Tag: ciudad

  • South Park, la gentrificación y la estafa de lo alternativo

    South Park, la gentrificación y la estafa de lo alternativo

    South Park es una de esas series que no defraudan, aunque puedan llevar más episodios emitidos que Santa Bárbara (algún día os hablaré de este guilty pleasure de los días que me quedaba en casa enfermo sin ir al colegio). La temporada décimo novena de esta joya de Canal Comedy lo atestigua.

    South Park se gentrifica

    La gentrificación llega a South Park a través de la entrada de un nuevo director del instituto, Mr.PC en inglés (siglas de Corrección Política), un hombre blanco heterosexual de clase media con un cuerpo de tableta de chocolate a medio camino entre Aznar y Schwarzenegger que se autoerige como guardián de las buenas formas a la hora de hablar.

    Y sí, digo buenas formas a la hora de hablar porque en muchas ocasiones quienes actúan como Mr. PC  solo se preocupan por las palabras y nunca por revisar sus privilegios como pertenecientes a clases opresoras, cosa que en South Park, con su habitual ingenio, manifiestan de manera muy aguda durante toda la temporada.

    Un grupo de ciudadanos preocupados por este ascenso de lo políticamente correcto decide hacer una campaña terriblemente racista, al más puro estilo Trump, para contrarrestar la situación, pero la respuesta del pueblo, con Mr. Corrección Política a la cabeza, hace que South Park deje de verse como un pueblo de republicanos supremacistas a como una oportunidad de inversión para las empresas que viven de lo alternativo y ecológico.

    Whole Foods y la estafa de lo alternativo

    Y así es como se planta un Whole Foods Market en el pueblo y, alrededor de él, comienzan a desarrollarse negocios de ocio para blancos adinerados a los que les gusta “comer sano”.

    Las consecuencias de todo esto no se hacen esperar: subida de los precios de alquiler que hacen que los antiguos vecinos se tengan que desplazar a otros barrios más baratos, encarecimiento de los productos básicos y cierre de los comercios locales, con mucha precariedad para los ciudadanos del pueblo. Un ejemplo claro de gentrificación como la que denuncian a diario los vecinos del barrio madrileño de Lavapiés en Madrid.

    Y, en medio de este tinglado de ocio alternativo y ecológico que llaman SoDoSoPa, la casa de la familia de Kenny se mantiene como elemento pobre que da carácter de multiculturalidad a la zona. ¡Qué modernos y qué estupendos somos, que convivimos con gente de otras clases sociales! El tipo de pensamiento neocolonial para el cual los proletarios son cool, aunque jamás querrían serlo, retratado a la perfección por los maestros Trey Parker y Matt Stone.

    Hilarante escalada de acontecimientos

    Cuando unos cuantos vecinos se dan cuenta de la estafa que ha supuesto en sus vidas la modernización de esa zona de la ciudad, comienza la escalada de acontecimientos surrealistas que suele sobrevenir en todas las temporadas de South Park.

    Escenas cómicas inigualables, como cuando Randy intenta pagar en Whole Foods mientras un cajero lo acosa para que done para terminar con la pobreza en el mundo, o cuando unos cuantos estudiantes quieren convertirse en ninjas y los toman por un grupo de yihadistas, se suceden una tras otra para terminar en un final que no voy a desvelar porque es una temporada que merece verse entera.

  • Guerra, la renovación de Albert Pla y Fermín Muguruza

    Guerra, la renovación de Albert Pla y Fermín Muguruza

    En julio de 2015 Albert Pla, Fermín Muguruza y Raül Fernández aka Refree estrenaban en Barcelona Guerra, un musical “multimierda”, como lo ha definido el propio Pla, que hemos podido ver en Madrid el pasado fin de semana.

    La dramaturgia en Guerra, dirigida por Pepe Miravete, se construye mediante una alegoría en la cual Fermín Muguruza es  una ciudad habitada por miles de habitantes oprimidos por un tirano y Albert Pla es el ejército de las fuerzas de paz que la asedian para liberarla mediante bombardeos. Estas fuerzas liberadoras, además, van tomando distintas formas, abarcando las diversas formas de propaganda a la que desde los poderes fácticos se somete a la población.

    En un escenario cambiante, con estilos musicales que van desde la electrónica hasta el dub, pasando por el hip-hop y el ska, Albert Pla ejerce su papel de cínico y descreído mientras Fermín Muguruza, con una actuación más forzada y sobreactuada, hace de resistencia y agitación contra la invasión liberadora.

    El ritmo va in crescendo, llegando a tener una cruenta batalla dialéctica entre ambos. En cuanto a la representación, en todo momento está trabada por momentos de humor que oscila entre el absurdo y el sarcasmo más duro.

    Pero lo más novedoso de Guerra es, sin duda, la puesta en escena, con una pantalla con la que los tres actores y músicos interactúan en todo momento, logrando crear distintas atmósferas y ambientes, muchos de ellos opresivos, con la intención de que el espectador se incomode por su papel de espectador, no solo de la obra, sino de la realidad.

    En mi opinión, Guerra es una buena apuesta de Albert Pla por la utilización de nuevas tecnologías para la expresión de ideas políticas, por la actualización de aquel llamado mensaje protesta a nuevas formas de espectáculo, en este caso una fábula audiovisual a la que quizá le sobran unos minutos al final y le falta más diversidad entre el público, que recuerda más al de un concierto de rock que al de una obra de teatro.

    A continuación os incluyo el tráiler, sin ánimo de spoilers, que también podéis ver aquí.