Category: Corrupción

  • El banquero, la corrupción y la crisis en el cine español

    El banquero, la corrupción y la crisis en el cine español

    Siguiendo con el ciclo que comencé hace semanas sobre cine y documentales para entender la crisis económica y la figura del banquero, hoy le toca su turno al cine español, aunque en la anterior entrega ya incluí el documental “Mis ahorros, su botín”, realizado por colectivos del 15M con la financiación de Adicae.

    Concursante

    Quiero empezar con el filme Concursante porque es probablemente la cinta española que más me ha impactado sobre este tema. Ganadora del Premio de la Crítica del Festival de Málaga, esta sátira muy, muy, muy ácida aborda la persecución que sufre Martín Circo, un joven profesor, por parte del banco y Hacienda tras ganar el mayor premio jamás concedido en la Historia de la Televisión: más de tres millones de euros en objetos.

    Martín se ve obligado a pedir un préstamo al banco para poder mantener su patrimonio. Por su parte, Hacienda le reclama el 50% de sus ganancias y el incremento patrimonial en el IRPF.

    Edmundo Figueroa, un viejo economista antisistema que tiene intervenciones absolutamente brillantes como la que añado aquí abajo, le proporcionará una salida.

    Cinco metros cuadrados

    Cinco metros cuadrados es el filme por excelencia de la crisis española, y es que tiene todos los elementos que la han caracterizado: sobreprecio de vivienda, especulación, burbuja inmobiliaria y desahucios.

    La película, protagonizada por Malena Alterio y Fernando Tejero, que se llevó unos cuantos premios por su impresionante actuación, trata la lucha que deben librar Álex y Virginia, una pareja que se hipoteca a cuarenta años para comprar un piso que no va a poder recibir porque la constructora estaba edificando en terreno protegido. ¿A que suenan, y mucho, todas estas barbaridades medioambientales? Seseña y Valdeluz resuenan en mi mente…

    Cien años de perdón, el banquero y la corrupción

    ¡Cómo podría olvidar en una lista así el tema estrella de la política española! La corrupción es la clave de la película Cien años de perdón, de Daniel Calparsoro, que, a pesar de su eje central, no se puede categorizar dentro del cine de denuncia social, sino del thriller.

    Todo comienza con un robo en la sede valenciana del banco del Mediterráneo, cuya directora resulta estar en una lista de evasores como la Falciani, o los Papeles de Panamá y que posee una caja fuerte en b en la que se guarda el disco duro con datos que revelan la corrupción de líderes políticos.

    No es la mejor película de la historia del cine español, voy a decirlo abiertamente, pero muestra perfectamente la sociedad corrupta que tenemos y cómo la figura del banquero y el político está demasiado entrelazada.

    Hermosa juventud

    La película Hermosa juventud es el relato descarnado de la falta de futuro y la desolación que viven los jóvenes españoles que se enfrentan a un panorama de emigración, los que puedan permitírsela, o precariedad cada vez más acusada.

    Carlos Boyero la comparaba en El País con Los lunes al sol señalando su diferencia, que es la edad de los protagonistas. Yo mismo he estado tentado de incluir en esta lista la obra de Fernando León (aunque he desistido porque a estas alturas ya todos tenéis que haberla visto, por lo menos, un par de veces).

    El caso es que Hermosa juventud es crudeza sin igual porque relata de manera muy realista las acrobacias que tienen que hacer dos jóvenes de barrio obrero para poder ganar un poco de dinero, desde chapuzas de toda clase a cine porno. Porque cuando la gente no tiene qué comer, y más si tienen niños a su cargo, como es el caso de Natalia y Carlos, protagonistas de esta historia, termina haciendo lo que sea para sobrevivir.

    Me gusta mucho esta obra de Jaime Rosales porque muestra algo que no siempre se quiere ver desde distintos sectores sociales, y es que los jóvenes de barrios humildes, no digamos ya marginados, hoy en día saben que no van a tener futuro aunque se esfuercen. Si la sociedad les enseña eso, porque lo ven en sus hermanos y tíos mayores que sí creyeron en la meritocracia y se esforzaron para ahora no tener nada, ¿cómo podemos criticarlos o referirnos a ellos como ninis sin ofrecerles nada?

    Y hasta aquí mi listado de hoy. Son películas emocionalmente densas que os recomiendo que no veáis del tirón, pero no dejéis de hacerlo.

  • Banqueros y corrupción: documentales sobre la crisis (III Parte)

    Banqueros y corrupción: documentales sobre la crisis (III Parte)

    Hoy voy a continuar con mi serie de posts para entender la crisis económica y la responsabilidad que los banqueros tienen en ella. En este caso haré una reseña de varios documentales a mi juicio imprescindibles para saber qué ha pasado y por qué nos encontramos en este punto.

