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  • Cajasol presenta al Murillo del siglo XXI

    Cajasol presenta al Murillo del siglo XXI

    Aprovechando un viaje más que deseado a la Semana Santa sevillana he visitado una de las exposiciones más originales y novedosas del último año: Murillo fotógrafo, una muestra que se exhibe en la Fundación Cajasol hasta el próximo 22 de abril (quienes no la hayáis visto todavía tendréis que daros prisa, sí).

    Murillo social

    Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) fue uno de los máximos exponentes del Barroco en España. Junto con el hecho religioso, protagonista de sus obras, y sin desligarse de él, observamos en sus pinturas la cotidianidad de las gentes sencillas y los desheredados.

    Mendigos vestidos con harapos, niños como el de “Niño espulgándose” (los piojos y los mendrugos de pan son una tónica en sus creaciones) retratan la pobreza de la época que le tocó vivir y lo convierten en un pintor social.

    La exposición que ha patrocinado y que exhibe estos días la Fundación Cajasol es un homenaje a este Murillo social sensible a las carencias de sus conciudadanos en la Sevilla del siglo XVII.

    La exposición de Cajasol

    Los fotoperiodistas Laura León y José Antonio de Lamadrid, también andaluces, han querido reinterpretar fotográficamente 12 obras del pintor sevillano para denunciar cuestiones sociales como los desahucios, las enfermedades del siglo XXI (depresión), la inmigración o la violencia machista.

    Los tres requisitos que debían cumplir las fotografías eran: que los cuadros fuesen conocidos, que fuesen abordables y que conectasen con la realidad social. Los fotógrafos han conseguido, además, plasmar la composición, el color, el fondo y la atmósfera de los cuadros, en una combinación de arte y periodismo que resulta realmente sobrecogedora.

    Para recrear estas situaciones del siglo XXI han contado con protagonistas de carne y hueso que han sufrido o sufren ellos mismos los mismos casos que se denuncian.

    Los protagonistas de Murillo fotógrafo

    Álvaro es el protagonista de El desahucio. Fue desahuciado y durante el proceso perdió contacto con su padre, al que, cuando quiso recuperar, ya no pudo, pues había fallecido.

    Lola, tía de Laura León, aparece en otro cuadro con sus pastillas para la depresión, enfermedad del siglo XXI que muchos familiares ni siquiera llegan a detectar o a validar.

    Mari posa como La Inmaculada del Escorial en la imagen titulada El milagro científico de la reproducción, que narra sus múltiples intentos de embarazo a través de reproducción asistida.

    Ana Bella, superviviente de la violencia machista, es la María Magdalena Penitente de Murillo en un cuadro que ahora se denomina La liberación.

    Mar y Marcela, activistas transexuales, son las Mujeres en la ventana del maestro sevillano.

    Belén, católica, y Fátima, musulmana, son Santa Justa y Santa Rufina, son las hermanas nacidas en Sevilla entre los años 268 y 270 que sufrieron martirio por su fe y, como en la obra de Murillo, también sostienen la giralda como símbolo de armonía y paz.

    Esta maravillosa muestra de la Fundación Cajasol forma parte de los actos dedicados al 400 aniversario del nacimiento de Murillo, que cuenta, asimismo, con otras actividades como las visitas teatralizadas de la Compañía Teatro Clásico de Sevilla en el Real Alcázar; itinerarios para descubrir la ciudad en la que vivió Murillo y exposiciones como Murillo y los Capuchinos de Sevilla en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

  • Decadencia de la era Trump en The Good Fight

    Decadencia de la era Trump en The Good Fight

    The Good Fight, la secuela de The Good Wife de la que ya he hablado en anteriores ocasiones lleva ya unos cuantos episodios de su segunda temporada manteniendo la calidad con unos personajes que se sienten perdidos en un ambiente de decadencia laboral y política.

    El contexto de la decadencia

    Si en The Good Wife y BrainDead, de Michelle y Robert King, se ha visto siempre una marcada tendencia demócrata, en esta serie, y en especial en esta segunda temporada contamos con un aderezo, que es el contexto de decadencia de la era del Presidente Donald Trump.

    Diana Lockhart aparece como un personaje absolutamente abrumado por las circunstancias políticas que le rodean, zapeando en la televisión dando crédito, incluso, a que su jefe de Estado pueda haber introducido un cerdo en la mismísima Casablanca.

    Esa corrupción moral se observa también en los casos que llevan desde el bufete de Boseman y Reddick, como la violación a una concursante de un reality del estilo de Gran Hermano, a la que el productor del propio programa introduce borracha en un jacuzzi para conseguir más audiencia.

    Corrupción e inseguridad

    La atmósfera que envuelve la segunda temporada de The Good Fight es todavía más turbia por una oleada de asesinatos que está habiendo en Chicago contra abogados, a los que los distintos asesinos (el original y los imitadores) los acusan de haberlos estafado.

    Diane, que sabe que su oficio tiene sus claroscuros, pues no siempre ha defendido a clientes honorables, y no siempre ha sido honesta en sus tarifas y eficaz en su desempeño, está muy afectada, hasta el punto de que vive presa del pánico.

