Tag: religión

  • Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Foundation, infiel a Asimov, construye su propio relato

    Siempre se ha dicho que Foundation, una de las muchas obras maestras de Isaac Asimov, era imposible de filmar, y el intento que han hecho en Apple TV+ lo confirma, pues, lejos de la serie de libros original, ha terminado por construir su propio relato, no sabemos si por exigencias narrativas o por falta de capacidad para hacer una adaptación fiel.

    Y no puede decirse que esto haya pasado precisamente por falta de presupuesto, ya que los diez episodios de la primera temporada son todo un despliegue de recursos, tanto fílmicos como humanos.

    La premisa de Foundation

    De lo poco que hay de la historia original en la serie está el matemático y psicólogo Hari Sheldon (un siempre impecable Jared Harris), que predica haber descubierto que el Imperio Galáctico, de 12.000 años de antigüedad, va a caer inevitablemente y convence a Imperio (un soberbio Lee Pace) para que le dé un planeta en el que poder construir una comuna desde la que salvarlo.

    Es una premisa grandiosa en términos cronológicos, y muy difícil, por tanto, de llevar a una pantalla. Solo el primer libro de la serie de La Fundación se compone de cinco novelas cortas con personajes que no tienen nada en común y cuyas vidas se desarrollan en 150 años.

    Lee Pace en Foundation
    En algunos momentos podría decirse que Lee Pace sostiene enteramente la serie.

    El showrunner, David S. Goyer, limita Foundation la primera temporada a las dos primeras quintas partes de la novela original y las une de una manera un tanto forzada. La idea de Goyer de que Lee Pace interprete a un emperador Cleon eternamente clonado es una forma inteligente de darle a la serie un antagonista consistente, y es ahí donde reside su éxito.

    Cleon, la corrupción política y genética

    El emperador Cleon, que apenas figura en el primer libro, sostiene el peso de la historia, o mejor dicho, lo más interesante de ella, durante toda la primera temporada. Interpretado por tres actores: el hermano Day (Pace), el hermano menor Dawn (Cassian Bilton) y el hermano mayor Dusk (Terrence Mann), Cleon representa un autoritarismo vitalicio que invita a reflexionar sobre la clonación, la necesidad de mutabilidad de las cosas y la permanencia.

    Corrupción genética de Imperio
    Los tres personajes que encarnan los clones presentes de Cleón I tienen una relación de intrigas y luchas de poder, y son percibidos como la mayor amenaza contra el desarrollo de la humanidad en distintos planetas y religiones.

    Los clones de Cleon tienen el cometido de ser exactamente iguales a él, con una serie de indicadores que muestran si el clon es válido para continuar el legado del primero. La amenaza de corrupción genética mediante sabotaje, las propias preguntas que se hacen a sí mismos los clones y la visión que tienen de ellos en distintos planetas y religiones que se encuentran dentro del Imperio Galáctico son ciencia ficción, pura y dura.

    Demerzel - Foundation
    El personaje de Demerzel retoma la eterna cuestión de la evolución y la conciencia de las IA.

    Un imperio galáctico hipertecnológico que no recuerda ya en qué planeta vivieron los primeros seres humanos, ¿ha podido prosperar solo por un mando único con visión de futuro o es ese mando el que está impidiendo que los seres humanos se desarrollen?

    Los puntos débiles de Foundation

    A pesar de que, como escribí anteriormente sobre Foundation, hay personajes que no estaban en los libros y cuyas historias se escriben para poder dar continuidad narrativa a la serie, el desarrollo de la primera temporada es discontinuo en cuanto a su relevancia y al interés que despiertan sus propias tramas.

    Si bien Salvor Hardin (Leah Harvey) se convierte en una pieza clave para el surgimiento de la esperada revolución en los confines del imperio, su conexión esotérica con Gaal Dornick (Lou Llobell) y su historia de amor alejan a Foundation de la ciencia ficción y la llevan al terreno de la fantasía.

    En definitiva, las tramas prolongadas y el relleno que no lleva a ninguna parte hacen que desilusione a los fanáticos de Asimov. Y, si quería hablar de corrupción, política, religión y almas, se ha quedado bastante lejos también de otras series de ciencia ficción que han llevado la reflexión sobre estos temas a niveles muy profundos, como Westworld.

