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  • Literatura infantil y censura: lo que se pierden los niños

    Literatura infantil y censura: lo que se pierden los niños

    Hace un tiempo escribía en este blog sobre del intento frustrado de autocensura de HBO con Lo que el viento por su edulcoración del racismo. Hoy quiero centrarme en el tema de la literatura infantil y cómo esta ha pasado por un proceso de revisionismo similar, aunque con unos resultados mucho más visibles.

    La censura en la literatura infantil

    Cuando señalo que en la literatura infantil ha habido censura no estoy diciendo en absoluto que los niños pequeños puedan tener a su alcance contenidos violentos y que no se ajusten a su edad. Me refiero a cómo se han transformado, cercenado y prácticamente eliminado historias que pertenecían a clásicos de este género, y para todas las edades, además.

    Porque no es lo mismo leer la Cenicienta a niños y niñas de dos años que leerla con niños y niñas a partir de 5, con los que se puede establecer ya un pequeño debate sobre muchos temas, empezando por la visión de la mujer en el cuento.

    Charlie y la fábrica de chocolate
    Charlie y la fábrica de chocolate tiene muchas lecturas y muchas aristas. Si queremos buscarle tres pies al gato, los encontraremos, pero, ¿no será mejor hablar de estos temas abiertamente con los niños?

    Grandes obras de la literatura infantil como Charlie y la fábrica de chocolate o James y el melocotón gigante, de Roal Dahl, han sido censuradas en Estados Unidos por alentar el consumo de drogas, el racismo y la violencia; Harry Potter, de J.K. Rowling, fue censurado en Emiratos Árabes por incitar a la brujería, y en Texas (Estados Unidos) y Toronto (Canadá) fue denunciado para que se eliminaran de sus páginas la batalla contra los Muggles.

    Censura de Alicia en el país de las maravillas
    Alicia en el país de las maravillas también ha sido otro de los libros más censurados. Photo by Annie Spratt on Unsplash

    No es algo nuevo, ya en 1726 Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, fue censurada por tratar temas de corrupción política, antibelicismo e injusticias de la colonización. Pero sorprende que nos encontremos en pleno siglo XXI con libros prohibidos en escuelas y con que hasta los propios escritores se autocensuren a la hora de crear.

    Los viajes de Gulliver, censurada por tratar la corrupción
    Los viajes de Gulliver, un clásico de la literatura.

    La literatura infantil “para”

    Cada familia es un mundo y sabrá y elegirá qué literatura infantil presentar a sus retoños (afortunadamente, cada vez más familias leen a sus hijos a diario, así que buenas noticias, pese a todo, hay). Pero en los grupos de recomendación de libros de lectura para niños cada vez se ven más “Necesito un cuento PARA que deje el pañal”, “Quiero un libro PARA que tenga mayor autoestima”, “¿Me podéis recomendar un libro PARA que no pegue en el parque?”, y en las contestaciones siempre salen a la luz los mismos libros edulcorados, sin apenas argumento ni personajes conflictivos, en los que todo transcurre maravillosamente bien y de los que el niño que lo reciba debe aprender su explícita y directa lección.

    Porque no se andan con sutilezas, ni se habla de los temas propuestos de manera indirecta o a través de metáforas. No: Pepito no es como sus amigos que van dejando caca por todas partes, él ya la hace en el orinal. Y ahora tienes que ser como él, no como su amigo, cuando la de su amigo es mucho más bonita y divertida (pienso yo).

    Pensar que un niño va a adelantar sus procesos fisiológicos o va a resolver un problema emocional con un libro tan simple es maravillosamente ingenuo. Digo maravillosamente porque es atribuir a la literatura un poder, que, si bien es cierto que tiene, para ejercerlo ha de ser de mayor calidad.

    Lo que se pierden los niños

    Cuando suavizamos las historias, ocultamos personajes y, en definitiva, censuramos, lo hacemos desde una perspectiva adulta por miedo a que les provoquen determinadas emociones, pero los niños ya tienen esos pensamientos y esas emociones.

    No hay más que escucharlos inventar historias para saber que son capaces de crear mundos imaginarios en los que suceden cosas mucho más terribles y temibles que un lobo comiéndose a una abuelita. Y desgraciadamente, con la vivencia que han tenido que experimentar por el confinamiento y el coronavirus, mucho más.

