Tag: Nicole Kidman

  • Antonio Gasset, el genio de la honestidad

    Antonio Gasset, el genio de la honestidad

    Muchísimos españoles seguimos hoy conmocionados por la muerte de Antonio Gasset, un auténtico genio, de profesión crítico de cine, que durante muchos años nos alegró las noches con sus ironías a cargo del programa Días de Cine en La2 de TVE.

    Su agudeza y su honestidad nos demostraron que ningún gran director, guionista o actor podía estar exento de crítica si su trabajo no había sido excelente, algo que no sucede ya en estos días en los que los contenidos patrocinados mandan.

    Antonio Gasset era la honestidad, el bofetón de realidad que toda persona necesita para replantearse las cosas que está haciendo mal y lo que debe cambiar. Sus “llegó la pausa” eran píldoras de existencialismo, el combustible que muchos esperábamos durante toda la semana para animal al día siguiente las conversaciones en la facultad o en el trabajo.

    Con Antonio Gasset hemos crecido viendo cómo titanes del cine podían ser demolidos con frases educadas a la par que mordaces: “Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise”; “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina”.

    El director y presentador, fallecido a unos muy tempranos 75 años, era un clásico de las “catacumbas de la noche”, forma en la que irónicamente protestaba contra los horarios intempestivos a los que TVE relegaba su programa, que incluso modificaban a su antojo: “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”

    El sobrino segundo del filósofo José Ortega y Gasset ha sido todo un referente para varias generaciones, especialmente para las que tuvimos el placer de conocer programas como el suyo, ¡Qué grande es el cine!, de José Luis Garci, o La Clave, donde el debate sereno y argumentado sobre temas políticos y económicos elevaba el nivel cultural de los espectadores, al contrario de los formatos que se han terminado imponiendo en los últimos tiempos.

    Con Antonio Gasset muere una forma de hacer televisión en la que se buscaba estimular el intelecto del público y apelar a su pensamiento crítico para no dejarse deslumbrar por las luces fluorescentes de la industria.

    No puedo evitar cerrar este pequeño y humilde homenaje a este genio con una de sus mejores frases: “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones”.

    Adiós, maestro.

  • Top of the lake defrauda a sus fans

    Top of the lake defrauda a sus fans

    Este es un post amargo, casi, casi de hater, como he escrito pocos, pero es que la segunda temporada de Top of the lake, que defrauda mucho, se merece más que un tirón de orejas por haber sido creada con elevadas pretensiones y finalizada sin ningún sentido.

    Los dos primeros episodios de la serie, vamos a poner, incluso, los tres primeros, están repletos de diálogos inteligentes, feministas, con mucha miga y presentación de unos personajes complejos con sus luces y sus sombras.

    Nada más comenzar, lo que se encuentra el espectador es una segunda temporada con sentido en la que la trama principal vuelve a girar en torno a asesinatos machistas investigados por la detective Robin Griffin, que todavía se enfrenta al pasado tras haber disparado a su jefe al final de la temporada anterior.

    Griffin se reencuentra, además, con la hija que abandonó a los 16 años, que vive en una familia que se está desestructurando en la que su madre, Julia, ha abandonado a su padre por estar con una mujer.

    Qué defrauda de Top of the lake

    Ya desde el comienzo se descubre que la mujer hallada muerta en una maleta en la playa es madre de alquiler, lo que nos hace suponer que, dados los debates tan candentes que está habiendo en el mundo entero y los diálogos feministas , se va a tratar este tema con profundidad y desde una postura bastante aceptable. Pero nada más lejos de la realidad…

    Como suele suceder con todas las series que empiezan con buen pie y cuyos guionistas no saben desarrollar la buenísima idea que se les ha ocurrido al principio, todo lo que podía brillar con luz propia al final se convierte en algo rocambolesco. Y así, el tema de la gestación subrogada pasa a ser un pequeño gran pegote porque hasta su compañera y su jefe resultan estar fingiendo un embarazo cuando en realidad también estaban alquilando el vientre de una de las prostitutas desaparecidas.

    En 2005, los más frikis la recordarán, se emitió la serie de ciencia ficción Invasion, que fue suprimida por falta de audiencia. En esta serie, ambientada en un presunto pueblo donde hasta había un hospital, solo salían cuatro personajes que se encontraban continuamente por las carreteras, a pesar de estar en un parque bastante amplio. El guion era tan malo que no aparecía nadie más nunca y se producían escenas inverosímiles y de comedia involuntaria.

    Top of the lake en esta segunda temporada peca de lo mismo, pues la hija de Griffin mantiene una relación amorosa con el tipo que está en el centro de la trama. (No, no es un spoiler porque esto se ve desde el principio). La sensación que queda después de verla es que Nueva Zelanda y Australia son dos aldeas en las que todo gira alrededor de estas cinco personas.

    No voy a detenerme mucho en temas ideológicos, pero sí voy a señalar que en el tratamiento de la gestación subrogada es tragicómica la prioridad que se da a los derechos y sentimientos de los padres que alquilan por encima de la integridad física y la salud de las madres (¡sacadas de una trama de prostitución ilegal, nada más y nada menos!).

    Qué partes no son una estafa

    Por supuesto, la actuación impecable de Elisabeth Moss es la primera de las cosas positivas que vamos a destacar de Top of the lake, además de los ya mencionados primeros episodios de planteamiento.

    La aparición de Nicole Kidman, que últimamente se deja ver bastante en series feministas, también ayuda, igual que en la primera temporada Holly Hunter dio su toque de color con un personaje bastante extravagante y cautivador.

