Tag: Transparent

  • Musical decepcionante para cerrar Transparent

    Musical decepcionante para cerrar Transparent

    Llevaba tanto tiempo esperando la nueva temporada de Transparent que, tras haber visto su cierre, un musical bastante salido de tiesto, no por lo innovador, sino por lo ridículo, no puedo evitar tener sentimientos que oscilan entra la decepción y la estafa.

    Un final triste sin el personaje principal

    Los seguidores de Transparent sabíamos que nos íbamos a encontrar con un final un tanto extraño y difícil de resolver al no poder contar con el actor principal, Jeffrey Tambor, despedido por Amazon y la creadora de la serie, Jill Soloway, tras las denuncias de dos de sus compañeras por un presunto acoso sexual.

    La primera denuncia se produjo en noviembre del año pasado, por parte de Van Barnes, exasistente de Tambor y actriz transexual, que aseguró que este la había toqueteado. Una semana después, la actriz transexual Trace Lysset lo acusó de comentarios sexuales y haber presionado su ingle contra ella.

    Por su parte, Tambor, que continúa negando todas las acusaciones, señaló que temía por la serie “que tantas vidas ha cambiado”.

    Sin posicionarme hasta que un juez lo haga, y yendo por delante la necesidad de que los ambientes de trabajo estén limpios de toda duda u ofensa sexual, tengo que afirmar que Tambor estaba en lo cierto con sus temores. El final de Transparent no ha podido ser más decepcionante, y encima en forma de musical.

    ¿Por qué un musical?

    Parece ser que Jill Soloway optó por el formato musical al ver muy complicado resolver las tramas sin el personaje de Maura, que da sentido y continuidad a la serie (trans-parent). Y, viendo los resultados, está claro que se equivocó.

    A partir de aquí, SPOILERS, quedáis avisados.

    No sigas a partir de aquí si no quieres que te estropee la serie.
    No sigas a partir de aquí si no quieres que te estropee la serie.

    La apertura de este casi largometraje conclusivo no podría empezar de manera más desilusionante: con una canción pésima sobre el tráfico de Sepúlveda Bulevard de Los Ángeles. Mal cantada, con una letra mediocre y que no transmite nada.

    A lo largo de todo el episodio apenas se logra esbozar alguna sonrisa, pero casi más por lo que el espectador le debe a la serie entera que por lo que los diálogos logren impactar.

    Un musical malo

    Escenas forzadas, como un ataúd que se abre hacia el lado contrario a la cámara para que no podamos ver a la inexistente y despedida Maura, una nada convincente canción para expresar que esta deja su casa en Los Ángeles a su amiga Davina en lugar de a sus hijos, o la obra de teatro de Shelley, en la que los actores que encarnan a los hijos coinciden con ellos de una manera caricaturizada, irrespetuosa con lo que ha sido Transparent desde el principio.

     

    estafa forma de poner el ataud
    ¿De verdad no se podía resolver mejor la ausencia de Jeffrey Tambor que con esta escena absurda?
    Final estafa de Transparent
    Las canciones del musical son realmente mediocres, y la interpretación, casi más.

    Resolver todo el espectro que de emociones y pensamientos que generaba Transparent con un puñado de canciones mal escritas y pésimamente interpretadas es la peor forma de despedir la serie, una estafa a sus admiradores, que esperábamos la calidad de temporadas anteriores y que no se insultase a nuestra inteligencia.

    Otra serie más a añadir al listado de finales estafa.

  • Aciertos y olvidos en las nominaciones de los Emmy 2018

    Aciertos y olvidos en las nominaciones de los Emmy 2018

    Llegan las nominaciones de los Emmy 2018 y con ellas, supuestamente, los reconocimientos a los mejores trabajos y trabajadores de las series, pero, además de los consabidos aciertos, siempre hay amargos olvidos.

    Aciertos de los Emmy 2018

    Hay que señalar que, si el año anterior fueron una estafa por las omisiones de The Leftovers (todavía me duele), The Young Pope o Transparent en este hay bastantes más aciertos (no puedo cerrar este párrafo sin acordarme de que otro de los aciertos de 2017 fue premiar con hasta 8 estatuillas a Big Little Lies).

    Entre lo que considero buenas apreciaciones, con las que coincido plenamente, por parte del jurado están las chorrocientas nominaciones a Westworld y The handmaid´s tale, que se constituyen como triunfadoras del año.