    Inside Job

    Inside Job es un trabajo serio, bien documentado, que ahonda en los responsables de la crisis económica. Un intento por aportar luz de manera casi científica a unos hechos que se pierden entre tanto ruido y manipulación que nos llega por distintos medios.

    El documental comienza explicando el caso islandés y cómo en un país con un Producto Interior Bruto de 13.000 millones de dólares los bancos llegaron a alcanzar unas pérdidas de 100.000 millones.

    En Inside Job vemos la estafa en toda regla, con los precios de las viviendas duplicándose y sin que empresas auditoras ni agencias de rating encontraran nada sospechoso, ¿os suena?

    También aborda la desregulación de los 80 del Presidente Ronald Reagan, a petición de los banqueros, que trajo mucho descontrol y, finalmente, la atomización del sistema financiero en cinco grandes firmas que, si caían, amenazaban con romper la economía mundial.

    Como este no es un post exclusivo sobre este documental, lo dejo aquí, esperando que los que no lo hayáis visto todavía lo hagáis.

    Los últimos días de Lehman Brothers

    Este documental es la recreación de la desesperada carrera contrarreloj que se vivió en Lehman Brothers para intentar salvarlo de la quiebra.

    Este filme muestra el momento en que el gran banco de inversión Lehman Brothers se encuentra al borde del abismo después de los turbulentos seis meses en que sus inversiones en bienes raíces perdieron miles de millones de dólares, provocando fuertes caídas en el valor de sus acciones de Lehman.

    Y es que el 15 de septiembre de 2008 fue un punto de inflexión en la economía mundial y en el capitalismo: el día en que se supo que toda la expansión económica de los años anteriores había sido una ilusión óptica, una estafa en la que banqueros y políticos habían embaucado a la población. No se había crecido, se había generado una deuda impagable que amenazaba a la población de todo el planeta.

    La doctrina del shock

    Este documental, basado en el libro de la periodista estadounidense Naomi Klein, aborda las raíces de lo que pasó en 2008 remontándose a las teorías económicas neoliberales de Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago y a sus puestas en práctica a través de la dictadura militar chilena de Pinochet y los gobiernos de Yeltsin y Thatcher en Rusia y Reino Unido, respectivamente.

    Aunque ha sido acusado de “panfletario” siempre lo suelo recomendar como contrapunto a la información que recibimos en las últimas décadas. Y que cada cual piense luego lo que quiera.

    Uno español contra banqueros: Mis ahorros, su botín

    Quiero añadir aquí un documental español producido por la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (ADICAE) y realizado por AudioviSol, un colectivo surgido con la Acampada Sol del 15M de Madrid que trata los excesos del sector financiero y cómo los banqueros, y los bancarios, abusaron de la confianza de los clientes: Mis ahorros, su botín.

    Este filme habla de estafas, prácticas fraudulentas y delitos cometidos en España, como AVA, Gescartera, Eurobank del Mediterráneo, Terra o las preferentes.

    Mis ahorros, su botín es muy recomendable porque, además de explicar algunos de los hechos más importantes del sector financiero de nuestro país, promueve la educación financiera de los ciudadanos para que no vuelvan a ocurrir.

  • Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Hace dos viernes comencé una serie de posts sobre películas relacionadas con banqueros, la crisis económica que comenzó en 2008 y la corrupción financiera que asola el mundo entero y, cómo no, España, con nuestro particular baile de imputados.

    Aunque parece mentira, a estas alturas muchas personas no saben qué ocurrió con Lehman Brothers, las hipotecas subprime y el rescate de bancos (y cajas de ahorros en España) y la mejor y más amena de enterarse es con filmes en los que se explique de manera más o menos detallada el proceso.

    En esta serie de posts, como ya dije la semana pasada, habrá lugar para el cine español y para los documentales, que siempre son más fidedignos que las películas.

    Leviatán

    Esta película para mí es la estrella de este post. Debería haberse llevado el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, pero eso es otro tema.

    Leviatán es la triste historia de Kolia, un trabajador que vive con su mujer y el hijo de esta en una casita con taller frente al mar en Barents, al norte de Rusia, y tiene que enfrentarse a las ansias de poder del cacique de la zona, el alcalde del pueblo, un corrupto que quiere expropiarle sus bienes a toda costa.

    La atmósfera turbia e inquietante, los paisajes inhóspitos y fríos y la gran interpretación de los actores complementan esta obra maestra del cine que a su vez es espejo de otras situaciones que se viven en muchos lugares donde el poderoso siempre aplasta al débil.

    Wall Street I y II, la trama financiera

    A pesar de que esta no es precisamente la mejor película de Oliver Stone, la reseño por su continuidad con la que fue uno de los estandartes del cine de los 80, Wall Street.

