Category: Corrupción

  • La corrupción del personaje de Jimmy McGill

    La corrupción del personaje de Jimmy McGill

    Terminada la cuarta temporada de Better Call Saulcuarta ya, quién lo iba a decir!), solo puedo señalar la capacidad de Vince Gilligan de mantener la calidad narrativa en sus creaciones. En este caso, sabiendo conservar el suspense sobre el personaje de Jimmy McGill, al que vemos mutar por momentos en esta última entrega.

    El lado bueno del personaje de Jimmy McGill

    El Saul Goodman que conocemos por Breaking Bad tarda en aparecer en Better Call Saul, si bien vemos desde el principio pinceladas del Jimmy McGill de ‘moralidad distraída’ al que le gusta utilizar cualquier tipo de método para salirse con la suya.

    Estafa trama urdida por Jimmy McGill
    Jimmy McGill no duda a la hora de idear y ejecutar divertidos y movidos planes para salirse con la suya.

    En este spin-off observamos los continuos intentos de Jimmy por agradar a su hermano, Chuck, reputadísimo abogado con el que siempre va a salir perdiendo en cualquier tipo de comparación.

    Lo vemos esforzarse aprobando la carrera e intentando labrarse un puesto como abogado mientras su hermano, socio de un gran y prestigioso bufete, le pone la zancadilla pidiendo a sus compañeros que no lo admitan como uno más.

    Jimmy McGill miente a Kim Wexler
    Su relación con Kim Wexler se hace inviable por las continuas mentiras, además de por una clara incompatibilidad de caracteres.

    En Better Call Saul siempre revolotea la pregunta sobre si Saul Goodman es el personaje que siempre quiso ser y fue Jimmy McGill o si ha sido una mezcla de su propia naturaleza con sus circunstancias la que lo ha llevado hasta esa corrupción total.

    El gusto por la estafa de Jimmy McGilll

    Desde joven Jimmy McGill ha tenido mucho talento a la hora de idear estrategias ilegales o de dudosa moralidad para ganar dinero. Es algo que le gusta y para lo que siente que vale, solo que en las primeras temporadas de la serie procura no tener que recurrir a ello.

    Jimmy es feliz en estas tramas que urde. Tiene un talento especial para la estafa.
    Jimmy es feliz en estas tramas que urde. Tiene un talento especial para la estafa.

    En la temporada anterior nos mostraron a un Jimmy en su salsa con Kim Wexler, su novia, estafando a empresarios ricos y trajeados en un restaurante y posteriormente en una habitación de hotel.

    Con un subidón de adrenalina más que visible, McGill se veía a sí mismo en su esplendor haciendo de la estafa un modo de vida, pero Wexler y la idea de una vida “en A” era algo en lo que quería trabajar.

    Vendiendo teléfonos móviles de estraperlo
    Vendiendo teléfonos móviles de estraperlo, una de las muchas actividades delictivas que hace Jimmy en la cuarta temporada de Better Call Saul.

    La mutación final del personaje se produce cuando ni Kim, ni el Colegio de Abogados, ni nadie, con su hermano ya fallecido, consigue llenarle sus expectativas. Cuando, después de intentarlo durante años, descubre que él nunca podrá llegar tan alto como los que están arriba, asume su condición y se da cuenta de que la única forma de hacerlo es entregándose por completo al engaño y la estafa.

    Ahí es donde se completa la metamorfosis de Jimmy McGill en Saul Goodman, y donde finaliza la cuarta temporada, que promete dar paso a una trepidante quinta entrega.

  • Los peores personajes de las series (II): los más malvados

    Los peores personajes de las series (II): los más malvados

    Buceando en las profundidades y oscuridades de los personajes de las series hace poco dejé mi particular listado de los más corruptos. Hoy quiero hacerlo con los más malvados, aquellos personajes que no querrías tener cerca en tu vida, ni siquiera al lado en el asiento del Metro.

    Los más malvados

    Tony Soprano sería un buen ejemplo de este tipo de personaje. Magníficamente interpretado por el malogrado James Gandolfini, Tony representa lo peor de La Cosa Nostra, con sus asesinatos, extorsiones y guerras familiares.

    Tony podía sorprendernos sintiendo pena por un cachorrito, o sincerándose en la consulta de su psicóloga, pero cualquier atisbo de esperanza sobre su personaje se terminaba con sus crímenes a sangre fría, como el de Adriana La Cerva, prometida de su protegido a la que asesinan por llevar años informando al FBI.

    Un crimen similar, aunque por diferentes motivos, lo comete otro de los personajes más oscuros y temidos de las series, Walter White, Heisenberg, el protagonista de Breaking Bad, que ahoga sin ninguna compasión a la novia de su compañero de fabricación de metaanfetamina, Jesse Pinkman.

