Tag: machismo

  • The handmaid´s tale, distopía verosímil

    The handmaid´s tale, distopía verosímil

    Una de las cosas que más pueden espantar de una distopía es la verosimilitud de la misma, que pueda ser algo que ocurra o que, incluso, ya haya sucedido o esté haciéndolo, aunque se manifieste de otra manera. Ese es quizá el punto fuerte y a la vez más terrorífico de la magnífica serie The handmaid´s tale, traducida en español como El cuento de la criada.

    The handmaid´s tale narra la vida de la víctima de una dictadura que se ha instalado en Estados Unidos en la que se ha impuesto un régimen fascista y teocrático cristiano denominado Gilead, con una minoría que ejerce represión a niveles muy crueles sobre quienes se resistieron a aceptarlo. Nada que no hayamos visto ya en los libros de historia, ¿no?

    Distopía demográfica

    La serie, basada en la novela homónima de Margaret Atwood, parte del hecho sociodemográfico y científico concreto y plausible de una epidemia global de infertilidad, que desde las corrientes religiosas más extremistas se achaca a la inmoralidad y a la contaminación ambiental.

    Teniendo en cuenta que el número de nacimientos ha decaído en las últimas décadas y que se espera que la generación baby boom colapse el sistema cuando llegue a la jubilación (o a la vejez sin jubilación, que esa es otra posibilidad), y sabiendo que hay gobiernos que han tenido un control de la natalidad que ha pisoteado los derechos democráticos de millones de personas, como ha sido el chino, ¿a que no resulta tan lejana esta distopía?

    Pues es esta ausencia de niños la que da pie a que en Gilead ocurran hechos tan horripilantes como que las mujeres fértiles, llamadas criadas y vestidas de rojo, sean esclavas de los comandantes y generales y sus esposas, vestidas de verde, y tengan que someterse a una violación ritual para ser fecundadas de hijos que luego les serán arrebatados para crecer en las casas de los afines al régimen. ¿A qué os suena esto?

    Distopía machista

    Las mujeres en Gilead, este estado fascista y teocrático cristiano de The handmaid´s tale, están divididas en distintas clases y en todas ellas orientadas al presunto bien mayor que es el régimen. Todas ellas llevan un color que hace que se las distinga y categorice en todo momento.

    Desde las capas más bajas a las más altas, están las desterradas a zonas donde han ocurrido catástrofes nucleares donde las obligan a limpiar residuos y terminan falleciendo por enfermedad, vestidas de gris; las criadas, violadas y forzadas a parir y entregar a sus hijos, de rojo; las Martas, sirvientas que realizan tareas de amas de casa, de verde; las econoesposas, casadas con hombres de menor rango que tienen más libertad en el vestir dentro de una variedad muy recatada y que pueden haberse casado por amor (parejas anteriores al nacimiento del régimen, o por obligación, como sucede con los casamientos entre niñas y ‘ojos’); las esposas, de azul turquesa (en la novela y en todos los artículos que he leído al respecto dicen que van de azul, pero yo no veo el azul puro por ningún lado), y las tías, que adoctrinan, monitorizan y castigan a las criadas.

    El sometimiento de las criadas llega a tal punto que pierden su nombre original y asumen el del funcionario que las viola. Así, la protagonista de la serie se llama DeFred, como el comandante al que sirve.

    Aunque las capas más altas de mujeres repriman a las que tienen por debajo, todas ellas están a su vez reprimidas por los hombres, que también se dividen en rangos: los comandantes de los fieles, funcionarios políticos, que tienen coche y visten de negro; los ojos, que son espías; ángeles, soldados y guardianes de la fe, que visten con uniformes verdes.

    Uno no puede evitar recordar a países como Arabia Saudí, donde las mujeres no pueden ir en bicicleta ni conducir sin el permiso de los hombres, y pensar que ciertamente estamos ante una ficción que bien puede estar basada en hechos reales.

    No olvidemos tampoco que hay países de Centroamérica donde las mujeres pueden ir a la cárcel si sufren, incluso, un aborto espontáneo.

