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  • Revisionismo y estafa de la doble moral en la censura de películas y series

    Revisionismo y estafa de la doble moral en la censura de películas y series

    En estos días pasados hemos asistido a una polémica que no es nueva y muestra al absurdo que puede llevarnos hacer un revisionismo del séptimo arte para ajustarlo a las ideas del momento histórico en el que nos encontramos. Sí, hablo de la censura y posterior recuperación por parte de HBO del clásico del cine Lo que el viento se llevó.

    Los peligros del revisionismo

    En un intento de confraternización con las legítimas protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, la plataforma retiró de su catálogo la película, alegando que edulcoraba el racismo.

    Este gesto, lejos de ser bien acogido, desató una crisis de reputación de HBO y una tormenta de interés por el filme, cuyas ventas se dispararon en Amazon e iTunes. A nivel comercial la jugada no le pudo salir peor.

    Pero lo que más me interesa sobre este caso no son tanto las estrategias comerciales, sino el debate de fondo sobre efectuar revisionismo con el arte realizada en tiempos pasados y con sus determinados trasfondos ideológicos.

    ¿Por qué censurar en lugar de usar esas obras precisamente para abordar esos temas? Recientemente hablé en este blog de Mi familia y otros animales, el libro que comienza la Trilogía de Corfú de Gerald Durrell y que ha dado lugar a varias adaptaciones en películas y series.

    En esos libros hay alusiones racistas puntuales contra turcos y gitanos. Son muy sutiles, pero un lector avezado las nota. ¿Eliminamos de un plumazo esta maravilla de la literatura por esos detalles? ¿No será mejor establecer debates sobre las formas de racismo, la evolución del pensamiento social a lo largo de los siglos XX y XXI y los cambios en las normas y usos sociales? A mí me parece mucho más didáctico y efectivo que prohibir, pues considero que esto último favorece precisamente lo opuesto a lo que se pretende.

    La estafa de la doble moral

    En estos días hemos  visto también cómo Marta Kauffman, cocreadora de Friends, pedía perdón por “la falta de diversidad en la serie”. Es curioso que no la pida por la falta de calidad, la superficialidad y los estereotipos ridículos que promovía, y escucharla diciendo “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer de forma diferente?” a mí me suena a amenaza con volver con nuevos episodios, así que mejor dejarlo aquí.

    Bromas aparte, otro peligro que alberga este revisionismo de las series y el cine antiguos es el de establecer una doble moral: que no se puedan ver determinadas obras mientras los derechos de esas personas a las que se pretende defender siguen siendo menoscabados por otra parte.

    Seguramente a esas comunidades les importe más equiparar sus derechos salariales, por poner un ejemplo, que Lo que el viento se llevó, pero si se prohíbe la película se produce un golpe de efecto (rebote, en este caso) y parece que se está cambiando algo, cuando nada cambia: el clásico lampedusiano (imprescindible la lectura de El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa o el visionado de El gatopardo de Luchino Visconti al respecto).

    La polémica está lejos de estar zanjada y veremos nuevos episodios que nos producirán, incluso, más estupor que este. Tiempo al tiempo.

  • Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Encubrimiento y cultura del silencio en The Morning Show

    Este confinamiento me está dando tiempo para ver muchas series que tenía pendientes, como The Morning Show, la puesta de largo de Apple TV+ que trata sobre el acoso sexual y su encubrimiento generalizado en entornos televisivos.

    El post entero contiene spoilers, así que, si todavía no la has visto, tenlo en cuenta y no te adentres demasiado.

    El elenco

    Uno de los puntos fuertes de esta serie es el elenco que la conforma. Jennifer Anniston, Steve Carell y Reese Whiterspoon imprimen una calidad tremenda a una producción que, de lo contrario, quizá hubiese pasado más desapercibida.

    Para algunos espectadores, entre los que me encuentro, esta se trata de una de las mejores actuaciones de Jennifer Anniston (no voy a negar que le tenía cierta manía en Friends, y a la serie entera). Borda su papel de presentadora del programa informativo matutino más famoso de Estados Unidos. Quizá también porque en sí misma, Alex Levy, su personaje, es la viva imagen de su público objetivo, mujeres estadounidenses de clase acomodada.

    Steve Carell, por su parte, interpreta el papel de copresentador acusado de acoso sexual y presunta víctima del movimiento #MeToo. Y tiene enjundia que precisamente sea este actor quien protagonice esta serie, pues ya su personaje de director en The Office era un tipo que se pasaba el día haciendo chistes sexistas e inapropiados (“That´s what she said”), pero con un aire de candidez, así que quien hiciese el casting sabía lo que tenía entre manos.

