Category: Series

  • Los peores personajes de las series (I): los más corruptos

    Los peores personajes de las series (I): los más corruptos

    Estaba viendo estos días Better Call Saul cuando, pensando si el hermano de James McGill lo era, decidí escribir un post con mi particular antología de personajes corruptos y malvados de las series. Y, rememorando muchas de ellas, me he dado cuenta de que si Chuck McGill no es precisamente la bondad personificada, al menos no es de los peores que hemos visto en las pequeñas pantallas.

    Los más corruptos: políticos

    La corrupción puede mostrarse de diversas maneras, pero en este apartado he decidido incluir a los que tienen algún tipo de cargo o relación con la política.

    Es el caso de Nucky Thompson de Boardwalk Empire, personaje al que dio vida Steve Buscemi y que combinaba en sí mismo lo peor de la mafia y la política.

    El carácter  de Nucky está basado en el político Enoch L. Johnson (1893 – 1968), que se enriquece con el contrabando de alcohol durante la etapa en la que estuvo en vigor la Ley Seca en Estados Unidos, dentro de una organización que diversificaba hacia otros negocios como el juego y la prostitución.

    Otro oscuro personaje es Francis “Frank” Underwood, el protagonista de House of cards, magistralmente interpretado por Kevin Spacey.

    En esta serie de Netflix que es a su vez un remake de otra de la BBC, Frank Underwood es un villano con todas las letras. Podría decirse que excede la corrupción, pues todas sus estrategias para llegar al poder no responden al beneficio económico, sino a un enorme ego, a una megalomanía narcisista muy peligrosa. Su mujer, Claire Underwood, no se queda atrás, aunque su papel de víctima hace que despierte más simpatías.

    Meñique (Aidan Gillen), de Game of thrones, entraría también dentro de la corrupción política, pues todo lo que urde responde a su necesidad de sentir poder. No en vano es un triunfador hecho a sí mismo, que parte de una situación pobre y va ascendiendo en la escala social a través de distintos casamientos y fechorías.

    Los más corruptos: policías

    Otro adalid de la corrupción es Vic Mackey (Michael Chiklis), el protagonista de The Shield, serie de la que he hablado con anterioridad en este blog. Mackey es un policía corrupto que no solo utiliza cualquier herramienta para enriquecerse, sino que no tiene ningún escrúpulo a la hora de quitarse del medio a sus propios compañeros para salir indemne.

    John Rayburn (Kyle Chandler), de Bloodline, una serie no muy conocida, pero no por ello menos recomendable (sobre todo la primera temporada, que mantiene muy bien el suspense) estaría a caballo entre los más corruptos y los más malvados, pero lo inserto aquí porque, aunque sus crímenes afectan directamente a su familia y eso es un grado, a medida que transcurre la serie se observa que no es un hombre tan familiar como aparenta y que su objetivo principal es medrar.

    ¿Estáis de acuerdo conmigo en que estos personajes son los más corruptos de las series? ¿Cuáles proponéis vosotros?

  • OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    OITNB, más tragedia y corrupción que nunca

    La temporada anterior de Orange is the New Black, de la que hablé en este mismo blog, terminó con la tragedia de la muerte de Poussey a manos de un vigilante de seguridad que la intentaba reducir, un hecho que en la realidad también sucede más a menudo de lo que nos gustaría.

    Con esa premisa, nada bucólico podíamos esperar de esta nueva, pero tengo que reconocer que ha superado todas las expectativas y que, si bien sigue sin ser el terror psicológico de Oz, la situación de las reclusas, sus perspectivas personales y, sobre todo, la corrupción de la que son víctimas a todos los niveles construyen un relato duro, en el que las partes más cómicas han terminado siendo una mueca sarcástica que empeora el estado de ánimo, lejos de relajarlo.

    Se masca la tragedia

    Vaya por delante que todavía no he podido terminar de verla, pues, al contrario que en anteriores temporadas, esta se me está haciendo bola como un filete seco a un niño. El nudo en la garganta aflora y, a pesar de la brevedad de los episodios, intento ingerirlos con precaución y combinados con otras series.

    Pero me basta para ver que lo vivido hasta ahora se puede tornar en una tragedia de proporciones épicas.

    En primer lugar, porque la tensión entre los distintos bloques de presas del edificio aumenta a grandes velocidades y entre ellas hay mucha historia y venganzas que llevar a cabo. A eso hay que añadir, además, que las relaciones entre las presas de Litchfield, la cárcel de mínima seguridad, han empeorado gravemente desde que se cortó el motín ‘fantasma’ al que todo el mundo alude y que es el que da pie a esta nueva situación.

