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  • Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    No soy muy admirador de las series que reconstruyen crímenes reales porque suelen ser una estafa en la que el amarillismo, la falta de honor a la verdad y la manipulación del espectador son notorias, pero aun así las veo y luego termino despotricando sobre ellas. Es el caso de Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil, a la que dedico hoy un post.

    He de reconocer que conocí el caso de Elisa Lam por una publicidad de Netflix en mi página de inicio de Facebook, así que me lancé a ver la miniserie quizá con demasiadas expectativas, pensando que realmente podría haber más enjundia.

    La escena del crimen

    Para quienes no conozcan este caso concreto, Elisa Lam era una joven canadiense hija de inmigrantes de Hong Kong que decidió realizar un viaje sola por Estados Unidos en 2013, cuando tenía 21 años.

    El 26 de enero llegó a Los Ángeles y dos días después se registró en el Hotel Cecil en una habitación compartida, aunque más tarde sería alojada en una propia al quejarse sus compañeras de “cierto comportamiento extraño”. Días después desaparece y su cuerpo es hallado en el tanque de agua del hotel.

    El Hotel Cecil, construido en 1924, tenía toda una historia de suicidios y muertes violentas, empezando en el año 1931 por un envenenamiento de un huésped, al que siguieron unos cuantos suicidios. No en vano, los residentes del establecimiento se referían a él como “el Suicida”.

    Hotel Cecil, escena de un no crimen.
    Hotel Cecil, escena de un no crimen.

    En 1964, una operadora telefónica retirada, llamada “Pigeon Goldie” Osgood fue encontrada muerta en su habitación tras haber sido violada, apuñalada y golpeada, y la habitación saqueada y, aunque un hombre llamado Jacques B. Ehlinger fue acusado del asesinato de Osgood, más tarde fue absuelto, quedando el caso sin resolver.

    Se cree también que en los años 80 se hospedó durante varias semanas en él el asesino en serie Richard Ramírez, que frecuentaba el área cercana al hotel, llamada Skid Row.

    Con estos antecedentes, que la miniserie de Joe Berlinger se encarga bien de subrayar para aumentar así el metraje sin aportar nada realmente valioso a la trama, es lógico ponerse en el peor de los casos.

    La estafa de Escena del crimen

    Como he dicho más arriba, la publicidad de la serie quizá me generó demasiadas ilusiones, pues hacía repaso de toda la oleada de teorías de la conspiración que surgieron al calor del último vídeo de Elisa Lam, en el que aparece haciendo aspavientos en el ascensor, como si estuviese escondiéndose de alguien.

    Además, en las imágenes se la ve intentando dar a los botones sin que el ascensor responda, lo que lleva a pensar en una posible trampa y asesinato.

    Pero en el cuarto y último episodio comprobamos que no hubo true crime, sino una triste historia en la que los problemas de salud mental causaron el terrible desenlace, pero que supuso mucho revuelo porque se filtraron equivocados al público, como que el tanque donde apareció el cuerpo estaba cerrado.

    Dejando ya de lado la estafa que supone tener enganchados a los espectadores con artificios para darles después semejante final, hay que reconocer que la serie trata temas como la marginación de ciertas comunidades y la salud mental y cómo ambas influyen en la creación de homicidas y suicidas. Y que la vida de Elisa Lam quizá podría haberse salvado si alguien hubiese prestado mayor atención a las señales que iba dando de que no se encontraba bien.

  • Ladrones del tiempo o cómo nos controlan las redes sociales

    Ladrones del tiempo o cómo nos controlan las redes sociales

    Visto por fin el documental The Social Dilemma, de Netflix, del que todo el mundo habla, confieso que no me ha sorprendido en absoluto la idea que transmite de que estos nuevos ladrones de tiempo que son las redes sociales están perfectamente pensados para absorber nuestra atención y convertirnos en productos de cara a las marcas.

    Un puñado de jóvenes dirigiendo el mundo

    Es cierto que no todo el mundo conoce cómo funciona la publicidad de las redes sociales, ni la recogida de datos ni su capacidad para conchabarse con la corrupción política para manipular lo que vemos en nuestras páginas de inicio (el escándalo de Cambridge Analytica no llegó a todas las personas que debería haber llegado) o difundir bulos y fake news, y en ese sentido el filme de Jeff Orlowski aporta muchos datos de primera mano.

    como Google modifica nuestro comportamiento
    Las grandes empresas tecnológicas operan para que las usemos el mayor tiempo posible. Son grandes conocedoras de la mente humana y trabajan contra ella.