    Desaciertos de los Emmy 2018

    No estoy tan de acuerdo con todas las nominaciones a This is Us, pues la trama me resulta demasiado ñoña y los actores, muy forzados, ni tampoco con dar ningún reconocimiento especial a la última temporada de Game of thrones que, como señalé en este blog hace casi un año, es un fraude sin George RR. Martin.

    En la categoría de sobrevalorados de los Emmy también incluiría Stranger Things, que continúa estirando el desgastado e insípido chicle de la nostalgia por las películas mediocres de aventuras de los 80, y The Americans, la serie que parece sacada de un documento de propaganda estadounidense durante la Guerra Fría.

    En esta misma línea también me resulta incómodo que a estas alturas sigan repartiendo nominaciones a otra serie propagandística y larga como un día sin pan como es Homeland.

    Los grandes olvidados

    Pero, más que los nominados que no deberían estar en ese listado duelen los olvidados, las grandes series y los grandes actores y actrices que no van siquiera a sentir el gusanillo de tener un reconocimiento en forma de nominación por su excelente trabajo.

    En este epígrafe tengo que incluir obligatoriamente POSE, la maravillosa serie de Ryan Murphy para HBO sobre la cultura ball y las vicisitudes de la vida LGTBIQ en Nueva York durante los años 80. POSE cuenta con un guion brillante que podría haberla incluido entre los mejores dramas de 2018, así como con un reparto de actores y actrices de auténtico escándalo, creíbles, soberbios.

    No quiero pensar mal, pero a ver si va a tener algo que ver el hecho de que cinco actrices trans protagonicen la serie para que desde los Emmy no se les quiera dar ningún tipo de reconocimiento.

    Otra serie que me gustaría que se incluyese, y esta vez quizá se haga para el año que viene porque también es cierto que se ha estrenado en muy mala fecha para llegar a las nominaciones es Sharp Objects, thriller que, aunque con trama muy distinta, recuerda a Big Little Lies por su oscuridad y la forma de tratamiento de los traumas que atormentan a su protagonista.

    Veremos qué galardones se conceden al final y con cuáles estamos de acuerdo o no, pero a estas dos grandes series no las veremos premiadas por los Emmy 2018.

  • Series contra la política de Trump

    Series contra la política de Trump

    La política de Trump está inspirando como nunca a los guionistas de las series, que escriben sin parar episodios en los que se denuncia y se ridiculiza al presidente de los Estados Unidos por sus continuas declaraciones y medidas racistas, machistas, homófobas, tránsfobas y belicistas.

    La política de Trump como inspiración

    La primera de las series que he visto con esta temática política fue The good fight, el spin-off de The good wife. Ambas producciones tratan sobre las estafas financieras y la corrupción política, respectivamente, que rodean a bufetes de Chicago y están protagonizadas por personajes que confiesan abiertamente su concordancia con las ideas liberales del Partido Demócrata.

    La apertura de The good fight no podría suponer mayor declaración de intenciones, con las tensiones políticas y sociales que el gobierno de Trump está suponiendo y una Diane Lockhart consternada por el triunfo de su mayor pesadilla política.

    Transparent contra Trump

    La cuarta y hasta el momento última temporada de Transparent, la maravillosa historia del profesor Mort que, con sus hijos ya mayores, decide realizar el cambio de género que siempre ha soñado, también ha tenido un cariz más político que anteriores.

    En su presentación Amazon añadió una carta de uno de sus creadores diciendo, entre otras cosas, “compartir este trabajo en medio del continuo ataque del Presidente Trump a la comunidad transgénero resulta doloroso. Todo el equipo está consternado con la publicación de un tweet de Trump informando de que las personas trans no podrán servir en ningún área del servicio militar americano. Condenamos la amenaza a aproximadamente 15.000 personas trans en activo y 134.000 veteranos de negarles su derecho a la dignidad, el respeto y la seguridad que merecen.”

    Nuevas series contra la política de Trump

    La política de Trump está alimentando tanto la creación audiovisual y los deseos de denunciar la situación que en estos momentos ya hay varias series en producción y con previsión de futura emisión de series específicas como Welcome to Maine, una comedia de CBS sobre una familia asentada desde hace nueve generaciones en Maine y un inmigrante recién llegado y su hija.