    Si en 1987 Stone nos narraba la vida del yupi Gordon Gekko y su desenfreno, en esta segunda parte nos presenta a un hombre aparentemente redimido tras cumplir condena por estafa, fraude y blanqueo de dinero que da charlas sobre cómo la codicia y la corrupción financiera han llevado a la crisis económica, aunque un tiburón nunca cambia…

    Lo importante en esta película, sin embargo, es el contexto en el que se desarrollan los hechos, el año 2008, la acumulación de activos tóxicos por parte de una entidad que se va a la quiebra y con un rescate financiero en ciernes que finalmente no se concede.

    Dos días, una noche

    Aunque esta producción belga no trata directamente sobre la crisis financiera, sí entra en esta categoría porque aborda las consecuencias de la misma: los despidos, la miseria laboral y el drama de los trabajadores que se ven despedidos sin que haya apenas ofertas de trabajo.

    Dos días, una noche es la historia de Sandra, una trabajadora que tiene dos días para convencer a sus compañeros de fábrica para que renuncien a su paga extraordinaria a cambio de que ella pueda conservar su trabajo.

    Dura, por momentos agobiante y hasta cabreante, esta película aborda los aspectos negativos de la competición feroz entre compañeros de trabajo, con traiciones, negativas a ayudarla, pero también tiene, como la vida misma, atisbos de esperanza en cambios de opiniones a última hora y apoyos.

    Dos días, una noche es un filme que no podemos dejar de ver para concienciaros en la ayuda al prójimo en un momento en que la crisis financiera nos quiere llevar a la jungla.

    ¿Cuántos estaríamos dispuestos a bajarnos el sueldo para que un compañero no se quedase sin trabajo?

  • Los banqueros y la crisis económica en filmes (I Parte)

    Los banqueros y la crisis económica en filmes (I Parte)

    La crisis económica que comenzó con la quiebra de Lehman Brothers no solo está siendo una catástrofe de dimensiones épicas en cuanto a la pobreza de millones de personas, sino que ha marcado una tendencia en el cine a través de muchas películas. Estos filmes reflejan con mayor o menor crudeza la corrupción del estamento financiero y la estafa fraguada a través de malas prácticas o simplemente una concatenación de negligencias.

    Desde 2008, pistoletazo de salida de esta nueva etapa histórica, se han producido muchos filmes sobre el tema, y creo haberlos visto todos (si alguien tiene sugerencias, en comentarios, ya sabéis), así que voy a empezar una serie de posts sobre ello.

    La crisis económica en La gran apuesta

    La gran apuesta es una de esas películas que trata la crisis económica desde sus inicios al poner el dedo en su origen: las hipotecas.

    Con un reparto de escándalo (Christian Bale, el protagonista que urde la estafa, Brad Pitt, Ryan Gosling, Marisa Tomei y Steve Carell), La gran apuesta consigue explicar con sencillez y con humor el chiringuito de Burry, un especulador que hizo una fortuna con otras tres personas apostando en contra del mercado inmobiliario.

    Margin Call

    Margin Call es la historia de la noche más tensa de un grupo de estafadores trabajadores de Lehman Brothers que intentan salvar su pellejo como sea, con conductas deplorables, amenazas y todo tipo de tretas para conseguir posicionar humo a precio de mercadillo antes del hundimiento.

    Si en Titanic se nos revolvió el estómago viendo cómo se subía la burguesía a los botes mientras dejaban atrás a los demás, Margin Call nos corroe por dentro sabiendo que las consecuencias de Lehman Brothers siguen vivas y coleando.

    Y no hablemos de cómo encarnan sus papeles actores y actrices tan singulares como Kevin Spacey, Jeremy Irons, Zachary Quinto o Demi Moore.

    La maestría de Costa-Gavras

    Costa-Gavras, director franco-griego que a estas alturas no debería necesitar presentaciones, tiene un algo especial a la hora de narrar las miserias políticas y económicas, y con este tema de la crisis económica, aunque podríamos decir más filmes, no iba a quedarse quieto sin producir algo.

    Su film El capital en 2012 nos narra cómo un bancario, que no banquero, intenta llegar a la cúspide sin ningún tipo de escrúpulos.

    Con el cinismo que le caracteriza, Costa-Gavras nos hace recordar otra película suya que, a pesar de ser de 2005, resulta premonitoria en cuanto a lo que se han convertido las entrevistas de trabajo: Le couperet, donde Bruno, trabajador de gran cualificación recientemente despedido, se decide a asesinar a todos los candidatos que optan al mismo trabajo que él. Y no es nada descabellado. Yo he estado en dinámicas de grupo bastante peores.

    Y hasta aquí los filmes didáctico-festivos de hoy sobre la crisis económica. En sucesivas entregas hablaré de otros títulos, de documentales, y habrá post especial para el cine español, que tiene auténticas joyas sobre este tema.

