Tag: corrupción

  • La corrupción vaticana, ironizada en The Young Pope

    La corrupción vaticana, ironizada en The Young Pope

    Los últimos meses han sido frenéticos en cuanto a buenas series. Tengo tantas de las que hablar que casi no dispongo de tiempo para ello. El post de hoy se la quiero dedicar a la, con toda seguridad, más irónica e irreverente de todas: The Young Pope.

    The Young Pope, finísima

    The Young Pope es una sátira de la corrupción y los entresijos más terrenales del Vaticano. Pero no penséis que hacer esta descripción es tan sencilla, porque los primeros episodios parece que van a tratarse de un drama, o de una historia de personajes.

    Pero a medida que van transcurriendo los episodios empiezas a darte cuenta de que Lenny Belardo, el extraño y tirante Papa interpretado por Jude Law, es una maravillosa y fina caricatura que podría contener en sí misma los rasgos más extravagantes de varias de las cabezas de la Iglesia.

    The Young Pope es la historia de un Papa que no cree en dios y a la vez padece Complejo de Dios. De un Papa joven que vive la contradicción entre sus pulsiones, aunque estas no llegan a estar nunca claras, y su fe basada en los preceptos más reaccionarios de la Iglesia.

    Este Papa, elegido de manera bastante inusual pensando que podría ser el enlace entre las posturas más conservadoras y liberales, no tiene el menor reparo a la hora de hacer rupturas diplomáticas o desencantar a la prensa. La tensión en los diálogos y sus respuestas comedidas en la forma y desmedidas en el contenido atrapan desde el primer episodio.

    La gran belleza de Sorrentino

    Una de las mejores características de The Young Pope la encontramos en quién firma la serie. El aclamado y muy conocido entre quienes nos gusta el cine Paolo Sorrentino.

    Sorrentino, autor de dos de mis películas favoritas por distintos motivos, Il Divo y La gran belleza, combina en The Young Pope los elementos con los que también sabe jugar. Por una parte, la creación del personaje Lenny Belardo, un Papa poliédrico, con muchas aristas que esconden distintas facetas contradictorias entre sí. Por otra, la armonía, el buen gusto y el goce estético en la composición de los planos.

    Algunas escenas parecen coreografías de cardenales perfectamente acompasados a la también magnífica banda sonora. Desde la versión del clásico de Jimi Hendrix Watchtower (también utilizado en Battlestar Galactica), pasando por LMFAO, Belle & Sebastian, Venetian Snares, Trentemoller o Kronos Quartet, los temazos se suceden en The Young Pope.

    El redescubrimiento de Jude Law

    Y, cómo no, hablar de The Young Pope es hablar de Jude Law y su interesantísima interpretación de protagonista.

    A caballo entre la ironía y el suspense, a ratos hilarante y a ratos atemorizante, los matices que le da a Lenny Belardo recuerdan al mejor Jude Law. A aquel Jude Law que en 2001 bordaba sus papeles en Enemigo a las puertas e Inteligencia Artificial.

    Jude Law resplandece en el papel del Papa joven dispuesto a cargar contra la corrupción, las luchas internas de poder y los tejemanejes de cardenales y alto clero. Y a su vez transmite de manera muy elegante la socarronería que tiene la serie. Parece un papel creado para él.

  • El banquero, la corrupción y la crisis en el cine español

    El banquero, la corrupción y la crisis en el cine español

    Siguiendo con el ciclo que comencé hace semanas sobre cine y documentales para entender la crisis económica y la figura del banquero, hoy le toca su turno al cine español, aunque en la anterior entrega ya incluí el documental “Mis ahorros, su botín”, realizado por colectivos del 15M con la financiación de Adicae.

    Concursante

    Quiero empezar con el filme Concursante porque es probablemente la cinta española que más me ha impactado sobre este tema. Ganadora del Premio de la Crítica del Festival de Málaga, esta sátira muy, muy, muy ácida aborda la persecución que sufre Martín Circo, un joven profesor, por parte del banco y Hacienda tras ganar el mayor premio jamás concedido en la Historia de la Televisión: más de tres millones de euros en objetos.

