podía acceder con invitación.

    Diane, que había invitado a muchos de sus círculos a la estafa piramidal, cae en desgracia y, sin ningún gran bufete que la quiera admitir como socia principal, acepta la oferta de trabajo de Adrian Boseman, un abogado afroamericano que ostenta un bufete que se encarga mayoritariamente de casos de abusos policiales y laborales que afectan a la clase trabajadora y a la comunidad negra del condado.

    Nuevos y liberales personajes

    The Good Fight incluye, además del ya clásico universo de The Good Wife, con David Lee, Howard Lyman, Kurt McVeig o Elsbeth Tascioni, un elenco de nuevos personajes, en su mayoría mujeres y afroamericanos compañeros de despacho.

    Dentro de las mujeres se encuentra Maia Rindell, hija del matrimonio imputado por estafa, a la que Diane se lleva con sigo al nuevo bufete para darle una oportunidad en su incipiente carrera como abogada. Maia Rindell (la actriz Rose Leslie, más conocida por su “You know nothing, Jon Snow” en Juego de Tronos) es lesbiana y mantiene una relación de larga duración con la ayudante del fiscal.

    Y sin en The Good Wife la trama estaba aderezada por la corrupción política de Peter Florrick, The Good Fight promete nuevas y jugosísimas historias con personajes azotados en mayor o menor medida por estafas y fraudes financieros, corrupción empresarial, corrupción judicial, explotación laboral y abusos policiales.

    Mujeres arruinadas

    No puedo cerrar este post sin señalar algo que resulta bastante evidente, pero que no se suele decir mucho cuando se habla de Robert y Michelle King, también creadores de BrainDead, y es que, en el universo The Good Wife y The Good Fight suelen recurrir con frecuencia a la figura de la mujer arruinada que renace de sus cenizas como el Ave Fénix.

    Alicia Florrick lo vivió en dos ocasiones en siete temporadas y Diane Lockhart comienza esta nueva serie víctima de una estafa que termina con todos sus ahorros. Veremos si, una vez que se recupere, le vuelve a tocar esta mala suerte que tanto les gusta a estos dos magníficos guionistas.

  • This Is Us, la grandísima decepción

    This Is Us, la grandísima decepción

    Hoy tengo que hablar de la que para mí es una de las mayores estafas decepciones de esta temporada, la serie que comenzó siendo una gran promesa a la altura de The Slap (la australiana) o, incluso de otras de personajes como Six Feet Under, y que finalmente ha resultado ser una pastelada un culebrón sin más: This Is Us.

    This Is Us, la promesa que no fue

    Para dejar constancia de mi grandísima desilusión voy a comenzar explicando qué motivos me llevaron a entusiasmarme durante los primeros ocho episodios (sí, fueron un montón de capítulos los que me tuvieron en vilo, tantos que no imaginé semejante final).

    En primer lugar, se trataba de un planteamiento original, con dos líneas de tiempo con los mismos protagonistas. Además, los personajes estaban bien escritos, se sostenían y eran lo suficientemente poliédricos como para hacerse daño entre sí, mucho daño, dentro de los límites que pueden darse en una familia normal, no en la de Festen, claro.

    This Is Us prometía ser una serie de desarrollo psicológico de personajes, emotiva y a la par cabal, con los dramas propios de la vida y un final terrible y predecible, pero a la vez deseable.

    A partir de aquí no voy a ser nada cuidadoso con los SPOILERS, avisados quedáis.

    This Is Us, el meollo

    La historia de esta familia con trillizos en la que uno de ellos es adoptado por una serie de eventos que parecían menos ñoños en los primeros episodios y que han resultado ser puro merengue está marcada por la muerte del padre, Jack, cuando los niños tienen 16 años.

    Esto se sabe desde los primeros episodios, pero, a pesar de que en cada uno de ellos van narrando distintas etapas de su vida, y que incluso tocan en varias ocasiones la adolescencia de los trillizos, el espectador intuye que lo va a ver en el episodio final por cómo está escrita y la tensión que dan en los distintos personajes al recuerdo de la muerte del padre.

    En realidad en el primer episodio ya hay alguna conversación ñoña, como la que tiene Jack con el obstetra que atiende el parto de su mujer. Ya podía haber pensado que eso era un presagio…

    Y así te pasas toda la temporada esperando a ver qué le pasó al pobre hombre, que es buen padre, pero no siempre buena pareja (¿a nadie le chirría que tome siempre de manera unilateral decisiones como comprar una casa y que ella, que es un personaje femenino muy fuerte, solo aplauda?). Y cuando llega el último episodio y parece que se va a matar porque ha cogido el coche después de haber bebido… NO, NO LO HACE, es un cliffhanger, un trampantojo un tanto mediocre para que veas la segunda temporada donde seguramente tampoco lo cuenten, ya que han renovado por otras dos.

