Category: Series

  • Peaky Blinders, más política que nunca

    Peaky Blinders, más política que nunca

    Recién terminada la tercera temporada de Peaky Blinders, el drama histórico que versa sobre la familia de mafiosos del mismo nombre establecidos en Birmingham en la segunda década de 1900, solo puedo decir que esta entrega ha superado con creces la calidad de guion de las anteriores, que ya fueron magníficas.

    La excelencia de Peaky Blinders

    La calidad de fotografía y producción se mantiene, cambiando los escenarios de las sucias calles azotadas por la pobreza tras la I Guerra Mundial por la majestuosa mansión de Tommy Shelby y los palacios de otros personajes que han irrumpido y de los que hablaremos más adelante.

    Asimismo, la banda sonora continúa su senda de originalidad al introducir géneros como el rock, el indie e incluso el post-punk y el gótico para ambientar una época histórica previa al descubrimiento de los mismos. (En otra ocasión trataremos The Knick, otra genialidad por muchas razones, entre ellas también por la innovación en la música).

    Al comienzo del quinto episodio nos encontramos, incluso, con un muy bien traído tributo al último disco de David Bowie, que, según narra la prensa inglesa, admiraba tanto la serie que pidió que se utilizara su música. Y es que David Bowie y Peaky Blinders ya tenían historia previa, pues Cillian Murphy, el actor que da vida a Tommy Shelby, le envió una de sus capas al enterarse de que le encantaba la serie.

    Quizá este gusto por la música y la estética que haya que alabar también tenga su contrapunto, ya que hay momentos de la serie en los que, siendo honestos, sobran las escenas de los Peaky Blinders caminando con elegancia matona mientras suena buena música de fondo. Pero también puede ser que yo soy muy quisquilloso.

    A partir de aquí, ya sabéis, me pongo a destripar.

    La guerra contra el comunismo

    En esta temporada hemos visto a Tommy Shelby enfrentarse a una antigua deuda con Winston Churchill por haber salvado su vida. Esta deuda, por supuesto, incluía que la familia de gángsters se hiciese cargo de los trabajos sucios de la guerra contra el comunismo que la opinión pública no podía conocer: cometer un atentado en suelo británico del que poder culpar a los soviéticos para entrar en guerra con ellos.

    Los Peaky Blinders se sitúan en este contexto histórico dentro de lo que Karl Marx y Friedrich Engels consideraban lumpenproletariado, la capa más baja de la sociedad, los marginados que para los padres del comunismo suponían un peligro, pues sus ansias de dinero y su falta de conciencia política los llevaba a aliarse con la aristocracia y la burguesía, dañando al proletariado.

    En este sentido podría decirse que esta tercera temporada de la serie tiene un enfoque marxista, y no solo por el retrato de esta clase social, sino también por cómo dibujan a la aristocracia rusa en el exilio como un grupo de depravados sexuales y a la burguesía inglesa que lucha contra la revolución rusa como unos asesinos sin escrúpulos.

    Mención especial merece el Padre Hughes, representante de la organización derechista “La Liga Económica”, a la que también se refieren como “Comité de Vigilancia” y “Sección D”, un pederasta que utiliza los orfanatos como mercado de niños y que no duda en extender sus tentáculos al que acaba de crear Tommy Shelby en su continua necesidad de ascender socialmente y pertenecer a la clase alta inglesa.

    Porque la tercera temporada es también la narración del determinismo social, de cómo los Shelby, por más que su líder intente blanquear sus negocios y entrar en los clubes más selectos de la sociedad inglesa, se encuentran con el clasismo y la barrera invisible que impide ascender de clase y estatus social aunque hayas conseguido llenar tus arcas y comprar una mansión y caigas de igual manera en la corrupción.

    Las mujeres

    Como en anteriores entregas, en estos seis episodios hemos visto las vicisitudes de las mujeres, tanto Peaky Blinders como de otras procedencias, que se enfrentan a las trabas y el machismo de la época.

