Tag: The Wire

  • El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    El error de calificar como series políticas solo las que tratan de corrupción

    Al calor de las elecciones en Estados Unidos, cuyo resultado mejor no comentaremos porque este blog no se dedica a ello, numerosos medios de comunicación han publicado listados de series calificadas como “políticas” en los que solo aparecen aquellas en las que hay protagonistas políticos profesionales y las tramas giran en torno a sus quehaceres diarios y, cómo no, a su corrupción (en mayor o menor nivel, tratada desde una perspectiva trágica o cómica, pero siempre en torno a ella).

    Todo es política, no todo es corrupción

    Me parece un error bastante grave, aunque muy común en toda la sociedad, omitir todas las series que, sin contener tramas del Capitolio ni personajes trajeados con ansias de medrar en el Congreso o en el Senado, tienen una esencia política que va mucho más allá de lo ornamental.

    Veep es una serie sobre políticos y corrupción política.

    Quizá para estas series que los medios califican como “políticas” se debería apostillar que son series “de políticos” y su corrupción, mientras en la categoría general de “serie política” se deberían incluir todas las que en mayor o menor medida denuncian, reivindican o plasman el reflejo de la política en la cotidianidad.

    Pienso, por ejemplo, en series políticas muy marcadas como Orange is the new black, The Wire, Treme o Mr. Robot y me parece injusto que se queden fuera de esa gran denominación. Y es que es evidente que sus temas centrales giran en torno al sistema político y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

    Cuando la ideología subyacente es sutil

    Pero también hay otras series que yo denominaría políticas sin encontrar acuerdo con la mayor parte de vosotros. Hablo, por ejemplo, de obras como Transparent, a la que le dedicaré su espacio en este blog por los buenos ratos que me ha hecho pasar (aunque esta tercera temporada la haya encontrado demasiado proselitista), Peaky Blinders o Sons of anarchy, porque todas ellas tienen en común nuevamente la configuración social que se produce en este sistema, tanto en cuanto a roles y normatividades de género como a formas de organización al margen o marginales que buscan subterfugios para lucrarse con el lado más oscuro del capitalismo.

    La sci-fi es política

    Un debate que tenemos siempre los admiradores del género de la ciencia ficción con aquellos más conservadores (o más tozudos, para qué vamos a negarlo, que no quieren ver la ciencia ficción como un género mayor en ninguna de sus manifestaciones literarias o audiovisuales) es cómo la especulación que se realiza en la science-fiction es política.

    Voy a poner como ejemplos mis dos series favoritas de sci-fi, Battlestar Galactica y Black Mirror. En la primera, la humanidad, o lo que queda de ella tras los ataques nucleares y la guerra contra los cylons, creados por la propia humanidad y en rebelión, busca un lugar donde poder volver a establecerse y desarrollarse. Es una especulación bastante realista teniendo en cuenta que en muchas ocasiones al cabo del año nos encontramos en crisis internacionales que podrían desembocar en la pulsación del “botón rojo”.

    Durante ese trayecto los humanos van descubriendo quiénes son ellos y se va descubriendo también quién es ese presunto enemigo en un viaje en el que no faltan ejercicios de autoridad militar y política, al parecer tan necesarias para mantener la unidad y la estabilidad.

    Por su parte, Black Mirror desarrolla posibles escenarios a partir de la tecnología existente y sus usos, y en todos ellos hay un componente que refleja con un realismo terrorífico las características de nuestra sociedad: el individualismo extremo, el control panóptico, la crueldad con lo que consideramos “enemigo”, la mercantilización del tiempo, el cuerpo y las relaciones personales, etc. Ver Black Mirror podría decirse que es anticiparse a posibles distopías que tenemos a las puertas y que, en algunos casos, estamos ya alcanzando. Por lo tanto, ¿quién se atrevería a dejar a esta serie fuera de la calificación de “política”?.

    Cuando se plasma una aplicación que hace que los soldados vean a los enemigos deshumanizados como si fuesen cucarachas, ¿no estamos ante una serie política?

  • The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    The Wire: la corrupción generalizada como protagonista

    Tras escribir sobre Show me a hero y Treme, hoy le toca el turno a otra de las producciones de David Simon, la más conocida, la más extensa y seguramente la más impactante: The Wire, la serie en la que la corrupción estatal generalizada y endémica a todos los niveles es la indiscutible protagonista.

    The Wire, incatalogable

    Conozco a un montón de personas que se resisten a ver The Wire solo porque la consideran “otra serie policiaca más” cuando si algo puede decirse de ella es que es imposible etiquetarla dentro de un género.

