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  • Juego de Tronos, un fraude sin George RR. Martin

    Juego de Tronos, un fraude sin George RR. Martin

    Muchos admiradores de los libros de George RR. Martin y de las primeras temporadas de la serie Juego de Tronos estamos realmente enfadados y decepcionados por el fraude en la evolución de la trama en esta última temporada. La desvinculación total del autor original de la saga se ha reflejado en un descenso en picado de la calidad hasta el punto de convertirse en una mediocridad por su simplicidad e incoherencias.

    El fraude en la verosimilitud

    La verosimilitud es un pacto no escrito entre el autor, el género y el público mediante el cual se establecen las cuestiones que caben porque tienen apariencia de verdad en la obra, es decir, que resultan creíbles.

    Es importante establecer, porque me encuentro muchas veces con que la gente tiene mucha confusión en este tema, que verosimilitud y realismo no son lo mismo. En una obra de ciencia ficción no se busca el realismo, que es presentar la realidad tal y como es, y, sin embargo, tiene que haber verosimilitud para que el público pueda darla por válida.

    A partir de aquí, SPOILERS

    Alerta Spoiler

     

    En Game of Thrones esta temporada se ha perdido completamente la verosimilitud en varias áreas. La primera de ella es el transcurso del tiempo, que se ha acelerado en la trama general sin ningún tipo de pudor, y en las subtramas se modifica al antojo de lo que convenga hasta llegar a resultar cómico.

    Un ejemplo de esto es el viaje (absurdo, como explicaré más adelante) que emprenden Jon Snow, el Perro, etc. más allá del muro para capturar a un soldado del ejército de los muertos: ¿por qué tardan más de medio episodio con sus dos o tres días y noches en llegar al sitio y luego menos de un día para volver corriendo a dar la señal de aviso? ¿Cómo es posible que Daenerys Targaryen llegue a rescatarlos en menos de unas horas cuando primero ha tenido que recibir el mensaje y luego emprender el viaje hasta allí?

    Bran, el Cuervo de Tres Ojos que en lugar de contar cosas importantes se detiene en irrelevancias
    Bran, el Cuervo de Tres Ojos que en lugar de contar cosas importantes se detiene en irrelevancias

    Estafa de guion

    Inverosímil y mediocre es, asimismo, el guion y la forma de presentarnos a los personajes esta temporada.

    Desde tramas innecesarias como el viaje para capturar un soldado zombi y llevárselo a Cersei Lannister (que ya tiene su propio soldado zombi en La Montaña, ¿o no?, y sin embargo se asusta cuando ve a este) hasta descuidos y efectismos más propios de Hollywood que de esta serie basada en las novelas de George R.R. Martin, como que el Rey de la Noche mate al dragón que está en pleno vuelo y no acierte con el que está parado con Daenerys sobre él.

    La historia de amor entre Daenerys y Jon merecería todo un post por cómo han rebajado la calidad de los diálogos y cómo no hay quien se crea que con las pocas y flojas interacciones que han tenido puede haber surgido una pasión incontrolable.

    Jaime Lannister, otro personaje caricaturizado por el guion
    Jaime Lannister, otro personaje caricaturizado por el guion

    Personajes como ellos dos y Jaime Lannister, que tenían muchos matices y nobles intenciones han quedado caricaturizados una escena tras otra en esta temporada que, con toda la tristeza del mundo, voy a calificar como estafa.

    Solo espero que George R.R. Martin termine pronto su empresa y podamos disfrutar de un final original y de calidad para una trama que ha sido traicionada por la serie que la dio a conocer masivamente.

     

     

     

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  • Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Hacía tiempo que quería escribir sobre Big Little Lies, una serie que ha llegado a emocionarme como pocas, en la que se narra de una manera muy original, divertida a la par que dramática, cómo el machismo es el culpable de muchos más conflictos de los que pensamos.

    Big Little Lies es la historia de cómo cinco mujeres, madres, de Monterrey, un pueblo al norte de California con bastante poder adquisitivo entre sus habitantes, se enfrentan unas a otras por una serie de cuestiones personales en las que son los hombres fundamentalmente la causa de sus aflicciones.

    En busca del culpable

    Big Little Lies, serie basada en la novela del mismo nombre de Liane Moriarty, intercala los interrogatorios tras el presunto asesinato de alguien de la comunidad con la vida durante los meses antes en dicha comunidad. Todo ello de una manera un tanto original, pues no sabemos quién es el asesinado o la asesinada ni su asesino o asesina, y el nivel de crispación entre las cinco mujeres es tal que llegamos a pensar que puede ser cualquiera.

