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  • Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo

    Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo

    Aunque he visto todas y cada una de las temporadas que se han emitido de Outlander, nunca había escrito nada sobre esta serie. Tal vez sea porque predomina el tono romántico más que el scifi histórico con el que inicialmente se vendió y sea uno de esos guilty pleasure (placer culpable) que todos tenemos y del que se avergüenza nuestro lado más cultureta y snob.

    El gancho de Outlander

    Esta serie de televisión británica-estadounidense, producida por Sony Pictures Television y Left Bank Pictures para Starz, está basada en las novelas de Outlander, de la escritora estadounidense Diana Gabaldon. Su punto de partida e hilo conductor son los repentinos e inesperados viajes en el tiempo que llevan a cabo primero Claire, una enfermera de la Segunda Guerra Mundial, y luego otros personajes.

    Outlander: la distopía romántica de viajes en el tiempo
    Las localizaciones de exteriores son uno de los puntos fuertes de Outlander, mostrando cómo debían de ser los paisajes del siglo XVIII.

    A partir de ahí comienza la narración histórica, pues Claire, con su acento británico, aterriza en Highlands, Escocia, en pleno siglo XVIII. Pronto se verá envuelta en los levantamientos jacobitas, con la suerte o la desgracia para ella de saber cómo va a finalizar la historia, pues su marido en el siglo XX es un profesor erudito especialista en esa época y le ha contado con todo tipo de detalles qué ocurrió.

    Todo se complica cuando aparece un antepasado de Frank Randall, su marido (podrían haber elegido a otro actor parecido, pero en este punto no se esforzaron apenas y usaron al mismo), que es un auténtico psicópata.

    En este punto hay que señalar que la narración del enfrentamiento entre ingleses y escoceses se realiza siempre desde un punto de vista muy cercano a los clanes de Highlands, lo que trajo alguna que otra polémica en el Reino Unido.

    Outlander, el romance

    Claire es una mujer fuerte, con muchos conocimientos sanitarios, que pronto destaca en una época pasada donde la superchería y las enfermedades eran la tónica diaria.

    Así es cómo conoce al clan de los McKenzie y a Jamie Fraser, todo un guerrero escocés cuya valentía y lealtad no le impiden ser un hombre bastante asertivo y moderno. Y, claro, ambos, siendo tan estupendos, se enamoran.

    Jamie de Outlander
    Diana Gabaldon ha reconocido que se rió cuando le dijeron que habían elegido a Sam Heughan para interpretar a Jamie, pero no ha podido ser mayor acierto.

    Ella le confiesa su pasado y su procedencia y se crea entre ellos una gran complicidad, con una relación bastante realista y con escenas muy tórridas, muchas sin venir a cuento, dicho sea de paso. Y de repente eso se convierte en el eje de la serie y notas cómo te han hecho ‘la envolvente’, pero ya no puedes dejar de verla.

    Outlander revueltas jacobitas en Francia
    Las revueltas jacobitas los llevan, incluso, a Francia, donde ambos se aclimatan rápidamente.

    La historia transcurre en unas cuantas décadas en las que el romance va evolucionando, se introducen nuevos personajes que nacen o se cruzan con ellos y se va generando un universo de relaciones familiares, amistad, y también de enemistad, que le confieren el estatus de culebrón.

    diversidad LGTB en Outlander
    Jamie es un hombre tan avanzado para su época que mantiene una bella amistad con un aristócrata inglés homosexual.

    Corrupción británica en América

    Outlander, que va camino de ser un Cuéntame anglosajón del siglo XVIII, enmarca sus últimas temporadas en América del Norte, en el contexto previo a la Guerra de la Independencia, con Jamie entre la espada y la pared, tierras y favores cedidos por la Corona Británica y su corazón dividido entre las lealtades debidas y sus compatriotas escoceses.

    Corrupción de los gobernadores
    La corrupción de los gobernadores británicos es uno de los motivos del levantamiento de los reguladores.

