Category: Estafa

  • La estafa de The Walking Dead

    La estafa de The Walking Dead

    Los que me seguís habitualmente en Twitter me habréis visto manifestar abiertamente la estafa que me está pareciendo la última temporada de The Walking Dead. Episodio tras episodio se ha ido consumando una de mis mayores decepciones después de Lost o The Big Bang Theory.

    ¿Cómo hemos llegado a esto?

    No entiendo cómo teniendo entre manos una serie que estaba llegando a traspasar el género zombi para entrar en el terreno del desarrollo de personajes hemos podido llegar a esta estafa o, bueno, sí, descuido por parte de productores y guionistas y pensar que tienes un público fiel que va a tragar con todo lo que le eches.

    Hace menos de un año escribía un post precisamente para comentar la riqueza inesperada que contenía The Walking Dead, una serie de zombis que, sin embargo, no tenía nada que envidiar a otras en cuanto a la calidad y la evolución de sus personajes.

    Porque The Walking Dead entró de lleno en el género apocalíptico y en la exploración de la psicología humana y cómo podemos convertirnos en nuestros peores depredadores en las situaciones extremas.

    La estafa consumada

    Pero los claroscuros de Rick Grimes, la fortaleza y las dudas de Carol y Morgan, la complejidad de las nuevas colectividades con las que se iban encontrando, etc. han dado paso a un planteamiento simplón, con unos buenos cada día más esperpénticos y unos malos estereotipados, villanos de manual.

    Rick vuelve a ser el héroe bueno indiscutible al que todos siguen, acompañándose unos a otros con un abanico de frases motivacionales que rayan el ridículo.

    El personaje con más fuerza de toda la serie, Carol, ha quedado reducido a una caricatura, a lo que los chicos de Laboro llaman “padefo” (“PAso DE FOllones”). Michonne ahora es la novia del héroe, sin apenas peso en la trama más que para decir obviedades.

    Y los nuevos personajes que están entrando son todos demasiado esperpénticos y arquetípicos. King Ezekiel podría ser quizá el único a perdonar, pero la aparición de los supervivientes sectarios que viven en basureros (lo cual no les impide llevar ropa moderna y molona que no está precisamente al alcance de todos los bolsillos) y la lucha absurda que su líder hace librar a Rick con un zombi acorazado como si fuese el Street Fighter han rebosado mis límites.

    Fallos imperdonables

    Ya en la primera parte de esta última temporada vimos cómo se despachaban lo que podrían haber sido horas de una buenísima historia sobre The Saviors, apresurándose demasiado con personajes como Dwight y acelerando la trama hasta el punto de que no han pasado apenas semanas (lo podemos saber por el estadio del embarazo de Maggie, la única referencia temporal que hay, aunque ya empiezo a pensar que se van a saltar el rácord) y ya están organizándose como si hubiesen aguantado y explorado otras vías durante meses.

    The Walking Dead está adentrándose, además, en el peligroso mundo de las series mal producidas, con escenas y cromas cutres y poco cuidados como el que abre este post, y una banda sonora excesivamente presente y mal elegida.

    Porque uno de los puntos fuertes de esta serie desde el principio era la ausencia de banda sonora, que aportaba verosimilitud y tensión, pero desde que empezó esta última temporada hemos podido escuchar todo tipo de musiquitas intentando aportar emoción a una trama que no lo necesitaba. Y no hay nada peor que una escena pésimamente escrita que acompañarla de una música anodina de la que puede haber millones de canciones iguales, todas compuestas para ser usadas en televisión, como señala brillantemente aquí Jon Lajoie.

    En definitiva: así, no, queridos guionistas y productores. Somos fans, pero no a cualquier precio.

  • Sense8 Navidad: ¿estafa a los fans?

    Sense8 Navidad: ¿estafa a los fans?

    Antes de que se termine la Navidad que, como todos sabemos, en España no es hasta pasado el día de Reyes e, incluso, apurando, apurando, el primer día de rebajas, me gustaría hablaros del episodio especial de Sense8 para estas fechas y de si me uno o no a la crítica casi generalizada de que es una estafa para los seguidores.

    Sense8 es Wachowski

    Quiero comenzar el que ya adelanto que va a ser un alegato de este episodio señalando algo evidente para quienes estamos inmersos en el universo Wachowski desde hace muchos años: Sense8 es una serie por y para las Wachowski, de principio a fin.

    Es una serie sobre conexión, espiritualidad, unión, comunión, amor, música y sexualidad vivida en un sentido pleno sin ningún tapujo y sin importar si los participantes en el acto se identifican con algún género en concreto o no, porque lo importante son las personas. Esta es puramente la filosofía de Lana Wachowski, tal y como ella misma nos mostró en su discurso tras recibir el premio a la Visibilidad de Human Rights Campaign (HRC).

    Si escuchamos detenidamente el discurso, que a mí personalmente me resulta fascinante, podemos escucharla también a ella en muchos de los diálogos y escenas de Sense8, y lo mismo sucede en su película Cloud Atlas.

    Sense8 Special Christmas es Lana

    Lily Wachowski, la otra hermana de esta magnífica y productiva familia, no se ha prodigado tanto como Lana, pero sus defensas en el último año de la comunidad trans nos hacen pensar que tienen puntos de vista similares.

