La comedia política más desternillante del momento, Veep, ha llegado a su fin con una temporada que ha brillado por el humor corrosivo, más que las anteriores, y las muestras nada pudorosas de corrupción por parte de su protagonista, Selina Meyer.
Los insultos que se arrojan los mezquines y miserables personajes de Veep siguen siendo sublimes.
Corrupción sin miramientos
En anteriores temporadas de Veep se asomaban indicios de corrupción, pero en la mayor parte de los casos esta se producía como consecuencia de alguna negligencia o descuido de Selina y su desastroso equipo.
En esta última, sin embargo, los guionistas han ido más allá y han puesto en la candidata demócrata tantas ansias por gobernar que no ha tenido ningún reparo a la hora de cometer actos de corrupción tan graves como prometer prebendas a China a cambio de financiación ilegal para su campaña.
La “nueva Selina” que se anuncia en la campaña en realidad es más corrupta y peor que la anterior, adaptada a los nuevos tiempos políticos, llegando a aceptar sobornos del gobierno chino.
En este sentido, Veep se enmarca dentro de la corriente que sigue The Good Fight de alimentarse de las tendencias políticas nacionales en Estados Unidos, extremistas, desmedidas y exaltadas debido a la irrupción de Donald Trump en la Casa Blanca.
La injerencia extranjera en las elecciones estadounidenses es un tema de actualidad que no han querido pasar por alto los guionistas de Veep.
Así, la campaña de su oponente Jonah es un despropósito que, sin embargo, no se aleja mucho de las barbaridades que soltó el ahora presidente de la nación más poderosa del mundo en su momento, y las que sigue diciendo a través de medios oficiales.
En esta última temporada encontramos escenas hilarantes, como esta en la que los fans de Jonah comienzan a pedir que se supriman las matemáticas de las escuelas tras conocer que fueron inventadas por los árabes.
Humor corrosivo
La última y definitiva entrega de Veep hace gala de un humor todavía más corrosivo y unos personajes todavía más despreciables, inmersos en un mundo grotesco y estrafalario en el que nada escapa de la mofa.
Ciudades que tienen un perro por alcalde, fiestas de empresarios ricos en las que los políticos llegan a hacer números circenses para obtener financiación para sus campañas, votantes fanáticos conservadores dispuestos a tumbar las matemáticas por ser “musulmanas”… podríamos decir que el género de la sátira se entremezcla con el documental en infinidad de casos en Veep, lo que la hace todavía más sangrante y procaz.
La corrupción entre los empresarios, especialmente los de negocios turbios como las cárceles (privatizadas en Estados Unidos) o el juego, y la financiación de campañas es un tema que también aparece en esta temporada de Veep.Selina, como en temporadas anteriores, termina consiguiendo éxitos a costa de sus propias negligencias, como en este caso, que pone de moda el lema “sé un hombre” mientras habla de feminismo.
Uno de los momentos de humor corrosivo exagerado se da cuando tratan el tema del aborto, que Selina casi obliga para terminar con el embarazo de su jefa de campaña, aunque luego no tiene ningún problema en negarlo cuando se trata de azuzar a los votantes más conservadores de estados como Carolina del Sur.
El aborto es un tema bastante presente en esta temporada de Veep, en la que Amy se queda embarazada y Selina, tras mofarse en varias ocasiones de su gordura, le espeta un “¿he luchado durante toda mi vida por el aborto para que ahora quieras tener un niño?”.
Al llegar a la clínica, un grupo de antiabortistas reciben a Amy de muy malas maneras…
… pero ella les da una respuesta muy en su línea.
Veep hace humor con temas como el sexismo, con el que la propia Selina se siente identificada, llegando a decir “no puedo empezar mi discurso con la frase “como mujer” porque la gente odia a las mujeres”, el terrorismo interior y exterior, las guerras en Oriente Medio o el racismo.
Una genialidad del género de la comedia que nadie se atrevería a hacer en España.
Anteriormente he hablado en este blog del clasismo que destilan Breaking Bad (AMC) y Ozark, series que me parecen muy comparables entre sí. Hoy abro post para continuar la comparativa entre ambas y explicar por qué, a mi juicio, si tengo que elegir cuál me gusta más de las dos, elijo la protagonizada por Marty Byrde por una cuestión de género.
Breaking Bad, suspenso en género
Breaking Bad y Ozark, como ya he comentado otras veces, comparten que sus protagonistas son personajes extremadamente inteligentes, probablemente superdotados, que van resolviendo de maneras ingeniosas los distintos problemas que se les presentan.
Dos tipos creativos y aparentemente no pertenecientes al mundo del crimen, se desenvuelven como pez en el agua y sortean la extrema violencia de sus socios, incluso habiéndoles faltado al respeto o traicionado.
Entre una y otra serie, sin embargo, existe una gran diferencia: en Breaking Bad no existe un solo personaje femenino inteligente y que no esté emocionalmente desequilibrado, una mujer lúcida y astuta que esté como mínimo a la altura de personajes masculinos como Mike, Saul, Gus o Hank.