    Las luchas de los reguladores contra la estafa que consideran los arbitrarios impuestos de la Corona Británica, la corrupción de los recaudadores y el genocidio contra los pueblos nativos americanos generarán muchas situaciones dolorosas, especialmente para los Fraser.

    reguladores contra la estafa de los impuestos
    Su protector y amigo Murtagh será uno de los más importantes reguladores levantados contra la estafa de los impuestos británicos.

    Y es que Outlander, si algo tiene positivo, es que no edulcora en absoluto el pasado (que era de todo menos maravilloso, como nos contaba el antológico blog La pizarra de Yuri hace ya diez años). Las enfermedades, la brutalidad, la ausencia de derechos para las mujeres, la superchería… se narran de manera realista y dejan claro que lo que Claire está viviendo, por mucho que esté contenta de estar con su amado Jamie, es una distopía.

    Asimismo, sus conocimientos sobre el futuro le hacen caer en la paradoja de que, cuanto más intenta que no ocurran ciertos acontecimientos, más los precipita.

    Helandos, antibióticos y vacunas
    Yo también echaría mucho de menos los helados si viajase al pasado. Y los antibióticos. Y las vacunas. Como Claire.

    Claire está atrapada, igual que lo estamos los seguidores de Outlander, en este culebrón que sabe utilizar las excusas scifi e histórica para tenernos entretenidos y deseando en secreto que llegue la próxima temporada.

    Para completar la sensación de estar viendo una telenovela, al final de cada episodio Starz emite un pequeño diálogo sobre lo ocurrido. Y a mí, que ya peino canas, me recuerda a la periodista española Charo Gómez Miranda, que utilizaba el personaje de “Doña Adelaida” para presentar los culebrones que se emitían en TVE allá por los años 90. Que yo no veía ninguno, eh…

  • Fascismo, socialismo y corrupción en Peaky Blinders

    Fascismo, socialismo y corrupción en Peaky Blinders

    Si las anteriores entregas de Peaky Blinders (BBC) habían sido un fiel reflejo del ambiente histórico en el que se enmarcaban, la nueva no podía ser menos. La consolidación del socialismo y el comunismo, el inicio y auge del fascismo y la corrupción a todos los niveles son los grandes protagonistas de esta temporada.

    Inicio del fascismo

    Para quien no vio todavía ni la temporada anterior, aviso de que a partir de aquí hay algún que otro spoiler, así que queda bajo vuestra responsabilidad seguir leyendo.

    El final de la cuarta temporada terminaba con Thomas Shelby instalado en el mismísimo Parlamento británico, como representante del Partido Laborista e informante del servicio secreto sobre todos los movimientos que hiciesen sindicatos y partidos comunistas en el país.

    Socialismo en Peaky Blinders
    Sus adversarios creen que Thomas Shelby es socialista.

    En esta quinta, con el fascismo ya instalado en Alemania y bien identificado por toda la sociedad, asistimos a la creación del primer partido fascista en Inglaterra, la Unión Británica de Fascistas de 1932, por Sir Oswald Mosley, que tiene su propio personaje, mucho más inquietante y peligroso que cualquiera de los Shelby.

    Oswald Mosley fascismo Inglaterra
    Oswald Mosley, principal representante del fascismo en Inglaterra, es visto como “el demonio” por los propios Shelby.

    Para su creación, Mosley pide la colaboración de Thomas, que accede a ayudarlo, pero con la intención de informar también de sus movimientos al servicio secreto.

     Fascismo promovido desde el poder

    Pero sus intenciones se ven limitadas y truncadas, pues el servicio secreto no solo no tiene ningún interés en frenar la creación del brazo político del fascismo en Inglaterra, sino que está completamente de acuerdo con sus premisas y líneas ideológicas.

    En toda la serie se puede observar, además, cómo el fascismo va introduciéndose en la sociedad, a través de las ideas que se enseñan en los colegios (el hijo de Ada expresa con total naturalidad al agente del servicio secreto, de origen africano, que “los negros son inferiores”, alegando que se lo han dicho en la escuela) y en círculos de poder que se han visto afectados por el Crack del 29.

    Fascismo en la escuela
    El sobrino de los Shelby, hijo de Ada, expone de manera natural las ideas fascistas que escucha en su escuela.

