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  • Talleres de construcción en vertical para niños

    Talleres de construcción en vertical para niños

    Las construcciones y creaciones en vertical serán protagonistas de CaixaForum Madrid para los más pequeños este verano gracias a los dos talleres infantiles que oferta la Obra Social la Caixa para que  los niños aprendan a diseñar y construir en vertical.

    Talleres de rascacielos

    “Torres que rascan el cielo” se titula uno de los talleres. Se celebra de lunes a viernes de 11 a 13 horas hasta el próximo 26 de julio y en él, a partir de distintas piezas troqueladas, los peques aprenderán a diseñar y construir un rascacielos, dándole forma e identidad propia dentro de una ciudad que se construirá colectivamente entre todos los participantes.

    Este taller de rascacielos está recomendado para familias con niños y niñas a partir de cuatro años y es una actividad gratuita de las muchas que Obra Social la Caixa tiene planificadas para este verano.

    Talleres de jardín vertical

    En “Paredes verdes. Construye tu jardín vertical”, los peques descubrirán cómo consiguen en CaixaForum Madrid que más de 15.000 plantas sobrevivan sin tierra en su pared vertical, pionero en España y que ostenta, asimismo, el récord de ser el de mayor superficie continua del mundo.

    Talleres peques la Caixa Jardín Vertical
    ¿Cómo pueden sobrevivir las plantas en el Jardín Vertical de CaixaForum Madrid? ¿Cómo funciona?
    A estas y más preguntas responderá este taller de Jardín Vertical.

    La actividad, recomendada para niños y niñas a partir de siete años, tiene un coste de inscripción de tres euros (con descuento del 50% para clientes de CaixaBank) y 16 fechas disponibles en este enlace.

    El Jardín Vertical de CaixaForum Madrid fue diseñado por Patrick Blanc, botánico francés e inventor de esta técnica, con la que ha creado jardines verticales en todo el mundo.

    Actividades para pasar las calurosas mañanas de las vacaciones de verano aprendiendo y disfrutando. ¿Qué más se puede pedir?

     

  • Cantajuegos, didáctica y negocio en el ocio infantil

    Cantajuegos, didáctica y negocio en el ocio infantil

    No suelo escribir textos sobre entretenimiento infantil porque es un área muy específica para la que considero que hay que tener cierta vocación, además del hecho de que generalmente me gustan producciones destinadas al público adulto (bueno, vale, me habéis pillado, también me gustan el anime y los cómics), pero voy a hacer una excepción con Cantajuegos aprovechando que este fin de semana he estado con mis sobrinos en su espectáculo de Madrid.

    Cantajuegos, para muchos de mis amigos, son un grupo de treintañeros que se visten de manera muy hortera, simulando ser niños, y versionan canciones infantiles tradicionales, además de tener algunas de repertorio propio.

    Y es cierto que a un treintañero, o a un cuarentañero, como es mi caso, no le va a gustar de ninguna manera un grupo de gente de su edad que se viste como los niños de hace décadas y canta Susanita tiene un ratón, entre otros hits. También es verdad que el sonido del teclado, organillo y acordeón de charanga no ayudan, pero eso es accesorio y secundario, pues a quien le tiene gustar Cantajuegos, y a quien realmente le gusta y lo demanda es a los niños.

    Es un producto para críos que esos treintañeros y cuarentañeros están obligados a consumir, ya no solo por las exigencias que puedan hacer los más pequeños, sino por el simple hecho de que, por muy histriónica que nos pueda resultar a nosotros esa puesta en escena, las canciones infantiles y sus performances tienen como objetivo enseñar. No es algo gratuito, sino que los niños aprenden a través de esas rimas, canciones y bailes.

    Cantajuegos y su didáctica

    Ayer, mientras veía el espectáculo con mis ojos de adulto, de repente me reencontré con el niño que fui y me recordé a mí mismo moviendo mis manos al ritmo de una canción, recitando rimas largas e intrincadas que para mí eran simple ocio en aquel momento y que hoy descubro que tenían como objetivo ejercitar mi memoria, fomentar la motricidad fina e iniciarme en el complejo mundo de la interacción social con mis iguales.

    Los niños tienen que aprender hasta lo más básico, como usar sus manos. Qué mejor que hacerlo con música y bailes.

    Y es que en el extraño para muchos adultos mundo de la pedagogía infantil todo, o casi todo, tiene una razón. Las pegatinas que tanto nos gustaba poner en cualquier sitio, para cabreo de nuestros padres, también tienen como objetivo fomentar la motricidad fina. Los cromos, ese gasto semanal obligado, ponían a prueba nuestra constancia, nuestra memoria, nuestra motricidad fina y nuestra capacidad para compartir. Y así con todo.

    Por eso Cantajuegos, por muy ñoños que nos puedan parecer a toda esta generación de adultos que todavía no tenemos hijos, o a los que han decidido no tenerlos, cumplen una función social casi huérfana desde que los Rabal y los Aragón dejaron los escenarios. Y sí, sus espectáculos son caros, y hay que pagar entrada hasta en el caso de los bebés, que luego no ocupan sillón, pero alguien tiene que hacerlos.