    Martín se ve obligado a pedir un préstamo al banco para poder mantener su patrimonio. Por su parte, Hacienda le reclama el 50% de sus ganancias y el incremento patrimonial en el IRPF.

    Edmundo Figueroa, un viejo economista antisistema que tiene intervenciones absolutamente brillantes como la que añado aquí abajo, le proporcionará una salida.

    Cinco metros cuadrados

    Cinco metros cuadrados es el filme por excelencia de la crisis española, y es que tiene todos los elementos que la han caracterizado: sobreprecio de vivienda, especulación, burbuja inmobiliaria y desahucios.

    La película, protagonizada por Malena Alterio y Fernando Tejero, que se llevó unos cuantos premios por su impresionante actuación, trata la lucha que deben librar Álex y Virginia, una pareja que se hipoteca a cuarenta años para comprar un piso que no va a poder recibir porque la constructora estaba edificando en terreno protegido. ¿A que suenan, y mucho, todas estas barbaridades medioambientales? Seseña y Valdeluz resuenan en mi mente…

    Cien años de perdón, el banquero y la corrupción

    ¡Cómo podría olvidar en una lista así el tema estrella de la política española! La corrupción es la clave de la película Cien años de perdón, de Daniel Calparsoro, que, a pesar de su eje central, no se puede categorizar dentro del cine de denuncia social, sino del thriller.

    Todo comienza con un robo en la sede valenciana del banco del Mediterráneo, cuya directora resulta estar en una lista de evasores como la Falciani, o los Papeles de Panamá y que posee una caja fuerte en b en la que se guarda el disco duro con datos que revelan la corrupción de líderes políticos.

    No es la mejor película de la historia del cine español, voy a decirlo abiertamente, pero muestra perfectamente la sociedad corrupta que tenemos y cómo la figura del banquero y el político está demasiado entrelazada.

    Hermosa juventud

    La película Hermosa juventud es el relato descarnado de la falta de futuro y la desolación que viven los jóvenes españoles que se enfrentan a un panorama de emigración, los que puedan permitírsela, o precariedad cada vez más acusada.

    Carlos Boyero la comparaba en El País con Los lunes al sol señalando su diferencia, que es la edad de los protagonistas. Yo mismo he estado tentado de incluir en esta lista la obra de Fernando León (aunque he desistido porque a estas alturas ya todos tenéis que haberla visto, por lo menos, un par de veces).

    El caso es que Hermosa juventud es crudeza sin igual porque relata de manera muy realista las acrobacias que tienen que hacer dos jóvenes de barrio obrero para poder ganar un poco de dinero, desde chapuzas de toda clase a cine porno. Porque cuando la gente no tiene qué comer, y más si tienen niños a su cargo, como es el caso de Natalia y Carlos, protagonistas de esta historia, termina haciendo lo que sea para sobrevivir.

    Me gusta mucho esta obra de Jaime Rosales porque muestra algo que no siempre se quiere ver desde distintos sectores sociales, y es que los jóvenes de barrios humildes, no digamos ya marginados, hoy en día saben que no van a tener futuro aunque se esfuercen. Si la sociedad les enseña eso, porque lo ven en sus hermanos y tíos mayores que sí creyeron en la meritocracia y se esforzaron para ahora no tener nada, ¿cómo podemos criticarlos o referirnos a ellos como ninis sin ofrecerles nada?

    Y hasta aquí mi listado de hoy. Son películas emocionalmente densas que os recomiendo que no veáis del tirón, pero no dejéis de hacerlo.

  • The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    The Good Fight: culebrón y estafas financieras

    Los amantes de The Good Wife estamos de enhorabuena. Sus creadores, Robert y Michelle King, han dado a luz a The Good Fight, un spin-off muy interesante con Diane Lockhart y Luca Quinn como protagonistas.

    A partir de aquí, SPOILERS.

    La estafa que da pie a The Good Fight

    La nueva producción de CBS está mucho mejor hilada de lo que pensaba. El primer episodio comienza con Diane Lockhart anunciando su jubilación para comprarse una millonaria mansión en La Provenza francesa y completamente feliz por terminar su exitosa vida laboral en un momento en el que se encuentra todavía pletórica.