    Sin duda Heisenberg es uno de los mayores criminales de todas las series y, a pesar de su apariencia paternal y de sus presuntos buenos propósitos, impresiona matando de manera innecesaria a personajes con los que ha tenido relación cordial e incluso afectiva (no voy a decir quiénes para los que todavía no hayáis visto esta maravilla de la televisión de las últimas décadas).

    Cersei Lannister de Game of thrones entraría en esta categoría, si bien sus motivaciones vendrían no tanto por una naturaleza criminal, sino por el rechazo continuo de su padre y la necesidad de hacerse la más fuerte y la más mala en un mundo terriblemente despiadado. No obstante, por muy víctima que haya sido en el pasado, que esta mujer sea capaz de volar una catedral con miles de personas dentro, entre ellas su nuera y su familia, la hace merecedora de un puesto en el top de villanos.

    Otro bellaco de serie es Dexter. También influido por su pasado, en este caso haber presenciado el asesinato de su madre siendo niño, Dexter muestra sus dotes asesinas desde bien pequeño y su padre adoptivo, policía, reconduce todos esos instintos para que sus víctimas sean solamente criminales.

    El problema de este extraño código de conducta no es solo de índole ética, sino que además termina saltándoselo y… ¡The bay Harbor Butcher!

    La psicopatía en Game of thrones

    Pero si hablamos de psicópatas, Game of thrones es la producción televisiva con más número de psicópatas y sociópatas por metro de cinta.

    Joffrey Baratheon y Ramsey Bolton compiten a ver cuál es más sádico de los dos. Curiosamente ambos terminan cerca de Sansa, a la que le enseñan valiosas pero tal vez demasiado crueles lecciones de vida.

    Joffrey parece ser el estandarte de niño mimado crecido en la corte entre algodones, con todo el mundo haciendo y deshaciendo a sus órdenes. Ramsey, por su parte, es el bastardo rechazado que tiene que reunir méritos para poder obtener el apellido y el reconocimiento de su padre.

    Pasados distintos que confluyen en un presente aterrador, lleno de oscuridades y gustos por la mutilación y provocar el sufrimiento ajeno.

    Pero hay otro personaje que, como ha quedado muy lejano en la trama, ha pasado desapercibido y creo que bien se merece una mención en este epígrafe, y es Craster, el salvaje que mantiene relaciones incestuosas con todas sus hijas y asesina a los hijos varones. Un personaje peculiar que solo podría tener cabida en una serie como Game of thrones, donde el peor de los sadismos y la mejor de las civilizaciones pueden coexistir sin que nos parezca algo inverosímil.

    Y hasta aquí mi listado de pérfidos. ¿Añadiríais alguno?

  • Los peores personajes de las series (I): los más corruptos

    Los peores personajes de las series (I): los más corruptos

    Estaba viendo estos días Better Call Saul cuando, pensando si el hermano de James McGill lo era, decidí escribir un post con mi particular antología de personajes corruptos y malvados de las series. Y, rememorando muchas de ellas, me he dado cuenta de que si Chuck McGill no es precisamente la bondad personificada, al menos no es de los peores que hemos visto en las pequeñas pantallas.

    Los más corruptos: políticos

    La corrupción puede mostrarse de diversas maneras, pero en este apartado he decidido incluir a los que tienen algún tipo de cargo o relación con la política.

    Es el caso de Nucky Thompson de Boardwalk Empire, personaje al que dio vida Steve Buscemi y que combinaba en sí mismo lo peor de la mafia y la política.

    El carácter  de Nucky está basado en el político Enoch L. Johnson (1893 – 1968), que se enriquece con el contrabando de alcohol durante la etapa en la que estuvo en vigor la Ley Seca en Estados Unidos, dentro de una organización que diversificaba hacia otros negocios como el juego y la prostitución.

    Otro oscuro personaje es Francis “Frank” Underwood, el protagonista de House of cards, magistralmente interpretado por Kevin Spacey.

    En esta serie de Netflix que es a su vez un remake de otra de la BBC, Frank Underwood es un villano con todas las letras. Podría decirse que excede la corrupción, pues todas sus estrategias para llegar al poder no responden al beneficio económico, sino a un enorme ego, a una megalomanía narcisista muy peligrosa. Su mujer, Claire Underwood, no se queda atrás, aunque su papel de víctima hace que despierte más simpatías.

    Meñique (Aidan Gillen), de Game of thrones, entraría también dentro de la corrupción política, pues todo lo que urde responde a su necesidad de sentir poder. No en vano es un triunfador hecho a sí mismo, que parte de una situación pobre y va ascendiendo en la escala social a través de distintos casamientos y fechorías.

    Los más corruptos: policías

    Otro adalid de la corrupción es Vic Mackey (Michael Chiklis), el protagonista de The Shield, serie de la que he hablado con anterioridad en este blog. Mackey es un policía corrupto que no solo utiliza cualquier herramienta para enriquecerse, sino que no tiene ningún escrúpulo a la hora de quitarse del medio a sus propios compañeros para salir indemne.