    La protagonista de Jane the Virgin, Gina Rodríguez, por su parte, producirá dos series sobre inmigrantes: Illegal, comedia dramática sobre la familia de un adolescente afectado por la eliminación del DACA (programa de Acción Deferida para los Llegados durante la Infancia que había protegido de la expulsión a 800.000 inmigrantes indocumentados) y Have Mercy, drama médico para CBS sobre una doctora latina que, al no poder encontrar trabajo en Miami como médica tras emigrar, termina aceptando un puesto como asistente de enfermería y abre a su vez una clínica ilegal en su domicilio para atender a su comunidad.

    Showtime ha anunciado, asimismo, una serie de dibujos animados sobre Donald Trump producida por la propia CBS, que parece entregada a la causa, bajo la dirección y producción de Stephen Colbert, presentación del famoso The Late Show.

    La vagina contra Trump

    Pero, sin duda, la denuncia más hilarante y, en mi opinión, mejor planteada es la que se hace en Broad City, la comedia creada y protagonizada por Illana Glazer y Abbi Jacobson en la que narran las esperpénticas y aun así verosímiles andanzas de dos jóvenes precarias en Nueva York desde un punto de vista muy liberal en cuanto a las relaciones sexuales y afectivas y al consumo de estupefacientes.

    A lo largo de la segunda temporada se va planteando que Illana le pasa ‘algo’ que no le permite mantener relaciones placenteras. Sucesivos fallos y desastres desencadenan que vaya a una asesora sexual para descubrir que no ha podido tener un orgasmo desde que ganó Donald Trump las elecciones.

    La sexóloga, un personaje también muy cómico, en la línea de lo que acostumbra Broad City, la motiva para vencer la fobia a Trump y excitarse pensando en todas las mujeres que le están haciendo frente en una escena que ha entrado directa a mi top ten de momentos desternillantes en las series.

    Queda todavía tiempo de mandato de Trump. Nos puede llevar a la tercera guerra mundial, esperemos que no, pero mientras tanto disfrutaremos de todas estas creaciones que ha inspirado.

  • La estafa de los Premios Emmy

    La estafa de los Premios Emmy

    Un año más los Premios Emmy nos sorprenden, para mal, olvidándose grandísimas producciones y excelentísimos actores y actrices que merecerían, si no llevarse una estatuilla, al menos estar nominados para ella.

    Si en 2016 lamentábamos la ausencia de The Knick, Transparent y Orange is the new black, en 2017 lloramos que no se encuentren algunas de las series que más han aportado en los últimos meses.

    El destierro que más duele

    De entre todas las omisiones que ha habido en las nominaciones a los Emmy la que más se están extrañando es la de The Leftovers, absoluta genialidad televisiva imposible de catalogar ni etiquetar en ningún género específico y que ha dejado el listón muy alto para producciones venideras.

    Como admirador, qué digo admirador, fanático de la serie, me siento insultado ante la negación de lo evidente y solo puedo pensar que el jurado de estos Premios Emmy o no tiene ni idea (sí, para soberbio, yo) o está influido por luchas intestinas entre productoras (semejante atrocidad despierta mi lado más ‘conspiranoico’).

    Grandes que se quedan sin Emmy

    Otra grandísima ausencia es la de The Young Pope, una serie en la que la estética está cuidada de manera tan detallista que muchas de las escenas parecen coreografías, bailes de cardenales, monjas y laicos en torno a uno de los personajes mejor construidos e interpretados como es el del Papa Lenny Belardo.

    Magnífico Jude Law y digno de un Emmy y mucho más, y magnífico Paolo Sorrentino atreviéndose con una sátira sobre una de las figuras más controvertidas y menos criticadas y exploradas cinematográficamente de todos los tiempos, el Papa.

    Similar estupefacción causa que no esté presente Ed Harris por Westworld que, sin embargo, sí ha obtenido sus nominaciones (Anthony Hopkins y Jeffrey Wright). Ed Harris ha sido uno de los pilares de la calidad de esta maravilla scifi a la que algún día dedicaré un post y se merecía un premio, o una nominación, igual que su compañero de reparto en Enemigo a las puertas, Jude Law, como he dicho más arriba.

    Este año también tengo que lamentar que Transparent no pueda competir por el premio a la mejor comedia y lo mismo me ocurre con The Good Fight, aunque hay quien no la etiquetaría dentro de este género.

    Igualmente me sorprende que no se haya mencionado American Gods y la magnífica interpretación de Ian McShane, al que siempre recordaré con cariño y devoción por su papel en Deadwood.

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?