    Aborto en The Morning Show
    El personaje de Bradley Jackson es tan fresco y espontáneo que hasta confiesa en directo haberse practicado un aborto. En directo. En Prime Time. En Estados Unidos.

    Por su parte, Reese Witherspoon continúa su senda de producciones televisivas feministas, iniciada con la magnífica Big Little Lies, de la que os he hablado varias veces en este blog. Aquí hace de Bradley Jackson, una reportera de Virginia que no puede evitar decir las verdades a la cara y tener conflictos, incluso, con gente con la que no debería y de los que puede salir muy perjudicada.

    El resto de actores hacen su papel de forma más que solvente, con especial mención a Billy Crudup, que interpreta a Cory Ellison, presidente recién nombrado de la división de informativos, un tipo inteligente, astuto y que instiga toda la revolución que va a haber en el programa, aunque con el objetivo de medrar (veremos qué papel le dan en la siguiente entrega).

    Personaje de Cory
    Cory Ellison es probablemente el personaje más extraño de toda la serie, siempre empujando a los demás a actuar, con el objetivo de medrar, pero también de divertirse, pues es un cínico en toda regla.

    #MeToo

    Otro de los puntos fuertes que tiene la series es que, aunque resulta muy evidente por los primeros planos que le dedican a las que luego sabremos que fueron las víctimas de Mitch Kessler, los hechos no se narran hasta casi el final de la primera temporada (ya hay segunda en marcha).

    Y es que, durante los primeros episodios, se puede ver a un Kessler deprimido, haciéndose la víctima y quejándose de que el movimiento #MeToo, del que él tanto ha informado y con cuyas víctimas él tanto se ha solidarizado en antena, ahora se ha descontrolado y ya se acusa a gente que no ha hecho nada, como él.

    Encubrimiento generalizado
    Una de sus víctimas es quien acusa a Kessler ante Recursos Humanos.

    Nada más lejos de la realidad, pues, según se van desentrañando los hechos, se ve que, si bien no emplea la violencia para sus actos, sí fuerza a muchas de sus compañeras amparándose en el miedo de estas a ser despedidas, e incluso en el respeto que les infunde su jefe.

    El poder y el privilegio como armas para la impunidad ante el acoso sexual, y el encubrimiento como modus operandi del resto del equipo es algo habitual en la industria del entretenimiento, como hemos podido ir comprobando tras casos como el del condenado Harvey Weinstein. Ni siquiera es necesario realizar amenazas explícitas.

    Machismo despiadado e hipócrita

    En The Morning Show se muestra, además, la hipocresía de quienes aseguran haber tomado la medida de expulsar a Kessler por sus conductas inapropiadas mientras simultáneamente están buscando cómo expulsar del programa a Alex Levy porque la consideran “vieja” y sin “química” con el presentador.

    En este sentido Jennifer Anniston imprime al personaje de Levy la fuerza de la mujer que llega al culmen de su carrera y se ve abocada a enfrentarse a todo el “club de machitos” para mantener su estatus en el programa.

    Encubrimiento y corrupción
    Alex Levy sufre el machismo, pero a la vez ejerce opresión y machismo sobre las víctimas de su compañero.

    Levy mantiene a lo largo de toda la temporada conversaciones muy desagradables para poder seguir siendo la presentadora. Se ve, además, cómo ha tenido que renunciar a toda vida familiar, llevándose el rechazo de su hija, para poder estar en un puesto que, sin embargo, se da porque sí a un compañero suyo que no cesa de cometer delitos contra las mujeres (que ella también encubre, por supuesto).

    Encubrimiento de los compañeros y compañeras

    En el ambiente de trabajo que se muestra en The Morning Show hasta el aterrizaje forzoso de Bradley Jackson, lo habitual es que tanto hombres como mujeres hiciesen chistes y comentarios de mal gusto sobre las víctimas de Kessler.

    Encubrimiento y complicidad
    Mirar de otra manera a la víctima, reírse de ella, creer que ha mantenido relaciones sexuales por medrar… todo son formas de encubrimiento y complicidad.

    La propia Levy, como le señala Kessler, es la más cruel y despiadada con las chicas. No hace falta ser hombre para ser cómplice.

    Es la cultura del silencio sobre los actos de violencia y de encubrimiento y culpabilización de la víctima. Nadie quiere ver que su jefe es un depredador y, sin embargo, piensan en sus víctimas como unas trepas que se acuestan con él porque quieren dar un empujón a su carrera profesional.