    El colegio mayor que a veces parecía la prisión se ha tornado en casa del terror, y las amistades entre ellas han quedado atrás por lo que siempre sucede en estos casos, para que unas pudiesen librarse de mayor condena a costa de otras a las que han entregado.

    La corrupción generalizada

    El motín lleva, asimismo, a una lectura mucho menos personal y más política de la cárcel, que es lo que Orange is the New Black llevaba haciendo las últimas temporadas.

    En ella se revela sin concesiones la corrupción a todos los niveles que afecta a las presas. Y es que, para empezar, los propios guardias tienen un gran secreto que esconder sobre el asesinato de uno de sus compañeros.

    Estos guardias, como sucedía en otros episodios, tienen su propio sistema de trapicheo para introducir drogas y cualquier tipo de objeto de alta demanda en la prisión.

    En un estamento superior se encuentran Natalie y su nueva jefa, que ha ascendido sobornando a la empresa para no denunciar en público y ante los juzgados que hubo un terrible error con ella durante el motín. Y así es cómo llega una gran incompetente a un puesto que le queda grande (algo que también sucede normalmente en la ‘vida real’).

    Por encima de todo, a nivel económico y político, están los hasta ahora invisibles, los poderosos, políticos que necesitan chivos expiatorios, empresarios que hacen de las cárceles un negocio suculento… todos ellos influyen de manera fatídica en el presente y en el futuro de las reclusas.

    Y el poso que deja, al menos hasta ahora, que llevo vista CASI toda la temporada, es que entre tanta tragedia y corrupción no hay salida. Pero está bien que nos lo cuenten, porque el discurso de que las cárceles son hoteles está calando demasiado y, si bien no se puede decir que muchas personas de las que están ahí sean angelitos, en muchos casos lo están por sus circunstancias económicas y sociales, e incluso aunque lo merezcan fuertemente, está bien que se haga ficción para concienciar de ese pequeño rincón oscuro de nuestra sociedad a los que pocos parecen prestar atención.

  • Por qué Sharp Objects es la serie del año

    Por qué Sharp Objects es la serie del año

    Con este título que le he puesto al post supongo que ya sabéis por dónde van a ir los tiros, pero aun así siento la necesidad de expresar todo lo que me han fascinado todos y cada uno de los ocho episodios de Sharp Objetcs, de HBO.

    La calidad de Sharp Objects

    Una de las cosas que más me está extrañando de Sharp Objects es que, salvo en los círculos de seriéfilos, donde le hemos dado la importancia que se merece, no veo a mucha gente en Facebook o en Twitter hablar de ella, y no sé si es porque en verano ha tenido menor repercusión o porque no se han enterado de que está. Lo que está claro es que, si tienes un mínimo de gusto por las cosas bien hechas, esta serie no puede no gustarte.

    Y es que Sharp Objects posee un guion y una calidad narrativa que supera cualquier expectativa, por lo menos la de aquellos que habíamos escuchado cómo la comparaban previamente con la fabulosa Big Little Lies.

    La tensión se mantiene desde el inicio de la serie hasta el último segundo de la misma, un segundo que, quienes hayáis visto ya, es verdaderamente inesperado y aterrador.

    Sharp Objects es de esas obras audiovisuales en las que te puedes recrear tanto por su narrativa como por los detalles de fotografía, de planos que dicen mucho sin que haya una sola palabra y también de sonido. Y no me refiero solo a la estupenda banda sonora, llena de temazos, sino también a la realización de sonidos, a detalles que te hacen ser parte de la escena, sumergirte en la atmósfera, como si fueras su protagonista.

    Y eso sin olvidar el misterio de las palabras que van apareciendo en distintas partes, tanto en la protagonista como en el resto de escenarios, que nos van desvelando poco a poco qué está pasando.

    Sharp Objects y las actrices

    El reparto y la actuación de las actrices principales de esta serie es una de las claves de su éxito.

    Amy Adams borda el papel de Camille Preaker, una periodista del periódico de San Luis que regresa a su pequeño pueblo, Wind Gap, en Misuri, para investigar los asesinatos de dos chicas a la vez que para hacer frente a recuerdos del pasado que la tienen traumatizada de un modo severo.

    El papel de madre de Adora Crellin, madre de Camille, lo hace igualmente bien una Patricia Clarkson aterradora y odiosa a partes iguales. Y es que Adora, la terrateniente del pueblo, es fría y oscura, una madre capaz de destrozar la vida de su propia prole. Y una explotadora que no duda en utilizar su posición de dominación sobre la práctica totalidad del pueblo para hacer caer al sheriff en pequeños episodios de corrupción policial.