    Corrupción en Gilead

    Y, claro, en un mundo tan aparentemente pulcro y ordenado como Gilead, como en todas las sociedades humanas, especialmente en las que hay mayor represión, no podía faltar el nido de la corrupción, humana, política y sexual.

    Ese lugar, que se puede ver ya en la primera temporada de The handmaid´s tale, es Jezabel, un antro con el nombre de la mujer que en el Antiguo Testamento aparece intentando que los hombres olviden a dios.

    Es en Jezabel donde la protagonista de la historia, June, se encuentra con su mejor amiga, Moira, que no aceptó el rol de criada y para ella, igual que para otras, quedó convertirse en prostituta sin consentimiento y sufriendo maltrato continuo.

    Porque en Gilead no hay espacio para el esparcimiento de las mujeres. Es un totalitarismo patriarcal y religioso que adoctrina, maltrata, somete y ejecuta cualquier tipo de disidencia. Y el placer, especialmente el femenino, es su enemigo.

    Y si en Europa esta serie nos puede resultar estremecedora por los paralelismos con regímenes presentes y pasados de distintas partes del mundo, en Estados Unidos, con un republicanismo aliado con las manifestaciones religiosas más reaccionarias y una pérdida de libertades y derechos abismal desde el 11-S, más.

    Habrá que permanecer atentos a todos los indicadores que, como en los flashbacks que se hacen a lo largo de la serie, van apareciendo y susurrándonos, o gritándonos fuertemente al oído: “Huye ahora que todavía puedes”.

  • Series contra la política de Trump

    Series contra la política de Trump

    La política de Trump está inspirando como nunca a los guionistas de las series, que escriben sin parar episodios en los que se denuncia y se ridiculiza al presidente de los Estados Unidos por sus continuas declaraciones y medidas racistas, machistas, homófobas, tránsfobas y belicistas.

    La política de Trump como inspiración

    La primera de las series que he visto con esta temática política fue The good fight, el spin-off de The good wife. Ambas producciones tratan sobre las estafas financieras y la corrupción política, respectivamente, que rodean a bufetes de Chicago y están protagonizadas por personajes que confiesan abiertamente su concordancia con las ideas liberales del Partido Demócrata.

    La apertura de The good fight no podría suponer mayor declaración de intenciones, con las tensiones políticas y sociales que el gobierno de Trump está suponiendo y una Diane Lockhart consternada por el triunfo de su mayor pesadilla política.

    Transparent contra Trump

    La cuarta y hasta el momento última temporada de Transparent, la maravillosa historia del profesor Mort que, con sus hijos ya mayores, decide realizar el cambio de género que siempre ha soñado, también ha tenido un cariz más político que anteriores.

    En su presentación Amazon añadió una carta de uno de sus creadores diciendo, entre otras cosas, “compartir este trabajo en medio del continuo ataque del Presidente Trump a la comunidad transgénero resulta doloroso. Todo el equipo está consternado con la publicación de un tweet de Trump informando de que las personas trans no podrán servir en ningún área del servicio militar americano. Condenamos la amenaza a aproximadamente 15.000 personas trans en activo y 134.000 veteranos de negarles su derecho a la dignidad, el respeto y la seguridad que merecen.”

    Nuevas series contra la política de Trump

    La política de Trump está alimentando tanto la creación audiovisual y los deseos de denunciar la situación que en estos momentos ya hay varias series en producción y con previsión de futura emisión de series específicas como Welcome to Maine, una comedia de CBS sobre una familia asentada desde hace nueve generaciones en Maine y un inmigrante recién llegado y su hija.

    La protagonista de Jane the Virgin, Gina Rodríguez, por su parte, producirá dos series sobre inmigrantes: Illegal, comedia dramática sobre la familia de un adolescente afectado por la eliminación del DACA (programa de Acción Deferida para los Llegados durante la Infancia que había protegido de la expulsión a 800.000 inmigrantes indocumentados) y Have Mercy, drama médico para CBS sobre una doctora latina que, al no poder encontrar trabajo en Miami como médica tras emigrar, termina aceptando un puesto como asistente de enfermería y abre a su vez una clínica ilegal en su domicilio para atender a su comunidad.