    A mitad del episodio toda esa alegría se convierte en pesadumbre tras saber que sus amigos a los que le había confiado el dinero, unos inversores de Chicago, han sido detenidos por estafa y su dinero se ha volatilizado completamente.

    La estafa financiera de los Rindell, que se asemeja mucho a la de Madoff (incluso se le menciona en el episodio), afecta solo a blancos ricos de las filas liberales (demócratas) de Chicago, pues solo se podía acceder con invitación.

    Diane, que había invitado a muchos de sus círculos a la estafa piramidal, cae en desgracia y, sin ningún gran bufete que la quiera admitir como socia principal, acepta la oferta de trabajo de Adrian Boseman, un abogado afroamericano que ostenta un bufete que se encarga mayoritariamente de casos de abusos policiales y laborales que afectan a la clase trabajadora y a la comunidad negra del condado.

    Nuevos y liberales personajes

    The Good Fight incluye, además del ya clásico universo de The Good Wife, con David Lee, Howard Lyman, Kurt McVeig o Elsbeth Tascioni, un elenco de nuevos personajes, en su mayoría mujeres y afroamericanos compañeros de despacho.

    Dentro de las mujeres se encuentra Maia Rindell, hija del matrimonio imputado por estafa, a la que Diane se lleva con sigo al nuevo bufete para darle una oportunidad en su incipiente carrera como abogada. Maia Rindell (la actriz Rose Leslie, más conocida por su “You know nothing, Jon Snow” en Juego de Tronos) es lesbiana y mantiene una relación de larga duración con la ayudante del fiscal.

    Y sin en The Good Wife la trama estaba aderezada por la corrupción política de Peter Florrick, The Good Fight promete nuevas y jugosísimas historias con personajes azotados en mayor o menor medida por estafas y fraudes financieros, corrupción empresarial, corrupción judicial, explotación laboral y abusos policiales.

    Mujeres arruinadas

    No puedo cerrar este post sin señalar algo que resulta bastante evidente, pero que no se suele decir mucho cuando se habla de Robert y Michelle King, también creadores de BrainDead, y es que, en el universo The Good Wife y The Good Fight suelen recurrir con frecuencia a la figura de la mujer arruinada que renace de sus cenizas como el Ave Fénix.

    Alicia Florrick lo vivió en dos ocasiones en siete temporadas y Diane Lockhart comienza esta nueva serie víctima de una estafa que termina con todos sus ahorros. Veremos si, una vez que se recupere, le vuelve a tocar esta mala suerte que tanto les gusta a estos dos magníficos guionistas.

  • Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Películas con C de corrupción y crisis financiera (II Parte)

    Hace dos viernes comencé una serie de posts sobre películas relacionadas con banqueros, la crisis económica que comenzó en 2008 y la corrupción financiera que asola el mundo entero y, cómo no, España, con nuestro particular baile de imputados.

    Aunque parece mentira, a estas alturas muchas personas no saben qué ocurrió con Lehman Brothers, las hipotecas subprime y el rescate de bancos (y cajas de ahorros en España) y la mejor y más amena de enterarse es con filmes en los que se explique de manera más o menos detallada el proceso.

    En esta serie de posts, como ya dije la semana pasada, habrá lugar para el cine español y para los documentales, que siempre son más fidedignos que las películas.

    Leviatán

    Esta película para mí es la estrella de este post. Debería haberse llevado el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, pero eso es otro tema.

    Leviatán es la triste historia de Kolia, un trabajador que vive con su mujer y el hijo de esta en una casita con taller frente al mar en Barents, al norte de Rusia, y tiene que enfrentarse a las ansias de poder del cacique de la zona, el alcalde del pueblo, un corrupto que quiere expropiarle sus bienes a toda costa.

    La atmósfera turbia e inquietante, los paisajes inhóspitos y fríos y la gran interpretación de los actores complementan esta obra maestra del cine que a su vez es espejo de otras situaciones que se viven en muchos lugares donde el poderoso siempre aplasta al débil.