    Sin embargo, antes de emitir este episodio especial de Navidad fue Lana una vez más la que dio el paso adelante y decidió explicar el porqué de un capítulo navideño.

    Como podéis ver en este vídeo, Lana señala que para ella los episodios de Navidad de las series que seguía eran casi sus favoritos, pues constituían un punto en el que las vidas de esos personajes que tanto le gustaban y la suya se entrelazaban en un escenario común: estas fiestas tan familiares.

    Soy de los que opina igual que Lana, me gustan mucho los episodios especiales de Navidad porque son entrañables, porque me recuerdan un poco a mí mismo e intento sacar parecidos con mi familia y nuestra manera de vivir las fiestas.

    Por eso este episodio de Sense8 lo he vivido con mucha intensidad, a pesar de que, como señalan los más críticos, en realidad no haya pasado nada que trastoque la trama donde quedó en la primera temporada y de que, efectivamente, el que solo esté interesado en el suspense, puede saltárselo sin problema y sin que ello afecte a su comprensión de cara a la segunda temporada.

    Para quienes no lo hayáis visto todavía, se trata de un episodio de dos horas que casi podría tildarse de vídeo musical por las coreografías de todo tipo que se ven en él y la belleza que irradia. Pero no es solo eso, porque narra los días navideños de estas ocho especialísimas personas conectadas entre sí y cómo afrontan la marginación y los prejuicios a los que les somete la realidad y quienes la conforman, y en ese sentido es muy necesario, como todos los discursos del mundo de Lana Wachowski.

  • The Big Bang Theory, estafa ideológica

    The Big Bang Theory, estafa ideológica

    Hoy escribo este post con amargura más que con enfado, tristemente decepcionado por la deriva que ha tomado la serie The Big Bang Theory, una sitcom que todos tenemos en mente como de humor blanco, pero que en los últimos tiempos ha tomado un cariz un tanto rancio y machista que no quiero dejar pasar por alto.

    The Big Bang Theory, abiertamente machista

    Supongo que a partir de aquí he de avisaros de que concurren bastantes spoilers, pero no voy a hacer como en otros posts de series que sí me importan y cuyo destripamiento sí puede fastidiar su visionado porque la simpleza de The Big Bang Theory en cuanto a trama permite este tipo de licencias.

    No obstante, realizada la puntualización, voy a ir al grano: The Big Bang Theory se ha convertido en un estandarte del machismo y de una visión terriblemente patriarcal de la sociedad sin tan siquiera una mínima explicación.

    Si en anteriores temporadas podíamos estar algo mosqueados con el papel de ‘rubia tonta’ que le habían dado a Penny, el hecho de que los personajes de Bernadette y Amy Farrah Fowler fuesen tan o más inteligentes, competentes y exitosas en sus carreras científicas que sus parejas disipaba la duda del machismo que podía cernirse sobre la serie.

    Asimismo, en la temporada anterior, cuando en un episodio Bernadette decide hacer un calendario de científicas ligeras de ropa se hace un alegato de la libertad de la mujer como libre de hacer con su cuerpo lo que quiera (y aquí podríamos entrar en otros debates sobre si los calendarios de mujeres son machistas, que sí creo que lo son, pero quien tendría que decidir si salir en ellos libremente son ellas).

    Pero, ¿qué ha ocurrido esta temporada? ¿Por qué el embarazo de Bernadette y el hecho de que Amy y Sheldon se hayan ido a vivir juntos de repente activa una serie de bromas y lugares comunes machistas? ¿No saben los guionistas de The Big Bang Theory qué es la crianza compartida y que los hombres tenemos que asumir el 50% de las tareas que se realizan en el hogar?

    Confieso que he sentido verdadera vergüenza ajena cuando, en el episodio sexto de esta décima temporada, he visto a Sheldon borracho con su invitado mientras Amy recogía los platos y el mismo Sheldon hacía una broma al respecto. Lo mismo me ha ocurrido con varios diálogos entre Bernadette y Howard en los que, sin ningún pudor, se da por hecho que va a ser ella la que tenga que ocuparse de las cosas de su futuro retoño.

    Para ser una serie de humor blanco que no quería meterse en ningún lío ideológico, se ha embarcado de lleno en un terreno muy pantanoso.

    Homofobia y racismo encubiertos

    Si el machismo en The Big Bang Theory se ha hecho palpable, no hay que menospreciar tampoco la cantidad de homofobia y racismo que encontramos en numerosas bromas.

    Raj Koothrappali es el personaje del que se mofan continuamente por su procedencia india y por su relación estrecha con Howard. Y ya no solo está la cuestión de que su posible homosexualidad sea siempre algo velado e inconfeso, sino también el estereotipo del gay sensible que se enamora de su mejor amigo.

    En esta temporada se han ampliado, además, los sujetos que son objeto de burla racista o xenófoba, y en este mismo sexto episodio que considero el más lamentable que se ha emitido hasta la fecha (no he querido seguir la serie para no horrorizarme más) una vecina rumana ha sido la triste agraciada. Porque, según The Big Bang Theory, los rumanos en Estados Unidos lo único que deben de hacer es ver televisión y así aprenden a hablar inglés, con frases hechas de programas de dudosa respetabilidad.