    Esta situación de histeria colectiva es aprovechada, incluso, por un empleado del bufete, que para ganar tiempo y poder presentar un informe que le han encargado decide enviar una carta con bicarbonato amenazando con que es ricina. El implacable investigador Jay Dispersia, interpretado por Nyambi Nyambi, pronto lo descubre.

    La estafa Rindell

    Uno de los hilos argumentales de The Good Fight es la estafa cometida por el padre de Maia Rindell y la investigación a la que está siendo sometida por parte de una agente del FBI un tanto corrupta, que no duda en presentar pruebas falsas para intentar que la joven abogada delate y entregue a su padre.

    El juicio se va pincelando episodio a episodio, con las jóvenes Luca y Maia enfrentándose a las distintas vicisitudes que les plantea el sistema político y judicial.

    En esta parte se pueden ver, asimismo, otras formas quizás menos evidentes de decadencia moral, pero igual de devastadora, que son las puertas giratorias entre lo público y lo privado y cómo abogados que han trabajado en la Fiscalía del Estado terminan en bufetes privados proporcionando información sobre procedimientos y causas judiciales que favorecen a los imputados.

    The Good Fight nos muestra desde un cinismo magistral una realidad tragicómica en la que los distintos personajes se van adaptando como pueden a una era convulsa que, por distintas razones, no esperaban vivir. Sin duda, de lo más recomendable de esta temporada.

  • Oz, la tortura y la corrupción de la cárcel

    Oz, la tortura y la corrupción de la cárcel

    Llevaba un tiempo pensando en escribir un post sobre Oz, una serie magnífica de HBO que vi hace años (no voy a ser pretencioso y decir que la vi antes que nadie porque sería falso: la gocé y la sufrí entera en 2014, once años después de que hubiese acabado), y por fin he reunido fuerzas para hacerlo. Porque Oz no es una serie fácil. Oz es una serie experimental para su época en la que se narra como en ninguna otra la tortura que representa la cárcel.

    La serie comienza con la entrada en prisión de Tobias Beecher, un abogado que mata a una niña mientras conducía en estado de ebriedad. Beecher, por tratarse del preso menos común de todos, es el que experimenta en mayor grado los horrores de Oz y, si bien al principio uno puede pensar que se ha ganado estar ahí dentro, el devenir de los acontecimientos y su transformación pronto cambian esa opinión.

    La cárcel como método de tortura

    A través del personaje de Tobias Beecher al comienzo de la serie (igual que sucede con McNulty en el inicio de The Wire, que parece que es el protagonista, pero es un juego del guion) conocemos a Simon Adebisi, violador, asesino y narcotraficante despiadado con cadena perpetua, uno de los presos más despiadados que poco a poco va tomando más cuerpo en la trama.

    Frente a este compañero de celda y como presunta ayuda a Tobias Beecher se presenta otro de los caracteres que serán imprescindibles en Oz, el nazi Vernon Schillinger, que pronto le exigirá a cambio favores sexuales. El trato vejatorio del supremacista Schillinger a Beecher es una de las historias más duras de la serie.

    Y es que Oz es, ante todo, un experimento para poner al espectador en un continuo estado de horror, ansiedad, desasosiego y desagrado. Si sois de los que os gusta daros atracones, con esta serie probablemente necesitéis parar de vez en cuando para ver algo ligero y divertido.

    Porque en Oz, si algo queda claro, es que no hay vía de escape, ni futuro, ni ninguna posibilidad de redención o mejora de la situación. Una vez que entras en Oz, ya no puedes salir. El propio Tobias Beecher consigue su libertad condicional tras seis años de condena, pero poco después es arrestado y devuelto a Oz. Porque aparentemente es difícil entrar, pero lo que sí es difícil es escapar.

    Y es que la cárcel, además de privación de libertad, en casos como el que se narra aquí -y sabemos que en Estados Unidos y otros países son completamente verídicos- puede ser el peor instrumento de tortura.

    Personajes novedosos y profundos

    Oz es una serie coral en la que ningún personaje se libra de tener un lado oscuro y aterrador (incluidos los propios funcionarios de prisiones, entre los cuales vemos a una jovencísima Edie Falco).

    A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS

    Algunos son auténticos sociópatas, como es el caso del aparentemente encantador y traicionero Chris Keller, que se propone, incluso, seducir a la hermana Peter Marie, psicóloga y monja que trabaja en la prisión; otros son supervivientes natos, como el irlandés americano Ryan O´Reily.

    Y todos ellos destacan por estar perfectamente construidos y ser fruto de su ambiente, de las condiciones en las que les ha tocado vivir y de las situaciones y las decisiones que han tomado.

    Algunos de ellos son realmente brillantes, como Augustus Hill, que hace de voz en off y en sus narraciones ofrece perspectivas filosóficas de situaciones materiales concretas, haciendo reflexionar sobre conceptos existenciales y la naturaleza de la muerte.

    Kareem Said, el líder musulmán que convierte a un gran número de presos y aboga por los derechos de los presos afroamericanos, ocupa también un lugar muy destacado en la serie y es uno de los personajes más poliédricos de Oz.