  • Taboo: corrupción y misterio ambientados en el siglo XIX

    Taboo: corrupción y misterio ambientados en el siglo XIX

    Tan solo cuatro episodios después del estreno de esta serie de FX y BBC, me atrevo a escribir que Taboo va a ser una de las mejores apuestas televisivas del año. Una serie ambientada en principios del siglo XIX con el trasfondo de la guerra anglo-estadounidense de 1812 en la que se entremezcla el misterio, la fantasía, la brujería y la corrupción de la gestión de las Colonias por parte tanto de la monarquía británica como de la Compañía de las Indias.

    La parte histórica de Taboo

    La guerra anglo-estadounidense de 1812 enfrentó al Reino Unido y sus colonias canadienses con Estados Unidos por el control de los territorios canadienses pertenecientes al imperio británico. En ese contexto, el territorio de Nutka (Nootka en inglés) se convirtió en una de las principales zonas del conflicto, pues a través del mismo se podía acceder a las islas de Nukta, Quadra y Vancouvr, así como a la totalidad del actual Lower Mainland, en Columbia Británica y a parte de los estados de Washington, Oregón, Idaho y Montana.

    Todos estos hechos históricos son trascendentales para el desarrollo de Taboo, pues James Delany, su protagonista indiscutible, acaba de heredar ese territorio, que toma nombre de la tribu que lo habita y al que pertenece su madre, una indígena comprada por su padre en una de sus expediciones coloniales mercantiles.

    Vista de casas en el Territorio de Nutka. Viajes del Capitán Cook, 1790.

    Como el Estrecho de Nutka es crucial para saber quién va a ganar la guerra, Delany se convierte en el blanco de las conspiraciones y corrupciones de la monarquía británica, el gobierno de Estados Unidos y la Compañía de Indias, que ha adquirido tal poder que asusta a los Estados, todavía no acostumbrados (¿o deberíamos decir subyugados?) al influjo de empresas privadas de mayor tamaño y poder que ellos.

    Pero Delany no solo no se amedrenta ante los continuos intentos de soborno e, incluso, asesinato. Él ha vuelto tras unos largos años en África para enfrentarse a todas las cúpulas corruptas que hagan falta. ¿Por qué? Todavía no lo sabemos.

    Brujería y fantasía en Taboo

    Uno de los mejores ingredientes de Taboo, que además está bastante bien hilado en la serie es la fantasía en forma de brujería, misterio, poderes y seres sobrenaturales que parecen venir de la tribu de su madre.

    James Delany parece saber más que el resto de los habitantes de Londres. Puede comunicarse a través de cenizas con seres del más allá e, incluso, hacer ‘visitas’ a otras personas, como el encuentro sexual tumultuoso que tiene con su hermanastra en el cuarto episodio.

    Sí, habéis leído bien, con su hermanastra, hermana por parte de padre con la que mantenía una relación amorosa antes de abandonar Londres y comenzar sus andaduras, muchos dicen que demoniacas y caníbales, en África.

    El papel de Zilpha, interpretado por Oona Chaplin, a la que hemos visto en Juego de Tronos, Dates, Black Mirror y otras tantas series de moda, es clave para James Delany, pues parece ser la única persona sobre la faz de la tierra por la que tiene verdaderos sentimientos de amor, lo que no impide, como él mismo afirma, que esté condenada por estar cerca de él.

    Tom Hardy

    Aunque he visto multitud de series y películas en las que aparece Tom Hardy, he de confesar que nunca me había parecido especialmente reseñable (salvo en Peaky Blinders, en la que borda su papel del mafioso judío Alfie Solomons) hasta ahora.

    La brillantez de su interpretación unida al gran papel que se le ha asignado, con un personaje tan complejo e inteligente, me recuerda a la actuación de Matthew McConaughey como Rust Cohle en True Detective y cómo nos dejó de sorprendidos a todos (si bien es cierto que Tom Hardy hasta el momento ha actuado en producciones de muchísima más calidad que las de McConaughey antes de True Detective).

    Nos encontramos ante un personaje oscuro y despiadado, aunque muchísimo más honesto que los corruptos y avariciosos que tiene alrededor, que tiene un plan maestro para conseguir algo que todavía no vislumbramos, pero en lo que sí podemos afirmar que está implicada su hermanastra y amor.

    La ficción está servida y viene muy bien condimentada como para convertirse en una de las grandes series de esta temporada (y esperemos que de otras).

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?

  • BrainDead, aliens y corrupción política

    BrainDead, aliens y corrupción política

    ¡Qué título más estrafalario!, diréis quienes no hayáis visto esta última creación de CBS, el descubrimiento del verano, lo más fresquito que ha tenido mi pantalla en mucho tiempo: BrainDead, una sátira política de ciencia ficción que aúna la llegada e invasión de seres extraterrestres con una trama política de corruptelas y dinámicas de poder entre republicanos y demócratas.