    Destaca especialmente el personaje de Polly, que conoce a un misterioso pintor con el que termina teniendo una relación a pesar de sus inseguridades y de las prohibiciones que el patriarca Tommy Shelby quiere imponerle.

    La familia

    Y, cómo no, no puedo terminar esta reseña de la tercera temporada de Peaky Blinders sin hablar de las ataduras familiares que obligan a los Shelby a permanecer fieles a su líder, aunque se comporte de manera errática y cometa equivocaciones. Pero el episodio final, con una traición de dimensiones épicas, deja la puerta abierta a un giro de guion y una venganza de los sometidos.

  • David Simon contra la corrupción: Show me a hero

    David Simon contra la corrupción: Show me a hero

    Hace tiempo que vengo preguntándome cómo puedo no haber hablado todavía en mi blog de David Simon y la importante labor de sus series a la hora de combinar ficción con denuncia social de la corrupción de primera mano, pero un solo post se quedaría corto, así que iré hablando de todas sus maravillas, comenzando por la última, Show me a hero, y haciendo después restrospectivas de las anteriores.

    Su última producción, quizá la menos conocida en España, es Show me a hero, la historia de cómo Nick Wasicsko, político demócrata y alcalde más joven de Yorkers (ciudad del estado de Nueva York), se ve obligado a cumplir una sentencia judicial que impone la construcción de viviendas sociales para pobres en un barrio de blancos, la patata caliente que todos los anteriores alcaldes llevan eludiendo y que ha generado unas multas insostenibles para el ayuntamiento.

    A partir de aquí, SPOILERS. No digáis que no os avisé.

    Show me a hero and I´ll write you a tragedy

    A pesar de que esta cita de F. Scott Fitzgerald que da nombre a la serie puede confundir al principio sobre las intenciones del protagonista, Wasicsko no es ningún héroe. Es un arribista que aspira al poder y al que no le importa utilizar el enchufismo y el nepotismo para conseguir lo que quiere.

    Manipulando a los que tiene alrededor con la promesa de apelar la sentencia y siendo a su vez manipulado para ocupar el puesto de regidor local y quemarlo políticamente en un momento en que había que cumplir dicha sentencia de manera obligatoria, Wasicsko se pone al frente del ayuntamiento y se ve obligado a asumir esta tarea al ser acusado de desacato el ayuntamiento. Esta decisión, que es la correcta, le genera enemigos políticos que comienzan a hostigarlo continuamente.

    Toda esta situación afecta a su carrera y a su vida personal, y Wasicsko, que en el fondo siempre ha sido un cobarde que utilizaba a los demás para su propio beneficio, termina suicidándose.

    Estados Unidos, racista y segregador

    Las protestas vecinales que tienen lugar durante el periodo de construcción de las viviendas, las quejas porque se devaluarán sus propiedades, así como los ataques y las continuas falsas acusaciones sobre los pobladores de dichas viviendas sociales muestran una América más cercana a la Guerra de Secesión que a 1987, fecha en la que está ambientada esta historia real.

    Y es que la visión que se nos pretende mostrar de un Estados Unidos que tiene superadas las discriminaciones raciales difiere de todas las estadísticas sobre desigualdad, y es algo que siempre está muy presente en todas las obras de David Simon, desde The Corner a esta última, pasando, cómo no, por Treme y The Wire, de las que hablaremos próximamente.

    En este caso Simon también ha contado con el trabajo de William F. Zorzi, periodista que trabajó en The Baltimore Sun y con el que coescribió The Wire basándose en historias reales que conoció de primera mano y documentación que le enviaban los propios ciudadanos para que la incluyese en la serie.

    Con estas premisas no hace falta decir que Show me a hero es una miniserie que debería estar entre las más vistas, como todas las de David Simon, que son mejores ejemplos de periodismo que una gran parte de los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance.

