Tag: estafa

  • La estafa de The Walking Dead

    La estafa de The Walking Dead

    Los que me seguís habitualmente en Twitter me habréis visto manifestar abiertamente la estafa que me está pareciendo la última temporada de The Walking Dead. Episodio tras episodio se ha ido consumando una de mis mayores decepciones después de Lost o The Big Bang Theory.

    ¿Cómo hemos llegado a esto?

    No entiendo cómo teniendo entre manos una serie que estaba llegando a traspasar el género zombi para entrar en el terreno del desarrollo de personajes hemos podido llegar a esta estafa o, bueno, sí, descuido por parte de productores y guionistas y pensar que tienes un público fiel que va a tragar con todo lo que le eches.

    Hace menos de un año escribía un post precisamente para comentar la riqueza inesperada que contenía The Walking Dead, una serie de zombis que, sin embargo, no tenía nada que envidiar a otras en cuanto a la calidad y la evolución de sus personajes.

    Porque The Walking Dead entró de lleno en el género apocalíptico y en la exploración de la psicología humana y cómo podemos convertirnos en nuestros peores depredadores en las situaciones extremas.

    La estafa consumada

    Pero los claroscuros de Rick Grimes, la fortaleza y las dudas de Carol y Morgan, la complejidad de las nuevas colectividades con las que se iban encontrando, etc. han dado paso a un planteamiento simplón, con unos buenos cada día más esperpénticos y unos malos estereotipados, villanos de manual.

    Rick vuelve a ser el héroe bueno indiscutible al que todos siguen, acompañándose unos a otros con un abanico de frases motivacionales que rayan el ridículo.

    El personaje con más fuerza de toda la serie, Carol, ha quedado reducido a una caricatura, a lo que los chicos de Laboro llaman “padefo” (“PAso DE FOllones”). Michonne ahora es la novia del héroe, sin apenas peso en la trama más que para decir obviedades.

    Y los nuevos personajes que están entrando son todos demasiado esperpénticos y arquetípicos. King Ezekiel podría ser quizá el único a perdonar, pero la aparición de los supervivientes sectarios que viven en basureros (lo cual no les impide llevar ropa moderna y molona que no está precisamente al alcance de todos los bolsillos) y la lucha absurda que su líder hace librar a Rick con un zombi acorazado como si fuese el Street Fighter han rebosado mis límites.

    Fallos imperdonables

    Ya en la primera parte de esta última temporada vimos cómo se despachaban lo que podrían haber sido horas de una buenísima historia sobre The Saviors, apresurándose demasiado con personajes como Dwight y acelerando la trama hasta el punto de que no han pasado apenas semanas (lo podemos saber por el estadio del embarazo de Maggie, la única referencia temporal que hay, aunque ya empiezo a pensar que se van a saltar el rácord) y ya están organizándose como si hubiesen aguantado y explorado otras vías durante meses.

    The Walking Dead está adentrándose, además, en el peligroso mundo de las series mal producidas, con escenas y cromas cutres y poco cuidados como el que abre este post, y una banda sonora excesivamente presente y mal elegida.

    Porque uno de los puntos fuertes de esta serie desde el principio era la ausencia de banda sonora, que aportaba verosimilitud y tensión, pero desde que empezó esta última temporada hemos podido escuchar todo tipo de musiquitas intentando aportar emoción a una trama que no lo necesitaba. Y no hay nada peor que una escena pésimamente escrita que acompañarla de una música anodina de la que puede haber millones de canciones iguales, todas compuestas para ser usadas en televisión, como señala brillantemente aquí Jon Lajoie.

    En definitiva: así, no, queridos guionistas y productores. Somos fans, pero no a cualquier precio.

  • El inadaptado, metáfora de una sociedad enferma

    El inadaptado, metáfora de una sociedad enferma

    Hoy quiero hablaros de un filme que he visto recientemente, aunque es de 2006, y que me ha dejado impactado por la crítica a la sociedad de consumo y a las vidas vacías que genera, especialmente en las ciudades: El inadaptado (Den Brysomme mannen).

    El inadaptado, comedia distópica

    El inadaptado es una coproducción noruega-islandesa dirigida por Jens Lien con guion de Per Schreiner que se presenta en forma de comedia negra distópica. Ambientada de manera surrealista en una ciudad a la que se llega en un autobús que no se sabe de dónde procede y que no tiene una coordenada temporal establecida, la película trata las vicisitudes de un hombre que intenta encajar en la vida que allí le surge.

    A partir de aquí, ya sabéis: SPOILERS

     

    La ciudad en sí es fría y anodina, de color blanco hielo, como si sus habitantes estuvieran atrapados en un congelador, con una zona de oficinas con edificios gigantescos y otra más residencial con casas tipo chalé. Nada que no exista en la realidad de cualquier ciudad, especialmente en países del norte de Europa.

    Andreas, el protagonista, quiere encajar con sus compañeros de trabajo, pero se encuentra que son demasiado superficiales. Busca pareja y consigue irse a vivir con una mujer, pero su desafecto e indiferencia adquiere cotas tragicómicas, y lo mismo le sucede con la segunda chica que conoce y de la que se enamora.