    Pero adolece de varios errores. Uno de ellos es utilizar solo testimonios en primera persona de extrabajadores que, después de enriquecerse diseñando y perfeccionando la forma de atraer nuestra atención y robar nuestros datos en Pinterest, Instagram, Facebook, Twitter, YouTube, Whatsapp, etc., ahora se arrepienten de lo que han hecho e intentan expiar sus pecaditos cuando ya es un poco tarde para ello.

    las redes sociales saben cómo engañarnos
    El movimiento de actualizar en nuestros dedos se ha convertido casi en un TIC, pues sabemos que siempre va a haber algo nuevo que ver.

    Entre ellos están Tristan Harris, exdiseñador ético de Google; Aza Raskin, el cofundador de Asana; Justin Rosenstein, extrabajador de Facebook y cocreador del botón de Me Gusta de dicha plataforma; el presidente de Pinterest, Tim Kendall; el director de política de investigación de IA Now, Rashida Richardson; el director de investigación de Yonder, Renee DiResta.

    Ladrones de vidas

    Afortunadamente, además de estos jóvenes, aparecen científicas como Anna Lembke, directora de programa de la Sociedad Médica de Adicciones de la Universidad de Stanford, la matemática Cathy O´Neil o la socióloga Shoshana Zuboff, que hace poco ocupaba en La Vanguardia un titular que reza así: “Pensábamos que usábamos a Google, pero es Google el que nos usa a nosotros”.

    Corrupción y mercado de la atención
    La socióloga Shoshana Zuboff es muy crítica con la corrupción de estas empresas.

    A través de estas voces más expertas y con mayor número de estudios y evidencias científicas en la mano, se nos muestra lo que para mí es crucial del documental, que son las consecuencias tangibles de esta nueva atadura en la que hemos caído todos, especialmente los más jóvenes.

    Y es que los aumentos de suicidios entre adolescentes a partir del año 2011 en el que las redes sociales se consolidan (algunos ya usábamos MySpace, los canales IRC y demás, pero no eran tan comunes como para que las tuviesen todos nuestros amigos, y mucho menos nuestros padres, y hasta nuestros abuelos, como sí lo es ahora). El acoso a través de estas plataformas se perfila como una de las principales causas, porque ahora los acosadores no se quedan en el ámbito escolar, sino que continúan sus agresiones desde sus casas a través de las redes.

    La estafa de la ficción

    Combinada con los numerosos testimonios de extrabajadores de las redes sociales e investigadores, aparece en el documental un amago de ficción que da bastante vergüenza ajena, aunque es algo a lo que estamos acostumbrados ya en este género cuando a un director o directora no le llega con hacer una obra informativa y quiere sacar a la luz sus anhelos cineastas.

    La ficción en The Social Dilemma es una estafa
    Uno de los momentos cumbre de la estafa de ficción que se ha insertado como un pegote en el documental.

    En esta estafa, perdón, experimentación con la ficción, se muestra los efectos reales de las redes sociales en el seno de una familia con dos hijos adolescentes muy influidos por las redes y, aunque considero que es una chapuza a nivel de guion e interpretación sí me parece interesante reseñar que muestra bien cómo un niño o una niña que recibe una crítica hiriente a una foto suya puede terminar profundamente afectado y con algún trastorno psicológico de algún tipo.

    peligros de las redes sociales
    Para los niños, cuyo sentido de la identidad se está formando, es muy peligroso estar sometidos constantemente a las valoraciones externas a través de las redes.

    Porque, como dice uno de los extrabajadores de estas empresas tech, los seres humanos no estamos preparados mentalmente para saber lo que miles de personas opinan sobre nosotros y eso puede perjudicarnos muchísimo ya de por sí a los adultos, muchísimo más a los niños.

    Las redes dañan a los niños
    Las redes no están pensadas para ayudar a los niños y adolescentes en sus relaciones sociales, sino para que estos las usen de manera indefinida y descontrolada.

    En definitiva, se trata de un documental con una temática interesante que podría estar un poco mejor realizado para hacerlo mucho más atractivo. Ya llevo unos cuantos de Netflix así (hace poco hablé aquí sobre el de los terraplanistas). Espero que no sea la norma.

  • The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    Tras escribir sobre Show me a hero y Treme, hoy le toca el turno a otra de las producciones de David Simon, la más conocida, la más extensa y seguramente la más impactante: The Wire, la serie en la que la corrupción estatal generalizada y endémica a todos los niveles es la indiscutible protagonista.

    The Wire, incatalogable

    Conozco a un montón de personas que se resisten a ver The Wire solo porque la consideran “otra serie policiaca más” cuando si algo puede decirse de ella es que es imposible etiquetarla dentro de un género.

