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  • Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Ambicioso pero insuficiente: Apple TV+ suspende con Foundation

    Apple TV+ lo ha dado todo en su adaptación a la televisión de una de las obras más conocidas y veneradas de Isaac Asimov, pero el proyecto, a pesar de resultar ambicioso y tener puntos muy fuertes, resulta insuficiente para plasmar todo lo que Asimov refleja en sus obras.

    Presupuesto ambicioso

    Si hay algo que se agradece a la puesta en escena de Foundation es que no han escatimado un solo recurso a la hora de mostrar la ambientación y los avances tecnológicos del futuro lejano en el que la humanidad se ha extendido por toda la Galaxia.

    Los vaticinios de la "Psicohistoria" de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene
    Los vaticinios de la “Psicohistoria” de Hari Seldon hacen que el emperador lo condene.

    Foundation es un auténtico desafío audiovisual de grandeza infinita. La representación de Trántor y su magnífico Puente Estelar (y su derribo), la nave en la que los acólitos de Hari Seldon (un mesurado y acertado Jared Harris) emprenden su viaje, Términus… todo es una obra de arte que logra que el espectador se quede maravillado.

    Golpes cinematográficos revestidos de una banda sonora épica y omnipresente hacen de esta serie de ciencia ficción una auténtica delicia audiovisual. Pero, por muy deslumbrante que resulte de ver, es confusa de seguir, y aquí es donde empiezan los problemas.

    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.
    Gaal es un personaje femenino muy bien construido, aunque también sorprende la historia de amor en la que, sin avisar, la involucran.

    Recreación y estafa

    Los relatos de Fundación de Asimov se narran casi en su totalidad a través del diálogo entre políticos en reuniones secretas: en juicios, en sesiones del consejo o en funciones sociales. La mayor parte del texto consiste en teorizar, elaborar estrategias y predecir, de modo que leerlo es como ver una partida de ajedrez de campeonato.

    Los personajes aparecen escasamente pincelados por su voz o peculiaridades, pero ampliamente por sus objetivos políticos. Lo importante es la corrupción del Imperio Galáctico y los conflictos con los rebeldes de los planetas periféricos.

    Las mujeres salvan a la galaxia
    Salvor tiene suficiente fuerza como para no tener que verla en una relación amorosa inverosímil y que no aporta nada a la trama.

    En la adaptación de Foundation, sin embargo, observamos un exceso de relevancia de los personajes, algunos de ellos inventados y con desmesurada presencia. Es el caso de Salvor Hardin (Leah Harvey) y sus escenas de amor en Términus, que para mí constituyen una estafa o una traición a la obra de Asimov.

    Foundation no necesitaba historias románticas, ni héroes ni heroínas de Hollywood, simplemente saber reproducir los interesantes y prolíficos diálogos de la obra de Asimov.

    La corrupción de Trántor

    Pero no todo es estafa, porque hay que señalar la excelente representación de Trántor y el dilema de los clones de Cleón I, herederos genéticos y perpetuadores del Imperio.

    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.
    Lee Pace borda el papel de Brother Day en plena corrupción y decadencia del imperio.

    En este sentido, Lee Pace borda al ambicioso Hermano Día, de mediana edad, con una soberbia implacable, como suele hacer con todos los personajes que interpreta. Cleon, paradójicamente, es la corrupción moral y la decadencia, pues la ausencia de renovación genética va a llevar a la destrucción y al caos durante 30.000 años, salvo que los discípulos de Hari Seldon consigan su propósito, caso en el que el caos ‘solo’ durará mil años.

    Los tres clones gobiernan el Imperio Galáctico criados por una inteligencia artificial (Laura Birn) ladina y un tanto enigmática que va a jugar un papel fundamental en toda la trama.

    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon
    La IA gobierna el Imperio Galático más que los clones de Cleon.

    Foundation, en resumen, tiene todo el potencial de Asimov por delante por explorar, y sería recomendable que se guiasen más por el maestro de la ciencia ficción que por productores preocupados por hacerla digerible a público de gustos fáciles, porque por muy ambicioso que sea el proyecto, si se queda a medio camino, no lo verá nadie.

  • El método Kominsky: ternura y genialidad para un Michael Douglas en lo mejor de su vejez

    El método Kominsky: ternura y genialidad para un Michael Douglas en lo mejor de su vejez

    El método Kominsky es una de esas series que se mueven por boca a boca más que por grandes campañas de publicidad. Se rumorea que Netflix no le quiso dar mucho bombo para que nadie la relacionase con otras producciones de su creador, Chuck Lorre (The Big Bang Theory), pero ha conseguido situarse igualmente entre las joyas de la corona de la plataforma.

    La sinceridad del Método Kominsky

    El secreto del Método Kominsky se encuentra, como sucede en After Life, en la honestidad de su planteamiento, que, sin artificios, engancha al espectador al encontrarse plenamente identificado con la sencillez y la cotidianidad de lo que se narra y la perspectiva de sus personajes.

    Las dos primeras temporadas están protagonizadas por la amistad de Sandy Kominsky (Michael Douglas) y Norman Newlander (Alan Arkin), actor y agente en la ficción, respectivamente, amigos íntimos desde hace 40 años, que lloran juntos la pérdida de la mujer de Norman. Ambos exploran el terreno de hacerse viejos, de relacionarse con otras personas, también sentimentalmente, y ver cómo se van mermando sus facultades, lo que genera múltiples situaciones cómicas narradas con una ternura y una elegancia exquisitas.