    La idea de que han sido los judíos los responsables de la catástrofe económica que hizo perder la mayor parte o toda su fortuna a muchos burgueses de la época caló rápido entre las capas altas de la sociedad, ávidas de buscar un chivo expiatorio.

    Los nacionalismos, como el irlandés, también tienen su protagonismo en esta entrega de Peaky Blinders, retratados, además, desde la corrupción y los negocios turbios de los que se financiaban.

    Protestas y corrupción en Irlanda
    Los protestantes nacionalistas irlandeses también se plasman en todo su esplendor de corrupción y negocios turbios en esta temporada de Peaky Blinders. ¿Queda alguien libre de ‘pecado’?

    Es en este ambiente donde los Shelby, mafiosos, corruptos y asesinos, mantienen una línea roja, pues su ascendencia gitana les impide comulgar con las ideas fascistas.

    La hipocresía de los Shelby contra la corrupción

    Y es que los Shelby, sociópatas no se sabe si de nacimiento o de propia formación, tienen su propio código ético, que demuestran en varias ocasiones luchando contra determinado tipo de corrupción.

    En sus orfanatos, por ejemplo, se prohíbe a las encargadas de los menores golpearlos, y se vela por su seguridad, hasta el punto de que retiran fondos y amenazan con matar a monjas que han agredido a niños bajo su custodia.

    corrupción de las monjas en Peaky Blinders
    La corrupción que se narra en Peaky Blinders invade todos los estratos, incluido el eclesiástico.
    Thomas y Polly acuden a un orfanato a anunciar a las monjas que les retiran la financiación por agredir a una chica negra, que ha terminado suicidándose por el continuo acoso al que era sometida.

    Pero esta presunta lucha contra la corrupción de menores, que parece firme cuando, por encargo de un político pederasta, intentan asesinar a un traficante de niños, se desdibuja cuando ese mismo traficante les sugiere un negocio de distribución de heroína.

    Igualmente todas las ideas progresistas que Thomas dice defender en la Cámara se evaporan cuando ordena asesinar periodistas que intentan hacer un artículo crítico sobre su persona.

    Es significativo que, en todos los casos y como sucedía en temporadas anteriores, los crímenes y la corrupción queden siempre impunes, y nos hace preguntarnos si en alguna época de la historia de la humanidad alguien poderoso alguna vez ha pagado por lo que ha hecho.

    Factura impecable, recursos manidos

    Esta última temporada de Peaky Blinders continúa la línea de producción excelente de las anteriores, con una fotografía y un tempo que están a la altura del mejor cine.

    No obstante, no quería dejar pasar esta casi oda a la serie sin hacer una pequeña anotación a la redundancia y los recursos manidos de otras temporadas que en esta se hacen ya hasta aburridos.

    Son los clásicos planos de los Peaky Blinders caminando de manera elegante y soberbia por las calles en las que reinan mientras suenan temazos de fondo.

    Y sí, la banda sonora, entre la que se encuentran en todas las temporadas maravillas de Bob Dylan, Black Strobe, Black Sabbath, Radiohead, Nick Cave, Artic Monkeys, Pj Harvey, David Bowie, The Kills, etc. ha sido uno de los puntos fuertes y atrevidos de Peaky Blinders, pues apuesta por música actual para retratar décadas muy anteriores. Pero eso no debería suponer que en cada episodio se dedicasen unos cuantos minutos a repetir una y otra vez el mismo videoclip.

    Reiteraciones aparte, Peaky Blinders pasará a la historia de las series como una de las mejores, por calidad de guion, interpretación de los personajes, ambientación histórica, fotografía y banda sonora. Si os habéis puesto todavía con ella, estáis tardando.

  • Safe, otro thriller británico que termina en estafa

    Safe, otro thriller británico que termina en estafa

    Quizá haya sido por la emoción y las altas expectativas que tenía por ver de nuevo a Michael C. Hall en una serie, pero Safe, el thriller creado por Harlan Coben para Netflix y producido por el propio C. Hall no ha podido resultar más decepcionante.

    A partir de aquí: SPOILERS.