    Donde perdí la empatía

    He de reconocer que, antes de que empezase la segunda tanda de episodios, me emocioné viendo cómo uno de los hijos, Kevin, el actor guapo que quiere desencasillarse y hacer buen teatro en lugar de sitcoms familiares, recuerda cómo le afectó la muerte de su padre. Y me recuerdo pensando: “cuando llegue el episodio de la muerte de Jack no voy a poder dormir”.

    Nada más lejos de la realidad. En febrero la serie retomó su andadura con exceso de sensiblería, diálogos facilones y construcción de escenas lacrimógenas que poco a poco fueron desencantándome y me hicieron perder la conexión con los personajes.

    Otro detalle nada bueno es que, al volver del parón, el primer episodio fue una especie de resumen de todo lo acontecido antes, con repetición de escenas incluidas, como si se tratase de algún anime infantil japonés estilo Naruto.

    Luego, la muerte del padre biológico de Randall, el trillizo adoptado, está tan recargada que pierde toda verosimilitud. No hay por dónde cogerla. ¿Por qué tuvieron que rodar la escena en la que los dos padres de Randall se encuentran en el ‘cielo’ una vez muertos y hablan de lo buen chico que es? ¿Por qué tenía que ser tan perfecta toda la despedida del padre biológico, que parecía hecha por una planificadora de bodas?

    “Soy muy buen actor. ¿Por qué me hacéis esto?”

    ¿Por qué Randall perdona sin mucho pensarlo a su madre después de haberle ocultado que su padre biológico quería haber entrado en su vida desde que él tenía diez años? Hay familias que dejan de hablarse por mucho menos, pero no, esta es la familia perfecta, siempre con ese omnipresente sonido de guitarra. Son todos tan cucos, tan monos, tan ideales… que dan ganas de no ver la segunda temporada.

  • Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Hace dos viernes comencé una serie de posts sobre películas relacionadas con banqueros, la crisis económica que comenzó en 2008 y la corrupción financiera que asola el mundo entero y, cómo no, España, con nuestro particular baile de imputados.

    Aunque parece mentira, a estas alturas muchas personas no saben qué ocurrió con Lehman Brothers, las hipotecas subprime y el rescate de bancos (y cajas de ahorros en España) y la mejor y más amena de enterarse es con filmes en los que se explique de manera más o menos detallada el proceso.

    En esta serie de posts, como ya dije la semana pasada, habrá lugar para el cine español y para los documentales, que siempre son más fidedignos que las películas.

    Leviatán

    Esta película para mí es la estrella de este post. Debería haberse llevado el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, pero eso es otro tema.

    Leviatán es la triste historia de Kolia, un trabajador que vive con su mujer y el hijo de esta en una casita con taller frente al mar en Barents, al norte de Rusia, y tiene que enfrentarse a las ansias de poder del cacique de la zona, el alcalde del pueblo, un corrupto que quiere expropiarle sus bienes a toda costa.

    La atmósfera turbia e inquietante, los paisajes inhóspitos y fríos y la gran interpretación de los actores complementan esta obra maestra del cine que a su vez es espejo de otras situaciones que se viven en muchos lugares donde el poderoso siempre aplasta al débil.

    Wall Street I y II, la trama financiera

    A pesar de que esta no es precisamente la mejor película de Oliver Stone, la reseño por su continuidad con la que fue uno de los estandartes del cine de los 80, Wall Street.

    Si en 1987 Stone nos narraba la vida del yupi Gordon Gekko y su desenfreno, en esta segunda parte nos presenta a un hombre aparentemente redimido tras cumplir condena por estafa, fraude y blanqueo de dinero que da charlas sobre cómo la codicia y la corrupción financiera han llevado a la crisis económica, aunque un tiburón nunca cambia…

    Lo importante en esta película, sin embargo, es el contexto en el que se desarrollan los hechos, el año 2008, la acumulación de activos tóxicos por parte de una entidad que se va a la quiebra y con un rescate financiero en ciernes que finalmente no se concede.

    Dos días, una noche

    Aunque esta producción belga no trata directamente sobre la crisis financiera, sí entra en esta categoría porque aborda las consecuencias de la misma: los despidos, la miseria laboral y el drama de los trabajadores que se ven despedidos sin que haya apenas ofertas de trabajo.

    Dos días, una noche es la historia de Sandra, una trabajadora que tiene dos días para convencer a sus compañeros de fábrica para que renuncien a su paga extraordinaria a cambio de que ella pueda conservar su trabajo.

    Dura, por momentos agobiante y hasta cabreante, esta película aborda los aspectos negativos de la competición feroz entre compañeros de trabajo, con traiciones, negativas a ayudarla, pero también tiene, como la vida misma, atisbos de esperanza en cambios de opiniones a última hora y apoyos.

    Dos días, una noche es un filme que no podemos dejar de ver para concienciaros en la ayuda al prójimo en un momento en que la crisis financiera nos quiere llevar a la jungla.

    ¿Cuántos estaríamos dispuestos a bajarnos el sueldo para que un compañero no se quedase sin trabajo?