    Quizá lo que le suceda a esta serie que tantos entrañables momentos nos ha dado es que no soporta el paso del tiempo y debería despedirse de manera digna de las pantallas. O quizá eran ciertas las críticas que se vienen vertiendo desde hace años de que ya con el tema del Trastorno del Espectro Autista (T.E.A.) enviaba un mensaje y lanzaba un estereotipo incorrecto y peligroso sobre las personas que padecen Asperger. El caso es que este que aquí escribe se despide ya de ella porque la vida es muy corta y tenemos poco tiempo como para pasarlo viendo series que nos enfadan.

  • La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    He tenido la suerte de ser uno de los pocos que consiguieron entradas para ver Frágil Equilibrio en Madrid y quiero hablaros de este documental tan exquisitamente producido y editado que nos lleva a plantearnos hasta qué punto estamos viviendo una vida despersonalizada que no nos proporciona la felicidad, sino más bien todo lo contrario, y en la que aceptamos de manera desvergonzada la corrupción del sistema.

    Frágil Equilibrio, el contexto

    El documental Frágil Equilibrio, premio del Festival de Cine de Valladolid Seminci, narra el presente en diversos puntos del planeta desde la perspectiva de algunos de sus protagonistas, todos ellos explotados y castigados por un sistema depredador en el que unos pocos acumulan la riqueza mientras los demás se ven obligados a sobrevivir en peores o mejores circunstancias según sea su procedencia, pero con el denominador común de la búsqueda y la imposibilidad de hallar la felicidad en sus vidas.

    Con imágenes impactantes (atascos, fábricas, multitudes moviéndose por la ciudad, policía cargando contra ciudadanos, cómo estamos devorándonos literalmente el planeta, etc. y que recuerdan a producciones visuales como Baraka) y la puesta en escena de un narrador muy bien valorado entre la mayor parte del público como es José Mújica, el expresidente de Uruguay, Frágil Equilibrio consigue tocarnos en lo más profundo y cuestionarnos si estamos llevando la vida que queremos y qué podemos hacer para cambiarlo.

    Los protagonistas

    Africanos que acampan en Marruecos esperando poder saltar la valla de Melilla por la noche; japoneses pertenecientes a la denominada clase de “salaryman”, con sueldos que les permiten comprar todo lo que quieran, pero jornadas laborales de hasta 21 horas, sin poder ver a sus familias nada más que los fines de semana; un desahuciado español que ha perdido su casa y se ve obligado a vivir ocupando espacios, incluso, insalubres… estas son las tres historias protagonistas que se van entrelazando con la voz de José Mújica y las imágenes antes mencionadas para sumergir al espectador en la vorágine estresante del sistema en que vivimos.

    De todas ellas la más esperanzadora, sin duda, es la de los africanos, pues todavía conservan la ilusión de encontrar un lugar mejor donde poder trabajar y formar una familia.

    Una crítica necesaria

    Frágil Equilibrio está perfectamente producido, con imágenes pertinentes y muy comunicativas en todos y cada uno de los casos, con historias que emocionan a la par que describen situaciones desesperantes y un toque de esperanza basada en la solidaridad a la que se alude en múltiples ocasiones. Pero no debería quedar exento de crítica, pues olvida un aspecto muy importante: las mujeres.

    Tanto las tres historias principales como la narración y el hilo conductor están protagonizados por hombres. En ningún momento aparece la historia de una mujer como protagonista, y no será porque no haya, por ejemplo, mujeres abandonadas por sus parejas que han sido desahuciadas teniendo hijos, incluso, discapacitados, o mujeres inmigrantes en situaciones límite al no poder acceder a atención sanitaria, por poner dos ejemplos.

    Desconozco la motivación de los creadores de Frágil Equilibrio para no introducir historias de mujeres, pero tanto si lo pensaron y lo rechazaron como si no se les ocurrió en ningún momento, están invisibilizando a las mujeres, y con ello contribuyendo a otra práctica destructiva de este sistema que quieren denunciar.

  • Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Pues ya he terminado la segunda temporada de Mr. Robot y es una de esas series que, pese a sus claroscuros, hay que señalar que dejan un gran vacío a quienes la seguimos. Han sido doce episodios frenéticos, dos más que en la primera entrega, en los que hemos experimentado de todo un poco, desde comedia hasta suspense, pasando por drama y, cómo no, surrealismo.

    A partir de aquí, ya sabes, destripo más que Jack y estás bajo tu responsabilidad.

    Mr. Robot, la comedia

    Aunque he comenzado titulando este post de manera negativa por la moraleja que deja la propia serie, y de la que os hablaré más adelante, quisiera empezar hablando de varias gratas sorpresas que nos encontramos ya desde los primeros episodios.

    En primer lugar, el corto The Careful Massacre of the Bourgeoisie, una película en realidad ficticia que se supone que sirve de inspiración a Elliot y su hermana Darlene para la organización de la revolución. Se trata de un corto gore realizado con calidad de cinta VHS muy lograda, de manera que puede hacer pensar al espectador de la serie que se trata de una obra grabada en los 80.

    La segunda gran conmoción llega en el episodio sexto con una surrealista recreación de una sitcom de los 90 que incluye risas enlatadas, cromas de pésima calidad, una resolución de 4:3 y una estética que bien podría ser la de Los problemas crecen, aquella serie donde un psiquiatra se quedaba en casa a cuidar de sus tres hijos mientras su mujer, periodista, volvía a su trabajo tras haber desempeñado ella esa labor durante años.

