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  • Chernobyl, terror psicológico y ficción política

    Chernobyl, terror psicológico y ficción política

    No podía dejar pasar un solo día más sin escribir sobre Chernobyl, la serie más aclamada de 2019 hasta la fecha (yo mantengo la esperanza en la segunda temporada de Big Little Lies), aunque también hay que decir que la estafa de final de Juego de Tronos se lo ha puesto fácil.

    Chernobyl, serie histórica

    Chernobyl, para quien todavía no lo sepa, es una coproducción de HBO y Sky creada por Craig Mazin sobre los sucesos acontecidos tras el accidente nuclear que sucedió en la Unión Soviética en abril de 1986.

    Para quienes recordamos vívidamente aquel año y las noticias terribles que abrían cada día los telediarios, con la temible lluvia ácida y la nube radiactiva que amenazaba distintos lugares de Europa en función del viento, Chernobyl es un viaje en el tiempo.

    Chernobyl RTVE
    Todos los nacidos antes del 80 recordaréis estas imágenes con las predicciones meteorológicas que supuestamente nos iban a avisar de si íbamos a morir por lluvia ácida.

    Las imágenes de los helicópteros sobrevolando la planta, las manifestaciones contra la energía nuclear, los tractores removiendo la tierra y las mujeres ucranianas acudiendo al reparto de comida forman parte de nuestra memoria, de un trauma colectivo que esta producción televisiva revive.

    En este sentido, Chernobyl es una serie histórica que narra los pasos que se dieron para tratar de contener el desastre que podría haber dejado toda Europa contaminada, en la peor de las hambrunas, y a sus ciudadanos, nosotros, envenenados y enfermos.

    Mineros desnudos en Chernobyl
    Bellísima y terrorífica escena de la serie con los mineros desnudos por el calor mientras cavaban un túnel para sellar la central nuclear.

    Chernobyl, la ficción

    Pero Chernobyl, al fin y al cabo, es una serie, coproducción estadounidense – británica, lo que hace que en ciertas partes se hayan dejado llevar por diálogos excesivamente fantasiosos o fuera de lugar que recuerdan a otra de las cuestiones que marcaban el día a día político allá en los 80: la Guerra Fría.

    No pongo en duda que la URSS de la época estuviera afectada por la corrupción y una burocracia un tanto inoperativa, corrupta y negligente que no tomó decisiones correctas y que, pudiendo haber salvado muchas vidas, no lo hizo por proteger sus propios intereses.

    Ahora bien, cuesta creer (y aquí empiezan los spoilers, ojito, no digáis que no avisé) que en mitad de la noche, con la central nuclear ardiendo y en la primera reunión que mantienen los responsables de la central nuclear de Chernobyl con políticos de rango locales se dé un discurso en el que se viene a decir “camaradas, cortad las comunicaciones por Lenin, él así lo hubiera querido”. Sí, no fueron estas palabras exactas, pero ese es el resumen de una intervención que parece más una caricatura que otra cosa.

    Y detalles como este hay unos cuantos. Desde enfermeras que sucumben a la corrupción y dejan pasar al área de quemados radioactivos del hospital de Moscú a chicas que les dejan un billetito en el mostrador hasta la censura a la mayor parte de las publicaciones científicas que una de las protagonistas necesita revisar para saber qué ha pasado con el reactor de la central.

     

     

    Corrupción en la URSS
    Corrupción en la URSS: ni las enfermeras se salvan.
    Formas divertidas de tratar la corrupción
    En esta otra escena sí consiguieron tratar la corrupción y la separación de los burócratas y los trabajadores de una forma más natural.

    Chernobyl, la estafa

    Mención especial merece el trato que dan a los “liquidadores”, los cientos de miles de soviéticos que trabajaron durante meses y meses para minimizar los daños del accidente. Porque en la miniserie de HBO y Sky sobre Chernobyl se pretende consolidar la teoría, falsa, de que todos esos hombres y mujeres eran unos ignorantes a la par que ignoraban qué estaba sucediendo allí cuando no fue en absoluto así (aunque esto mejor se lo leéis a La Pizarra de Yuri, que lo explica requetebien).

    Difícilmente podré olvidar ya esa secuencia de la serie en la que Valeri Legásov y Boris Shcherbina piden a Mijaíl Gorbachov “permiso para matar a tres hombres”, los tres héroes de los que habla el blog que os he recomendado.

    Otro diálogo innecesario de Chernobyl
    Este tipo de diálogos restan verosimilitud y calidad a la serie. No eran necesarios.

    ¿De verdad era necesaria toda esta burda propaganda? ¿No está la URSS ya más que liquidada y amortizada?

    Molesta bastante que una serie tan bien rodada, con tan buenos actores, excelente fotografía y un ritmo magnífico (que bebe directamente de Andrei Tarkovsky) caiga en estos diálogos simplones y publicitarios propios de producciones mediocres como The Americans (hala, ya lo he dicho).

    BSO de Chernobyl

    Por continuar con lo positivo, junto con la fotografía y el ritmo, e inevitablemente relacionada con ambos, se encuentra la banda sonora original de la serie, responsabilidad de la violonchelista islandesa Hildur Gudnadóttir, a la que algunos ya conocemos de otras producciones televisivas como Trapped o The Oath.