    En medio de todo este surrealismo se encuentra con otro habitante que está desesperado como él por saber qué ocurre en ese lugar donde la comida ha perdido su sabor y donde es imposible estimular ningún sentido.

    El misterioso habitante tiene, además, un secreto, y es que está excavando un agujero para llegar al origen de un sonido de violín que se escucha en el sótano del edificio en el que vive, pero su misión fracasa y termina con la intervención de los hombres de gris (imposible no pensar en nuestros ‘grises’ al verlos), que rápidamente devuelven la ciudad a su insustancial normalidad.

    La estafa de la sociedad de consumo

    La película entera constituye una metáfora de la soledad y la superficialidad de las sociedades actuales en las que se hacen jornadas laborales extenuantes para poder adquirir productos que no se necesitan y seguir en la maquinaria del consumo sin fin. Una estafa de proporciones épicas en la que todos estamos más o menos inmersos.

    Este utilitarismo se expande, asimismo, a las relaciones personales, pues las parejas se convierten en otra adquisición más, como un coche o un mueble, fácilmente intercambiable y que no genera apego porque hay una gran variedad de oferta en el mercado.

    El inadaptado incluye, además, otro elemento muy común en las sociedades del norte de Europa como es el suicidio. Andreas quiere quitarse la vida, y lo intenta de muchas, variadas y horripilantes maneras, pero no puede conseguirlo, ¿quizá porque ya está muerto? ¿O tal vez porque no hay salida posible?

    En El inadaptado ni siquiera hay choques políticos, corrupción o bajas pasiones que aporten emoción. Nos muestra de manera incisiva e hilarante la distopía que constituye el exceso de amigabilidad ficticia, egoísmo, insolidaridad y falta de socialización real de las sociedades capitalistas. Personajes que tienen formación académica y trabajos exitosos, pero que carecen de alma. ¿Os suena de algo?

  • La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    He tenido la suerte de ser uno de los pocos que consiguieron entradas para ver Frágil Equilibrio en Madrid y quiero hablaros de este documental tan exquisitamente producido y editado que nos lleva a plantearnos hasta qué punto estamos viviendo una vida despersonalizada que no nos proporciona la felicidad, sino más bien todo lo contrario, y en la que aceptamos de manera desvergonzada la corrupción del sistema.

    Frágil Equilibrio, el contexto

    El documental Frágil Equilibrio, premio del Festival de Cine de Valladolid Seminci, narra el presente en diversos puntos del planeta desde la perspectiva de algunos de sus protagonistas, todos ellos explotados y castigados por un sistema depredador en el que unos pocos acumulan la riqueza mientras los demás se ven obligados a sobrevivir en peores o mejores circunstancias según sea su procedencia, pero con el denominador común de la búsqueda y la imposibilidad de hallar la felicidad en sus vidas.

    Con imágenes impactantes (atascos, fábricas, multitudes moviéndose por la ciudad, policía cargando contra ciudadanos, cómo estamos devorándonos literalmente el planeta, etc. y que recuerdan a producciones visuales como Baraka) y la puesta en escena de un narrador muy bien valorado entre la mayor parte del público como es José Mújica, el expresidente de Uruguay, Frágil Equilibrio consigue tocarnos en lo más profundo y cuestionarnos si estamos llevando la vida que queremos y qué podemos hacer para cambiarlo.

    Los protagonistas

    Africanos que acampan en Marruecos esperando poder saltar la valla de Melilla por la noche; japoneses pertenecientes a la denominada clase de “salaryman”, con sueldos que les permiten comprar todo lo que quieran, pero jornadas laborales de hasta 21 horas, sin poder ver a sus familias nada más que los fines de semana; un desahuciado español que ha perdido su casa y se ve obligado a vivir ocupando espacios, incluso, insalubres… estas son las tres historias protagonistas que se van entrelazando con la voz de José Mújica y las imágenes antes mencionadas para sumergir al espectador en la vorágine estresante del sistema en que vivimos.

    De todas ellas la más esperanzadora, sin duda, es la de los africanos, pues todavía conservan la ilusión de encontrar un lugar mejor donde poder trabajar y formar una familia.

    Una crítica necesaria

    Frágil Equilibrio está perfectamente producido, con imágenes pertinentes y muy comunicativas en todos y cada uno de los casos, con historias que emocionan a la par que describen situaciones desesperantes y un toque de esperanza basada en la solidaridad a la que se alude en múltiples ocasiones. Pero no debería quedar exento de crítica, pues olvida un aspecto muy importante: las mujeres.

    Tanto las tres historias principales como la narración y el hilo conductor están protagonizados por hombres. En ningún momento aparece la historia de una mujer como protagonista, y no será porque no haya, por ejemplo, mujeres abandonadas por sus parejas que han sido desahuciadas teniendo hijos, incluso, discapacitados, o mujeres inmigrantes en situaciones límite al no poder acceder a atención sanitaria, por poner dos ejemplos.

    Desconozco la motivación de los creadores de Frágil Equilibrio para no introducir historias de mujeres, pero tanto si lo pensaron y lo rechazaron como si no se les ocurrió en ningún momento, están invisibilizando a las mujeres, y con ello contribuyendo a otra práctica destructiva de este sistema que quieren denunciar.

  • Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Pues ya he terminado la segunda temporada de Mr. Robot y es una de esas series que, pese a sus claroscuros, hay que señalar que dejan un gran vacío a quienes la seguimos. Han sido doce episodios frenéticos, dos más que en la primera entrega, en los que hemos experimentado de todo un poco, desde comedia hasta suspense, pasando por drama y, cómo no, surrealismo.

    A partir de aquí, ya sabes, destripo más que Jack y estás bajo tu responsabilidad.

    Mr. Robot, la comedia

    Aunque he comenzado titulando este post de manera negativa por la moraleja que deja la propia serie, y de la que os hablaré más adelante, quisiera empezar hablando de varias gratas sorpresas que nos encontramos ya desde los primeros episodios.

    En primer lugar, el corto The Careful Massacre of the Bourgeoisie, una película en realidad ficticia que se supone que sirve de inspiración a Elliot y su hermana Darlene para la organización de la revolución. Se trata de un corto gore realizado con calidad de cinta VHS muy lograda, de manera que puede hacer pensar al espectador de la serie que se trata de una obra grabada en los 80.

    La segunda gran conmoción llega en el episodio sexto con una surrealista recreación de una sitcom de los 90 que incluye risas enlatadas, cromas de pésima calidad, una resolución de 4:3 y una estética que bien podría ser la de Los problemas crecen, aquella serie donde un psiquiatra se quedaba en casa a cuidar de sus tres hijos mientras su mujer, periodista, volvía a su trabajo tras haber desempeñado ella esa labor durante años.

    La diferencia, está claro, estriba en que nos encontramos en Mr. Robot y ni la familia de Elliot ni su propia mente, que ni él mismo comprende, guarda ninguna relación con los entrañables y funcionales Seaver.

    Destaca especialmente dentro de este episodio, tributo y sátira a la vez de las sitcom de los 90, la canción que suena, con letra horrible y distópica que dice cosas como “imagine yourself in a world numbed with pain”.  Y es que ese lugar surrealista en realidad no es otra cosa que el salvoconducto que se crea la mente de Elliot mientras trata de sobrevivir a una brutal agresión.

    Mr. Robot, el giro inesperado

    Siguiendo con las maravillas de Mr. Robot, hay que señalar que han vuelto a conseguir dejarnos boquiabiertos con un giro inesperado de guion basado en las alucinaciones del personaje principal. Incluso los que ya suponíamos que algo raro pasaba con esas rutinas que describe desde el comienzo de la temporada no podíamos imaginar que en realidad todo era otra válvula de escape para ocultar un sitio mucho peor, y aquí sí que me ahorraré los spoilers por si acaso algún incauto ha seguido leyendo más de lo que quería.

    Mr. Robot, la estafa de la revolución

    He querido dejar para el final la que para mí es la mayor objeción que pongo a la serie porque considero que es una visión muy personal y un pequeño obstáculo que no me va a impedir seguir viéndola, pues en la balanza pesa más lo positivo que esto negativo.

    Y os preguntaréis, ¿qué es eso de la estafa de la revolución? Pues, sencillamente, que me disgusta que para una serie en la que se toman tantas molestias en hacer que los pasos que dan los revolucionarios sean completamente realistas (sí, consultando con hackers, incluso), el trasfondo de esa revolución sea que quienes la llevan a cabo sean meros peones de otro gigante peor que el que van a derribar.

    Y ya sé que no podía esperar una temática muy subversiva de una serie que, al fin y al cabo, se produce con dinero de la industria audiovisual estadounidense, que se ha caracterizado siempre por ser bastante propagandística, pero no hacía falta introducir una trama entre la propia corporación a derribar y China.

    Es cierto que todavía es pronto y que quizá en la próxima temporada nos sorprendan con otro giro inesperado que me haría tener que rectificar (y lo haré gustosamente si se da el caso), pero no era necesario dejarnos con esta desazón a los que teníamos esperanza en que Elliot y sus compañeros hackers cambiaran el sistema. ¿Es tan difícil plasmar en ficción una revolución digital que mejore la sociedad de manera no violenta o es demasiado peligroso hasta imaginarlo?

  • The night of: imputado en un sistema corrupto

    The night of: imputado en un sistema corrupto

    Acabo de ver The night of, una de las últimas producciones de HBO, y estoy dándole vueltas a las distintas enseñanzas que nos deja sobre el corrupto e injusto sistema policial y judicial estadounidense.

    The night of, la premisa

    La serie aborda desde una perspectiva realista la cadena de acontecimientos y protocolos (o más bien, sus fallos) que se inicia desde que se descubre un crimen, empezando por la actuación policial, el hallazgo y análisis de pruebas y terminando en la injusticia que supone en muchísimas ocasiones el juicio, que no depende de la realidad de los hechos, sino de la veracidad que sepan mostrar fiscal o abogado defensor, y de otros factores menos controlables como la composición del propio jurado popular.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    En The night of se parte de una premisa un tanto inverosímil, lo que en mi humildísima opinión, es un error porque cuesta mucho seguir con la historia: una rica y guapa joven de ‘ventipocos’ se sube en un taxi por la noche y le dice al taxista, un joven de origen pakistaní que había sustraído a su padre el  cochepara poder ir de fiesta al centro, que la lleve a la playa, donde le suministra drogas y se enrolla con él.

