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  • Irregularidades y violaciones de DDHH a inmigrantes en OITNB

    Irregularidades y violaciones de DDHH a inmigrantes en OITNB

    A falta de unos pocos episodios para terminar de ver la séptima y última de Orange is the New Black (OITNB, por abreviar), he de señalar que esta temporada está siendo con diferencia la más comprometida políticamente de todas, y eso que las anteriores dejaron el listón muy alto, pero las irregularidades y violaciones de Derechos Humanos que se denuncian en ella son muchísimo mayores.

    Si en anteriores temporadas el nudo en el estómago era una consecuencia directa de ver los episodios, en esta no queda terminación nerviosa del cuerpo que no se remueva.

    Machismo, sexismo y violencia machista
    Por supuesto, en esta temporada no faltan el sexismo y el machismo que tienen que soportar tanto las reclusas como las propias oficiales mujeres.

    Irregularidades en el ICE

    Una de las cuestiones más impactantes de esta entrega de OITNB es la inmersión que se realiza en la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (U.S. Immigration and Customs Enforcement, ICE) y los centros de detención donde son confinados y confinadas todas aquellas personas extranjeras que son sorprendidas dentro del país sin los ‘papeles’ en regla.

    Como viene siendo habitual en Orange is the New Black, el cuidado por la presentación de personajes y la trama de cada uno de ellos es lo que genera el vínculo desde el primer momento. Así, la liberada Maritza se va a encontrar, debido a una redada en una discoteca, de nuevo prisionera, pero esta vez en un lugar peor que la prisión de Litchfield: un centro de detención para inmigrantes sin regularizar.

    Allí se encontrará con Blanca, a la que, en el último capítulo de la sexta temporada, vimos cómo engañaban diciéndole que le habían concedido la libertad cuando iba destinada a una deportación ilegal sin garantías procesales de ningún tipo.

    Las irregularidades y las violaciones de Derechos Humanos se suceden en ese anexo a la prisión que es un infierno mucho peor. El espectador se encoge mientras ve atrocidades como no permitir llamadas a teléfonos de asistencia jurídica gratuita, no concederles abogados para las vistas del juicio y no tener las mínimas garantías de salubridad, con comida caducada, aglomeración, falta de atención médica, etc. y, lo peor de todo, el resultado de ser deportadas a países en los que no conocen a nadie y cuyo idioma en muchos casos no saben.

    Investigación sobre las irregularidades

    Pero, ¿cuánto parecido con la realidad hay en estas escenas? Más del que todos quisiéramos.

    No en vano, los productores de la aclamada serie obtuvieron la asesoría de la organización Libertad para los Inmigrantes (Freedom for inmigrants) mientras investigaban para elaborar la parte del guion en la que salían mujeres en custodia del ICE esperando una posible deportación. Y ello no ha estado exento de polémica.

    El propio Washington Post corrobora que, con la ayuda de esta organización, los guionistas visitaron el Centro de Detención Adelanto en California entre mayo de 2017 y mayo de 2018 para tener una panorámica de cómo era. Y lo que encontraron fue una sala enorme que olía a “sopa rancia” en la que las mujeres dormían juntas, hacinadas, “sin espacio personal, sin nada que decorase las camas, sin fotos, sin libros”.

    Hacinamiento en los centros de detención
    El hacinamiento y la violación de Derechos Humanos parecen ser dos características de los centros de detención de inmigrantes.

    Como una prisión, pero con todavía menos derechos de los que se venían denunciando en la serie (y en otras como la espeluznante Oz).

    Beneficios y corrupción

    ¿Y quién se beneficia de todo esto? Pues, como nos mostraba Orange is the New Black en anteriores temporadas, las compañías que gestionan las cárceles privadas, que orientan toda su administración a ahorrar costes para mejorar la rentabilidad económica, por lo que se pierde el carácter de reinserción que se supone que deben tener las prisiones.

    Así, la serie nos enseña personajes como Linda Ferguson, directora del correccional que solo busca optimizar y multiplicar el beneficio de la empresa que la contrata, PolyCon Corrections.