    A partir de aquí, ya sabes, estás bajo tu responsabilidad.

    BrainDead, el escenario

    BrainDead se ambienta en un supuesto cierre (bloqueo institucional) del gobierno de Estados Unidos tras no haber conseguido ponerse de acuerdo entre demócratas y republicanos para aprobar el presupuesto.

    Mientras tanto, en un centro de investigación donde se analiza una roca de meteorito unos pequeños insectos comienzan a salir de ella y a esparcirse por toda la ciudad.

    Los insectos se introducen en los seres humanos a través de los oídos, matan un hemisferio entero y vuelven a su huésped un extremista de las ideas que ya tuviese previamente: si era republicano, pasaría a ser fanático de Donald Trump y de la Asociación Nacional del Rifle, bandera confederada incluida. Si era demócrata, se convertiría en un defensor de las socialdemocracias del norte de Europa, que eso en Estados Unidos equivale a declararse marxista y admirador de la Revolución Rusa.

    El humor

    Como he dicho al principio, BrainDead es una serie que aporta una originalidad y una frescura inesperada. Si digo inesperada es porque leyendo la sinopsis parece una serie malísima, aunque algunos jugamos con ventaja, y es que, en cuanto vimos que era de los creadores de The Good Wife, supimos que sería de buenísima factura.

    La aparición de actores como Zach Grenier (el codicioso y rastrero abogado de civil especializado en divorcios de The Good Wife) o Tony Shalhoub garantizaba, además, una dosis segura de excelente interpretación del sarcasmo.

    La especie invasora, además, tiene bastante sorna, reproduciéndose en flores de cerezo (el árbol insignia de la patria estadounidense) y reproduciendo sin cesar una canción de los 80. Otro de los toques de humor es, sin duda, la presentación del “previously” en forma de canción, todos ellos realizados por el cantautor geek Jonathan Coulton.

    Las convicciones políticas como infección

    Una cuestión de la que peca esta serie, como ya lo hizo en su día The Good Wife, es la de introducir ideología de una forma un tanto sutil, que podría pasar desapercibida para telespectadores que no estén atentos.

    Si ya en The Good Wife se normalizaba el nepotismo y se asumía la corrupción política como una forma de contradicción personal inocua e, incluso, graciosa, en BrainDead se inocula la idea de que las convicciones políticas pueden ser una infección. Y algunas pueden serlo, de hecho, las que conllevan la muerte y la miseria de otras personas, como lo que propone Donald Trump, pero otras, las que hablan del Estado social, los servicios públicos y una garantía de condiciones para toda la población, no.

    Que se hable de las democracias del norte de Europa en términos tan despectivos no puede hacer otra cosa que encender mi detector de propaganda. Y es que, a  pesar de toda la singularidad y la diversión que proporciona BrainDead, no hay que descuidarse ni un segundo: es propaganda política a favor de Hillary Clinton.

  • The night of: imputado en un sistema corrupto

    The night of: imputado en un sistema corrupto

    Acabo de ver The night of, una de las últimas producciones de HBO, y estoy dándole vueltas a las distintas enseñanzas que nos deja sobre el corrupto e injusto sistema policial y judicial estadounidense.

    The night of, la premisa

    La serie aborda desde una perspectiva realista la cadena de acontecimientos y protocolos (o más bien, sus fallos) que se inicia desde que se descubre un crimen, empezando por la actuación policial, el hallazgo y análisis de pruebas y terminando en la injusticia que supone en muchísimas ocasiones el juicio, que no depende de la realidad de los hechos, sino de la veracidad que sepan mostrar fiscal o abogado defensor, y de otros factores menos controlables como la composición del propio jurado popular.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    En The night of se parte de una premisa un tanto inverosímil, lo que en mi humildísima opinión, es un error porque cuesta mucho seguir con la historia: una rica y guapa joven de ‘ventipocos’ se sube en un taxi por la noche y le dice al taxista, un joven de origen pakistaní que había sustraído a su padre el  cochepara poder ir de fiesta al centro, que la lleve a la playa, donde le suministra drogas y se enrolla con él.

    Acto seguido se lo lleva a su casa, continúan drogándose y, cuando él se despierta de haber caído casi en coma por la ketamina consumida, ve que la han asesinado a cuchilladas y se va. En su camino con el taxi le para la policía, lo detienen y ve desde el asiento de detenidos cómo los mismos que lo han parado hallan el cuerpo de la chica.