    Wall Street I y II, la trama financiera

    A pesar de que esta no es precisamente la mejor película de Oliver Stone, la reseño por su continuidad con la que fue uno de los estandartes del cine de los 80, Wall Street.

    Si en 1987 Stone nos narraba la vida del yupi Gordon Gekko y su desenfreno, en esta segunda parte nos presenta a un hombre aparentemente redimido tras cumplir condena por estafa, fraude y blanqueo de dinero que da charlas sobre cómo la codicia y la corrupción financiera han llevado a la crisis económica, aunque un tiburón nunca cambia…

    Lo importante en esta película, sin embargo, es el contexto en el que se desarrollan los hechos, el año 2008, la acumulación de activos tóxicos por parte de una entidad que se va a la quiebra y con un rescate financiero en ciernes que finalmente no se concede.

    Dos días, una noche

    Aunque esta producción belga no trata directamente sobre la crisis financiera, sí entra en esta categoría porque aborda las consecuencias de la misma: los despidos, la miseria laboral y el drama de los trabajadores que se ven despedidos sin que haya apenas ofertas de trabajo.

    Dos días, una noche es la historia de Sandra, una trabajadora que tiene dos días para convencer a sus compañeros de fábrica para que renuncien a su paga extraordinaria a cambio de que ella pueda conservar su trabajo.

    Dura, por momentos agobiante y hasta cabreante, esta película aborda los aspectos negativos de la competición feroz entre compañeros de trabajo, con traiciones, negativas a ayudarla, pero también tiene, como la vida misma, atisbos de esperanza en cambios de opiniones a última hora y apoyos.

    Dos días, una noche es un filme que no podemos dejar de ver para concienciaros en la ayuda al prójimo en un momento en que la crisis financiera nos quiere llevar a la jungla.

    ¿Cuántos estaríamos dispuestos a bajarnos el sueldo para que un compañero no se quedase sin trabajo?

  • Los banqueros y la crisis económica en filmes (I Parte)

    Los banqueros y la crisis económica en filmes (I Parte)

    La crisis económica que comenzó con la quiebra de Lehman Brothers no solo está siendo una catástrofe de dimensiones épicas en cuanto a la pobreza de millones de personas, sino que ha marcado una tendencia en el cine a través de muchas películas. Estos filmes reflejan con mayor o menor crudeza la corrupción del estamento financiero y la estafa fraguada a través de malas prácticas o simplemente una concatenación de negligencias.

    Desde 2008, pistoletazo de salida de esta nueva etapa histórica, se han producido muchos filmes sobre el tema, y creo haberlos visto todos (si alguien tiene sugerencias, en comentarios, ya sabéis), así que voy a empezar una serie de posts sobre ello.

    La crisis económica en La gran apuesta

    La gran apuesta es una de esas películas que trata la crisis económica desde sus inicios al poner el dedo en su origen: las hipotecas.

    Con un reparto de escándalo (Christian Bale, el protagonista que urde la estafa, Brad Pitt, Ryan Gosling, Marisa Tomei y Steve Carell), La gran apuesta consigue explicar con sencillez y con humor el chiringuito de Burry, un especulador que hizo una fortuna con otras tres personas apostando en contra del mercado inmobiliario.

    Margin Call

    Margin Call es la historia de la noche más tensa de un grupo de estafadores trabajadores de Lehman Brothers que intentan salvar su pellejo como sea, con conductas deplorables, amenazas y todo tipo de tretas para conseguir posicionar humo a precio de mercadillo antes del hundimiento.

    Si en Titanic se nos revolvió el estómago viendo cómo se subía la burguesía a los botes mientras dejaban atrás a los demás, Margin Call nos corroe por dentro sabiendo que las consecuencias de Lehman Brothers siguen vivas y coleando.

    Y no hablemos de cómo encarnan sus papeles actores y actrices tan singulares como Kevin Spacey, Jeremy Irons, Zachary Quinto o Demi Moore.

    La maestría de Costa-Gavras

    Costa-Gavras, director franco-griego que a estas alturas no debería necesitar presentaciones, tiene un algo especial a la hora de narrar las miserias políticas y económicas, y con este tema de la crisis económica, aunque podríamos decir más filmes, no iba a quedarse quieto sin producir algo.