    Linda Ferguson: corrupción, necedad, incompetencia y beneficio para la empresa
    Linda Ferguson es un ejemplo perfecto del Principio de Incompetencia de Peter.

    En una prisión en la que solo se busca el lucro, cuantas más presas haya, mejor. Además, el personal laboral recibe salarios indignos y se ve con legitimidad para completar sus propias ganancias introduciendo droga y elementos de contrabando y, obligando a las reclusas a vender para ellos, por lo que la corrupción a todos los niveles está servida y cualquier persona que entre en ella con ganas de cambiar el sistema percibe pronto la imposibilidad de hacerlo.

    Hasta los buenos caen en la corrupción
    Ni los personajes aparentemente honestos se libran de caer en la corrupción.

    Un cóctel perfecto para la violencia y la tragedia. ¿Quién necesita una distopía inventada teniendo esta cruda realidad enfrente?

  • Personajes femeninos con fuerza en las series

    Personajes femeninos con fuerza en las series

    Ahora que estamos en un momento estrella del año de series feministas en las que las protagonistas tienen muchísima fuerza, me atrevo con este listado de personajes femeninos que deberían ser referencia para todos esos guionistas que todavía siguen creando arquetipos ridículos que desmejoran mucho las series (Breaking Bad, por ejemplo).

    Series con varios personajes femeninos fuertes

    Es difícil hacer un ranking, así que voy a hacer una lista que no tiene por qué ir de menos a más ni viceversa. Son los personajes femeninos que más me han impactado hasta el momento en las series de televisión:

    Calamity Jane (Robin Weigert) y Joanie Stubbs (Kim Dickens), Deadwood

    Deadwood es magistral tanto en su factura, como en el guion y la interpretación de los personajes, en especial los femeninos de Calamity Jane y Joanie Stubbs, que rompen moldes, y más para la época, pleno siglo XIX, en la que está ambientada la serie.

    Calamity Jane, que existió en la realidad, fue una exploradora profesional estadounidense que, si bien tiene el más que cuestionable mérito de haber luchado contra los nativos americanos, ostentó una profesión osada y aventurera.

    Joanie Stubbs en Deadwood es la madame del prostíbulo The Bella Union. Lesbiana, pareja de Calamity Jane, la historia entre ambas se agradece en un ambiente dominado por el machismo y la corrupción moral como fue esta época en Estados Unidos.

    Calamity y Joanie sobrevien entre el machismo y la corrupción del siglo XIX
    Deadwood es una de mis series favoritas de todos los tiempos por muchas cosas, estos dos personajes entre ellas.

    Dolores Abernathy (Evan Rachel) y Maeve Millay (Thandie Newton), de Westworld

    Siguiendo con historias del oeste, aunque esta vez en forma de parque temático futurista donde los visitantes pueden dar rienda suelta a su corrupción y sus mayores vicios, incluidas las agresiones sexuales y los asesinatos, añado aquí a dos personajes femeninos fascinantes, las huéspedes Dolores y Maeve.

    La profundidad y la evolución de ambos personajes, cuyas historias se narran de manera paralela y van in crescendo en cuanto a ritmo e intensidad, es de las cuestiones que más atrapan de la serie.

    Maeve evoluciona, siente y busca justicia en su mundo de corrupción
    Maeve es de los dos el que más impacta con su grandísima sensibilidad y búsqueda de amor y justicia.

    Abbi Jacobson e Illana Glazer, de Broad City

    Estas dos humoristas estadounidenses son las creadoras, productoras ejecutivas e intérpretes de la desternillante comedia Broad City, en la que juegan el papel de dos jóvenes judías un poco fumetas (bueno, muy fumetas) que sobreviven con trabajos precarios en Nueva York.

    Las situaciones hilarantes y el salvajismo que no tienen ningún pudor en mostrar (aunque luego la cadena de televisión, en un alarde de mojigatería, censure muchas cosas) hacen de esta serie un divertimento para olvidarse de los problemas.