    En el lado de los funcionarios de prisiones encontramos desde demócratas convencidos de poder dar rehabilitación a los reos, como Tim McManus, hasta corruptos que se dejan sobornar para mirar hacia otro lado o directamente llevar a prisioneros a lugares donde van a ser agredidos o asesinados por sus enemigos. Pero incluso Tim McManus y los trabajadores más honestos terminan cometiendo, deliberadamente o no, errores o tomando decisiones que afectarán y empeorarán todavía más la miserable vida de los habitantes de Oz.

    Contrapuntos tragicómicos entre tanta tortura

    Entre cientos (literalmente) de personajes de todo tipo y en un ambiente claustrofóbico y tenso como es Oz los guionistas, muy acertadamente, introducen el personaje de Agamemnon Busmalis, experto en cavar túneles para cometer robos.

    Con esta maestría, como es lógico en un sitio como Oz, Busmalis perfora el cemento y construye un pasillo subterráneo a través del cual planea escaparse con su amigo Bob Rebadow, uno de los presos que más años lleva en la cárcel, que casualmente era arquitecto, lo que los convierte en una pareja perfecta.

    Su plan para escapar, sin embargo, es interceptado por dos miembros de la hermandad aria a los que tienden una trampa mortal una vez se encuentran en el túnel.

    Es imposible no sentir ternura y admiración por estos dos personajes, y esbozar una sonrisa al verlos mentir con ojitos inocentes diciendo que los nazis les obligaron a excavar en su celda. Es una de las pocas sonrisas que salen viendo Oz, así que, ¡aprovechadla!

  • La Caixa y el Museo Picasso traen a Warhol a Madrid

    La Caixa y el Museo Picasso traen a Warhol a Madrid

    La Obra Social la Caixa y el Museo Picasso Málaga presentan en Madrid la exposición Andy Warhol. El arte mecánico, que incluye los iconos más emblemáticos de la creación del artista de Pittsburgh.

    La muestra, que se exhibe en CaixaForum Madrid hasta el próximo 6 de mayo, cuenta con un total de 348 piezas (pinturas, culturas, esculturas, dibujos, serigrafías, instalaciones, libros, películas, portadas de discos, pósteres, revistas, objetos y material fotográfico) de más de 30 coleccionistas, entre los que se encuentra el Museo Andy Warhol de Pittsburgh.

    La esencia de Warhol

    Warhol. El arte mecánico es un recorrido a través de la biografía personal y la obra del artista desde sus inicios como diseñador gráfico comercial para revistas como Glamour, Vogue o Harper´s Bazaar hasta su muerte en 1987.

    A través de la muestra se abordan la mecanización y registro de imagen y sonido con cámaras fotográficas y grabadoras, o de impresión como la serigrafía y cómo le sirven para aplicar la noción de progreso en su obra son protagonistas y, en definitiva, las distintas transmutaciones que va experimentando el conjunto de su legado en su carrera.

    Uno de los aspectos que más me han gustado de la exposición es su hincapié en las instalaciones como las Silver Clouds, fabricadas especialmente para el Programa Espacial de la NASA, o Exploding Plastic Inevitable, los actos multimedia en los que se mezclaban actuaciones musicales de The Velvet Underground y Nico con proyecciones de películas de Warhol y actuaciones de los clásicos de The Factory.

    Otro de los aciertos es haber sabido plasmar el hervidero de ideas y creación que fue The Factory, donde según John Cale, el partner de Lou Reed en The Velvet Underground, “cada día ocurría algo nuevo”.

    Hoy cuesta imaginar un espacio de confluencia de artistas visuales de la talla de Andy Warhol con músicos como Bob Dylan o Mick Jagger, y eso sin contar el amor libre que se respiraba en el estudio.

    De gira hasta el Museo Picasso Málaga

    Andy Warhol. El arte mecánico ha estado expuesta entre el 14 de septiembre y el 31 de diciembre en CaixaForum Barcelona, con más de 228.000 visitantes. Estará en CaixaForum Madrid hasta el próximo 6 de mayo, como he señalado más arriba, y desde aquí viajará a Málaga, concretamente al Museo Picasso Málaga, organizador junto con la Caixa de la muestra.

    José Lebrero Stals, director artístico del museo malagueño, es el comisario de esta exposición. Lebrero, que tiene una trayectoria destacable, fue conservador jefe del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) de 1996 a 2002 y director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla de 2003 a 2009.

    Como actividad atractiva para los amantes de Warhol, la Obra Social la Caixa plantea la Noche de Warhol el próximo 13 de abril, en la que CaixaForum Madrid recreará el ambiente especial que se vivía en The Factory, con artistas visuales y músicos con propuestas propias de agitación cultural.

    En Madrid, además, se pueden ver como novedad con respecto a Barcelona cuatro obras: Single Elvis (1964); Most Wanted Men No. 1, (1964); Self-Portrait, (1966); y el vestido The Souper Dress (1967).

  • Series contra la política de Trump

    Series contra la política de Trump

    La política de Trump está inspirando como nunca a los guionistas de las series, que escriben sin parar episodios en los que se denuncia y se ridiculiza al presidente de los Estados Unidos por sus continuas declaraciones y medidas racistas, machistas, homófobas, tránsfobas y belicistas.

    La política de Trump como inspiración

    La primera de las series que he visto con esta temática política fue The good fight, el spin-off de The good wife. Ambas producciones tratan sobre las estafas financieras y la corrupción política, respectivamente, que rodean a bufetes de Chicago y están protagonizadas por personajes que confiesan abiertamente su concordancia con las ideas liberales del Partido Demócrata.

    La apertura de The good fight no podría suponer mayor declaración de intenciones, con las tensiones políticas y sociales que el gobierno de Trump está suponiendo y una Diane Lockhart consternada por el triunfo de su mayor pesadilla política.

    Transparent contra Trump

    La cuarta y hasta el momento última temporada de Transparent, la maravillosa historia del profesor Mort que, con sus hijos ya mayores, decide realizar el cambio de género que siempre ha soñado, también ha tenido un cariz más político que anteriores.

    En su presentación Amazon añadió una carta de uno de sus creadores diciendo, entre otras cosas, “compartir este trabajo en medio del continuo ataque del Presidente Trump a la comunidad transgénero resulta doloroso. Todo el equipo está consternado con la publicación de un tweet de Trump informando de que las personas trans no podrán servir en ningún área del servicio militar americano. Condenamos la amenaza a aproximadamente 15.000 personas trans en activo y 134.000 veteranos de negarles su derecho a la dignidad, el respeto y la seguridad que merecen.”

    Nuevas series contra la política de Trump

    La política de Trump está alimentando tanto la creación audiovisual y los deseos de denunciar la situación que en estos momentos ya hay varias series en producción y con previsión de futura emisión de series específicas como Welcome to Maine, una comedia de CBS sobre una familia asentada desde hace nueve generaciones en Maine y un inmigrante recién llegado y su hija.

    La protagonista de Jane the Virgin, Gina Rodríguez, por su parte, producirá dos series sobre inmigrantes: Illegal, comedia dramática sobre la familia de un adolescente afectado por la eliminación del DACA (programa de Acción Deferida para los Llegados durante la Infancia que había protegido de la expulsión a 800.000 inmigrantes indocumentados) y Have Mercy, drama médico para CBS sobre una doctora latina que, al no poder encontrar trabajo en Miami como médica tras emigrar, termina aceptando un puesto como asistente de enfermería y abre a su vez una clínica ilegal en su domicilio para atender a su comunidad.

    Showtime ha anunciado, asimismo, una serie de dibujos animados sobre Donald Trump producida por la propia CBS, que parece entregada a la causa, bajo la dirección y producción de Stephen Colbert, presentación del famoso The Late Show.

    La vagina contra Trump

    Pero, sin duda, la denuncia más hilarante y, en mi opinión, mejor planteada es la que se hace en Broad City, la comedia creada y protagonizada por Illana Glazer y Abbi Jacobson en la que narran las esperpénticas y aun así verosímiles andanzas de dos jóvenes precarias en Nueva York desde un punto de vista muy liberal en cuanto a las relaciones sexuales y afectivas y al consumo de estupefacientes.

    A lo largo de la segunda temporada se va planteando que Illana le pasa ‘algo’ que no le permite mantener relaciones placenteras. Sucesivos fallos y desastres desencadenan que vaya a una asesora sexual para descubrir que no ha podido tener un orgasmo desde que ganó Donald Trump las elecciones.

    La sexóloga, un personaje también muy cómico, en la línea de lo que acostumbra Broad City, la motiva para vencer la fobia a Trump y excitarse pensando en todas las mujeres que le están haciendo frente en una escena que ha entrado directa a mi top ten de momentos desternillantes en las series.

    Queda todavía tiempo de mandato de Trump. Nos puede llevar a la tercera guerra mundial, esperemos que no, pero mientras tanto disfrutaremos de todas estas creaciones que ha inspirado.

  • Muertes de serie no aptas para aprensivos

    Muertes de serie no aptas para aprensivos

    Las series de televisión nos descubren la vida de distintos personajes, sus relaciones y, cómo no, sus muertes. El cine, por supuesto, también, pero la familiaridad que llegamos a establecer con algunos de los protagonistas de las series hace que nos sintamos mucho más cercanos y, por lo tanto, sintamos de manera muy especial todo aquello que les ocurre.

    En todas las series de televisión hay muertes, es un hecho. Pero hay algunas que por su verosimilitud, proximidad o simplemente por la forma en la que están contadas nos afectan más.

    Para mí estas son las muertes que más me han impactado, me han hecho reflexionar y me han tenido, incluso, buscando en enciclopedias médicas cómo se producen y si hay alguna manera de evitarlas. Y no, no voy a hablar de Chanquete.

    Ahogamiento secundario

    El ahogamiento secundario es una forma de muerte horrible que suele suceder especialmente a los niños tras sufrir un episodio de ahogo o atragantamiento. Yo ni lo conocía hasta que lo vi en The Affair. Tuve que buscar su significado en páginas como esta  y a día de hoy todavía sufro pesadillas con que les pueda ocurrir a mis sobrinos.

    El ahogamiento secundario en The Affair es la causa de que Alison Bailey, madre de un niño de cuatro años fallecido tras superar un ahogo en la playa, esté tan perdida que establezca una relación amorosa con el pedante, inútil, cobarde, escritor de bazofia, perdón, personaje atormentado de Noah Solloway, para el que su vida con una mujer inteligente, que lo quiere y que le ha dado cuatro hijos no es suficiente.

    Así que ya sabéis, si vosotros o vuestros hijos os atragantáis o padecéis un semi-ahogamiento, lo mejor que podéis hacer es no confiar en que todo ha pasado y permanecer atentos a la respiración, que no haya tos, falta de atención o cansancio.

    Muertes por suicidio

    El suicidio es un recurso ampliamente utilizado en las producciones audiovisuales y suele resultar muy chocante, aunque el exceso de uso nos haga permanecer más impasibles cuando lo vemos. Sin embargo, esto no es así en dos casos que voy a exponer.

    El primero, 13 Reasons Why, nos deja desechos por tratarse de una adolescente que sufre acoso en su instituto y, a pesar de intentar una y otra vez salir del paso, solo consigue estar peor. Y nadie la ayuda. Nada que nos resulte extraño en estas épocas en las que desayunamos con suicidios, violaciones y agresiones brutales en centros escolares.

    Es precisamente la verosimilitud lo que más nos afecta y duele, saber que este tipo de cosas suceden a diario a muchos niños y adolescentes en nuestro país y otros como Estados Unidos y no estamos haciendo lo suficiente para frenarlo.

    La misma sensación de desolación y culpabilidad nos deja el suicidio de Wasicsko en Show me a hero, la serie sobre la corrupción local y el racismo en la ciudad de Yorkers que, además, está basada en hechos reales.

    Ver chocar y caer a un personaje que se decide a hacer las cosas bien sin ser ningún héroe, que de eso va la trama, ver cómo la corrupción lo ahoga y finalmente termina con su carrera sin haber sido el causante de todo el embrollo nos lleva a pensar que no hay salida, que solo pueden ganar los villanos.

    Muertes coronarias inesperadas

    Un accidente coronario es algo que puede ocurrirnos a cualquiera, y más si tenemos antecedentes familiares, pero cuando vemos fallecer a personajes de ficción que nos caen muy bien y para los que esperábamos otro final siempre nos quedamos conmocionados.

    El caso más reciente de protagonista fallecido por una causa así ha sido el de Jack Pearson, padre de la familia de This is Us, cuya muerte llevábamos esperando que ocurriese desde casi el primer episodio, pero aun así no ha dejado de ser triste y sorprendente.

    Y es que, tras sobrevivir al incendio absoluto de su casa y lograr salvar a todos sus habitantes, Jack perece de manera imprevista en el hospital en lo que tanto él como Rebecca suponían un chequeo rutinario.

    Mientras su querida esposa va a la máquina de vending, él sufre un infarto masivo que luego describen como “widowmaker” y aquí traducen como “de la viuda negra”. Pero al parecer, buscando en Google artículos sobre el tema, no es exactamente como lo definen en la serie, provocado por la excesiva inhalación de humo, sino por un bloqueo de la arteria izquierda, es decir, que nos podría pasar a cualquiera sin necesidad de que una olla de cocción lenta prendiese fuego a nuestra vivienda (¡HORROR VACUI!).

    La angustia de Six Feet Under

    Otro de estos casos de muertes emocionantes fue la de Nate, el hermano mayor de la familia Fisher de Six Feet Under (cuánto tiempo ha pasado, ¿verdad?), A dos metros bajo tierra en español.

    Además, y aunque ya conocíamos su malformación arteriovenosa desde la primera temporada, igualmente se trató de una muerte inesperada, pues tras sufrir el primer derrame cerebral los médicos vieron grandes posibilidades de recuperación y nadie suponía que ese iba a ser su fin.

    En este sentido Six Feet Under ha sido la serie que más nos ha recordado que “todos estamos esperando” (así se titula su último y emotivísimo episodio) y que a todos, esperemos que más tarde que temprano, nos tocará morir.

    Y no puedo cerrar este post sin incluir en él los minutos finales de esta magnífica serie, con los que lloré como pocas veces me ha sucedido viendo ficción, y que me tuvieron unos cuantos días un tanto cabizbajo.

  • Altered Carbon, la distopía más decepcionante

    Altered Carbon, la distopía más decepcionante

    Hoy necesito hablar de mi decepción con Altered Carbon. Después de mucho esperarla, de tanta publicidad y tanto bombo que hemos visto en todas partes, empezando por las marquesinas de las paradas de autobús y los espacios publicitarios del Metro, no puedo estar más triste y sentirme en cierta manera estafado con lo que ha terminado siendo.

    No he querido decir nada hasta terminar la serie porque los primeros episodios prometían tanto que temía hablar demasiado deprisa, como me sucedió con This is us (de cuyo final escribiré otro post). Y no podía haberlo hecho mejor.