    John Rayburn (Kyle Chandler), de Bloodline, una serie no muy conocida, pero no por ello menos recomendable (sobre todo la primera temporada, que mantiene muy bien el suspense) estaría a caballo entre los más corruptos y los más malvados, pero lo inserto aquí porque, aunque sus crímenes afectan directamente a su familia y eso es un grado, a medida que transcurre la serie se observa que no es un hombre tan familiar como aparenta y que su objetivo principal es medrar.

    ¿Estáis de acuerdo conmigo en que estos personajes son los más corruptos de las series? ¿Cuáles proponéis vosotros?

  • OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    La temporada anterior de Orange is the New Black, de la que hablé en este mismo blog, terminó con la tragedia de la muerte de Poussey a manos de un vigilante de seguridad que la intentaba reducir, un hecho que en la realidad también sucede más a menudo de lo que nos gustaría.

    Con esa premisa, nada bucólico podíamos esperar de esta nueva, pero tengo que reconocer que ha superado todas las expectativas y que, si bien sigue sin ser el terror psicológico de Oz, la situación de las reclusas, sus perspectivas personales y, sobre todo, la corrupción de la que son víctimas a todos los niveles construyen un relato duro, en el que las partes más cómicas han terminado siendo una mueca sarcástica que empeora el estado de ánimo, lejos de relajarlo.

    Se masca la tragedia

    Vaya por delante que todavía no he podido terminar de verla, pues, al contrario que en anteriores temporadas, esta se me está haciendo bola como un filete seco a un niño. El nudo en la garganta aflora y, a pesar de la brevedad de los episodios, intento ingerirlos con precaución y combinados con otras series.

    Pero me basta para ver que lo vivido hasta ahora se puede tornar en una tragedia de proporciones épicas.

    En primer lugar, porque la tensión entre los distintos bloques de presas del edificio aumenta a grandes velocidades y entre ellas hay mucha historia y venganzas que llevar a cabo. A eso hay que añadir, además, que las relaciones entre las presas de Litchfield, la cárcel de mínima seguridad, han empeorado gravemente desde que se cortó el motín ‘fantasma’ al que todo el mundo alude y que es el que da pie a esta nueva situación.

    El colegio mayor que a veces parecía la prisión se ha tornado en casa del terror, y las amistades entre ellas han quedado atrás por lo que siempre sucede en estos casos, para que unas pudiesen librarse de mayor condena a costa de otras a las que han entregado.

    La corrupción generalizada

    El motín lleva, asimismo, a una lectura mucho menos personal y más política de la cárcel, que es lo que Orange is the New Black llevaba haciendo las últimas temporadas.

    En ella se revela sin concesiones la corrupción a todos los niveles que afecta a las presas. Y es que, para empezar, los propios guardias tienen un gran secreto que esconder sobre el asesinato de uno de sus compañeros.

    Estos guardias, como sucedía en otros episodios, tienen su propio sistema de trapicheo para introducir drogas y cualquier tipo de objeto de alta demanda en la prisión.

    En un estamento superior se encuentran Natalie y su nueva jefa, que ha ascendido sobornando a la empresa para no denunciar en público y ante los juzgados que hubo un terrible error con ella durante el motín. Y así es cómo llega una gran incompetente a un puesto que le queda grande (algo que también sucede normalmente en la ‘vida real’).

    Por encima de todo, a nivel económico y político, están los hasta ahora invisibles, los poderosos, políticos que necesitan chivos expiatorios, empresarios que hacen de las cárceles un negocio suculento… todos ellos influyen de manera fatídica en el presente y en el futuro de las reclusas.

    Y el poso que deja, al menos hasta ahora, que llevo vista CASI toda la temporada, es que entre tanta tragedia y corrupción no hay salida. Pero está bien que nos lo cuenten, porque el discurso de que las cárceles son hoteles está calando demasiado y, si bien no se puede decir que muchas personas de las que están ahí sean angelitos, en muchos casos lo están por sus circunstancias económicas y sociales, e incluso aunque lo merezcan fuertemente, está bien que se haga ficción para concienciar de ese pequeño rincón oscuro de nuestra sociedad a los que pocos parecen prestar atención.

  • Por qué Sharp Objects es la serie del año

    Por qué Sharp Objects es la serie del año

    Con este título que le he puesto al post supongo que ya sabéis por dónde van a ir los tiros, pero aun así siento la necesidad de expresar todo lo que me han fascinado todos y cada uno de los ocho episodios de Sharp Objetcs, de HBO.

    La calidad de Sharp Objects

    Una de las cosas que más me está extrañando de Sharp Objects es que, salvo en los círculos de seriéfilos, donde le hemos dado la importancia que se merece, no veo a mucha gente en Facebook o en Twitter hablar de ella, y no sé si es porque en verano ha tenido menor repercusión o porque no se han enterado de que está. Lo que está claro es que, si tienes un mínimo de gusto por las cosas bien hechas, esta serie no puede no gustarte.