    Su film El capital en 2012 nos narra cómo un bancario, que no banquero, intenta llegar a la cúspide sin ningún tipo de escrúpulos.

    Con el cinismo que le caracteriza, Costa-Gavras nos hace recordar otra película suya que, a pesar de ser de 2005, resulta premonitoria en cuanto a lo que se han convertido las entrevistas de trabajo: Le couperet, donde Bruno, trabajador de gran cualificación recientemente despedido, se decide a asesinar a todos los candidatos que optan al mismo trabajo que él. Y no es nada descabellado. Yo he estado en dinámicas de grupo bastante peores.

    Y hasta aquí los filmes didáctico-festivos de hoy sobre la crisis económica. En sucesivas entregas hablaré de otros títulos, de documentales, y habrá post especial para el cine español, que tiene auténticas joyas sobre este tema.

  • Taboo: corrupción y misterio ambientados en el siglo XIX

    Taboo: corrupción y misterio ambientados en el siglo XIX

    Tan solo cuatro episodios después del estreno de esta serie de FX y BBC, me atrevo a escribir que Taboo va a ser una de las mejores apuestas televisivas del año. Una serie ambientada en principios del siglo XIX con el trasfondo de la guerra anglo-estadounidense de 1812 en la que se entremezcla el misterio, la fantasía, la brujería y la corrupción de la gestión de las Colonias por parte tanto de la monarquía británica como de la Compañía de las Indias.

    La parte histórica de Taboo

    La guerra anglo-estadounidense de 1812 enfrentó al Reino Unido y sus colonias canadienses con Estados Unidos por el control de los territorios canadienses pertenecientes al imperio británico. En ese contexto, el territorio de Nutka (Nootka en inglés) se convirtió en una de las principales zonas del conflicto, pues a través del mismo se podía acceder a las islas de Nukta, Quadra y Vancouvr, así como a la totalidad del actual Lower Mainland, en Columbia Británica y a parte de los estados de Washington, Oregón, Idaho y Montana.

    Todos estos hechos históricos son trascendentales para el desarrollo de Taboo, pues James Delany, su protagonista indiscutible, acaba de heredar ese territorio, que toma nombre de la tribu que lo habita y al que pertenece su madre, una indígena comprada por su padre en una de sus expediciones coloniales mercantiles.

    Vista de casas en el Territorio de Nutka. Viajes del Capitán Cook, 1790.

    Como el Estrecho de Nutka es crucial para saber quién va a ganar la guerra, Delany se convierte en el blanco de las conspiraciones y corrupciones de la monarquía británica, el gobierno de Estados Unidos y la Compañía de Indias, que ha adquirido tal poder que asusta a los Estados, todavía no acostumbrados (¿o deberíamos decir subyugados?) al influjo de empresas privadas de mayor tamaño y poder que ellos.

    Pero Delany no solo no se amedrenta ante los continuos intentos de soborno e, incluso, asesinato. Él ha vuelto tras unos largos años en África para enfrentarse a todas las cúpulas corruptas que hagan falta. ¿Por qué? Todavía no lo sabemos.

    Brujería y fantasía en Taboo

    Uno de los mejores ingredientes de Taboo, que además está bastante bien hilado en la serie es la fantasía en forma de brujería, misterio, poderes y seres sobrenaturales que parecen venir de la tribu de su madre.

    James Delany parece saber más que el resto de los habitantes de Londres. Puede comunicarse a través de cenizas con seres del más allá e, incluso, hacer ‘visitas’ a otras personas, como el encuentro sexual tumultuoso que tiene con su hermanastra en el cuarto episodio.

    Sí, habéis leído bien, con su hermanastra, hermana por parte de padre con la que mantenía una relación amorosa antes de abandonar Londres y comenzar sus andaduras, muchos dicen que demoniacas y caníbales, en África.