    “Las Cinco de Monterrey” y Meryl Streep, de Big Little Lies

    Las “Cinco de Monterrey”, de las que he hablado aquí en varias ocasiones y a las que se ha sumado la siempre fantástica Meryl Streep en el papel de madre de maltratador, constituyen un elenco femenino brillante que destaca, además, por su sororidad ante la violencia machista.

    Cada una lidia con sus problemas, sobre todo ocasionados por sus relaciones de pareja, y todas ellas comparten un secreto que las une y las lleva a tirar hacia adelante sea como sea.

    Ozark

    Ya he hablado en más de una ocasión en este blog sobre Ozark y el magistral papel que interpretan todas y cada una de las mujeres de la serie, muy por encima de los hombres poderosos y corruptos de los que se supone que están ‘detrás’.

    Género en Ozark
    En perspectiva de género Ozark supera con creces a su homóloga, Breaking Bad, en número y calidad de los personajes femeninos.

    The handmaid´s tale

    June, magistralmente interpretada por Elisabeth Moss, a la que le van como anillo al dedo los papeles de mujer que se supera a sí misma en un mundo hostil y machista (Mad Men, Top of the lake), es uno de los mejores personajes femeninos de todas las series. Obligada a sobrevivir en una teocracia patriarcal infame, su evolución y transformación son lo que la hacen salir adelante.

    Pero el resto de papeles femeninos no se quedan atrás. Sus compañeras oprimidas (criadas y Marthas) y las opresoras del sistema (esposas y tías) son papeles también robustos, de mujeres que tienen que mantenerse en pie ante las humillaciones y la represión de los hombres al mando.

    Elisabeth Moss borda a June en The handmaid´s tale
    Elisabeth Moss interpreta de manera espectacular el papel de June. Con un solo movimiento de nariz y labios es capaz de mostrar un sinfín de matices.

    Orange is the new black

    De esta serie, de la que ya he hablado en varias ocasiones en este blog, todos y cada uno de los personajes femeninos tienen fuerza y personalidad propias y no necesitan de ningún personaje masculino para tener entidad propia.

    Cada una con su idiosincrasia, sufrimiento, pasado y delitos en la espalda, todas las reclusas de las cárceles femeninas que aparecen en OITNB representan profundos y poliédricos papeles. No hay blancos y negros. Las escalas de grises, la compasión por las presas, los personajes no normativos y la combinación de la tragedia de la cárcel con las escenas de humor cotidiano dan a este drama sobre la corrupción del sistema penitenciario estadounidense una seña de identidad entrañable.

    Personajes femeninos con cuerpos y vidas no normativos protagonizan OITNB.
    Personajes femeninos con cuerpos y vidas no normativos protagonizan OITNB.

    Personajes femeninos individuales en series llenas de estereotipos

    Lo lógico y normal sería que todas las series tuvieran personajes potentes tanto masculinos como femeninos, pero la realidad, desgraciadamente, es otra, y encontramos series en las que solo un personaje femenino tiene fuerza mientras el resto se limitan a reproducir estereotipos de género.

    Gillian Darmody (Gretchen Mol), de Boardwalk Empire

    El papel de Gillian Darmody en Boardwalk Empire es una de las mayores rarezas que se han visto en representación de la maternidad en televisión.

    Prostituida, violada y casada con un hombre al que no quería, lejos de ser una víctima, Gillian se convierte en una inesperada verdugo que aprovecha un momento de debilidad de su hijo para abusar sexualmente de él. Sí, lo que leéis, una madre pederasta en televisión, ya era hora, porque haberlas, aunque constituyen un ínfimo porcentaje en relación con los hombres, haylas.

    gillian darmody abusa de su propio hijo
    Gillian Darmody es la representación de una mujer abusada que se convierte en madre abusadora.

    Un personaje muy oscuro con un final tenebroso como toda su sorprendente evolución.