    Y es que Sharp Objects posee un guion y una calidad narrativa que supera cualquier expectativa, por lo menos la de aquellos que habíamos escuchado cómo la comparaban previamente con la fabulosa Big Little Lies.

    La tensión se mantiene desde el inicio de la serie hasta el último segundo de la misma, un segundo que, quienes hayáis visto ya, es verdaderamente inesperado y aterrador.

    Sharp Objects es de esas obras audiovisuales en las que te puedes recrear tanto por su narrativa como por los detalles de fotografía, de planos que dicen mucho sin que haya una sola palabra y también de sonido. Y no me refiero solo a la estupenda banda sonora, llena de temazos, sino también a la realización de sonidos, a detalles que te hacen ser parte de la escena, sumergirte en la atmósfera, como si fueras su protagonista.

    Y eso sin olvidar el misterio de las palabras que van apareciendo en distintas partes, tanto en la protagonista como en el resto de escenarios, que nos van desvelando poco a poco qué está pasando.

    Sharp Objects y las actrices

    El reparto y la actuación de las actrices principales de esta serie es una de las claves de su éxito.

    Amy Adams borda el papel de Camille Preaker, una periodista del periódico de San Luis que regresa a su pequeño pueblo, Wind Gap, en Misuri, para investigar los asesinatos de dos chicas a la vez que para hacer frente a recuerdos del pasado que la tienen traumatizada de un modo severo.

    El papel de madre de Adora Crellin, madre de Camille, lo hace igualmente bien una Patricia Clarkson aterradora y odiosa a partes iguales. Y es que Adora, la terrateniente del pueblo, es fría y oscura, una madre capaz de destrozar la vida de su propia prole. Y una explotadora que no duda en utilizar su posición de dominación sobre la práctica totalidad del pueblo para hacer caer al sheriff en pequeños episodios de corrupción policial.

    La tercera mujer protagonista de Sharp Objects es Eliza Scanlen en el papel de Amma Crellin, hija de Adora y hermanastra de Camille, una adolescente que se ve obligada a llevar una doble vida para contentar a su madre, que la ve como una “niña buena” a la que vestir con vestiditos y lacitos imposibles de lo hortera, y a la vez tener la vida que ella quiere con sus amigas.

    Pensaréis: “¿y no hay hombres en esta serie?”. Por supuesto que sí, y hacen bien su papel, pero nada que ver con estas tres protagonistas y las historias que las envuelven.

    Porque Sharp Objects es una serie con protagonistas femeninas y bastante feminista en la que los hombres acompañan como pueden, más mal que bien, y no se enteran mucho de qué es lo que esconden cada una de ellas, por mucha curiosidad que les provoquen.

    Si no la habéis visto hasta ahora, felicidades porque tenéis ante vosotros la serie del año ya completa para ver. Espero que os guste, como mínimo, tanto como a mí.

  • Narcotráfico y corrupción en la Costa del Sol

    Narcotráfico y corrupción en la Costa del Sol

    La Costa del Sol y las redes de narcotráfico y corrupción que allí se desarrollan son las protagonistas de la coproducción de Mediaset, Warner Bros y Netflix que ha comenzado a grabarse este verano.

    Brigada Costa del Sol

    La serie, que se titulará Brigada Costa del Sol, cuenta con grandes y conocidos actores en su reparto: Hugo Silva (El ministerio del tiempo), Álvaro Cervantes (Carlos, Rey Emperador), Jesús Castro (Mar de plástico) formarán el Grupo Especial de Estupefacientes Costa del Sol, unidad policial especial que operaba en el sur de España entre 1977 y 1982 para combatir delitos de narcotráfico.

    Hugo Silva interpretará a Bruno López, un detective intuitivo y pasional; Jesús Castro a Terrón, policía ingenuo y predispuesto al abuso físico, y Álvaro Cervantes a Leo Villa, un agente con mucha formación pero un tanto predispuesto hacia el hedonismo. Con pocos medios y mucho ingenio se convertirán en los policías más aclamados de Europa.

    El elenco se completa con Miki Esparbé, que hará de joven estratega muy inteligente y, en el bando opuesto, Sara Sálamo, que interpretará a “La buhíta”, personaje carismático que vive al margen de la ley.

    Localizaciones en la Costa del Sol y Madrid

    Brigada Costa del Sol, que ha provocado el rechazo de los agentes turísticos de la provincia malagueña por considerar que va a dar mala reputación a la zona al vincularla con el tráfico de drogas, tema que hasta el momento ha permanecido bastante oculto, se enmarca en la línea de éxitos recientes como Narcos, Fariña, Snowfal, etc.