    Showtime ha anunciado, asimismo, una serie de dibujos animados sobre Donald Trump producida por la propia CBS, que parece entregada a la causa, bajo la dirección y producción de Stephen Colbert, presentación del famoso The Late Show.

    La vagina contra Trump

    Pero, sin duda, la denuncia más hilarante y, en mi opinión, mejor planteada es la que se hace en Broad City, la comedia creada y protagonizada por Illana Glazer y Abbi Jacobson en la que narran las esperpénticas y aun así verosímiles andanzas de dos jóvenes precarias en Nueva York desde un punto de vista muy liberal en cuanto a las relaciones sexuales y afectivas y al consumo de estupefacientes.

    A lo largo de la segunda temporada se va planteando que Illana le pasa ‘algo’ que no le permite mantener relaciones placenteras. Sucesivos fallos y desastres desencadenan que vaya a una asesora sexual para descubrir que no ha podido tener un orgasmo desde que ganó Donald Trump las elecciones.

    La sexóloga, un personaje también muy cómico, en la línea de lo que acostumbra Broad City, la motiva para vencer la fobia a Trump y excitarse pensando en todas las mujeres que le están haciendo frente en una escena que ha entrado directa a mi top ten de momentos desternillantes en las series.

    Queda todavía tiempo de mandato de Trump. Nos puede llevar a la tercera guerra mundial, esperemos que no, pero mientras tanto disfrutaremos de todas estas creaciones que ha inspirado.

  • Top of the lake defrauda a sus fans

    Top of the lake defrauda a sus fans

    Este es un post amargo, casi, casi de hater, como he escrito pocos, pero es que la segunda temporada de Top of the lake, que defrauda mucho, se merece más que un tirón de orejas por haber sido creada con elevadas pretensiones y finalizada sin ningún sentido.

    Los dos primeros episodios de la serie, vamos a poner, incluso, los tres primeros, están repletos de diálogos inteligentes, feministas, con mucha miga y presentación de unos personajes complejos con sus luces y sus sombras.

    Nada más comenzar, lo que se encuentra el espectador es una segunda temporada con sentido en la que la trama principal vuelve a girar en torno a asesinatos machistas investigados por la detective Robin Griffin, que todavía se enfrenta al pasado tras haber disparado a su jefe al final de la temporada anterior.

    Griffin se reencuentra, además, con la hija que abandonó a los 16 años, que vive en una familia que se está desestructurando en la que su madre, Julia, ha abandonado a su padre por estar con una mujer.

    Qué defrauda de Top of the lake

    Ya desde el comienzo se descubre que la mujer hallada muerta en una maleta en la playa es madre de alquiler, lo que nos hace suponer que, dados los debates tan candentes que está habiendo en el mundo entero y los diálogos feministas , se va a tratar este tema con profundidad y desde una postura bastante aceptable. Pero nada más lejos de la realidad…

    Como suele suceder con todas las series que empiezan con buen pie y cuyos guionistas no saben desarrollar la buenísima idea que se les ha ocurrido al principio, todo lo que podía brillar con luz propia al final se convierte en algo rocambolesco. Y así, el tema de la gestación subrogada pasa a ser un pequeño gran pegote porque hasta su compañera y su jefe resultan estar fingiendo un embarazo cuando en realidad también estaban alquilando el vientre de una de las prostitutas desaparecidas.

    En 2005, los más frikis la recordarán, se emitió la serie de ciencia ficción Invasion, que fue suprimida por falta de audiencia. En esta serie, ambientada en un presunto pueblo donde hasta había un hospital, solo salían cuatro personajes que se encontraban continuamente por las carreteras, a pesar de estar en un parque bastante amplio. El guion era tan malo que no aparecía nadie más nunca y se producían escenas inverosímiles y de comedia involuntaria.