    Nurse Jackie (Lisa Coleman)

    Entre la representación de la maternidad no convencional también se encuentra el personaje de Nurse Jackie (curiosamente, la actriz Lisa Coleman hacía de madre mafiosa en The Soprano), una enfermera adicta y mentirosa que destroza la vida de su familia y de todo el que se acerque a ella, aunque esto ocurre pasadas las primeras temporadas, en las que todavía puede ocultar su vicio secreto.

    Nurse Jackie y las drogas
    Uno de los grandes momentos de Nurse Jackie y su adicción a las drogas.

    Gemma Teller (Katey Sagal), de Sons of anarchy

    ¡Qué decir de Gemma Teller, la mamá motera de Sons of anarchy! Sus mentiras y su continua manipulación la llevan a tener el final más trágico posible.

    Gemma es, sin duda, el único personaje femenino potente en la serie, aunque es una pena que le hayan dado un perfil tan pérfido, pero ella sola sostiene las últimas temporadas cuando todos los demás, empezando por su hijo, el protagonista, flaquean.

    Gemma Teller, corrupción moral en Sons of anarchy
    La corrosiva Gemma Teller es el único personaje femenino de Sons of anarchy con personalidad propia y a la ‘altura’ del resto (muy por encima, de hecho).

    La actriz Katey Sagal interpretó también un buen papel en Matrimonio con hijos, haciendo de esposa nada al uso para la época de la serie.

    Lagertha (Katheryn Winnick), de Vikings

    En el mundo vikingo destaca una mujer por sus batallas y hazañas, Lagertha, que muchísimo más allá de ser “la primera mujer de Ragnar Lothbrok”, se convierte en una luchadora con entidad e historia propias, seguida por numerosos congéneres.

    Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen), de Borgen

    La protagonista de la serie danesa Borgen, en la que la socialdemocracia y los pactos tienen casi tanto papel principal como ella misma, destaca por su templanza y sus buenas formas en el Palacio de Christiansborg.

    Una gobernante moderada que escapa de la corrupción y que tiene el diálogo por bandera como personaje femenino de la política europea en una serie más que recomendable para saber cómo es el hacer político por los países de nuestro norte.

    Birgitte Nyborg y sus pactos políticos protagonizan Borgen.
    Birgitte Nyborg y sus pactos políticos protagonizan Borgen.

    Y esta es mi humilde lista. Todavía me quedan por ver series como Killing Eve, así que espero que me recomendéis más en las que pueda disfrutar de personajes como estos.

  • OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    La temporada anterior de Orange is the New Black, de la que hablé en este mismo blog, terminó con la tragedia de la muerte de Poussey a manos de un vigilante de seguridad que la intentaba reducir, un hecho que en la realidad también sucede más a menudo de lo que nos gustaría.

    Con esa premisa, nada bucólico podíamos esperar de esta nueva, pero tengo que reconocer que ha superado todas las expectativas y que, si bien sigue sin ser el terror psicológico de Oz, la situación de las reclusas, sus perspectivas personales y, sobre todo, la corrupción de la que son víctimas a todos los niveles construyen un relato duro, en el que las partes más cómicas han terminado siendo una mueca sarcástica que empeora el estado de ánimo, lejos de relajarlo.

    Se masca la tragedia

    Vaya por delante que todavía no he podido terminar de verla, pues, al contrario que en anteriores temporadas, esta se me está haciendo bola como un filete seco a un niño. El nudo en la garganta aflora y, a pesar de la brevedad de los episodios, intento ingerirlos con precaución y combinados con otras series.

    Pero me basta para ver que lo vivido hasta ahora se puede tornar en una tragedia de proporciones épicas.

    En primer lugar, porque la tensión entre los distintos bloques de presas del edificio aumenta a grandes velocidades y entre ellas hay mucha historia y venganzas que llevar a cabo. A eso hay que añadir, además, que las relaciones entre las presas de Litchfield, la cárcel de mínima seguridad, han empeorado gravemente desde que se cortó el motín ‘fantasma’ al que todo el mundo alude y que es el que da pie a esta nueva situación.