    Entre sus principales localizaciones se encuentra Torremolinos y su paseo marítimo, así como el hotel Pez Espada y la Urbanización La Roca. Como tanto la brigada como ‘los malos’ se encuentran siempre conectados a Madrid, la capital también tendrá su papel en la elección de escenarios. La discoteca Pirandello será uno de ellos, y una antigua fábrica de telas en la localidad de Alcorcón.

    La provincia de Málaga está muy solicitada estos días para rodajes, y es que a Brigada Costa del Sol se une el de Snatch, una producción de Sony de diez episodios sobre las peripecias de unos jóvenes estafadores británicos en la Costa del Sol.

    En otoño se grabará allí, asimismo, Toy Boy, una serie de Atresmedia sobre los clubes nocturnos del litoral, con un stripper como protagonista.

  • The Good Fight y la glorificación de la corrupción

    The Good Fight y la glorificación de la corrupción

    A estas alturas mis seguidores ya sabéis que he escrito bastante sobre The Good Fight, casi siempre en buenos términos por la calidad de sus guiones y su sentido del humor, pero hoy voy a cambiar el tono porque estoy observando en esta segunda temporada una cuestión que me preocupa mucho, y es la glorificación de la corrupción y las malas formas de gobierno.

    Golpes de estado de nuevo cuño

    En esta segunda temporada de The Good Fight, protagonizada por el gobierno de Donald Trump, están apareciendo y se están normalizando cuestiones como la forma en que el Partido Demócrata de la ficción pretende derrocar al presidente electo a través de algún escándalo jurídico o sexual donde ni siquiera importa que sea cierto lo que se denuncia.

    Ruth Eastman, asesora del Comité Nacional de los Demócratas, se presenta en el bufete de Reddick, Boseman y Lockhart con toda una batería de medidas de seguridad (no se permiten los móviles  en la reunión, se graba todo con videocámara, se les hace firmar a los presentes un documento de confidencialidad) para pedirles que señalen causas judiciales que se pueden abrir y ganar para destituir a Trump.

    Diane ve bien utilizar cualquier medio para derrocar al presidente Donald Trump.
    Diane ve bien utilizar cualquier medio para derrocar al presidente Donald Trump.

    En mitad de esa vorágine, Reddick insinúa que no es necesario tener siquiera una causa con pruebas, sino que con verter malintencionadamente rumores sobre supuestas agresiones sexuales se podría llegar a la misma meta.

    Y es ahí donde radica el quid, en mi opinión, de la glorificación de la corrupción, en que no se piense en términos de justicia, equidad, tolerancia, etc., sino solo en quitarle el gobierno a un presidente para ponerse ellos, sin tan siquiera atender a cuestiones éticas sobre los medios para lograrlo.

    Y no puedo evitar pensar en lo que ha sucedido en Brasil con el antiguo presidente y ver que puede llegar a ser una nueva y peligrosa tendencia política en la vida real.

    Glorificación del beneficio económico

    En esta misma línea de normalización de las malas prácticas se sitúa también la serie, esta vez en el ámbito del beneficio económico, cuando el bufete acepta un acuerdo que le proporciona 8,3 millones de dólares de la Policía de Chicago para que no se airee la corrupción de dos agentes que se dedicaban a plantar pruebas falsas en temas de narcotráfico.

    Cabe señalar que Jay, el investigador privado del bufete, señala esta falta de ética y renuncia a su puesto de trabajo para hacer ver a sus jefes que su codicia está afectando a la vida de otras personas, entre ellas, la de su mujer amigo.

    Jay denuncia que el bufete ha contribuido a tapar un caso de corrupción.
    Jay denuncia que el bufete ha contribuido a tapar un caso de corrupción.

    Por su parte, Lucca y Maia (la hija de los acusados de estafa, caso que de momento parece haber quedado en segundo plano esta temporada) ayudan soterradamente al amigo de Jay, pero no porque sea lo correcto, sino porque sacar a la luz la corrupción de esos policías ayuda al padre del futuro hijo de Lucca en su carrera política, pues lo están acusando de haber encarcelado a más afroamericanos que blancos, y con este movimiento se quita 30 casos de sus estadísticas.

    Así que nos encontramos con que los únicos actos honestos que se realizan tienen oscuros objetivos, siempre el beneficio político y/o económico y personal, lo que, en mi opinión, contribuye a normalizar este tipo de comportamientos. Porque, al fin y al cabo, si lo hacen Diane Lockhart o Adrian Boseman, ¿por qué no lo vamos a hacer cualquiera? ¿Y por qué vamos a poner el grito en el cielo si lo hacen nuestros representantes políticos?

    Glorificación de la explotación laboral

    Por último, aunque muy importante también, me gustaría resaltar la glorificación de las malas prácticas laborales y la falta de ética a la hora de tratar a trabajadoras embarazadas.