    Acto seguido se lo lleva a su casa, continúan drogándose y, cuando él se despierta de haber caído casi en coma por la ketamina consumida, ve que la han asesinado a cuchilladas y se va. En su camino con el taxi le para la policía, lo detienen y ve desde el asiento de detenidos cómo los mismos que lo han parado hallan el cuerpo de la chica.

    A partir de aquí, haciendo de tripas corazón e intentando creer esta historia rocambolesca porque la crítica la ponía bastante bien, comienza lo interesante del asunto: el trabajo policial y fiscal, que tiene fallos garrafales por confiar en la culpabilidad del joven, siendo determinante para ello que sea musulmán de origen pakistaní.

    La falta de presupuesto de la administración judicial

    Una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo se expone abiertamente que ni fiscal ni abogado defensor quieren llegar a juicio. El segundo, por motivos obvios de conseguir un buen pacto para su cliente, pero el primero por algo más retorcido: ahorrar a la administración.

    Las consecuencias que describe de un posible juicio y cómo se van a cabrear jueces y administradores por haber llegado a hacer tal gasto nos hace pensar que eso de las garantías procesales y de que todo el mundo tiene derecho a juicio (ya no a ganarlo, sino simplemente a que se celebre) es puro cuento.

    Pese a todo, el joven Naz quiere seguir adelante porque está convencido de su inocencia y quiere demostrarlo, empezando por sus padres, trabajadores honestos que para pagar al abogado tienen que vender todo lo que han ganado después de muchos años esforzándose.

    El camino al juicio en prisión provisional también le cuesta a Naz el resto de la inocencia que le quedaba, pues, como ya sabemos, y no solo por grandes series, la cárcel es el lugar idóneo para subsistir a cualquier precio.

    El abogado

    Si algo tiene de especial The night of es la elección de uno de sus personajes principales: John Turturro es el abogado de Naz (Riz Ahmed), y lo borda, para variar.

    Jack Stone es un personaje gris y un abogado mediocre acostumbrado a llevar casos de poca monta que al ver a Nasir Khan en el calabozo no solo ve a un hombre inocente, como dice ante el jurado, sino la oportunidad de oro para ascender y tener un caso importante.

    Es curioso e interesante ver cómo en esta serie no hay héroes, sino personajes con motivaciones nada nobles que, por una causa u otra, cometen errores y a la vez actúan de manera noble según las circunstancias.

    El personaje de Stone tiene una característica bastante peculiar y pintoresca, que es padecer dermatitis atópica con brotes agudos en los pies, lo que hace que su presencia sea desagradable tanto para sus colegas y allegados de profesión como para los familiares y conocidos con los que trata en su vida personal.

    Las inverosimilitudes

    Aunque es una serie que me ha gustado en su mayoría, no quiero cerrar este post sin señalar que hay unos cuantos aspectos que o bien incurren en inverosimilitudes casi imperdonables, o bien están mal escritos directamente, y todos ellos están relacionados con historias de amor.

    Ni el punto de partida ni el affaire con la abogada resultan creíbles. Faltan pasos previos o se producen saltos cualitativos demasiado grandes y graves como para asumirlos sin la más mínima crítica.

    He hecho muchos spoilers ya y no quiero destripar todavía más la serie, pero si habéis llegado hasta aquí, recordad esto que comento ahora: una abogada no va a arriesgar de semejante manera su carrera por alguien si previamente no ha habido más conexión que la que muestra la serie.

    Por eso, como The night of merece la pena en general, lo mejor es apartar el lado romántico que intentan introducirle con calzador y quedarse con el tema policial y judicial, que es su verdadera enjundia.

  • La estafa de las televisiones con el horario infantil

    La estafa de las televisiones con el horario infantil

    Circula estos días por la red la petición de una madre desesperada a Antena 3 para que deje de emitir el anuncio de la película “No apagues la luz” en horario infantil, pues tiene a su hija de tres años tan traumatizada que se tapa los oídos y se esconde cada vez que escucha la nana que suena en el tráiler. Lejos de burlarse de ella, muchos padres se han sumado a su demanda, y con razón, porque el horario infantil es una estafa.

    El incumplimiento del horario infantil

    Toñi Ruiz, que así se llama la madre de la pequeña, solicita que en la emisión de los anuncios se advierta de la edad recomendada de los mismos, de manera que los padres puedan estar al tanto y apagar la televisión o cambiar de canal en el momento que lo pongan.

    Es una exigencia que tiene su razón, pero que sería innecesaria si las cadenas cumplieran a rajatabla los requerimientos del horario infantil, que por algo se denomina así, y que no debería ser trampeado ni con unos segundos de anuncios sobre otra programación.

    La ley establece una franja horaria de protección –entre las 6:00 y las 22:00- durante la cual, las televisiones no pueden emitir contenidos que perjudiquen el desarrollo de los menores de 18 años. Esta franja se ha reforzado entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana, y entre 17:00 y las 20:00 horas los días laborables.

