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El jueves de la semana pasada, como otros 951.000 hogares en este país, tuve la suerte de poder ver en mi televisor el documental El Silencio de Otros, que recoge los testimonios y los intentos frustrados de las víctimas del franquismo y el postfranquismo por tener algo de justicia.

Silencio de muchos

Si hay algo que llama poderosamente la atención en El Silencio de Otros es la magnífica y dilatada labor de documentación que han realizado, con muchos años de rodaje y seguimiento a muchas y distintas víctimas.

Tan larga ha sido la trayectoria hasta ver la luz que en el proceso han fallecido varios de sus protagonistas, como María Martín, la mujer que soñaba con que las ranas criaran pelo, que no llegó a encontrar los huesos de su madre de la fosa que ella visitaba a diario, y Carlos Slepoy, abogado que luchó contra la impunidad y defendiendo a las víctimas del franquismo.

El Silencio de Otros, corrupción en el Estado español

María Martín falleció sin encontrar a su madre. Ella sabía la corrupción y la injusticia a las que se enfrentaba, pero no cejaba en su empeño. Su familia sigue su estela.

A lo largo de todo el film te vas familiarizando con todos y cada uno de los personajes que aparecen en él contando cómo esas vivencias los transformaron para siempre, les “rompieron” por dentro. Impresiona ver sus temblores de manos, los tics en sus rostros, el reflejo de un sufrimiento terrible e inconcluso.

Corrupción generalizada

Uno de los pasajes que más indignan es, sin duda, cuando se van a producir las primeras declaraciones de las víctimas en videoconferencia con la jueza María Servini, pero se corta toda su ilusión al informarles de que no van a poder declarar porque una llamada de la embajada española al gobierno argentino ha amenazado con romper relaciones diplomáticas si esto sucede.

La impunidad de la que gozan torturadores y ladrones de bebés y cómo se van poniendo palos en la rueda de quienes investigan por un sistema en el que impera la corrupción y en el que todo apunta a que los distintos estamentos, especialmente el judicial, no fueron suficientemente depurados llegada la democracia.

Tal es el poso que sigue habiendo que el conjunto escultórico que sirve como refugio visual durante todo el documental, El mirador de la memoria, obra del artista toledano Francisco Cedilla en El Torno (Cáceres) fue tiroteado a las pocas horas de ser inaugurado. El propio artista señaló que “ahora la obra ya está completa”.

Almudena Carracedo y Robert Bahar tardaron seis años en dar a luz esta maravilla de documental que debería ser de obligado visionado en los colegios e institutos de este país, pero podrían haber tardado otros seis más, o infinitos, ya que la reivindicación histórica de poder enterrar los huesos de sus familiares fallecidos, tener justicia por las torturas sufridas y recuperar aunque solo sea el contacto con los bebés sustraídos siguen estando vigentes, y lo seguirán hasta que se cumplan.

Si no lo habéis visto todavía, estará hasta este jueves en la web de RTVE y, viendo el éxito cosechado hasta el momento, durante una buena temporada en muchos cines.

Los creadores del Silencio de Otros también ofrecen la posibilidad de organizar una proyección en ciudades, pueblos, centros sociales, institutos, apuntándose en su página web.

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