    En esta temporada Lucca se queda embarazada y debe comunicarlo a la empresa, cuyos socios, con Diane Lockhart a la cabeza, están deseando quitarle los casos y relegarla porque prevén que una mujer embarazada les va a ocasionar pérdidas o perjuicios.

    Lucca Quinn recibe un trato desigual y discriminatorio por estar embarazada
    Lucca Quinn recibe un trato desigual y discriminatorio por estar embarazada.

    Lucca, para compensar esto y que no afecte a su carrera profesional (aunque todos los intentos que está haciendo son en vano, pues los prejuicios y la discriminación prevalecen sobre los resultados), anuncia que trabajará hasta el último minuto de embarazo y que no cogerá baja por maternidad. Un muy mal ejemplo para el resto de trabajadores, y otra normalización más de algo que debería ser denunciado con ahínco.

    Porque el poso que queda no es el de denuncia, sino el de normalización.

  • The handmaid´s tale, distopía verosímil

    The handmaid´s tale, distopía verosímil

    Una de las cosas que más pueden espantar de una distopía es la verosimilitud de la misma, que pueda ser algo que ocurra o que, incluso, ya haya sucedido o esté haciéndolo, aunque se manifieste de otra manera. Ese es quizá el punto fuerte y a la vez más terrorífico de la magnífica serie The handmaid´s tale, traducida en español como El cuento de la criada.

    The handmaid´s tale narra la vida de la víctima de una dictadura que se ha instalado en Estados Unidos en la que se ha impuesto un régimen fascista y teocrático cristiano denominado Gilead, con una minoría que ejerce represión a niveles muy crueles sobre quienes se resistieron a aceptarlo. Nada que no hayamos visto ya en los libros de historia, ¿no?

    Distopía demográfica

    La serie, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, parte del hecho sociodemográfico y científico concreto y plausible de una epidemia global de infertilidad, que desde las corrientes religiosas más extremistas se achaca a la inmoralidad y a la contaminación ambiental.

    Teniendo en cuenta que el número de nacimientos ha decaído en las últimas décadas y que se espera que la generación baby boom colapse el sistema cuando llegue a la jubilación (o a la vejez sin jubilación, que esa es otra posibilidad), y sabiendo que hay gobiernos que han tenido un control de la natalidad que ha pisoteado los derechos democráticos de millones de personas, como ha sido el chino, ¿a que no resulta tan lejana esta distopía?

    Pues es esta ausencia de niños la que da pie a que en Gilead ocurran hechos tan horripilantes como que las mujeres fértiles, llamadas criadas y vestidas de rojo, sean esclavas de los comandantes y generales y sus esposas, vestidas de verde, y tengan que someterse a una violación ritual para ser fecundadas de hijos que luego les serán arrebatados para crecer en las casas de los afines al régimen. ¿A qué os suena esto?

    Distopía machista

    Las mujeres en Gilead, este estado fascista y teocrático cristiano de The handmaid´s tale, están divididas en distintas clases y en todas ellas orientadas al presunto bien mayor que es el régimen. Todas ellas llevan un color que hace que se las distinga y categorice en todo momento.

    Desde las capas más bajas a las más altas, están las desterradas a zonas donde han ocurrido catástrofes nucleares donde las obligan a limpiar residuos y terminan falleciendo por enfermedad, vestidas de gris; las criadas, violadas y forzadas a parir y entregar a sus hijos, de rojo; las Martas, sirvientas que realizan tareas de amas de casa, de verde; las econoesposas, casadas con hombres de menor rango que tienen más libertad en el vestir dentro de una variedad muy recatada y que pueden haberse casado por amor (parejas anteriores al nacimiento del régimen, o por obligación, como sucede con los casamientos entre niñas y ‘ojos’); las esposas, de azul turquesa (en la novela y en todos los artículos que he leído al respecto dicen que van de azul, pero yo no veo el azul puro por ningún lado), y las tías, que adoctrinan, monitorizan y castigan a las criadas.

    El sometimiento de las criadas llega a tal punto que pierden su nombre original y asumen el del funcionario que las viola. Así, la protagonista de la serie se llama DeFred, como el comandante al que sirve.

    Aunque las capas más altas de mujeres repriman a las que tienen por debajo, todas ellas están a su vez reprimidas por los hombres, que también se dividen en rangos: los comandantes de los fieles, funcionarios políticos, que tienen coche y visten de negro; los ojos, que son espías; ángeles, soldados y guardianes de la fe, que visten con uniformes verdes.

    Uno no puede evitar recordar a países como Arabia Saudí, donde las mujeres no pueden ir en bicicleta ni conducir sin el permiso de los hombres, y pensar que ciertamente estamos ante una ficción que bien puede estar basada en hechos reales.

    No olvidemos tampoco que hay países de Centroamérica donde las mujeres pueden ir a la cárcel si sufren, incluso, un aborto espontáneo.

