Category: Estafa

  • The Tinder Swindler: la estafa romántica convertida en espectáculo global

    The Tinder Swindler: la estafa romántica convertida en espectáculo global

    La historia de The Tinder Swindler es, en esencia, una estafa romántica convertida en espectáculo global. Un relato de manipulación emocional que Netflix empaqueta como thriller ligero, con ritmo de videoclip y estructura de true crime adictivo. Simon Leviev —o Shimon Hayut, según los registros judiciales— no solo engañó a decenas de mujeres, sino que ejecutó una coreografía perfecta de lujo, victimismo y narrativa personal. La serie documental no se limita a contar el fraude: lo convierte en una experiencia de consumo.

    El gran acierto formal del documental es su ritmo. Mensajes de voz, vídeos de Instagram, selfies en jets privados y pantallazos de WhatsApp construyen una estética contemporánea donde la corrupción sentimental se narra como si fuera una historia de éxito fallido. El espectador no solo observa: participa emocionalmente, se indigna, se engancha. La humillación de las víctimas se transforma en cliffhanger.

    Pero hay una trampa ética en esta narrativa. El estafador no aparece solo como criminal, sino como personaje carismático, casi fascinante. Su dominio del lenguaje emocional, su uso del victimismo y su capacidad de teatralizar la amenaza construyen un perfil más cercano al antihéroe que al delincuente. La estafa se estetiza.

    La serie también retrata un ecosistema donde la mentira se legitima gracias a la apariencia. Redes sociales, viajes de lujo y selfies cuidadosamente seleccionados funcionan como certificados de autenticidad. La corrupción ya no necesita poder institucional: basta con una buena narrativa visual.

    Netflix no engaña a nadie, pero monetiza el impacto emocional del fraude. Convierte el daño real en entretenimiento. El dolor ajeno se convierte en algoritmo. Y el espectador, entre la indignación y el morbo, acaba consumiendo la estafa como espectáculo.

    The Tinder Swindler no es solo un documental sobre engaños amorosos. Es un retrato incómodo de una cultura donde la mentira bien contada se convierte en producto premium.

  • Los dropshippers y el mito del negocio sin inventario

    Los dropshippers y el mito del negocio sin inventario

    En algún momento de 2019, el algoritmo de YouTube decidió que yo necesitaba ver testimonios de jóvenes millonarios que habían alcanzado la libertad financiera vendiendo productos desde sus laptops en playas tailandesas. No había buscado nada relacionado; simplemente, el algoritmo detectó mi perfil demográfico y dedujo, correctamente, que era el público objetivo de la industria del dropshipping. Lo que siguió fueron semanas de anuncios sobre cursos que prometían enseñarme a ganar 10.000 dólares mensuales sin inventario, sin inversión inicial significativa, y sin levantarme del sofá.

    El dropshipping es, en su forma más básica, un modelo de arbitraje: identificas un producto barato en AliExpress (típicamente fabricado en China por centavos), creas una tienda online con Shopify, le pones un nombre aspiracional y un precio inflado, y lo promocionas mediante anuncios de Facebook o Instagram. Cuando un cliente compra, el pedido se envía directamente desde el proveedor chino al cliente final. Tú nunca tocas el producto. Tu único trabajo es conectar oferta y demanda cobrando un margen por el servicio.

    Sobre el papel, no hay nada intrínsecamente fraudulento en este modelo. El arbitraje es tan antiguo como el comercio. El problema es que la industria del dropshipping se ha construido sobre una pirámide de mentiras donde el producto real no son los artículos de AliExpress, sino los cursos que enseñan a vender artículos de AliExpress.

    Los gurús del dropshipping —esos jóvenes fotogénicos en Lamborghinis alquilados que pueblan los anuncios de YouTube— ganan su dinero enseñando dropshipping, no haciéndolo. Es un modelo de negocio autorreferencial: la prueba de que el dropshipping funciona es que yo, el gurú, soy rico; y soy rico porque vendo cursos de dropshipping. La circularidad es tan obvia que resulta casi admirable en su descaro.

    Los números reales del dropshipping son desoladores. Los márgenes, tras pagar publicidad, comisiones de plataforma y costes de procesamiento de pagos, suelen ser de un solo dígito porcentual. La competencia es feroz: cualquiera puede encontrar los mismos productos en AliExpress y crear una tienda idéntica en horas. Los clientes, cada vez más sofisticados, reconocen las tiendas de dropshipping por sus tiempos de envío absurdos (4-6 semanas desde China) y su estética genérica. Las tasas de devolución son altas, los disputes con tarjetas de crédito frecuentes, y la sostenibilidad del negocio, mínima.

