Tag: incompetencia

  • Ríos de tinta para la sátira política de moda

    Ríos de tinta para la sátira política de moda

    Me voy a sumar a los ríos de tinta que se están vertiendo estos días con la película Don´t look up, una sátira política que algunos críticos califican de excesiva o como una estafa mientras miembros destacados de la comunidad científica, como Neil deGrasse Tyson, la califican como un documental de lo que están viviendo los científicos desde hace años.

    Y es que Don´t look up refleja a la perfección la incompetencia y la corrupción política, la banalidad del mal de los medios de comunicación y lo voluble e influenciable que es la opinión pública.

    Bajo la premisa del descubrimiento de un cometa que va a acabar con la vida sobre la Tierra provocando un evento de extinción masiva en un plazo de poco más de seis meses, Don´t look up explora las distintas reacciones de las autoridades competentes.

    chistes malos y banalidad y corrupcion de los medios en Dont look up
    ¿A quién no le recuerdan las escenas de las visitas al programa más visto de televisión a otras vividas en platós de programas de Telecinco o Antena 3? ¿Quién os parece Brie Evantee? ¿Susana Griso o Ana Rosa Quintana?

    Desde el intento de censura para no alarmar a la población o el agarrarse a un clavo ardiendo señalando que un 99,7% no es un 100% de posibilidad de que suceda hasta terminar destruyendo todo por confiar la mayor expedición de la historia de la Humanidad a un empresario cegado por la avaricia y la corrupción.

    En este sentido, otro acierto de la película es haber introducido personajes claramente inspirados en personas de la vida real que generan debate y conversaciones paralelas que demuestran que cada uno vemos el filme según nuestro propio prisma ideológico.

    Peter Isherwell el empresario corrupto y sociopata que lleva a la humanidad a su fin
    Sociópata, avaricioso y con una nave esperándolo por si sus planes demenciales fallaban. El vivo retrato de cualquier multimillonario de tecnológicas que se os venga a la cabeza.

    ¿A quién recuerda Janie Orlean (Meryl Streep), la presidenta de Estados Unidos? A unos, a Trump, a otros, a Ayuso, a otros, a Pedro Sánchez. ¿Y Brie Evantee (Cate Blanchett)? En España, sin duda, a Susana Griso, tanto físicamente como en su forma de hablar. ¿Y Peter Isherwell (Mark Rylance), el CEO del gigante tecnológico Bash? Yo, en este caso, he de decir que veo una mezcla de Elon Musk y Jeff Bezos.

    Es curioso y muy significativo que los científicos se vean reflejados en los personajes del Dr. Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) y Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), los dos astrónomos que descubren el cometa, que se ven obligados a peregrinar por despachos en los que son ninguneados y en los que comprueban con estupor e impotencia que están en manos de políticos ignorantes que se mueven únicamente a corto plazo y por la intención de voto.

    Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, y, aunque no sea una obra maestra del cine en términos estéticos y esté planteada como un producto mainstream, se agradece el divertimento y ver, además, que todo el equipo parece habérselo pasado en grande durante el rodaje, una necesidad que muchas veces se olvida.

  • Veep: presidencia e incompetencia

    Veep: presidencia e incompetencia

    La comedia política de HBO Veep acaba de terminar su quinta temporada con más y mejor humor que nunca gracias a la capacidad de reinventarse y dar giros inesperados de guion, así como por la excelente interpretación de sus actores, en especial de Julia Louis-Dreyfus, su protagonista, y el cómico Matthew “Matt” Paul Walsh.

    Veep y el principio de Peter

    Podríamos afirmar que Veep se basa en el denominado “principio de incompetencia de Peter”, formulado por Laurence J. Peter, catedrático de Ciencias de la Educación de la Universidad del Sur de California, que señala que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia” como “la nata sube hasta cortarse”.

    A partir de aquí, ya sabéis: SPOILERS.