    Corrupción en Gilead

    Y, claro, en un mundo tan aparentemente pulcro y ordenado como Gilead, como en todas las sociedades humanas, especialmente en las que hay mayor represión, no podía faltar el nido de la corrupción, humana, política y sexual.

    Ese lugar, que se puede ver ya en la primera temporada de The handmaid´s tale, es Jezabel, un antro con el nombre de la mujer que en el Antiguo Testamento aparece intentando que los hombres olviden a dios.

    Es en Jezabel donde la protagonista de la historia, June, se encuentra con su mejor amiga, Moira, que no aceptó el rol de criada y para ella, igual que para otras, quedó convertirse en prostituta sin consentimiento y sufriendo maltrato continuo.

    Porque en Gilead no hay espacio para el esparcimiento de las mujeres. Es un totalitarismo patriarcal y religioso que adoctrina, maltrata, somete y ejecuta cualquier tipo de disidencia. Y el placer, especialmente el femenino, es su enemigo.

    Y si en Europa esta serie nos puede resultar estremecedora por los paralelismos con regímenes presentes y pasados de distintas partes del mundo, en Estados Unidos, con un republicanismo aliado con las manifestaciones religiosas más reaccionarias y una pérdida de libertades y derechos abismal desde el 11-S, más.

    Habrá que permanecer atentos a todos los indicadores que, como en los flashbacks que se hacen a lo largo de la serie, van apareciendo y susurrándonos, o gritándonos fuertemente al oído: “Huye ahora que todavía puedes”.

  • The Shield, descenso trepidante al infierno

    The Shield, descenso trepidante al infierno

    Hace unos días escribía un post con una retrospectiva sobre Oz, una de las series más duras y pesimistas que he visto nunca, y eso me ha llevado de manera directa a acordarme de la trepidante y no más optimista The Shield, en la que una división policial corrupta se va desintegrando a medida que sus crímenes se van recrudeciendo.

    Corrupción policial

    El imaginario distrito de Farmington (“la granja” en inglés), una zona de Los Ángeles en la que hay vergonzosas tasas de delincuencia y marginalidad es el lugar de trabajo del Equipo de Asalto liderado por el detective Vic Mackey y sus colegas también detectives Shane Vendreell, Ronald Everett Gardocki (Ronnie) y Curtis Lemanksy (Lem).

    Es importante señalar en este punto que la Policía de Los Ángeles no quería guardar ninguna relación con la serie, dado el carácter más que controvertido de su trama y personajes, y por eso se inventaron el distrito (aunque se supone que está inspirado en Rampart) y los escudos que lucen en sus uniformes son distintos y están ubicados en otro lugar.

    Presionados por sus superiores, movidos a su vez por ambiciones políticas, especialmente en el caso del Capitán David Aceveda, al que veremos convertirse en concejal, estos policías comienzan a cometer actos de corrupción como extorsiones, robo y asesinatos.

    Como suele pasar en estos casos, o así nos lo presenta siempre la ficción, estas tácticas no van a menos y terminan convirtiéndose en su modus operandi, de manera que los peores y más temidos delincuentes de la zona son ellos.

     Acción trepidante

    Desde el primer minuto en que comienza The Shield se inicia una carrera desbocada que parece no terminar nunca. Son un total de siete temporadas, a cada cual más trepidante.

    La tortura, la extorsión, el robo, las persecuciones y todos los métodos que emplea el Equipo de Asalto para conseguir sus fines alcanzan cotas inimaginables de tensión y llevan al espectador a momentos de verdadera angustia.

    Hace unos cinco años que la vi y todavía recuerdo algunas escenas impactantes, como en la que Lem intenta quemar el dinero marcado que han robado y con el que no saben qué hacer.

    Punto de no retorno

    Su propia degradación va rompiendo, además, la amistad que tienen entre ellos, que en realidad nunca ha sido tal, pues en el transcurso de la historia se va perfilando un Vic Mackey que evoluciona de amigo que saca de líos a los demás a sociópata despiadado.

    Esta ruptura en sus relaciones personales va incrementando la tensión hasta llegar a auténticas tragedias como sucede con Lem o, peor aún, con Shane Vendrell, que por su escasa inteligencia y elevado nivel de impulsividad pone en peligro en varias ocasiones al grupo, aunque nada de eso justifica el violentísimo final que le dio el cada vez más degenerado Vic Mackey.

    Mackey desciende al infierno y sabe que no tiene ninguna capacidad de retorno, pero le da igual con tal de salir airoso. Asesina a sus compañeros y termina delatando al más honesto de los cuatro a cambio de una impunidad que deja la misma sensación de vacío y desesperanza que Oz, aunque en otro contexto.

    The Shield es una de esas series altísimamente recomendables, como The Wire o Treme en las que el sistema es el protagonista, por encima, incluso, de los caracteres principales. Un sistema corrupto en el que no tienen cabida ‘los buenos’.