    A partir de aquí, haciendo de tripas corazón e intentando creer esta historia rocambolesca porque la crítica la ponía bastante bien, comienza lo interesante del asunto: el trabajo policial y fiscal, que tiene fallos garrafales por confiar en la culpabilidad del joven, siendo determinante para ello que sea musulmán de origen pakistaní.

    La falta de presupuesto de la administración judicial

    Una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo se expone abiertamente que ni fiscal ni abogado defensor quieren llegar a juicio. El segundo, por motivos obvios de conseguir un buen pacto para su cliente, pero el primero por algo más retorcido: ahorrar a la administración.

    Las consecuencias que describe de un posible juicio y cómo se van a cabrear jueces y administradores por haber llegado a hacer tal gasto nos hace pensar que eso de las garantías procesales y de que todo el mundo tiene derecho a juicio (ya no a ganarlo, sino simplemente a que se celebre) es puro cuento.

    Pese a todo, el joven Naz quiere seguir adelante porque está convencido de su inocencia y quiere demostrarlo, empezando por sus padres, trabajadores honestos que para pagar al abogado tienen que vender todo lo que han ganado después de muchos años esforzándose.

    El camino al juicio en prisión provisional también le cuesta a Naz el resto de la inocencia que le quedaba, pues, como ya sabemos, y no solo por grandes series, la cárcel es el lugar idóneo para subsistir a cualquier precio.

    El abogado

    Si algo tiene de especial The night of es la elección de uno de sus personajes principales: John Turturro es el abogado de Naz (Riz Ahmed), y lo borda, para variar.

    Jack Stone es un personaje gris y un abogado mediocre acostumbrado a llevar casos de poca monta que al ver a Nasir Khan en el calabozo no solo ve a un hombre inocente, como dice ante el jurado, sino la oportunidad de oro para ascender y tener un caso importante.

    Es curioso e interesante ver cómo en esta serie no hay héroes, sino personajes con motivaciones nada nobles que, por una causa u otra, cometen errores y a la vez actúan de manera noble según las circunstancias.

    El personaje de Stone tiene una característica bastante peculiar y pintoresca, que es padecer dermatitis atópica con brotes agudos en los pies, lo que hace que su presencia sea desagradable tanto para sus colegas y allegados de profesión como para los familiares y conocidos con los que trata en su vida personal.

    Las inverosimilitudes

    Aunque es una serie que me ha gustado en su mayoría, no quiero cerrar este post sin señalar que hay unos cuantos aspectos que o bien incurren en inverosimilitudes casi imperdonables, o bien están mal escritos directamente, y todos ellos están relacionados con historias de amor.

    Ni el punto de partida ni el affaire con la abogada resultan creíbles. Faltan pasos previos o se producen saltos cualitativos demasiado grandes y graves como para asumirlos sin la más mínima crítica.

    He hecho muchos spoilers ya y no quiero destripar todavía más la serie, pero si habéis llegado hasta aquí, recordad esto que comento ahora: una abogada no va a arriesgar de semejante manera su carrera por alguien si previamente no ha habido más conexión que la que muestra la serie.

    Por eso, como The night of merece la pena en general, lo mejor es apartar el lado romántico que intentan introducirle con calzador y quedarse con el tema policial y judicial, que es su verdadera enjundia.

  • The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    Tras escribir sobre Show me a hero y Treme, hoy le toca el turno a otra de las producciones de David Simon, la más conocida, la más extensa y seguramente la más impactante: The Wire, la serie en la que la corrupción estatal generalizada y endémica a todos los niveles es la indiscutible protagonista.

    The Wire, incatalogable

    Conozco a un montón de personas que se resisten a ver The Wire solo porque la consideran “otra serie policiaca más” cuando si algo puede decirse de ella es que es imposible etiquetarla dentro de un género.

    The Wire es drama, es política, es realismo social, es periodismo y, sobre todo, es una composición pentaédrica sobre un mismo tema visto desde distintos lados: cómo la corrupción afecta a los distintos estratos de la sociedad en una misma ciudad, Baltimore.

    En las cinco brillantes temporadas que la componen observamos este tema tratado desde diferentes perspectivas: en la primera vemos la incapacidad y los errores de la policía a la hora de enfrentar los problemas derivados del abuso de drogas en las viviendas sociales de gente pobre y marginal. En la segunda aparece retratado el contrabando de mercancías y drogas en el puerto. La tercera se centra en los políticos, las luchas de poder y la financiación, que se entrelaza con las dos anteriores.

    En una cuarta entrega podemos ver cómo se degrada la educación pública de manera que la pobreza que se ve reflejada en las otras temporadas se convierte en un determinismo social causado por la propia corrupción del sistema.