    El papel de Zilpha, interpretado por Oona Chaplin, a la que hemos visto en Juego de Tronos, Dates, Black Mirror y otras tantas series de moda, es clave para James Delany, pues parece ser la única persona sobre la faz de la tierra por la que tiene verdaderos sentimientos de amor, lo que no impide, como él mismo afirma, que esté condenada por estar cerca de él.

    Tom Hardy

    Aunque he visto multitud de series y películas en las que aparece Tom Hardy, he de confesar que nunca me había parecido especialmente reseñable (salvo en Peaky Blinders, en la que borda su papel del mafioso judío Alfie Solomons) hasta ahora.

    La brillantez de su interpretación unida al gran papel que se le ha asignado, con un personaje tan complejo e inteligente, me recuerda a la actuación de Matthew McConaughey como Rust Cohle en True Detective y cómo nos dejó de sorprendidos a todos (si bien es cierto que Tom Hardy hasta el momento ha actuado en producciones de muchísima más calidad que las de McConaughey antes de True Detective).

    Nos encontramos ante un personaje oscuro y despiadado, aunque muchísimo más honesto que los corruptos y avariciosos que tiene alrededor, que tiene un plan maestro para conseguir algo que todavía no vislumbramos, pero en lo que sí podemos afirmar que está implicada su hermanastra y amor.

    La ficción está servida y viene muy bien condimentada como para convertirse en una de las grandes series de esta temporada (y esperemos que de otras).

  • La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    La corrupción del sistema, protagonista en Frágil Equilibrio

    He tenido la suerte de ser uno de los pocos que consiguieron entradas para ver Frágil Equilibrio en Madrid y quiero hablaros de este documental tan exquisitamente producido y editado que nos lleva a plantearnos hasta qué punto estamos viviendo una vida despersonalizada que no nos proporciona la felicidad, sino más bien todo lo contrario, y en la que aceptamos de manera desvergonzada la corrupción del sistema.

    Frágil Equilibrio, el contexto

    El documental Frágil Equilibrio, premio del Festival de Cine de Valladolid Seminci, narra el presente en diversos puntos del planeta desde la perspectiva de algunos de sus protagonistas, todos ellos explotados y castigados por un sistema depredador en el que unos pocos acumulan la riqueza mientras los demás se ven obligados a sobrevivir en peores o mejores circunstancias según sea su procedencia, pero con el denominador común de la búsqueda y la imposibilidad de hallar la felicidad en sus vidas.

    Con imágenes impactantes (atascos, fábricas, multitudes moviéndose por la ciudad, policía cargando contra ciudadanos, cómo estamos devorándonos literalmente el planeta, etc. y que recuerdan a producciones visuales como Baraka) y la puesta en escena de un narrador muy bien valorado entre la mayor parte del público como es José Mújica, el expresidente de Uruguay, Frágil Equilibrio consigue tocarnos en lo más profundo y cuestionarnos si estamos llevando la vida que queremos y qué podemos hacer para cambiarlo.

    Los protagonistas

    Africanos que acampan en Marruecos esperando poder saltar la valla de Melilla por la noche; japoneses pertenecientes a la denominada clase de “salaryman”, con sueldos que les permiten comprar todo lo que quieran, pero jornadas laborales de hasta 21 horas, sin poder ver a sus familias nada más que los fines de semana; un desahuciado español que ha perdido su casa y se ve obligado a vivir ocupando espacios, incluso, insalubres… estas son las tres historias protagonistas que se van entrelazando con la voz de José Mújica y las imágenes antes mencionadas para sumergir al espectador en la vorágine estresante del sistema en que vivimos.

    De todas ellas la más esperanzadora, sin duda, es la de los africanos, pues todavía conservan la ilusión de encontrar un lugar mejor donde poder trabajar y formar una familia.

    Una crítica necesaria

    Frágil Equilibrio está perfectamente producido, con imágenes pertinentes y muy comunicativas en todos y cada uno de los casos, con historias que emocionan a la par que describen situaciones desesperantes y un toque de esperanza basada en la solidaridad a la que se alude en múltiples ocasiones. Pero no debería quedar exento de crítica, pues olvida un aspecto muy importante: las mujeres.