    La tercera mujer protagonista de Sharp Objects es Eliza Scanlen en el papel de Amma Crellin, hija de Adora y hermanastra de Camille, una adolescente que se ve obligada a llevar una doble vida para contentar a su madre, que la ve como una “niña buena” a la que vestir con vestiditos y lacitos imposibles de lo hortera, y a la vez tener la vida que ella quiere con sus amigas.

    Pensaréis: “¿y no hay hombres en esta serie?”. Por supuesto que sí, y hacen bien su papel, pero nada que ver con estas tres protagonistas y las historias que las envuelven.

    Porque Sharp Objects es una serie con protagonistas femeninas y bastante feminista en la que los hombres acompañan como pueden, más mal que bien, y no se enteran mucho de qué es lo que esconden cada una de ellas, por mucha curiosidad que les provoquen.

    Si no la habéis visto hasta ahora, felicidades porque tenéis ante vosotros la serie del año ya completa para ver. Espero que os guste, como mínimo, tanto como a mí.

  • Aciertos y olvidos en las nominaciones de los Emmy 2018

    Aciertos y olvidos en las nominaciones de los Emmy 2018

    Llegan las nominaciones de los Emmy 2018 y con ellas, supuestamente, los reconocimientos a los mejores trabajos y trabajadores de las series, pero, además de los consabidos aciertos, siempre hay amargos olvidos.

    Aciertos de los Emmy 2018

    Hay que señalar que, si el año anterior fueron una estafa por las omisiones de The Leftovers (todavía me duele), The Young Pope o Transparent en este hay bastantes más aciertos (no puedo cerrar este párrafo sin acordarme de que otro de los aciertos de 2017 fue premiar con hasta 8 estatuillas a Big Little Lies).

    Entre lo que considero buenas apreciaciones, con las que coincido plenamente, por parte del jurado están las chorrocientas nominaciones a Westworld y The handmaid´s tale, que se constituyen como triunfadoras del año.

    Desaciertos de los Emmy 2018

    No estoy tan de acuerdo con todas las nominaciones a This is Us, pues la trama me resulta demasiado ñoña y los actores, muy forzados, ni tampoco con dar ningún reconocimiento especial a la última temporada de Game of thrones que, como señalé en este blog hace casi un año, es un fraude sin George RR. Martin.

    En la categoría de sobrevalorados de los Emmy también incluiría Stranger Things, que continúa estirando el desgastado e insípido chicle de la nostalgia por las películas mediocres de aventuras de los 80, y The Americans, la serie que parece sacada de un documento de propaganda estadounidense durante la Guerra Fría.

    En esta misma línea también me resulta incómodo que a estas alturas sigan repartiendo nominaciones a otra serie propagandística y larga como un día sin pan como es Homeland.

    Los grandes olvidados

    Pero, más que los nominados que no deberían estar en ese listado duelen los olvidados, las grandes series y los grandes actores y actrices que no van siquiera a sentir el gusanillo de tener un reconocimiento en forma de nominación por su excelente trabajo.

    En este epígrafe tengo que incluir obligatoriamente POSE, la maravillosa serie de Ryan Murphy para HBO sobre la cultura ball y las vicisitudes de la vida LGTBIQ en Nueva York durante los años 80. POSE cuenta con un guion brillante que podría haberla incluido entre los mejores dramas de 2018, así como con un reparto de actores y actrices de auténtico escándalo, creíbles, soberbios.

    No quiero pensar mal, pero a ver si va a tener algo que ver el hecho de que cinco actrices trans protagonicen la serie para que desde los Emmy no se les quiera dar ningún tipo de reconocimiento.

    Otra serie que me gustaría que se incluyese, y esta vez quizá se haga para el año que viene porque también es cierto que se ha estrenado en muy mala fecha para llegar a las nominaciones es Sharp Objects, thriller que, aunque con trama muy distinta, recuerda a Big Little Lies por su oscuridad y la forma de tratamiento de los traumas que atormentan a su protagonista.

    Veremos qué galardones se conceden al final y con cuáles estamos de acuerdo o no, pero a estas dos grandes series no las veremos premiadas por los Emmy 2018.

  • Narcotráfico y corrupción en la Costa del Sol

    Narcotráfico y corrupción en la Costa del Sol

    La Costa del Sol y las redes de narcotráfico y corrupción que allí se desarrollan son las protagonistas de la coproducción de Mediaset, Warner Bros y Netflix que ha comenzado a grabarse este verano.