    Encubrimiento y corrupción empresarial

    En la cima de todo el encubrimiento se encuentra el presidente de la cadena, que cuando una de las víctimas acude a él llorando para pedir ayuda por lo que le ha ocurrido, le pide que no lo diga en alto e inmediatamente le da un ascenso.

    Corrupción empresarial en The Morning Show
    En la cúspide del encubrimiento y la corrupción empresarial se sitúa el presidente de la cadena.

    En The Morning Show se hace una gran denuncia de la corrupción empresarial, que se manifiesta también en censura de noticias que perjudican a la clase social a la que pertenecen tanto su presidente como los anunciantes. Y es el propio presidente contrata a una investigadora privada para que culpe a otra persona de sus propios delitos. Nada que no ocurra en el mundo real.

    La moraleja que nos deja esta serie es la necesidad de exponer a los depredadores sexuales y enfrentarnos a todos los estamentos que se intenten interponer en el camino, pero manteniendo a la vez seguras a sus víctimas, pues son las que sufren por partida doble y triple el abuso y la corrupción generalizada del sistema.

  • CaixaForum Madrid revive a Berlanga

    CaixaForum Madrid revive a Berlanga

    Los amantes del buen cine estamos de enhorabuena: en CaixaForum Madrid podemos ver “Los jueves, Berlanga en pantalla grande”, una selección de doce de sus mejores obras que comienza el próximo 16 de febrero con la proyección de Plácido.

    Pero este ciclo no consiste solo en la emisión de películas, sino que se apoya en historiadores, filósofos, escritores, compañeros de vicisitudes y bohemia para analizar sus contenidos y compararlos con la realidad.

    Berlanga, anticipado a su tiempo

    Luis García Berlanga fue un “antropólogo”, como lo definen en la propia web de la Obra Social La Caixa, que supo diseccionar a través de sus películas los aspectos biológicos y sociales de la España en que vivió, así como los hábitos y comportamientos de sus habitantes.

    De ese análisis exhaustivo y no poco cargado de humor que supo hacer salieron filmes que a día de hoy podrían considerarse auténticas premoniciones de lo que estamos viviendo. No en vano en muchas ocasiones muchos nos encontramos diciendo “¡ay, si viviera Berlanga, qué diría de esto que está ocurriendo!”.

    Berlanga y la censura

    No podemos olvidar, además, la trayectoria del cineasta y cómo tuvo que sufrir en su propia carne la censura del franquismo, que él explicaba de una forma un tanto cómica en entrevistas como esta que le realizaron en El Mundo en 2005 diciendo que hasta quiso “poner como guionista en los títulos” a un cura que le modificó totalmente un guion.

    También estuvo incluido en la lista negra del Opus Dei a raíz del rodaje de su película “Los jueves milagro”, y no fueron pocos los simpatizantes y militantes franquistas que reventaron las proyecciones de sus películas con gritos e insultos (hoy se hace lo mismo con campañas de Twitter, lo que indica que, tristemente, no hemos mejorado nada).

    Su película más censurada, sin duda alguna, fue El verdugo, que presentó en la Mostra de Venecia sin consultar al gobierno español, y fue estrenada más tarde en España con 17 cortes de la censura y presiones a los propietarios de las salas de cine para que no la emitieran.

    Aun así, su pericia y astucia a la hora de narrar, junto con la de aquellos que lo rodeaban, como Juan Antonio Bardem, Miguel Mihura o Rafael Azcona, hicieron que la censura que, seamos honestos, no suele estar conformada por los elementos más inteligentes de la sociedad, dejase pasar críticas feroces escondidas en diálogos de humor, e incluso aparentemente infantiles, como sucede en Bienvenido, Mr. Marshall.

    El ciclo de CaixaFórum

    Los títulos incluidos en el ciclo de CaixaFórum son: Plácido, El verdugo, ¡Vivan los novios!, La escopeta nacional, Patrimonio nacional, Moros y cristianos, Todos a la cárcel, París-Tombuctú, Novio a la vista, La vaquilla y Bienvenido, Mr. Marshall. Todos ellos imprescindibles, no solo dentro de su filmografía, sino también para conocer la historia de nuestro país a través de los ojos de uno de sus directores de cine más críticos.

    Según informa la Obra Social La Caixa, la Fundación Ortega-Marañón, a través de su Instituto Universitario, expedirá un certificado de reconocimiento académico de asistencia al ciclo.