    La crítica a los medios

    La quinta y última temporada de The Wire aborda el tema de los medios de comunicación desde un punto de vista un tanto original. La serie incide en que son empresas privadas que buscan el máximo beneficio a costa de recortar en recursos, lo que hace que las personas que más deberían estar alerta para denunciar la corrupción y los crímenes cometidos por altas instancias no puedan dedicarse a ello y sean meros relaciones públicas de los poderosos, mintiendo si hace falta con tal de poder pagar sus facturas.

    No en vano, Simon fue reportero en The Baltimore Sun y durante sus años en el periódico tuvo que hablar en innumerables ocasiones de los crímenes, la pobreza, los conflictos racistas y la desigualdad en una ciudad azotada por la desindustrialización hasta que “unos hijos de puta [un grupo multimedia estadounidense] compraron el periódico y dejó de ser divertido”.

    Y con este descreimiento de los medios de comunicación él mismo ha creado la mejor narrativa periodística sobre Baltimore (y sobre la sociedad estadounidense en general) jamás escrita.

    “Que se joda el espectador medio”

    El propio Simon señaló hace tiempo a un periodista que la premisa que había seguido para desarrollar su proyecto era “Solo una: que se joda el espectador medio”, y eso es algo que aquellos que disfrutamos cuando los guionistas de una obra nos tratan como seres inteligentes (ENLACE OINTB) tenemos que agradecerle.

    Porque cuando dedicas mucho tiempo a una serie esperas que esté escrita con mimo, considerándote una persona con inquietudes y que no caiga en el simplismo. Y todo eso lo tiene The Wire, probablemente una de las mejores series de la historia en la que lo político, social y económico también se combina perfectamente con el lado humano: el amor, el odio, la compasión, la amistad, la traición…

    Actores

    Un factor importante que es necesario reseñar al hablar de The Wire son sus actores, algunos de ellos recurrentes en las producciones de David Simon, que han dado vida a otros personajes de series como The Corner o Treme, como Clarke Peters (Lester Freamon en The Wire, Robert Mayhawk en Show me a hero y Albert Lambreaux en Treme), y algunos de los cuales están muy concienciados con mejorar el mundo que les rodea.

    Uno de ellos es Wendell Pierce, que encarna al Detective Bunk Moreland, que ha invertido 20 millones de dólares en un complejo de apartamentos en Baltimore con el objetivo de crear empleos tanto en la construcción del mismo como después, pues ha reservado un porcentaje para los artistas locales, que también podrán exhibir sus obras en las galerías con las que contará el edificio.

    Personajes

    Pero si algo destaca de la serie es el carisma de sus personajes. Desde Omar, un ladrón gay regido por su propio sistema de valores e interpretado por Michael Kenneth Williams, actor que dio vida a Chalky White, otro personaje muy complejo de la serie Boardwalk Empire, hasta Stringer Bell, un criminal con afán de trepar e inmiscuirse en las capas más altas de la sociedad y al que Idris Elba dota de una excelentísima interpretación, pasando por el Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), todos y cada uno de los caracteres de The Wire tienen su propia e indiscutible personalidad y complejidad.

    Todos los personajes rezuman realismo, y es que algunos de ellos se inspiran en personas reales, como Omar Little, que se basa en Larry Donnel Andrews, un criminal de Baltimore que tenía entre sus reglas éticas no involucrar nunca a mujeres y niños.

    Y es que, como hemos dicho a lo largo de todo este post, el realismo de The Wire, y en general de todas las series de David Simon, la convierte en un género periodístico en sí mismo. Un género ficcional que, sin embargo, ha demostrado merecer mayor credibilidad que gran parte de los artículos y reportajes que vemos a diario en los medios.

  • Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    No hay nada más placentero para un seriéfilo que ver series en las que los guionistas tratan a los espectadores como seres inteligentes. Que no es que rechace ver algún que otro bodrio o producciones que son mero entretenimiento, pero cuando uno se topa con maravillas como Orange Is The New Black (también abreviado como OITNB), la serie más crítica sobre la estafa de la cárcel jamás escrita, no puede sino alegrarse y hacerle ovaciones.

    Tres días es lo que he tardado en terminar la cuarta y hasta ahora mejor temporada de esta tragicomedia basada en el libro autobiográfico Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison de Piper Kerman, protagonista de la serie hasta la tercera temporada (en esta cuarta se relega a un papel coral como el resto de sus compañeras reclusas, algo que se agradece, ya que su personaje podría agotarse).

    Humanidad en OITNB

    Si algo puede resultarme cercano y admirable de Orange Is The New Black es su esfuerzo por mostrar el lado más humano de todas las personas que están en prisión, empezando por las presas, que no son villanas sin más, como se pretende mostrar en muchísimas series y películas de forma maniquea, sino seres humanos a los que una serie de condiciones objetivas y subjetivas han llevado a estar donde están.