    Top of the lake en esta segunda temporada peca de lo mismo, pues la hija de Griffin mantiene una relación amorosa con el tipo que está en el centro de la trama. (No, no es un spoiler porque esto se ve desde el principio). La sensación que queda después de verla es que Nueva Zelanda y Australia son dos aldeas en las que todo gira alrededor de estas cinco personas.

    No voy a detenerme mucho en temas ideológicos, pero sí voy a señalar que en el tratamiento de la gestación subrogada es tragicómica la prioridad que se da a los derechos y sentimientos de los padres que alquilan por encima de la integridad física y la salud de las madres (¡sacadas de una trama de prostitución ilegal, nada más y nada menos!).

    Qué partes no son una estafa

    Por supuesto, la actuación impecable de Elisabeth Moss es la primera de las cosas positivas que vamos a destacar de Top of the lake, además de los ya mencionados primeros episodios de planteamiento.

    La aparición de Nicole Kidman, que últimamente se deja ver bastante en series feministas, también ayuda, igual que en la primera temporada Holly Hunter dio su toque de color con un personaje bastante extravagante y cautivador.

    Otro punto fuerte de Top of the lake es la presentación del machismo en todas sus vertientes: desde el compañero pesado  que es un auténtico acosador pero cuya conducta todos minimizan con un “le gustan mucho las mujeres” hasta las sospechas continuas sobre la salud mental de las mujeres policías, pasando por comentarios despectivos entre amigos o exhibición sin complejos de la actitud de los consumidores de prostitución.

    En realidad solo por esto Top of the lake se merece un lugar en nuestros corazones, pero la mediocridad del resto debe ser tomada en cuenta antes de verla.

  • Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Hacía tiempo que quería escribir sobre Big Little Lies, una serie que ha llegado a emocionarme como pocas, en la que se narra de una manera muy original, divertida a la par que dramática, cómo el machismo es el culpable de muchos más conflictos de los que pensamos.

    Big Little Lies es la historia de cómo cinco mujeres, madres, de Monterrey, un pueblo al norte de California con bastante poder adquisitivo entre sus habitantes, se enfrentan unas a otras por una serie de cuestiones personales en las que son los hombres fundamentalmente la causa de sus aflicciones.

    En busca del culpable

    Big Little Lies, serie basada en la novela del mismo nombre de Liane Moriarty, intercala los interrogatorios tras el presunto asesinato de alguien de la comunidad con la vida durante los meses antes en dicha comunidad. Todo ello de una manera un tanto original, pues no sabemos quién es el asesinado o la asesinada ni su asesino o asesina, y el nivel de crispación entre las cinco mujeres es tal que llegamos a pensar que puede ser cualquiera.

    La disposición de las declaraciones, de hecho, tiende a hacernos pensar en cada episodio que la persona culpable es una u otra, engañando al espectador en todo momento en un juego que engancha, y mucho.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    Historias y personajes arrolladores

    Big Little Lies destaca tanto por su trama, muy bien hilada y con un final en el que confluyen todas y cada una de las subtramas de una manera perfecta, como por la profundidad de sus personajes.

    Los tres principales son Celeste (interpretada magistralmente por Nicole Kidman), que sufre una relación de violencia machista de manual, con sonrisas y disimulos de cara a la galería; Jane (Shailene Woodley), la única mujer de clase trabajadora de la serie, atormentada porque su hijo, Ziggy, es fruto de una violación de un hombre al que quisiera encontrar para vengarse; y Madeleine (Reese Witherspoon), que aporta un punto cómico a la serie, además de servir de hilo conductor y tener su propia trama de engaños e infidelidades.

    Las otras dos mujeres que construyen el relato perfecto que es Big Little Lies son Renata Klein (Laura Dern), directiva de Silicon Valley que sufre el machismo tanto en el mundo empresarial como en el entorno escolar de su hija, pues otras madres la miran con recelo por no dedicarse al 100% al cuidado de su hija; y Bonnie Carlson (Zoë Kravitz), que también experimenta el machismo en forma de miradas incómodas y trato frívolo por dedicarse a dar clases de yoga.

    De hecho, una de las escenas clave para plasmar el machismo imperante se produce cuando Bonnie se pone a bailar en la fiesta de cumpleaños de la hija de Renata y tanto hombres como mujeres la tachan de indecorosa (bueno, en realidad le dicen cosas peores, pero no las voy a reproducir aquí).

    El machismo culpable

    Comparte protagonismo con estas mujeres el marido de Celeste, interpretado por Alexander Skarsgard, que da miedo de lo bien que lo hace. Se presenta como un esposo perfecto ante la sociedad, rico, guapo, buen padre, pero de puertas para adentro es manipulador, frío, egoísta, hace la vida imposible a su mujer y es un ejemplo terrible para sus hijos, que pronto copian el modelo de violencia que él cree que mantiene escondido.

    El relato de la violencia machista es aterrador y provoca muchos escalofríos y situaciones verdaderamente incómodas. Está muy bien escrito e interpretado, hasta el punto de que cuando él abre la puerta porque llega de trabajar se te encoge el estómago y solo deseas que lo pillen, o que pase cuanto antes la escena.

    El machismo también se manifiesta contra los personajes más jóvenes de Big Little Lies, en forma de acoso y bullying a una niña que, sin saberlo, sufre de manera indirecta el mismo maltrato que Celeste.

    Un final perfecto

    Y cuando ya te has rendido porque está tan bien narrada que no sabes quién es víctima y quién es culpable, llega la escena final, que ha ido formándose a lo largo de toda la temporada, te sorprende y te genera una sonrisa de oreja a oreja. Porque triunfa algo que no suele retratarse mucho en el cine o en las series, algo que tiene un nombre que poca gente conoce, cuando se debería: sororidad.

    Sororidad (¡qué bonito nombre tienes!) es hermanamiento, solidaridad entre mujeres, un término que ha sido invisibilizado por otro, el de hermandad, que en muchas ocasiones tiene justamente el significado contrario. Hermandad como manada de hombres, como corporativismo, frente a sororidad como colaboración necesaria entre mujeres que sufren distintos tipos de violencias machistas.

    Big Little Lies es el relato perfecto sobre cómo las mujeres, incluso en los estratos más altos de la sociedad, padecen distintos tipos de opresión por el mero hecho de serlo. Una buena serie que, además de ser un excelente entretenimiento, nos lleva a pensar un poquito más allá de nuestra zona de confort.

    Y, además, comienza con un temazo de Michael Kiwanuka. ¿Qué más se puede pedir?

  • The Big Bang Theory, estafa ideológica

    The Big Bang Theory, estafa ideológica

    Hoy escribo este post con amargura más que con enfado, tristemente decepcionado por la deriva que ha tomado la serie The Big Bang Theory, una sitcom que todos tenemos en mente como de humor blanco, pero que en los últimos tiempos ha tomado un cariz un tanto rancio y machista que no quiero dejar pasar por alto.

    The Big Bang Theory, abiertamente machista

    Supongo que a partir de aquí he de avisaros de que concurren bastantes spoilers, pero no voy a hacer como en otros posts de series que sí me importan y cuyo destripamiento sí puede fastidiar su visionado porque la simpleza de The Big Bang Theory en cuanto a trama permite este tipo de licencias.

    No obstante, realizada la puntualización, voy a ir al grano: The Big Bang Theory se ha convertido en un estandarte del machismo y de una visión terriblemente patriarcal de la sociedad sin tan siquiera una mínima explicación.

    Si en anteriores temporadas podíamos estar algo mosqueados con el papel de ‘rubia tonta’ que le habían dado a Penny, el hecho de que los personajes de Bernadette y Amy Farrah Fowler fuesen tan o más inteligentes, competentes y exitosas en sus carreras científicas que sus parejas disipaba la duda del machismo que podía cernirse sobre la serie.