  • Vinyl, lujo y mafia en la industria discográfica

    Vinyl, lujo y mafia en la industria discográfica

    La colaboración de Rich Cohen, Mick Jagger y Martin Scorsese en Vinyl nos ha dejado una serie bastante elegante, bien producida y con una banda sonora perfecta que, sin embargo, tiene unos cuantos peros, a mi modo de ver, que desgranaré en este post.

    Y es que, ¿qué seriéfilo orgulloso de serlo no se ha reservado un momento de máxima tranquilidad para disfrutar de Vinyl esperando un drama musical magnífico al que no ponerle ninguna pega? Seguro que todos. Y ahora, ¿qué seriéfilo no se ha encontrado decepcionado con el guion y algunos elementos innecesarios que ensombrecen la obra?

    ¡Mucho ojito! A partir de aquí, SPOILERS.

    Vinyl, thriller por sorpresa

    La primera nota discordante que hallamos es el homicidio del dueño de las emisoras musicales, en una escena histriónica y casi inverosímil en la que se disparan pistolas y el protagonista de Vinyl, Richie Finestra, termina aporreando su cabeza hasta reventarla. Luego, junto con su ayudante y colaborador necesario, deciden deshacerse del cuerpo, tomando una decisión tan manida y tópica de los thrillers que debería dar vergüenza utilizar una sola vez más a cualquier guionista.

    ¿Qué necesidad había de, en una serie dedicada a mostrar e, incluso, denunciar, cómo se las gasta la industria discográfica con sus artistas, incluir que esos productores discográficos son también asesinos? ¿Acaso iban a parecer menos malos si el guion los retrataba tal cual y por eso añadieron este trillado elemento?

    He de reconocer que para mí este ¿homicidio? ¿asesinato? fue un golpe casi mortal que me hizo perder mucha esperanza de la que tenía depositada en Vinyl. La escena, impostada y sobreactuada, me dio ganas de no darle mayor oportunidad, pero uno está demasiado enganchado a esto como para rendirse así como así.

    Otro de mis grandes peros a Vinyl lo constituye el tempo. Scorsese nos ha dado obras maestras del cine y su primera gran producción de televisión, Boardwalk Empire (de la que hablaré algún día) fue casi perfecta, si no fuese por ese cierre tan abrupto en el que tuvo más que ver la cadena que el propio Martin. Sus historias sobre el mundo de la mafia y los gángsters son interesantes y están bien narradas. Ahora bien, ¿por qué utiliza esa misma manera de narrar para una serie sobre discográficas, bandas de música, rock, funky y punk?

    Richie Finestra se nos presenta como un personaje mafioso de manera innecesaria.

    La ausencia de diversidad de registros narrativos me lleva a pensar que quizá no sepa hacer las cosas de otra manera. Y para una temática determinada es correcto, pero la apariencia de mafioso que le quieren dar a Richie Finestra es demasiado falsa y poco verosímil. Hasta el cada vez más aclamado Bobby Cannavale parece fuera de lugar, como intentando interpretar al Gyp Rosetti de Boardwalk Empire en un contexto completamente distinto. Un pez fuera del agua.

    El hijo de Jagger

    La tercera pega de mayor calado, para mi gusto, es haber incluido al hijo de Mick Jagger, James, en el reparto. Es cierto que en el mundo del espectáculo el nepotismo y el enchufismo son un clásico, pero está muy feo por parte del cantante de los Rolling Stones hacer una serie solo para que su hijo pueda tener un trabajito. Desmerece un poco al resto del reparto, siendo eufemístico.

    El sobreactuado hijo de Mick Jagger, otro elemento innecesario de Vinyl.