En Breaking Bad, Skyler White es víctima de Heisenberg. Su mejor temporada fue cuando le ayudó a lavar el dinero, pero pronto volvieron a ponerla en su papel de esposa sufridora.
En este sentido quizá el personaje de Lydia fue el más descuidado, pues ella, distribuidora internacional de metanfetamina y con una doble vida como ejecutiva en una empresa, sería la candidata idónea a némesis de Heisenberg, y no lo que tristemente terminó siendo su personaje: una snob neurótica que apenas puede pensar claramente en cuanto le surgen obstáculos.
¿Tanto les costaba a los guionistas crear el papel de una ejecutiva inteligente y resuelta dedica al mundo del narcotráfico como el resto de hombres de la serie?
Breaking Bad no supera el más mínimo test de Bechdel, que plantea tres requisitos para demostrar que una producción tiene sensibilidad hacia las mujeres: que la obra en cuestión tuviera dos personajes femeninos con nombre, que estos dos personajes hablasen entre si y que su conversación no tratase sobre los hombres.
Mujeres inteligentes en Ozark
En Ozark, sin embargo, a excepción de la hija de Byrde, Charlotte, cuyo personaje podría dar mucho más de sí y se queda en el de una adolescente simplona y metepatas, todas las mujeres que aparecen tienen inteligencia y fuerza y están a la misma altura que el resto de hombres.
Y es que Wendy Byrde y Darlene Snell no tienen nada que envidiar a sus parejas. Todo lo contrario a Skyler White o su insoportable hermana Marie.
Ruth Langmore, a pesar de sufrir todas las inconveniencias del clasismo, es una mujer muy inteligente, capaz de urdir planes que ningún otro hombre de su familia, ni del pueblo entero, podría.
No se queda atrás Helen Pierce, la abogada del cartel mexicano, inteligente, fría y despiadada, que no duda en emplear los mismos métodos que sus colegas para comprobar la lealtad de sus empleados.
La abogada del cartel, Helen Pierce, y Wendy Byrde son dos personajes femeninos fuertes e inteligentes, afectados por la corrupción igual que el resto de personajes masculinos que las rodean.
En Ozark la corrupción afecta por igual a unos que a otras. No así en Breaking Bad, donde se pretende mantener un aire inmaculado a las mujeres, a las que se las presenta como cabezas de familia y guardadoras de la pureza.
Se agradece ver una serie en la que se ha cuidado la perspectiva de género y se ha dado las mismas características a mujeres y hombres. No se suele ver mucho, así que qué menos que aplaudirlo.
Hoy quiero hablaros de una serie que ha ido mejorando a lo largo de sus tres temporadas hasta ponerse a una grandísima altura, The Man in the High Castle, la producción de ciencia ficción que es una adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick y se ambienta en un mundo paralelo en el ganaron los nazis.
Mundo de nazis
Producida por Amazon, The Man in the High Castle nos muestra un mundo hostil en el que nazis y japoneses (¿acaso no podrían considerarse nazis también?) se han repartido Estados Unidos y gobiernan el panorama mundial.
En este mundo paralelo los nazis habrían conseguido la bomba atómica antes que Estados Unidos y, como resultado el Reich sería la primera potencia a nivel planetario.
Haber ganado la Segunda Guerra Mundial tampoco habría conseguido una estabilidad a nivel bélico, pues entre los nazis y el Imperio japonés hay una guerra fría que llega hasta los años 60, fecha en la que comienza la serie.
Nazis, japoneses y resistencia
En este mundo totalitario en el que las ejecuciones sumarísimas, las detenciones ilegales, el espionaje y el miedo están presentes tanto en el área geográfica japonesa como en la nazi y en la “zona neutral”, hay nazis y japoneses que comparten con miembros de la resistencia las ganas de un mundo mejor.
En este contexto, Juliana Crain, la protagonista, se ve inmersa en la resistencia después del asesinato de su hermana, y es así como comienza a descubrir al resto de personajes de la trama, algunos de los cuales compartirán con ella, además, relaciones en el mundo paralelo, que es el nuestro, donde Estados Unidos gana la Segunda Guerra Mundial.
Juliana Crain es quizá el personaje más irrelevante de toda la serie, aunque han decidido darle el papel de protagonista.
Nobusuke Tagomi, Ministro de Comercio de los Estados del Pacífico en San Francisco, intentará por todos los medios evitar la destrucción de las armas nucleares.
Nobusuke Tagomi, Ministro de Comercio de los Estados del Pacífico en San Francisco, personaje clave en ambos mundos paralelos.
John Smith, Obergruppenführer (me encanta cómo pronuncian la palabra en la serie), comienza investigando la resistencia y termina dudando de todo lo que hace tras comprobar en su propia familia cómo las políticas eugenésicas nazis le obligan a matar a su propio hijo, víctima de una enfermedad genética hereditaria.
El Obergruppenfuhrer John Smith va modificando su visión de los nazis a medida que transcurre la serie y las políticas eugenésicas del Reich le afectan personalmente.