    La disposición de las declaraciones, de hecho, tiende a hacernos pensar en cada episodio que la persona culpable es una u otra, engañando al espectador en todo momento en un juego que engancha, y mucho.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    Historias y personajes arrolladores

    Big Little Lies destaca tanto por su trama, muy bien hilada y con un final en el que confluyen todas y cada una de las subtramas de una manera perfecta, como por la profundidad de sus personajes.

    Los tres principales son Celeste (interpretada magistralmente por Nicole Kidman), que sufre una relación de violencia machista de manual, con sonrisas y disimulos de cara a la galería; Jane (Shailene Woodley), la única mujer de clase trabajadora de la serie, atormentada porque su hijo, Ziggy, es fruto de una violación de un hombre al que quisiera encontrar para vengarse; y Madeleine (Reese Witherspoon), que aporta un punto cómico a la serie, además de servir de hilo conductor y tener su propia trama de engaños e infidelidades.

    Las otras dos mujeres que construyen el relato perfecto que es Big Little Lies son Renata Klein (Laura Dern), directiva de Silicon Valley que sufre el machismo tanto en el mundo empresarial como en el entorno escolar de su hija, pues otras madres la miran con recelo por no dedicarse al 100% al cuidado de su hija; y Bonnie Carlson (Zoë Kravitz), que también experimenta el machismo en forma de miradas incómodas y trato frívolo por dedicarse a dar clases de yoga.

    De hecho, una de las escenas clave para plasmar el machismo imperante se produce cuando Bonnie se pone a bailar en la fiesta de cumpleaños de la hija de Renata y tanto hombres como mujeres la tachan de indecorosa (bueno, en realidad le dicen cosas peores, pero no las voy a reproducir aquí).

    El machismo culpable

    Comparte protagonismo con estas mujeres el marido de Celeste, interpretado por Alexander Skarsgard, que da miedo de lo bien que lo hace. Se presenta como un esposo perfecto ante la sociedad, rico, guapo, buen padre, pero de puertas para adentro es manipulador, frío, egoísta, hace la vida imposible a su mujer y es un ejemplo terrible para sus hijos, que pronto copian el modelo de violencia que él cree que mantiene escondido.

    El relato de la violencia machista es aterrador y provoca muchos escalofríos y situaciones verdaderamente incómodas. Está muy bien escrito e interpretado, hasta el punto de que cuando él abre la puerta porque llega de trabajar se te encoge el estómago y solo deseas que lo pillen, o que pase cuanto antes la escena.

    El machismo también se manifiesta contra los personajes más jóvenes de Big Little Lies, en forma de acoso y bullying a una niña que, sin saberlo, sufre de manera indirecta el mismo maltrato que Celeste.

    Un final perfecto

    Y cuando ya te has rendido porque está tan bien narrada que no sabes quién es víctima y quién es culpable, llega la escena final, que ha ido formándose a lo largo de toda la temporada, te sorprende y te genera una sonrisa de oreja a oreja. Porque triunfa algo que no suele retratarse mucho en el cine o en las series, algo que tiene un nombre que poca gente conoce, cuando se debería: sororidad.

    Sororidad (¡qué bonito nombre tienes!) es hermanamiento, solidaridad entre mujeres, un término que ha sido invisibilizado por otro, el de hermandad, que en muchas ocasiones tiene justamente el significado contrario. Hermandad como manada de hombres, como corporativismo, frente a sororidad como colaboración necesaria entre mujeres que sufren distintos tipos de violencias machistas.

    Big Little Lies es el relato perfecto sobre cómo las mujeres, incluso en los estratos más altos de la sociedad, padecen distintos tipos de opresión por el mero hecho de serlo. Una buena serie que, además de ser un excelente entretenimiento, nos lleva a pensar un poquito más allá de nuestra zona de confort.

    Y, además, comienza con un temazo de Michael Kiwanuka. ¿Qué más se puede pedir?

  • La estafa de los Premios Emmy

    La estafa de los Premios Emmy

    Un año más los Premios Emmy nos sorprenden, para mal, olvidándose grandísimas producciones y excelentísimos actores y actrices que merecerían, si no llevarse una estatuilla, al menos estar nominados para ella.