    Tópicos del thriller

    La serie comienza con la desaparición de Jenny, la hija del cirujano Tom Delany (C. Hall), después de una fiesta de adolescentes en una de las casas más grandes de una exclusiva urbanización en Inglaterra.

    A partir de ahí, y tomando también como referencia la muerte, hace un año, de Rachel, mujer de Tom y madre de Jenny, que en su último momento, en el lecho de muerte, parece haber confesado algo que a su vez ha originado toda esta trama, comienzan las sospechas sobre todos y cada uno de los personajes.

    Porque, como bien se encargan de decirnos los thrillers más tópicos y previsibles del universo, todos tenemos secretos, y no son secretos cualquiera, qué va, suelen ser denuncias falsas a la policía, pederastia y cadáveres, muchos cadáveres.

    En este punto no puedo evitar reírme a carcajadas y dejar de ver Safe con la seriedad y la solemnidad que le intentan dar para empezar a hacer chascarrillos sobre ella. Es una cosa que me pasa cuando las series empiezan a perder dignidad, como le ha sucedido a The Walking Dead.

    Un detalle importante para ver el grado de ridiculez al que me refiero es que en el mismo momento en que desaparece Jenny vemos el cadáver de su novio flotando en la piscina. ¿Y qué hace la familia ricachona cuya hija ha celebrado la fiesta en la piscina? Esconderlo y tirarlo a un lago basándose en argumentos que ellos mismos reconocen saber por películas y series. ¡Lo que haríamos todos! ¿No?

    Y, a pesar de haber visto en muchas películas que los cadáveres lanzados al agua suelen reflotar, allá que van, y allá que aparece el cuerpo de Chris, que pronto revela que falleció ahogado en la piscina y que la familia ricachona ha estado obstruyendo la investigación por motivos espurios.

    Otro thriller que no sabe acabar y termina en estafa

    Se me olvidaba decir que en este entramado de historias y subhistorias donde no parece haber un solo personaje libre de haber cometido alguna barbaridad en su vida, la detective recién llegada al pueblo resulta estar buscando a su padre, que no es otro que el mejor amigo de Tom Delany, un médico exmilitar gay. Sí, todo muy verosímil.

    Como les suele pasar a los thrillers europeos, que empiezan con buenos planteamientos y suelen terminar en estafa (algún día hablaremos de Utopía, Bron/Broen y Luther como ya hemos hablado de Marcella), en este la cosa se va complicando tanto que todo resulta estar conectado con un incendio sucedido hace muchos años en el instituto, cuando cinco adolescentes de aquella provocaron el fuego que mató a ocho chavales que pasaban allí la noche.

    ¿Y quiénes eran esos adolescentes? Rachel; el dueño del bar Heaven, que tendrá mucha importancia en la trama; Helen, una vecina que parece ser la única con un poco de conciencia y remordimientos; el hijo de otro vecino que también aparece como sospechoso en un momento dado y, tachán, tachán, la detective jefe que investiga el caso, que además se lía con Tom Delany desde el mismo día en que falleció su mujer.

    Y es esa detective la que asesina a sangre fría a Chris, uno de los mejores amigos de su hijo, solo para que no se sepa que estuvo involucrada en el incendio. ¿Os suena esto de la corrupción y culpabilidad de alguno de los policías?

    Ya tenemos todos los ingredientes para un batiburrillo al estilo “Sé lo que hicisteis el último verano” y para que esta producción inglesa haya quedado como una de las decepciones del año.

  • Peaky Blinders: mafia, revolución y corrupción

    Peaky Blinders: mafia, revolución y corrupción

    Estas navidades he aprovechado para ponerme al día de algunas series que tenía pendientes, como Peaky Blinders, de la que me esperaba una temporada llena de mafia, revolución socialista y corrupción política sin parangón.

    Hace un año y medio, tras terminar de ver la tercera temporada de Peaky Blinders, ya os comenté que la serie estaba tomando un cariz político insospechado y gratamente sorprendente. Con esta nueva y penúltima temporada profundiza y mejora esa línea argumental y se enraíza cada vez más con la historia de los últimos siglos en Inglaterra.

