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  • Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Judicialización, corrupción y humor negro en The Good Fight

    Los fanáticos de The Good Fight (CBS) hemos tenido que esperar un año y cuatro meses para poder disfrutar de la serie, que fue cancelada de manera abrupta debido a la pandemia. Con la temporada nueva todavía en curso, podemos afirmar que sigue siendo una de las producciones mejor escritas y que hila de la manera más elegante la realidad con la ficción, en este caso la realidad de la judicialización y la corrupción de la administración de justicia en Estados Unidos.

    Agentes de Trump
    La transmisión de poderes entre administraciones en The Good Fight. Los agentes veteranos de Trump, entre ellos Kurt Vein, en la reunión con el director de la nueva administración de Trump.

    Judicialización de la vida diaria y política

    Como nos vienen acostumbrando Michelle y Robert King desde The Good Wife, la predecesora de The Good Fight, la actualidad política estadounidense es uno de los elementos clave en las tramas de la serie.

    En este caso, uno de los temas principales de la quinta temporada es la judicialización, presente tanto en la vida diaria del estadounidense medio como en la alta política.

    Así, encontramos que republicanos famosos aportan millones de dólares para que el bufete Reddick & Lockhart interpongan multitud de denuncias con el objetivo de tumbar una ley que permite a las redes sociales no ser juzgadas por los contenidos que se viertan en ellas, lo que supondría un agravio comparativo para la prensa.

    Fake news de las redes sociales y Google
    El caso de un pequeño comerciante contra una mujer que lo arruina a través de injurias en las redes sociales termina convirtiéndose en una persecución por judicialización para modificar una ley.

    Esta judicialización constante se ve también en una de las subtramas más hilarantes de esta temporada, la del despacho clandestino de justicia del juez Wackner, un personaje entrañable que realiza arbitrajes en la parte de atrás de una copistería y al que acuden multitud de personas con pleitos kafkianos, como los escritores de Fan Fiction que se denuncian entre sí por plagio.

    El juez Wackner es una especie de Quijote luchando contra el aparato burocrático e inaccesible en el que se ha convertido la administración judicial estadounidense para la gente que no cuenta con recursos económicos.

    Judiacialización inalcanzable
    Imposible no sentir ternura ante el personaje del Juez Wackner y su deseo de hacer accesible la administración judicial para los más pobres.

    Corrupción del ejercicio del derecho

    Otro nuevo e interesante personaje es el de Carmen Moyo, una jovencísima recién salida de la facultad de Derecho que llega al bufete dispuesta a convertirse en mano derecha de clientes de dudosísima reputación y segura culpabilidad en graves crímenes.

    Un juez advierte a Carmen Moyo
    Un juez advierte a Carmen Moyo de la peligrosa senda que ha empezado a recorrer haciendo favores ilegales a clientes como el capo Rivi.

    Moyo comienza su carrera profesional envuelta en un caso de corrupción, ayudando a un narcotraficante para que otro preso asuma por él la responsabilidad de un asesinato y se convierte así en la abogada más codiciada por otros personajes, como un violador de clase alta muy mal visto en un bufete demócrata y que se jacta de ser adalid en las luchas sociales.

    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.
    La ambición de Carmen Moyo la llevará a cometer corrupción nada más comenzar su carrera.

    En este sentido, The Good Fight continúa mostrando la ironía y la hipocresía de este despacho de abogados, que se muestra al público como defensor de los derechos humanos y la ética, pero calla con indemnizaciones millonarias la corrupción policial y estatal en las cárceles o los abusos sexuales cometidos por uno de sus socios contra sus empleadas.

    Magistral conexión con la actualidad

    Uno de los aspectos que más curiosidad me producían era cómo iban a hilar todos los acontecimientos que han sucedido desde que en abril del año pasado anunciasen la cancelación hasta ahora.

    El resumen y la conexión de ambas temporadas se da en el primer episodio de manera magistral, narrando la pandemia, la campaña electoral, la derrota de Trump y el comienzo del gobierno de Biden y su impacto en la vida de los personajes de forma ágil, original y divertidísima.

    Como no podía ser de otra manera tratándose de The Good Fight, los guionistas se han centrado en el estrambótico asalto al Capitolio perpetrado por seguidores de Donald Trump el pasado 6 de enero, hilvanándolo con uno de los personajes más carismáticos de la serie, Kurt Vein, y proporcionándonos a los seguidores más historias suculentas de la extraña pareja que forman este republicano y la demócrata Diane Lockhart.

    El FBI persigue a Kurt Vein
    La extravagante agente del FBI que ya apareció en temporadas anteriores, incluso en The Good Wife, vuelve a la serie para perseguir a Kurt Vein por un embrollo en el que lo ha metido Diane, que ha antepuesto sus creencias políticas a su relación conyugal.