    Brigada Costa del Sol

    La serie, que se titulará Brigada Costa del Sol, cuenta con grandes y conocidos actores en su reparto: Hugo Silva (El ministerio del tiempo), Álvaro Cervantes (Carlos, Rey Emperador), Jesús Castro (Mar de plástico) formarán el Grupo Especial de Estupefacientes Costa del Sol, unidad policial especial que operaba en el sur de España entre 1977 y 1982 para combatir delitos de narcotráfico.

    Hugo Silva interpretará a Bruno López, un detective intuitivo y pasional; Jesús Castro a Terrón, policía ingenuo y predispuesto al abuso físico, y Álvaro Cervantes a Leo Villa, un agente con mucha formación pero un tanto predispuesto hacia el hedonismo. Con pocos medios y mucho ingenio se convertirán en los policías más aclamados de Europa.

    El elenco se completa con Miki Esparbé, que hará de joven estratega muy inteligente y, en el bando opuesto, Sara Sálamo, que interpretará a “La buhíta”, personaje carismático que vive al margen de la ley.

    Localizaciones en la Costa del Sol y Madrid

    Brigada Costa del Sol, que ha provocado el rechazo de los agentes turísticos de la provincia malagueña por considerar que va a dar mala reputación a la zona al vincularla con el tráfico de drogas, tema que hasta el momento ha permanecido bastante oculto, se enmarca en la línea de éxitos recientes como Narcos, Fariña, Snowfal, etc.

    Entre sus principales localizaciones se encuentra Torremolinos y su paseo marítimo, así como el hotel Pez Espada y la Urbanización La Roca. Como tanto la brigada como ‘los malos’ se encuentran siempre conectados a Madrid, la capital también tendrá su papel en la elección de escenarios. La discoteca Pirandello será uno de ellos, y una antigua fábrica de telas en la localidad de Alcorcón.

    La provincia de Málaga está muy solicitada estos días para rodajes, y es que a Brigada Costa del Sol se une el de Snatch, una producción de Sony de diez episodios sobre las peripecias de unos jóvenes estafadores británicos en la Costa del Sol.

    En otoño se grabará allí, asimismo, Toy Boy, una serie de Atresmedia sobre los clubes nocturnos del litoral, con un stripper como protagonista.

  • Safe, otro thriller británico que termina en estafa

    Safe, otro thriller británico que termina en estafa

    Quizá haya sido por la emoción y las altas expectativas que tenía por ver de nuevo a Michael C. Hall en una serie, pero Safe, el thriller creado por Harlan Coben para Netflix y producido por el propio C. Hall no ha podido resultar más decepcionante.

    A partir de aquí: SPOILERS.

    Tópicos del thriller

    La serie comienza con la desaparición de Jenny, la hija del cirujano Tom Delany (C. Hall), después de una fiesta de adolescentes en una de las casas más grandes de una exclusiva urbanización en Inglaterra.

    A partir de ahí, y tomando también como referencia la muerte, hace un año, de Rachel, mujer de Tom y madre de Jenny, que en su último momento, en el lecho de muerte, parece haber confesado algo que a su vez ha originado toda esta trama, comienzan las sospechas sobre todos y cada uno de los personajes.

    Porque, como bien se encargan de decirnos los thrillers más tópicos y previsibles del universo, todos tenemos secretos, y no son secretos cualquiera, qué va, suelen ser denuncias falsas a la policía, pederastia y cadáveres, muchos cadáveres.

    En este punto no puedo evitar reírme a carcajadas y dejar de ver Safe con la seriedad y la solemnidad que le intentan dar para empezar a hacer chascarrillos sobre ella. Es una cosa que me pasa cuando las series empiezan a perder dignidad, como le ha sucedido a The Walking Dead.

    Un detalle importante para ver el grado de ridiculez al que me refiero es que en el mismo momento en que desaparece Jenny vemos el cadáver de su novio flotando en la piscina. ¿Y qué hace la familia ricachona cuya hija ha celebrado la fiesta en la piscina? Esconderlo y tirarlo a un lago basándose en argumentos que ellos mismos reconocen saber por películas y series. ¡Lo que haríamos todos! ¿No?

    Y, a pesar de haber visto en muchas películas que los cadáveres lanzados al agua suelen reflotar, allá que van, y allá que aparece el cuerpo de Chris, que pronto revela que falleció ahogado en la piscina y que la familia ricachona ha estado obstruyendo la investigación por motivos espurios.

    Otro thriller que no sabe acabar y termina en estafa

    Se me olvidaba decir que en este entramado de historias y subhistorias donde no parece haber un solo personaje libre de haber cometido alguna barbaridad en su vida, la detective recién llegada al pueblo resulta estar buscando a su padre, que no es otro que el mejor amigo de Tom Delany, un médico exmilitar gay. Sí, todo muy verosímil.