    No obstante, cómo no, esperaremos ansiosos a la segunda temporada.

  • La condena del ser humano en Raised by wolves

    La condena del ser humano en Raised by wolves

    Casi sin haberlo previsto, o desde luego habiéndoseme pasado por alto que se estaba gestando una producción así, ha caído en mis manos la maravilla de Raised by wolves, una serie de ciencia ficción en la que se nota la mano de Ridley Scott como productor ejecutivo y que aborda temas clásicos como las creencias religiosas y las guerras cainitas que constituyen la condena del ser humano.

    Aunque la serie, apuesta de HBO Max, ha sido creada por Aaron Guzikowski, como digo, se observan en ellas los conflictos y las oscuras inquietudes que han envuelto las mejores producciones de Ridley Scott, desde Blade Runner a Prometheus, pasando por Alien.

    La humanidad se condena a sí misma

    Uno de los temas centrales de Raised by wolves es la búsqueda por parte de los pocos supervivientes humanos que quedan de un nuevo planeta que pueda servir de hogar, una vez destruido el planeta Tierra por ellos mismos.

    El ser humano se condena a sí mismo.

    La guerra entre los creyentes de la religión Mitraica y los ateístas da lugar a este éxodo de los últimos humanos. Se trata de una guerra cruenta en la que los religiosos cuentan con una tecnología de destrucción impresionante que, como se verá a lo largo de la primera temporada (y como queda por desentrañar en la ya aprobada segunda entrega), tiene mucho que ver con las escrituras sagradas que les fueron entregadas no se sabe por quién…

    La estética de los creyentes mitraicos recuerda a la de los caballeros cruzados
    La estética de los creyentes mitraicos recuerda a la de los caballeros cruzados

    En este sentido, la configuración de la sociedad que realiza esta creencia se parece a la de The handmaid´s tale, aunque con una menor estratificación por sexos.

    Padre y Madre, androides que superan a los humanos

    En mitad de esa batalla entre creyentes y ateos, un programador de estos últimos captura a una Negromancer, el androide más mortífero de los religiosos, y modifica su código para convertirla en Madre en una misión en la que, junto con otro androide, Padre, tendrán que salvar a doce embriones humanos para crear una nueva civilización en la que no exista la idea de dios y todos los seres humanos convivan en paz, armonía e igualdad.

    Como es de esperar en una buena serie de ciencia ficción, los androides evolucionan rápidamente y van presentando cada vez emociones y pensamientos más complejos, dando lugar a situaciones en las que presentan mayor sensibilidad que los humanos que los rodean y los menosprecian mientras permanecen ciegos ante sus propios procesos de corrupción moral.

    Delirios de grandeza
    Marcus, un ateo infiltrado en las filas de los Mitraicos, experimenta delirios de grandeza y complejo de dios a su llegada al planeta.

    Madre, personaje icónico que representa la maternidad de manera sencilla a la par que despiadada, tiene su propio relato en el que va interactuando con otros seres que parecen habitar en ese nuevo planeta y que se va construyendo cargado de simbolismo y metáforas bíblicas.

    Blasfemia en Raised by wolves
    La búsqueda de un lugar para el nacimiento constituye un paralelismo casi blasfemo con el relato del nacimiento de Jesús en el cristianismo.

    La gran producción

    Otro de los aciertos de Raised by wolves es su impresionante calidad de producción, con una fotografía para quitar el hipo y un casting de actores perfectamente realizado, con Madre (Amanda Collins) perfectamente amorosa a la par que inquietante; Padre (Abubakar Salim), dulcísimo; un militar iluminado y megalómano, Marcus, perfectamente interpretado por Travis Fimmel (Ragnar Lothbrok en Vikings) y unos niños (Winta McGrath como Campion, Felix Jamieson como Paul) capaces de dar multitud de matices al papel que se les ha encomendado.

    Ternura y letalidad
    Amanda Collins interpreta a la perfección la sugerente combinación entre ternura y letalidad de su personaje.

    En cuanto a la estética, es lógico trazar paralelismos con Prometheus, pero me voy a permitir lanzar otra influencia, la del film polaco Na srebrnym globie (On the silver globe), una experiencia surrealista en tonos azules con muchísimos paralelismos en la trama con Raised by wolves. Quien no haya visto todavía ninguna de estas referencias, tiene por delante horas de aventura espacial y prosa poética por delante.

    Imágenes de la película polaca On the silver globe.

     

  • Misterio, prostitución y tejemanejes de la CIA en The New Pope

    Misterio, prostitución y tejemanejes de la CIA en The New Pope

    Ya he escrito alguna vez sobre lo magistrales que son ambas entregas de la serie de ficción de Sorrentino sobre el Vaticano (HBO): The Young Pope y The New Pope. Hoy me quiero detener en varios aspectos de la última entrega que no he visto muy comentados en blogs y redes sociales: el misterio de la propia creencia, la prostitución y las injerencias de actores políticos externos.

    Se trata de un post repleto de SPOILERS, así que, si no quieres que te arruine la serie, no sigas.

    El Misterio con mayúsculas

    Comienzo por la parte más religiosa, aunque no por ello menos blasfema de The New Pope, la que corresponde al misterio, a la revelación misma de la deidad en la figura de Lenny Belardo (increíblemente interpretado por Jude Law).

    Ambos Papas se presentan como farsantes.
    Ambos Papas se presentan a la vez como farsantes y grandes personas entregadas a la Iglesia.

    Lenny Belardo se manifiesta como un santo capaz de obrar milagros tan dudosos desde el punto de vista moral como matar a su sucesor, un Papa franciscano dispuesto a entregar las riquezas de la Iglesia Católica a los pobres, simplemente moviendo un dedo desde su coma. Un dios un tanto extraño este que se revela para mantener el estatus quo y la corrupción de su institución.

    Belardo despierta tras meses inconsciente y parece conocedor de muchos secretos que han tenido lugar en su ausencia, pero, según vamos conviviendo más con el personaje, vemos que es un megalomaníaco con complejo de Dios y ni él mismo sabe reconocer sus propios límites.

    No obstante, en esta ensoñación fantástica que son estas creaciones de Sorrentino, siempre queda lugar a la duda, y su muerte en la Plaza de San Pedro en un stage diving (zambullida desde el escenario) que daría mucha envidia al propio Iggy Pop queda envuelta en un halo de misterio y divinidad.

    stage diving
    La escena del Papa Pío XIII haciendo un lanzamiento desde el escenario quedará grabada en nuestras retinas para siempre.

    ¿Es Lenny Belardo un santo o un farsante? ¿Se manifiesta dios para que todo en el Vaticano siga como está?

    Fruto de estos delirios se genera, asimismo, un fanatismo que deriva en un grupo terrorista similar al islámico, porque el paroxismo religioso es idéntico en las distintas creencias.

    Prostitución y doble moral

    Otra de las temáticas que más se tratan en esta secuela es la prostitución, presuntamente instaurada en el seno de la Iglesia tanto dentro de la curia como entre la sociedad laica que la sostiene.

    Resulta sobrecogedora y aterradora a partes iguales la red de prostitución de mujeres requerida por jueces, médicos y altos funcionarios para satisfacer las necesidades de sus hijos discapacitados. El espectador se queda perplejo ante el nivel de blasfemia o de realismo, preguntándose eternamente si existe tal trama en la realidad y asombrándose pensando en la sola posibilidad.

    En este sentido, el tema de la prohibición del aborto por parte de la Iglesia se enfoca desde un ángulo duro, no apuntando hacia entrañables bebés, sino hacia preadolescentes y adolescentes ya desarrollados. Incluso en uno de los casos, en los que Lenny intenta mediar haciendo un milagro, se ve a una madre creyente completamente destrozada por ver a su hijo con espina bífida postrado en una cama. La dicha de la maternidad convertida en una penitencia, el arrepentimiento de haber tenido a un hijo que sufre a diario.

    Menos empatía provoca en el espectador la corrupción moral de los cardenales en orgías con prostitutas, algunas de ellas menores, y con la misma crudeza nos la presenta Sorrentino, y en este caso quizá produce más repugnancia por los escándalos sexuales que ha habido en la Iglesia y que en una serie tan crítica como esta no se podían dejar pasar.

    Las monjas del Vaticano

    Mención especial merece el tratamiento que en esta entrega se ha dado a las monjas que trabajan laboriosamente en el Vaticano, presentadas como unas mujeres explotadas en una institución patriarcal que las tiene para cubrir los cuidados básicos, pero a la vez como sujeto y objeto de deseo.

    Embarazos no deseados, acoso sexual entre las propias hermanas, intentos de huelga y sabotaje para ser tenidas en cuenta… me atrevería a decir que es una de las producciones más valientes y extravagantes a la hora de representar un convento.

    Eso sin contar las introducciones y los cierres de los episodios, en los que las monjas se deshacen de los hábitos para bailar y contornearse sensualmente al ritmo de música electrónica, o la blasfemia de sugerir excitación sexual a la encargada del cuidado de Lenny Belardo durante su convalecencia.

    Sorrentino impresiona con una osadía tras otra, y de una manera tan elegante, además, con una fotografía y unos planos tan perfectos que uno empieza a creer que va a tener síndrome de Stendhal.

    El misterio de la CIA

    En esta temporada se desvela, además, el misterio de un personaje que parecía manejar los hilos del Vaticano, Bauer, sin saberse exactamente cómo ni por qué.

    Bauer es un tipo extravagante, que, junto con el Secretario de Estado del Vaticano, Voiello, maquina para que nada cambie. Tanto él como Voiello personifican la corrupción y, sin embargo, terminan siendo los personajes menos extraños de todos los que se pasean por la serie.

    Bauer intriga para terminar con Papas incómodos y parece saber más que los propios cardenales sobre qué se cuece dentro de los propios muros de la sede de la Iglesia.

    corrupción Bauer
    Bauer es uno de los personajes más intrigantes y cargados de misterio de toda la serie.

    Será al final, cuando se van cerrando todas las tramas, cuando sepamos, sin que nos lo lleguen a decir explícitamente tampoco y a través de uno de tantos diálogos espléndidos con Voiello sobre el poder, que se trata de un agente de la CIA y que su siguiente destino es Corea.

    Paolo Sorrentino nos vuelve a descubrir una vez más que es un genio de la narración. Pocos guionistas y directores consiguen unos diálogos tan profundos y coreografiados que se queden grabados en la memoria, y una poesía visual tan completa en cada una de sus producciones.

  • Ética, moral y filosofía en clave de humor negro: The Good Place

    Ética, moral y filosofía en clave de humor negro: The Good Place

    A veces me ocurre que dejo alguna serie pendiente de ver y empiezo cuando ha terminado para así poder saborear todas las temporadas juntas. Este ha sido el caso de The Good Place, una hilarante comedia que trata sobre la ética y la moral, temas profundamente filosóficos, en clave de humor.

    Ética en vida

    The Good Place, producida por NBC y distribuida por Netflix, narra las vicisitudes de cuatro personas que acaban de morir y están en el más allá. Este más allá se representa como un lugar gobernado por un entramado burocrático que mide las acciones de cada humano durante su vida y le asigna una de las dos opciones en las que pasar la eternidad: la buena o la mala.

    A pesar de que puede parecer una visión un tanto cristiana de la muerte, lo cierto es que su creador, Michael Schur, ha tenido mucho cuidado de no decantarse por ninguna religión, y en la elección de los personajes ha incluido diversidad étnica y religiosa. Y en realidad, la decisión de a dónde irán se basa más en la ética que en la moral, aunque en algunas ocasiones sea difícil separar a una de la otra.

    Los cuatro humanos que protagonizan The Good Place, junto al arquitecto del lugar al que van a parar, muy bien interpretado por Ted Danson, y a una Inteligencia Artificial con forma humana que los acompaña en sus periplos, son muy distintos entre sí: Eleanor, una estadounidense egoísta que ha vivido toda su vida aprovechándose de los demás; Chidi, un profesor de ética nigeriano que ha hecho sufrir a los demás con su continua indecisión y su necesidad enfermiza de decir la verdad; Tahani, una filántropa india que recaudó mucho dinero para caridad y acción social pero cuyas motivaciones eran pura corrupción; y Jason, un Dj de Florida de escasa inteligencia y que solía meterse en estafas y negocios turbulentos de los que siempre salía mal.