    Durante los fines de semana y festivos de ámbito nacional, la franja de protección reforzada empieza a las 9:00 de la mañana y se prolonga hasta las 12:00 del mediodía. En estos tramos horarios tan solo se pueden emitir contenidos aptos para menores de 13 años previa supervisión para garantizar su adecuación.

    Oscuros precedentes

    Muchos seguramente recordarán el incidente protagonizado por el programa Sálvame con la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia cuando esta le requirió que adaptase sus contenidos al horario infantil.

    Los directivos del programa y/o de la cadena se burlaron de manera bastante burda de la CNMC (y de todos) dividiéndolo en dos tramos: uno hasta las 17:00 en el que dan por hecho que los niños están en clase (sin tener en cuenta las jornadas intensivas escolares que se dan en muchos lugares, o los niños que todavía no están escolarizados porque hasta Primaria no es obligatorio), y otro que afirman que es más suave (“naranja”, frente al otro, que es “limón”) a partir de esa hora.

    Y la cosa quedó ahí. Ni la CNMC ni ningún organismo competente protestó ni logró modificar el contenido o el horario de este programa del que no hace falta ser pedagogo para saber que no es apto para menores de 14 años, empezando por los temas que tratan.

    La TDT de Telefónica

    Las familias que tienen contratada la televisión con Telefónica también se encuentran en situaciones similares, pero nada más encender el televisor, pues lo primero que aparece son anuncios de las series y películas que ponen ese mes, sea una comedia, terror, sexo explícito o escenas poco aptas para menores como la del templo del Dios de Muchos Rostros de Juego de Tronos.

  • The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    Tras escribir sobre Show me a hero y Treme, hoy le toca el turno a otra de las producciones de David Simon, la más conocida, la más extensa y seguramente la más impactante: The Wire, la serie en la que la corrupción estatal generalizada y endémica a todos los niveles es la indiscutible protagonista.

    The Wire, incatalogable

    Conozco a un montón de personas que se resisten a ver The Wire solo porque la consideran “otra serie policiaca más” cuando si algo puede decirse de ella es que es imposible etiquetarla dentro de un género.

    The Wire es drama, es política, es realismo social, es periodismo y, sobre todo, es una composición pentaédrica sobre un mismo tema visto desde distintos lados: cómo la corrupción afecta a los distintos estratos de la sociedad en una misma ciudad, Baltimore.

    En las cinco brillantes temporadas que la componen observamos este tema tratado desde diferentes perspectivas: en la primera vemos la incapacidad y los errores de la policía a la hora de enfrentar los problemas derivados del abuso de drogas en las viviendas sociales de gente pobre y marginal. En la segunda aparece retratado el contrabando de mercancías y drogas en el puerto. La tercera se centra en los políticos, las luchas de poder y la financiación, que se entrelaza con las dos anteriores.

    En una cuarta entrega podemos ver cómo se degrada la educación pública de manera que la pobreza que se ve reflejada en las otras temporadas se convierte en un determinismo social causado por la propia corrupción del sistema.

    La crítica a los medios

    La quinta y última temporada de The Wire aborda el tema de los medios de comunicación desde un punto de vista un tanto original. La serie incide en que son empresas privadas que buscan el máximo beneficio a costa de recortar en recursos, lo que hace que las personas que más deberían estar alerta para denunciar la corrupción y los crímenes cometidos por altas instancias no puedan dedicarse a ello y sean meros relaciones públicas de los poderosos, mintiendo si hace falta con tal de poder pagar sus facturas.

    No en vano, Simon fue reportero en The Baltimore Sun y durante sus años en el periódico tuvo que hablar en innumerables ocasiones de los crímenes, la pobreza, los conflictos racistas y la desigualdad en una ciudad azotada por la desindustrialización hasta que “unos hijos de puta [un grupo multimedia estadounidense] compraron el periódico y dejó de ser divertido”.

    Y con este descreimiento de los medios de comunicación él mismo ha creado la mejor narrativa periodística sobre Baltimore (y sobre la sociedad estadounidense en general) jamás escrita.

    “Que se joda el espectador medio”

    El propio Simon señaló hace tiempo a un periodista que la premisa que había seguido para desarrollar su proyecto era “Solo una: que se joda el espectador medio”, y eso es algo que aquellos que disfrutamos cuando los guionistas de una obra nos tratan como seres inteligentes (ENLACE OINTB) tenemos que agradecerle.

    Porque cuando dedicas mucho tiempo a una serie esperas que esté escrita con mimo, considerándote una persona con inquietudes y que no caiga en el simplismo. Y todo eso lo tiene The Wire, probablemente una de las mejores series de la historia en la que lo político, social y económico también se combina perfectamente con el lado humano: el amor, el odio, la compasión, la amistad, la traición…

    Actores

    Un factor importante que es necesario reseñar al hablar de The Wire son sus actores, algunos de ellos recurrentes en las producciones de David Simon, que han dado vida a otros personajes de series como The Corner o Treme, como Clarke Peters (Lester Freamon en The Wire, Robert Mayhawk en Show me a hero y Albert Lambreaux en Treme), y algunos de los cuales están muy concienciados con mejorar el mundo que les rodea.