    Os aviso que a partir de aquí comienzan los spoilers.

    Altered Carbon, la promesa

    Altered Carbon comenzó siendo un planteamiento original con una producción excelente en la que se veían 3D, buenos actores y se atisbaba una historia de scifi hard que podría haber igualado a Battlestar Galactica.

    La historia, basada en la novela del mismo nombre de Richard K. Morgan, se ambienta en un tiempo futuro en el que la humanidad ha dado un salto cualitativo y, gracias a tecnología que se atisba como alienígena y que uno espera que vayan a narrar en algún momento, ha conseguido codificar la conciencia humana en unos dispositivos llamados “pilas” que se insertan en carcasas renovables, el futuro de los cuerpos.

    Los humanos, por lo tanto, ya no mueren, sino que se enfundan una y otra vez en envoltorios de distintas calidades, siempre en función de sus posibilidades económicas, porque las desigualdades sociales no solo no han terminado, sino que se han agravado ad infinitum.

    Tanto es así que existen los llamados “mats” (abreviatura de Matusalén), que tienen cientos de años de vida y viven en el Aerium, estructuras masivas sobre las nubes donde ubican sus mansiones.

    Los mats están al nivel de los dioses para quien no tiene posibilidad de colarse en un estuche y tiene que experimentar la “muerte real”. Y, como no podría ser de otro modo, son seres corruptos que toman cuanto ven y tienen tentaciones como asesinar a jóvenes sabiéndose impunes, pues compran a la policía, cuyos mandos han caído también en la corrupción y se dejan sobornar.

    En este contexto extraño se encuentran también manifestaciones religiosas reconocidas cuyos creyentes rechazan la inmortalidad y piden que su pila no se introduzca en ninguna carcasa, incluso aunque hayan sido asesinados y sea imprescindible para investigar y conocer los hechos.

    La historia de los Enviados

    En un pasado ubicado hace 250 años, fecha en la que se codifican las conciencias humanas, se enmarca la trama de los Enviados, grupo insurrecto que se oponía a las desigualdades sociales y a la inmortalidad humana.

    En él participaba Takeshi Kovacs, el protagonista de Altered Carbon, junto a su hermana y a la mujer que amaba, la líder del grupo denominado terrorista por el Protectorado (macrogobierno).

    Los Enviados viven en una especie de paraíso que a mí personalmente me recuerda al bosque de Pandora en Avatar y comparten formas cercanas y espíritu fraternal, pero son eliminados por el Protectorado por una traición que se descubrirá más tarde y que es el inicio del declive de la serie.

    Como resultado de este genocidio Kovacs es congelado por 250 años hasta que Laurens Bancroft, uno de los mats más corruptos, lo despierta para que le ayude a solucionar su propio asesinato.

    Altered Carbon, decadencia y descenso

    Con una ambientación tan prometedora y una puesta en escena tan lograda era difícil que todo fuese a desbaratarse, pero lo hizo, dejando un regusto a tristeza y estafa.

    Altered Carbon ha sufrido una pérdida de calidad en los últimos episodios solamente comparable a los thrillers europeos, que no son capaces de terminar decentemente un buen planteamiento.

    Como he dicho más arriba, el comienzo del fin se da cuando reaparece la hermana de Kovacs, que se suponía muerta hace 250 años, y comienzan a narrar su historia. Reileen Kawahara, que así se hace llamar, es un personaje villano de las películas de James Bond, sin apenas aristas, algo completamente anacrónico en pleno siglo XXI.

    Sus diálogos están innecesariamente recargados y son tan facilones que provocan sonrojo. Su trama, además, es tan retorcida que pierde toda verosimilitud porque sí, amigos, (espero que de verdad hayáis hecho caso al letrero de SPOILER de más arriba), no tiene sentido que urdiera todo el plan de asesinar a Bancroft solo para que liberaran a su hermano.

    Rei es un personaje histriónico que afirma amar tanto a Kovacs, su hermano, que hasta lo intenta seducir sexualmente, lo que añade más minutos de vergüenza ajena a Altered Carbon.

    Y así es como lo que podría haber sido la gran exploración de un universo distópico muy interesante termina convertida en una historia pequeña de celos, rencor y amor psicópata como otras tantas que ya hemos visto anteriormente.

    Como se dice por ahí, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

  • Las sociedades corruptas y distópicas de Philip K. Dick

    Las sociedades corruptas y distópicas de Philip K. Dick

    Hoy quiero hablaros de otro gran descubrimiento de finales de 2017 y principios de 2018: Electric Dreams, la serie basada en los relatos cortos de Philip K. Dick en la que se exploran sociedades corruptas y distópicas que tienen como base común la preocupación por el futuro de la humanidad.

    Sociedades deshumanizadas y contaminadas

    Electric Dreams está compuesta por diez episodios autoconcluyentes en los que se exploran distintas realidades partiendo de temas candentes hoy en día (y en la época en la que K. Dick los escribió) como el cambio climático, la automatización de la producción (Autofac es, en mi opinión, el mejor de todos), la represión política (Kill All Others, una genialidad), etc.