    Una de las frases más repetidas en esta temporada es “I´m a person” (“soy una persona”) y esa es una moraleja que todo el mundo debería extraer de esta serie, además de otras que describiremos más adelante. Porque humanizando a los presos podremos empezar a entender que la cárcel, tal y como está contemplada ahora mismo, no está orientada a su fin teórico de rehabilitación, sino a castigar y marcar de por vida sin posibilidad de volver a la sociedad.

    Asimismo, mostrar con naturalidad las relaciones homosexuales desmitifica el estereotipo que se suele difundir con respecto a la sexualidad en las prisiones, al margen de que haya violaciones, especialmente en países como Estados Unidos.

    Humor en la cárcel

    Las situaciones cómicas de OITNB, además de suponer un contrapunto necesario para descargar el drama, persiguen mostrarnos a las presas como seríamos cualquiera de nosotros: personas que buscan contacto humano y que intentan pasar el tiempo de condena de la mejor forma posible, haciendo amistades y riéndose de las adversidades.

    Las carcajadas en momentos de máxima tensión, o cómo unas presas pueden parecer indiferentes y hasta bromear en pleno sufrimiento de otras que no consideran tan cercanas, o incluso de las más cercanas, es un excelente reflejo realista de lo que es la vida en sí misma, porque el sarcasmo a veces es la última defensa ante las adversidades e injusticias.

    La corrupción del sistema penitenciario

    Uno de los puntos más importantes de OITNB es su denuncia política. Desde que comenzó la primera temporada vimos injusticias con numerosas presas, como la propia protagonista, que termina en prisión cuando ha rehecho su vida y ya no se dedica en absoluto a los delitos de los que se le acusa. Hemos visto también cómo en su mayoría se trata de personas que nacen y crecen en ambientes marginales y familias desestructuradas, lo que revela el determinismo social del que nadie quiere hablar en esta sociedad de liberales y coaches que afirman que todos podemos llegar a la cúspide de la pirámide.

    Pero la principal denuncia social de Orange Is The New Black es la corrupción que envuelve a todo el mundo penitenciario, desde el último carcelero hasta el director de la prisión, con un protagonista importante que en Estados Unidos supone un grave problema para los derechos fundamentales y que aquí hay quien quiere importar: la gestión privada de las prisiones.

    Para ser un país en el que desde cualquiera de las dos ramas políticas bipartidistas hablar de lo público sea casi como ser el mayor comunista del planeta (en el sentido más peyorativo), la serie aborda de manera magistral los peligros de que las cárceles se conviertan en negocio y las presas a la vez en recursos humanos y mercancía.

    Desde la explotación laboral por parte de terceras empresas (algo que sí que ya tenemos en España) hasta la violación de derechos fundamentales como el de los familiares a saber en todo momento si su presa se encuentra viva y sana, en OITNB se plasma el impacto de convertir las prisiones en empresas que buscan ganar dinero (del erario público) y reducir costes.

    La imposibilidad de compaginar humanidad y ser carcelero

    En esta vorágine de injusticias que recaen sobre las presas, como que por recortes ya no tengan derecho a compresas, que se masifiquen las cárceles hasta resultar insalubres e inhabitables, o que la comida sea indigna para un ser humano, ser funcionario de prisiones se hace cada vez más incompatible (aunque no sé si alguna vez lo fue) con mostrar humanidad y afabilidad con los reclusos (en este caso, reclusas).

    Durante estas cuatro temporadas hemos visto todo tipo de perfiles de carcelero: desde el vago que no ha querido estudiar y ha decidido dedicarse a eso “por tener algo” hasta el motivado que cree que él va a cambiar el sistema y va a ser bueno con las presas, pero finalmente termina haciéndoles más daño que los que van de frente porque sucumbe de malas maneras y traicioneramente a los requerimientos de la empresa o de su propia necesidad de salvarse a sí mismo.

    Y es que en una prisión jamás puede establecerse una relación de igualdad entre preso y carcelero. Por mucho que este último quiera acercarse y mostrarse como amigo o confidente, siempre llega el momento en el que muestra su autoridad y cuál es la jerarquía que rige sus relaciones.

    En esta última temporada este tema se muestra de manera mucho más directa con la contratación de veteranos de guerra a precio de saldo y con bonificaciones por parte del Estado para la empresa, algo que, sin ánimo de hacer spoiler, seguro que ya os sugiere la palabra “tragedia”.

    Y cierro ya, aunque me quedan muchas cosas en el tintero de esta última temporada: los conflictos racistas, el trato diferencial y deferencial a los presos ricos y famosos, la barbarie a la que se enfrentan los reclusos con enfermedades mentales y necesidad de tratamiento psiquiátrico y un sinfín de temas que se tejen de manera invisiblemente maestra y hacen de esta serie una obra inteligente que dan ganas de volver a ver nada más terminarla.