Tag: Maia Rindell

  • Hipocresía y corrupción moral en The Good Fight

    Hipocresía y corrupción moral en The Good Fight

    Por fin he terminado la última temporada de The Good Fight, quizá la mejor de toda la serie, precisamente porque evidencia como ninguna otra la hipocresía y la corrupción moral imperante en el mundo (no voy a decir Estados Unidos porque aquí en Europa también vamos servidos).

    Hipocresía y superioridad moral

    The Good Fight cierra su tercera entrega ambientada en un Chicago consternado por inundaciones primero y rayos globulares después fruto del cambio climático que ya notamos también quienes vivimos en Madrid (que en breve tendrá el mismo clima que Marrakech, para quien todavía no haya visto la nada halagüeña noticia).

    En medio de toda esa vorágine climática se suceden conflictos políticos de calado con conflictos internos entre los personajes que reflejan su doble moral.

    Ya hablé aquí anteriormente de cómo se glorificaba la corrupción al principio de la temporada,  cuando el bufete supuestamente progresista y defensor de los derechos civiles Boseman-Reddick-Lockhart acepta 8,3 millones de euros a cambio de no airear la corrupción de dos agentes que ponían pruebas falsas en temas de narcotráfico (con la cantidad de condenas falsas e inocentes encarcelados que eso supone).

    Bufete progresista de doble moral
    El supuesto bufete progresista que se dedica a defender a las víctimas de la corrupción y la violencia policial no ha hecho otra cosa que lucrarse a su costa.

    Pues los episodios finales son igual de desalentadores, o más si cabe, pues el supuesto bufete demócrata y feminista no hace otra cosa que ocultar casos de violación de uno de sus socios, el fallecido y honorable Reddick, lavar su imagen para intentar que su cliente Chumhum (el equivalente a Google en la vida real) no se vaya; o mantener las tensiones raciales hasta el final, enfrentando a dos buenas abogadas negras para finalmente terminar dándole el puesto de socia a Maia Rindell.

    Racismo y doble moral en el bufete
    La doble moral llega a tal nivel que a los trabajadores mestizos no se les considera “suficientemente negros” y, sin embargo, es a los blancos a quienes se asciende y pone en mejores condiciones, incluso pese a que el bufete tiene mayoría de socios negros.

    Hipocresía y corrupción moral

    Maia Rindell, la hija del acusado de estafa por haber robado sus ahorros a un buen puñado de multimillonarios, aprende rápido que sus presuntos amigos no lo son y que debe aferrarse a su apellido si quiere salir adelante en este mundo de hipocresía y corrupción moral.

    Maia sucumbe la corrupción
    Maia sucumbe a la corrupción al darse cuenta de la hipocresía que impera en el bufete que la despidió por no estar a su altura moral y ser hija de un condenado por estafa.

    Es por esto que no tiene ninguna duda a la hora de aliarse con Roland Blum, uno de los personajes más estrafalarios que ha pasado por la serie. Abogado de derechas, fraudulento en sus defensas cometiendo perjurio y contratando actores para construir un relato que convenza a jueces y jurado, acostumbrado al soborno, la coacción y la estafa, drogadicto y ninfomaníaco que, sin embargo, y pese a lo repulsivo que plantean el personaje, al final termina siendo más honesto. No porque sea honrado, sino porque al menos no es hipócrita.

    Roland Blum evidencia la hipocresia de Boseman

    Roland Blum Boseman hipocresia y corrupcion

    Roland Blum evidencia corrupcion moral de Boseman
    Roland Blum evidencia la hipocresía y la corrupción moral de Adrian Boseman.

    Lo mismo sucede con el ultraderechista gay Felix Staples y su denuncia a Chumhum porque el algoritmo ha penalizado sus comentarios políticos “extremistas” mientras la propia empresa, igual que otras grandes tecnológicas, acepta la censura y las imposiciones de gobiernos como el chino para poder abrirse mercado.

    Felix Staples corrupción e hipocresía en The Good Fight
    El personaje de Felix Staples es deleznable y pone muy nerviosos a todos los abogados del bufete demócrata, pero evidencia la hipocresía de estos, pues sus acciones son iguales que la del ultraderechista incitador al odio, o peores, puesto que las hacen a escondidas.

    La hipocresía es tal que en el episodio de Chumhum, Staples y cómo operan las grandes compañías llega a la realidad y rompe la cuarta pared, pues la propia CBS censuró la canción explicativa y humorística que acompañaba a ese capítulo.

    Hipocresía política

    La situación política estadounidense con Trump en el poder es otro de los grandes hilos argumentales de The Good Fight que, lejos de casarse con nadie, explora los límites de la desfachatez de una y otra parte.