    Un estudio de 2020 encontró que más del 90% de las tiendas de dropshipping fracasan en los primeros 120 días. De las que sobreviven, la mayoría genera ingresos marginales que no justifican el tiempo invertido. Los casos de éxito genuino —que existen— son estadísticamente comparables a ganar la lotería: posibles, pero irresponsables como plan de negocio.

    La estafa del dropshipping opera en varios niveles simultáneos. En el nivel más superficial, están los cursos fraudulentos que prometen sistemas secretos y mentoría personalizada por miles de dólares, entregando información disponible gratuitamente en YouTube y soporte inexistente. Muchos de estos cursos son vendidos mediante webinars automatizados diseñados para crear urgencia artificial (¡solo quedan 3 plazas a este precio!) y explotar la vulnerabilidad emocional de personas desesperadas por escapar de empleos que odian.

    En un nivel más profundo, está la estafa estructural del propio modelo: vender a consumidores productos de calidad dudosa a precios inflados, con tiempos de entrega inaceptables y servicio al cliente inexistente. El dropshipper no tiene incentivos para preocuparse por la satisfacción del cliente porque su modelo depende del volumen, no de la repetición. Es comercio extractivo en su forma más pura.

    Y en el nivel más profundo de todos, está la estafa ideológica: la promesa de que el emprendimiento digital es la vía de escape universal de la precariedad económica. Millones de jóvenes han sido convencidos de que el problema no es un mercado laboral roto o una economía que concentra riqueza en pocas manos, sino su propia falta de iniciativa para montar un negocio online. El dropshipping, como tantas otras estafas de la era digital, individualiza problemas sistémicos y monetiza la desesperación.

    Los verdaderos beneficiarios del ecosistema dropshipping son predecibles: Shopify cobra su suscripción mensual independientemente de si vendes algo; Facebook e Instagram cobran por anuncios independientemente de si convierten; los procesadores de pago cobran sus comisiones; y los gurús cobran sus cursos. El único que asume todo el riesgo y frecuentemente pierde es el aspirante a emprendedor que creyó en la promesa.

    Hay algo particularmente cruel en la estafa del dropshipping: explota precisamente a quienes más necesitan una salida. No son herederos aburridos quienes compran cursos de 997 dólares prometiendo libertad financiera; son personas con trabajos precarios, deudas estudiantiles, perspectivas limitadas. La industria del dropshipping extrae valor de la esperanza y devuelve desilusión, mientras sus promotores posan frente a coches que no poseen en casas donde no viven.

    La próxima vez que el algoritmo te muestre a un veinteañero explicando cómo gana 50.000 dólares mensuales desde Bali, recuerda la regla de oro: si el modelo de negocio funcionara tan bien como dicen, no necesitarían venderte un curso para explicarlo.

  • Advertencia sobre el futuro de Estados Unidos en The Good Figth

    Advertencia sobre el futuro de Estados Unidos en The Good Figth

    La última temporada de The Good Fight (CBS) ha sido una explosión de drama, tensión y emoción, en la que Diane Lockhart se ha visto envuelta en la amenaza de una conspiración que atenta contra la libertad de los estadounidenses, una seria advertencia de lo que podría ocurrir en la realidad.

    Además de los desafiantes casos que ha asumido el bufete, entre los que se tratan temas reales como el tráfico de órganos o la intromisión de las tecnológicas (sector que es protagonista de los juicios de la serie desde el principio), Lockhart observa cómo la corrupción y las fallas políticas y culturales se están solidificando en la sociedad estadounidense.

    Las luchas de Diane apuntan, además, a que lo personal es lo político, tanto por su esposo republicano amante de las armas como por sus colegas que cuestionan cada vez más cómo un bufete de abogados afroamericano puede tener a una mujer blanca como una de sus socias designadas.

    The Good Fight tenía la intención de ser una renovación: en el piloto, una estafa de inversión al estilo de Madoff hace estallar los planes de Diane de retirarse a una villa en el sur de Francia. Pero el cambio de política de los Estados Unidos le dio a la serie un nuevo propósito, enfocándolo en una era de troleo político, corrupción, persecución de los opositores y violencia inusitadas.

    La temporada final se desarrolla con el ruido de fondo de sirenas, cánticos y explosiones que sacuden las ventanas del piso al techo de la empresa. Una protesta interminable cuyo origen ni pretensiones ya ni se saben se ha asentado en las calles de Chicago mientras los grupos de supremacistas blancos intentan provocar un Armagedón racial.

    Mientras en el lujoso edificio del bufete se acomodan las extravagancias de Ri’Chard y se producen luchas intestinas entre él y Liz Reddick, caen manifestantes de los tejados, estallan bombas, se pintan amenazas en los ascensores, se crean grupos antifascistas clandestinos…

    Todo arde alrededor, pero los personajes intentan, uno a uno, asegurarse su futuro y que lo que hay fuera no les afecte. ¿Os suena de algo ese individualismo atroz?