    La diferencia, está claro, estriba en que nos encontramos en Mr. Robot y ni la familia de Elliot ni su propia mente, que ni él mismo comprende, guarda ninguna relación con los entrañables y funcionales Seaver.

    Destaca especialmente dentro de este episodio, tributo y sátira a la vez de las sitcom de los 90, la canción que suena, con letra horrible y distópica que dice cosas como “imagine yourself in a world numbed with pain”.  Y es que ese lugar surrealista en realidad no es otra cosa que el salvoconducto que se crea la mente de Elliot mientras trata de sobrevivir a una brutal agresión.

    Mr. Robot, el giro inesperado

    Siguiendo con las maravillas de Mr. Robot, hay que señalar que han vuelto a conseguir dejarnos boquiabiertos con un giro inesperado de guion basado en las alucinaciones del personaje principal. Incluso los que ya suponíamos que algo raro pasaba con esas rutinas que describe desde el comienzo de la temporada no podíamos imaginar que en realidad todo era otra válvula de escape para ocultar un sitio mucho peor, y aquí sí que me ahorraré los spoilers por si acaso algún incauto ha seguido leyendo más de lo que quería.

    Mr. Robot, la estafa de la revolución

    He querido dejar para el final la que para mí es la mayor objeción que pongo a la serie porque considero que es una visión muy personal y un pequeño obstáculo que no me va a impedir seguir viéndola, pues en la balanza pesa más lo positivo que esto negativo.

    Y os preguntaréis, ¿qué es eso de la estafa de la revolución? Pues, sencillamente, que me disgusta que para una serie en la que se toman tantas molestias en hacer que los pasos que dan los revolucionarios sean completamente realistas (sí, consultando con hackers, incluso), el trasfondo de esa revolución sea que quienes la llevan a cabo sean meros peones de otro gigante peor que el que van a derribar.

    Y ya sé que no podía esperar una temática muy subversiva de una serie que, al fin y al cabo, se produce con dinero de la industria audiovisual estadounidense, que se ha caracterizado siempre por ser bastante propagandística, pero no hacía falta introducir una trama entre la propia corporación a derribar y China.

    Es cierto que todavía es pronto y que quizá en la próxima temporada nos sorprendan con otro giro inesperado que me haría tener que rectificar (y lo haré gustosamente si se da el caso), pero no era necesario dejarnos con esta desazón a los que teníamos esperanza en que Elliot y sus compañeros hackers cambiaran el sistema. ¿Es tan difícil plasmar en ficción una revolución digital que mejore la sociedad de manera no violenta o es demasiado peligroso hasta imaginarlo?

  • La estafa de las televisiones con el horario infantil

    La estafa de las televisiones con el horario infantil

    Circula estos días por la red la petición de una madre desesperada a Antena 3 para que deje de emitir el anuncio de la película “No apagues la luz” en horario infantil, pues tiene a su hija de tres años tan traumatizada que se tapa los oídos y se esconde cada vez que escucha la nana que suena en el tráiler. Lejos de burlarse de ella, muchos padres se han sumado a su demanda, y con razón, porque el horario infantil es una estafa.

    El incumplimiento del horario infantil

    Toñi Ruiz, que así se llama la madre de la pequeña, solicita que en la emisión de los anuncios se advierta de la edad recomendada de los mismos, de manera que los padres puedan estar al tanto y apagar la televisión o cambiar de canal en el momento que lo pongan.

    Es una exigencia que tiene su razón, pero que sería innecesaria si las cadenas cumplieran a rajatabla los requerimientos del horario infantil, que por algo se denomina así, y que no debería ser trampeado ni con unos segundos de anuncios sobre otra programación.

    La ley establece una franja horaria de protección –entre las 6:00 y las 22:00- durante la cual, las televisiones no pueden emitir contenidos que perjudiquen el desarrollo de los menores de 18 años. Esta franja se ha reforzado entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana, y entre 17:00 y las 20:00 horas los días laborables.

    Durante los fines de semana y festivos de ámbito nacional, la franja de protección reforzada empieza a las 9:00 de la mañana y se prolonga hasta las 12:00 del mediodía. En estos tramos horarios tan solo se pueden emitir contenidos aptos para menores de 13 años previa supervisión para garantizar su adecuación.

    Oscuros precedentes

    Muchos seguramente recordarán el incidente protagonizado por el programa Sálvame con la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia cuando esta le requirió que adaptase sus contenidos al horario infantil.

    Los directivos del programa y/o de la cadena se burlaron de manera bastante burda de la CNMC (y de todos) dividiéndolo en dos tramos: uno hasta las 17:00 en el que dan por hecho que los niños están en clase (sin tener en cuenta las jornadas intensivas escolares que se dan en muchos lugares, o los niños que todavía no están escolarizados porque hasta Primaria no es obligatorio), y otro que afirman que es más suave (“naranja”, frente al otro, que es “limón”) a partir de esa hora.

    Y la cosa quedó ahí. Ni la CNMC ni ningún organismo competente protestó ni logró modificar el contenido o el horario de este programa del que no hace falta ser pedagogo para saber que no es apto para menores de 14 años, empezando por los temas que tratan.