    Así, las señoras bien Diane Lockhart y Liz Reddick participan en un grupo clandestino destinado a impedir que Trump vuelva a ganar sea como sea, y para ello no dudan en hackear el software que controla las elecciones, que a su vez estaba previamente manipulado para favorecer a los republicanos.

    Es la intervención del marido de Diane, el convencidísimo (¿o ya no tanto) Kurt Veight quien logra salvar a esta de cometer un crimen federal, con la inestimable ayuda de un agente de la NSA encargado de escuchar todas las llamadas de la abogada.

    Diane, desencantada con su grupo de demócratas radicales que incluso asesinan a un hombre, también culpable de haber asesinado a tres niños inmigrantes, poco a poco se va rindiendo a los tiempos de corrupción e hipocresía en los que vive y termina escribiendo ella un discurso de ensalzamiento de Trump con palabras que ni su propio marido, cercano a él, hubiese utilizado.

    En The Good Fight se ve cómo poco a poco la hipocresía va dando paso a más y más tramas de corrupción. Dos de los socios de Boseman-Reddick-Lockhart han cometido perjurio en un juicio, pero, sin embargo, hacen lo posible por inhabilitar a Roland Blum por perjurio, solo por deshacerse de la denuncia que iba a interponer contra el bufete por ocultar las violaciones de su fundador.

    Lo que condenan en unos es válido para ellos, y así, aderezándolo todo con su superioridad moral, es como se va construyendo la historia del siglo XXI y sus múltiples responsables.

    Falta de ética y moral
    El corto animado que acompaña al último episodio es una obra de arte que resume la hipocresía y la falta de ética, en la serie y en el mundo.

    Estoy deseando que llegue la próxima temporada.

  • The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    Los amantes de The Good Wife estamos de enhorabuena. Sus creadores, Robert y Michelle King, han dado a luz a The Good Fight, un spin-off muy interesante con Diane Lockhart y Luca Quinn como protagonistas.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    La estafa que da pie a The Good Fight

    La nueva producción de CBS está mucho mejor hilada de lo que pensaba. El primer episodio comienza con Diane Lockhart anunciando su jubilación para comprarse una millonaria mansión en La Provenza francesa y completamente feliz por terminar su exitosa vida laboral en un momento en el que se encuentra todavía pletórica.

    A mitad del episodio toda esa alegría se convierte en pesadumbre tras saber que sus amigos a los que le había confiado el dinero, unos inversores de Chicago, han sido detenidos por estafa y su dinero se ha volatilizado completamente.

    La estafa financiera de los Rindell, que se asemeja mucho a la de Madoff (incluso se le menciona en el episodio), afecta solo a blancos ricos de las filas liberales (demócratas) de Chicago, pues solo se podía acceder con invitación.

    Diane, que había invitado a muchos de sus círculos a la estafa piramidal, cae en desgracia y, sin ningún gran bufete que la quiera admitir como socia principal, acepta la oferta de trabajo de Adrian Boseman, un abogado afroamericano que ostenta un bufete que se encarga mayoritariamente de casos de abusos policiales y laborales que afectan a la clase trabajadora y a la comunidad negra del condado.

    Nuevos y liberales personajes

    The Good Fight incluye, además del ya clásico universo de The Good Wife, con David Lee, Howard Lyman, Kurt McVeig o Elsbeth Tascioni, un elenco de nuevos personajes, en su mayoría mujeres y afroamericanos compañeros de despacho.

    Dentro de las mujeres se encuentra Maia Rindell, hija del matrimonio imputado por estafa, a la que Diane se lleva con sigo al nuevo bufete para darle una oportunidad en su incipiente carrera como abogada. Maia Rindell (la actriz Rose Leslie, más conocida por su “You know nothing, Jon Snow” en Juego de Tronos) es lesbiana y mantiene una relación de larga duración con la ayudante del fiscal.

    Y sin en The Good Wife la trama estaba aderezada por la corrupción política de Peter Florrick, The Good Fight promete nuevas y jugosísimas historias con personajes azotados en mayor o menor medida por estafas y fraudes financieros, corrupción empresarial, corrupción judicial, explotación laboral y abusos policiales.

    Mujeres arruinadas

    No puedo cerrar este post sin señalar algo que resulta bastante evidente, pero que no se suele decir mucho cuando se habla de Robert y Michelle King, también creadores de BrainDead, y es que, en el universo The Good Wife y The Good Fight suelen recurrir con frecuencia a la figura de la mujer arruinada que renace de sus cenizas como el Ave Fénix.

    Alicia Florrick lo vivió en dos ocasiones en siete temporadas y Diane Lockhart comienza esta nueva serie víctima de una estafa que termina con todos sus ahorros. Veremos si, una vez que se recupere, le vuelve a tocar esta mala suerte que tanto les gusta a estos dos magníficos guionistas.