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  • El inadaptado, metáfora de una sociedad enferma

    El inadaptado, metáfora de una sociedad enferma

    Hoy quiero hablaros de un filme que he visto recientemente, aunque es de 2006, y que me ha dejado impactado por la crítica a la sociedad de consumo y a las vidas vacías que genera, especialmente en las ciudades: El inadaptado (Den Brysomme mannen).

    El inadaptado, comedia distópica

    El inadaptado es una coproducción noruega-islandesa dirigida por Jens Lien con guion de Per Schreiner que se presenta en forma de comedia negra distópica. Ambientada de manera surrealista en una ciudad a la que se llega en un autobús que no se sabe de dónde procede y que no tiene una coordenada temporal establecida, la película trata las vicisitudes de un hombre que intenta encajar en la vida que allí le surge.

    A partir de aquí, ya sabéis: SPOILERS

     

    La ciudad en sí es fría y anodina, de color blanco hielo, como si sus habitantes estuvieran atrapados en un congelador, con una zona de oficinas con edificios gigantescos y otra más residencial con casas tipo chalé. Nada que no exista en la realidad de cualquier ciudad, especialmente en países del norte de Europa.

    Andreas, el protagonista, quiere encajar con sus compañeros de trabajo, pero se encuentra que son demasiado superficiales. Busca pareja y consigue irse a vivir con una mujer, pero su desafecto e indiferencia adquiere cotas tragicómicas, y lo mismo le sucede con la segunda chica que conoce y de la que se enamora.

    En medio de todo este surrealismo se encuentra con otro habitante que está desesperado como él por saber qué ocurre en ese lugar donde la comida ha perdido su sabor y donde es imposible estimular ningún sentido.

    El misterioso habitante tiene, además, un secreto, y es que está excavando un agujero para llegar al origen de un sonido de violín que se escucha en el sótano del edificio en el que vive, pero su misión fracasa y termina con la intervención de los hombres de gris (imposible no pensar en nuestros ‘grises’ al verlos), que rápidamente devuelven la ciudad a su insustancial normalidad.

    La estafa de la sociedad de consumo

    La película entera constituye una metáfora de la soledad y la superficialidad de las sociedades actuales en las que se hacen jornadas laborales extenuantes para poder adquirir productos que no se necesitan y seguir en la maquinaria del consumo sin fin. Una estafa de proporciones épicas en la que todos estamos más o menos inmersos.

    Este utilitarismo se expande, asimismo, a las relaciones personales, pues las parejas se convierten en otra adquisición más, como un coche o un mueble, fácilmente intercambiable y que no genera apego porque hay una gran variedad de oferta en el mercado.

    El inadaptado incluye, además, otro elemento muy común en las sociedades del norte de Europa como es el suicidio. Andreas quiere quitarse la vida, y lo intenta de muchas, variadas y horripilantes maneras, pero no puede conseguirlo, ¿quizá porque ya está muerto? ¿O tal vez porque no hay salida posible?

    En El inadaptado ni siquiera hay choques políticos, corrupción o bajas pasiones que aporten emoción. Nos muestra de manera incisiva e hilarante la distopía que constituye el exceso de amigabilidad ficticia, egoísmo, insolidaridad y falta de socialización real de las sociedades capitalistas. Personajes que tienen formación académica y trabajos exitosos, pero que carecen de alma. ¿Os suena de algo?

  • Corrupción en Miami, treinta años después

    Corrupción en Miami, treinta años después

    Aunque algunos, entre los que me encuentro, no quieran creerlo, ya han pasado treinta años desde que Don Johnson y Philip Michael Thomas encarnaron a James “Sonny” Crockett y Ricardo “Rico” Tubbs, respectivamente, en la serie policíaca más fashion de la historia: Corrupción en Miami.

    Escasa trama

    Corrupción en Miami, o Miami Vice, ya que, aunque casi todos la vimos en español, el título era lo suficientemente llamativo como para que lo memorizáramos y lo utilizáramos de manera aleatoria, tenía poca chicha en cuanto a la trama. De hecho, no dejaba de ser una serie de policías en una ciudad llena de traficantes de drogas, nada original ni siquiera para la época en la que fue rodada.

