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  • Realismo y actualidad en Black Mirror

    Realismo y actualidad en Black Mirror

    Llevo unas cuantas semanas viendo a mucha gente decir que la última temporada de Black Mirror es una estafa, que si está mal narrada y no presenta ningún interés, que molaba más la primera y ahora se han vuelto “comerciales” y se han “americanizado” demasiado. Y no puedo estar más en desacuerdo, porque yo esta temporada observo realismo y mucha actualidad, con una exploración psicológica de problemas serios que están pasando delante de nuestras propias narices.

    Realismo en las relaciones afectivas con gamers

    Los que me conocéis y seguís sabéis ya que me encantan los videojuegos y que siempre que tengo oportunidad me escapo a algún evento de gamers para escuchar charlas sobre la parte profesional del sector y, cómo no, no voy a negarlo a estas alturas, echarme algunas partis, e incluso participar en los torneos.

    No soy un niño, ni siquiera entro ya dentro de la categoría de joven (si me ocurriese algo, las noticias, incluso, podrían presentarme como un “hombre de mediana edad”) y, sin embargo, juego a videojuegos, y tengo muchos amigos que lo hacen, y a los que esa afición, como a mí me ha llegado a pasar, ha afectado negativamente en sus relaciones de pareja y familia.

    Pareja rota por la adición de él a los videojuegos
    Conozco parejas que han tenido esta conversación por la adición a los videojuegos de él, principalmente. No puede haber más realismo y mayor crudeza en este episodio.

    Es lo que le sucede al protagonista del primer episodio de la última temporada de Black Mirror, Striking Vipers, que, pese al contexto erótico y la simulación perfecta y futurista del videojuego al que juega con su mejor amigo, presenta con muchísimo realismo la adición a un videojuego.

    Que tu hijo de cuatro años te reclame y tú solo pienses en acostarlo y que se duerma para jugar a un videojuego (o ver una serie, porque se está comprobando que eso también es adictivo, ojo) significa que tienes un problema.

    Que tu pareja quiera hacer algo contigo, sea salir a hacer algún plan o tener relaciones sexuales, y tú solo pienses en conectarme al Steam para ver quién más hay o en hacer una LAN party es una señal inequívoca de que tienes una adición y más vale que te des cuenta cuanto antes y pongas todo lo posible de tu parte por evitarlo, porque de lo contrario harás sufrir mucho a la otra persona, terminarás fastidiando la relación y te quedarás solo. Y como estarás solo, jugarás más, y cuando te des cuenta tendrás la edad de jubilarte y no habrás hecho otra cosa que dar beneficios millonarios a la mayor industria legal del mundo.

    Realismo en nuestra adición a las redes sociales

    El segundo episodio es más flojo que el primero, pero también da de pleno en un tema que muchos preferimos ignorar mientras nuestras vidas se siguen consumiendo en ver cuántas notificaciones y cuántos likes tenemos en nuestras publicaciones.

    Por mirar si alguien le ha dado a un corazón a algo que hemos puesto y subir un poco nuestro ego de manera artificial podemos perdernos una monería que acabe de hacer nuestro hijo, o incluso evitar una caída.

    Quizá lo narran de una manera un tanto artificiosa, pero me gusta cómo se ve el entramado que hay hasta llegar al CEO de una gran empresa como Facebook, Twitter o Google, que tanto afectan a nuestras vidas y que, sin embargo, son un misterio para nosotros. Les damos nuestras imágenes, nuestros datos hasta el punto de qué cenamos o qué estamos viendo en cada momento y a cambio solo recibimos vigilancia, espionaje y que manipulen la información para que sala elegido políticamente quien más sucio juegue. El propio Netflix lo hace. ¿Dónde está el beneficio?

    De Smithereens me ha parecido un acierto también que muestra cómo Facebook, Twitter, Google, etc. tienen más información y poder que la propia policía de un estado. Saben todo de ti y pueden pinchar tu línea telefónica cuando quieran, cosa que la policía no podría, ya que necesita una orden de un juez.

    Corrupción en la empresa privada, escucha de llamadas
    Es de un realismo terrorífico que se plasme cómo cualquier gran empresa de Internet puede pinchar tu teléfono móvil sin cortapisas. La corrupción del sistema, perfectamente retratada.