    Uno de ellos es Wendell Pierce, que encarna al Detective Bunk Moreland, que ha invertido 20 millones de dólares en un complejo de apartamentos en Baltimore con el objetivo de crear empleos tanto en la construcción del mismo como después, pues ha reservado un porcentaje para los artistas locales, que también podrán exhibir sus obras en las galerías con las que contará el edificio.

    Personajes

    Pero si algo destaca de la serie es el carisma de sus personajes. Desde Omar, un ladrón gay regido por su propio sistema de valores e interpretado por Michael Kenneth Williams, actor que dio vida a Chalky White, otro personaje muy complejo de la serie Boardwalk Empire, hasta Stringer Bell, un criminal con afán de trepar e inmiscuirse en las capas más altas de la sociedad y al que Idris Elba dota de una excelentísima interpretación, pasando por el Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), todos y cada uno de los caracteres de The Wire tienen su propia e indiscutible personalidad y complejidad.

    Todos los personajes rezuman realismo, y es que algunos de ellos se inspiran en personas reales, como Omar Little, que se basa en Larry Donnel Andrews, un criminal de Baltimore que tenía entre sus reglas éticas no involucrar nunca a mujeres y niños.

    Y es que, como hemos dicho a lo largo de todo este post, el realismo de The Wire, y en general de todas las series de David Simon, la convierte en un género periodístico en sí mismo. Un género ficcional que, sin embargo, ha demostrado merecer mayor credibilidad que gran parte de los artículos y reportajes que vemos a diario en los medios.

  • Stranger Things: plagiar sin introducir replanteamientos

    Stranger Things: plagiar sin introducir replanteamientos

    Hoy traigo ganas de polémica, y es que Stranger Things, pese a todas las buenas críticas que había leído, me ha parecido una copia del cine de aventuras de los 80 que ni siquiera puede llegar a considerarse sci-fi, aunque coquetee con el género.

    Y sí, algunos diréis que de eso se trata, de un homenaje a este tipo de producciones, pero en 2016, con tantas series excelentes y tantos cambios en la narrativa y en el desarrollo de personajes, uno se podría esperar, como mínimo, un replanteamiento, una aportación original, al más puro estilo Tarantino, y no una fotocopia.

    La planicie de personajes de Stranger Things

    En otros posts en los que he hecho spoilers he avisado antes, pero en esta serie, como ocurren cosas que ya hemos visto miles de veces en cualquiera de las reposiciones de las películas ochenteras que ponen cada poco en la televisión, me abstengo de avisar. La serie en sí misma es tan predecible que no lo merece.

    Como hay que empezar por algo, voy a hacerlo por lo que considero más importante cuando me enfrento a una serie: los personajes.

    Si bien es cierto que es difícil encontrar obrar maestras del desarrollo de personajes, aunque las hay, y cada vez más, en 2016, como he dicho, sería recomendable encontrarse con series en las que se haya superado la dicotomía malo-bueno y se haya optado por mostrar las distintas facetas de cada persona, independientemente de que de sus actos puedan derivar consecuencias positivas o negativas.

    Si algo tenían los 80 que no me gustaba era eso, cero profundidad de los protagonistas y una representación de los “malos” de manera arquetípica como unos seres malignos en sí y un tanto tontos. Las series de la nueva hornada tienen algo genial, y es que narran con realismo las vicisitudes personales y cómo alguien, incluso aunque haya cometido alguna atrocidad, no es malo el 100% del tiempo.

    El grupo de niños ‘nerd’. La niña extraterrestre. La hermana estudiosa y el chaval gamberrillo que quiere meterle mano. El padre indolente. Las madres agobiadas porque nadie les hace caso. El policía que al principio pasa de la madre del niño perdido y luego se da cuenta de que “hay algo”. Los científicos malos malosos. Esto es Stranger Things.

    Tengo que añadir que Winona Ryder sobreactúa bastante y hace que el papel plano que le han dado sea todavía más inverosímil.

    Un guión que ya te sabes

    El otro aspecto que quería abordar (tampoco hay mucho más que decir, pues en cuanto a efectos especiales no han superado a E.T.) es el guion, predecible, con una historia bastante sencilla que para niños de diez años puede resultar especialmente entretenida, pero para los que ya peinamos canas… pues no.

    Y es que la historia es exactamente la misma que la de muchas películas de los 80, con sus mismos ingredientes y el mismo tratamiento. ¿Sorpresas? Ninguna, a menos que tengas diez años o que no hayas visto nunca una película como Stand by me, Exploradores, Encuentros en la Tercera Fase o Los Goonies.

    Puestos a copiar el cine de aventuras infantil de los 80 podrían haberse puesto con La Historia Interminable, o El Laberinto, pero han elegido el más comercial y el más sencillo, y lo que para mí es imperdonable, no han añadido ningún elemento original en la ecuación, un solo ingrediente diferenciador que le diese sentido.

    Podrían haber cortado y pegado sin más escenas de esas películas antes mencionadas y el resultado sería el mismo. Una pena.

  • Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    Una serie inteligente sobre la estafa de la cárcel: OITNB

    No hay nada más placentero para un seriéfilo que ver series en las que los guionistas tratan a los espectadores como seres inteligentes. Que no es que rechace ver algún que otro bodrio o producciones que son mero entretenimiento, pero cuando uno se topa con maravillas como Orange Is The New Black (también abreviado como OITNB), la serie más crítica sobre la estafa de la cárcel jamás escrita, no puede sino alegrarse y hacerle ovaciones.