    Otro punto fuerte de Top of the lake es la presentación del machismo en todas sus vertientes: desde el compañero pesado  que es un auténtico acosador pero cuya conducta todos minimizan con un “le gustan mucho las mujeres” hasta las sospechas continuas sobre la salud mental de las mujeres policías, pasando por comentarios despectivos entre amigos o exhibición sin complejos de la actitud de los consumidores de prostitución.

    En realidad solo por esto Top of the lake se merece un lugar en nuestros corazones, pero la mediocridad del resto debe ser tomada en cuenta antes de verla.

  • Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Big Little Lies: único culpable, el machismo

    Hacía tiempo que quería escribir sobre Big Little Lies, una serie que ha llegado a emocionarme como pocas, en la que se narra de una manera muy original, divertida a la par que dramática, cómo el machismo es el culpable de muchos más conflictos de los que pensamos.

    Big Little Lies es la historia de cómo cinco mujeres, madres, de Monterrey, un pueblo al norte de California con bastante poder adquisitivo entre sus habitantes, se enfrentan unas a otras por una serie de cuestiones personales en las que son los hombres fundamentalmente la causa de sus aflicciones.

    En busca del culpable

    Big Little Lies, serie basada en la novela del mismo nombre de Liane Moriarty, intercala los interrogatorios tras el presunto asesinato de alguien de la comunidad con la vida durante los meses antes en dicha comunidad. Todo ello de una manera un tanto original, pues no sabemos quién es el asesinado o la asesinada ni su asesino o asesina, y el nivel de crispación entre las cinco mujeres es tal que llegamos a pensar que puede ser cualquiera.

    La disposición de las declaraciones, de hecho, tiende a hacernos pensar en cada episodio que la persona culpable es una u otra, engañando al espectador en todo momento en un juego que engancha, y mucho.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    Historias y personajes arrolladores

    Big Little Lies destaca tanto por su trama, muy bien hilada y con un final en el que confluyen todas y cada una de las subtramas de una manera perfecta, como por la profundidad de sus personajes.

    Los tres principales son Celeste (interpretada magistralmente por Nicole Kidman), que sufre una relación de violencia machista de manual, con sonrisas y disimulos de cara a la galería; Jane (Shailene Woodley), la única mujer de clase trabajadora de la serie, atormentada porque su hijo, Ziggy, es fruto de una violación de un hombre al que quisiera encontrar para vengarse; y Madeleine (Reese Witherspoon), que aporta un punto cómico a la serie, además de servir de hilo conductor y tener su propia trama de engaños e infidelidades.

    Las otras dos mujeres que construyen el relato perfecto que es Big Little Lies son Renata Klein (Laura Dern), directiva de Silicon Valley que sufre el machismo tanto en el mundo empresarial como en el entorno escolar de su hija, pues otras madres la miran con recelo por no dedicarse al 100% al cuidado de su hija; y Bonnie Carlson (Zoë Kravitz), que también experimenta el machismo en forma de miradas incómodas y trato frívolo por dedicarse a dar clases de yoga.

    De hecho, una de las escenas clave para plasmar el machismo imperante se produce cuando Bonnie se pone a bailar en la fiesta de cumpleaños de la hija de Renata y tanto hombres como mujeres la tachan de indecorosa (bueno, en realidad le dicen cosas peores, pero no las voy a reproducir aquí).

    El machismo culpable

    Comparte protagonismo con estas mujeres el marido de Celeste, interpretado por Alexander Skarsgard, que da miedo de lo bien que lo hace. Se presenta como un esposo perfecto ante la sociedad, rico, guapo, buen padre, pero de puertas para adentro es manipulador, frío, egoísta, hace la vida imposible a su mujer y es un ejemplo terrible para sus hijos, que pronto copian el modelo de violencia que él cree que mantiene escondido.

    El relato de la violencia machista es aterrador y provoca muchos escalofríos y situaciones verdaderamente incómodas. Está muy bien escrito e interpretado, hasta el punto de que cuando él abre la puerta porque llega de trabajar se te encoge el estómago y solo deseas que lo pillen, o que pase cuanto antes la escena.

    El machismo también se manifiesta contra los personajes más jóvenes de Big Little Lies, en forma de acoso y bullying a una niña que, sin saberlo, sufre de manera indirecta el mismo maltrato que Celeste.

    Un final perfecto

    Y cuando ya te has rendido porque está tan bien narrada que no sabes quién es víctima y quién es culpable, llega la escena final, que ha ido formándose a lo largo de toda la temporada, te sorprende y te genera una sonrisa de oreja a oreja. Porque triunfa algo que no suele retratarse mucho en el cine o en las series, algo que tiene un nombre que poca gente conoce, cuando se debería: sororidad.

    Sororidad (¡qué bonito nombre tienes!) es hermanamiento, solidaridad entre mujeres, un término que ha sido invisibilizado por otro, el de hermandad, que en muchas ocasiones tiene justamente el significado contrario. Hermandad como manada de hombres, como corporativismo, frente a sororidad como colaboración necesaria entre mujeres que sufren distintos tipos de violencias machistas.

    Big Little Lies es el relato perfecto sobre cómo las mujeres, incluso en los estratos más altos de la sociedad, padecen distintos tipos de opresión por el mero hecho de serlo. Una buena serie que, además de ser un excelente entretenimiento, nos lleva a pensar un poquito más allá de nuestra zona de confort.

    Y, además, comienza con un temazo de Michael Kiwanuka. ¿Qué más se puede pedir?