Un sinfín de personajes de todos los bandos, muchos de ellos con lealtades muy ambiguas (como realmente serían si viviésemos en un mundo así), van configurando una trama cada vez más scifi en la que es más que posible la colisión de dos mundos paralelos de cuya existencia se sabe a través de unas misteriosas películas de cine que van pasándose de mano en mano.
Corrupción e intrigas
Una serie de este calado no podía obviar la corrupción y las intrigas que se darían en un mundo hostil gobernado por la guerra fría (como lo fue el nuestro también). Desde deseos de terminar con la vida de Hitler y hacer del Reich un lugar más o menos ortodoxo hasta ansias de expansión a toda costa, todas estas tramas hacen que los personajes sean desconfiados y actúen de una manera un tanto fría y calculadora, a menudo pisando a quien crean conveniente con tal de no salir perjudicados o directamente salirse con la suya.
La sola idea de explorar cómo sería nuestra realidad si hubiese vencido la Alemania nazi produce escalofríos. Amazon realizó acciones de publicidad que no hicieron sentir bien al público y a la sociedad en general, hasta el punto de tener que retirarlas, como los bancos forrados con la bandera del Estados Unidos ocupado y gobernado por los nazis. ¿Os imagináis un mundo así? ¿Sería mejor o peor que el que inventó K. Dick?
Campaña de publicidad realizada por Amazon para dar a conocer The Man in the High Castle.
A punto de terminar la segunda temporada de Ozark, cada vez más comparable a la calidad de Breaking Bad, hoy quiero hacer una reseña de un fenómeno social que se observa tanto en las peripecias de Marty Byrde como en la epopeya de Walter White: el clasismo, incluso, dentro de la propia red de criminales.
Clasismo en Ozark y Breaking Bad
Ozark y Breaking Bad comparten estar protagonizadas por padres de familia que, por distintas circunstancias, se ven implicados en negocios de drogas: uno, lavando dinero de un cartel mexicano, otro, fabricando su propia metanfetamina y también envuelto en relaciones con carteles.
Marty Byrde y Walter White son personajes inteligentes, de clase media cultural (e incluso económica el primero), que se rodean de distintos secuaces y se van aprovechando de distintas personas para cumplir sus objetivos.
Entre estos personajes se encuentran discípulos y ayudantes de clase trabajadora y hasta marginal, y es aquí donde más se manifiesta el clasismo al que me refiero, porque son precisamente estos ayudantes quienes más sufren las consecuencias de sus acciones, y por quienes menos se preocupan los protagonistas.
Ruth Langmore es probablemente el personaje más castigado de todo Ozark, pese a su lealtad a Marty Byrde y sus deseos, siempre frustrados, de poder salir del determinismo al que la aboca el apellido Langmore.
Si bien Heisenberg al final deja escapar a Jesse Pinkman, no se puede considerar como un acto heroico, ya que previamente ha dejado morir a su novia, ha envenenado al hijo de una amiga suya y se lo ha hecho pasar peor que si fuese un enemigo.
¿Quién no recuerda lo que hizo Walter White con Jane, la novia de Jesse Pinkman?
En el caso de Ozark, la indiferencia y el desprecio con los que Marty Byrde trata a Ruth Langmore, incluso después de que esta haya recibido torturas por parte del cartel para probar su lealtad a Byrde, es tan escandalosa que el espectador no puede desear otra cosa que no sea una auténtica revolución de los de abajo.
Clasismo y determinismo
Este clasismo se hace más patente, incluso, cuando se ve cómo los protagonistas tratan a estos ayudantes en comparación con el trato que dan a sus hijos, de la misma edad. Los ayudantes reciben todo tipo de tareas, presiones y castigos ajenos sin que los cerebros de la operación sientan la más mínima pena o empatía, mientras estos centran todos los esfuerzos en mantener a sus propios alejados de cualquier daño.
El objetivo de Marty Byrde es que a sus hijos no les pase nada. Los de los demás, si son de clase trabajadora, no le importan mucho, aunque estén ayudándole.
Es la reproducción más terrible de la desigualdad y la explotación de las clases, pero dentro del área criminal.
El hijo de la clase media permanece ajeno o, en todo caso, puede aprender lo mejor del oficio de su padre (como en Ozark), mientras el hijo del obrero jamás podrá aspirar siquiera a ascender en la escala social criminal.
Los Snell son traficantes de heroína y también practican la corrupción, pero a escala local, con el sheriff de la zona, que se queda sin potestad ante los agentes del FBI, también corruptos (aunque por otros motivos).
La segunda temporada de Ozark, además, está protagonizada por la corrupción a todos los niveles (corrupción policial -que ya se vio en la primera-, corrupción política, corrupción judicial, corrupción de las instituciones de menores, corrupción económica, corrupción del FBI, etc.), y aquí también se refleja el clasismo: el policía de poca monta no alcanza el estatus que un agente del FBI; un pequeño empresario corrupto jamás llega al nivel de un gran empresario como Wilkes, etc.
Wilkes es un empresario corrupto de muy altas esferas a través del cual los Byrde llegarán muy lejos.
Y es que la delincuencia organizada y el crimen también se organizan por clases sociales y, a quien quiera salir bien parado, absuelto o impune, más le vale proceder de una clase social alta.