    Asimismo, en la temporada anterior, cuando en un episodio Bernadette decide hacer un calendario de científicas ligeras de ropa se hace un alegato de la libertad de la mujer como libre de hacer con su cuerpo lo que quiera (y aquí podríamos entrar en otros debates sobre si los calendarios de mujeres son machistas, que sí creo que lo son, pero quien tendría que decidir si salir en ellos libremente son ellas).

    Pero, ¿qué ha ocurrido esta temporada? ¿Por qué el embarazo de Bernadette y el hecho de que Amy y Sheldon se hayan ido a vivir juntos de repente activa una serie de bromas y lugares comunes machistas? ¿No saben los guionistas de The Big Bang Theory qué es la crianza compartida y que los hombres tenemos que asumir el 50% de las tareas que se realizan en el hogar?

    Confieso que he sentido verdadera vergüenza ajena cuando, en el episodio sexto de esta décima temporada, he visto a Sheldon borracho con su invitado mientras Amy recogía los platos y el mismo Sheldon hacía una broma al respecto. Lo mismo me ha ocurrido con varios diálogos entre Bernadette y Howard en los que, sin ningún pudor, se da por hecho que va a ser ella la que tenga que ocuparse de las cosas de su futuro retoño.

    Para ser una serie de humor blanco que no quería meterse en ningún lío ideológico, se ha embarcado de lleno en un terreno muy pantanoso.

    Homofobia y racismo encubiertos

    Si el machismo en The Big Bang Theory se ha hecho palpable, no hay que menospreciar tampoco la cantidad de homofobia y racismo que encontramos en numerosas bromas.

    Raj Koothrappali es el personaje del que se mofan continuamente por su procedencia india y por su relación estrecha con Howard. Y ya no solo está la cuestión de que su posible homosexualidad sea siempre algo velado e inconfeso, sino también el estereotipo del gay sensible que se enamora de su mejor amigo.

    En esta temporada se han ampliado, además, los sujetos que son objeto de burla racista o xenófoba, y en este mismo sexto episodio que considero el más lamentable que se ha emitido hasta la fecha (no he querido seguir la serie para no horrorizarme más) una vecina rumana ha sido la triste agraciada. Porque, según The Big Bang Theory, los rumanos en Estados Unidos lo único que deben de hacer es ver televisión y así aprenden a hablar inglés, con frases hechas de programas de dudosa respetabilidad.

    Quizá lo que le suceda a esta serie que tantos entrañables momentos nos ha dado es que no soporta el paso del tiempo y debería despedirse de manera digna de las pantallas. O quizá eran ciertas las críticas que se vienen vertiendo desde hace años de que ya con el tema del Trastorno del Espectro Autista (T.E.A.) enviaba un mensaje y lanzaba un estereotipo incorrecto y peligroso sobre las personas que padecen Asperger. El caso es que este que aquí escribe se despide ya de ella porque la vida es muy corta y tenemos poco tiempo como para pasarlo viendo series que nos enfadan.

  • Game of Thrones, venganza y feminismo

    Game of Thrones, venganza y feminismo

    Tras una temporada un tanto floja en la que han sucedido muchas cosas, pero sin la trascendencia y genialidad que en anteriores entregas (no sabemos si es porque los textos de George R.R. Martin no están ya detrás), los dos últimos episodios han conseguido recuperar la épica y tenernos a todos los admiradores pegados al sillón, dando gritos de sorpresa y horror, lo que verdaderamente nos gusta y nos engancha de Game of Thrones.

    A partir de aquí, ya sabéis, SPOILERS del tamaño del Muro.

    Game of Thrones: ¿feminista?

    Hay toda una polémica en la que distintos bandos argumentan, con razón, que Game of Thrones se puede ver, bien como una serie machista en la que las mujeres sufren por el mero hecho de serlo, bien como todo lo contrario, un drama en el que se representa el sistema patriarcal que oprime a las mujeres, pero del que estas saben cómo despojarse para posteriormente empoderarse.