    Me parece que el episodio nos recuerda que debemos tener más cuidado con las redes y dedicarnos más a nuestra vida real, y supongo que ese mensaje no gusta y por eso se rechaza.

    Me queda por ver Rachel, Jack y Ashley Too. Tengo curiosidad por saber si coincido en que es una estafa, como sugiere mucha gente, o si sigue la línea de los otros dos, que me han encantado.

  • The night of: imputado en un sistema corrupto

    The night of: imputado en un sistema corrupto

    Acabo de ver The night of, una de las últimas producciones de HBO, y estoy dándole vueltas a las distintas enseñanzas que nos deja sobre el corrupto e injusto sistema policial y judicial estadounidense.

    The night of, la premisa

    La serie aborda desde una perspectiva realista la cadena de acontecimientos y protocolos (o más bien, sus fallos) que se inicia desde que se descubre un crimen, empezando por la actuación policial, el hallazgo y análisis de pruebas y terminando en la injusticia que supone en muchísimas ocasiones el juicio, que no depende de la realidad de los hechos, sino de la veracidad que sepan mostrar fiscal o abogado defensor, y de otros factores menos controlables como la composición del propio jurado popular.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    En The night of se parte de una premisa un tanto inverosímil, lo que en mi humildísima opinión, es un error porque cuesta mucho seguir con la historia: una rica y guapa joven de ‘ventipocos’ se sube en un taxi por la noche y le dice al taxista, un joven de origen pakistaní que había sustraído a su padre el  cochepara poder ir de fiesta al centro, que la lleve a la playa, donde le suministra drogas y se enrolla con él.

    Acto seguido se lo lleva a su casa, continúan drogándose y, cuando él se despierta de haber caído casi en coma por la ketamina consumida, ve que la han asesinado a cuchilladas y se va. En su camino con el taxi le para la policía, lo detienen y ve desde el asiento de detenidos cómo los mismos que lo han parado hallan el cuerpo de la chica.

    A partir de aquí, haciendo de tripas corazón e intentando creer esta historia rocambolesca porque la crítica la ponía bastante bien, comienza lo interesante del asunto: el trabajo policial y fiscal, que tiene fallos garrafales por confiar en la culpabilidad del joven, siendo determinante para ello que sea musulmán de origen pakistaní.

    La falta de presupuesto de la administración judicial

    Una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo se expone abiertamente que ni fiscal ni abogado defensor quieren llegar a juicio. El segundo, por motivos obvios de conseguir un buen pacto para su cliente, pero el primero por algo más retorcido: ahorrar a la administración.

    Las consecuencias que describe de un posible juicio y cómo se van a cabrear jueces y administradores por haber llegado a hacer tal gasto nos hace pensar que eso de las garantías procesales y de que todo el mundo tiene derecho a juicio (ya no a ganarlo, sino simplemente a que se celebre) es puro cuento.

    Pese a todo, el joven Naz quiere seguir adelante porque está convencido de su inocencia y quiere demostrarlo, empezando por sus padres, trabajadores honestos que para pagar al abogado tienen que vender todo lo que han ganado después de muchos años esforzándose.

    El camino al juicio en prisión provisional también le cuesta a Naz el resto de la inocencia que le quedaba, pues, como ya sabemos, y no solo por grandes series, la cárcel es el lugar idóneo para subsistir a cualquier precio.

    El abogado

    Si algo tiene de especial The night of es la elección de uno de sus personajes principales: John Turturro es el abogado de Naz (Riz Ahmed), y lo borda, para variar.

    Jack Stone es un personaje gris y un abogado mediocre acostumbrado a llevar casos de poca monta que al ver a Nasir Khan en el calabozo no solo ve a un hombre inocente, como dice ante el jurado, sino la oportunidad de oro para ascender y tener un caso importante.

    Es curioso e interesante ver cómo en esta serie no hay héroes, sino personajes con motivaciones nada nobles que, por una causa u otra, cometen errores y a la vez actúan de manera noble según las circunstancias.

    El personaje de Stone tiene una característica bastante peculiar y pintoresca, que es padecer dermatitis atópica con brotes agudos en los pies, lo que hace que su presencia sea desagradable tanto para sus colegas y allegados de profesión como para los familiares y conocidos con los que trata en su vida personal.