    Clase de ética de Chidi
    Chidi, profesor de ética, intenta mejorar la calidad moral de sus amigos con clases de filosofía.

    Ética más allá de la muerte

    Estos cuatro personajes aparecen en una presunta utopía, como se la describe el arquitecto Michael diciéndoles que están en el buen lugar porque el peso de sus acciones en la tierra ha sido muy positivo. Eleanor y Jason se dan cuenta en seguida de que ellos no deberían estar ahí porque les dice que ha sido una abogada por los derechos humanos a ella, y un monje budista con voto de silencio a él, nada parecido con la realidad de sus vidas. Chidi y Tahani, sin embargo, creen que se merecen estar en ese lugar idílico.

    Egoísta y mentirosa Eleanor
    Eleanor es probablemente la persona más egoísta y mentirosa de todos los presentes. Por eso rápidamente se da cuenta de que ella no pertenece a esa supuesta utopía.
    Tahani se cree muy buena persona, pero sus intenciones están manchadas de corrupción
    Tahani se cree muy buena persona, pero sus intenciones están manchadas de corrupción

    Y con este planteamiento comienza una comedia desternillante en la que todos se irán dando cuenta de la importancia de la ética y la transformación personal, y de que no todo se puede ver en blanco y negro, pues hasta quien más pulcro parece puede caer en la corrupción.

    Ética, moral y filosofía en The Good Place

     

     

     

     

    He procurado no hacer ningún spoiler porque The Good Place tiene giros muy interesantes en el guion y considero que merece la pena verla y descubrirlos por uno mismo. Que la ética y la risa os acompañen.

  • The handmaid´s tale, distopía verosímil

    The handmaid´s tale, distopía verosímil

    Una de las cosas que más pueden espantar de una distopía es la verosimilitud de la misma, que pueda ser algo que ocurra o que, incluso, ya haya sucedido o esté haciéndolo, aunque se manifieste de otra manera. Ese es quizá el punto fuerte y a la vez más terrorífico de la magnífica serie The handmaid´s tale, traducida en español como El cuento de la criada.

    The handmaid´s tale narra la vida de la víctima de una dictadura que se ha instalado en Estados Unidos en la que se ha impuesto un régimen fascista y teocrático cristiano denominado Gilead, con una minoría que ejerce represión a niveles muy crueles sobre quienes se resistieron a aceptarlo. Nada que no hayamos visto ya en los libros de historia, ¿no?

    Distopía demográfica

    La serie, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, parte del hecho sociodemográfico y científico concreto y plausible de una epidemia global de infertilidad, que desde las corrientes religiosas más extremistas se achaca a la inmoralidad y a la contaminación ambiental.

    Teniendo en cuenta que el número de nacimientos ha decaído en las últimas décadas y que se espera que la generación baby boom colapse el sistema cuando llegue a la jubilación (o a la vejez sin jubilación, que esa es otra posibilidad), y sabiendo que hay gobiernos que han tenido un control de la natalidad que ha pisoteado los derechos democráticos de millones de personas, como ha sido el chino, ¿a que no resulta tan lejana esta distopía?

    Pues es esta ausencia de niños la que da pie a que en Gilead ocurran hechos tan horripilantes como que las mujeres fértiles, llamadas criadas y vestidas de rojo, sean esclavas de los comandantes y generales y sus esposas, vestidas de verde, y tengan que someterse a una violación ritual para ser fecundadas de hijos que luego les serán arrebatados para crecer en las casas de los afines al régimen. ¿A qué os suena esto?

    Distopía machista

    Las mujeres en Gilead, este estado fascista y teocrático cristiano de The handmaid´s tale, están divididas en distintas clases y en todas ellas orientadas al presunto bien mayor que es el régimen. Todas ellas llevan un color que hace que se las distinga y categorice en todo momento.