El jueves de la semana pasada, como otros 951.000 hogares en este país, tuve la suerte de poder ver en mi televisor el documental El Silencio de Otros, que recoge los testimonios y los intentos frustrados de las víctimas del franquismo y el postfranquismo por tener algo de justicia.
Silencio de muchos
Si hay algo que llama poderosamente la atención en El Silencio de Otros es la magnífica y dilatada labor de documentación que han realizado, con muchos años de rodaje y seguimiento a muchas y distintas víctimas.
Tan larga ha sido la trayectoria hasta ver la luz que en el proceso han fallecido varios de sus protagonistas, como María Martín, la mujer que soñaba con que las ranas criaran pelo, que no llegó a encontrar los huesos de su madre de la fosa que ella visitaba a diario, y Carlos Slepoy, abogado que luchó contra la impunidad y defendiendo a las víctimas del franquismo.
María Martín falleció sin encontrar a su madre. Ella sabía la corrupción y la injusticia a las que se enfrentaba, pero no cejaba en su empeño. Su familia sigue su estela.
A lo largo de todo el film te vas familiarizando con todos y cada uno de los personajes que aparecen en él contando cómo esas vivencias los transformaron para siempre, les “rompieron” por dentro. Impresiona ver sus temblores de manos, los tics en sus rostros, el reflejo de un sufrimiento terrible e inconcluso.
Corrupción generalizada
Uno de los pasajes que más indignan es, sin duda, cuando se van a producir las primeras declaraciones de las víctimas en videoconferencia con la jueza María Servini, pero se corta toda su ilusión al informarles de que no van a poder declarar porque una llamada de la embajada española al gobierno argentino ha amenazado con romper relaciones diplomáticas si esto sucede.
La impunidad de la que gozan torturadores y ladrones de bebés y cómo se van poniendo palos en la rueda de quienes investigan por un sistema en el que impera la corrupción y en el que todo apunta a que los distintos estamentos, especialmente el judicial, no fueron suficientemente depurados llegada la democracia.
Tal es el poso que sigue habiendo que el conjunto escultórico que sirve como refugio visual durante todo el documental, El mirador de la memoria, obra del artista toledano Francisco Cedilla en El Torno (Cáceres) fue tiroteado a las pocas horas de ser inaugurado. El propio artista señaló que “ahora la obra ya está completa”.
Almudena Carracedo y Robert Bahar tardaron seis años en dar a luz esta maravilla de documental que debería ser de obligado visionado en los colegios e institutos de este país, pero podrían haber tardado otros seis más, o infinitos, ya que la reivindicación histórica de poder enterrar los huesos de sus familiares fallecidos, tener justicia por las torturas sufridas y recuperar aunque solo sea el contacto con los bebés sustraídos siguen estando vigentes, y lo seguirán hasta que se cumplan.
Si no lo habéis visto todavía, estará hasta este jueves en la web de RTVE y, viendo el éxito cosechado hasta el momento, durante una buena temporada en muchos cines.
Los creadores del Silencio de Otros también ofrecen la posibilidad de organizar una proyección en ciudades, pueblos, centros sociales, institutos, apuntándose en su página web.
Por fin me he puesto con Ozark. Era una de esas series que tenía pendientes y que sabía que me iban a gustar, pero me reservaba para momentos en los que poder saborearla. Y así estoy, disfrutando como un niño (bueno, un niño mejor que no la vea) de esta obra maestra de la tensión en la que el lavado de dinero de las drogas es el tema principal que articula la trama.
No sigas a partir de aquí si no quieres que te estropee la serie.
Cuando un asesor financiero estafa a un narco
La vida del asesor financiero Marty Byrde da un giro de 180 grados cuando descubre que su socio y la novia de este han estafado y robado al jefe de un peligroso cartel mexicano de drogas mientras le hacían operaciones de lavado de dinero.
Tras ver cómo el peligroso narco, Del Camino del Río, asesina a su socio y a la novia de este, Marty consigue librarse de la muerte engatusándole con poder seguir trabajando para él en un resort de verano en Misuri llamado Ozarks.
Del le concede tres meses para lograr un lavado de dinero de 8 millones de dólares, por lo que Marty y su familia se ven obligados a dejar su vida acomodada en Chicago y mudarse a un presunto paraíso poblado de ‘rednecks’ y sin apenas vida cultural, algo a lo que estaban muy acostumbrados en la ciudad cosmopolita en la que vivían.
Los lagos de Ozarks se convierten en el nuevo escenario para Marty y su familia, acostumbrada a la vida cosmopolita de Chicago.
Farsa familiar
Marty se ve envuelto, además, en un drama familiar al descubrir que su esposa, Wendy (magistralmente interpretada por Laura Linney -El show de Truman, Mystic River, John Adams), le es infiel con un hombre de avanzada edad que también es asesinado por el cartel mexicano tras sugerir a Wendy que sacase todo el dinero de su cuenta y se fuese.
Marty contrata un detective privado que graba a su esposa con su amante y le pasa el vídeo, escena recurrente en la primera temporada de la serie hasta que la mujer descubre que ha estado viéndolo continuamente.
Esta situación da pie a una vida familiar que apenas se sostiene, con una pareja en ruinas que trata de salvar su vida mientras sus hijos, una adolescente y un púber, intentan lidiar con los cambios frenéticos que está experimentando su vida.
Y que Wendy cuente a sus hijos la operación de lavado de dinero no es que les ayude precisamente a mantener la calma, todo lo contrario, especialmente a su hijo Jonah, un niño con altas capacidades (no lo han dicho en ningún momento, pero se ve) que comienza a tener obsesión por la muerte y las armas.
El lavado de dinero como motor de la economía
Una de las cosas que más me gusta de Ozark es cómo refleja sin tapujos cuestiones que suceden a diario. Y es que, aunque la tensión en esta serie sea algo muy ficcionado, la realidad subyacente es algo muy común en toda la economía.
“El lavado de dinero es el motor de la economía”, dice Jonah a su profesora y al director de su colegio en Ozarks el primer día de septiembre en una escena que debería estar en el top 10 del mundo mundial de las series. A través de la argumentación de este brillante niño, y a través de los avances en la trama de la serie, vemos algo que ocurre no solo allí, sino en las calles de cualquier pueblo o ciudad del mundo.
Jonah defiende la droga y el lavado de dinero como motor de la economiaEscena maravillosa en la que se explica en la argumentación de un niño cómo el dinero de la droga fue fundamental para parchear la crisis financiera de 2008.Poner en la boca de un chaval de 10 años este entramado de lavado de dinero y su relación con los bancos es magistral, de premio.
Y es que pequeños y grandes negocios inviables se mantienen en todo el mundo gracias a inyecciones continuas de dinero procedente de las drogas.
Rivalidad con otros criminales del lavado de dinero
En Ozarks, antes de que llegase la familia Byrde, ya existía un grupo criminal organizado que necesitaba lavado de dinero. Pero eso el espectador lo va sabiendo poco a poco, a través de escenas que ponen los pelos de punta y mantienen el corazón en un puño.
Los Langmore son una familia de delincuentes locales dedicados a la estafa y el robo de poca monta.
Los grandes capos de esa zona de lagos de Misuri son los Snell, una familia que cultiva grandes extensiones de amapola y fabrica heroína que suministra de una manera muy peculiar a través de barcos de supuestos feligreses de una iglesia flotante.
Los Snell son mucho más peligrosos. Dedicados a la producción de heroína, su nivel de violencia y crueldad igual al del cartel mexicano.
Y es aquí donde, si la serie me tenía cautivado, me ganó por completo, incluyendo a la Iglesia en el mejunje, si bien el párroco de esta es una persona noble que realmente cree en lo que predica.
Y así se van tejiendo poco a poco estas redes dedicadas al crimen, las drogas, la estafa y la corrupción de todo ser vivo que se acerque a menos de un metro.
Con el FBI en los talones
La serie se completa, además, con la investigación y presencia de un agente del FBI un tanto peculiar, homosexual que se enamora y mantiene una relación bastante entrañable con uno de los delincuentes locales supuestamente más alejados de la tolerancia sexual.
La relación sentimental que se establece entre el agente del FBI y el Langmore más rudo es de lo más entrañable y original de la serie.
Si todavía no habéis visto Ozark, os la recomiendo fervientemente. Se asemeja mucho a Breaking Bad en el planteamiento del antihéroe, por no decir directamente criminal que no sabía que lo era, que va salvando todo tipo de obstáculos con su inteligencia, pero a la vez contiene nuevos elementos, empezando por la localización, o la introducción de escenas paradójicas cómicas muy bien hiladas, que la hacen muy atractiva e interesante.
Homecoming es un thriller con tintes de terror psicológico en el que el personaje de Roberts, Heidi Bergman, se ve implicado en una trama de la que no recuerda nada.
Conspiración y trauma
Homecoming se narra en dos tiempos distintos: un pasado en el que Heidi Bergman trabaja como psicóloga vocacional en un centro de reinserción de soldados estadounidenses que llegan de Oriente Medio, y un presente en el que es camarera en un restaurante en el mismo pueblo en el que vive su madre.
El centro en el que trabaja, contrata privada del Ministerio de Defensa a la empresa Geist, aparenta entre sus objetivos preparar a los militares para la vida civil, pero poco a poco descubrimos, a la par que la Heidi del pasado, que es todo una tapadera para un experimento que va mucho más allá (me ahorro el spoiler, de nada).
Algunos de los soldados se percatan desde el principio de que no están allí por voluntad propia y de que detrás parece haber una conspiración y alguna trama de corrupción del gobierno.
La conspiración entre el jefe de Heidi, su empresa y el Gobierno de Estados Unidos está servida, y no resulta descabellada para el público medio, mucho menos para los amantes de este tipo de literatura y noticias.
En mitad de esos descubrimientos Heidi se descubre a sí misma muy implicada con uno de sus pacientes, lo que hace que se desate la denuncia que llega a manos de un agente de Defensa, que se decide a investigar qué pasó cuatro años antes a esa camarera y en ese centro del que nadie quiere hablar.