    La venganza de la mafia

    Antes de entrar de lleno en la historia política inglesa desde finales del siglo XIX hay que señalar uno de los arcos argumentales de esta última temporada de Peaky Blinders, el principal por ser al que más tiempo le dedican: la venganza de la mafia italiana.

    Y es que los Shelby traían de otras temporadas algún que otro enemigo, como es el caso de Luca Changretta, cuyos padre y hermano habían sido asesinados a manos del clan de gitanos corredores de apuestas más afamados de Birminghan.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    Changretta llega a Inglaterra con la intención de asesinar a todos y cada uno de los miembros de los Peaky Blinders para resarcir así el daño que estos les habían ocasionado. Su vendetta comienza con fuerza consiguiendo acribillar a balazos a John, el pequeño de los tres hermanos Shelby que habían ido a la I Guerra Mundial.

    Este hecho hace que Tommy reúna, o más bien atrinchere, a toda la familia en Birmingham para defenderse y ver de qué maneras librarse de la mafia italiana.

    Destaca especialmente Adrien Brody, protagonista de las maravillosas películas El Pianista y El Gran Hotel Budapest, en su papel de líder de la mafia Changretta, si bien hay que reseñar que la caracterización de los mafiosos de la época está bastante idealizada.

    Como ya sabemos que va a haber una quinta entrega y que Peaky Blinders tiende a tener arcos argumentales autoconcluyentes no es ningún misterio ni spoiler (ya avisé más arriba) que Tommy Shelby logra, una vez más, zafarse de sus duros enemigos y obtener beneficio económico y social de ello.

    En este caso, sin embargo, terminar con Luca Changretta le lleva también a terminar con la vida de Alfie Salomons (magníficamente interpretado por Tom Hardy), un personaje que ha dado a Peaky Blinders grandes diálogos y que, como se veía venir desde el principio, termina traicionando a Tommy Shelby, incluso siendo uno de sus mejores amigos.

    Otro acierto a resaltar es la inclusión de Aidan Gillen en el papel de Aberama Gold, cabecilla de un peligroso clan gitano que les ayuda a terminar con los Changretta.

    Revolución socialista y corrupción política

    Pero la parte que más me ha gustado de esta temporada ha sido, como en la anterior, la dedicada a plasmar el contexto socioeconómico de la época, en este caso, una Inglaterra asustada ante la posible revolución socialista apoyada por una URSS fuerte y todas las tramas que se tejen desde los altos poderes para tratar de impedirlo.

    En esta entrega, los Shelby, traidores de clase para muchos, aunque ellos mismos se consideren, como señala Tommy en un episodio, el epítome del capitalismo por haber llegado donde están, se enfrentan al sindicalismo en sus propias fábricas.

    Tommy Shelby, como ya ha hecho en anteriores ocasiones, no duda en pactar con Winston Churchill para entregar a todos los partidarios de la revolución armada a cambio de un suculento contrato de fabricación de armas para el Estado por valor de dos millones de las libras de entonces.

    Para acceder a los sindicalistas tendrá que recurrir a su ya manida afición de camelar a todo tipo de mujeres, en este caso una líder sindical que delatará a sus amigos creyendo que los Shelby apoyarán su revolución. En este punto tengo que incluir un inciso, y es que, a pesar de ser una serie con personajes femeninos muy fuertes (Polly o Ada son ejemplo de ello), a la hora de definir las que serán parejas o escarceos de Tommy los guionistas deberían poner mayor esmero. Porque no es coherente que una mujer sindicalista de aquella época se deje engatusar de semejante manera por el dueño de una fábrica.

    El jefe de la compañía Shelby guarda, además, otro as en la manga en su meteórica carrera hacia las altas esferas de la sociedad, y es que él solito ha averiguado la manera de mantener a raya a los obreros revolucionarios: a través del Partido Laborista. Y así termina el sexto episodio, con el clan de gángsteres bajando por las escaleras del Parlamento, orgullosos de su ascenso por encima de todas y cada una de las cabezas que se van encontrando a su paso.

    La trama para la que será la última temporada está servida.