    The Good Fight es un entretenimiento estimulante, pero cada vez más una lúgubre advertencia de lo que podría llegar a ser “la tierra de la libertad”.

    Diane intenta sobrevivir bajo los efectos de una droga terapéutica que la ayuda a no ver la oscura realidad que tiene ante ella
    Diane intenta sobrevivir bajo los efectos de una droga terapéutica que la ayuda a no ver la oscura realidad que tiene ante ella
  • Los retos de la atípica This is us en su recta final

    Los retos de la atípica This is us en su recta final

    Con la serie This is us (NBC) he ido viviendo una relación de montaña rusa. Desde la intriga del comienzo a la sensación de estafa al narrar la muerte del ya famoso Jack Pearson hasta la costumbre tan placentera y casera como ir a comer a casa de mis padres y sentarme con ellos a ver la tele en el sofá. La serie se enfrenta ahora a muchos retos en su recta final.

    Y es que This is us es una serie atípica. No trata sobre corrupción, drogas, guerra, sexo, sino sobre una familia que se quiere y, aunque tiene sus más y sus menos, son conflictos como los que podemos mantener con nuestros hermanos y hermanas, situaciones que se pueden dar en cualquiera de nuestras familias.

    Suegra tratando bien a su nuera
    No somos conscientes de lo necesarios que son los mensajes de compasión, agradecimiento y lealtad que manda This is us. ¿En qué otra serie se ve que una suegra apoye así a su nuera?

    En ese sentido, es justo y necesario reivindicar la sencillez y la placidez, incluso los dichosos acordes de guitarra que no paran de sonar y que nos recuerdan que no estamos ante The Shield o Succession, en las que los villanos campan a sus anchas, sino viendo a la agradable familia Pearson.

    En su recta final, This is us se enfrenta a diversos retos. Por un lado, cerrar las tramas que son la vida futura de todos sus personajes hasta ese momento que se pronostica como final, que es el fallecimiento de Rebecca Pearson en su lecho de muerte, rodeada por todos sus familiares (incluidos los nuevos que se van a ir incorporando con el transcurrir de los años).

    Mandy Moore borda el papel de Rebecca en todas las etapas de su vida.
    Mandy Moore borda el papel de Rebecca en todas las etapas de su vida.

    Estas líneas de tiempo también conllevan grandes retos para sus actores, sobre todo para la propia Becca, que en seis temporadas ha sido una jovencita soltera, una embarazada y madre primeriza de trillizos, una viuda joven, una abuela madura y amorosa y, ahora, una mujer que encara su vejez con un diagnóstico de Alzheimer.

    La serie a la vez tiene que seguir luchando por la atención de unos espectadores que, sin haber salido todavía de la pandemia, tenemos ya una guerra a todo color en nuestras pantallas y un ritmo frenético incompatible con los tiempos y el modo reflexivo que tienen los últimos episodios de This is us emitidos hasta la fecha.

    Quizá, además, en una serie que ha querido incorporar la actualidad siempre a la trama, el escenario bélico termine frustrando su final, quedando tan inverosímil como lo fue el principio porque, ¿qué padres de trillizos acogen a un niño recién abandonado para suplir el fallecimiento de uno de sus bebés?

    Los espectadores vamos viendo poco a poco el final de la relación de Kate y Toby
    Los espectadores vamos viendo poco a poco el final de la relación de Kate y Toby. Queremos ayudarle, decirle “así, no”, porque ya sabemos que se van a divorciar, y a la vez estamos ilusionados por el futuro que le espera a Kate al lado de alguien con quien comparte su pasión por la música.

    Ahora que emiten un episodio cada dos semanas, ¿se quedarán atrás sus tramas con respecto a los saltos que demos en la vida real? Esperemos que no y que podamos dedicar al divorcio de Kate la atención que se merece porque, me atrevo a pronosticar sin mucho miedo a equivocarme, seguro que nos conmueven con una honestidad y un cariño que son más necesarios que nunca en este mundo.

  • Festival de Benidorm: cuando perder es ganar y ganar es perder

    Festival de Benidorm: cuando perder es ganar y ganar es perder

    El Festival de Benidorm va camino de convertirse en el evento musical del año, pero no precisamente por el fomento de los valores de esfuerzo, compañerismo o justicia, sino por la sensación de estafa que ha dejado en millones de espectadores. No obstante, a pesar del enfado de muchos, las presuntas perdedoras oficiales, Tanxugueiras y Rigoberta Bandini, son ganadoras absolutas desde muchos puntos de vista.

    En primer lugar, porque el público del Festival de Benidorm las votó a ellas (en mi casa se dio un voto a Terra y otro a Ay, mamá, que me van a doler cuando llegue la factura del teléfono), y también fueron las más votadas en la representación demoscópica de la sociedad. Eso significa unanimidad en torno a las gallegas.