Actores solventes para la conspiración
Además de una trama muy bien hilada y el protagonismo y el buen hacer indiscutible de Julia Roberts, esta serie de Amazon Prime Video cuenta con actores muy solventes: Bobby Cannavale, el psicópata Gyp Rosetti de Boardwalk Empire y el ansioso Richie Finestra de Vinyl, interpreta a su jefe directo, Colin Belfast; Sissi Spacek, la famosa Carrie (1976), a la que hemos visto en otras series como Castle Rock o Bloodline, hace de madre de Bergman; Shea Whigmam, también de Boardwalk Empire, es el funcionario de Defensa encargado de investigar el caso.
Sissi Spacek borda su papel de madre aparentemente ajena a la conspiración.
Un elenco de actores y actrices que aportan una grandísima calidad interpretativa y hacen que esta claustrofóbica serie sea de las mejor valoradas de 2018 y más esperadas para este año 2019.
Factura impecable
Otro de los atractivos de la serie es la factura impecable de Sam Esmail y sus planos estilizados que generan una terrible sensación de agobio en el espectador.
Los planos del presente en los que Heidi aparece constreñida y siempre en formato vertical son la metáfora de lo que le falta, la memoria perdida que deberá encontrar a lo largo de los diez primeros episodios de esta temporada.
Los planos verticales del presente revelan esa memoria cercenada de Heidi Bergman.
Las continuas conversaciones telefónicas entre Heidi y Colin, con narración en pantalla partida y seguimiento de qué está haciendo cada uno de los personajes, también son magistrales, pues revelan mucho sobre cada uno de los personajes, y sobre lo que va a ocurrir después en la trama.
¿Quién no ha tenido un jefe medio psicópata? ¿Quién no se ha sentido tan agobiado como Heidi Bergman al hablar con su jefe?
Por último, hay que reseñar la elección de piezas para la banda sonora, en la que aparecen temas existentes de otras producciones audiovisuales como Carrie, La Conversación… que contribuyen a aumentar la ansiedad y la paranoia que rodean a esta magnífica serie de conspiración.
Casi me pilla la segunda temporada de Succession de HBO antes de terminar la primera, pero tenía tantas pendientes que he dejado esta sátira familiar para principios de 2019, por aquello de empezar con fuerza el año. Y no he podido elegir mejor.
Succesion es una historia sencilla sobre la corrupción moral y la lucha por el poder en el seno de una de las familias más ricas de Estados Unidos. Quizá nada que no hayamos visto antes, solo que contado de distinta manera.
La tragicomedia en Succession
Y es que Succession no es un drama, sino una comedia negra en la que los personajes, al menos tal y como yo lo he percibido, son tratados sin ningún tipo de respeto.
Succession, como he dicho más arriba, es una sátira en la que tanto el padre, en el primer episodio, como los hijos, que van descubriéndose cada vez más como egoístas, inútiles y antipáticos son seres miserables con los que no solo resulta imposible empatizar, sino que realmente provocan cierta satisfacción cuando les suceden las desgracias.
Los personajes son ridículos y miserables que no parecen tener consciencia ni del lugar en el que se encuentran.
Es una serie que persigue una actitud cínica y un tanto frívola en el espectador, casi tan cínica y frívola como la de los propios personajes, que se desplazan en helicóptero para ir a un cumpleaños, se reúnen en ranchos en New México o asisten a fiestas clandestinas sofisticadas de las que el resto de mortales no tenemos conocimiento.
Y, a pesar de todos esos lujos, sus vidas son realmente tristes e inestables y están sujetas a la crueldad de un mundo de millonarios que no dudarían en apuñalarse por la espalda con tal de medrar.
Probablemente el personaje más patético de la serie. El supuesto heredero de la empresa del que todos se ríen y al que todos llaman “nene de papá”.
El mejor personaje de Succession
En medio de la vorágine que sacude a la familia de Logan Roy, el multimillonario magnate de la comunicación (que recuerda a Rupert Murdoch) tras sufrir este un ictus, y con sus tres hijos y su única hija en una lucha de poder que alcanza cotas de absoluto patetismo, destaca un personaje inocente, que sería una víctima si su único objetivo en toda la trama no fuese trepar.
Greg es el personaje más ridículo y arrastrado de todos. Poco a poco se va acostumbrando a las costumbres y la corrupción familiar.
Se trata del sobrino de Logan Roy, el “primo” Greg Hirsch, hijo de una sobrina de Logan que busca colocarlo en las empresas de su tío, pero este se niega a hacerlo hasta que su hermano y abuelo de Greg le pida perdón.
Greg intenta por todos los medios conseguir un puesto en la empresa de su tío.Todos saben que es una sabandija y aun así no dudan en utilizarlo para sus propios fines.
Greg tiene escenas hilarantes que, sin embargo, los que hemos vivido ciertas situaciones de apuro conocemos bien, como cuando le quedan solo 20 dólares en el bolsillo, los últimos 20 dólares con los que podrá volver a su casa, y su prima ultramillonaria se los pide para comprar algo en la máquina de bebidas porque no tiene cash. Y él, pringado, se los da, pero los espectadores sabemos que ella no se los va a devolver y que eso acaba de atarle todavía más a la situación bochornosa en la que se encuentra.
