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  • Peaky Blinders, más política que nunca

    Peaky Blinders, más política que nunca

    Recién terminada la tercera temporada de Peaky Blinders, el drama histórico que versa sobre la familia de mafiosos del mismo nombre establecidos en Birmingham en la segunda década de 1900, solo puedo decir que esta entrega ha superado con creces la calidad de guion de las anteriores, que ya fueron magníficas.

    La excelencia de Peaky Blinders

    La calidad de fotografía y producción se mantiene, cambiando los escenarios de las sucias calles azotadas por la pobreza tras la I Guerra Mundial por la majestuosa mansión de Tommy Shelby y los palacios de otros personajes que han irrumpido y de los que hablaremos más adelante.

    Asimismo, la banda sonora continúa su senda de originalidad al introducir géneros como el rock, el indie e incluso el post-punk y el gótico para ambientar una época histórica previa al descubrimiento de los mismos. (En otra ocasión trataremos The Knick, otra genialidad por muchas razones, entre ellas también por la innovación en la música).

    Al comienzo del quinto episodio nos encontramos, incluso, con un muy bien traído tributo al último disco de David Bowie, que, según narra la prensa inglesa, admiraba tanto la serie que pidió que se utilizara su música. Y es que David Bowie y Peaky Blinders ya tenían historia previa, pues Cillian Murphy, el actor que da vida a Tommy Shelby, le envió una de sus capas al enterarse de que le encantaba la serie.

    Quizá este gusto por la música y la estética que haya que alabar también tenga su contrapunto, ya que hay momentos de la serie en los que, siendo honestos, sobran las escenas de los Peaky Blinders caminando con elegancia matona mientras suena buena música de fondo. Pero también puede ser que yo soy muy quisquilloso.

    A partir de aquí, ya sabéis, me pongo a destripar.

    La guerra contra el comunismo

    En esta temporada hemos visto a Tommy Shelby enfrentarse a una antigua deuda con Winston Churchill por haber salvado su vida. Esta deuda, por supuesto, incluía que la familia de gángsters se hiciese cargo de los trabajos sucios de la guerra contra el comunismo que la opinión pública no podía conocer: cometer un atentado en suelo británico del que poder culpar a los soviéticos para entrar en guerra con ellos.

    Los Peaky Blinders se sitúan en este contexto histórico dentro de lo que Karl Marx y Friedrich Engels consideraban lumpenproletariado, la capa más baja de la sociedad, los marginados que para los padres del comunismo suponían un peligro, pues sus ansias de dinero y su falta de conciencia política los llevaba a aliarse con la aristocracia y la burguesía, dañando al proletariado.

    En este sentido podría decirse que esta tercera temporada de la serie tiene un enfoque marxista, y no solo por el retrato de esta clase social, sino también por cómo dibujan a la aristocracia rusa en el exilio como un grupo de depravados sexuales y a la burguesía inglesa que lucha contra la revolución rusa como unos asesinos sin escrúpulos.

    Mención especial merece el Padre Hughes, representante de la organización derechista “La Liga Económica”, a la que también se refieren como “Comité de Vigilancia” y “Sección D”, un pederasta que utiliza los orfanatos como mercado de niños y que no duda en extender sus tentáculos al que acaba de crear Tommy Shelby en su continua necesidad de ascender socialmente y pertenecer a la clase alta inglesa.

    Porque la tercera temporada es también la narración del determinismo social, de cómo los Shelby, por más que su líder intente blanquear sus negocios y entrar en los clubes más selectos de la sociedad inglesa, se encuentran con el clasismo y la barrera invisible que impide ascender de clase y estatus social aunque hayas conseguido llenar tus arcas y comprar una mansión y caigas de igual manera en la corrupción.

    Las mujeres

    Como en anteriores entregas, en estos seis episodios hemos visto las vicisitudes de las mujeres, tanto Peaky Blinders como de otras procedencias, que se enfrentan a las trabas y el machismo de la época.

    Destaca especialmente el personaje de Polly, que conoce a un misterioso pintor con el que termina teniendo una relación a pesar de sus inseguridades y de las prohibiciones que el patriarca Tommy Shelby quiere imponerle.

    La familia

    Y, cómo no, no puedo terminar esta reseña de la tercera temporada de Peaky Blinders sin hablar de las ataduras familiares que obligan a los Shelby a permanecer fieles a su líder, aunque se comporte de manera errática y cometa equivocaciones. Pero el episodio final, con una traición de dimensiones épicas, deja la puerta abierta a un giro de guion y una venganza de los sometidos.

  • The Good Wife, culebrón y corrupción

    The Good Wife, culebrón y corrupción

    Alicia Florrick y sus vicisitudes de esposa de político corrupto casi siempre imputado e investigado pero librándose de prisión en The Good Wife se despiden de la pantalla tras siete largas temporadas en las que hemos visto sus caídas, sus contradicciones y, finalmente, su evolución como ser libre e independiente.

    Los fans de The Good Wife podrían dividirse entre aquellos que están más interesados en el culebrón, la trama amorosa propiamente dicha, y los que hemos seguido fieles porque se trata de una serie que, pese a esas historias de amor, está muy bien escrita, establece relaciones laborales y políticas complejas entre sus protagonistas y se inspira en casos reales para perfilar a los clientes y los juicios que aparecen representados.