    La TDT de Telefónica

    Las familias que tienen contratada la televisión con Telefónica también se encuentran en situaciones similares, pero nada más encender el televisor, pues lo primero que aparece son anuncios de las series y películas que ponen ese mes, sea una comedia, terror, sexo explícito o escenas poco aptas para menores como la del templo del Dios de Muchos Rostros de Juego de Tronos.

  • The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    Tras escribir sobre Show me a hero y Treme, hoy le toca el turno a otra de las producciones de David Simon, la más conocida, la más extensa y seguramente la más impactante: The Wire, la serie en la que la corrupción estatal generalizada y endémica a todos los niveles es la indiscutible protagonista.

    The Wire, incatalogable

    Conozco a un montón de personas que se resisten a ver The Wire solo porque la consideran “otra serie policiaca más” cuando si algo puede decirse de ella es que es imposible etiquetarla dentro de un género.

    The Wire es drama, es política, es realismo social, es periodismo y, sobre todo, es una composición pentaédrica sobre un mismo tema visto desde distintos lados: cómo la corrupción afecta a los distintos estratos de la sociedad en una misma ciudad, Baltimore.

    En las cinco brillantes temporadas que la componen observamos este tema tratado desde diferentes perspectivas: en la primera vemos la incapacidad y los errores de la policía a la hora de enfrentar los problemas derivados del abuso de drogas en las viviendas sociales de gente pobre y marginal. En la segunda aparece retratado el contrabando de mercancías y drogas en el puerto. La tercera se centra en los políticos, las luchas de poder y la financiación, que se entrelaza con las dos anteriores.

    En una cuarta entrega podemos ver cómo se degrada la educación pública de manera que la pobreza que se ve reflejada en las otras temporadas se convierte en un determinismo social causado por la propia corrupción del sistema.

    La crítica a los medios

    La quinta y última temporada de The Wire aborda el tema de los medios de comunicación desde un punto de vista un tanto original. La serie incide en que son empresas privadas que buscan el máximo beneficio a costa de recortar en recursos, lo que hace que las personas que más deberían estar alerta para denunciar la corrupción y los crímenes cometidos por altas instancias no puedan dedicarse a ello y sean meros relaciones públicas de los poderosos, mintiendo si hace falta con tal de poder pagar sus facturas.

    No en vano, Simon fue reportero en The Baltimore Sun y durante sus años en el periódico tuvo que hablar en innumerables ocasiones de los crímenes, la pobreza, los conflictos racistas y la desigualdad en una ciudad azotada por la desindustrialización hasta que “unos hijos de puta [un grupo multimedia estadounidense] compraron el periódico y dejó de ser divertido”.

    Y con este descreimiento de los medios de comunicación él mismo ha creado la mejor narrativa periodística sobre Baltimore (y sobre la sociedad estadounidense en general) jamás escrita.

    “Que se joda el espectador medio”

    El propio Simon señaló hace tiempo a un periodista que la premisa que había seguido para desarrollar su proyecto era “Solo una: que se joda el espectador medio”, y eso es algo que aquellos que disfrutamos cuando los guionistas de una obra nos tratan como seres inteligentes (ENLACE OINTB) tenemos que agradecerle.

    Porque cuando dedicas mucho tiempo a una serie esperas que esté escrita con mimo, considerándote una persona con inquietudes y que no caiga en el simplismo. Y todo eso lo tiene The Wire, probablemente una de las mejores series de la historia en la que lo político, social y económico también se combina perfectamente con el lado humano: el amor, el odio, la compasión, la amistad, la traición…

    Actores

    Un factor importante que es necesario reseñar al hablar de The Wire son sus actores, algunos de ellos recurrentes en las producciones de David Simon, que han dado vida a otros personajes de series como The Corner o Treme, como Clarke Peters (Lester Freamon en The Wire, Robert Mayhawk en Show me a hero y Albert Lambreaux en Treme), y algunos de los cuales están muy concienciados con mejorar el mundo que les rodea.

    Uno de ellos es Wendell Pierce, que encarna al Detective Bunk Moreland, que ha invertido 20 millones de dólares en un complejo de apartamentos en Baltimore con el objetivo de crear empleos tanto en la construcción del mismo como después, pues ha reservado un porcentaje para los artistas locales, que también podrán exhibir sus obras en las galerías con las que contará el edificio.

    Personajes

    Pero si algo destaca de la serie es el carisma de sus personajes. Desde Omar, un ladrón gay regido por su propio sistema de valores e interpretado por Michael Kenneth Williams, actor que dio vida a Chalky White, otro personaje muy complejo de la serie Boardwalk Empire, hasta Stringer Bell, un criminal con afán de trepar e inmiscuirse en las capas más altas de la sociedad y al que Idris Elba dota de una excelentísima interpretación, pasando por el Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), todos y cada uno de los caracteres de The Wire tienen su propia e indiscutible personalidad y complejidad.

    Todos los personajes rezuman realismo, y es que algunos de ellos se inspiran en personas reales, como Omar Little, que se basa en Larry Donnel Andrews, un criminal de Baltimore que tenía entre sus reglas éticas no involucrar nunca a mujeres y niños.

    Y es que, como hemos dicho a lo largo de todo este post, el realismo de The Wire, y en general de todas las series de David Simon, la convierte en un género periodístico en sí mismo. Un género ficcional que, sin embargo, ha demostrado merecer mayor credibilidad que gran parte de los artículos y reportajes que vemos a diario en los medios.