    Si en 2016 lamentábamos la ausencia de The Knick, Transparent y Orange is the new black, en 2017 lloramos que no se encuentren algunas de las series que más han aportado en los últimos meses.

    El destierro que más duele

    De entre todas las omisiones que ha habido en las nominaciones a los Emmy la que más se están extrañando es la de The Leftovers, absoluta genialidad televisiva imposible de catalogar ni etiquetar en ningún género específico y que ha dejado el listón muy alto para producciones venideras.

    Como admirador, qué digo admirador, fanático de la serie, me siento insultado ante la negación de lo evidente y solo puedo pensar que el jurado de estos Premios Emmy o no tiene ni idea (sí, para soberbio, yo) o está influido por luchas intestinas entre productoras (semejante atrocidad despierta mi lado más ‘conspiranoico’).

    Grandes que se quedan sin Emmy

    Otra grandísima ausencia es la de The Young Pope, una serie en la que la estética está cuidada de manera tan detallista que muchas de las escenas parecen coreografías, bailes de cardenales, monjas y laicos en torno a uno de los personajes mejor construidos e interpretados como es el del Papa Lenny Belardo.

    Magnífico Jude Law y digno de un Emmy y mucho más, y magnífico Paolo Sorrentino atreviéndose con una sátira sobre una de las figuras más controvertidas y menos criticadas y exploradas cinematográficamente de todos los tiempos, el Papa.

    Similar estupefacción causa que no esté presente Ed Harris por Westworld que, sin embargo, sí ha obtenido sus nominaciones (Anthony Hopkins y Jeffrey Wright). Ed Harris ha sido uno de los pilares de la calidad de esta maravilla scifi a la que algún día dedicaré un post y se merecía un premio, o una nominación, igual que su compañero de reparto en Enemigo a las puertas, Jude Law, como he dicho más arriba.

    Este año también tengo que lamentar que Transparent no pueda competir por el premio a la mejor comedia y lo mismo me ocurre con The Good Fight, aunque hay quien no la etiquetaría dentro de este género.

    Igualmente me sorprende que no se haya mencionado American Gods y la magnífica interpretación de Ian McShane, al que siempre recordaré con cariño y devoción por su papel en Deadwood.

  • Borgen, el gobierno de una cívica y moderada Dinamarca

    Borgen, el gobierno de una cívica y moderada Dinamarca

    Hace tiempo que vengo pensando en dedicar un post a una gran serie que ha marcado algún que otro debate político aquí en España en los últimos tiempos: Borgen, producción danesa que narra los entresijos del gobierno de la cívica y moderada Birgitte Nyborg.

    El mito vs realidad de la Europa cívica

    Si algo destaca en Borgen es la voluntad de consenso y diálogo a través del gobierno, así como la interpretación cuasi perfecta del mito y/o realidad de una Europa (del norte) cívica que se ocupa del bienestar de sus ciudadanos desde el centro.

    La serie es un compendio de las continuas negociaciones de Nyborg con todas las fuerzas políticas, incluida la extrema derecha ultraliberal en lo económico y conservadora en lo social, muy bien caracterizada en el personaje de Svend Åge Saltum (destaca aquí la verosímil traición que le hace Benedikte Nedergaard, una líder de extrema derecha de nueva hornada, en la línea de la pequeña LePen a su padre).

    El Palacio de Christianborg en Copenhague se convierte en el escenario principal de esta serie política en la que los intentos de corrupción son frenados inmediatamente y el talante, nunca mejor dicho, de su primera ministra destaca a través de arduos diálogos con la oposición.

    Y es que Nyborg ha llegado a primera ministra (en la primera temporada) por una coalición con los Laboristas, a pesar de que ellos tienen más escaños.

    Una serie sobre el trabajo diario

    Es curioso cómo una obra que no contiene ningún elemento folclórico al que nos acostumbran otras más inverosímiles, como House of Cards (de la que hablaré en otro post), engancha al espectador a una mecánica de trabajo consistente, sin más, en debates – preparación de ruedas de prensa – reacciones.

    En este sentido me evoca la sensación que me producía ver Mad Men, pues siempre pensaba que en realidad estaba viendo una serie sobre mi trabajo diario, pero, aunque quería cortar con ella porque me recordaba demasiado a mi día a día en oficinas en las que he estado, nunca podía. Tenía demasiado vicio.

    Dinamarca es cívica

    O eso intentan reflejar en esta serie que refleja el gobierno de una mujer en un país donde no ha ganado un partido por mayoría desde el año 1909 y que, por lo tanto, debe de estar acostumbrado a los pactos.

    Además, Borgen pone de manifiesto otros temas que llegan a España de refilón, como los mayores derechos de la mujer en los países nórdicos, el apoyo para una verdadera conciliación de la vida familiar y profesional (aunque Nyborg se ve desbordada en su papel de primera ministra su marido le hace el relevo profesional para que ella pueda dedicarse a la política tras años dedicados al cuidado familiar).

    Otro tema que nos señala que estamos ante un país con una ética un poquito más elevada que la nuestra es el periodismo, tanto en la parte de los medios, con los periodistas Torben Friis, jefe de informativos, y Katrine Forsmark, estrella de los informativos (spoiler: que luego cruza la línea y termina como jefa de prensa de Nyborg), como en la de los gabinetes de prensa, con el enigmático y atormentado Kasper Juul al frente.

    Pero, ¿es cierta esta imagen que transmite Borgen de una Dinamarca cívica o nos encontramos ante un producto bien envasado de propaganda demócrata danesa que merece la pena revisar en profundidad? No se puede analizar esta serie sin señalar que hasta los ecologistas del Partido Verde son señalados como extremistas, y eso, para los que somos fanáticos de 1984 de George Orwell, tiene, como mínimo, un puntito de intentar reescribir la realidad.

  • La estafa de las televisiones con el horario infantil

    La estafa de las televisiones con el horario infantil

    Circula estos días por la red la petición de una madre desesperada a Antena 3 para que deje de emitir el anuncio de la película “No apagues la luz” en horario infantil, pues tiene a su hija de tres años tan traumatizada que se tapa los oídos y se esconde cada vez que escucha la nana que suena en el tráiler. Lejos de burlarse de ella, muchos padres se han sumado a su demanda, y con razón, porque el horario infantil es una estafa.

    El incumplimiento del horario infantil

    Toñi Ruiz, que así se llama la madre de la pequeña, solicita que en la emisión de los anuncios se advierta de la edad recomendada de los mismos, de manera que los padres puedan estar al tanto y apagar la televisión o cambiar de canal en el momento que lo pongan.

    Es una exigencia que tiene su razón, pero que sería innecesaria si las cadenas cumplieran a rajatabla los requerimientos del horario infantil, que por algo se denomina así, y que no debería ser trampeado ni con unos segundos de anuncios sobre otra programación.

    La ley establece una franja horaria de protección –entre las 6:00 y las 22:00- durante la cual, las televisiones no pueden emitir contenidos que perjudiquen el desarrollo de los menores de 18 años. Esta franja se ha reforzado entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana, y entre 17:00 y las 20:00 horas los días laborables.

    Durante los fines de semana y festivos de ámbito nacional, la franja de protección reforzada empieza a las 9:00 de la mañana y se prolonga hasta las 12:00 del mediodía. En estos tramos horarios tan solo se pueden emitir contenidos aptos para menores de 13 años previa supervisión para garantizar su adecuación.

    Oscuros precedentes

    Muchos seguramente recordarán el incidente protagonizado por el programa Sálvame con la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia cuando esta le requirió que adaptase sus contenidos al horario infantil.

    Los directivos del programa y/o de la cadena se burlaron de manera bastante burda de la CNMC (y de todos) dividiéndolo en dos tramos: uno hasta las 17:00 en el que dan por hecho que los niños están en clase (sin tener en cuenta las jornadas intensivas escolares que se dan en muchos lugares, o los niños que todavía no están escolarizados porque hasta Primaria no es obligatorio), y otro que afirman que es más suave (“naranja”, frente al otro, que es “limón”) a partir de esa hora.

    Y la cosa quedó ahí. Ni la CNMC ni ningún organismo competente protestó ni logró modificar el contenido o el horario de este programa del que no hace falta ser pedagogo para saber que no es apto para menores de 14 años, empezando por los temas que tratan.

    La TDT de Telefónica

    Las familias que tienen contratada la televisión con Telefónica también se encuentran en situaciones similares, pero nada más encender el televisor, pues lo primero que aparece son anuncios de las series y películas que ponen ese mes, sea una comedia, terror, sexo explícito o escenas poco aptas para menores como la del templo del Dios de Muchos Rostros de Juego de Tronos.