    Como les suele pasar a los thrillers europeos, que empiezan con buenos planteamientos y suelen terminar en estafa (algún día hablaremos de Utopía, Bron/Broen y Luther como ya hemos hablado de Marcella), en este la cosa se va complicando tanto que todo resulta estar conectado con un incendio sucedido hace muchos años en el instituto, cuando cinco adolescentes de aquella provocaron el fuego que mató a ocho chavales que pasaban allí la noche.

    ¿Y quiénes eran esos adolescentes? Rachel; el dueño del bar Heaven, que tendrá mucha importancia en la trama; Helen, una vecina que parece ser la única con un poco de conciencia y remordimientos; el hijo de otro vecino que también aparece como sospechoso en un momento dado y, tachán, tachán, la detective jefe que investiga el caso, que además se lía con Tom Delany desde el mismo día en que falleció su mujer.

    Y es esa detective la que asesina a sangre fría a Chris, uno de los mejores amigos de su hijo, solo para que no se sepa que estuvo involucrada en el incendio. ¿Os suena esto de la corrupción y culpabilidad de alguno de los policías?

    Ya tenemos todos los ingredientes para un batiburrillo al estilo “Sé lo que hicisteis el último verano” y para que esta producción inglesa haya quedado como una de las decepciones del año.

  • The Good Fight y la glorificación de la corrupción

    The Good Fight y la glorificación de la corrupción

    A estas alturas mis seguidores ya sabéis que he escrito bastante sobre The Good Fight, casi siempre en buenos términos por la calidad de sus guiones y su sentido del humor, pero hoy voy a cambiar el tono porque estoy observando en esta segunda temporada una cuestión que me preocupa mucho, y es la glorificación de la corrupción y las malas formas de gobierno.

    Golpes de estado de nuevo cuño

    En esta segunda temporada de The Good Fight, protagonizada por el gobierno de Donald Trump, están apareciendo y se están normalizando cuestiones como la forma en que el Partido Demócrata de la ficción pretende derrocar al presidente electo a través de algún escándalo jurídico o sexual donde ni siquiera importa que sea cierto lo que se denuncia.

    Ruth Eastman, asesora del Comité Nacional de los Demócratas, se presenta en el bufete de Reddick, Boseman y Lockhart con toda una batería de medidas de seguridad (no se permiten los móviles  en la reunión, se graba todo con videocámara, se les hace firmar a los presentes un documento de confidencialidad) para pedirles que señalen causas judiciales que se pueden abrir y ganar para destituir a Trump.

    Diane ve bien utilizar cualquier medio para derrocar al presidente Donald Trump.
    Diane ve bien utilizar cualquier medio para derrocar al presidente Donald Trump.

    En mitad de esa vorágine, Reddick insinúa que no es necesario tener siquiera una causa con pruebas, sino que con verter malintencionadamente rumores sobre supuestas agresiones sexuales se podría llegar a la misma meta.

    Y es ahí donde radica el quid, en mi opinión, de la glorificación de la corrupción, en que no se piense en términos de justicia, equidad, tolerancia, etc., sino solo en quitarle el gobierno a un presidente para ponerse ellos, sin tan siquiera atender a cuestiones éticas sobre los medios para lograrlo.

    Y no puedo evitar pensar en lo que ha sucedido en Brasil con el antiguo presidente y ver que puede llegar a ser una nueva y peligrosa tendencia política en la vida real.

    Glorificación del beneficio económico

    En esta misma línea de normalización de las malas prácticas se sitúa también la serie, esta vez en el ámbito del beneficio económico, cuando el bufete acepta un acuerdo que le proporciona 8,3 millones de dólares de la Policía de Chicago para que no se airee la corrupción de dos agentes que se dedicaban a plantar pruebas falsas en temas de narcotráfico.

    Cabe señalar que Jay, el investigador privado del bufete, señala esta falta de ética y renuncia a su puesto de trabajo para hacer ver a sus jefes que su codicia está afectando a la vida de otras personas, entre ellas, la de su mujer amigo.

    Jay denuncia que el bufete ha contribuido a tapar un caso de corrupción.
    Jay denuncia que el bufete ha contribuido a tapar un caso de corrupción.

    Por su parte, Lucca y Maia (la hija de los acusados de estafa, caso que de momento parece haber quedado en segundo plano esta temporada) ayudan soterradamente al amigo de Jay, pero no porque sea lo correcto, sino porque sacar a la luz la corrupción de esos policías ayuda al padre del futuro hijo de Lucca en su carrera política, pues lo están acusando de haber encarcelado a más afroamericanos que blancos, y con este movimiento se quita 30 casos de sus estadísticas.