    Gudnadóttir ha compuesto en colaboración con Chris Watson y Sam Slater los sonidos que acompañan Chernobyl desde la central nuclear donde se ha rodado parte de la serie, la lituana Ignalia, ‘hermana’ de la central donde en 1986 tuvo lugar el terrible accidente que narra la serie.

    Las puertas, las salas de los reactores y las turbinas han sido sus recursos sonoros para elaborar una de las partes de Chernobyl que más sensación de realidad, y miedo, provoca en el espectador.

    Terroríficas imágenes de un entierro
    Terroríficas imágenes en las que se ve cómo se enterraban los cuerpos de los fallecidos por la radiactividad de Chernobyl.
  • Peaky Blinders, más política que nunca

    Peaky Blinders, más política que nunca

    Recién terminada la tercera temporada de Peaky Blinders, el drama histórico que versa sobre la familia de mafiosos del mismo nombre establecidos en Birmingham en la segunda década de 1900, solo puedo decir que esta entrega ha superado con creces la calidad de guion de las anteriores, que ya fueron magníficas.

    La excelencia de Peaky Blinders

    La calidad de fotografía y producción se mantiene, cambiando los escenarios de las sucias calles azotadas por la pobreza tras la I Guerra Mundial por la majestuosa mansión de Tommy Shelby y los palacios de otros personajes que han irrumpido y de los que hablaremos más adelante.

    Asimismo, la banda sonora continúa su senda de originalidad al introducir géneros como el rock, el indie e incluso el post-punk y el gótico para ambientar una época histórica previa al descubrimiento de los mismos. (En otra ocasión trataremos The Knick, otra genialidad por muchas razones, entre ellas también por la innovación en la música).

    Al comienzo del quinto episodio nos encontramos, incluso, con un muy bien traído tributo al último disco de David Bowie, que, según narra la prensa inglesa, admiraba tanto la serie que pidió que se utilizara su música. Y es que David Bowie y Peaky Blinders ya tenían historia previa, pues Cillian Murphy, el actor que da vida a Tommy Shelby, le envió una de sus capas al enterarse de que le encantaba la serie.

    Quizá este gusto por la música y la estética que haya que alabar también tenga su contrapunto, ya que hay momentos de la serie en los que, siendo honestos, sobran las escenas de los Peaky Blinders caminando con elegancia matona mientras suena buena música de fondo. Pero también puede ser que yo soy muy quisquilloso.

    A partir de aquí, ya sabéis, me pongo a destripar.

    La guerra contra el comunismo

    En esta temporada hemos visto a Tommy Shelby enfrentarse a una antigua deuda con Winston Churchill por haber salvado su vida. Esta deuda, por supuesto, incluía que la familia de gángsters se hiciese cargo de los trabajos sucios de la guerra contra el comunismo que la opinión pública no podía conocer: cometer un atentado en suelo británico del que poder culpar a los soviéticos para entrar en guerra con ellos.

    Los Peaky Blinders se sitúan en este contexto histórico dentro de lo que Karl Marx y Friedrich Engels consideraban lumpenproletariado, la capa más baja de la sociedad, los marginados que para los padres del comunismo suponían un peligro, pues sus ansias de dinero y su falta de conciencia política los llevaba a aliarse con la aristocracia y la burguesía, dañando al proletariado.

    En este sentido podría decirse que esta tercera temporada de la serie tiene un enfoque marxista, y no solo por el retrato de esta clase social, sino también por cómo dibujan a la aristocracia rusa en el exilio como un grupo de depravados sexuales y a la burguesía inglesa que lucha contra la revolución rusa como unos asesinos sin escrúpulos.

    Mención especial merece el Padre Hughes, representante de la organización derechista “La Liga Económica”, a la que también se refieren como “Comité de Vigilancia” y “Sección D”, un pederasta que utiliza los orfanatos como mercado de niños y que no duda en extender sus tentáculos al que acaba de crear Tommy Shelby en su continua necesidad de ascender socialmente y pertenecer a la clase alta inglesa.

    Porque la tercera temporada es también la narración del determinismo social, de cómo los Shelby, por más que su líder intente blanquear sus negocios y entrar en los clubes más selectos de la sociedad inglesa, se encuentran con el clasismo y la barrera invisible que impide ascender de clase y estatus social aunque hayas conseguido llenar tus arcas y comprar una mansión y caigas de igual manera en la corrupción.

    Las mujeres

    Como en anteriores entregas, en estos seis episodios hemos visto las vicisitudes de las mujeres, tanto Peaky Blinders como de otras procedencias, que se enfrentan a las trabas y el machismo de la época.

    Destaca especialmente el personaje de Polly, que conoce a un misterioso pintor con el que termina teniendo una relación a pesar de sus inseguridades y de las prohibiciones que el patriarca Tommy Shelby quiere imponerle.

    La familia

    Y, cómo no, no puedo terminar esta reseña de la tercera temporada de Peaky Blinders sin hablar de las ataduras familiares que obligan a los Shelby a permanecer fieles a su líder, aunque se comporte de manera errática y cometa equivocaciones. Pero el episodio final, con una traición de dimensiones épicas, deja la puerta abierta a un giro de guion y una venganza de los sometidos.