    Bajo esta premisa, la sátira, que comienza con su protagonista, la demócrata Selina Meyer, como una vicepresidenta de Estados Unidos incompetente y arribista en igual proporción, va evolucionando hasta que se convierte en presidenta de la nación más poderosa del planeta y de su negligencia depende la estabilidad mundial.

    Personajes mezquinos

    A lo largo de las anteriores temporadas habíamos visto a Selina Meyer menospreciar a su hija; reírse de su gabinete, una corte de aduladores bastante ineficaces y muy deshonestos, dispuestos a cualquier cosa con tal de seguir en el candelero; cometer meteduras de pata diplomáticas con un gran coste para el país y hacer todo tipo de tratos, perdiendo sus principios y dignidad, con el único objetivo de mantenerse en su puesto y medrar gracias a los problemas del presidente.

    Otra gracia que tiene Veep es que muchos de nuestros representantes políticos podrían ser Selina Meyer perfectamente, y no queremos dar nombres.

    Pero esta quinta temporada, que comienza con un empate técnico inédito entre republicanos y demócratas, es una vuelta de tuerca a toda esa mezquindad y Selina alcanza cotas maravillosamente horribles de falta de escrúpulos y desprecio por los que la rodean, hasta el punto de instrumentalizar la muerte de su madre para conseguir votos en un estado.

    Otro personaje que carece de cualquier tipo de dignidad es Gary, su asistente personal, el “hombre del bolso”, que hace el trabajo de cuidador personal, está enamorado de ella y se humilla constantemente para obtener su aprobación.

    Aunque pueda parecer que se llevan bien, el gabinete de Selina Meyer es un nido de víboras dispuestas a matarse entre sí. ¿Os suena de algo?

    Selina Meyer, terrible familiar

    La hija, Catherine, que descubre su homosexualidad con una agente del servicio secreto, pasa por muchísimas vicisitudes también por conseguir alguna pequeña muestra de cariño por parte de su madre, pero lo único que logra son desplantes, feos, que se ría de ella y que la utilice para sus fines políticos.

    Esta temporada Catherine tiene un papel más relevante gracias a la grabación de su documental sobre la elección de su madre, y lo que parece una trama secundaria durante todos los episodios, en el penúltimo se revela como una obra maestra del guion al ser una propia película dentro de la serie, con planos y tramas que habían quedado sin narrar en anteriores episodios.

    Los buenos nunca ganan

    El único personaje con un poco de ética es Mike McLintock, su jefe de prensa, un periodista que intenta no mentir a sus compañeros de profesión cada vez que sale a dar una rueda, pero que siempre termina embaucado en las corrupciones y tejemanejes del resto. McLintock, además, sufre más que nadie las políticas de Selina, como cuando está esperando para adoptar una niña china y ella, para cubrirse por unos tuits que había enviado a su novio y que habían levantado una gran polémica, culpa a hackers del gobierno chino y provoca una crisis diplomática de máxima gravedad.

    Porque otra moraleja que tiene Veep es que la honestidad y las buenas intenciones nunca triunfan en política, y que aquellas personas que intentan realizar un buen trabajo reciben mofas, desprestigio y degradación laboral, mientras los egoístas y negligentes llegan a los puestos más altos, como es el caso de Jonah Ryan, un machista faltón con las mujeres y muy incompetente al que convierten en congresista por New Hampshire solo para que dé su voto a Selina en el Congreso.

    Con todas estas tramas que han ocurrido, hay que reconocer que la última temporada de momento está siendo la mejor, y todo ello a pesar de que su creador, Armando Ianucci, director de la desternillante sátira política In the Loop (película a la que dedicaré un post entero más adelante), decidió abandonar la serie al final de la cuarta por motivos personales.

    No sabemos si volverá para la sexta, pero yo me alegro mucho de que ya esté anunciada, y espero que la calidad siga in crescendo, como hasta ahora.