    Así que nos encontramos con que los únicos actos honestos que se realizan tienen oscuros objetivos, siempre el beneficio político y/o económico y personal, lo que, en mi opinión, contribuye a normalizar este tipo de comportamientos. Porque, al fin y al cabo, si lo hacen Diane Lockhart o Adrian Boseman, ¿por qué no lo vamos a hacer cualquiera? ¿Y por qué vamos a poner el grito en el cielo si lo hacen nuestros representantes políticos?

    Glorificación de la explotación laboral

    Por último, aunque muy importante también, me gustaría resaltar la glorificación de las malas prácticas laborales y la falta de ética a la hora de tratar a trabajadoras embarazadas.

    En esta temporada Lucca se queda embarazada y debe comunicarlo a la empresa, cuyos socios, con Diane Lockhart a la cabeza, están deseando quitarle los casos y relegarla porque prevén que una mujer embarazada les va a ocasionar pérdidas o perjuicios.

    Lucca Quinn recibe un trato desigual y discriminatorio por estar embarazada
    Lucca Quinn recibe un trato desigual y discriminatorio por estar embarazada.

    Lucca, para compensar esto y que no afecte a su carrera profesional (aunque todos los intentos que está haciendo son en vano, pues los prejuicios y la discriminación prevalecen sobre los resultados), anuncia que trabajará hasta el último minuto de embarazo y que no cogerá baja por maternidad. Un muy mal ejemplo para el resto de trabajadores, y otra normalización más de algo que debería ser denunciado con ahínco.

    Porque el poso que queda no es el de denuncia, sino el de normalización.

  • Final de Sense8: estafa consumada

    Final de Sense8: estafa consumada

    Finiquitado y visto el final de Sense8 tras la única y última oportunidad que le dieron tras el movimiento de fans a nivel mundial protestando por su cancelación, solo puedo decir que la cadena no estaba equivocada. Guion inverosímil, diálogos absurdos y rodajes excesivos hacen de Sense8 una serie pretenciosa de las que al final estafa.

    Final presuntuoso

    Sé que quizá esta crítica sea considerada polémica porque lo que he leído hasta ahora eran todo elogios, no sé si porque ya solo quedaban fans acérrimos viéndola o si el mito de las Wachowski sigue vivo y todo lo que hagan se considera como excelente, aunque no lo sea.

    Lo cierto es que hace tiempo que Sense8  perdió cualquier posibilidad de llevar un hilo verosímil (recordemos que la verosimilitud se tiene que dar en todos los géneros, incluidos la fantasía y la ciencia ficción).

    A las absurdas persecuciones policiales de la segunda temporada, la caricatura de personajes como el de Lito y la presentación de los otros clanes de conectados se unen en este episodio final la prisa por cerrar y la necesidad de hacer todo artificioso y pomposo.

    En este sentido en el capítulo final se incluyen escenas de persecución y acción completamente gratuitas que glorifican la violencia hasta un punto que resulta contradictorio con el supuesto mensaje que quieren mandar sobre la necesidad de conectarse a través de la empatía y el amor.

    Exceso de explosiones que recuerdan a este sketch de Robot Chicken sobre Michael Bay, disparos y voladuras de helicópteros que, suponemos, habrán ocasionado un gasto de producción completamente prescindible, sumado a unos personajes cada vez peor representados, quizá porque no se creen ni ellos lo que están interpretando.

    Diálogos que provocan vergüenza ajena

    Otra de las características de los últimos tiempos de la serie son los diálogos facilones, con frases manidas, cargados de exabruptos y sin apenas trascendencia.

    Haber esperado tanto tiempo para este último episodio y que la calidad de los diálogos no haya mejorado ni un ápice y te encuentres a personajes diciendo obviedades, gastando metraje en diálogos absurdos resulta bastante risible.

    Porque al final te das cuenta de que Sense8 no es otra cosa que un cúmulo de clichés que ya has visto en muchos sitios antes, por mucho que la intenten revestir de algo transgresor.

    Final sexual

    Y es que uno de los puntos fuertes con los que empezaba la serie su primera temporada era introducir distintos tipos de amor y relaciones sociales y sexuales entre las personas, normalizar la homosexualidad, la transexualidad y el poliamor.

    Pero cuando esto se realiza bajo el prisma de los estereotipos sociales, porque todos los personajes principales son guapísimos y esbeltos, y desde una postura un tanto forzada, el resultado es una caricatura.

    De hecho, los personajes son extremadamente superficiales, hasta el punto de no saber mantener coherencia con la situación que están viviendo, diciendo auténticas chorradas.