    Personajes malvados en la literatura infantil
    El lobo, un maravilloso animal que ha sido pintado tradicionalmente como personaje malvado debido al peligro que suponía para los humanos hace mucho tiempo. Photo by Thomas Bonometti on Unsplash

    Los personajes malvados, como he escuchado señalar a las expertas en literatura infantil Lara Meana y Beatriz Sanjuán, tienen un gran valor educativo porque les enseñan que no todo en la vida es sencillo y que se encontrarán con situaciones en las que tendrán que defenderse.

    Por otra parte, aunque nosotros vemos a algunos personajes como seres malignos a evitar, los niños en muchísimos casos son capaces de verles un lado cómico, e incluso de empatizar con ellos, ampliando así su pensamiento crítico. Porque no todo es blanco y negro y en la escala de grises muchas veces es donde se halla la respuesta.

  • Maternidad enfrentada, clasismo y racismo en Little Fires Everywhere

    Maternidad enfrentada, clasismo y racismo en Little Fires Everywhere

    Little Fires Everywhere (Hulu) va a ser, sin duda, una de las series más aclamadas de 2020. Y es que la adaptación de la novela de Celeste Ng. que lleva el mismo título tiene todos los ingredientes para triunfar: la maternidad vivida desde dos perspectivas socioeconómicas completamente distintas colisiona en el espacio y en el tiempo y genera pasiones y fuegos difíciles de aplacar.

    Maternidad enfrentada
    Por momentos parecía que iban a poder llevarse bien…

    He tratado de hacer el mínimo spoiler, pero haberlos, haylos, así que ten cuidado si no la has visto ya.

    El sello de calidad de Reese Witherspoon

    El principal motivo por el que me decidí a ver Little Fires Everywhere es por la participación de Reese Withespoon en la producción y el papel de protagonista, tareas que comparte en esta ocasión con Kerry Washington (Scandal).

    Witherspoon busca cuidadosamente los guiones para producir y protagonizar y hasta la fecha no ha defraudado ni una sola vez, como hemos visto con Big Little Lies y The Morning Show.

    En esta ocasión, como en las otras dos anteriores, la serie trata de los personajes de dos mujeres fuertes, inteligentes, enfrentadas por su manera de experimentar la maternidad, que a su vez está condicionada por sus diferencias étnicas, de clase social y culturales.

    Racismo y clasismo
    Elena intenta ser igualitaria, pero su propia educación y trayectoria vital la llevan a ser constantemente racista, homófoba y clasista.

    Una maravilla de guion en el que se exponen las dimensiones poliédricas de la maternidad, las relaciones familiares y las proyecciones profesionales de las mujeres que se deciden a tener hijos.

    Maternidad enfrentada

    Elena Richardson (Witherspoon) parece una madre y esposa perfecta, pero en realidad está muy decepcionada con sus propias decisiones y ha tenido que deshacerse de muchos sueños e ilusiones por el camino para poder criar a sus cuatros hijos.

    Periodista de vocación y profesión, se ve relegada a un periódico local sin apenas lectores, a la sombra profesional de un esposo por el que no siente ninguna pasión y que ha llegado al culmen de su carrera como abogado.

    Esa amargura es la que la lleva a obsesionarse con Mia Warren (Washington), una misteriosa mujer que lleva una vida nómada con su hija de 15 años, Pearl, y que aterriza en la zona residencial Shaker Heights, donde viven Elena y su familia.

    Mia Warren es una artista reconocida en Nueva York y para todo aquel al que le interese el arte contemporáneo (no a Elena, por supuesto), pero compagina su carrera con otros trabajos temporales como camarera.

    Mia y Pearl

    Elena decide alquilarle uno de los pisos que heredó de su familia y a partir de ahí se establecen complicados lazos entre ambas familias.

    La vida de Elena y Mia no ha podido ser más diferente y, sin embargo, ambas comparten una carga que las lleva a actuar de una manera que solo puede conducir al enfrentamiento entre ambas.

    No hay maternidad idílica

    Uno de los puntos fuertes de Little Fires Everywhere es aportar distintas visiones de un fenómeno complejo y heterogéneo como es la maternidad, pero desde el prisma de los sacrificios y las renuncias que tienen que hacer las mujeres.

    También aborda las relaciones complicadas que se establecen con los hijos, especialmente los adolescentes, y la dificultad para criarlos sin que terminen viéndose afectados y traumatizados por los traumas de sus progenitores.

    En este caso, las mentiras y los secretos de Mia perjudicarán eventualmente su relación con Pearl, y las exigencias y las presiones de Elena harán que sus hijos tomen decisiones extremas.