“Cousin Greg”, como lo llaman en la versión original, se convierte en mercenario de todos y cada uno de los hermanos y poco a poco va convirtiéndose en otro ser corrupto y vil como todos los que lo rodean.
Quizá no ha sido la serie de la que más se haya hablado, pero Succession es una auténtica joya de la comedia negra, así que os recomiendo que, si no la habéis visto, lo hagáis cuanto antes. Y no le tengáis en cuenta el primer episodio, que puede hacerse largo, porque lo bueno viene después. Y no defrauda.
Llevo unos días de maratón de 13 Reasons Why de Netflix y he de confesar que me está haciendo pensar mucho, y sobre temas que además están muy candentes ahora mismo.
Para quien no la conozca todavía, se trata de una serie en la que Hanna Baker, la protagonista, una adolescente de 17 años, se suicida, dejando varias cintas de audio en las que expresa por qué. Cada una de las cintas, dedicada a un compañero, amigo e, incluso, a un profesor, contiene qué ha hecho la persona en cuestión para que Hanna termine dejando de confiar en sí misma y en el ser humano como para dejar de seguir viviendo.
Las sucesivas historias que va narrando y las relaciones que mantiene con su entorno llevan inevitablemente a reflexiones de bastante calado sobre el mundo que nos rodea. Porque, si bien es cierto que la serie está ambientada en Estados Unidos, donde el tema de la popularidad en los institutos alcanza cotas demenciales, en España, como vemos cada día en las noticias, o como nos cuentan asociaciones como IAPAE (desde aquí mi más sincero apoyo a Rafa Romero y su lucha quijotesca por los niños en Andalucía), esto también está pasando.
Pensar sobre el acoso en los centros escolares
Esta serie de adolescentes, protagonizada a su vez por chavalitos que no superan los 20 (no como en alguna que otra serie española, je, je, je), comienza su segunda temporada con los actores explicando que son eso, actores, y que si algún adolescente que está viendo la serie está atravesando una situación similar, por favor lo comunique a su familia o a alguna otra persona adulta de referencia.
Reconozco que, cuando lo vi, un escalofrío me recorrió el cuerpo, porque es cierto que hay en estos momentos miles, millones de niños y adolescentes en todo el mundo que sufren en sus carnes el acoso escolar, tanto por parte de compañeros como por parte de profesores, o de ambos.
Y ya sé que #notallteachers, pero la cantidad de profesores que se ríen, insultan y marginan a alumnos solo porque no son todo lo normativos que ellos querrían es alarmante incluso aunque fuese uno solo el que lo hiciera, que no es el caso.
En el juicio de la madre de Hanna contra el instituto desfilan una y otra vez como testigos alumnos que han sido a su vez acosadores y acosados.
Tenemos que pensar seriamente por qué no se puede garantizar la seguridad de los alumnos de un centro, a nivel físico y psicológico, y por qué se están produciendo todos estos casos de acoso. Si proviene de la educación familiar, la social que está en todas partes (televisión, anuncios de publicidad, mentalidad e ideología imperante) o de la propia estructura del sistema educativo.
Y hay que pensar con detenimiento qué podemos hacer para que un niño o una niña que se sienten acosados no reciben la atención que necesitan hasta el punto de llegar, como ha pasado en varias y tristísimas ocasiones, a suicidarse, como la protagonista de 13 Reasons Why.
Pensar sobre la corrupción judicial
La serie nos remite, asimismo, a otro debate que está presente en todos los medios, como es el del machismo y la corrupción de la administración judicial, en un sentido no sé si tanto legal como desde luego que moral, pues se están dando condenas ridículas a hombres que han drogado y abusado de las amigas de su hija, de sus propias nietas, de mujeres a las que han agredido por la calle, etc.
En este clima de impunidad judicial que parece imperar, el poso que queda es que agredir a una mujer, sea verbal o físicamente, es algo permitido y excusado, y son ellas quienes, en caso de denunciar, son sometidas a juicio.
Esto mismo ocurre en la segunda temporada de 13 Reasons Why, en la que la madre de Hanna, que ha interpuesto una denuncia contra el instituto Liberty, al que acudía su hija, tiene que ver cómo cada día la abogada defensora del instituto somete a escarnio y juicio a su hija, a la que, por hacer las mismas cosas que en un chico estarían permitidas y bien vistas, se la califica de muy malas maneras.
No puedo evitar acordarme de la víctima de “La Manada” y cómo la defensa de los agresores contrató a un detective para comprobar si esa chica estaba traumatizada en función de parámetros como si seguía saliendo a la calle, yendo a restaurantes o viajando. Porque para la administración judicial, y para la sociedad, una víctima ha de ser poco menos que una beata, y que haya bebido, que lleve una determinada ropa, que haya consentido en un momento inicial, todo eso son provocaciones y, por tanto, atenuantes para el violento agresor.