     

    Si de tratar estos temas va la cosa, hay precedentes de gran calidad, como Shortbus, en los que se ponen sobre la mesa un montón de cuestiones de forma atractiva a la par que seria.

    Que la última imagen de Sense8 sea la de un consolador mojado y usado para mí es una metáfora de que esta serie ha sido el onanismo de sus creadoras. Que puede haber quienes participen de esta fantasía, pero a nivel narrativo deja mucho que desear, y los números de audiencia me dan la razón.

  • The handmaid´s tale, distopía verosímil

    The handmaid´s tale, distopía verosímil

    Una de las cosas que más pueden espantar de una distopía es la verosimilitud de la misma, que pueda ser algo que ocurra o que, incluso, ya haya sucedido o esté haciéndolo, aunque se manifieste de otra manera. Ese es quizá el punto fuerte y a la vez más terrorífico de la magnífica serie The handmaid´s tale, traducida en español como El cuento de la criada.

    The handmaid´s tale narra la vida de la víctima de una dictadura que se ha instalado en Estados Unidos en la que se ha impuesto un régimen fascista y teocrático cristiano denominado Gilead, con una minoría que ejerce represión a niveles muy crueles sobre quienes se resistieron a aceptarlo. Nada que no hayamos visto ya en los libros de historia, ¿no?

    Distopía demográfica

    La serie, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, parte del hecho sociodemográfico y científico concreto y plausible de una epidemia global de infertilidad, que desde las corrientes religiosas más extremistas se achaca a la inmoralidad y a la contaminación ambiental.

    Teniendo en cuenta que el número de nacimientos ha decaído en las últimas décadas y que se espera que la generación baby boom colapse el sistema cuando llegue a la jubilación (o a la vejez sin jubilación, que esa es otra posibilidad), y sabiendo que hay gobiernos que han tenido un control de la natalidad que ha pisoteado los derechos democráticos de millones de personas, como ha sido el chino, ¿a que no resulta tan lejana esta distopía?

    Pues es esta ausencia de niños la que da pie a que en Gilead ocurran hechos tan horripilantes como que las mujeres fértiles, llamadas criadas y vestidas de rojo, sean esclavas de los comandantes y generales y sus esposas, vestidas de verde, y tengan que someterse a una violación ritual para ser fecundadas de hijos que luego les serán arrebatados para crecer en las casas de los afines al régimen. ¿A qué os suena esto?

    Distopía machista

    Las mujeres en Gilead, este estado fascista y teocrático cristiano de The handmaid´s tale, están divididas en distintas clases y en todas ellas orientadas al presunto bien mayor que es el régimen. Todas ellas llevan un color que hace que se las distinga y categorice en todo momento.

    Desde las capas más bajas a las más altas, están las desterradas a zonas donde han ocurrido catástrofes nucleares donde las obligan a limpiar residuos y terminan falleciendo por enfermedad, vestidas de gris; las criadas, violadas y forzadas a parir y entregar a sus hijos, de rojo; las Martas, sirvientas que realizan tareas de amas de casa, de verde; las econoesposas, casadas con hombres de menor rango que tienen más libertad en el vestir dentro de una variedad muy recatada y que pueden haberse casado por amor (parejas anteriores al nacimiento del régimen, o por obligación, como sucede con los casamientos entre niñas y ‘ojos’); las esposas, de azul turquesa (en la novela y en todos los artículos que he leído al respecto dicen que van de azul, pero yo no veo el azul puro por ningún lado), y las tías, que adoctrinan, monitorizan y castigan a las criadas.

    El sometimiento de las criadas llega a tal punto que pierden su nombre original y asumen el del funcionario que las viola. Así, la protagonista de la serie se llama DeFred, como el comandante al que sirve.

    Aunque las capas más altas de mujeres repriman a las que tienen por debajo, todas ellas están a su vez reprimidas por los hombres, que también se dividen en rangos: los comandantes de los fieles, funcionarios políticos, que tienen coche y visten de negro; los ojos, que son espías; ángeles, soldados y guardianes de la fe, que visten con uniformes verdes.

    Uno no puede evitar recordar a países como Arabia Saudí, donde las mujeres no pueden ir en bicicleta ni conducir sin el permiso de los hombres, y pensar que ciertamente estamos ante una ficción que bien puede estar basada en hechos reales.

    No olvidemos tampoco que hay países de Centroamérica donde las mujeres pueden ir a la cárcel si sufren, incluso, un aborto espontáneo.

    Corrupción en Gilead

    Y, claro, en un mundo tan aparentemente pulcro y ordenado como Gilead, como en todas las sociedades humanas, especialmente en las que hay mayor represión, no podía faltar el nido de la corrupción, humana, política y sexual.