    El colegio mayor que a veces parecía la prisión se ha tornado en casa del terror, y las amistades entre ellas han quedado atrás por lo que siempre sucede en estos casos, para que unas pudiesen librarse de mayor condena a costa de otras a las que han entregado.

    La corrupción generalizada

    El motín lleva, asimismo, a una lectura mucho menos personal y más política de la cárcel, que es lo que Orange is the New Black llevaba haciendo las últimas temporadas.

    En ella se revela sin concesiones la corrupción a todos los niveles que afecta a las presas. Y es que, para empezar, los propios guardias tienen un gran secreto que esconder sobre el asesinato de uno de sus compañeros.

    Estos guardias, como sucedía en otros episodios, tienen su propio sistema de trapicheo para introducir drogas y cualquier tipo de objeto de alta demanda en la prisión.

    En un estamento superior se encuentran Natalie y su nueva jefa, que ha ascendido sobornando a la empresa para no denunciar en público y ante los juzgados que hubo un terrible error con ella durante el motín. Y así es cómo llega una gran incompetente a un puesto que le queda grande (algo que también sucede normalmente en la ‘vida real’).

    Por encima de todo, a nivel económico y político, están los hasta ahora invisibles, los poderosos, políticos que necesitan chivos expiatorios, empresarios que hacen de las cárceles un negocio suculento… todos ellos influyen de manera fatídica en el presente y en el futuro de las reclusas.

    Y el poso que deja, al menos hasta ahora, que llevo vista CASI toda la temporada, es que entre tanta tragedia y corrupción no hay salida. Pero está bien que nos lo cuenten, porque el discurso de que las cárceles son hoteles está calando demasiado y, si bien no se puede decir que muchas personas de las que están ahí sean angelitos, en muchos casos lo están por sus circunstancias económicas y sociales, e incluso aunque lo merezcan fuertemente, está bien que se haga ficción para concienciar de ese pequeño rincón oscuro de nuestra sociedad a los que pocos parecen prestar atención.

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?

  • Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    No hay nada más placentero para un seriéfilo que ver series en las que los guionistas tratan a los espectadores como seres inteligentes. Que no es que rechace ver algún que otro bodrio o producciones que son mero entretenimiento, pero cuando uno se topa con maravillas como Orange Is The New Black (también abreviado como OITNB), la serie más crítica sobre la estafa de la cárcel jamás escrita, no puede sino alegrarse y hacerle ovaciones.

    Tres días es lo que he tardado en terminar la cuarta y hasta ahora mejor temporada de esta tragicomedia basada en el libro autobiográfico Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison de Piper Kerman, protagonista de la serie hasta la tercera temporada (en esta cuarta se relega a un papel coral como el resto de sus compañeras reclusas, algo que se agradece, ya que su personaje podría agotarse).

    Humanidad en OITNB

    Si algo puede resultarme cercano y admirable de Orange Is The New Black es su esfuerzo por mostrar el lado más humano de todas las personas que están en prisión, empezando por las presas, que no son villanas sin más, como se pretende mostrar en muchísimas series y películas de forma maniquea, sino seres humanos a los que una serie de condiciones objetivas y subjetivas han llevado a estar donde están.

    Una de las frases más repetidas en esta temporada es “I´m a person” (“soy una persona”) y esa es una moraleja que todo el mundo debería extraer de esta serie, además de otras que describiremos más adelante. Porque humanizando a los presos podremos empezar a entender que la cárcel, tal y como está contemplada ahora mismo, no está orientada a su fin teórico de rehabilitación, sino a castigar y marcar de por vida sin posibilidad de volver a la sociedad.

    Asimismo, mostrar con naturalidad las relaciones homosexuales desmitifica el estereotipo que se suele difundir con respecto a la sexualidad en las prisiones, al margen de que haya violaciones, especialmente en países como Estados Unidos.

    Humor en la cárcel

    Las situaciones cómicas de OITNB, además de suponer un contrapunto necesario para descargar el drama, persiguen mostrarnos a las presas como seríamos cualquiera de nosotros: personas que buscan contacto humano y que intentan pasar el tiempo de condena de la mejor forma posible, haciendo amistades y riéndose de las adversidades.