    A partir de aquí, SPOILERS del tamaño de la luna

    Por eso algunos estábamos convencidos de que la muerte de Will Gardner no solo no iba a terminar con la calidad de The Good Wife (a pesar de que se iba el que probablemente era el mejor actor de la serie), sino que la iba a mejorar al darnos una tregua en cuanto a tensiones sexuales no resueltas, celos y demás añadidos que traen consigo las historias sobre amores imposibles y relaciones extramatrimoniales.

    The Good Wife, feminismo a raudales

    The Good Wife es una serie sobre la emancipación de una mujer que, harta de haber entregado su vida a la crianza de sus hijos y haber sido ninguneada y traicionada por su marido, que en su carrera política ha hecho cosas tan deleznables como utilizar dinero público para fines privados entre los que se encuentra contratar servicios de prostitutas, comienza su carrera laboral como la abogada que un día quiso ser.

    Siendo esta su historia vertical, y entremezclando en ella tramas de espionaje de la NSA, relaciones con sus asesores políticos (¿quién no querría que Eli Gold fuese su jefe de campaña?) y diversos affaires de ambos cónyuges, uno de los mayores logros de The Good Wife es, sin embargo, haber sabido tejer una red de historias horizontales muchísimo más interesantes que la primera.

    Asimismo, la serie exhala feminismo por todos sus poros. Grandes mujeres labrándose la vida en un mundo predominantemente gobernado por hombres. El hecho de que Diane termine con un bufete de mujeres y de que la propia Alicia se independice definitivamente de Peter Florrick para seguir su vida sin las ataduras matrimoniales son el mejor ejemplo de a dónde pretendían llegar sus creadores, Michelle King y Robert King.

    Personajes inolvidables

    Por esta serie que no termina de ser ni romántica ni de abogados, pues su excelencia la hace difícil de catalogar en cualquier género, pasan todo tipo de personajes: desde Diane Lockhart, la abogada de trayectoria impecable que ha sacrificado su vida personal por su carrera y encuentra su inesperado amor en su antípoda política, el republicano amante de las armas Kurt McVeigh, hasta grandes y peligrosos narcotraficantes amantes de sus hijos como Lemond Bishop, pasando por abogados mezquinos como David Lee, jueces de distintas cortes (civil, pena, castrense, etc.) con sus excentricidades, investigadores privados de pasado oscuro (Kalinda y, más adelante, el que será su último amor, Jason Crouse) y clientes de todo tipo.

    Echaremos de menos a los distintos jueces y sus excentricidades.

    Mención especial hemos de hacer al papel de Michael J. Fox como abogado despiadado que no duda en aprovecharse de su enfermedad para intentar dar lástima a los jueces y ganar así a sus rivales. Ya solo por su aparición en las primeras temporadas engañando a Alicia mientras se hacía el desvalido necesitado de ayuda para hacerla llegar tarde al juzgado merece la pena ver la serie.

    Pero esto no es una despedida final. Los admiradores de esta divertida y bien escrita serie estamos de enhorabuena: parece ser que ya está en marcha una spin-off protagonizado por Diane y Lucca. Esperaremos con las palomitas preparadas para disfrutar de dos de los mejores personajes femeninos de toda la serie (con la venia de Kalinda, por supuesto).

  • Guerra, la renovación de Albert Pla y Fermín Muguruza

    Guerra, la renovación de Albert Pla y Fermín Muguruza

    En julio de 2015 Albert Pla, Fermín Muguruza y Raül Fernández aka Refree estrenaban en Barcelona Guerra, un musical “multimierda”, como lo ha definido el propio Pla, que hemos podido ver en Madrid el pasado fin de semana.

    La dramaturgia en Guerra, dirigida por Pepe Miravete, se construye mediante una alegoría en la cual Fermín Muguruza es  una ciudad habitada por miles de habitantes oprimidos por un tirano y Albert Pla es el ejército de las fuerzas de paz que la asedian para liberarla mediante bombardeos. Estas fuerzas liberadoras, además, van tomando distintas formas, abarcando las diversas formas de propaganda a la que desde los poderes fácticos se somete a la población.

    En un escenario cambiante, con estilos musicales que van desde la electrónica hasta el dub, pasando por el hip-hop y el ska, Albert Pla ejerce su papel de cínico y descreído mientras Fermín Muguruza, con una actuación más forzada y sobreactuada, hace de resistencia y agitación contra la invasión liberadora.

    El ritmo va in crescendo, llegando a tener una cruenta batalla dialéctica entre ambos. En cuanto a la representación, en todo momento está trabada por momentos de humor que oscila entre el absurdo y el sarcasmo más duro.

    Pero lo más novedoso de Guerra es, sin duda, la puesta en escena, con una pantalla con la que los tres actores y músicos interactúan en todo momento, logrando crear distintas atmósferas y ambientes, muchos de ellos opresivos, con la intención de que el espectador se incomode por su papel de espectador, no solo de la obra, sino de la realidad.

    En mi opinión, Guerra es una buena apuesta de Albert Pla por la utilización de nuevas tecnologías para la expresión de ideas políticas, por la actualización de aquel llamado mensaje protesta a nuevas formas de espectáculo, en este caso una fábula audiovisual a la que quizá le sobran unos minutos al final y le falta más diversidad entre el público, que recuerda más al de un concierto de rock que al de una obra de teatro.

    A continuación os incluyo el tráiler, sin ánimo de spoilers, que también podéis ver aquí.