  • Stranger Things: plagiar sin introducir replanteamientos

    Stranger Things: plagiar sin introducir replanteamientos

    Hoy traigo ganas de polémica, y es que Stranger Things, pese a todas las buenas críticas que había leído, me ha parecido una copia del cine de aventuras de los 80 que ni siquiera puede llegar a considerarse sci-fi, aunque coquetee con el género.

    Y sí, algunos diréis que de eso se trata, de un homenaje a este tipo de producciones, pero en 2016, con tantas series excelentes y tantos cambios en la narrativa y en el desarrollo de personajes, uno se podría esperar, como mínimo, un replanteamiento, una aportación original, al más puro estilo Tarantino, y no una fotocopia.

    La planicie de personajes de Stranger Things

    En otros posts en los que he hecho spoilers he avisado antes, pero en esta serie, como ocurren cosas que ya hemos visto miles de veces en cualquiera de las reposiciones de las películas ochenteras que ponen cada poco en la televisión, me abstengo de avisar. La serie en sí misma es tan predecible que no lo merece.

    Como hay que empezar por algo, voy a hacerlo por lo que considero más importante cuando me enfrento a una serie: los personajes.

    Si bien es cierto que es difícil encontrar obrar maestras del desarrollo de personajes, aunque las hay, y cada vez más, en 2016, como he dicho, sería recomendable encontrarse con series en las que se haya superado la dicotomía malo-bueno y se haya optado por mostrar las distintas facetas de cada persona, independientemente de que de sus actos puedan derivar consecuencias positivas o negativas.

    Si algo tenían los 80 que no me gustaba era eso, cero profundidad de los protagonistas y una representación de los “malos” de manera arquetípica como unos seres malignos en sí y un tanto tontos. Las series de la nueva hornada tienen algo genial, y es que narran con realismo las vicisitudes personales y cómo alguien, incluso aunque haya cometido alguna atrocidad, no es malo el 100% del tiempo.

    El grupo de niños ‘nerd’. La niña extraterrestre. La hermana estudiosa y el chaval gamberrillo que quiere meterle mano. El padre indolente. Las madres agobiadas porque nadie les hace caso. El policía que al principio pasa de la madre del niño perdido y luego se da cuenta de que “hay algo”. Los científicos malos malosos. Esto es Stranger Things.

    Tengo que añadir que Winona Ryder sobreactúa bastante y hace que el papel plano que le han dado sea todavía más inverosímil.

    Un guión que ya te sabes

    El otro aspecto que quería abordar (tampoco hay mucho más que decir, pues en cuanto a efectos especiales no han superado a E.T.) es el guion, predecible, con una historia bastante sencilla que para niños de diez años puede resultar especialmente entretenida, pero para los que ya peinamos canas… pues no.

    Y es que la historia es exactamente la misma que la de muchas películas de los 80, con sus mismos ingredientes y el mismo tratamiento. ¿Sorpresas? Ninguna, a menos que tengas diez años o que no hayas visto nunca una película como Stand by me, Exploradores, Encuentros en la Tercera Fase o Los Goonies.

    Puestos a copiar el cine de aventuras infantil de los 80 podrían haberse puesto con La Historia Interminable, o El Laberinto, pero han elegido el más comercial y el más sencillo, y lo que para mí es imperdonable, no han añadido ningún elemento original en la ecuación, un solo ingrediente diferenciador que le diese sentido.

    Podrían haber cortado y pegado sin más escenas de esas películas antes mencionadas y el resultado sería el mismo. Una pena.

  • Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    No hay nada más placentero para un seriéfilo que ver series en las que los guionistas tratan a los espectadores como seres inteligentes. Que no es que rechace ver algún que otro bodrio o producciones que son mero entretenimiento, pero cuando uno se topa con maravillas como Orange Is The New Black (también abreviado como OITNB), la serie más crítica sobre la estafa de la cárcel jamás escrita, no puede sino alegrarse y hacerle ovaciones.

    Tres días es lo que he tardado en terminar la cuarta y hasta ahora mejor temporada de esta tragicomedia basada en el libro autobiográfico Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison de Piper Kerman, protagonista de la serie hasta la tercera temporada (en esta cuarta se relega a un papel coral como el resto de sus compañeras reclusas, algo que se agradece, ya que su personaje podría agotarse).

    Humanidad en OITNB

    Si algo puede resultarme cercano y admirable de Orange Is The New Black es su esfuerzo por mostrar el lado más humano de todas las personas que están en prisión, empezando por las presas, que no son villanas sin más, como se pretende mostrar en muchísimas series y películas de forma maniquea, sino seres humanos a los que una serie de condiciones objetivas y subjetivas han llevado a estar donde están.

    Una de las frases más repetidas en esta temporada es “I´m a person” (“soy una persona”) y esa es una moraleja que todo el mundo debería extraer de esta serie, además de otras que describiremos más adelante. Porque humanizando a los presos podremos empezar a entender que la cárcel, tal y como está contemplada ahora mismo, no está orientada a su fin teórico de rehabilitación, sino a castigar y marcar de por vida sin posibilidad de volver a la sociedad.

    Asimismo, mostrar con naturalidad las relaciones homosexuales desmitifica el estereotipo que se suele difundir con respecto a la sexualidad en las prisiones, al margen de que haya violaciones, especialmente en países como Estados Unidos.