    En resumen, para narrar algo tan interesante y atractivo como la relación de los creadores musicales con las garrapatas, perdón, productoras discográficas, no hacía falta un thriller sobre mafia. Las historias de explotación, de apropiación intelectual, de absorción absoluta de los beneficios, de machismo y de parasitismo a los artistas por parte de la “industria discográfica” son suficientemente reveladoras de por sí como para que una serie como Vinyl hubiese sido interesante sin caer en lo estrafalario. Una pena que ninguno de los genios que la han hecho posible haya caído en la cuenta.

  • The Good Wife, culebrón y corrupción

    The Good Wife, culebrón y corrupción

    Alicia Florrick y sus vicisitudes de esposa de político corrupto casi siempre imputado e investigado pero librándose de prisión en The Good Wife se despiden de la pantalla tras siete largas temporadas en las que hemos visto sus caídas, sus contradicciones y, finalmente, su evolución como ser libre e independiente.

    Los fans de The Good Wife podrían dividirse entre aquellos que están más interesados en el culebrón, la trama amorosa propiamente dicha, y los que hemos seguido fieles porque se trata de una serie que, pese a esas historias de amor, está muy bien escrita, establece relaciones laborales y políticas complejas entre sus protagonistas y se inspira en casos reales para perfilar a los clientes y los juicios que aparecen representados.

    A partir de aquí, SPOILERS del tamaño de la luna

    Por eso algunos estábamos convencidos de que la muerte de Will Gardner no solo no iba a terminar con la calidad de The Good Wife (a pesar de que se iba el que probablemente era el mejor actor de la serie), sino que la iba a mejorar al darnos una tregua en cuanto a tensiones sexuales no resueltas, celos y demás añadidos que traen consigo las historias sobre amores imposibles y relaciones extramatrimoniales.

    The Good Wife, feminismo a raudales

    The Good Wife es una serie sobre la emancipación de una mujer que, harta de haber entregado su vida a la crianza de sus hijos y haber sido ninguneada y traicionada por su marido, que en su carrera política ha hecho cosas tan deleznables como utilizar dinero público para fines privados entre los que se encuentra contratar servicios de prostitutas, comienza su carrera laboral como la abogada que un día quiso ser.

    Siendo esta su historia vertical, y entremezclando en ella tramas de espionaje de la NSA, relaciones con sus asesores políticos (¿quién no querría que Eli Gold fuese su jefe de campaña?) y diversos affaires de ambos cónyuges, uno de los mayores logros de The Good Wife es, sin embargo, haber sabido tejer una red de historias horizontales muchísimo más interesantes que la primera.

    Asimismo, la serie exhala feminismo por todos sus poros. Grandes mujeres labrándose la vida en un mundo predominantemente gobernado por hombres. El hecho de que Diane termine con un bufete de mujeres y de que la propia Alicia se independice definitivamente de Peter Florrick para seguir su vida sin las ataduras matrimoniales son el mejor ejemplo de a dónde pretendían llegar sus creadores, Michelle King y Robert King.

    Personajes inolvidables

    Por esta serie que no termina de ser ni romántica ni de abogados, pues su excelencia la hace difícil de catalogar en cualquier género, pasan todo tipo de personajes: desde Diane Lockhart, la abogada de trayectoria impecable que ha sacrificado su vida personal por su carrera y encuentra su inesperado amor en su antípoda política, el republicano amante de las armas Kurt McVeigh, hasta grandes y peligrosos narcotraficantes amantes de sus hijos como Lemond Bishop, pasando por abogados mezquinos como David Lee, jueces de distintas cortes (civil, pena, castrense, etc.) con sus excentricidades, investigadores privados de pasado oscuro (Kalinda y, más adelante, el que será su último amor, Jason Crouse) y clientes de todo tipo.

    Echaremos de menos a los distintos jueces y sus excentricidades.

    Mención especial hemos de hacer al papel de Michael J. Fox como abogado despiadado que no duda en aprovecharse de su enfermedad para intentar dar lástima a los jueces y ganar así a sus rivales. Ya solo por su aparición en las primeras temporadas engañando a Alicia mientras se hacía el desvalido necesitado de ayuda para hacerla llegar tarde al juzgado merece la pena ver la serie.