    Por reseñar algo negativo, sorprende ver tantos actores juntos en espacios cerrados y sin mascarilla, como si la pandemia ya hubiese terminado, y más en un momento en el que los hospitales de varios estados se encuentran al máximo de su capacidad. Uno ya se había acostumbrado a las series de uno o dos personajes donde es más seguro rodar, o donde se incorporan a la trama las medidas de seguridad, como en This is us, y parece hasta temerario encontrar escenas con decenas de ellos sin ninguna protección, y más cuando el final del segundo episodio se lo dedican a TanNa Young, productora y compañera fallecida por covid-19.

    Pero, siendo como son, no sería de extrañar que incorporaran algún brote pasado cierto tiempo después de la vacunación de los personajes. Estaremos atentos.

  • Decadencia y sacrificios, trepidante temporada de Ozark

    Decadencia y sacrificios, trepidante temporada de Ozark

    Pues ya ha pasado otra temporada trepidante de Ozark (Netflix) en la que hemos podido presenciar mucha violencia, muchos entramados de corrupción entre políticos y narcotraficantes y todo el despliegue de ingenio al que nos tiene acostumbrados la serie, aunque sus personajes se ven afectados por una más que lógica decadencia, dadas sus circunstancias, y obligados a realizar sacrificios dignos de religiones antiguas.

    Ascenso y sacrificios de Wendy Byrde

    Esta temporada comenzaba con una Wendy Byrde pletórica que, tras la bendición de Helen Pierce y el líder del cartel mexicano, lanzaba la idea de ampliar el negocio abriendo otro casino.

    En la temporada anterior Wendy fue una pieza clave, dado su historial político como gestora de campañas y elecciones. A través de todo tipo de artimañas, la vimos aprovecharse de la corrupción de los políticos y los empresarios locales para obtener la que parecía imposible licencia para construir un casino.

    Wendy Byrde pletórica - corrupción
    Wendy Byrde pletórica en la presentación de su fundación, antes de realizar el mayor de sus sacrificios.

    En esta, junto con Helen Pierce, conforman un dúo de tiburones despiadadas que no tienen ningún reparo en destrozar familias y mandar a matar a quien haga falta con tal de salirse con la suya.

    Pero Wendy no contaba, en primer lugar, con que Marty estuviese en contra y boicotease sus planes, algo que le generó un problema grande con Navarro, el jefe del cartel. Y mucho menos con que su hermano, Ben, se instalase en sus vidas y dejase de tomar su medicación, lo que supuso un problema mucho mayor y el más grande de los sacrificios que había realizado hasta ahora.

    decadencia y sacrficios de Wendy Byrde
    Wendy intenta salvar la vida de Ben, pero una persona tan frágil y bella no puede vivir en un entorno como el de Ozark.

    Así, la Wendy Byrde que veíamos rebosante de ambición y recursos, poco a poco fue transformándose para terminar en una decadencia de tal calibre que la llevó a una traición de la que probablemente no se recupere.

    Decadencia y ascenso de Marty

    El ingenioso Marty en esta temporada aparece más apagado que en las anteriores, y reticente a seguir en el negocio, o por lo menos, a ampliarlo.

    Desconfiar de su mujer le lleva a cometer errores e imprudencias y a un viaje inesperado a México en el que Omar Navarro, de un modo narco-socrático (este palabro me lo he inventado, pero pienso que describe a la perfección esa experiencia iniciática de Marty en la finca de Navarro) descubre qué es lo que realmente quiere. Y lo quiere todo. Tiene la misma ambición que su mujer, y espera conseguir algo tan complicado como lograr que una agente del FBI convencida y con ideales transite por la senda de la corrupción.

    Así, poco a poco, mientras su mujer va cayendo en la decadencia, Marty vuelve a florecer para sostener a la familia, porque siempre tiene que haber al menos uno al 100% para evitar la muerte de todos.

    Mientras, los niños, que cada vez son menos niños y más adultos, y más con toda la información que manejan, viven sus propias experiencias de amistades, amores y desamores en el peor de los entornos, rodeados de hijos de mafiosos como sus propios padres.

    Podría decirse que Ozarks es el antiverano azul.

    Los sacrificios de Ruth Langmore

    Mientras los Byrde parece que siguen saliéndose una y otra vez con la suya, sus propios problemas y su egoísmo los hacen tan ombliguistas que no ven que ante sus ojos se está preparando una gran coalición de quienes pudieron haber sido sus aliados, e incluso lo fueron, y, por diversas razones, se convirtieron en sus enemigos.

    Los Byrde y Ruth Langmore - sacrificios
    Los Byrde cometen el fallo de no apoyar a Ruth en la única cosa que les ha pedido, y esto será también otro de sus sacrificios, el de su mejor aliada.

    La clave para la próxima temporada será, sin duda, Ruth Langmore, uno de los personajes más interesantes e inteligentes que ha dado la pequeña pantalla, que ante la traición de Wendy a su propio hermano y la revisión de sus actos, pues se ha dado cuenta de que desde que los Byrde aterrizaron en Ozarks solo ha hecho sacrificios por ellos, decide irse con la sociópata de Darlene Snell.