    En este sentido, TVE ha desvelado que Tanxugueiras recibieron más de un 70 % del televoto, a distancia también deRigoberta Bandini (18 %). El demoscópico, más igualado: Tanxugueiras (14%), Chanel (13,88 %) y Rigoberta Bandini (13,52 %).

    Pero Tanxugueiras y Rigoberta Bandini son ganadoras del Festival de Benidorm también porque ya tienen su agenda de eventos repleta de actuaciones hasta el otoño que viene, e incluso ayuntamientos como el de Ponferrada han sacado a votación si llevar a las de Terra como actuación a sus fiestas patronales.

    Tanto las “Tanxus” como “Rigo” van precedidas por su propio trabajo como compositoras, y ya están empezando a hacer colaboraciones con otros artistas (no os perdáis Averno de Tanxugueiras y Rayden). Es por esto que tienen más probabilidades de triunfar en el mundo de la música que alguien como Chanel, que ha sido elegida para interpretar un tema creado por otras personas.

    Esto significa que mientras Tanxugueiras y Rigoberta estén disfrutando de las rentas de los derechos de autor de sus creaciones, Chanel deberá seguir trabajando a sueldo de discográficas si quiere ganarse el pan.

    Y aquí es donde, en mi humilde opinión, está el quid de todo el asunto, la estafa que denuncian tantas personas, en que se ha utilizado una cadena pública de televisión para beneficiar económicamente a los dueños de las grandes compañías discográficas que crearon SloMo y buscaron a una persona para interpretarlo.

    Esa persona, tristemente y debido a la polarización de la sociedad, está recibiendo ataques porque es la cara pública de todo el entramado, pero debemos apuntar más arriba y, sin ningún pudor, señalar a quienes se lo están llevando crudo a su costa.

    Cada vez que entro a un sitio y están poniéndolo, no puedo evitar acordarme de esta maravilla satírica de Jon Lajoie:

  • Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Apple TV+ lo ha dado todo en su adaptación a la televisión de una de las obras más conocidas y veneradas de Isaac Asimov, pero el proyecto, a pesar de resultar ambicioso y tener puntos muy fuertes, resulta insuficiente para plasmar todo lo que Asimov refleja en sus obras.

    Presupuesto ambicioso

    Si hay algo que se agradece a la puesta en escena de Foundation es que no han escatimado un solo recurso a la hora de mostrar la ambientación y los avances tecnológicos del futuro lejano en el que la humanidad se ha extendido por toda la Galaxia.

    Los vaticinios de la "Psicohistoria" de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene
    Los vaticinios de la “Psicohistoria” de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene.

    Foundation es un auténtico desafío audiovisual de grandeza infinita. La representación de Trántor y su magnífico Puente Estelar (y su derribo), la nave en la que los acólitos de Hari Seldon (un mesurado y acertado Jared Harris) emprenden su viaje, Términus… todo es una obra de arte que logra que el espectador se quede maravillado.

    Golpes cinematográficos revestidos de una banda sonora épica y omnipresente hacen de esta serie de ciencia ficción una auténtica delicia audiovisual. Pero, por muy deslumbrante que resulte de ver, es confusa de seguir, y aquí es donde empiezan los problemas.

    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.
    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.

    Recreación y estafa

    Los relatos de Fundación de Asimov se narran casi en su totalidad a través del diálogo entre políticos en reuniones secretas: en juicios, en sesiones del consejo o en funciones sociales. La mayor parte del texto consiste en teorizar, elaborar estrategias y predecir, de modo que leerlo es como ver una partida de ajedrez de campeonato.

    Los personajes aparecen escasamente pincelados por su voz o peculiaridades, pero ampliamente por sus objetivos políticos. Lo importante es la corrupción del Imperio Galáctico y los conflictos con los rebeldes de los planetas periféricos.

    Las mujeres salvan a la galaxia
    Salvor tiene suficiente fuerza como para no tener que verla en una relación amorosa inverosímil y que no aporta nada a la trama.

    En la adaptación de Foundation, sin embargo, observamos un exceso de relevancia de los personajes, algunos de ellos inventados y con desmesurada presencia. Es el caso de Salvor Hardin (Leah Harvey) y sus escenas de amor en Términus, que para mí constituyen una estafa o una traición a la obra de Asimov.

    Foundation no necesitaba historias románticas, ni héroes ni heroínas de Hollywood, simplemente saber reproducir los interesantes y prolíficos diálogos de la obra de Asimov.

    La corrupción de Trántor

    Pero no todo es estafa, porque hay que señalar la excelente representación de Trántor y el dilema de los clones de Cleón I, herederos genéticos y perpetuadores del Imperio.