    Tanto las tres historias principales como la narración y el hilo conductor están protagonizados por hombres. En ningún momento aparece la historia de una mujer como protagonista, y no será porque no haya, por ejemplo, mujeres abandonadas por sus parejas que han sido desahuciadas teniendo hijos, incluso, discapacitados, o mujeres inmigrantes en situaciones límite al no poder acceder a atención sanitaria, por poner dos ejemplos.

    Desconozco la motivación de los creadores de Frágil Equilibrio para no introducir historias de mujeres, pero tanto si lo pensaron y lo rechazaron como si no se les ocurrió en ningún momento, están invisibilizando a las mujeres, y con ello contribuyendo a otra práctica destructiva de este sistema que quieren denunciar.

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?

  • Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Mr. Robot, cuando la revolución es otra estafa

    Pues ya he terminado la segunda temporada de Mr. Robot y es una de esas series que, pese a sus claroscuros, hay que señalar que dejan un gran vacío a quienes la seguimos. Han sido doce episodios frenéticos, dos más que en la primera entrega, en los que hemos experimentado de todo un poco, desde comedia hasta suspense, pasando por drama y, cómo no, surrealismo.

    A partir de aquí, ya sabes, destripo más que Jack y estás bajo tu responsabilidad.

    Mr. Robot, la comedia

    Aunque he comenzado titulando este post de manera negativa por la moraleja que deja la propia serie, y de la que os hablaré más adelante, quisiera empezar hablando de varias gratas sorpresas que nos encontramos ya desde los primeros episodios.

    En primer lugar, el corto The Careful Massacre of the Bourgeoisie, una película en realidad ficticia que se supone que sirve de inspiración a Elliot y su hermana Darlene para la organización de la revolución. Se trata de un corto gore realizado con calidad de cinta VHS muy lograda, de manera que puede hacer pensar al espectador de la serie que se trata de una obra grabada en los 80.

    La segunda gran conmoción llega en el episodio sexto con una surrealista recreación de una sitcom de los 90 que incluye risas enlatadas, cromas de pésima calidad, una resolución de 4:3 y una estética que bien podría ser la de Los problemas crecen, aquella serie donde un psiquiatra se quedaba en casa a cuidar de sus tres hijos mientras su mujer, periodista, volvía a su trabajo tras haber desempeñado ella esa labor durante años.

    La diferencia, está claro, estriba en que nos encontramos en Mr. Robot y ni la familia de Elliot ni su propia mente, que ni él mismo comprende, guarda ninguna relación con los entrañables y funcionales Seaver.

    Destaca especialmente dentro de este episodio, tributo y sátira a la vez de las sitcom de los 90, la canción que suena, con letra horrible y distópica que dice cosas como “imagine yourself in a world numbed with pain”.  Y es que ese lugar surrealista en realidad no es otra cosa que el salvoconducto que se crea la mente de Elliot mientras trata de sobrevivir a una brutal agresión.

    Mr. Robot, el giro inesperado

    Siguiendo con las maravillas de Mr. Robot, hay que señalar que han vuelto a conseguir dejarnos boquiabiertos con un giro inesperado de guion basado en las alucinaciones del personaje principal. Incluso los que ya suponíamos que algo raro pasaba con esas rutinas que describe desde el comienzo de la temporada no podíamos imaginar que en realidad todo era otra válvula de escape para ocultar un sitio mucho peor, y aquí sí que me ahorraré los spoilers por si acaso algún incauto ha seguido leyendo más de lo que quería.

    Mr. Robot, la estafa de la revolución

    He querido dejar para el final la que para mí es la mayor objeción que pongo a la serie porque considero que es una visión muy personal y un pequeño obstáculo que no me va a impedir seguir viéndola, pues en la balanza pesa más lo positivo que esto negativo.

    Y os preguntaréis, ¿qué es eso de la estafa de la revolución? Pues, sencillamente, que me disgusta que para una serie en la que se toman tantas molestias en hacer que los pasos que dan los revolucionarios sean completamente realistas (sí, consultando con hackers, incluso), el trasfondo de esa revolución sea que quienes la llevan a cabo sean meros peones de otro gigante peor que el que van a derribar.