    Tres días es lo que he tardado en terminar la cuarta y hasta ahora mejor temporada de esta tragicomedia basada en el libro autobiográfico Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison de Piper Kerman, protagonista de la serie hasta la tercera temporada (en esta cuarta se relega a un papel coral como el resto de sus compañeras reclusas, algo que se agradece, ya que su personaje podría agotarse).

    Humanidad en OITNB

    Si algo puede resultarme cercano y admirable de Orange Is The New Black es su esfuerzo por mostrar el lado más humano de todas las personas que están en prisión, empezando por las presas, que no son villanas sin más, como se pretende mostrar en muchísimas series y películas de forma maniquea, sino seres humanos a los que una serie de condiciones objetivas y subjetivas han llevado a estar donde están.

    Una de las frases más repetidas en esta temporada es “I´m a person” (“soy una persona”) y esa es una moraleja que todo el mundo debería extraer de esta serie, además de otras que describiremos más adelante. Porque humanizando a los presos podremos empezar a entender que la cárcel, tal y como está contemplada ahora mismo, no está orientada a su fin teórico de rehabilitación, sino a castigar y marcar de por vida sin posibilidad de volver a la sociedad.

    Asimismo, mostrar con naturalidad las relaciones homosexuales desmitifica el estereotipo que se suele difundir con respecto a la sexualidad en las prisiones, al margen de que haya violaciones, especialmente en países como Estados Unidos.

    Humor en la cárcel

    Las situaciones cómicas de OITNB, además de suponer un contrapunto necesario para descargar el drama, persiguen mostrarnos a las presas como seríamos cualquiera de nosotros: personas que buscan contacto humano y que intentan pasar el tiempo de condena de la mejor forma posible, haciendo amistades y riéndose de las adversidades.

    Las carcajadas en momentos de máxima tensión, o cómo unas presas pueden parecer indiferentes y hasta bromear en pleno sufrimiento de otras que no consideran tan cercanas, o incluso de las más cercanas, es un excelente reflejo realista de lo que es la vida en sí misma, porque el sarcasmo a veces es la última defensa ante las adversidades e injusticias.

    La corrupción del sistema penitenciario

    Uno de los puntos más importantes de OITNB es su denuncia política. Desde que comenzó la primera temporada vimos injusticias con numerosas presas, como la propia protagonista, que termina en prisión cuando ha rehecho su vida y ya no se dedica en absoluto a los delitos de los que se le acusa. Hemos visto también cómo en su mayoría se trata de personas que nacen y crecen en ambientes marginales y familias desestructuradas, lo que revela el determinismo social del que nadie quiere hablar en esta sociedad de liberales y coaches que afirman que todos podemos llegar a la cúspide de la pirámide.

    Pero la principal denuncia social de Orange Is The New Black es la corrupción que envuelve a todo el mundo penitenciario, desde el último carcelero hasta el director de la prisión, con un protagonista importante que en Estados Unidos supone un grave problema para los derechos fundamentales y que aquí hay quien quiere importar: la gestión privada de las prisiones.

    Para ser un país en el que desde cualquiera de las dos ramas políticas bipartidistas hablar de lo público sea casi como ser el mayor comunista del planeta (en el sentido más peyorativo), la serie aborda de manera magistral los peligros de que las cárceles se conviertan en negocio y las presas a la vez en recursos humanos y mercancía.

    Desde la explotación laboral por parte de terceras empresas (algo que sí que ya tenemos en España) hasta la violación de derechos fundamentales como el de los familiares a saber en todo momento si su presa se encuentra viva y sana, en OITNB se plasma el impacto de convertir las prisiones en empresas que buscan ganar dinero (del erario público) y reducir costes.

    La imposibilidad de compaginar humanidad y ser carcelero

    En esta vorágine de injusticias que recaen sobre las presas, como que por recortes ya no tengan derecho a compresas, que se masifiquen las cárceles hasta resultar insalubres e inhabitables, o que la comida sea indigna para un ser humano, ser funcionario de prisiones se hace cada vez más incompatible (aunque no sé si alguna vez lo fue) con mostrar humanidad y afabilidad con los reclusos (en este caso, reclusas).

    Durante estas cuatro temporadas hemos visto todo tipo de perfiles de carcelero: desde el vago que no ha querido estudiar y ha decidido dedicarse a eso “por tener algo” hasta el motivado que cree que él va a cambiar el sistema y va a ser bueno con las presas, pero finalmente termina haciéndoles más daño que los que van de frente porque sucumbe de malas maneras y traicioneramente a los requerimientos de la empresa o de su propia necesidad de salvarse a sí mismo.

    Y es que en una prisión jamás puede establecerse una relación de igualdad entre preso y carcelero. Por mucho que este último quiera acercarse y mostrarse como amigo o confidente, siempre llega el momento en el que muestra su autoridad y cuál es la jerarquía que rige sus relaciones.

    En esta última temporada este tema se muestra de manera mucho más directa con la contratación de veteranos de guerra a precio de saldo y con bonificaciones por parte del Estado para la empresa, algo que, sin ánimo de hacer spoiler, seguro que ya os sugiere la palabra “tragedia”.