  • Marcella, oscuridad y violencia policíaca

    Marcella, oscuridad y violencia policíaca

    Escribo estas líneas con el calor de haber acabado el último episodio de la segunda temporada de Marcella hace unas horas, así que, si todavía no habéis llegado hasta ahí, quizá deberíais esperar para que no os estropee el final de esta serie en la que la oscuridad y la violencia llegan a extremos auténticamente sorprendentes.

    La oscuridad de la historia

    La serie, británica hasta la médula de la cadena ITV,  comienza con la vuelta al trabajo de la detective Marcella Backland en Londres tras haberse dedicado unos años a la maternidad y con el trauma de haber perdido a su hija pequeña siendo bebé.

    En la primera temporada Marcella regresa a las investigaciones policiales y se involucra en un caso en el que su marido también está implicado, pues la desaparecida resulta ser la mujer, hija de un gran empresario londinense, con la que está teniendo una aventura y por la que la piensa abandonar.

    En esta segunda, más lúgubre y violenta que la anterior, se encuentra con un caso en el que también están implicados ella y su familia, esta vez su hijo Edward, con una serie de asesinatos de niños y adolescentes cometidos por un perfil psicopático que parece querer preservarlos de la degradación moral y conservarlos para siempre en un estado de niñez e inocencia.

    En ambas entregas se observa, asimismo, una normalización de la corrupción en determinados estratos sociales. Así, tanto en la empresa para la que trabaja su exmarido como la fundación en la que trabaja de voluntaria la asesina de la segunda temporada se dan casos de sobornos o de conchabamiento entre distintos poderes (político y empresarial), pero curiosamente estas cuestiones terminan sin consecuencia alguna para los personajes.

    La oscuridad de los personajes

    Además de los perfiles de los asesinos, que en ambas temporadas corresponden a psicópatas ambiciosos, en el caso de la primera, y una perturbada de la pureza y la moral en la segunda, lo que más sorprende de Marcella es que no hay ningún personaje que no albergue secretos y oscuridad.

    En el caso de la protagonista, esta sufre unas pérdidas de conciencia temporales en las que se pone extremadamente violenta y de cuyas acciones después no se acuerda. Y no se trata de simples lapsus, no, es capaz de mover un cadáver de sitio, de romperle la nariz a su marido o de, incluso, como hemos presenciado los fans más acérrimos en el episodio de esta semana, asfixiar a su propia bebé porque sus llantos le hicieron perder los estribos.

    Marcella es una antiheroína que funciona como un reloj a la hora de investigar, pero cuya vida privada es un auténtico desastre. Y es que comienza estando casada con Jason, otro personaje que también destaca por su oscuridad y tener entre sus secretos un asesinato.

    Su hijo Edward también se las trae. Comienza a despuntar en la segunda temporada apretando a un ratón hasta la muerte y fascinado con un perro en estado de descomposición y el espectador se queda petrificado sin saber por qué, hasta que comprendemos que fue testigo del homicidio de su hermana.

    ¿Y los compañeros policías de Marcella? Pues, aunque hay algunos que se salvan, y que realmente son policías honestos (sorprendentemente, en esta serie no hay nada de corrupción policial), hay otros que, igual que ella, son extremadamente profesionales en su trabajo y patológicamente extraños fuera, como el que le instala una cámara de videovigilancia en su ordenador personal para poder espiar todos sus movimientos.

    Estrechez de miras

    Marcella es, en general, una serie policiaca original e, incluso, feminista, hasta el punto de que la igualdad es llevada al extremo y en la segunda temporada el psicópata no es un “él”, sino “ella”. Sin embargo, uno de los errores más graves que comete es la excesiva relación de las tramas con el personaje principal.

    No es algo nuevo en los guiones policiacos el hecho de vincular los asesinatos con los detectives que los investigan (Bron/Broen, serie de la que hablaré otro día, me decepcionó en su momento por eso), pero que en dos temporadas distintas uno haya estado relacionado con su exmarido y otro con su hijo es demasiada carambola.

    En casa tenemos una broma de consumo interno con este tipo de guiones en los que parece salir todo el rato la misma gente y lo llamamos “hacerse un Invasion“, por una serie de scifi ambientada en un parque natural de Florida en la que, a pesar de que parecía haber cientos de kilómetros de carreteras y una ciudad con hospital, siempre se encontraban los cuatro mismos personajes en todos los sitios. Con toda la lógica del mundo, esta serie fue cancelada.

    Pues Marcella, sin tener motivos para su cancelación, sí que peca de esta estrechez de miras en cuanto a las tramas.

    Todavía no se sabe si va a haber próxima temporada, aunque ha quedado servida con la entrada en escena de un supuesto MI6 (o similar) que, tras indicarle que la han dado por muerta, le ofrece un puesto de investigadora en el que su situación es la idónea. Pinta que, de renovarse la serie, la tercera entrega nos va a traer más dosis de oscuridad, y quizá más intensas.