    Desde las capas más bajas a las más altas, están las desterradas a zonas donde han ocurrido catástrofes nucleares donde las obligan a limpiar residuos y terminan falleciendo por enfermedad, vestidas de gris; las criadas, violadas y forzadas a parir y entregar a sus hijos, de rojo; las Martas, sirvientas que realizan tareas de amas de casa, de verde; las econoesposas, casadas con hombres de menor rango que tienen más libertad en el vestir dentro de una variedad muy recatada y que pueden haberse casado por amor (parejas anteriores al nacimiento del régimen, o por obligación, como sucede con los casamientos entre niñas y ‘ojos’); las esposas, de azul turquesa (en la novela y en todos los artículos que he leído al respecto dicen que van de azul, pero yo no veo el azul puro por ningún lado), y las tías, que adoctrinan, monitorizan y castigan a las criadas.

    El sometimiento de las criadas llega a tal punto que pierden su nombre original y asumen el del funcionario que las viola. Así, la protagonista de la serie se llama DeFred, como el comandante al que sirve.

    Aunque las capas más altas de mujeres repriman a las que tienen por debajo, todas ellas están a su vez reprimidas por los hombres, que también se dividen en rangos: los comandantes de los fieles, funcionarios políticos, que tienen coche y visten de negro; los ojos, que son espías; ángeles, soldados y guardianes de la fe, que visten con uniformes verdes.

    Uno no puede evitar recordar a países como Arabia Saudí, donde las mujeres no pueden ir en bicicleta ni conducir sin el permiso de los hombres, y pensar que ciertamente estamos ante una ficción que bien puede estar basada en hechos reales.

    No olvidemos tampoco que hay países de Centroamérica donde las mujeres pueden ir a la cárcel si sufren, incluso, un aborto espontáneo.

    Corrupción en Gilead

    Y, claro, en un mundo tan aparentemente pulcro y ordenado como Gilead, como en todas las sociedades humanas, especialmente en las que hay mayor represión, no podía faltar el nido de la corrupción, humana, política y sexual.

    Ese lugar, que se puede ver ya en la primera temporada de The handmaid´s tale, es Jezabel, un antro con el nombre de la mujer que en el Antiguo Testamento aparece intentando que los hombres olviden a dios.

    Es en Jezabel donde la protagonista de la historia, June, se encuentra con su mejor amiga, Moira, que no aceptó el rol de criada y para ella, igual que para otras, quedó convertirse en prostituta sin consentimiento y sufriendo maltrato continuo.

    Porque en Gilead no hay espacio para el esparcimiento de las mujeres. Es un totalitarismo patriarcal y religioso que adoctrina, maltrata, somete y ejecuta cualquier tipo de disidencia. Y el placer, especialmente el femenino, es su enemigo.

    Y si en Europa esta serie nos puede resultar estremecedora por los paralelismos con regímenes presentes y pasados de distintas partes del mundo, en Estados Unidos, con un republicanismo aliado con las manifestaciones religiosas más reaccionarias y una pérdida de libertades y derechos abismal desde el 11-S, más.

    Habrá que permanecer atentos a todos los indicadores que, como en los flashbacks que se hacen a lo largo de la serie, van apareciendo y susurrándonos, o gritándonos fuertemente al oído: “Huye ahora que todavía puedes”.

  • Game of Thrones, venganza y feminismo

    Game of Thrones, venganza y feminismo

    Tras una temporada un tanto floja en la que han sucedido muchas cosas, pero sin la trascendencia y genialidad que en anteriores entregas (no sabemos si es porque los textos de George R.R. Martin no están ya detrás), los dos últimos episodios han conseguido recuperar la épica y tenernos a todos los admiradores pegados al sillón, dando gritos de sorpresa y horror, lo que verdaderamente nos gusta y nos engancha de Game of Thrones.

    A partir de aquí, ya sabéis, SPOILERS del tamaño del Muro.

    Game of Thrones: ¿feminista?

    Hay toda una polémica en la que distintos bandos argumentan, con razón, que Game of Thrones se puede ver, bien como una serie machista en la que las mujeres sufren por el mero hecho de serlo, bien como todo lo contrario, un drama en el que se representa el sistema patriarcal que oprime a las mujeres, pero del que estas saben cómo despojarse para posteriormente empoderarse.