    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.
    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.

    En este sentido, Lee Pace borda al ambicioso Hermano Día, de mediana edad, con una soberbia implacable, como suele hacer con todos los personajes que interpreta. Cleon, paradójicamente, es la corrupción moral y la decadencia, pues la ausencia de renovación genética va a llevar a la destrucción y al caos durante 30.000 años, salvo que los discípulos de Hari Seldon consigan su propósito, caso en el que el caos ‘solo’ durará mil años.

    Los tres clones gobiernan el Imperio Galáctico criados por una inteligencia artificial (Laura Birn) ladina y un tanto enigmática que va a jugar un papel fundamental en toda la trama.

    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon
    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon.

    Foundation, en resumen, tiene todo el potencial de Asimov por delante por explorar, y sería recomendable que se guiasen más por el maestro de la ciencia ficción que por productores preocupados por hacerla digerible a público de gustos fáciles, porque por muy ambicioso que sea el proyecto, si se queda a medio camino, no lo verá nadie.

  • Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Desilusión con The Morning Show. Comedia chatarra y caos

    Aunque no pertenezco a la elite de críticos de televisión a los que Apple TV+ ha presentado ya la segunda temporada completa de The Morning Show, en los cuatro episodios que he visto, como todo usuario ‘normal’, he podido comprobar que las reseñas que apuntaban a una gran desilusión e, incluso, a una estafa, desgraciadamente tienen razón.

    A falta de saber si en esta entrega va a haber un episodio como el octavo de la primera, en el que Mitch Kessler (Steve Carell) pasa de ser un simpático presentador acusado de acoso a un depredador parecido a Harvey Weinstein, la trayectoria que está tomando la trama es errática, con giros ridículos e inverosímiles y un aire demasiado indulgente con respecto al gran tema que se suponía que trataba: el acoso sexual en un entorno laboral.

    El acosador Mitch Kessler en Italia
    Mitch Kessler viviendo una divertida y humana relación en Italia con una documentalista que lo protege de las críticas por lo que hizo es un giro inesperado del guion.

    Corrupción en la UBA

    En el episodio final de la primera temporada, cuando Alex Levy (Jennifer Aniston) y Bradley Jackson (Reese Whiterspoon), las dos presentadoras del programa que titula la serie se unen en sororidad para condenar el acoso sufrido por una compañera por parte del entonces ya expresentador, se intuye que algo puede cambiar en la UBA, la cadena ficticia que hospeda el show.

    Pero, y en esto The Morning Show acierta de pleno, la cadena está fundada sobre pilares de corrupción de todo tipo, y el sexismo es uno de ellos, pese a tener una presidenta que afirma tener “su templo limpio”.

    Regreso estafa de Alex Levy
    El regreso de Alex Levy a la cadena es una de las muestras de corrupción y doble moral. No importan los hechos, importan las audiencias. Que Levy sea declarada “heroína del feminismo” también es una muestra más de hipocresía.

    Así, vemos que hacen lo posible por traer de vuelta a Alex Levy, pese a su turbia relación con Mitch, y esta a su productor, Chip (Mark Duplass), que también estaba al tanto del acoso sexual, como todos los que trabajaban en el programa. Y a Cory Ellison (Billy Crudup, que se ha llevado un merecido Emmy por su papel en la temporada anterior) no le dejan actuar como él quisiera con respecto a las demandas interpuestas por la familia de la víctima.

    Stella la presidenta de Informativos Woke
    Stella, la presidenta de Informativos de la cadena, tiene un puesto de atrezzo, pues ningún superior la deja intervenir cuando se trata de sexismo, machismo, clasismo, etc.

    Para intentar modificar las dinámicas tóxicas de trabajo, las jerarquías basadas en privilegios de etnia, sexo, orientación sexual, etc. entra en acción Stella Back (Greta Lee), presidenta de Informativos con una visión ‘woke’ de lo que tendría que ser UBA, pero, además de que el personaje está atado de pies y manos en la ficción, se le presenta de manera que genera rechazo también en los espectadores, en gran parte porque cede ante cuestiones graves en las que debería plantarse y, sin embargo, se excede con presentadores como el de Yanko Flores (Néstor Gastón Carbonell) por hacer un comentario ligero que es acusado como apropiacionista por los censores de Twitter.

    Desilusión con los personajes

    Cory Ellison, que tantos buenos momentos nos dio en la primera temporada con su revolución enigmática y caótica, se encuentra en esta temporada dando tumbos, intentando salvar su puesto y llevar a término la presentación de “otro streaming más”, como señala irónicamente Laura Peterson (una espectacular Julianna Margulies que interpreta a una periodista veterana despedida de Good Morning, America por ser lesbiana).