    Y es que se avecina una guerra encarnizada con los mafiosos locales, que conocen la forma de trabajar de los Byrde y no dudarán en usar todo lo que saben de ellos para atacarlos.

    Los entramados y la corrupción

    Mientras luchan por salvar por sus vidas y enfrentan a sus enemigos, además de sortear la vigilancia permanente del FBI, los negocios deben continuar “as usual”, así que vemos en esta temporada también los tejemanejes y la corrupción sistémica, esta vez a través de la fundación que crea Wendy Byrde.

    BFF (Byrde Family Foundation) es otra herramienta más para el lavado de dinero, y con la cual Wendy puede, además, suplir su necesidad de notoriedad y protagonismo político. Como señala Omar, “ella lo quiere todo”. No solo pretende salvar su vida, como parecen ser las intenciones de Marty, sino también constituirse en un elemento de poder local.

    Para ello, crea esta fundación, cuya gala se ve truncada por un ataque psicótico de su hermano (aunque cabría preguntarse si no es el único cuerdo de todos).

    A través de ella, Wendy pretende dar cabida a sus paradójicas inclinaciones demócratas, a pesar de haberse aliado con todos los republicanos para las licencias de los casinos. Un ejercicio de brillante hipocresía y flexibilidad moral.

    En cada temporada de Ozark suceden tantas cosas que podría dedicar horas y horas a desgranarlas todas, pero prefiero que si alguien todavía no la ha visto, vaya corriendo a hacerlo. No defrauda.

  • BrainDead, aliens y corrupción política

    BrainDead, aliens y corrupción política

    ¡Qué título más estrafalario!, diréis quienes no hayáis visto esta última creación de CBS, el descubrimiento del verano, lo más fresquito que ha tenido mi pantalla en mucho tiempo: BrainDead, una sátira política de ciencia ficción que aúna la llegada e invasión de seres extraterrestres con una trama política de corruptelas y dinámicas de poder entre republicanos y demócratas.

    A partir de aquí, ya sabes, estás bajo tu responsabilidad.

    BrainDead, el escenario

    BrainDead se ambienta en un supuesto cierre (bloqueo institucional) del gobierno de Estados Unidos tras no haber conseguido ponerse de acuerdo entre demócratas y republicanos para aprobar el presupuesto.

    Mientras tanto, en un centro de investigación donde se analiza una roca de meteorito unos pequeños insectos comienzan a salir de ella y a esparcirse por toda la ciudad.

    Los insectos se introducen en los seres humanos a través de los oídos, matan un hemisferio entero y vuelven a su huésped un extremista de las ideas que ya tuviese previamente: si era republicano, pasaría a ser fanático de Donald Trump y de la Asociación Nacional del Rifle, bandera confederada incluida. Si era demócrata, se convertiría en un defensor de las socialdemocracias del norte de Europa, que eso en Estados Unidos equivale a declararse marxista y admirador de la Revolución Rusa.

    El humor

    Como he dicho al principio, BrainDead es una serie que aporta una originalidad y una frescura inesperada. Si digo inesperada es porque leyendo la sinopsis parece una serie malísima, aunque algunos jugamos con ventaja, y es que, en cuanto vimos que era de los creadores de The Good Wife, supimos que sería de buenísima factura.

    La aparición de actores como Zach Grenier (el codicioso y rastrero abogado de civil especializado en divorcios de The Good Wife) o Tony Shalhoub garantizaba, además, una dosis segura de excelente interpretación del sarcasmo.

    La especie invasora, además, tiene bastante sorna, reproduciéndose en flores de cerezo (el árbol insignia de la patria estadounidense) y reproduciendo sin cesar una canción de los 80. Otro de los toques de humor es, sin duda, la presentación del “previously” en forma de canción, todos ellos realizados por el cantautor geek Jonathan Coulton.

    Las convicciones políticas como infección

    Una cuestión de la que peca esta serie, como ya lo hizo en su día The Good Wife, es la de introducir ideología de una forma un tanto sutil, que podría pasar desapercibida para telespectadores que no estén atentos.

    Si ya en The Good Wife se normalizaba el nepotismo y se asumía la corrupción política como una forma de contradicción personal inocua e, incluso, graciosa, en BrainDead se inocula la idea de que las convicciones políticas pueden ser una infección. Y algunas pueden serlo, de hecho, las que conllevan la muerte y la miseria de otras personas, como lo que propone Donald Trump, pero otras, las que hablan del Estado social, los servicios públicos y una garantía de condiciones para toda la población, no.

    Que se hable de las democracias del norte de Europa en términos tan despectivos no puede hacer otra cosa que encender mi detector de propaganda. Y es que, a  pesar de toda la singularidad y la diversión que proporciona BrainDead, no hay que descuidarse ni un segundo: es propaganda política a favor de Hillary Clinton.