    Las carcajadas en momentos de máxima tensión, o cómo unas presas pueden parecer indiferentes y hasta bromear en pleno sufrimiento de otras que no consideran tan cercanas, o incluso de las más cercanas, es un excelente reflejo realista de lo que es la vida en sí misma, porque el sarcasmo a veces es la última defensa ante las adversidades e injusticias.

    La corrupción del sistema penitenciario

    Uno de los puntos más importantes de OITNB es su denuncia política. Desde que comenzó la primera temporada vimos injusticias con numerosas presas, como la propia protagonista, que termina en prisión cuando ha rehecho su vida y ya no se dedica en absoluto a los delitos de los que se le acusa. Hemos visto también cómo en su mayoría se trata de personas que nacen y crecen en ambientes marginales y familias desestructuradas, lo que revela el determinismo social del que nadie quiere hablar en esta sociedad de liberales y coaches que afirman que todos podemos llegar a la cúspide de la pirámide.

    Pero la principal denuncia social de Orange Is The New Black es la corrupción que envuelve a todo el mundo penitenciario, desde el último carcelero hasta el director de la prisión, con un protagonista importante que en Estados Unidos supone un grave problema para los derechos fundamentales y que aquí hay quien quiere importar: la gestión privada de las prisiones.

    Para ser un país en el que desde cualquiera de las dos ramas políticas bipartidistas hablar de lo público sea casi como ser el mayor comunista del planeta (en el sentido más peyorativo), la serie aborda de manera magistral los peligros de que las cárceles se conviertan en negocio y las presas a la vez en recursos humanos y mercancía.

    Desde la explotación laboral por parte de terceras empresas (algo que sí que ya tenemos en España) hasta la violación de derechos fundamentales como el de los familiares a saber en todo momento si su presa se encuentra viva y sana, en OITNB se plasma el impacto de convertir las prisiones en empresas que buscan ganar dinero (del erario público) y reducir costes.

    La imposibilidad de compaginar humanidad y ser carcelero

    En esta vorágine de injusticias que recaen sobre las presas, como que por recortes ya no tengan derecho a compresas, que se masifiquen las cárceles hasta resultar insalubres e inhabitables, o que la comida sea indigna para un ser humano, ser funcionario de prisiones se hace cada vez más incompatible (aunque no sé si alguna vez lo fue) con mostrar humanidad y afabilidad con los reclusos (en este caso, reclusas).

    Durante estas cuatro temporadas hemos visto todo tipo de perfiles de carcelero: desde el vago que no ha querido estudiar y ha decidido dedicarse a eso “por tener algo” hasta el motivado que cree que él va a cambiar el sistema y va a ser bueno con las presas, pero finalmente termina haciéndoles más daño que los que van de frente porque sucumbe de malas maneras y traicioneramente a los requerimientos de la empresa o de su propia necesidad de salvarse a sí mismo.

    Y es que en una prisión jamás puede establecerse una relación de igualdad entre preso y carcelero. Por mucho que este último quiera acercarse y mostrarse como amigo o confidente, siempre llega el momento en el que muestra su autoridad y cuál es la jerarquía que rige sus relaciones.

    En esta última temporada este tema se muestra de manera mucho más directa con la contratación de veteranos de guerra a precio de saldo y con bonificaciones por parte del Estado para la empresa, algo que, sin ánimo de hacer spoiler, seguro que ya os sugiere la palabra “tragedia”.

    Y cierro ya, aunque me quedan muchas cosas en el tintero de esta última temporada: los conflictos racistas, el trato diferencial y deferencial a los presos ricos y famosos, la barbarie a la que se enfrentan los reclusos con enfermedades mentales y necesidad de tratamiento psiquiátrico y un sinfín de temas que se tejen de manera invisiblemente maestra y hacen de esta serie una obra inteligente que dan ganas de volver a ver nada más terminarla.