    Y cierro ya, aunque me quedan muchas cosas en el tintero de esta última temporada: los conflictos racistas, el trato diferencial y deferencial a los presos ricos y famosos, la barbarie a la que se enfrentan los reclusos con enfermedades mentales y necesidad de tratamiento psiquiátrico y un sinfín de temas que se tejen de manera invisiblemente maestra y hacen de esta serie una obra inteligente que dan ganas de volver a ver nada más terminarla.

  • Veep: presidencia e incompetencia

    Veep: presidencia e incompetencia

    La comedia política de HBO Veep acaba de terminar su quinta temporada con más y mejor humor que nunca gracias a la capacidad de reinventarse y dar giros inesperados de guion, así como por la excelente interpretación de sus actores, en especial de Julia Louis-Dreyfus, su protagonista, y el cómico Matthew “Matt” Paul Walsh.

    Veep y el principio de Peter

    Podríamos afirmar que Veep se basa en el denominado “principio de incompetencia de Peter”, formulado por Laurence J. Peter, catedrático de Ciencias de la Educación de la Universidad del Sur de California, que señala que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia” como “la nata sube hasta cortarse”.

    A partir de aquí, ya sabéis: SPOILERS.

    Bajo esta premisa, la sátira, que comienza con su protagonista, la demócrata Selina Meyer, como una vicepresidenta de Estados Unidos incompetente y arribista en igual proporción, va evolucionando hasta que se convierte en presidenta de la nación más poderosa del planeta y de su negligencia depende la estabilidad mundial.

    Personajes mezquinos

    A lo largo de las anteriores temporadas habíamos visto a Selina Meyer menospreciar a su hija; reírse de su gabinete, una corte de aduladores bastante ineficaces y muy deshonestos, dispuestos a cualquier cosa con tal de seguir en el candelero; cometer meteduras de pata diplomáticas con un gran coste para el país y hacer todo tipo de tratos, perdiendo sus principios y dignidad, con el único objetivo de mantenerse en su puesto y medrar gracias a los problemas del presidente.

    Otra gracia que tiene Veep es que muchos de nuestros representantes políticos podrían ser Selina Meyer perfectamente, y no queremos dar nombres.

    Pero esta quinta temporada, que comienza con un empate técnico inédito entre republicanos y demócratas, es una vuelta de tuerca a toda esa mezquindad y Selina alcanza cotas maravillosamente horribles de falta de escrúpulos y desprecio por los que la rodean, hasta el punto de instrumentalizar la muerte de su madre para conseguir votos en un estado.

    Otro personaje que carece de cualquier tipo de dignidad es Gary, su asistente personal, el “hombre del bolso”, que hace el trabajo de cuidador personal, está enamorado de ella y se humilla constantemente para obtener su aprobación.

    Aunque pueda parecer que se llevan bien, el gabinete de Selina Meyer es un nido de víboras dispuestas a matarse entre sí. ¿Os suena de algo?

    Selina Meyer, terrible familiar

    La hija, Catherine, que descubre su homosexualidad con una agente del servicio secreto, pasa por muchísimas vicisitudes también por conseguir alguna pequeña muestra de cariño por parte de su madre, pero lo único que logra son desplantes, feos, que se ría de ella y que la utilice para sus fines políticos.

    Esta temporada Catherine tiene un papel más relevante gracias a la grabación de su documental sobre la elección de su madre, y lo que parece una trama secundaria durante todos los episodios, en el penúltimo se revela como una obra maestra del guion al ser una propia película dentro de la serie, con planos y tramas que habían quedado sin narrar en anteriores episodios.

    Los buenos nunca ganan

    El único personaje con un poco de ética es Mike McLintock, su jefe de prensa, un periodista que intenta no mentir a sus compañeros de profesión cada vez que sale a dar una rueda, pero que siempre termina embaucado en las corrupciones y tejemanejes del resto. McLintock, además, sufre más que nadie las políticas de Selina, como cuando está esperando para adoptar una niña china y ella, para cubrirse por unos tuits que había enviado a su novio y que habían levantado una gran polémica, culpa a hackers del gobierno chino y provoca una crisis diplomática de máxima gravedad.

    Porque otra moraleja que tiene Veep es que la honestidad y las buenas intenciones nunca triunfan en política, y que aquellas personas que intentan realizar un buen trabajo reciben mofas, desprestigio y degradación laboral, mientras los egoístas y negligentes llegan a los puestos más altos, como es el caso de Jonah Ryan, un machista faltón con las mujeres y muy incompetente al que convierten en congresista por New Hampshire solo para que dé su voto a Selina en el Congreso.

    Con todas estas tramas que han ocurrido, hay que reconocer que la última temporada de momento está siendo la mejor, y todo ello a pesar de que su creador, Armando Ianucci, director de la desternillante sátira política In the Loop (película a la que dedicaré un post entero más adelante), decidió abandonar la serie al final de la cuarta por motivos personales.

    No sabemos si volverá para la sexta, pero yo me alegro mucho de que ya esté anunciada, y espero que la calidad siga in crescendo, como hasta ahora.