    Maternidad en los márgenes

    Dentro de este extenso y jugoso tema que es la maternidad, Little Fires Everywhere trata desde todos los ángulos algunos de sus aspectos más polémicos y menos visitados: el abandono de bebés, las adopciones y la gestación subrogada.

    Corrupción y compra de bebés
    Todas las madres tienen sus dificultades y todas tienen sus razones y sus errores. Una gran moraleja de esta serie.

    Poniendo todas las cartas sobre la mesa y haciendo un panorama comprensivo con todas las partes, se posiciona abierta y a la par sutilmente contra el alquiler de vientres y la visión un tanto corrupta que tienen ciertos sectores sociales de que todo lo que uno desea, incluido un niño o una niña, se puede obtener con ayuda del dinero.

    Los ganadoresTodos los personajes tienen claro quiénes son los que siempre ganan, y no son los pobres, aunque la desdicha es transversal a todas las clases sociales.

    Shaker Heights, la doble moral estadounidense

    Little Fires Everywhere no podía ser tan magnífica si no se hubiese elegido tan bien el enclave en el que ambientarla. La urbanización de Shaker Heights presume de su integración racial, en la que la abuela de Elena jugó un papel clave, según recuerda constantemente su personaje.

    Contraste clase social
    El coche de Mia llama tanto la atención que la primera interacción que Elena tiene con ella, sin que esta jamás lo sepa, es llamar para alertar a la policía.

    Pero, ¿fue tan idílica esa convivencia? Rebuscando en la hemeroteca, Mia pronto encuentra los conflictos y disturbios raciales, hasta el punto de que para que los blancos aceptasen la integración y tener vecinos afroamericanos hubo de sobornárseles con dinero. La corrupción moral disfrazada de tolerancia y modernidad.

    Hipocresía y corrupción moral
    La hipocresía en Estados Unidos es tal que para entrar en Yale hay que hacer una redacción sobre las dificultades sociales que haya tenido el candidato o la candidata. Como si Yale fuese una universidad accesible.

    La discriminación racista y clasista en Shaker Heigths aflora de múltiples formas: en el instituto, aparente lugar de igualdad de oportunidades, impidiendo que estudiantes afroamericanos se apunten a clases avanzadas de las asignaturas; en las relaciones personales, negando e invisibilizando vivencias, y con mucha incomprensión en general hacia la diversidad, incluida la orientación sexual.

    Little Fires Everywhere engancha por múltiples razones desde el primer episodio y a medida que transcurre no solo consigue mantener el suspense, sino que cada vez se vuelve más y más interesante y profunda. Una miniserie para no perderse.

  • Parásitos, la estafa como única vía para los pobres

    Parásitos, la estafa como única vía para los pobres

    Parásitos para mí es, sin duda, y compartiendo podio con Joker, la mejor película del año. El coreano Bong Joon-Ho ha bordado una comedia negra en la que la crítica y la denuncia social se introducen de manera natural, sin ser panfletarias.

    El costumbrismo y la pobreza en Parásitos

    Parásitos, vencedora de Cannes de este año, comienza mostrándonos a la familia Kim en su casa, en un sótano con una sola ventana que da al suelo de la calle, moviéndose por todas las habitaciones buscando un wifi que piratear porque están pendientes de que les llegue una oferta de trabajo por Whatsapp.

    Al rato, les llega un pedido para doblar cajas de una pizzería de la ciudad y, tras unas horas de trabajo a destajo de todos los miembros de la familia, se ve cómo la dueña de la pizzería les paga menos de lo acordado aludiendo a supuestos desperfectos en los doblados.

    En efecto, se trata de una familia pobre de un barrio marginal de las muchas zonas así que existen en Corea del Sur, que sobreviven hacinados en condiciones infrahumanas y con trabajos basura y mendicidad.

    Lo que no saben en la familia Kim es que su suerte va a cambiar, al menos durante una temporada, gracias a un trabajo de tutor privado de inglés de la hija de una familia rica, a la que también se representa de manera costumbrista, en un chalé privado en una urbanización ajena a las miserias de los pobres.

    Familia Kim consigue a traves de la estafa
    La Familia Kim, gracias a sus métodos de estafa, consigue disfrutar por un momento del bienestar y la riqueza, pero pronto sus ilusiones se verán truncadas.

    ¿Quiénes son los parásitos?

    Nada más entablar contacto sabemos que la familia pobre, los Kim, tienen algo de lo que los opulentos Parks carecen: inteligencia y astucia, suponemos que, de una parte, de manera innata, y de otra, adquirida debido a la necesidad de salir adelante en pésimas condiciones.

    Los cuatro miembros de la familia Kim urden estafa tras estafa para terminar ocupando varios puestos de trabajo para los Parks: tutor de inglés, terapeuta artística, chófer y ama de llaves.

    Perpetrando la estafa
    Los Parks caerán en todas y cada una de las estafas de los Kim para deshacerse de su personal.

    Y no serán los únicos que vivan a expensas de ellos, pues, en un giro inesperado de los acontecimientos, se ve cómo hay otro personaje, también pobre y residente en el subsuelo, que sobrevive gracias a lo que su mujer roba en la cocina de los Parks.

    Y es que la estafa y el fraude, tal y como se muestra en el film, son los únicos medios por los que la gente que ha llegado a un punto tal de desesperación puede llegar a obtener un empleo digno y bien pagado.

    Podría parecer que el nombre de Parásitos se refiriese solo a los Kim, a la clase marginal que estafa a una familia pudiente que ha llegado donde está a través del esfuerzo y el éxito, pero va mucho más allá.

    Los Parks son banales y superficiales, incapaces de hacer las tareas más básicas de cuidado de su casa y sus hijos, estúpidos como para caer en las mentiras y tejemanejes de los Kim y, sobre todo, clasistas.

    Clasismo en Parásitos
    La crítica al olor de la clase trabajadora será el detalle clasista que detonará el final de la historia.

    Pisotean el trabajo y se adueñan del tiempo de los Kim, como hicieron antes con sus otros empleados, y sus únicos comentarios y dudas al respecto es su “olor a pobre”, “olor como el de la gente que va en el metro”.

    El clasismo como detonante

    Es esta crítica frívola del hedor de las clases sociales por debajo de la suya la que va a detonar la tragedia final que se lleve por delante al padre de los Parks.

    En una noche terrible en la que es descubierta su estafa y tienen que luchar a muerte para que la familia Parks no se entere, los Kim ven su barrio y su casa inundados por una terrible tormenta y tienen que acabar durmiendo como refugiados en un polideportivo municipal.

    Parásitos la estafa como única vía para los pobres
    La inundación que afecta a los barrios pobres de la ciudad provoca en el espectador una mirada de compasión hacia los que se habían mostrado hasta ahora como parásitos. Tienen un motivo, y es legítimo.

    En el suelo del gimnasio, el padre le explica al hijo que ha aprendido a no hacer planes con su vida para no sentirse decepcionado cuando no los consiga. El derrotismo de una clase social que está condenada de manera determinista, que sabe que para ellos no existe el llamado ascensor social.

    Parásitos
    Una simple tormenta puede provocar la desgracia de perder la casa en los barrios pobres, mientras los ricos permanecen ajenos e impasibles a este sufrimiento.

    A la mañana siguiente, ajenos a las desgracias de los habitantes de los barrios marginales, los Parks señalan el “día maravilloso que ha dejado la lluvia” y piden a los Kim que vayan a trabajar en la fiesta de su hijo a cambio de pagarles esas horas.

    Allí se desencadena una venganza y una tragedia en la que un comentario superficial sobre el olor del atacante dará lugar a un desenlace funesto para los Parks.

    En efecto, Parásitos trata del parasitismo, pero no solo de los de abajo, sino también de los de arriba, que viven en excelentes condiciones a costa de los primeros.

    La película es de las mejores comedias negras de la década y probablemente se lleve el Óscar a la Mejor Película Extranjera. Si no se lo lleva, no será porque no se lo merezca.

  • Jóvenes supervivientes en un mundo corrupto y hostil: Euphoria

    Jóvenes supervivientes en un mundo corrupto y hostil: Euphoria

    Terminada la primera y hasta ahora única temporada de Euphoria (no sé cómo esperé tanto para verla), puedo afirmar que la posiciono directamente en el ranking de las diez mejores series de todos los tiempos. Por diversas razones, pero sobre todo, por plasmar la realidad en la que viven inmersos los jóvenes, rodeados de presión y en un mundo que no parece tener mucho futuro.

    Jóvenes en una olla a presión

    La sensación que más acompaña durante todos los episodios es el desasosiego, el continuo sobresalto y la presión a los que están sometidos los jóvenes protagonistas (sobre todo las jóvenes protagonistas, en femenino) dista mucho de la adolescencia que tuvimos quienes nacimos en los 70.

    Jóvenes que sufren machismo
    Algunos personajes, como el de Cassie, sufren continuamente abusos y machismo por parte de sus compañeros.

    Si bien teníamos nuestros propios problemas derivados de la adolescencia, conviene recordar que creíamos tener un buen futuro por delante si hacíamos todo correctamente, es decir, si nos aplicábamos y utilizábamos el instituto como trampolín a la universidad o a un trabajo. Porque, de aquella, había la esperanza de encontrar trabajo incluso si abandonabas los estudios.

    El trasfondo de Euphoria es el de un mundo cada vez más decrépito, contaminado, frívolo y extremista en el que los jóvenes van a tener que desenvolverse sin ninguna herramienta, porque los adultos no sabemos qué va a pasar, ni lo podemos intuir, a todos los niveles, empezando por el más fundamental, como es la supervivencia de nuestro entorno con el cambio climático.

    Jóvenes en la era de las redes sociales

    Las jóvenes que protagonizan Euphoria, además de sufrir el machismo, el clasismo, la transfobia y la gordofobia, ven incrementada la presión por las omnipresentes redes sociales y un entorno de Internet cada vez más peligroso para ellas.

    Ciberbullying, acoso sexual, violaciones, corrupción de menores, violencia de género y bullying son el pan de cada día para estas adolescentes a las que les cuesta pensar en su futuro porque apenas ven cómo salir de su presente.

    Corrupción adulta en Euphoria
    Sin duda, lo que más afecta a las vidas de los y las jóvenes de Euphoria es la corrupción adulta.

    La serie narra a la perfección los actos de culpabilización de comportamientos de chicas que, sin embargo, son bien vistos en sus congéneres masculinos, y cómo sus sentimientos y pensamientos más profundos importan poco a unos compañeros de instituto que las ven como y tratan como objetos de su propiedad.

    El acceso al uso de aplicaciones de todo tipo para tener citas, e incluso las de servicios sexuales, se presenta en toda la magnitud del problema. ¿Qué está haciendo y con quién tu hijo o hija adolescente con su móvil?

    Los padres se presentan todos bastante ajenos a las vidas de sus jóvenes retoños, pero a la luz de los testimonios de profesores que circulan por las redes, parece un reflejo desgraciadamente fiel de la realidad.

    ¿Cuáles son sus opciones? ¿Deberían controlar los teléfonos de sus hijos? La respuesta la da la propia serie con su guion. En mi opinión, un sí rotundo. Y ya no solo por lo que se puedan hacer entre ellos, sino porque hay todo un submundo de depredadores adultos acechándolos.

    Corrupción de adultos afecta a los jovenes
    La historia de abusos y corrupción del padre de Nate es probablemente la más escalofriante de toda la serie.

    Delicia audiovisual

    Euphoria es, además de un producto generacional, una maravilla del buen hacer audiovisual. Planos originales y atrevidos y una banda sonora trepidante, con canciones y ritmos contemporáneos muy bien elegidos (me quito el sombrero ante lo bien traído que está el “Malamente” de Rosalía en uno de los episodios) son señas de identidad de esta serie.

    Hasta el maquillaje que llevan las protagonistas en cada escena responde a necesidades del guion para plasmar sus emociones.

    Maquillaje de Jules en Euphoria
    El maquillaje de Jules, probablemente el más llamativo de toda la serie, aunque casi todas las protagonistas llevan su propio y marcado estilo particular, va transformándose a medida que la desesperación se apodera de ella.

    Otra cuestión muy positiva a nivel narrativo es que rompe con muchos tabúes sobre la adolescencia, adentrándose sin pudor en relaciones tóxicas, conductas sexuales, identidades de género, consumo de drogas, etc. y presentando las distintas aristas que tienen, sin maniqueísmos, pues no todas las conductas sexuales adolescentes son perjudiciales para ellos, ni todo el consumo de drogas tiene que ser abusivo, como sí le pasa a Rue, pero no le ocurre, por ejemplo, a las amigas de Jules.

    Relación entre Jules y Rue
    Se agradece, y mucho, que se presenten relaciones normalizadas y profundas entre personajes femeninos con distintas identidades de género.

    En definitiva, Euphoria es una serie sobre jóvenes desde una perspectiva muy profunda y con una calidad que dista mucho de las típicas series sobre adolescentes a las que nos tienen acostumbrados las cadenas de televisión.