  • Peaky Blinders, más política que nunca

    Peaky Blinders, más política que nunca

    Recién terminada la tercera temporada de Peaky Blinders, el drama histórico que versa sobre la familia de mafiosos del mismo nombre establecidos en Birmingham en la segunda década de 1900, solo puedo decir que esta entrega ha superado con creces la calidad de guion de las anteriores, que ya fueron magníficas.

    La excelencia de Peaky Blinders

    La calidad de fotografía y producción se mantiene, cambiando los escenarios de las sucias calles azotadas por la pobreza tras la I Guerra Mundial por la majestuosa mansión de Tommy Shelby y los palacios de otros personajes que han irrumpido y de los que hablaremos más adelante.

    Asimismo, la banda sonora continúa su senda de originalidad al introducir géneros como el rock, el indie e incluso el post-punk y el gótico para ambientar una época histórica previa al descubrimiento de los mismos. (En otra ocasión trataremos The Knick, otra genialidad por muchas razones, entre ellas también por la innovación en la música).

    Al comienzo del quinto episodio nos encontramos, incluso, con un muy bien traído tributo al último disco de David Bowie, que, según narra la prensa inglesa, admiraba tanto la serie que pidió que se utilizara su música. Y es que David Bowie y Peaky Blinders ya tenían historia previa, pues Cillian Murphy, el actor que da vida a Tommy Shelby, le envió una de sus capas al enterarse de que le encantaba la serie.

    Quizá este gusto por la música y la estética que haya que alabar también tenga su contrapunto, ya que hay momentos de la serie en los que, siendo honestos, sobran las escenas de los Peaky Blinders caminando con elegancia matona mientras suena buena música de fondo. Pero también puede ser que yo soy muy quisquilloso.

    A partir de aquí, ya sabéis, me pongo a destripar.

    La guerra contra el comunismo

    En esta temporada hemos visto a Tommy Shelby enfrentarse a una antigua deuda con Winston Churchill por haber salvado su vida. Esta deuda, por supuesto, incluía que la familia de gángsters se hiciese cargo de los trabajos sucios de la guerra contra el comunismo que la opinión pública no podía conocer: cometer un atentado en suelo británico del que poder culpar a los soviéticos para entrar en guerra con ellos.

    Los Peaky Blinders se sitúan en este contexto histórico dentro de lo que Karl Marx y Friedrich Engels consideraban lumpenproletariado, la capa más baja de la sociedad, los marginados que para los padres del comunismo suponían un peligro, pues sus ansias de dinero y su falta de conciencia política los llevaba a aliarse con la aristocracia y la burguesía, dañando al proletariado.

    En este sentido podría decirse que esta tercera temporada de la serie tiene un enfoque marxista, y no solo por el retrato de esta clase social, sino también por cómo dibujan a la aristocracia rusa en el exilio como un grupo de depravados sexuales y a la burguesía inglesa que lucha contra la revolución rusa como unos asesinos sin escrúpulos.

    Mención especial merece el Padre Hughes, representante de la organización derechista “La Liga Económica”, a la que también se refieren como “Comité de Vigilancia” y “Sección D”, un pederasta que utiliza los orfanatos como mercado de niños y que no duda en extender sus tentáculos al que acaba de crear Tommy Shelby en su continua necesidad de ascender socialmente y pertenecer a la clase alta inglesa.

    Porque la tercera temporada es también la narración del determinismo social, de cómo los Shelby, por más que su líder intente blanquear sus negocios y entrar en los clubes más selectos de la sociedad inglesa, se encuentran con el clasismo y la barrera invisible que impide ascender de clase y estatus social aunque hayas conseguido llenar tus arcas y comprar una mansión y caigas de igual manera en la corrupción.

    Las mujeres

    Como en anteriores entregas, en estos seis episodios hemos visto las vicisitudes de las mujeres, tanto Peaky Blinders como de otras procedencias, que se enfrentan a las trabas y el machismo de la época.

    Destaca especialmente el personaje de Polly, que conoce a un misterioso pintor con el que termina teniendo una relación a pesar de sus inseguridades y de las prohibiciones que el patriarca Tommy Shelby quiere imponerle.

    La familia

    Y, cómo no, no puedo terminar esta reseña de la tercera temporada de Peaky Blinders sin hablar de las ataduras familiares que obligan a los Shelby a permanecer fieles a su líder, aunque se comporte de manera errática y cometa equivocaciones. Pero el episodio final, con una traición de dimensiones épicas, deja la puerta abierta a un giro de guion y una venganza de los sometidos.