    Todos ellos comparten la muestra de sociedades deshumanizadas y corruptas en las que un alienígena suplantador de un cuerpo puede llegar a ser  mejor persona que un humano o en la que en las elecciones a la presidencia del país más importante del planeta solo haya una única candidata, que, si lo pensamos fríamente, podría ser la forma en la que termine de evolucionar el bipartidismo.

    Electric Dreams recuerda mucho en sus planteamientos a Black Mirror, aunque se debería expresar al revés, pues esta última es bastante posterior y, en todo caso, habría que señalar que podría estar influida por esas preocupaciones de K. Dick sobre el devenir de las sociedades.

    El creador de una de mis novelas preferidas, Ubik, pasó por distintas fases temáticas y en todas ellas se puede observar una constante: el descubrimiento de que la realidad es una ilusión construida por entidades externas tan poderosas como afectadas por la corrupción y los protagonistas se verán abocados a enfrentarse a ello.

    Elenco de producción y actores

    Una de las cosas que destacan de esta producción audiovisual sobre los relatos del escritor de Chicago es la cantidad de personalidades que desfilan entre su staff.

    Electric Dreams cuenta con Bryan Cranston (Breaking Bad), Ronald Moore (productor de Battlestar Galactica) y Michael Dinner (Justified) entre sus productores. Por su primera temporada (que esperemos que no sea la última) desfilan actores y actrices como Steve Buscemi, Anna Paquin, Geraldine Chaplin (siempre magnífica), Maura Tierney, Richard Madden o Terrence Howard. Un cast que difícilmente se reuniría para otras series (a excepción de Westworld, claro).

    Puntos negativos

    No se puede escribir una reseña de Electric Dreams sin nombrar los aspectos que cabría mejorar, que los tiene. El primero de ellos es la sensación que queda en algunos capítulos de que 50 minutos se les han quedado cortos para hacer el planteamiento, nudo y desenlace, pues todo se resuelve demasiado deprisa.

    Otra cuestión es el exceso de explicaciones, que en algún episodio en el que se relata, incluso, lo que ha pasado por si el espectador no se ha dado cuenta (que sí) llega a ser insultante. Porque no somos tontos y, en el caso de que no nos hubiésemos enterado (que sí), también podemos rebobinar (qué palabra tan vintage) y volver a verlo.

    La crítica en general ha sido bastante dura con esta producción porque había altas expectativas tras Black Mirror, pero los textos de Philip K. Dick se escribieron en algún punto entre 1951 y 1982, y el hecho de que la veamos tan actual a día de hoy, en pleno 2018, ya hace que merece la pena echarle un vistazo. Y leerse los relatos, por supuesto.

  • La Caixa y el cambio a través del arte

    La Caixa y el cambio a través del arte

    El programa Art for Change de la Obra Social la Caixa destinará un total de 349.820 euros a su programa Art for Change la Caixa (arte para el cambio).

    La principal finalidad de este programa, que nació en 2007, es conjugar la creación artística y la transformación social a través de la colaboración de personas y colectivos en situación de vulnerabilidad en procesos creativos liderados por un artista concreto.

    Propuestas para el cambio

    En la convocatoria de 2017 se presentaron un total de 224 propuestas de artistas y entidades culturales de toda España, de las que han sido seleccionadas 18 procedentes de Madrid, Barcelona, Girona, Lleida, Valencia, Navarra y Las Palmas.

    Se prevé que participen más de 2000 personas que tendrán la oportunidad de realizar un proceso de cambio personal y social a través de una actividad artística.

    A la hora de adjudicar los proyectos se ha tenido en cuenta, según señala la Caixa, “el fomento del desarrollo personal del participante mediante su implicación en el proceso creativo; la cohesión y la inclusión social a partir de la creación de espacios neutrales de relación, intercambio y convivencia, y la regeneración social de carácter comunitario mediante actividades que contribuyan al desarrollo de barrios o grupos sociales y a reforzar conceptos como la identidad y la autoconfianza”.

    Art for Change la Caixa en Madrid

    En Madrid las ayudas de Art for Change la Caixa han recaído en Andrea Jiménez García y su proyecto de teatro Transformando el ahora; en la asociación Amigos del CA2M, que tiene como objetivo apoyar los fines del CA2M Centro de Arte Dos de Mayo, con la propuesta de vídeo titulada Máscaras, y en la guionista, actriz y profesora de teatro Paloma Pedrero Díaz-Caneja para Una guarida con luz. Un proyecto teatral para la inclusión social.

    Cataluña es la comunidad que más ayudas recibe, con un total de diez proyectos para las provincias de Barcelona, Girona y Lleida. Y Navarra, Canarias y la Comunidad Valenciana también reciben dotación, con proyectos de danza, música, circo y danza.

    Por actividades, las artes plásticas y la danza, con cuatro proyectos cada una, son las que mayor éxito han tenido esta convocatoria, seguidas del teatro y la música (3), la fotografía (2) y el vídeo y el circo (1).