    Ese lugar, que se puede ver ya en la primera temporada de The handmaid´s tale, es Jezabel, un antro con el nombre de la mujer que en el Antiguo Testamento aparece intentando que los hombres olviden a dios.

    Es en Jezabel donde la protagonista de la historia, June, se encuentra con su mejor amiga, Moira, que no aceptó el rol de criada y para ella, igual que para otras, quedó convertirse en prostituta sin consentimiento y sufriendo maltrato continuo.

    Porque en Gilead no hay espacio para el esparcimiento de las mujeres. Es un totalitarismo patriarcal y religioso que adoctrina, maltrata, somete y ejecuta cualquier tipo de disidencia. Y el placer, especialmente el femenino, es su enemigo.

    Y si en Europa esta serie nos puede resultar estremecedora por los paralelismos con regímenes presentes y pasados de distintas partes del mundo, en Estados Unidos, con un republicanismo aliado con las manifestaciones religiosas más reaccionarias y una pérdida de libertades y derechos abismal desde el 11-S, más.

    Habrá que permanecer atentos a todos los indicadores que, como en los flashbacks que se hacen a lo largo de la serie, van apareciendo y susurrándonos, o gritándonos fuertemente al oído: “Huye ahora que todavía puedes”.

  • The Shield, descenso trepidante al infierno

    The Shield, descenso trepidante al infierno

    Hace unos días escribía un post con una retrospectiva sobre Oz, una de las series más duras y pesimistas que he visto nunca, y eso me ha llevado de manera directa a acordarme de la trepidante y no más optimista The Shield, en la que una división policial corrupta se va desintegrando a medida que sus crímenes se van recrudeciendo.

    Corrupción policial

    El imaginario distrito de Farmington (“la granja” en inglés), una zona de Los Ángeles en la que hay vergonzosas tasas de delincuencia y marginalidad es el lugar de trabajo del Equipo de Asalto liderado por el detective Vic Mackey y sus colegas también detectives Shane Vendreell, Ronald Everett Gardocki (Ronnie) y Curtis Lemanksy (Lem).

    Es importante señalar en este punto que la Policía de Los Ángeles no quería guardar ninguna relación con la serie, dado el carácter más que controvertido de su trama y personajes, y por eso se inventaron el distrito (aunque se supone que está inspirado en Rampart) y los escudos que lucen en sus uniformes son distintos y están ubicados en otro lugar.

    Presionados por sus superiores, movidos a su vez por ambiciones políticas, especialmente en el caso del Capitán David Aceveda, al que veremos convertirse en concejal, estos policías comienzan a cometer actos de corrupción como extorsiones, robo y asesinatos.

    Como suele pasar en estos casos, o así nos lo presenta siempre la ficción, estas tácticas no van a menos y terminan convirtiéndose en su modus operandi, de manera que los peores y más temidos delincuentes de la zona son ellos.

     Acción trepidante

    Desde el primer minuto en que comienza The Shield se inicia una carrera desbocada que parece no terminar nunca. Son un total de siete temporadas, a cada cual más trepidante.

    La tortura, la extorsión, el robo, las persecuciones y todos los métodos que emplea el Equipo de Asalto para conseguir sus fines alcanzan cotas inimaginables de tensión y llevan al espectador a momentos de verdadera angustia.

    Hace unos cinco años que la vi y todavía recuerdo algunas escenas impactantes, como en la que Lem intenta quemar el dinero marcado que han robado y con el que no saben qué hacer.

    Punto de no retorno

    Su propia degradación va rompiendo, además, la amistad que tienen entre ellos, que en realidad nunca ha sido tal, pues en el transcurso de la historia se va perfilando un Vic Mackey que evoluciona de amigo que saca de líos a los demás a sociópata despiadado.

    Esta ruptura en sus relaciones personales va incrementando la tensión hasta llegar a auténticas tragedias como sucede con Lem o, peor aún, con Shane Vendrell, que por su escasa inteligencia y elevado nivel de impulsividad pone en peligro en varias ocasiones al grupo, aunque nada de eso justifica el violentísimo final que le dio el cada vez más degenerado Vic Mackey.

    Mackey desciende al infierno y sabe que no tiene ninguna capacidad de retorno, pero le da igual con tal de salir airoso. Asesina a sus compañeros y termina delatando al más honesto de los cuatro a cambio de una impunidad que deja la misma sensación de vacío y desesperanza que Oz, aunque en otro contexto.

    The Shield es una de esas series altísimamente recomendables, como The Wire o Treme en las que el sistema es el protagonista, por encima, incluso, de los caracteres principales. Un sistema corrupto en el que no tienen cabida ‘los buenos’.