    Y ya sé que no podía esperar una temática muy subversiva de una serie que, al fin y al cabo, se produce con dinero de la industria audiovisual estadounidense, que se ha caracterizado siempre por ser bastante propagandística, pero no hacía falta introducir una trama entre la propia corporación a derribar y China.

    Es cierto que todavía es pronto y que quizá en la próxima temporada nos sorprendan con otro giro inesperado que me haría tener que rectificar (y lo haré gustosamente si se da el caso), pero no era necesario dejarnos con esta desazón a los que teníamos esperanza en que Elliot y sus compañeros hackers cambiaran el sistema. ¿Es tan difícil plasmar en ficción una revolución digital que mejore la sociedad de manera no violenta o es demasiado peligroso hasta imaginarlo?

  • BrainDead, aliens y corrupción política

    BrainDead, aliens y corrupción política

    ¡Qué título más estrafalario!, diréis quienes no hayáis visto esta última creación de CBS, el descubrimiento del verano, lo más fresquito que ha tenido mi pantalla en mucho tiempo: BrainDead, una sátira política de ciencia ficción que aúna la llegada e invasión de seres extraterrestres con una trama política de corruptelas y dinámicas de poder entre republicanos y demócratas.

    A partir de aquí, ya sabes, estás bajo tu responsabilidad.

    BrainDead, el escenario

    BrainDead se ambienta en un supuesto cierre (bloqueo institucional) del gobierno de Estados Unidos tras no haber conseguido ponerse de acuerdo entre demócratas y republicanos para aprobar el presupuesto.

    Mientras tanto, en un centro de investigación donde se analiza una roca de meteorito unos pequeños insectos comienzan a salir de ella y a esparcirse por toda la ciudad.

    Los insectos se introducen en los seres humanos a través de los oídos, matan un hemisferio entero y vuelven a su huésped un extremista de las ideas que ya tuviese previamente: si era republicano, pasaría a ser fanático de Donald Trump y de la Asociación Nacional del Rifle, bandera confederada incluida. Si era demócrata, se convertiría en un defensor de las socialdemocracias del norte de Europa, que eso en Estados Unidos equivale a declararse marxista y admirador de la Revolución Rusa.

    El humor

    Como he dicho al principio, BrainDead es una serie que aporta una originalidad y una frescura inesperada. Si digo inesperada es porque leyendo la sinopsis parece una serie malísima, aunque algunos jugamos con ventaja, y es que, en cuanto vimos que era de los creadores de The Good Wife, supimos que sería de buenísima factura.

    La aparición de actores como Zach Grenier (el codicioso y rastrero abogado de civil especializado en divorcios de The Good Wife) o Tony Shalhoub garantizaba, además, una dosis segura de excelente interpretación del sarcasmo.

    La especie invasora, además, tiene bastante sorna, reproduciéndose en flores de cerezo (el árbol insignia de la patria estadounidense) y reproduciendo sin cesar una canción de los 80. Otro de los toques de humor es, sin duda, la presentación del “previously” en forma de canción, todos ellos realizados por el cantautor geek Jonathan Coulton.

    Las convicciones políticas como infección

    Una cuestión de la que peca esta serie, como ya lo hizo en su día The Good Wife, es la de introducir ideología de una forma un tanto sutil, que podría pasar desapercibida para telespectadores que no estén atentos.

    Si ya en The Good Wife se normalizaba el nepotismo y se asumía la corrupción política como una forma de contradicción personal inocua e, incluso, graciosa, en BrainDead se inocula la idea de que las convicciones políticas pueden ser una infección. Y algunas pueden serlo, de hecho, las que conllevan la muerte y la miseria de otras personas, como lo que propone Donald Trump, pero otras, las que hablan del Estado social, los servicios públicos y una garantía de condiciones para toda la población, no.

    Que se hable de las democracias del norte de Europa en términos tan despectivos no puede hacer otra cosa que encender mi detector de propaganda. Y es que, a  pesar de toda la singularidad y la diversión que proporciona BrainDead, no hay que descuidarse ni un segundo: es propaganda política a favor de Hillary Clinton.