    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.
    Cory hace malabares para no ser despedido y poder lanzar el streaming de pago de la cadena.

    Y es que en esta segunda temporada los personajes prometedores no solo no se terminan de definir, sino que parecen más ambulantes que nunca. Bradley Jackson ha dejado de ser la joven periodista sin pelos en la lengua para comportarse como una diva y hacer todo lo que le pida la cadena con tal de mantener la audiencia (en vano canta y baila para el programa). Alex Levy, encumbrada como heroína del feminismo por haber dejado el programa, vuelve sin más argumento que ganar dinero y tener un despacho y un programa propio. Y Mia Jordan (Karen Pittman), que podría haber sido una baza importante, tiene escasas líneas (al menos en estos primeros episodios), pero estas también revelan una resignación al status quo y la corrupción moral de la cadena.

    Julianna Margulis en The Morning Show
    Siempre es un placer ver a Julianna Margulis, aunque no se explota todo su potencial, y el giro de guion de Bradley con ella es bastante inverosímil, dado cómo han presentado a Bradley Jackson hasta ahora.

    Y, por si fuera poco, parece que Mitch Kessler va a tener una no sé si merecida redención viviendo su despido en Italia.

    El contexto de la pandemia

    Uno de los aspectos que espero que no generen desilusión es el marco temporal en el que han ambientado la temporada. Comenzando en la Nochevieja de 2019/2020, con un coronavirus que levanta alertas a China pero que es tomado a cachondeo y como algo menor en Occidente (y en la escaleta de The Morning Show) y un incipiente impeachment de Donald Trump.

    El comienzo con un travelling de la Nueva York confinada, con las calles vacías, seguido de un “tres meses antes” genera muchas expectativas sobre las consecuencias que la pandemia pueda traer para cada uno de los personajes.

    Racismo con Daniel en The Morning Show
    Daniel es el único que ve desde el principio la importancia del nuevo coronavirus del que alerta China. La imposibilidad de ascender en posiciones en la cadena UBA lo lleva a ponerse en apuros. Para él, es un claro caso de racismo. La cadena, cómo no, lo niega.

    Enviar a Mitch Kessler al Lago di Como, un enclave paradisíaco en el que conoce a una alocada documentalista italiana, se hace con el propósito de vivir la pandemia desde su primer país occidental, previo a su explosión en España y en la Costa Oeste de Estados Unidos.

    Sin haber visto más que cuatro episodios, deseo tener que escribir otro post en el que me desdiga de este y señale la maravillosa sorpresa que nos ha deparado esta segunda temporada de The Morning Show. A día de hoy la resumo en “mucho ruido y pocas nueces”. Un elevadísimo presupuesto y actores de gran caché para una serie que no sabe sacar suficiente partido a lo que tiene entre manos.

     

  • The White Lotus: privilegios cuestionados en la mejor sátira de 2021

    The White Lotus: privilegios cuestionados en la mejor sátira de 2021

    The White Lotus es, sin duda, la mejor serie satírica de este año, al menos hasta que se estrene la tercera temporada de Succession (el próximo 18 de octubre). Esta tragicomedia de HBO pone en cuestionamiento los privilegios del 1% en el entorno de unas vacaciones en Hawai, confrontados con las realidades que viven y sufren los trabajadores del resort en el que se desarrolla la trama.

    The White Lotus: privilegios y mezquindad

    La serie, que comienza mostrándonos que en el transcurso de unas vacaciones va a morir alguien en el hotel White Lotus, nos muestra un elenco de personajes que poco a poco van a terminar enfrentándose entre sí por el mero hecho de que los privilegios de unos van a chocar con los derechos y la existencia de los otros.

    Revelaciones padre hijo en The White Lotus
    Mark Mossbacher, marido de la exitosa directiva Nicole, vive experiencias de revelación personal en las vacaciones, y mantiene conversaciones chirriantes con su hijo adolescente, el único cuerdo que parece haber en la familia, pese a sus adicciones a videojuegos y porno.

    El grupo que en la segunda escena viaja en el barco camino de un paraíso vacacional está compuesto por una familia adinerada, una pareja de recién casados y una mujer mayor con aparentes signos de desestabilidad emocional. La familia está compuesta por una mujer que es directiva de una gran tecnológica (Connie Britton), un hombre que es un neurótico acomplejado (Steve Zahn), el hijo adolescente (Fred Hechinger), adicto a los videojuegos y el porno, y la hija (Sydney Sweeney), una estudiante universitaria que, pese a todo el discurso woke de respeto y tolerancia a las minorías, se comporta como una auténtica sociópata. Van acompañados de la amiga de la hija (Brittany O´Grady), la única racializada del grupo que ostenta los privilegios, y que finalmente es la que peor se porta con el empleado con el que mantiene un idilio amoroso.