    A pesar de que en la memoria de muchos pervive como una serie de culto, y en ciertos aspectos que señalaré luego lo es, sus personajes son planos y las historias autoconcluyentes han envejecido muy mal, por lo que cualquier seriéfilo de hoy en día no podría aguantar un segundo visionado de todos los episodios, y mucho menos un maratón de homenaje.

    En Corrupción en Miami los guiones eran sencillos y los personajes bastante planos. El abuso policial se presentaba como una rutina más, sin ningún tipo de implicación, y las tramas carecían de la complejidad y la visión poliédrica de series que más tarde sí romperían los esquemas del género policiaco, como The Shield, de la que os hablaré en otra ocasión.

    New Wave, inspiración de Corrupción en Miami

    En este aspecto es donde sí que Corrupción en Miami se diferencia del resto de series de su género y su época para convertirse en una producción de culto que marcaría tendencia estética a nivel musical, de fotografía y de moda.

    Inspirada en la cultura New Wave, Miami Vice fue conocida por el uso innovador de la música y por ser escaparate de los éxitos del momento. Además de una banda sonora sintetizada (por Jan Hammer), en cada episodio aparecía una exquisita selección de temas producidos por bandas y músicos importantes como U2, Corey Hart, Suicidal Tendences, Phil Collins, Tina Turner, Depeche Mode o Dire Straits.

    Para un músico, que sus temas apareciesen en Corrupción en Miami era el equivalente a aparecer hoy en Breaking Bad o Peaky Blinders. Se dice que los productores gastaban 10.000 dólares por episodio para conseguir los derechos de las grabaciones originales. En un tiempo en el que las bandas sonoras de las series no importaban a nadie, esto es innovar con todas sus letras.

    Fashion victims

    Otro de los grandes hitos de esta serie fue conseguir que todo lo que salía en pantalla se hiciese famoso y fuese objeto de culto y punta de lanza de la moda del momento. ¿Quién no asocia la superposición camiseta-chaqueta con Sonny Crockett y cuando ve a alguien con ese estilo piensa inmediatamente en Corrupción en Miami? ¿Y las gafas de sol Ray Ban que fueron el furor del momento, y todavía a día de hoy hay quien las usa?

    Corrupción en Miami es, ante todo, una serie estética, tan estética como ha podido serlo Mad Men en nuestros días, solo que Mad Men representaba una época histórica mientras que Miami Vice logró marcar tendencia en la contemporánea.

    Gracias a Corrupción en Miami todos pensamos en la capital de Florida como un lugar exótico, lleno de Ferrari (Daytona y Testarrosa grabados para la posteridad en nuestras retinas) y decorado en tonos pastel.

    Los actores de Corrupción en Miami

    ¿Y qué ha sido de los actores protagonistas durante todo este tiempo? De Don Johnson poca cosa se puede decir. Recientemente ha vuelto a la televisión con Blood and oil, pero sin mucho éxito. Su compañero ha tenido todavía menos suerte, con papeles de escasa trascendencia en telefilmes y como actor de rodaje en los videojuegos Grand Theft Auto: Vice City y Grand Theft Auto: Vice City Stories.

    El que merece una mención aparte es Edward James Olmos, el Teniente Martín Castillo, con numerosas apariciones en series de éxito como Dexter, Agentes de Shield o CSI y, cómo no, con su excelente interpretación del comandante William Adama en Battlestar Galactica, serie a la que le dedicaré un post especial y en la que también ha dirigido algunos de los episodios.

  • Peaky Blinders, más política que nunca

    Peaky Blinders, más política que nunca

    Recién terminada la tercera temporada de Peaky Blinders, el drama histórico que versa sobre la familia de mafiosos del mismo nombre establecidos en Birmingham en la segunda década de 1900, solo puedo decir que esta entrega ha superado con creces la calidad de guion de las anteriores, que ya fueron magníficas.

    La excelencia de Peaky Blinders

    La calidad de fotografía y producción se mantiene, cambiando los escenarios de las sucias calles azotadas por la pobreza tras la I Guerra Mundial por la majestuosa mansión de Tommy Shelby y los palacios de otros personajes que han irrumpido y de los que hablaremos más adelante.

    Asimismo, la banda sonora continúa su senda de originalidad al introducir géneros como el rock, el indie e incluso el post-punk y el gótico para ambientar una época histórica previa al descubrimiento de los mismos. (En otra ocasión trataremos The Knick, otra genialidad por muchas razones, entre ellas también por la innovación en la música).

    Al comienzo del quinto episodio nos encontramos, incluso, con un muy bien traído tributo al último disco de David Bowie, que, según narra la prensa inglesa, admiraba tanto la serie que pidió que se utilizara su música. Y es que David Bowie y Peaky Blinders ya tenían historia previa, pues Cillian Murphy, el actor que da vida a Tommy Shelby, le envió una de sus capas al enterarse de que le encantaba la serie.

    Quizá este gusto por la música y la estética que haya que alabar también tenga su contrapunto, ya que hay momentos de la serie en los que, siendo honestos, sobran las escenas de los Peaky Blinders caminando con elegancia matona mientras suena buena música de fondo. Pero también puede ser que yo soy muy quisquilloso.

    A partir de aquí, ya sabéis, me pongo a destripar.

    La guerra contra el comunismo

    En esta temporada hemos visto a Tommy Shelby enfrentarse a una antigua deuda con Winston Churchill por haber salvado su vida. Esta deuda, por supuesto, incluía que la familia de gángsters se hiciese cargo de los trabajos sucios de la guerra contra el comunismo que la opinión pública no podía conocer: cometer un atentado en suelo británico del que poder culpar a los soviéticos para entrar en guerra con ellos.

    Los Peaky Blinders se sitúan en este contexto histórico dentro de lo que Karl Marx y Friedrich Engels consideraban lumpenproletariado, la capa más baja de la sociedad, los marginados que para los padres del comunismo suponían un peligro, pues sus ansias de dinero y su falta de conciencia política los llevaba a aliarse con la aristocracia y la burguesía, dañando al proletariado.

    En este sentido podría decirse que esta tercera temporada de la serie tiene un enfoque marxista, y no solo por el retrato de esta clase social, sino también por cómo dibujan a la aristocracia rusa en el exilio como un grupo de depravados sexuales y a la burguesía inglesa que lucha contra la revolución rusa como unos asesinos sin escrúpulos.

    Mención especial merece el Padre Hughes, representante de la organización derechista “La Liga Económica”, a la que también se refieren como “Comité de Vigilancia” y “Sección D”, un pederasta que utiliza los orfanatos como mercado de niños y que no duda en extender sus tentáculos al que acaba de crear Tommy Shelby en su continua necesidad de ascender socialmente y pertenecer a la clase alta inglesa.

    Porque la tercera temporada es también la narración del determinismo social, de cómo los Shelby, por más que su líder intente blanquear sus negocios y entrar en los clubes más selectos de la sociedad inglesa, se encuentran con el clasismo y la barrera invisible que impide ascender de clase y estatus social aunque hayas conseguido llenar tus arcas y comprar una mansión y caigas de igual manera en la corrupción.

    Las mujeres

    Como en anteriores entregas, en estos seis episodios hemos visto las vicisitudes de las mujeres, tanto Peaky Blinders como de otras procedencias, que se enfrentan a las trabas y el machismo de la época.

    Destaca especialmente el personaje de Polly, que conoce a un misterioso pintor con el que termina teniendo una relación a pesar de sus inseguridades y de las prohibiciones que el patriarca Tommy Shelby quiere imponerle.

    La familia

    Y, cómo no, no puedo terminar esta reseña de la tercera temporada de Peaky Blinders sin hablar de las ataduras familiares que obligan a los Shelby a permanecer fieles a su líder, aunque se comporte de manera errática y cometa equivocaciones. Pero el episodio final, con una traición de dimensiones épicas, deja la puerta abierta a un giro de guion y una venganza de los sometidos.