    Pero esto no es una despedida final. Los admiradores de esta divertida y bien escrita serie estamos de enhorabuena: parece ser que ya está en marcha una spin-off protagonizado por Diane y Lucca. Esperaremos con las palomitas preparadas para disfrutar de dos de los mejores personajes femeninos de toda la serie (con la venia de Kalinda, por supuesto).

  • Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Fear the Walking Dead, innecesaria y pésima

    Como fanático declarado del género zombi,  me veo obligado a realizar una enmienda a la totalidad de la serie Fear the Walking Dead, un spin-off que no sabe mantener en ningún aspecto la calidad de The Walking Dead.

    Desde el primer episodio de la primera temporada hemos podido ver fallos garrafales de guion, una pésima forma de mantener el suspense, saltos innecesarios e incomprensibles en la trama (como abrir el estadio sin tener un plan sólido para rescatar a los confinados por el ejército) y una relación de los personajes bastante trillada y previsible, con la clásica familia desestructurada y el hombre que pretende salvar tanto a su actual pareja como a su exmujer.

    A partir de aquí, spoilers del tamaño del Himalaya.

    Y cuando todavía estábamos recuperándonos del inverosímil final de esa primera temporada con Travis Manawa disparando de frente a su exmujer Liza Ortiz (¡de frente, como si se tratase de una ejecución!) cuando esta todavía no había empezado a mostrar ni los primeros síntomas de la enfermedad tras la mordedura, nos encontramos con una segunda que comienza con una inexplicada huida de una costa en llamas.

    ¿Cómo hemos llegado hasta ahí? ¿En qué momento han empezado los bombardeos sobre las ciudades? ¿Por qué la explicación que dan es a través de una comunicación de radio de la hija adolescente con otros supervivientes? ¿Cuentan con tan pocos recursos que ni siquiera pueden hacer un resumen visual de la hecatombe?

    Fear the Walking Dead está resultando un drama sobre los problemas de la clásica familia desestructurada.

    El resultado es que hemos llegado a una segunda temporada sin saber exactamente cuánto tiempo ha transcurrido, y con mensajes contradictorios, pues por una parte la relación con Víctor Strand, el patrón del barco, no parece haber profundizado, lo que nos sugeriría que ha pasado una semana a lo sumo, y por otra, la desconfianza y el miedo hacia otros supervivientes nos indican que puede haber pasado mucho más. Porque carece de lógica y de verosimilitud narrativa que cuando todavía hay esperanzas de que todo se arregle la gente que ha logrado sobrevivir no se ayude entre sí.

    Hasta la actuación de Kim Dickens, una actriz que ha trabajado en las mejores series de televisión de las últimas décadas (Deadwood, Friday Night Lights, Treme, etc.) y que lo ha hecho bastante bien en todas ellas, resulta increíble, con momentos más cercanos al humor que al drama, como cuando, sin tan siquiera saber que se había producido el estallido de la enfermedad, se queda tan tranquila viendo cómo su hijo atropella a su amigo varias veces mientras este continúa moviéndose.

    Y es que Fear the Walking Dead es una serie repleta de inverosimilitudes y resoluciones precipitadas y absurdas, como con la familia de supervivientes que encuentran en la isla que, aunque tienen un padre que lleva preparándose toda la vida para una situación así, al final fallecen porque, contra todo pronóstico, en lugar de salvarlos los estaba matando. Un spin-off que no hace justicia a la serie de la que parte y que no parece que vaya a mejorar, viendo cómo se están desarrollando los episodios de esta segunda temporada.

  • Better Call Saul, un spin-off a la altura de Breaking Bad

    Better Call Saul, un spin-off a la altura de Breaking Bad

    A solo dos episodios del final de la segunda temporada de Better Call Saul, podemos concluir que Vince Gilligan y Peter Gould han conseguido igualar la calidad y el interés de los personajes de Breaking Bad en su precuela sobre el abogado Saul Goodman.