    The Wire es drama, es política, es realismo social, es periodismo y, sobre todo, es una composición pentaédrica sobre un mismo tema visto desde distintos lados: cómo la corrupción afecta a los distintos estratos de la sociedad en una misma ciudad, Baltimore.

    En las cinco brillantes temporadas que la componen observamos este tema tratado desde diferentes perspectivas: en la primera vemos la incapacidad y los errores de la policía a la hora de enfrentar los problemas derivados del abuso de drogas en las viviendas sociales de gente pobre y marginal. En la segunda aparece retratado el contrabando de mercancías y drogas en el puerto. La tercera se centra en los políticos, las luchas de poder y la financiación, que se entrelaza con las dos anteriores.

    En una cuarta entrega podemos ver cómo se degrada la educación pública de manera que la pobreza que se ve reflejada en las otras temporadas se convierte en un determinismo social causado por la propia corrupción del sistema.

    La crítica a los medios

    La quinta y última temporada de The Wire aborda el tema de los medios de comunicación desde un punto de vista un tanto original. La serie incide en que son empresas privadas que buscan el máximo beneficio a costa de recortar en recursos, lo que hace que las personas que más deberían estar alerta para denunciar la corrupción y los crímenes cometidos por altas instancias no puedan dedicarse a ello y sean meros relaciones públicas de los poderosos, mintiendo si hace falta con tal de poder pagar sus facturas.

    No en vano, Simon fue reportero en The Baltimore Sun y durante sus años en el periódico tuvo que hablar en innumerables ocasiones de los crímenes, la pobreza, los conflictos racistas y la desigualdad en una ciudad azotada por la desindustrialización hasta que “unos hijos de puta [un grupo multimedia estadounidense] compraron el periódico y dejó de ser divertido”.

    Y con este descreimiento de los medios de comunicación él mismo ha creado la mejor narrativa periodística sobre Baltimore (y sobre la sociedad estadounidense en general) jamás escrita.

    “Que se joda el espectador medio”

    El propio Simon señaló hace tiempo a un periodista que la premisa que había seguido para desarrollar su proyecto era “Solo una: que se joda el espectador medio”, y eso es algo que aquellos que disfrutamos cuando los guionistas de una obra nos tratan como seres inteligentes (ENLACE OINTB) tenemos que agradecerle.

    Porque cuando dedicas mucho tiempo a una serie esperas que esté escrita con mimo, considerándote una persona con inquietudes y que no caiga en el simplismo. Y todo eso lo tiene The Wire, probablemente una de las mejores series de la historia en la que lo político, social y económico también se combina perfectamente con el lado humano: el amor, el odio, la compasión, la amistad, la traición…

    Actores

    Un factor importante que es necesario reseñar al hablar de The Wire son sus actores, algunos de ellos recurrentes en las producciones de David Simon, que han dado vida a otros personajes de series como The Corner o Treme, como Clarke Peters (Lester Freamon en The Wire, Robert Mayhawk en Show me a hero y Albert Lambreaux en Treme), y algunos de los cuales están muy concienciados con mejorar el mundo que les rodea.

    Uno de ellos es Wendell Pierce, que encarna al Detective Bunk Moreland, que ha invertido 20 millones de dólares en un complejo de apartamentos en Baltimore con el objetivo de crear empleos tanto en la construcción del mismo como después, pues ha reservado un porcentaje para los artistas locales, que también podrán exhibir sus obras en las galerías con las que contará el edificio.

    Personajes

    Pero si algo destaca de la serie es el carisma de sus personajes. Desde Omar, un ladrón gay regido por su propio sistema de valores e interpretado por Michael Kenneth Williams, actor que dio vida a Chalky White, otro personaje muy complejo de la serie Boardwalk Empire, hasta Stringer Bell, un criminal con afán de trepar e inmiscuirse en las capas más altas de la sociedad y al que Idris Elba dota de una excelentísima interpretación, pasando por el Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), todos y cada uno de los caracteres de The Wire tienen su propia e indiscutible personalidad y complejidad.

    Todos los personajes rezuman realismo, y es que algunos de ellos se inspiran en personas reales, como Omar Little, que se basa en Larry Donnel Andrews, un criminal de Baltimore que tenía entre sus reglas éticas no involucrar nunca a mujeres y niños.

    Y es que, como hemos dicho a lo largo de todo este post, el realismo de The Wire, y en general de todas las series de David Simon, la convierte en un género periodístico en sí mismo. Un género ficcional que, sin embargo, ha demostrado merecer mayor credibilidad que gran parte de los artículos y reportajes que vemos a diario en los medios.