La madre de Hanna Baker observa cada día cómo el juicio para depurar responsabilidades por parte del instituto se ha convertido en un linchamiento contra su hija.
Cuando veo a la abogada defensora del Liberty preguntar a los distintos testigos que está citando (padres de Hanna, amigos, exparejas, etc.) pienso qué pasaría por la cabeza de la madre de Nagore Laffage, la joven enfermera asesinada por un compañero de la Clínica Universitaria de Navarra en las fiestas de San Fermín de 2008, y cómo todo el juicio giró en torno a un supuesto consentimiento previo. Y eso ya dio carta blanca para que ocho años después el asesino siguiese con su carrera profesional como psiquiatra como si nada hubiese pasado.
Siempre suele haber un vínculo entre corrupción de la administración judicial o condenas mínimas y ostentación de poder y/o provenir de buena familia de los acusados. Esto también queda reflejado en 13 Reasons Why.
Pensar sobre el machismo y la homofobia
Y todo este machismo, del que me avergüenzo como hombre, está en los hogares, en los colegios y en los institutos.
Los que ya peinamos canas teníamos la esperanza de que las nuevas generaciones hubiesen sido impregnadas de verdad por la revolución sexual y el empoderamiento y que ninguna chica tuviese que soportar más críticas y prejuicios por vivir su sexualidad como le plazca, pero parece ser que estamos estancados y que no solo las chicas, sino también los y las adolescentes LGTBI viven los mismos dramas y las mismas situaciones de acoso de nuestra época.
Jessica, una de las protagonistas, denuncia en el juicio contra el instituto que está siendo acosada, además de haber sido víctima de violación, sin que nadie haga nada. Su testimonio no se tiene en cuenta.
13 Reasons Why es una bofetada de realidad, incluso a pesar de sus momentos de inverosimilitud (¿cómo puede un adolescente tener escondido a otro en su habitación y que no se enteren los padres?). Y es que tenemos que estar atentos a qué están viviendo nuestros chavales para tenderles una mano y crear una sociedad mejor. Nos va la vida en ello.
Terminada la cuarta temporada de Better Call Saul (¡cuarta ya, quién lo iba a decir!), solo puedo señalar la capacidad de Vince Gilligan de mantener la calidad narrativa en sus creaciones. En este caso, sabiendo conservar el suspense sobre el personaje de Jimmy McGill, al que vemos mutar por momentos en esta última entrega.
El lado bueno del personaje de Jimmy McGill
El Saul Goodman que conocemos por Breaking Bad tarda en aparecer en Better Call Saul, si bien vemos desde el principio pinceladas del Jimmy McGill de ‘moralidad distraída’ al que le gusta utilizar cualquier tipo de método para salirse con la suya.
Jimmy McGill no duda a la hora de idear y ejecutar divertidos y movidos planes para salirse con la suya.
En este spin-off observamos los continuos intentos de Jimmy por agradar a su hermano, Chuck, reputadísimo abogado con el que siempre va a salir perdiendo en cualquier tipo de comparación.
Lo vemos esforzarse aprobando la carrera e intentando labrarse un puesto como abogado mientras su hermano, socio de un gran y prestigioso bufete, le pone la zancadilla pidiendo a sus compañeros que no lo admitan como uno más.
Su relación con Kim Wexler se hace inviable por las continuas mentiras, además de por una clara incompatibilidad de caracteres.
En Better Call Saul siempre revolotea la pregunta sobre si Saul Goodman es el personaje que siempre quiso ser y fue Jimmy McGill o si ha sido una mezcla de su propia naturaleza con sus circunstancias la que lo ha llevado hasta esa corrupción total.
El gusto por la estafa de Jimmy McGilll
Desde joven Jimmy McGill ha tenido mucho talento a la hora de idear estrategias ilegales o de dudosa moralidad para ganar dinero. Es algo que le gusta y para lo que siente que vale, solo que en las primeras temporadas de la serie procura no tener que recurrir a ello.
Jimmy es feliz en estas tramas que urde. Tiene un talento especial para la estafa.
En la temporada anterior nos mostraron a un Jimmy en su salsa con Kim Wexler, su novia, estafando a empresarios ricos y trajeados en un restaurante y posteriormente en una habitación de hotel.
Con un subidón de adrenalina más que visible, McGill se veía a sí mismo en su esplendor haciendo de la estafa un modo de vida, pero Wexler y la idea de una vida “en A” era algo en lo que quería trabajar.
Vendiendo teléfonos móviles de estraperlo, una de las muchas actividades delictivas que hace Jimmy en la cuarta temporada de Better Call Saul.
La mutación final del personaje se produce cuando ni Kim, ni el Colegio de Abogados, ni nadie, con su hermano ya fallecido, consigue llenarle sus expectativas. Cuando, después de intentarlo durante años, descubre que él nunca podrá llegar tan alto como los que están arriba, asume su condición y se da cuenta de que la única forma de hacerlo es entregándose por completo al engaño y la estafa.
Ahí es donde se completa la metamorfosis de Jimmy McGill en Saul Goodman, y donde finaliza la cuarta temporada, que promete dar paso a una trepidante quinta entrega.