    Muchos admiradores de Breaking Bad temíamos que este spin-off sobre la figura del abogado fuese a ser una comedia sin más, dadas las apariciones y la extravagancia de su personaje, pero Better Call Saul se está revelando como una serie dramática que presenta de manera coherente la historia previa de algunos de los personajes más carismáticos de Breaking Bad y sus primeras incursiones en el mundo del crimen.

    Jimmy McGill, como conocemos aquí a Saul Goodman (cuándo y por qué se cambió de nombre es un enigma que tarde o temprano se tendrá que descifrar en la serie), es un personaje poliédrico, con una gran profundidad y una amalgama de sentimientos. A pesar de que su hermano y su novia y compañera lo ven como un estafador nato, y es cierto que su don de gentes y su originalidad hacen que sea un oficio que se le dé bien, se esfuerza por hacer las cosas correctamente para encajar en una sociedad que, sin embargo, no es tan legal como se presenta.

    ¡Atención! A partir de aquí, SPOILER.

    Kim Wexler, su pareja y compañera de abogacía, intenta en todo momento que McGill pase por el aro de una legalidad en la que ella cree firmemente, pero a ella misma ser tan honesta en su trabajo lo único que le aporta es perder a su único cliente ante unos jefes que, además de clasismo, han actuado de manera bastante machista impidiendo su merecido ascenso en el bufete.

    Kim disfruta los momentos en que se siente Bonnie y Clyde junto a Jimmy, pero los ve como una anécdota y huye de la ilegalidad como forma de vida

    Su hermano, Chuck, además de jefe déspota, no cesa en hacerle la vida imposible para evitar que logre triunfar en una suerte de profecía autocumplida por la cual Jimmy nunca llegará a ser alguien.

    Sobre el personaje de Chuck cabe destacar la originalidad y la valentía del planteamiento de los guionistas al presentarlo como paciente de una imaginaria Sensibilidad Electromagnética. Chuck es un ser tremendamente egoísta que necesita y exige cuidados constantes y que juzga desde una pretendida superioridad moral a su hermano cuando se mueve por la mezquindad y es capaz de sufrir él mismo con tal de hacerle daño.

    De manera paralela discurre la vida del atormentado Mike Ehrmantraut, que intenta que a su nuera y su nieta no les falte de nada para compensar la culpa que siente por la muerte de su hijo.

    El que sería el sicario más complejo, tierno y sarcástico de Breaking Bad trata de no meterse en muchos líos mientras compagina su trabajo en la garita de un parking con otros menos ortodoxos que le llevan de manera irremediable hacia el cártel mexicano y personajes que ya conocemos de Breaking Bad como Tuco Salamanca.

    Aunque Jimmy McGuill y Mike Ehrmantraut se esfuercen por ‘ir por el buen camino’, el destino parece llevarles siempre por el contrario, y cruzarlos.

    Además de la trama y la complejidad de los personajes, Better Call Saul recoge de Breaking Bad la puesta en escena de detalles con objetos que pasan a formar parte de la historia de manera casi surrealista. Y es que quien se haya sentido fascinado por momentos tan delirantes de Breaking Bad como aquel en el que Walter White arroja una pizza al tejado de su casa habrá sabido apreciar la relación de James McGill con el termo de café que le regaló su novia para mantener los pies en la tierra en su nueva faceta como abogado de un bufete exitoso y cómo le irrita cada vez más el hecho de que dicho termo no quepa en el hueco que el flamante Mercedes que le ha puesto su empresa tiene reservado para las bebidas.