    La pareja de recién casados está formada por Shane (Jake Lacy), hijo de un multimillonario del negocio inmobiliario de Nueva York, y Rachel (Alexandra Daddario), una joven periodista de clase trabajadora que tuvo que pedir préstamos para pagar su carrera y que escribe perfiles mal pagados de famosos usando clickbaiting.

    Tanya estafa emocionalmente a Belinda
    Tanya estafa emocionalmente a Belinda.

    En cuanto a la mujer, Tanya (Jennifer Coolidge), es una alcohólica traumatizada por su relación con su madre, cuyas cenizas lleva en una urna para esparcirlas por el océano.

    A excepción de Rachel, que se encuentra completamente desubicada y comienza a ver el futuro que le espera, sin poder trabajar y dedicándose al cuidado de marido e hijos, el resto de personajes son mezquinos y no dudan en utilizar a los demás para sus propios fines.

    La confrontación de clase

    En el otro extremo del espectro social se encuentran los empleados del hotel que, dirigidos por Armond (interpretado magistralmente por Murray Bartlett), enfrentan problemas como un parto en el primer día de empleo por la necesidad de trabajar, alcoholismo, y ser utilizados vilmente por sus clientes.

    Esto último se ve especialmente en el caso de Belinda (Natasha Rothwell), a la que Tanya demanda cuidados muy por encima de su trabajo como masajista mientras le promete financiar una empresa de terapias para ella sola, como una gran maestra de la estafa emocional.

    Recibimiento de los trabajadores
    La escena en la que los empleados de The White Lotus reciben a los huéspedes VIP es muy signficativa. Esas sonrisas falsas, hablando entre dientes de cómo hay que ocultarse, van a definir su relación con ellos.

    La disparidad económica entre ambos grupos se deja clara desde la llegada al hotel, cuando Armond da las directrices de cómo deben comportarse los empleados, haciéndose “invisibles” y “neutros”, para que los únicos protagonistas de las vacaciones sean los clientes. Como un “Kabuki tropical”.

    No obstante, Armond tiene claro que se trata de clientes caprichosos, borrachos de privilegios, que se creen con potestad de pasar por encima de ellos, y se refiere a ellos como “hijos únicos mimados”.

    Crítica de la cultura woke

    The White Lotus no se limita solo a hacer sátira de los privilegios y la clase dominante, sino también de la cultura woke y cómo hasta los más favorecidos la asumen y la utilizan en su día a día, incluso para medrar.

    Así, Olivia, la hija de Nicole Mossbacher, critica a sus padres unos presuntos prejuicios homófobos mientras se comporta de una manera absolutamente clasista con Rachel y déspota con todos los que la rodean, especialmente con su hermano, al que su madre, admiradora del feminismo liberal de Hillary Clinton, se refiere como perteneciente a una minoría oprimida por ser un adolescente blanco y heterosexual.

    Ostentación de privilegios
    Las dos amigas universitarias son soberbias y altaneras con el resto de huéspedes, incluyendo sus propios acompañantes, y usan la cultura woke como fachada.

    Los diálogos se tornan incómodos y el espectador siente cómo se ruboriza por momentos, con cotas altísimas de hilaridad como la conversación entre Nicole y Rachel en la que Nicole acusa a la joven recién casada de haber escrito un artículo infame en el que ha quedado reflejada como una oportunista que ha utilizado el movimiento #MeToo para ascender profesionalmente, ante lo que ella solo responde con que lo ha copiado de otro sitio.

    Conversación tensa
    La conversación entre Nicole y Rachel, uno de los diálogos más tensos visto en series en 2021.

    En este sentido, The White Lotus recuerda mucho a Succession, pues la tensión entre los personajes hace que el aire sea cortante, aunque carece de las historias de corrupción y tejemanejes empresariales de esta última.

    No obstante, y mientras esperamos con las palomitas preparadas la otra joya de ricos y poderosos de HBO, The White Lotus ha sido un excelente divertimento.

  • Solos, una serie sobrevalorada

    Solos, una serie sobrevalorada

    Cuando los amantes de la ciencia ficción escuchamos que hay una serie nueva del género y que hay muchas personas que la recomiendan, en seguida nos hacemos ilusiones de que vamos a encontrarnos frente a algo interesante y rompedor. No es el caso de Solos (Amazon Prime) que, si bien podría haber sido una producción magnífica, está siendo muy sobrevalorada.

    Solos, una serie hecha en pandemia

    La primera limitación que se ve en Solos es que sus episodios, independientes y autoconcluyentes, están protagonizados únicamente por un actor (a excepción del último, en el que hay dos) que realiza un monólogo, ya sea consigo mismo, con un doble, con su propio personaje en distintas líneas temporales, o con una IA que aparece de comparsa.