  • No, la última de Black Mirror no es una estafa

    No, la última de Black Mirror no es una estafa

    El título de mi post lo dice todo, supongo, pero ante tantas malas críticas a la última temporada de Black Mirror diciendo que si es una estafa, que si ha descendido la calidad, que si “ya no es lo que era” (el equivalente seriéfilo a “la maqueta molaba más”), siento un impulso irrefrenable por romper una lanza en su favor.

    Cada día más Black Mirror

    Quizá haya una discrepancia de base en todo este tema de Black Mirror, y es que un sector del público la ha visto como una serie especulativa sobre temas que nos afectan ahora y otros, además de esa parte, le hemos visto el carácter de ciencia ficción que tiene.

    Es la misma división que se establece entre quienes alucinaron con el primer episodio de la primera temporada, el del Primer Ministro que es obligado a tener relaciones sexuales con un cerdo, y quienes pensamos que ese capítulo es el más mediocre, inverosímil y peor narrado de toda la serie.

    En este sentido, la última temporada de Black Mirror continúa la senda de los episodios más scifi que ha tenido a lo largo de su trayectoria, con una puesta en escena que, además, incluye ciertos tópicos sobresimplificados por quienes aborrecen la ciencia ficción (“navecitas”, videojuegos, apocalipsis, robots…).

    Explorando el duplicado de conciencia

    El primer episodio de esta cuarta entrega, titulado USS Callister, explora la línea que comenzó en el espectacular episodio especial White Christmas, protagonizado por Jon Hamm. En él se especulaba sobre si los duplicados de conciencia y ADN podrían dar réplicas exactas de uno mismo que experimentaran idénticas emociones y se sintiesen atrapados eternamente en los dispositivos en los que estuvieran destinados.

    USS Callister constituye, además, una crítica a las personas cobardes que no son capaces de enfrentarse a los demás, pero albergan una oscura y déspota personalidad.

    Para los que somos gamers y/o estamos muy en contacto con el entorno de los videojuegos también es una denuncia del machismo y el autoritarismo de algunos gamers que se pueden ver en los juegos online.

    Mejor calidad que nunca

    Esta cuarta temporada en mi opinión ha sido la más compacta y homogénea en cuanto a la buena calidad de todos los episodios.

    Arkangel, donde una madre sobreprotectora hace uso de la tecnología para censurar lo que ve su hija y controlar todos y cada uno de los aspectos de su vida, no difiere mucho de la realidad que viven muchos hijos de padres cotillas que leen sus diarios y los espían continuamente. Mayor verosimilitud e inquietante cercanía a la realidad, imposible.

    Crocodrile, con puesta en escena de los famosos thrillers nordic noir, es una genialidad, no tanto por su concatenación de crímenes (que levante la mano quien no haya recordado la histriónica película Very bad things, con Christian Slater, viéndolo), sino por la presentación del “Corroborator”, el escalofriante artefacto que se conecta a tu cerebro y puede meterse en tus recuerdos, incluso aunque no quieras.

    Hang the Dj, quizá el que menos me ha gustado de toda la temporada, hace una exposición bastante elegante del futuro de las relaciones en la que sería la era postTinder.

    Metalhead, uno de mis favoritos de esta entrega de Black Mirror, me ha resultado aterrador por la verosimilitud de su planteamiento. Basta pasarse un rato investigando el estado actual de las armas autómatas para darse cuenta de que podría ser plausible el “arma definitiva” que nos aniquilase. El hecho de que sean pequeños robots con forma de perro lo hace todavía más perturbador.

    ¿Quién no ha pensado en los vídeos promocionales de Amazon con sus drones entregando los paquetes al ver a los protagonistas siendo atacados por robots que vigilan las mercancías?

    El ritmo de este episodio es trepidante y corta la respiración por momentos. Que sea uno de los que más críticas ha suscitado me resulta francamente extraño, casi tanto como los comentarios de la gente que dice que no le gusta The Leftovers.

    Y qué decir del último episodio, Black Museum, uno de los mejores capítulos en forma de autohomenaje a todos los cachivaches tecnológicos e historias distópicas posibles de Black Mirror, en el que también se explora lo retorcido de duplicar la conciencia de una persona a través de copias de ADN o transferencias a otros dispositivos.

    La trascendencia de Black Mirror

    Yo que siempre he pensado que me gustaría ser inmortal, incluso aunque tuviese que trasladar mi conciencia a un robot cuyo cuerpo no pereciera o pudiese ser reparado constantemente, estoy empezando a temer que mi sueño utópico puede ser en realidad una eterna pesadilla.

    Y todas estas reflexiones trascendentales las ha provocado Charlie Brooker, él solito con sus guiones tortuosos, lanzando hipótesis como los grandes escritores de ciencia ficción.

    Ahora que están emitiendo los relatos cortos de Philip K. Dick, de los que hablaré en otro post, se puede ver que muchos episodios de Black Mirror, entre ellos los emitidos esta temporada, superan con creces el nivel del prolífico escritor de Chicago.  A ver qué otros creadores superan ahora mismo algo así.

    Así que sí, brindo por muchos años más de Black Mirror con esta calidad.