    The Wire es drama, es política, es realismo social, es periodismo y, sobre todo, es una composición pentaédrica sobre un mismo tema visto desde distintos lados: cómo la corrupción afecta a los distintos estratos de la sociedad en una misma ciudad, Baltimore.

    En las cinco brillantes temporadas que la componen observamos este tema tratado desde diferentes perspectivas: en la primera vemos la incapacidad y los errores de la policía a la hora de enfrentar los problemas derivados del abuso de drogas en las viviendas sociales de gente pobre y marginal. En la segunda aparece retratado el contrabando de mercancías y drogas en el puerto. La tercera se centra en los políticos, las luchas de poder y la financiación, que se entrelaza con las dos anteriores.

    En una cuarta entrega podemos ver cómo se degrada la educación pública de manera que la pobreza que se ve reflejada en las otras temporadas se convierte en un determinismo social causado por la propia corrupción del sistema.

    La crítica a los medios

    La quinta y última temporada de The Wire aborda el tema de los medios de comunicación desde un punto de vista un tanto original. La serie incide en que son empresas privadas que buscan el máximo beneficio a costa de recortar en recursos, lo que hace que las personas que más deberían estar alerta para denunciar la corrupción y los crímenes cometidos por altas instancias no puedan dedicarse a ello y sean meros relaciones públicas de los poderosos, mintiendo si hace falta con tal de poder pagar sus facturas.

    No en vano, Simon fue reportero en The Baltimore Sun y durante sus años en el periódico tuvo que hablar en innumerables ocasiones de los crímenes, la pobreza, los conflictos racistas y la desigualdad en una ciudad azotada por la desindustrialización hasta que “unos hijos de puta [un grupo multimedia estadounidense] compraron el periódico y dejó de ser divertido”.

    Y con este descreimiento de los medios de comunicación él mismo ha creado la mejor narrativa periodística sobre Baltimore (y sobre la sociedad estadounidense en general) jamás escrita.

    “Que se joda el espectador medio”

    El propio Simon señaló hace tiempo a un periodista que la premisa que había seguido para desarrollar su proyecto era “Solo una: que se joda el espectador medio”, y eso es algo que aquellos que disfrutamos cuando los guionistas de una obra nos tratan como seres inteligentes (ENLACE OINTB) tenemos que agradecerle.

    Porque cuando dedicas mucho tiempo a una serie esperas que esté escrita con mimo, considerándote una persona con inquietudes y que no caiga en el simplismo. Y todo eso lo tiene The Wire, probablemente una de las mejores series de la historia en la que lo político, social y económico también se combina perfectamente con el lado humano: el amor, el odio, la compasión, la amistad, la traición…

    Actores

    Un factor importante que es necesario reseñar al hablar de The Wire son sus actores, algunos de ellos recurrentes en las producciones de David Simon, que han dado vida a otros personajes de series como The Corner o Treme, como Clarke Peters (Lester Freamon en The Wire, Robert Mayhawk en Show me a hero y Albert Lambreaux en Treme), y algunos de los cuales están muy concienciados con mejorar el mundo que les rodea.

    Uno de ellos es Wendell Pierce, que encarna al Detective Bunk Moreland, que ha invertido 20 millones de dólares en un complejo de apartamentos en Baltimore con el objetivo de crear empleos tanto en la construcción del mismo como después, pues ha reservado un porcentaje para los artistas locales, que también podrán exhibir sus obras en las galerías con las que contará el edificio.

    Personajes

    Pero si algo destaca de la serie es el carisma de sus personajes. Desde Omar, un ladrón gay regido por su propio sistema de valores e interpretado por Michael Kenneth Williams, actor que dio vida a Chalky White, otro personaje muy complejo de la serie Boardwalk Empire, hasta Stringer Bell, un criminal con afán de trepar e inmiscuirse en las capas más altas de la sociedad y al que Idris Elba dota de una excelentísima interpretación, pasando por el Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), todos y cada uno de los caracteres de The Wire tienen su propia e indiscutible personalidad y complejidad.

    Todos los personajes rezuman realismo, y es que algunos de ellos se inspiran en personas reales, como Omar Little, que se basa en Larry Donnel Andrews, un criminal de Baltimore que tenía entre sus reglas éticas no involucrar nunca a mujeres y niños.

    Y es que, como hemos dicho a lo largo de todo este post, el realismo de The Wire, y en general de todas las series de David Simon, la convierte en un género periodístico en sí mismo. Un género ficcional que, sin embargo, ha demostrado merecer mayor credibilidad que gran parte de los artículos y reportajes que vemos a diario en los medios.