    Una vez más, bravo por HBO. Esperamos ansiosos la próxima temporada.

     

  • Clasismo criminal en Ozark y Breaking Bad

    Clasismo criminal en Ozark y Breaking Bad

    A punto de terminar la segunda temporada de Ozark, cada vez más comparable a la calidad de Breaking Bad, hoy quiero hacer una reseña de un fenómeno social que se observa tanto en las peripecias de Marty Byrde como en la epopeya de Walter White: el clasismo, incluso, dentro de la propia red de criminales.

    Clasismo en Ozark y Breaking Bad

    Ozark y Breaking Bad comparten estar protagonizadas por padres de familia que, por distintas circunstancias, se ven implicados en negocios de drogas: uno, lavando dinero de un cartel mexicano, otro, fabricando su propia metanfetamina y también envuelto en relaciones con carteles.

    Marty Byrde y Walter White son personajes inteligentes, de clase media cultural (e incluso económica el primero), que se rodean de distintos secuaces y se van aprovechando de distintas personas para cumplir sus objetivos.

    Entre estos personajes se encuentran discípulos y ayudantes de clase trabajadora y hasta marginal, y es aquí donde más se manifiesta el clasismo al que me refiero, porque son precisamente estos ayudantes quienes más sufren las consecuencias de sus acciones, y por quienes menos se preocupan los protagonistas.

    Ruth Langmore, determinismo y clasismo en Ozark
    Ruth Langmore es probablemente el personaje más castigado de todo Ozark, pese a su lealtad a Marty Byrde y sus deseos, siempre frustrados, de poder salir del determinismo al que la aboca el apellido Langmore.

    Si bien Heisenberg al final deja escapar a Jesse Pinkman, no se puede considerar como un acto heroico, ya que previamente ha dejado morir a su novia, ha envenenado al hijo de una amiga suya y se lo ha hecho pasar peor que si fuese un enemigo.

    Jesse Pinkman, el ayudante de clase trabajadora de Heisenberg
    ¿Quién no recuerda lo que hizo Walter White con Jane, la novia de Jesse Pinkman?

    En el caso de Ozark, la indiferencia y el desprecio con los que Marty Byrde trata a Ruth Langmore, incluso después de que esta haya recibido torturas por parte del cartel para probar su lealtad a Byrde, es tan escandalosa que el espectador no puede desear otra cosa que no sea una auténtica revolución de los de abajo.

    Clasismo y determinismo

    Este clasismo se hace más patente, incluso, cuando se ve cómo los protagonistas tratan a estos ayudantes en comparación con el trato que dan a sus hijos, de la misma edad. Los ayudantes reciben todo tipo de tareas, presiones y castigos ajenos sin que los cerebros de la operación sientan la más mínima pena o empatía, mientras estos centran todos los esfuerzos en mantener a sus propios alejados de cualquier daño.

    clasismo hijos de Marty Byrde
    El objetivo de Marty Byrde es que a sus hijos no les pase nada. Los de los demás, si son de clase trabajadora, no le importan mucho, aunque estén ayudándole.

    Es la reproducción más terrible de la desigualdad y la explotación de las clases, pero dentro del área criminal.

    El hijo de la clase media permanece ajeno o, en todo caso, puede aprender lo mejor del oficio de su padre (como en Ozark), mientras el hijo del obrero jamás podrá aspirar siquiera a ascender en la escala social criminal.

    Corrupción de los Snell en Ozark
    Los Snell son traficantes de heroína y también practican la corrupción, pero a escala local, con el sheriff de la zona, que se queda sin potestad ante los agentes del FBI, también corruptos (aunque por otros motivos).

    La segunda temporada de Ozark, además, está protagonizada por la corrupción a todos los niveles (corrupción policial -que ya se vio en la primera-, corrupción política, corrupción judicial, corrupción de las instituciones de menores, corrupción económica, corrupción del FBI, etc.), y aquí también se refleja el clasismo: el policía de poca monta no alcanza el estatus que un agente del FBI; un pequeño empresario corrupto jamás llega al nivel de un gran empresario como Wilkes, etc.

    Corrupción en Ozark
    Wilkes es un empresario corrupto de muy altas esferas a través del cual los Byrde llegarán muy lejos.

    Y es que la delincuencia organizada y el crimen también se organizan por clases sociales y, a quien quiera salir bien parado, absuelto o impune, más le vale proceder de una clase social alta.