    Humor en la cárcel

    Las situaciones cómicas de OITNB, además de suponer un contrapunto necesario para descargar el drama, persiguen mostrarnos a las presas como seríamos cualquiera de nosotros: personas que buscan contacto humano y que intentan pasar el tiempo de condena de la mejor forma posible, haciendo amistades y riéndose de las adversidades.

    Las carcajadas en momentos de máxima tensión, o cómo unas presas pueden parecer indiferentes y hasta bromear en pleno sufrimiento de otras que no consideran tan cercanas, o incluso de las más cercanas, es un excelente reflejo realista de lo que es la vida en sí misma, porque el sarcasmo a veces es la última defensa ante las adversidades e injusticias.

    La corrupción del sistema penitenciario

    Uno de los puntos más importantes de OITNB es su denuncia política. Desde que comenzó la primera temporada vimos injusticias con numerosas presas, como la propia protagonista, que termina en prisión cuando ha rehecho su vida y ya no se dedica en absoluto a los delitos de los que se le acusa. Hemos visto también cómo en su mayoría se trata de personas que nacen y crecen en ambientes marginales y familias desestructuradas, lo que revela el determinismo social del que nadie quiere hablar en esta sociedad de liberales y coaches que afirman que todos podemos llegar a la cúspide de la pirámide.

    Pero la principal denuncia social de Orange Is The New Black es la corrupción que envuelve a todo el mundo penitenciario, desde el último carcelero hasta el director de la prisión, con un protagonista importante que en Estados Unidos supone un grave problema para los derechos fundamentales y que aquí hay quien quiere importar: la gestión privada de las prisiones.

    Para ser un país en el que desde cualquiera de las dos ramas políticas bipartidistas hablar de lo público sea casi como ser el mayor comunista del planeta (en el sentido más peyorativo), la serie aborda de manera magistral los peligros de que las cárceles se conviertan en negocio y las presas a la vez en recursos humanos y mercancía.

    Desde la explotación laboral por parte de terceras empresas (algo que sí que ya tenemos en España) hasta la violación de derechos fundamentales como el de los familiares a saber en todo momento si su presa se encuentra viva y sana, en OITNB se plasma el impacto de convertir las prisiones en empresas que buscan ganar dinero (del erario público) y reducir costes.

    La imposibilidad de compaginar humanidad y ser carcelero

    En esta vorágine de injusticias que recaen sobre las presas, como que por recortes ya no tengan derecho a compresas, que se masifiquen las cárceles hasta resultar insalubres e inhabitables, o que la comida sea indigna para un ser humano, ser funcionario de prisiones se hace cada vez más incompatible (aunque no sé si alguna vez lo fue) con mostrar humanidad y afabilidad con los reclusos (en este caso, reclusas).

    Durante estas cuatro temporadas hemos visto todo tipo de perfiles de carcelero: desde el vago que no ha querido estudiar y ha decidido dedicarse a eso “por tener algo” hasta el motivado que cree que él va a cambiar el sistema y va a ser bueno con las presas, pero finalmente termina haciéndoles más daño que los que van de frente porque sucumbe de malas maneras y traicioneramente a los requerimientos de la empresa o de su propia necesidad de salvarse a sí mismo.

    Y es que en una prisión jamás puede establecerse una relación de igualdad entre preso y carcelero. Por mucho que este último quiera acercarse y mostrarse como amigo o confidente, siempre llega el momento en el que muestra su autoridad y cuál es la jerarquía que rige sus relaciones.

    En esta última temporada este tema se muestra de manera mucho más directa con la contratación de veteranos de guerra a precio de saldo y con bonificaciones por parte del Estado para la empresa, algo que, sin ánimo de hacer spoiler, seguro que ya os sugiere la palabra “tragedia”.

    Y cierro ya, aunque me quedan muchas cosas en el tintero de esta última temporada: los conflictos racistas, el trato diferencial y deferencial a los presos ricos y famosos, la barbarie a la que se enfrentan los reclusos con enfermedades mentales y necesidad de tratamiento psiquiátrico y un sinfín de temas que se tejen de manera invisiblemente maestra y hacen de esta serie una obra inteligente que dan ganas de volver a ver nada más terminarla.

  • Treme: corrupción, especulación, racismo y música

    Treme: corrupción, especulación, racismo y música

    Después de haber desgranado Show me a hero, hoy le toca a Treme, la serie de David Simon que supo aunar la caracterización perfecta del barrio de Nueva Orleans Treme con la tragedia, la especulación y la corrupción que sufrieron sus ciudadanos después del huracán Katrina.

    Treme y sus personajes

    Un total de cuatro temporadas componen esta serie coral en la que decenas de personajes, cada uno con circunstancias personales distintas, viven sus vidas de manera bastante realista. Así como en The Wire cada temporada tenía un hilo conductor (hablaré de esa maravilla en otro post), en Treme la continuación la daban el propio barrio y las propias vidas de sus protagonistas, su ir y venir, sus relaciones y cómo las decisiones políticas afectan a sus vidas.