    Mi humilde opinión es que en estos dos últimos episodios se ha visto que la segunda hipótesis tiene más consistencia y que en Game of Thrones las mujeres son las que realmente demuestran tener la inteligencia y la capacidad estratégica para salir victoriosas contra unos hombres impulsivos, irreflexivos y bastante volubles.

    Si Daenerys Targaryen nos había sorprendido ya a mitad de temporada quemando viva a la plana mayor del patriarcado Dothraki y liberando así a las viudas de los Khals, confinadas a vivir una vida ermitaña y apartada de la sociedad como todavía sucede en muchos lugares de India (excelente guiño de guion a esta terrible opresión que sufren millones de mujeres en dicho país), en estos episodios la vemos pactar con la guerrera Asha Greyjoy de Trono de Hierro en uno de los diálogos más feministas de toda la serie.

    Ambas acuerdan apoyarse para no tener que convertirse en moneda de cambio sexual de ningún hombre y poder gobernar y ser reinas sin permiso de los varones (y barones). Si la Madre de Dragones ha estado todas las temporadas empoderándose, no se puede decir menos de Asha, que además vive libremente su homosexualidad.

    Queen in the north?

    Otra revelación de esta temporada ha sido Sansa Stark, que después de sufrir ella sola a los dos personajes más psicópatas de todo Westeros se ha hecho fuerte y pragmática, y ya no tiene dudas a la hora de enfrentarse a la violencia machista y hacer justicia contra sus agresores.

    Todo el penúltimo episodio es un ZAS enorme a la prepotencia de Jon Snow, que se marca lo que en feminismo se viene conociendo como “mansplaining” de manual (man + explain: un hombre explica a una mujer cómo tienen que ser las cosas) no escuchando a Sansa sobre cómo ha de ser la batalla con Ramsey Bolton para, más tarde, terminar siendo salvado por la estrategia de Sansa.

    Y, aunque es cierto que acaba de ser coronado como Rey en el Norte su hermano, lo ha sido porque ella lo ha permitido y porque no parece que vaya a ceder a los chantajes sexuales de Meñique, ni de nadie más ahora que se ha librado de sus captores. (Nos queda la duda de si alguna vez se vengará de Meñique por haberla vendido… yo apuesto que sí.)

    Otra Stark que ha aprendido mucho y debería estar entre los más temidos de todo Westeros es Arya, una niña que siempre tuvo las espadas entre sus intereses y que ha transformado todo su odio hacia quienes le han hecho daño en aprendizaje. La última escena con LeFrey nos ha mostrado todo su potencial de venganza y podemos apostar a que nos va a dar muchos momentos de tensión a partir de ahora.

    Cersei, por fin Reina

    Y no se puede hablar de Game of Thrones desde un enfoque feminista sin detenerse en Cersei, la Lannister que lleva toda su vida luchando por ser reina, lamentando la debilidad de todos los hombres que la rodean y que por el mero hecho de serlo están destinados a gobernar y teniendo que cumplir obligaciones de esposa con un hombre al que detestaba.

    Tras ser humillada por el terrible extremismo religioso del Gorrión Supremo y sus seguidores, un fanatismo que ella misma alimentó y se le puso en contra (gran lección de Game of Thrones otra vez) , Cersei decide que no piensa someterse a un juicio indigno y, para sorpresa de todos los espectadores, dinamita el Gran Septo de Baelor con todos dentro, incluidos la mujer de su hijo, su hermano y el padre de ambos.

    Esta venganza, de la que sería hipócrita decir que no hemos disfrutado, la paga también con la vida de su hijo Tommen, que no soporta el dolor y se suicida, pero Cersei ya estaba preparada para asumir lo que le había dictado la profecía de que perdería a sus hijos y, tras llevar el duelo con entereza, es nombrada Reina, un puesto que le ha costado un número infinito de muertes a sus espaldas.

    Pero el reinado de Cersei no sabemos cuánto durará, pues hay una alianza que viene a por ella: la de la Madre de Dragones con las Casas Tyrell y Martell, en las que ya no quedan hombres, pero sí muchas mujeres con deseo de sangre y venganza.