    De Breaking Bad ‘hereda’, asimismo, el propio futuro de esos personajes y las incógnitas que nos genera a sus fans: ¿Cuándo conocerá Ehrmantraut a Gus Fring? ¿Por qué se cambió el nombre James McGill a Saul Goodman? ¿Qué pasó con Kim Wexler, que no llega a aparecer en Breaking Bad? ¿Qué papel va a tener Tuco Salamanca en Better Call Saul? ¿Y su tío Héctor, tan importante en el desenlace de Gus Fring en Breaking Bad? ¿Cuántos escondites puede haber en el desierto de Nuevo México?

  • Los dilemas morales de The Walking Dead

    Los dilemas morales de The Walking Dead

    Los fanáticos de The Walking Dead y del género apocalíptico en general sabemos que llega un momento en toda historia en que el principal problema para los supervivientes son los otros supervivientes.

    La ley de la jungla que se establece una vez finalizada la catarsis civilizatoria y cómo intentan sobrevivir los personajes relativamente buenos en mitad de la barbarie ha sido tratada de distintas maneras, algunas de ellas muy duras, como es el caso de la película Le Temps du loup (Wolfzeit) de Michael Haneke. The Walking Dead se inscribe en este tipo de tratamiento, con el agravante, para el deleite del espectador, de que, al tratarse de una serie, permite un mayor desarrollo de los personajes.

    Si sigues leyendo a partir de aquí, no me acuses de spoiler. ¡Te avisé!

    A lo largo de todas las temporadas hemos visto la transformación de Rick Grimes, que supera su ingenuidad inicial para terminar convirtiéndose en un superviviente a toda costa, y lo hemos aplaudido porque entendíamos que tiene dos niños y una tribu a su cargo.

    También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

    ¿Quién no ha sentido un chorro de adrenalina al ver a Rick Grimes ‘tomando cartas’ en asuntos en los que nadie más iba a hacerlo?

    También hemos alabado el giro del papel de Carol, que de mujer víctima de violencia de género ha pasado a ser la guerrillera más implacable de toda la serie, haciendo el trabajo sucio que había de hacerse para restar riesgos al grupo, como poner fin de manera preventiva a la vida de individuos, incluyendo niños, que podrían hacer peligrar la integridad de los demás.

    Y cuando ya nos habíamos acostumbrado a que la banda de Rick hace las cosas que hay que hacer en una situación así y por eso sobreviven, el guion nos trae al personaje de Morgan Jones y nos cuenta que, en mitad del caos, todavía hay quien confía en la bondad de los seres humanos y prefiere no asesinar a los pocos vivos que quedan.

    Si bien el personaje y el flashback al porqué de su candor al principio pueden irritarnos a los espectadores sanguinarios que estábamos felizmente aclimatados a la ley del más fuerte, su impacto en la historia y el resto de personajes y el contraste con la sed de sangre que por momentos parece poseer a Rick Grimes y a otros personajes llevados por la ira de pérdidas recientes constituye un golpe moral. Y realmente lo necesitábamos.

    Carol ve su propio monstruo interior al tener que enfrentarse a otra mujer que está en su misma situación.

    El hecho de que Carol haya vuelto a abandonar el grupo temerosa de tener que volver a asesinar a otros seres humanos que, como ella, tenían una vida completamente distinta y normal antes y solo tratan de sobrevivir nos hace preguntarnos si merece la pena vivir si para ello tienes que entrar en un edificio y asesinar a sangre fría a todos los que están durmiendo dentro.

    Que otros personajes inicialmente afables como Eugene o Maggie hayan progresado hacia la oscuridad también provoca cierta sensación de tristeza, de pérdida de inocencia y punto de no retorno. Pero, si Carol está luchando contra su pragmatismo asesino, ¿por qué no van a poder hacerlo ellos? Y una cuestión muy importante, ¿se puede sobrevivir sin matar a ninguno de los otros supervivientes? ¿Es momento de plantearse estos dilemas éticos o deben mirar hacia adelante, dejarse llevar por la corrupción generalizada y no tener ningún escrúpulo ante lo que les espera?