    Para quien no conozca la ciudad ni la serie, Treme es un vecindario que guarda la esencia cultural y musical de Nueva Orleans, quizá el barrio con mayor número de talentos musicales por metro cuadrado. Con esta premisa, los personajes que pueblan la producción podemos saber que son en su mayoría músicos (trompetistas, violinistas, guitarristas, djs…) o están relacionados con el mundo del espectáculo (dueños de bares, clubes y restaurantes con actuaciones en directo).

    Desde trompetistas virtuosos que son un desastre en sus vidas personales hasta buscavidas que llegan a Nueva Orleans buscando una “oportunidad de negocio” inmobiliario, pasando por periodistas, policías (algunos corruptos y otros, los que menos, honestos), funcionarios del Estado, los personajes de Treme van abriéndose camino y tratando de sobrevivir en una ciudad que ha quedado devastada física y moralmente tras el Katrina.

    Algunos de estos personajes se conocen y se relacionan entre sí desde el principio, otros se conocen a medida que transcurre el tiempo, y otros no llegan a conocerse nunca, pero de alguna manera sutil, bien sea por las circunstancias sociales o económicas, o por conocidos comunes, todos están entrelazados y viven paralelismos que solo son evidentes para el narrador y el público omnisciente.

    En esta ocasión David Simon también recurre a actores y actrices que ya habían salido en anteriores producciones, como Khandi Alexander (Fran Boyd en The Corner), Clarke Peters (el detective Lester Freamon en The Wire) o Wendell Pierce (el detective William Moreland, alias Bunk, también en The Wire). Todos ellos afroamericanos, como una buena parte de los artistas que componen el elenco en las obras de Simon, siempre preocupado por denunciar el racismo institucional que hay en Estados Unidos.

    Carnaval

    Otro de los protagonistas de Treme son las tradiciones culturales de Nueva Orleans y, en concreto, el Mardi Grass (equivalente al Carnaval). Desde el Mardi Grass oficial con sus collares de perlas y sus desfiles por las calles, etc. hasta las fiestas más elitistas que se hacen en el barrio francés, Mardi Grass es un elemento que está presente en todas las temporadas y que aúna a todos los personajes, pues ningún residente en la ciudad dejará de disfrutar esta fiesta, incluso aunque haya sufrido una terrible desgracia en su vida.

    Dentro de esta representación costumbrista del Mardi Grass destaca la tradición de los “Indian Red”, una completa desconocida (al menos para mí), que combina la celebración del carnaval con elementos de ceremonias de nativos americanos. Este ritual lo organizan las llamadas “tribus”, que tienen un líder, y se pasan todo el año cosiendo los majestuosos trajes que lucirán ese día, así como el 19 de marzo (“Super Sunday”).

    La corrupción

    Nueva Orleans, tras ser destruida por el Katrina, y en especial los barrios pobres, se convierte en terreno para la especulación urbanística y la corrupción. No es algo ficticio, esto ha ocurrido y así lo ha denunciado Simon con esta serie.

    Políticos, banqueros y empresarios constructores, con la ayuda de funcionarios del Estado, periodistas que miraban hacia otro lado y policías que, con brutalidad e impunidad, consiguieron desposeer a los más desfavorecidos de sus viviendas intentando fingir que las arreglaban (tarea por la que recibían subvenciones estatales) para después quedárselas al ser declaradas como inhabitables.

    Esta trama de corrupción, para la que Simon ha empleado una vez más sus dotes periodísticas y la información de primera mano de un gran número de ciudadanos, queda reflejada de manera natural, como suelen suceder estas cosas. En un bar tomándose una copa mientras otro de los protagonistas, ajeno a ello, intenta ganarse la vida tocando la trompeta. En un restaurante cuya cocinera intenta sobrevivir tras haber tenido que cerrar su propio negocio por falta de clientes…

    La corrupción es el eje vertical de la serie y, sin embargo, no es estridente ni pretende captar toda la atención, sino simplemente “estar ahí”, operando sobre las vidas de todos los demás que tratan de sobrevivir.

    La banda sonora

    No se puede hablar de Treme sin señalar que, además de un gran drama coral, es un musical de excelentísima calidad en el que sale lo más granado de la música negra de Nueva Orleans y donde, sin pretenderlo exhaustivamente, se explica el origen y el porqué de géneros como el R&B o el jazz.

    Las calles, los bares, las casas de los personajes, cualquier enclave está lleno de referencias musicales a grandes talentos como Fats Domino, Dr. John, Lee Dorsey, The Radiators, The Meters, por ejemplo, en el apartado del R&B, o Louis Amstrong, Sonny Rollins, Coleman Hawkins o Allen Toussaint en el jazz. Tampoco falta el rock de Little Richard, Emmylou Harris, Randy Newman o Steve Earle, y hasta el country se cuela de manera elegante a través de una violinista que comienza su carrera en la calle y termina de gira, con un relativo éxito.

    Cameos como el de Elvis Costello, el pianista Allen Toussaint, Dr. John, Cassandra Wilson o el trompetista Kermit Ruffins aportan conocimiento cultural para el telespectador que, sin quererlo, se convierte en un pequeño experto (o como mínimo se desata una curiosidad extrema por conocer más de lo que está viendo).

    Y es que, después de haber visto Treme, uno se siente vecino del barrio, no ya un turista al que le han explicado meticulosamente la historia y los rincones del mismo, sino como un habitante más, alguien que ama la autenticidad de sus vecinos y espera con ansia que llegue Mardi Grass para celebrar que la vida sigue.