    La vejez y la muerte están muy presentes en El método Kominsky
    La vejez y la muerte están muy presentes en El método Kominsky.

    Y es que El método Kominsky rompe con muchos estereotipos de Hollywood y apuesta por un reparto con actores que se aceptan y se respetan a sí mismos con su edad, su apariencia y su peso, cuestión que está siendo muy agradecida tanto por la crítica como por el público (y que ha lanzado al estrellato a otras producciones, como Mare of Easttown, de la que hablaré en otro momento).

    Hasta el camarero del restaurante al que acuden siempre es un anciano al que le cuesta cada vez más andar, aunque ello no le impide atender escrupulosamente a sus clientes.

    La ausencia de Alan Arkin

    Para sorpresa de sus admiradores, y suponemos que también del equipo de la serie, Alan Arkin decidió abandonar el rodaje y plantarse antes de comenzar la tercera temporada, lo que deja un vacío palpable y un duelo con el que tienen que lidiar tanto su amigo Sandy como los espectadores.

    Ausencia de Norman Newlander
    El peso de la silla vacía de Norman no solo lo nota Sandy, sino que hace un nudo en el estómago también a los espectadores.

    El impacto de su ausencia, que en el primer episodio de la primera entrega se despacha de una manera un tanto histriónica y hace esperar un final estafa, se va atenuando a lo largo de la última temporada con la presencia de una Kathleen Turner pletórica como exmujer de Sandy y repleta de química con Michael Douglas, incluyendo espectaculares guiños a quienes adoramos en su día La guerra de los Rose.

    Química entre Michael Douglas y Kathleen Turner
    El mayor acierto de la tercera temporada ha sido otorgar mayor protagonismo a Kathleen Turner como exmujer de Sandy.

    Para mí, la moraleja del Método Kominsky es que la normalidad, los defectos y lo antiheroico de lo cotidiano superan con creces la artificiosidad. Que nos lo digan a los seguidores de Lodge 49.

  • Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil

    No soy muy admirador de las series que reconstruyen crímenes reales porque suelen ser una estafa en la que el amarillismo, la falta de honor a la verdad y la manipulación del espectador son notorias, pero aun así las veo y luego termino despotricando sobre ellas. Es el caso de Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil, a la que dedico hoy un post.

    He de reconocer que conocí el caso de Elisa Lam por una publicidad de Netflix en mi página de inicio de Facebook, así que me lancé a ver la miniserie quizá con demasiadas expectativas, pensando que realmente podría haber más enjundia.

    La escena del crimen

    Para quienes no conozcan este caso concreto, Elisa Lam era una joven canadiense hija de inmigrantes de Hong Kong que decidió realizar un viaje sola por Estados Unidos en 2013, cuando tenía 21 años.

    El 26 de enero llegó a Los Ángeles y dos días después se registró en el Hotel Cecil en una habitación compartida, aunque más tarde sería alojada en una propia al quejarse sus compañeras de “cierto comportamiento extraño”. Días después desaparece y su cuerpo es hallado en el tanque de agua del hotel.

    El Hotel Cecil, construido en 1924, tenía toda una historia de suicidios y muertes violentas, empezando en el año 1931 por un envenenamiento de un huésped, al que siguieron unos cuantos suicidios. No en vano, los residentes del establecimiento se referían a él como “el Suicida”.

    Hotel Cecil, escena de un no crimen.
    Hotel Cecil, escena de un no crimen.

    En 1964, una operadora telefónica retirada, llamada “Pigeon Goldie” Osgood fue encontrada muerta en su habitación tras haber sido violada, apuñalada y golpeada, y la habitación saqueada y, aunque un hombre llamado Jacques B. Ehlinger fue acusado del asesinato de Osgood, más tarde fue absuelto, quedando el caso sin resolver.

    Se cree también que en los años 80 se hospedó durante varias semanas en él el asesino en serie Richard Ramírez, que frecuentaba el área cercana al hotel, llamada Skid Row.

    Con estos antecedentes, que la miniserie de Joe Berlinger se encarga bien de subrayar para aumentar así el metraje sin aportar nada realmente valioso a la trama, es lógico ponerse en el peor de los casos.

    La estafa de Escena del crimen

    Como he dicho más arriba, la publicidad de la serie quizá me generó demasiadas ilusiones, pues hacía repaso de toda la oleada de teorías de la conspiración que surgieron al calor del último vídeo de Elisa Lam, en el que aparece haciendo aspavientos en el ascensor, como si estuviese escondiéndose de alguien.

    Además, en las imágenes se la ve intentando dar a los botones sin que el ascensor responda, lo que lleva a pensar en una posible trampa y asesinato.

    Pero en el cuarto y último episodio comprobamos que no hubo true crime, sino una triste historia en la que los problemas de salud mental causaron el terrible desenlace, pero que supuso mucho revuelo porque se filtraron equivocados al público, como que el tanque donde apareció el cuerpo estaba cerrado.

    Dejando ya de lado la estafa que supone tener enganchados a los espectadores con artificios para darles después semejante final, hay que reconocer que la serie trata temas como la marginación de ciertas comunidades y la salud mental y cómo ambas influyen en la creación de homicidas y suicidas. Y que la vida de Elisa Lam quizá podría haberse salvado si alguien hubiese prestado mayor atención a las señales que iba dando de que no se encontraba bien.