  • Vinyl, lujo y mafia en la industria discográfica

    Vinyl, lujo y mafia en la industria discográfica

    La colaboración de Rich Cohen, Mick Jagger y Martin Scorsese en Vinyl nos ha dejado una serie bastante elegante, bien producida y con una banda sonora perfecta que, sin embargo, tiene unos cuantos peros, a mi modo de ver, que desgranaré en este post.

    Y es que, ¿qué seriéfilo orgulloso de serlo no se ha reservado un momento de máxima tranquilidad para disfrutar de Vinyl esperando un drama musical magnífico al que no ponerle ninguna pega? Seguro que todos. Y ahora, ¿qué seriéfilo no se ha encontrado decepcionado con el guion y algunos elementos innecesarios que ensombrecen la obra?

    ¡Mucho ojito! A partir de aquí, SPOILERS.

    Vinyl, thriller por sorpresa

    La primera nota discordante que hallamos es el homicidio del dueño de las emisoras musicales, en una escena histriónica y casi inverosímil en la que se disparan pistolas y el protagonista de Vinyl, Richie Finestra, termina aporreando su cabeza hasta reventarla. Luego, junto con su ayudante y colaborador necesario, deciden deshacerse del cuerpo, tomando una decisión tan manida y tópica de los thrillers que debería dar vergüenza utilizar una sola vez más a cualquier guionista.

    ¿Qué necesidad había de, en una serie dedicada a mostrar e, incluso, denunciar, cómo se las gasta la industria discográfica con sus artistas, incluir que esos productores discográficos son también asesinos? ¿Acaso iban a parecer menos malos si el guion los retrataba tal cual y por eso añadieron este trillado elemento?

    He de reconocer que para mí este ¿homicidio? ¿asesinato? fue un golpe casi mortal que me hizo perder mucha esperanza de la que tenía depositada en Vinyl. La escena, impostada y sobreactuada, me dio ganas de no darle mayor oportunidad, pero uno está demasiado enganchado a esto como para rendirse así como así.

    Otro de mis grandes peros a Vinyl lo constituye el tempo. Scorsese nos ha dado obras maestras del cine y su primera gran producción de televisión, Boardwalk Empire (de la que hablaré algún día) fue casi perfecta, si no fuese por ese cierre tan abrupto en el que tuvo más que ver la cadena que el propio Martin. Sus historias sobre el mundo de la mafia y los gángsters son interesantes y están bien narradas. Ahora bien, ¿por qué utiliza esa misma manera de narrar para una serie sobre discográficas, bandas de música, rock, funky y punk?

    Richie Finestra se nos presenta como un personaje mafioso de manera innecesaria.

    La ausencia de diversidad de registros narrativos me lleva a pensar que quizá no sepa hacer las cosas de otra manera. Y para una temática determinada es correcto, pero la apariencia de mafioso que le quieren dar a Richie Finestra es demasiado falsa y poco verosímil. Hasta el cada vez más aclamado Bobby Cannavale parece fuera de lugar, como intentando interpretar al Gyp Rosetti de Boardwalk Empire en un contexto completamente distinto. Un pez fuera del agua.

    El hijo de Jagger

    La tercera pega de mayor calado, para mi gusto, es haber incluido al hijo de Mick Jagger, James, en el reparto. Es cierto que en el mundo del espectáculo el nepotismo y el enchufismo son un clásico, pero está muy feo por parte del cantante de los Rolling Stones hacer una serie solo para que su hijo pueda tener un trabajito. Desmerece un poco al resto del reparto, siendo eufemístico.

    El sobreactuado hijo de Mick Jagger, otro elemento innecesario de Vinyl.

    En resumen, para narrar algo tan interesante y atractivo como la relación de los creadores musicales con las garrapatas, perdón, productoras discográficas, no hacía falta un thriller sobre mafia. Las historias de explotación, de apropiación intelectual, de absorción absoluta de los beneficios, de machismo y de parasitismo a los artistas por parte de la “industria discográfica” son suficientemente reveladoras de por sí como para que una serie como Vinyl hubiese sido interesante sin caer en lo estrafalario. Una pena que ninguno de los genios que la han hecho posible haya caído en la cuenta.