    Episodio de Tom, una estafa
    El episodio de Tom se hace largo y pierde interés por momentos.

    Es un nuevo formato de reducción de actores que ya han experimentado otras series, como Euphoria, también con nefastos resultados.

    Porque, para enganchar y mantener la atención, el ritmo del texto, la interpretación y el contexto tienen que ser los adecuados para no aburrir o no hartar a los espectadores, y es algo que Solos no consigue.

    La estafa de los personajes

    Ya desde el primer episodio, en el que Anne Hathaway descubre cómo viajar en el tiempo podemos ver una desconexión entre Leah, el personaje que interpreta, una científica que intenta escapar del sufrimiento que la enfermedad de ELA ha producido en su madre, amor de su vida, y las líneas que le atribuyen.

    El personaje de Leah es una estafa
    El personaje de Leah presenta estereotipos de género terribles y superficiales pese a tratarse de una gran científica que ha descubierto los viajes en el tiempo.

    Es inevitable que cualquier fanático de la ciencia ficción dura se eche las manos a la cabeza viendo cómo se destroza el personaje de una científica exitosa sometiéndola a diálogos propios de las comedias románticas más estúpidas de Hollywood.

    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta
    Buenos actores y buen planteamiento para una ejecución nefasta.

    Y, aunque el de Leah es el caso más sangrante, produce mucha decepción que en el episodio de Sasha hayan dejado pasar la oportunidad de hace que Uzo Aduba se luzca como la grandísima actriz dramática que demostró ser en Orange is the new black y termine siendo un monólogo teatral excesivo y aburrido.

    Porque en Solos no hay un solo episodio redondo, como sí lo hay en otras series como Black Mirror, que, a pesar de sus altibajos, ha sabido mantener la calidad general y ha hecho algunos capítulos antológicos. Me atrevería a decir, incluso, que no está dentro del scifi, sino que es un drama aderezado con ciertos toques de ciencia ficción en el contexto y en los decorados, sin más. Si la vais a empezar pensando que tienen algo que ver, sentiréis que es una estafa.

     

  • Split, una película mediocre con una polémica surrealista

    Split, una película mediocre con una polémica surrealista

    Hoy voy a hablaros de una película que me han recomendado muchísimas veces y que no había decidido ver hasta este último fin de semana mientras vagaba por el interfaz de Netflix como alma en pena, buscando algo que no hubiese visto ya. Supongo que a estas alturas muchos habréis visto ya Split y llegaré tarde al debate, pero no quiero dejar pasar mi oportunidad.

    La trama de Split

    Split, “Fragmentado” en su traducción al español, es un filme de terror psicológico dirigido por M. Night Shyamalan en el que su protagonista, Kevin (James McAvoy), tiene Trastorno de Identidad Disociativo (TID), anteriormente conocido como desorden de personalidad múltiple (DPM), con 23 identidades completamente diferenciadas.

    Dos identidades ‘conflictivas’ secuestran a tres adolescentes y las preparan para que sean el alimento de “La Bestia”, la número 24, que vendría a completar y perfeccionar a las restantes.

    Estafa de SPLIT
    La interpretación de James McAvoy es lo único que se salva.

    La historia se complica porque su psicóloga no cree que exista el trastorno como tal, sino que realmente coexisten varias identidades en él, que incluso podrían llegar a cambiar físicamente el cuerpo que las aloja.

    La polémica de Split

    El trabajo destacable de James McAvoy intenta contrarrestar la mediocridad de la puesta en escena y los pegotes añadidos a la trama, como el abuso sexual sufrido por una de las víctimas del secuestro, pero la película es una completa estafa que se ha hecho famosa por la polémica que ha llevado aparejada más que por sus propios méritos.

    Protagonista de SPLIT
    Casey Cooke es la única adolescente de las tres secuestradas que tiene algo de personalidad, pero le añaden un pasado que no aporta mucho a la trama.

    Y es que en 2018 la organización Kairos Collaborative lanzó una campaña en Change.org en la que pedían a Netflix que retirase Split de su plataforma por representar “de manera inexacta el trastorno, exagerando su rareza, insinuando que los afectados son capaces de una metamorfosis física completa y, lo más importante, resaltando el falso estigma creado en Hollywood, introducido por películas como Psicosis, de que las personas con TID tienen más probabilidades de ser violentas, o de alguna manera infligir daño a otros”.

    Nada nuevo bajo este sol de lo políticamente correcto donde no caben la libertad creativa ni la ficción.

    No sabía yo que Psicosis estuviese demonizada, pero sospecho que no quedará un solo clásico del cine que pueda pasar la prueba del algodón de este revisionismo actual. Yo seguiré conservando el DVD, bajo llave si hace falta. No así la estafa de Split.