    Mi humilde opinión es que en estos dos últimos episodios se ha visto que la segunda hipótesis tiene más consistencia y que en Game of Thrones las mujeres son las que realmente demuestran tener la inteligencia y la capacidad estratégica para salir victoriosas contra unos hombres impulsivos, irreflexivos y bastante volubles.

    Si Daenerys Targaryen nos había sorprendido ya a mitad de temporada quemando viva a la plana mayor del patriarcado Dothraki y liberando así a las viudas de los Khals, confinadas a vivir una vida ermitaña y apartada de la sociedad como todavía sucede en muchos lugares de India (excelente guiño de guion a esta terrible opresión que sufren millones de mujeres en dicho país), en estos episodios la vemos pactar con la guerrera Asha Greyjoy de Trono de Hierro en uno de los diálogos más feministas de toda la serie.

    Ambas acuerdan apoyarse para no tener que convertirse en moneda de cambio sexual de ningún hombre y poder gobernar y ser reinas sin permiso de los varones (y barones). Si la Madre de Dragones ha estado todas las temporadas empoderándose, no se puede decir menos de Asha, que además vive libremente su homosexualidad.

    Queen in the north?

    Otra revelación de esta temporada ha sido Sansa Stark, que después de sufrir ella sola a los dos personajes más psicópatas de todo Westeros se ha hecho fuerte y pragmática, y ya no tiene dudas a la hora de enfrentarse a la violencia machista y hacer justicia contra sus agresores.

    Todo el penúltimo episodio es un ZAS enorme a la prepotencia de Jon Snow, que se marca lo que en feminismo se viene conociendo como “mansplaining” de manual (man + explain: un hombre explica a una mujer cómo tienen que ser las cosas) no escuchando a Sansa sobre cómo ha de ser la batalla con Ramsey Bolton para, más tarde, terminar siendo salvado por la estrategia de Sansa.

    Y, aunque es cierto que acaba de ser coronado como Rey en el Norte su hermano, lo ha sido porque ella lo ha permitido y porque no parece que vaya a ceder a los chantajes sexuales de Meñique, ni de nadie más ahora que se ha librado de sus captores. (Nos queda la duda de si alguna vez se vengará de Meñique por haberla vendido… yo apuesto que sí.)

    Otra Stark que ha aprendido mucho y debería estar entre los más temidos de todo Westeros es Arya, una niña que siempre tuvo las espadas entre sus intereses y que ha transformado todo su odio hacia quienes le han hecho daño en aprendizaje. La última escena con LeFrey nos ha mostrado todo su potencial de venganza y podemos apostar a que nos va a dar muchos momentos de tensión a partir de ahora.

    Cersei, por fin Reina

    Y no se puede hablar de Game of Thrones desde un enfoque feminista sin detenerse en Cersei, la Lannister que lleva toda su vida luchando por ser reina, lamentando la debilidad de todos los hombres que la rodean y que por el mero hecho de serlo están destinados a gobernar y teniendo que cumplir obligaciones de esposa con un hombre al que detestaba.

    Tras ser humillada por el terrible extremismo religioso del Gorrión Supremo y sus seguidores, un fanatismo que ella misma alimentó y se le puso en contra (gran lección de Game of Thrones otra vez) , Cersei decide que no piensa someterse a un juicio indigno y, para sorpresa de todos los espectadores, dinamita el Gran Septo de Baelor con todos dentro, incluidos la mujer de su hijo, su hermano y el padre de ambos.

    Esta venganza, de la que sería hipócrita decir que no hemos disfrutado, la paga también con la vida de su hijo Tommen, que no soporta el dolor y se suicida, pero Cersei ya estaba preparada para asumir lo que le había dictado la profecía de que perdería a sus hijos y, tras llevar el duelo con entereza, es nombrada Reina, un puesto que le ha costado un número infinito de muertes a sus espaldas.

    Pero el reinado de Cersei no sabemos cuánto durará, pues hay una alianza que viene a por ella: la de la Madre de Dragones con las Casas Tyrell y Martell, en las que ya no quedan hombres, pero sí muchas mujeres con deseo de sangre y venganza.