    Las inverosimilitudes

    Aunque es una serie que me ha gustado en su mayoría, no quiero cerrar este post sin señalar que hay unos cuantos aspectos que o bien incurren en inverosimilitudes casi imperdonables, o bien están mal escritos directamente, y todos ellos están relacionados con historias de amor.

    Ni el punto de partida ni el affaire con la abogada resultan creíbles. Faltan pasos previos o se producen saltos cualitativos demasiado grandes y graves como para asumirlos sin la más mínima crítica.

    He hecho muchos spoilers ya y no quiero destripar todavía más la serie, pero si habéis llegado hasta aquí, recordad esto que comento ahora: una abogada no va a arriesgar de semejante manera su carrera por alguien si previamente no ha habido más conexión que la que muestra la serie.

    Por eso, como The night of merece la pena en general, lo mejor es apartar el lado romántico que intentan introducirle con calzador y quedarse con el tema policial y judicial, que es su verdadera enjundia.

  • David Simon contra la corrupción: Show me a hero

    David Simon contra la corrupción: Show me a hero

    Hace tiempo que vengo preguntándome cómo puedo no haber hablado todavía en mi blog de David Simon y la importante labor de sus series a la hora de combinar ficción con denuncia social de la corrupción de primera mano, pero un solo post se quedaría corto, así que iré hablando de todas sus maravillas, comenzando por la última, Show me a hero, y haciendo después restrospectivas de las anteriores.

    Su última producción, quizá la menos conocida en España, es Show me a hero, la historia de cómo Nick Wasicsko, político demócrata y alcalde más joven de Yorkers (ciudad del estado de Nueva York), se ve obligado a cumplir una sentencia judicial que impone la construcción de viviendas sociales para pobres en un barrio de blancos, la patata caliente que todos los anteriores alcaldes llevan eludiendo y que ha generado unas multas insostenibles para el ayuntamiento.

    A partir de aquí, SPOILERS. No digáis que no os avisé.

    Show me a hero and I´ll write you a tragedy

    A pesar de que esta cita de F. Scott Fitzgerald que da nombre a la serie puede confundir al principio sobre las intenciones del protagonista, Wasicsko no es ningún héroe. Es un arribista que aspira al poder y al que no le importa utilizar el enchufismo y el nepotismo para conseguir lo que quiere.

    Manipulando a los que tiene alrededor con la promesa de apelar la sentencia y siendo a su vez manipulado para ocupar el puesto de regidor local y quemarlo políticamente en un momento en que había que cumplir dicha sentencia de manera obligatoria, Wasicsko se pone al frente del ayuntamiento y se ve obligado a asumir esta tarea al ser acusado de desacato el ayuntamiento. Esta decisión, que es la correcta, le genera enemigos políticos que comienzan a hostigarlo continuamente.

    Toda esta situación afecta a su carrera y a su vida personal, y Wasicsko, que en el fondo siempre ha sido un cobarde que utilizaba a los demás para su propio beneficio, termina suicidándose.

    Estados Unidos, racista y segregador

    Las protestas vecinales que tienen lugar durante el periodo de construcción de las viviendas, las quejas porque se devaluarán sus propiedades, así como los ataques y las continuas falsas acusaciones sobre los pobladores de dichas viviendas sociales muestran una América más cercana a la Guerra de Secesión que a 1987, fecha en la que está ambientada esta historia real.

    Y es que la visión que se nos pretende mostrar de un Estados Unidos que tiene superadas las discriminaciones raciales difiere de todas las estadísticas sobre desigualdad, y es algo que siempre está muy presente en todas las obras de David Simon, desde The Corner a esta última, pasando, cómo no, por Treme y The Wire, de las que hablaremos próximamente.

    En este caso Simon también ha contado con el trabajo de William F. Zorzi, periodista que trabajó en The Baltimore Sun y con el que coescribió The Wire basándose en historias reales que conoció de primera mano y documentación que le enviaban los propios ciudadanos para que la incluyese en la serie.

    Con estas premisas no hace falta decir que Show me a hero es una miniserie que debería estar entre las más vistas, como todas las de David Simon, que son mejores ejemplos de periodismo que una gran parte de los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance.